25726(21-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25726   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 025.  

Bogotá  D.C., febrero veintiuno (21) de dos  mil siete (2007)   

VISTOS  

Procede la Sala a decidir de fondo el recurso  extraordinario   de   casación   interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  CAMILO ANDRÉS DÍAZ GALINDO,  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Bogotá  el 29 de septiembre de 2005, confirmatoria de la dictada por el Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito Especializado de la misma ciudad el 15 de julio del  referido  año, por cuyo medio lo condenó como autor penalmente responsable del  delito  de fabricación, tráfico y porte de armas y municiones de uso privativo  de    las   fuerzas   armadas,   agravado   por   la   utilización   de   medio  motorizado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Aproximadamente a las tres de la tarde del 31  de  mayo de 2005, en la avenida primero de mayo con carrera 49 C de esta ciudad,  agentes  de  la policía practicaron una requisa de rutina al vehículo Fiat con  placa   QHX   322   de   Chía,   en   el   cual   se  movilizaban  Angel   Alberto   Cuellar  y  CAMILO  ANDRÉS  DÍAZ GALINDO, encontrando  dentro  del  baúl  cuatro (4) cajas que contenían 7.088 cartuchos calibre 5.66  para  fusil o subametralladora, circunstancia que motivó la aprehensión de los  ocupantes  del  referido  automotor, quienes fueron puestos a disposición de la  Fiscalía.   

Legalizada  la  captura  de los aprehendidos  ante  el  Juez  Treinta  Penal Municipal de Control de Garantías de Bogotá, la  Fiscalía  les  formuló  imputación  durante  la  audiencia  respectiva por la  comisión  del delito de fabricación, tráfico y porte de armas y municiones de  uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas,  agravado por haber sido utilizado un  medio  motorizado,  a  la  vez  que  solicitó  les  fuera  impuesta  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  de su libertad. Dado que Angel   Alberto  Cuellar  no  aceptó  los  cargos  formulados,  mientras  que CAMILO ANDRÉS DÍAZ  GALINDO  si  se  allanó  a  ellos,  fue  dispuesta la  correspondiente ruptura de la unidad procesal.   

          El  Juez de Control de Garantías les impuso medida de aseguramiento  consistente en detención preventiva.   

El 30 de junio de 2005 la Fiscalía presentó  escrito  de  acusación  contra  CAMILO  ANDRÉS DÍAZ  GALINDO  y el 15 de julio siguiente el Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de Bogotá realizó la respectiva audiencia  durante  la  cual aprobó la aceptación de la imputación y profirió fallo por  cuyo  medio  lo  condenó  a la pena principal de sesenta y un (61) meses y seis  (6)  días  de  prisión y a las accesorias de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  privación del derecho a la tenencia y  porte  de armas por el mismo lapso, como autor penalmente responsable del delito  por  el cual fue acusado. En la misma oportunidad le negó el subrogado penal de  la    condena    de    ejecución    condicional,    así   como   la   prisión  domiciliaria.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa, el Tribunal Superior de  Bogotá  la  confirmó mediante fallo del 29 de septiembre de 2005, decisión  contra  la  cual  el  mismo  sujeto  procesal  interpuso  recurso  extraordinario  de casación y allegó en tiempo el libelo correspondiente.   

         A  través  de proveído del 3 de agosto de 2006, esta Sala decidió  admitir      únicamente      el     segundo    cargo    de   la   referida  demanda,   a  través del cual la defensa plantea la  violación  directa  de la ley sustancial y orienta su  discurrir    a   “demostrar   que   los   criterios  establecidos  en  el artículo 61 del estatuto penal para individualizar la pena  no  son  los  mismos  que  deben  ser  objeto de ponderación al disminuir dicho  quantum  en  razón  del  allanamiento  a  los  cargos  por  parte  del imputado  (artículo  351  de  la Ley 906 de 2004)”, todo ello,  “en  punto de hacer efectivo el derecho material del  procesado  al  non  bis  in  ídem  y  a la legalidad de la sanción”.   

Contra  la  decisión de inadmitir el cuarto  cargo  de la referida demanda, la defensora del procesado presentó solicitud de  insistencia,  la  cual  fue  negada  por la Procuradora Segunda Delegada para la  Casación Penal.   

La  audiencia  de  sustentación del recurso  extraordinario se llevó a cabo el 13 de octubre de 2006.   

LA DEMANDA  

Acerca  de  la  temática    abordada    a   través   de   la   censura  cuya  admisión  dispuso  la  Sala,  la   recurrente   afirma   que  los falladores violaron el principio  non  bis  in ídem al valorar  dos  veces  la  gravedad  de  la conducta, tanto para establecer “el  quantum  punitivo  inicial,  como  para establecer la rebaja que  contiene    el    artículo   351”   del   estatuto  procesal.   

          En  punto  de  la  fundamentación de tal cuestionamiento manifiesta  que   a   través  del  fallo  de  primer  grado  se  dijo  que  “NO  se  podrá partir de la pena mínima establecida… pues como lo  hiciera  ver  la  Fiscalía  y  el Ministerio Público, se tiene que resaltar la  gravedad   de   la  conducta  por  la  que  se  procede…  así  las  cosas  se  incrementará  en  seis  (6)  meses,  entonces,  la pena inicial a imponer es de  CIENTO DOS (102) MESES DE PRISIÓN…”.   

