26626(07-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26626   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr.   MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta No. 014    

Bogotá,     D.    C.,    siete   de  febrero  del  año  dos  mil  siete.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda de casación que presenta el defensor del procesado JOSÉ  MAURICIO  PARRA  VACA,   contra   la   sentencia   de  segunda  instancia  proferida  el  diez  de  mayo  de dos mil  seis  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Bogotá, mediante la  cual  confirmó  la  dictada por el Juzgado Cuarenta y  Cuatro  Penal  del Circuito de esa misma ciudad, en la  que  lo condenó a la pena principal de ciento noventa  (190)   meses   de   prisión   y  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y  funciones públicas por  término  igual  al  de  la  pena  privativa  de la libertad, por el concurso de  delitos   de  homicidio,  tentativa  de  homicidio  y  porte    de   arma   de   fuego   de   defensa personal.   

1.- Antecedentes.  

Los   hechos,   ocurridos   en   Bogotá,  fueron  declarados por el juzgador de la manera siguiente:   

“Por  los delitos de homicidio consumado y  tentado,  en  concurso con porte ilegal de arma de fuego de defensa personal, se  sigue  la  presente  causa  en contra de José Mauricio  Parra  Vaca, según hechos acontecidos el 4 de octubre  de  2004  en  la  diagonal  32  B Sur frente al No. 17-27 Barrio Colinas de esta  capital,  en  desarrollo  de  los  cuales  los  señores  Víctor  Manuel Monroy  Ramírez,  William  Miguel  Rojas  Borchero  y  Víctor  Manuel Monroy Martínez  fueron  víctima  de  múltiples  disparos  de  arma  de  fuego, determinando el  fallecimiento  instantáneo  de  éste último y heridas de consideración a los  dos  primeros,  quienes se recuperaron en los centros asistenciales a los cuales  fueron trasladados”.   

2.-  Después  de  haberse  llevado  a  cabo  algunas   diligencias   preliminares,  el  cuatro  de  octubre  de  dos  mil cuatro la Fiscalía Doscientos  Ochenta y Cuatro Seccional de  la   Unidad   de   Reacción   Inmediata   con   sede   en   Bogotá,   declaró   formalmente  abierta  la  investigación  (fls.39-1) y  vinculó  mediante indagatoria a VÍCTOR MANUEL MONROY  RAMÍREZ  (fls.  40  y ss.), JOSÉ MAURICIO PARRA VACA (fls. 43 y ss.), y WILMAR  MIGUEL  ROJAS  BORCHERO  (fls.  48  y  ss.),  y  la  Fiscalía  Quince Seccional  Delegada,  a  donde  fueron remitidas las diligencias, les definió la  situación jurídica con medida de aseguramiento consistente en  detención   preventiva    respecto   de  JOSÉ  MAURICIO  PARRA  VACA  , al tiempo que se abstuvo de imponer medida alguna a los  otros  dos  vinculados a la investigación (fls.   70 y ss.-1).   

3.- Posteriormente, previa clausura del ciclo  instructivo  (fls.  155), el  veinticinco de enero de dos  mil    cinco    se  calificó  el  mérito  probatorio  del sumario con resolución de acusación en  contra    del   procesado   PARRA   VACA    por   el  concurso  de  delitos  de  homicidio,  tentativa  de homicidio y porte ilegal  de  armas  de fuego de defensa personal, al tiempo que  precluyó  la investigación respecto de VÍCTOR MANUEL MONROY RAMÍREZ y WILMAR  MIGUEL    ROJAS    BORCHERO    (fls.   228 y ss.-1), mediante determinación que  cobró   ejecutoria   en   esa   instancia   al   no   haber   sido   objeto  de  impugnación        (fl.       244).   

4.- La etapa de juicio correspondió asumirla  al  Juzgado  Cuarenta  y  Cuatro  Penal  del Circuito  de      Bogotá       (fls.     3  cno. 2), en donde se llevó a cabo la  vista  pública  (fls.  55 y  ss.)  y  el  veinticinco  de  agosto de dos mil cinco  se  puso  fin  a la instancia condenando al procesado  JOSÉ MAURICIO PARRA VACA a  la  pena  principal  de  ciento noventa (190) meses de  prisión  y  la  accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  igual  al de la  privación  de  la  libertad,  entre  otras  determinaciones,  a consecuencia de  hallarlo     penalmente    responsable    del    concurso    de    delitos    de  homicidio,   tentativa   de  homicidio  y    porte    ilegal    de   armas   de   fuego   de   defensa  personal,  a él imputado en la  resolución   de   acusación   (fls.  98 y ss.).   

5.-  Recurrida esta decisión por la defensa  (fls.   113  y  ss.),  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,   por  medio  del  fallo     proferido    el   diez   de  mayo  de  dos  mil seis, la confirmó íntegramente, al conocer en segunda instancia de la  apelación    interpuesta    (fls.    4 y ss. cno. Trib.).   