          Agrega,  que  al  aplicar  el artículo 351 de la Ley 906 de 2004 se  expresó    a   través   de   la   referida   decisión   que   “igualmente  viendo  las  circunstancias  en  que  fue  capturada  la  persona  que se está allanando, este despacho considera que el imputado se hace  merecedor  a  un  descuento  del  40%…  para  una PENA DEFINITIVA a imponer de  SESENTA   Y   UN   (61)   MESES   Y   SEIS   (6)  DIAS  DE  PRISIÓN”.   

          También  señala que dicha dosificación de la pena fue avalada por  el  ad quem al señalar que la  rebaja   derivada   del   allanamiento  estaba  determinada  por  los  criterios  establecidos  en  el  inciso  tercero  del  artículo  61 de la Ley 599 de 2000.  Entonces,  considera  que  al  mismo  factor  fueron  asignadas dos consecuencia  punitivas,     pues    “la    gravedad    de    la  conducta” fue  tenida en cuenta para establecer  la  sanción inicial y “las circunstancias en que fue  capturada   la  persona”,  ponderadas  al  tasar  la  disminución  de  pena por el allanamiento a los cargos, lo cual comporta que la  misma  situación  fue  doblemente  valorada en perjuicio de los intereses de su  asistido.   

          A  partir  de  lo  anterior,  la recurrente solicita a la Sala casar  parcialmente  el fallo impugnado para, en su lugar, disminuir la pena impuesta a  su  representado  en  razón del allanamiento a los cargos formulados durante la  audiencia  de  imputación  en  el máximo establecido en la ley, esto es, en la  mitad,  de modo que la pena principal se debe tasar en cincuenta y un (51) meses  de prisión.   

AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN  

1.                 Intervención       de      la  demandante   

La  defensora  durante  su  intervención se  limita  a  señalar  que  insiste en los argumentos que ofreció al presentar la  demanda  de  casación,  específicamente  en  cuanto  se  refiere al cargo cuya  admisión  dispuso  la  Sala, con base en el cual solicitó se case parcialmente  el  fallo  atacado,  a fin de que se reconozca que como su asistido se allanó a  los  cargos  que  le  fueron  formulados durante la audiencia de imputación, se  hace  acreedor  a  una  rebaja  del  cincuenta  por ciento de la pena que le fue  impuesta,  no  del  cuarenta  por  ciento, como en efecto se tasó dentro de las  instancias.   

2.            Intervención de la Fiscal Delegada ante  la Corte   

Manifiesta  la  Fiscal  Delegada que como en  este  asunto  el  imputado  aceptó los cargos que le fueron formulados, pero no  acordó  con  la  Fiscalía  la  dosificación  de  la  pena  ni el quantum  de  la  rebaja  punitiva a la que  tenía  derecho,  el  juez  a quien correspondió proferir el fallo dosificó la  sanción  de  conformidad  con dicha aceptación, esto es, como autor penalmente  responsable  del delito de tráfico y porte de arma o munición de uso privativo  de  las  fuerzas  armadas,  agravado  por  la utilización de medios motorizados  (artículos  366  y  365-1  de  la  Ley  600  de 2000), incluyendo el incremento  dispuesto en la Ley 890 de 2005.   

         Agrega  que  una  vez  establecido el primer cuarto de movilidad, el  a  quo manifestó que dada la  cantidad  de  municiones  el  mínimo  de la sanción debía ser incrementado en  seis  (6) meses, amén de que posteriormente aplicó la disminución punitiva de  un  cuarenta  por  ciento  (40%)  en  atención  al  allanamiento  a  los cargos  formulados.   

De  lo  expuesto concluye la Fiscal Delegada  que  la  gravedad  de la conducta y la captura en flagrancia del procesado no se  tuvieron   como  fundamentos  genéricos  o  específicos  para  cuantificar  la  sanción,   pues  sirvieron  para  ponderar  el  grado  de  injusto  dentro  del  correspondiente  cuarto  de  movilidad  punitiva,  sin  que,  por  tanto,  pueda  aducirse  que  ulteriormente  se  las tuvo en cuenta una vez más, en violación  del    principio    non   bis   in   idem.   

Añade  que  para  tasar  la  rebaja  de  la  sanción  por  allanamiento  a  los  cargos  se  puede acudir a la modalidad del  delito y a la forma de comisión del mismo.   

Con  base  en lo expuesto la Fiscal Delegada  considera  que  no  hay  lugar a la casación del fallo en razón de los motivos  expuestos por la demandante.   

Pese a lo anterior, resalta que se violó el  principio   de   legalidad   al   imputar,  acusar  y  condenar  a  CAMILO   ANDRÉS   DÍAZ  GALINDO  por  la  circunstancia  de agravación establecida en el numeral 1º del artículo 365 de  la  Ley  599  de 2000, es decir, por la utilización de medios motorizados, pues  transportar  dentro  de unas cajas cierta cantidad de munición no satisface las  exigencias    legales    para    que    proceda    la    referida    agravación  punitiva.   

En  apoyo  de  su aserto asevera que para la  aplicación  de  dicha  circunstancia  de  agravación  es preciso que medie una  relación  causal entre el delito y el medio motorizado, pues, si como ocurre en  este  caso, no se demuestra un mayor grado de lesividad de la conducta contra la  seguridad  pública  al  utilizar el mencionado medio, no hay lugar a aplicar la  ya citada agravante de la pena.   

          De   conformidad   con  los  anteriores  planteamientos,  la  Fiscal  Delegada  solicita a la Sala, no casar el fallo por las razones expuestas por la  recurrente,  pero  disponer  su  casación  parcial  y  oficiosamente,  a fin de  marginar   la   circunstancia   de   agravación  punitiva  del  comportamiento,  efectuando,  desde  luego,  la respectiva redosificación de la pena impuesta al  CAMILO         ANDRÉS        DÍAZ.   

3.             Intervención  del  Procurador  Cuarto  Delegado para la Casación Penal   

El Delegado del Ministerio Público comienza  por  señalar  que ya se ha establecido jurisprudencialmente que los parámetros  establecidos  en  el  artículo 61 de la Ley 600 de 2000 para dosificar la pena,  no  son  los mismos para cuantificar la rebaja de la sanción por allanamiento a  los  cargos  objeto  de  imputación,  pues estos obedecen a un mérito procesal  posdelictual  que  tiene  que  ver con factores tales como las circunstancias en  las  que  se  efectúa  la  captura, el ahorro investigativo de la Fiscalía, la  colaboración del procesado y la reparación de las víctimas.   

Indica  que  también  se  ha  dicho  que si  Fiscalía  y  procesado  no han acordado la rebaja de pena, delegan tal potestad  en   el   juez   para   que   la   adelante   de   conformidad   con   criterios  posdelictuales.   

Entonces,  concluye  que  en  este asunto el  Tribunal  violó  directamente  la ley sustancial (artículo 61 de la Ley 599 de  2000),  pues  expresamente  confirmó el monto de la rebaja de pena, teniendo en  cuenta para ello la gravedad de la conducta investigada.   

No obstante lo expuesto, precisa el Delegado  que  si  el a quo al dosificar  la  rebaja punitiva valoró la circunstancia en la cual se produjo la captura de  CAMILO  ANDRÉS  DÍAZ, no la  alegada  gravedad  de  la  conducta,  no  se  produjo  violación  del principio  non bis in ídem.   

          Y  resalta  que  si  el  juzgado  para tasar la ya mencionada rebaja  punitiva   en   razón   del  allanamiento  a  los  cargos  apreció  un  factor  posdelictual,  referido  a la captura del procesado en flagrancia, acertó en la  aplicación  de  la ley, pues ya esta Sala ha dicho que la aprehensión en tales  circunstancias  otorga a la Fiscalía una alta probabilidad de éxito en caso de  ir  a juicio, criterio que, por tanto, resulta válido, posdelictual y diferente  a  los  establecidos  en  el  artículo  61  de  la  Ley 599 de 2000 a efecto de  dosificar la rebaja punitiva.   

Afirma luego, el Ministerio Público, que en  este  asunto  pudo  ocurrir  alguna  de  las  siguientes situaciones: (i) Que el  ad  quem no tuvo en cuenta la  situación  de captura en flagrancia del acusado como criterio para dosificar la  sanción,  caso  en  el  cual, el cargo prosperaría, pues sólo lo habría sido  para  efectuar  tal  cómputo  la  gravedad  de  la  conducta,  ya valorada como  criterio  dispuesto  en  el  artículo  61  de  la Ley 599 de 2000, es decir, la  deducción   punitiva   del  cuarenta  por  ciento  (40%)  habría  quedado  sin  fundamentación.   

(ii)   El   Tribunal   complementó   la  argumentación  del  Juzgado,  motivo  por  el  cual, en virtud del principio de  unidad  de los fallos estuvo suficientemente fundada la rebaja, pues subsiste la  apreciación  de  la captura en flagrancia, lo cual conllevaría que el cargo no  prosperara.   

(iii)           Lo   expuesto   por   el  a  quo  no  resulta unívoco y explícito,  dado  que  se  refiere  a  “las circunstancias de la  captura  y no a la captura en flagrancia”, razón por  la  cual se podría decir que la motivación es deficiente, es decir, carecería  de  fundamento no haber otorgado en favor del procesado una rebaja del cincuenta  por ciento (50%), sino sólo del cuarenta (40%).   

          Expuesto  lo  anterior,  el  Delegado  considera  que, todo apunta a  señalar  que  la  rebaja  de  pena  obedeció  a  la  captura en flagrancia del  incriminado,  según  lo  estableció  el  funcionario de primer grado, de donde  puede  concluirse  que  lo  dicho  por el Tribunal sólo viene a complementar el  fallo  sobre  el  particular  en  cuanto unidad inescindible, esto es, la rebaja  punitiva si se encuentra suficientemente motivada.   

Destaca  que  si  bien el Tribunal violó de  manera  directa  la  ley sustancial por indebida aplicación del artículo 61 de  la  Ley  599  de 2000 al decir que para cuantificar la deducción de pena tenía  en  cuenta  la  gravedad  de la conducta, ello en verdad no pasa de ser un vicio  intrascendente,   pues  al  respecto  el  fallo  de  segundo  grado  únicamente  adicionó  los  planteamientos  expuestos  a  través de la sentencia de primera  instancia,  la  cual,  como  ya  se dijo, pondera la captura en flagrancia, como  criterio  que  resulta  válido  para  tener en cuenta al momento de efectuar la  rebaja punitiva.   

          Por  las  razones expuestas, el Delegado solicita a la Sala no casar  la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Dado  que  según  se  expresó,  la  Sala  decidió  admitir  únicamente  el  segundo  cargo  de  la  referida  demanda  de  casación específicamente  en    cuanto    se    refiere    a    “demostrar  que  los  criterios  establecidos  en el artículo 61 del  estatuto  penal  para  individualizar  la  pena  no son los mismos que deben ser  objeto  de  ponderación al disminuir dicho quantum en razón del allanamiento a  los   cargos   por   parte  del  imputado  (artículo  351  de  la  Ley  906  de  2004)”,   con   el  propósito  de  “hacer  efectivo  el  derecho  material  del  procesado al non bis in  ídem  y  a  la legalidad de la sanción”,    tal    será    la    temática    que    corresponde    ahora  dilucidar,    en    cuyo    marco    jurídico   se  tiene:   

          1.        El  allanamiento  a cargos y su incidencia en la dosificación de la  pena   

El  sistema penal de tendencia acusatoria se  caracteriza  por  ser  adversarial,  esto  es,  se  encuentra  gobernado  por el  principio   de   “igualdad   de   armas”  o  de  partes  (artículo 4º de la Ley 906 de 2004), en virtud  del  cual,  Fiscalía  y  defensa cuentan con las mismas facultades orientadas a  sustentar  la  acusación,  la  primera, y a desvirtuar o hacer menos gravoso el  ejercicio  del  ius  puniendi  por parte del Estado, la segunda.   

Tal sistema procesal supone que la Fiscalía  y  la  defensa  concurren  ante  un  juez  imparcial con el propósito de que se  pronuncie  de  fondo  dentro  de  un  juicio  oral, público, con inmediación y  controversia    de    las    pruebas    aportadas    por   cada   uno   de   los  contendientes.   

No obstante lo anterior, asiste al procesado  la  facultad  de  acogerse a alguno de los institutos de terminación anticipada  del  proceso,  a  través  de  los cuales consigue soslayarse la tramitación de  muchos  de  los  pasos  definidos  por  el  legislador,  amén  de  que, lo más  importante,  se  arriba  a  una  decisión  de fondo. Dentro de tales figuras se  encuentra  el  allanamiento a cargos, en virtud del cual el incriminado renuncia  a  una  o varias de las etapas del proceso, esto es, renuncia al derecho a tener  un   juicio   público,   oral,   contradictorio,  concentrado,  imparcial,  con  inmediación  de  la  prueba y sin dilaciones injustificadas, siempre que acepte  los  cargos  de  manera  libre,  consciente, voluntaria y debidamente informada,  esto  es,  conociendo  y  asumiendo  las  consecuencias  de  la  declaración de  responsabilidad  que  se  concretarán  a  través  de  un  fallo  de  carácter  condenatorio.   

La  aceptación  de  los  cargos como figura  dispuesta  para  culminar  anticipadamente  el trámite se enmarca dentro de una  política  criminal fundada en el objetivo de lograr eficacia y eficiencia en la  administración  de  justicia,  motivo  por  el  cual,  beneficia  al imputado o  acusado   –  según  el  momento    procesal   en   que   la   aceptación   se   presente   –  con una sustancial rebaja de la pena  que  habría  de  imponérsele  si  la  sentencia se dictara como producto de la  terminación  del  juicio  oral, una vez superadas las distintas etapas que para  llegar  a tal momento se encuentran definidas en la ley procesal, pues es claro,  que  con  un tal proceder del sujeto pasivo de la acción penal, ahorra en favor  del  Estado  ingentes  esfuerzos  y recursos de toda índole que habrían de ser  utilizados  en  la  investigación  y  en  el   juzgamiento, esto es, en la  dinámica  de  acreditar  la  materialidad  del  delito y la responsabilidad del  procesado.   

Ahora,  aunque  en la Ley 906 de 2004 no se  establece  el  límite  mínimo  de  la rebaja para cuando el allanamiento tiene  lugar  durante la audiencia  de  imputación  o  la preparatoria, una interpretación razonable del instituto  permite  afirmar que dichos extremos menores están determinados por el rango de  mayor  disminución  punitiva prevista para la siguiente oportunidad procesal en  que  procede  el  allanamiento  a  la imputación. Es decir, de la tercera parte  hasta  la mitad de la pena cuando el allanamiento tiene lugar en la audiencia de  formulación  de  imputación;  de  la  sexta  hasta la tercera parte de la pena  cuando  ocurre durante la audiencia preparatoria y de la sexta parte de la pena,  cuando  la  aceptación  se  presenta  al  inicio  del  juicio  oral1.   

De  conformidad  con lo expuesto, si en los  artículos  351  y  356 de la Ley 906 de 2004 no se establece una rebaja fija de  la  sanción  para  cuando  el  allanamiento  a  cargos se produce dentro de las  audiencias  de imputación y preparatoria –   como  sí  ocurre  cuando  la  aceptación  de  los  cargos  acontece    en   la   iniciación   del  juicio,  caso  en el cual se descuenta  de  manera  fija  una sexta  parte  de  la  pena – sino  que  frente a las referidas situaciones se dispone una  rebaja      ponderada      de      “hasta  de  la  mitad” de la pena para la  primera    y    “hasta  de     la    tercera  parte”  para la segunda,  es  razonable  concluir  que  corresponde al  fallador  determinar  la  proporción  en  la cual rebajará la  pena.   

En  tal  labor,  es  de  su resorte tener en  cuenta,  como  ya lo ha precisado la Sala, las circunstancias posdelictuales que  guarden  relación con la eficaz colaboración para lograr los fines de justicia  en  punto  de  la economía procesal, la celeridad y la oportunidad, tales como:  la  significativa  economía  en  la  actividad estatal orientada a demostrar la  materialidad  del  delito  y la responsabilidad del procesado, la importancia de  la   ayuda   en   punto   de  la  dificultad  de  acreditación  probatoria,  la  colaboración  en  el  descubrimiento de otros partícipes o delitos, o diversos  factores  análogos,  sin  ponderar los criterios definidos por el legislador en  el  artículo  61  de  la Ley 599 de 2000 para individualizar la pena, pues para  tal  momento  ya  fueron  apreciados  al  establecer  la  sanción  a la cual se  aplicará   la   rebaja   en   razón   del  allanamiento  a  cargos2.   

Una vez efectuadas las anteriores precisiones  se  tiene  que,  en  el asunto que concita la atención de la Sala se dijo en el  fallo de primer grado al individualizar la pena, lo siguiente:   

“NO  se  podrá  partir  de  la  pena  mínima  establecida en el cuarto seleccionado,  pues  como  lo hiciera ver la Fiscalía y el Ministerio Público,  se   tiene   que   resaltar   la   gravedad   de  la  conducta  por la que se procede, toda vez que se trata  de  una  cantidad considerable de munición que en manos de particulares provoca  enorme  inseguridad en la sociedad, la cual ha sido víctima de un fuego cruzado  de  grupos  al  margen de la ley, que se resisten a respetar las directrices que  nos permiten vivir en paz…”.   

A   su  vez,  en  la  misma  decisión  al  cuantificar  la  rebaja punitiva en razón del allanamiento a cargos se dijo que  si  bien  podía  ser hasta de la mitad, “viendo las  circunstancias  en  que  fue  capturada  la persona que se está allanando, este  Despacho  considera  que  el  imputado  se  hace  merecedor a un descuento de un  40%, esto es, CUARENTA MESES Y VEINTICUATRO (24) DIAS,  para  una  PENA DEFINITIVA a imponer de SESENTA Y UN (61) MESES Y SEIS (6) DÍAS  DE PRISIÓN” (subrayas fuera de texto).   

En  la  sentencia  de  segunda  instancia se  indicó sobre el particular:   

“Como   Díaz  Galindo  se allanó a los cargos cuando le fueron imputados en audiencia llevada  a  cabo  para  ese  efecto,  es  aplicable el artículo 351 de la Ley 906/04 que  permite     la     reducción     de     la    pena    imponible    ‘hasta   la   mitad  (…).  En orden a dicha disminución de la pena  se  considera  que  puede el juez ponderarla, teniendo  en  cuenta  para  ello  los factores referidos en el inciso 3º del artículo 61  del  C.P., de tal manera que resulta ajustado, en este  caso,  se  haya rebajado la sanción imponible en un cuarenta por ciento y no en  el  máximo  del  50%, dada la gravedad de la conducta  delictual  materia  del  proceso” (subrayas fuera de  texto).   

          Resaltados  los  apartes  pertinentes de las sentencias de primera y  segunda  instancia  acerca de la temática que se debate, encuentra la Sala que,  de   una   parte,   acertó   el   a  quo  al  no otorgar el máximo de rebaja punitiva, esto es, de la mitad  de  la  pena  imponible,  pues  es  claro  que  si  la  captura  de CAMILO  ANDRÉS DÍAZ GALINDO se produjo en  flagrancia,  tal  situación  no  demandaba de la administración de justicia un  especial  desgaste  en su actividad investigativa y de juzgamiento, dado que con  la  aprehensión  en  dicha circunstancia se consiguió acreditar en gran medida  tanto  la  materialidad del delito, como la responsabilidad penal del procesado,  motivo  por  el cual, asistía a la Fiscalía una alta probabilidad de éxito en  el evento de que el asunto hubiese llegado a juicio.   

          Y,  de  otra, que también acertó el funcionario de primer grado al  tasar  la  rebaja  de  pena  en  un quantum  no  inferior  al  cuarenta  por  ciento  (40%), pues además de la  captura  en  flagrancia,  también era oportuno tener en cuenta que CAMILO   ANDRÉS   DÍAZ  en  su  primera  intervención  judicial  aceptó  de  manera  libre,  voluntaria,  espontánea y  debidamente  asistida  los  cargos  que  le  formuló  la  Fiscalía  durante la  audiencia  de imputación, lo cual se tradujo en un ahorro y economía en cuanto  comporta  la  actividad investigativa, amén de la prescindencia del juicio, con  la correspondiente definición celera del asunto.   

         En  cuanto se refiere a lo expuesto sobre el tema objeto de estudio  por  parte  del  Tribunal,  encuentra  la Sala que si en virtud del principio de  unidad  de los fallos, cuando la decisión de primera instancia es confirmada en  segundo    grado,   ambas   providencias  conforman  una  sola unidad inescindible, no hay duda que como en  este   caso   el  ad  quem  confirmó   la   sentencia   proferida   por   el   a  quo  sin  efectuar  salvedad alguna, asiste razón al  Procurador  Delegado  al  considerar  que,  si bien erró  cuando  al  ocuparse  del  análisis de la disminución de la pena en razón del  allanamiento  a cargos expresó que debían tenerse en  cuenta  “los factores referidos en el inciso 3º del  artículo  61  del  C.P.,  de  tal  manera que resulta  ajustado,  en  este  caso, se haya rebajado la sanción imponible en un cuarenta  por  ciento  y  no  en  el  máximo  del  50%, dada la  gravedad    de   la   conducta   delictual   materia   del   proceso”  (subrayas  fuera  de texto), lo cierto es que tal yerro deviene  intrascendente.   

          En   efecto,   palmario   resulta  que  valorar  la  “gravedad   de   la   conducta”  para  no  conceder  al  procesado la rebaja máxima de la mitad de la pena, sino sólo del  cuarenta  por  ciento  (40%)  de  la  misma, quebranta el principio non   bis   in   ídem,  pues  supone  la  valoración  de  la  misma situación dos veces, en manifiesto detrimento de los  intereses  del incriminado. La primera, cuando una vez establecido el respectivo  cuarto  de  movilidad  punitiva, el funcionario se alejó del extremo mínimo de  pena  al ponderar la gravedad de la conducta. La segunda, cuando el mismo factor  es  tenido  en cuenta para que el monto de la disminución de la sanción no sea  el  máximo  dispuesto  en  la  ley,  sino  de un diez por ciento (10%) menos de  este.   

          No  obstante  lo  anterior,  encuentra  la Sala que el equívoco del  ad quem no tiene la virtud de  afectar   la   referida   dosificación  de  la  pena  impuesta  a  CAMILO  ANDRÉS DÍAZ, pues, se reitera, de  conformidad  con  el principio de unidad de los fallos, es evidente que la cabal  argumentación  del  a quo fue  avalada  por  el  ad  quem al  confirmar   tal   decisión   sin   que  manifestara  un  desacuerdo  con  dicha  consideración,  amén  de  que  el  agregado  referido  a la ponderación de la  gravedad  del  comportamiento para restringir la disminución punitiva en razón  del  allanamiento  a  cargos  de la conducta, no tiene incidencia efectiva en la  motivación  y apreciación de tal aspecto, con mayor razón, si se advierte que  la  argumentación  ofrecida  por  el a quo sobre el particular es acertada.   

Las  razones  expuestas resultan suficientes  para   que   la   Sala   considere   que   el   cargo   no   está   llamado   a  prosperar.   

          Interés  de  la  Fiscalía  para solicitar la casación parcial del  fallo   

Como  durante  la audiencia de sustentación  del  recurso  extraordinario  que  a  través  de esta decisión se resuelve, la  Fiscal  Delegada  planteó  que  se  imponía  casar  parcial y oficiosamente el  fallo,  dado  que  se  violó  el  principio  de  legalidad al imputar, acusar y  condenar  a  CAMILO  ANDRÉS DÍAZ GALINDO  por  la circunstancia de agravación establecida en el numeral 1º  del  artículo 365 de la Ley 599 de 2000, es decir, por la utilización de medio  motorizado,  pues  transportar dentro de unas cajas cierta cantidad de munición  no  satisface  las  exigencias  legales para que proceda la referida agravación  punitiva,       pertinente       resulta       efectuar      las      siguientes  consideraciones.   

          Por  antonomasia el sistema procesal penal acusatorio se caracteriza  por  ser  de  índole adversarial, dado que se trata de un derecho de partes, en  el  cual  se  diferencian  con  nitidez  dos  roles,  de un lado, el del órgano  estatal  encargado  de  investigar  y  acusar  y,  de  otro,  el  de la defensa,  comprendiendo sus dos ámbitos, el material y el técnico.   

          En  el  ejercicio  de los referidos roles, a cada parte le asiste un  especial  interés,  el  cual  se  traduce  en  sus  pretensiones a lo largo del  diligenciamiento,  cuyo  planteamiento  y  acreditación  debe  efectuar ante un  tercero  imparcial,  juez,  quien  se encuentra investido para decidir el debate  suscitado.   

Ahora,  ha  puntualizado la Sala de tiempo  atrás  que,  respecto  de  los mecanismos legales de  impugnación,  es  indispensable  que  quien los promueva, además de contar con  legitimación  en  el  proceso, esto es, que ostente la  condición  de  sujeto  procesal  habilitado  para  actuar,  le  asista también  legitimación  en  la  causa, presupuesto que exige de manera imprescindible que  el  impugnante  tenga  interés  jurídico para atacar el proveído en cuanto le  cause  perjuicio  a  sus  intereses,  pues no hay lugar a inconformidad frente a  providencias  que  le reporten un beneficio o que simplemente no lo perjudiquen.  Sobre  el  particular,  el artículo 186 del estatuto procesal penal dispone que  “los  recursos ordinarios podrán interponerse por  quien tenga interés jurídico”.   

          De  conformidad  con  lo  anterior,  es  claro que: (i) la Fiscalía  General  de  la  Nación,  entendida como un solo cuerpo que actúa a través de  los  Fiscales  Delegados (artículo 2º de la Ley 938 de 2004), indicó tanto en  la  audiencia  de  imputación como en el escrito de acusación que el procesado  CAMILO  ANDRÉS  DÍAZ era el  presunto  responsable  del  delito  de fabricación, tráfico y porte de armas y  municiones  de uso privativo de las fuerzas armadas (artículo 366 de la Ley 599  de  2000),  agravado  por  la  utilización de medio motorizado (numeral 1º del  artículo         356        ejusdem).   

(ii)  Tal  imputación  fue  aceptada por el  sindicado debidamente asistido por su defensor.   

(iii)          El  procesado  fue  condenado  tanto  en  primera  como  en  segunda  instancia  como  autor  penalmente  responsable  del  referido delito agravado.   

Por  tanto,  no hay duda que carece ahora la  Fiscal  Delegada  de  interés para solicitar que se margine la circunstancia de  agravación  específica  que  fue  deducida  a  través  del  fallo  objeto  de  impugnación,  cuando  lo  cierto  es  que  fue  la Fiscalía la que imputó tal  circunstancia al incriminado y por ella se lo condenó.   

          En  suma,  encuentra la Sala que si la Fiscal Delegada aprovechó la  oportunidad  que  le  fue  concedida dentro de la audiencia de sustentación del  recurso   de   casación   para  solicitar  que  no  se  tuviera  en  cuenta  la  circunstancia  de agravación punitiva derivada de la utilización de vehículos  motorizados,   sin   dificultad  se  advierte  que  carecía  de  interés  para  cuestionar  tal  temática,  dado  que  el  fallo,  en  virtud  del principio de  congruencia,  fue  proferido  de  acuerdo  con  los  cargos  formulados  por  la  Fiscalía   y  voluntariamente  aceptados  por  CAMILO  ANDRÉS   DÍAZ,  sin  que,  entonces,  haya  derivado  perjuicio  o desmedro alguno en punto de las pretensiones de la Fiscalía dentro  del informativo.   

Así  las  cosas,  la Sala no se ocupará a  instancia  de  la  Fiscal  Delegada  del  planteamiento  que efectuó durante su  intervención   durante   la   audiencia   de   sustentación  de  este  recurso  extraordinario, por carecer de interés.   

          Casación oficiosa   

Observa   la   Sala   que  acerca  de  la  circunstancia  de agravación punitiva dispuesta por el legislador en el numeral  1º  del  artículo  365 de la Ley 599 de 2000, la cual trata de la utilización  de medios motorizados, ha señalado la jurisprudencia lo siguiente:   

“La  circunstancia  modificadora  de la  punibilidad,  entre  otros,  por la utilización de medios motorizados parte del  supuesto  de  que  portar  un  arma  de fuego en tal  situación  fáctica hace más potencial la lesión al bien jurídico protegido,  habida  cuenta  que  desde  un  vehículo  o  unidad  motorizada  se  puede más  fácilmente  atentar  contra  la  paz  y  la  convivencia social integrada en la  seguridad   pública.   No   obstante,  para  dicha  conclusión  tiene  que  haber  una  valoración de la relación causal entre el  verbo  rector  desplegado  por  el  sujeto  y  dicha  circunstancia   y  la  verificación  que  esa  era  su  voluntad  (dolo)  que  le imprimió particular  contenido    a   su   comportamiento”.   

“Por  consiguiente,  la  incorporación de dicha circunstancia en la construcción del  juicio  de  derecho  está condicionada a que el sentenciador concluya, mediante  la  actividad probatoria, que el arma transportada en  vehículo  motorizado  haga  más  potencial  el riesgo de vulneración del bien  jurídico  de  la  seguridad pública, como sería el  caso,  cuando  entre  el  porte  de  dicho  elemento y la utilización de medios  motorizados  exista una relación teleológica, es decir, tenga conexión con la  comisión  de  otras  conductas  punibles,  por  ejemplo,  asaltar  una  entidad  bancaria,  o  perpetrar  un  homicidio  por  banda de sicarios, etc.”3.  (subrayas fuera de texto).   

En  el  asunto  que  concita  la  Sala se  advierte  que  si  CAMILO  ANDRÉS DÍAZ  fue  sorprendido  en el momento en que junto con otra persona se  desplazaba    en    un    vehículo    de   su   propiedad,   llevando      dentro      del  baúl  del  mismo  unas  cajas  que contenían 7.088 cartuchos  calibre  5.66  para fusil o subametralladora, con tal  comportamiento  puso en peligro el bien jurídico de  la   seguridad   pública,   pues   se  trataba  de  transportar  municiones  de  uso  privativo  de  las fuerzas armadas,  que ilegalmente podrían ser utilizadas por grupos al margen de  la ley.   

No  obstante  lo  anterior,  de    acuerdo   con   la   forma   en  que    sucedieron    los    hechos,   evidente   resulta   que   la   utilización  de  un  medio  motorizado  en  el trasporte de  tales  elementos no conllevó un aumento en el riesgo  en  el cual se encontraba  el  bien  jurídico  de  la  seguridad pública, en cuanto objeto de protección  jurídica  por  parte del legislador, pues como puede  deducirse  del  fragmento de jurisprudencia trascrito, para que se estructure la  ya  mencionada  circunstancia  de  agravación  punitiva  por la utilización de  medios  motorizados, es menester que un tal proceder incremente de alguna manera  la   antijuridicidad   de   la  conducta,  esto  es,  que  potencialmente  la  torne más lesiva.   

        En      efecto,      en  el  caso  de  especie  es  claro  que  el  acto  de  llevar  los  proyectiles  de  arma  de  fuego dentro del baúl del vehículo de propiedad del  procesado,  no  colocaba  a  la  comunidad  en  un  peligro  más  grave  que el  consustancial  al  transporte  de  tales  municiones,  motivo por el cual no era  procedente   deducir  la  ya  mencionada  circunstancia  de  agravación  de  la  pena.   

        Si   ello  es  así,  corresponde  a  la  Sala  casar  oficiosa  y  parcialmente  el  fallo  atacado,  en  el sentido de  marginar  la  circunstancia  de agravación punitiva  derivada  de  la  utilización  de  medios motorizados, dada su improcedencia en  este  caso,  efectuando,  desde  luego,  la correspondiente disminución en la pena que le fue impuesta al  procesado.   

Por   tanto,  teniendo  en  cuenta  los  derroteros  de  dosificación  de  la  punibilidad  establecidos  en  el fallo  atacado  se  tiene  que,  como  el  límite  inferior del primer cuarto de movilidad punitiva dispuesto  para  el  delito  de  porte ilegal de municiones de uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas  agravado,  fue  incrementado       en       6.25%,      corresponde      ahora      aumentar  en  el  mismo  porcentaje el  extremo  inferior  del  primer  cuarto  punitivo establecido para el referido delito sin la concurrencia  de   la   circunstancia   de   agravación,  es  decir,   cuarenta  y  ocho  (48)  meses    deben    ser    incrementados    en    otros    tres    (3),    lo   cual   arroja   un  resultado definitivo de cincuenta y un (51) meses de  prisión.   

En  el  mismo  lapso         se         dosifican            las           penas         accesorias de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas (inciso 3º del  artículo  52  de  la  Ley  599 de 2000) y  privación del derecho a la tenencia  y      porte      de      armas     impuestas  al procesado.   

Lo anterior, necesariamente obliga a evaluar  si   resulta   procedente  otorgar  a  CAMILO  ANDRÉS  DÍAZ  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural,  sobre  lo  cual se encuentra que si bien el requisito objetivo para  acceder  a tal instituto está satisfecho, en cuanto la pena mínima prevista en  la  ley  para  el  delito por el que se procede es inferior a cinco (5) años de  prisión,  no ocurre lo mismo con la exigencia subjetiva, temática cuyo estudio  aborda la Sala a continuación.   

En  la  ponderación del referido requisito  subjetivo  corresponde  establecer que “el desempeño  personal,  laboral,  familiar  o  social del sentenciado permita al juez deducir  seria,  fundada y motivadamente que no colocará en peligro a la comunidad y que  no  evadirá  el  cumplimiento  de la pena”, aspectos  sobre   los   cuales   se   indicó   en   el   fallo   de   primer   grado   lo  siguiente:   

“Estamos  en  presencia    de    un    Capitán    ®    de    la  policía,  es  decir,  se  trata  de  un hombre que le  estuvo  prestando  su  servicio  al Estado, que sabía que el comportamiento que  realizaba  estaba  prohibido,  contaba  con plena capacidad de comprensión y de  autodeterminación  conforme a la misma, dada su salud mental y nivel educativo,  pues    adicionalmente    es    abogado,  que  conoce  de tal manera la ilicitud de su comportamiento y las  consecuencias   de  actuar  al  margen  de  la  ley”  (subrayas fuera de texto).   

Adicional  a lo anterior se tiene que, como  ya        ha        dicho        la       Sala4,   también   al  momento  de  decidir  sobre  el otorgamiento de la prisión domiciliaria es oportuno ponderar  la  gravedad  de  la conducta, pues a partir de ello se puede pronosticar que el  procesado  no colocará en peligro a la comunidad ni evadirá el cumplimiento de  la  pena,  temática  sobre  la  cual  se  afirmó  en  la  sentencia de primera  instancia:   

“Se trata de una  cantidad  considerable  de munición que en manos de particulares provoca enorme  inseguridad  en  la  sociedad, la cual ha venido siendo víctima de la violencia  en  un  fuego  cruzado de grupos al margen de la ley, que se resisten a respetar  las  directrices  que nos permiten vivir en paz, lo que denota que quien incurre  en  estos  quehaceres  corresponde  a  una  delincuencia  con  total carencia de  consideración    frente    al    respeto    por   el   ser   humano”.   

          En  suma,  advierte  la  Sala  que  dada la gravedad de la conducta,  amén    del   desempeño   personal,   laboral   y   social   de   CAMILO   ANDRÉS   DÍAZ,   no   consigue  pronosticarse  que  no  colocará  en  peligro  a  la  comunidad,  pues  por  el  contrario,  se advierte que desde su residencia podría incursionar una vez más  en  la comisión de delitos como el que ahora da lugar a su condena, pues pese a  haber  pertenecido  a  la Policía Nacional y ostentar la condición de abogado,  no  se  abstuvo  de realizar el grave comportamiento que, sin duda alguna, tiene  funesta  injerencia  en las condiciones de seguridad de nuestra patria, luego el  peligro  para  la  comunidad,  en  caso  de  conceder  al  procesado la prisión  domiciliaria, sería latente.   

          Por  lo  expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE  

1. CASAR parcialmente el fallo de segundo  grado  en  el  sentido de dosificar la pena principal  que  corresponde a CAMILO  ANDRÉS      DÍAZ      GALINDO     como  autor  penalmente responsable del  delito  de  fabricación, tráfico y porte de armas y  municiones  de  uso privativo de las fuerzas armadas,  en  cincuenta  y  un (51)  meses   de   prisión,   lapso   en   el   cual   también  se  tasan    las    penas    accesorias   de  inhabilitación   para   el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  privación  del  derecho  a  la  tenencia y porte de  armas.   

2. No sustituir  la  prisión  intramural  por  la  domiciliaria,  de conformidad con las razones  consignadas en la anterior motivación.   

         3.  En  lo  demás,  el fallo impugnado se  mantiene sin modificación alguna.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                          ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Ver  sentencia del 23 de agosto de 2005. Rad. 21954.   

2  Sentencia del 29 de junio de 2006. Rad. 24529.   

3  Sentencia del 10 de noviembre de 2005. Rad. 20665.   

4  Sentencia del 16 de marzo de 2005. Rad. 20232.     

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