6.-   Contra   la  sentencia  de  segunda  instancia,      la      defensa     oportunamente  interpuso  recurso extraordinario de casación (fl.  20), el que fue concedido  por  el  ad quem (fl. 23),  y     presentó     la     correspondiente     demanda     (fls.    32 y ss.), sobre cuya admisibilidad se  pronuncia la Corte.   

La demanda.  

Después   de   identificar  los  sujetos  procesales  y  la  sentencia  demandada,  y  luego de hacer una síntesis de los  hechos  materia  de  juzgamiento  y  de  la  actuación  llevada  a  cabo en las  instancias    ordinarias    del    trámite,   con   apoyo   en   las          causales  primera  y     tercera     de    casación,    dos          cargos  postula  el  casacionista contra el  fallo  del Tribunal en los  que  lo acusa de ser violatorio, por vía indirecta, de disposiciones de derecho  sustancial,  por  incurrir  el  juzgador  en errores de hecho en la apreciación  probatoria; y haber sido proferido en juicio viciado  de  nulidad  por  violación del derecho de defensa, respectivamente.   

En  la  primera  censura  sostiene  que  en la sentencia impugnada se  incurrió  en  violación  indirecta  de  la ley por aplicación indebida de los  artículos  103,  22,  y  365  del  Código  Penal, que tipifican los delitos de  homicidio,  tentativa de homicidio y porte de armas de fuego, y agrega que “de  la  misma  manera y por idéntica vía, se violaron los requisitos para condenar  contemplados  en el artículo 232-2 del cartabón procesal”, a consecuencia de  incurrir  en  errores de hecho en la apreciación probatoria, referida al factor  de la culpabilidad.   

Manifiesta que en la sentencia se incurrió  en  un  primer  error  de  hecho,  que  hace  consistir  en  que  al  momento de  fundamentar   la   responsabilidad  del  procesado  “el  juzgador  de  primera  instancia  acogió  en  un  todo  la  calificación  dada  por  la Fiscalía 191  seccional  adscrita  a  la Unidad Segunda de Delitos contra la vida e integridad  personal,  de  homicidio  en concurso homogéneo con tentativa de homicidio y el  de porte ilegal de armas de fuego”.   

El segundo error lo hace consistir en que se  apreció  erróneamente  “la circunstancia de que al momento de los hechos, el  condenado  estaba  físicamente impedido de efectuar  dos  acciones  al  mismo  tiempo”,  toda  vez  que,  según los juzgadores, el  procesado,  además  de  conducir el vehículo, disparó su arma en contra de la  familia Monroy”.   

Como  tercer  error  de  hecho en el fallo,  sostiene  que  consistió  en  haber  apreciado erróneamente las pruebas “que  sirvieron  para  dar  la  certeza  que  pregona  el  juzgador  sobre la conducta  punible, sino de la responsabilidad del procesado”.   

El  cuarto  error  de  hecho  lo  hace consistir en que fue mal apreciada “la circunstancia de  que  el  día  de  los hechos, la familia del occiso y demás miembros, fuera de  estar  violando reglas de convivencia, como es la de no portar armas de fuego en  establecimientos      públicos,     se     encontraban     en     estado     de  embriaguez”.   

Después   se   resumir  los  fundamentos  probatorios   de  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia,  en  el  acápite  que  en  el  libelo  destina  a la “violación  indirecta   y   su   sentido”,  indica  que  a  su  asistido  se  le  imputa  responsabilidad  en  el homicidio contra Víctor Manuel Monroy Martínez, “por  el  hecho  de  que  después de haberse ido de la tienda de una de las testigos,  señora  Ana Helia Restrepo, volvió a pasar por este lugar, motivo por el cual,  tanto  el a quo, como el ad quem, lo señalan  como autor del homicidio”,  lo  cual,  según dice, fue desvirtuado en los alegatos que la defensa presentó  ante  el  juzgado  de conocimiento. Esto, dice, no fue tenido en cuenta toda vez  que  los  juzgadores  fundamentaron su decisión en “los testimonios amañados  de  los  integrantes  de  la familia Monroy, desechando el testimonio de Arnulfo  Ramos  León  quien  transportó  en  su  taxi  al  causante del otro homicidio,  comprobado,  y al nieto del anterior, quien fue pieza vital para que decomisaran  el arma homicida”.   

Por  lo  anterior,  considera que pese a lo  declarado  por  las  dos  instancias,  en el proceso no existe certeza de que su  asistido  hubiere sido el  autor  o coautor del homicidio que se le imputa, o de  que  “haya  sido  la  persona  que  trató de matar al individuo armado y a su  nieto,  quienes  fueron  los  directamente  responsables  de  los hechos, en que  perdió  la  vida  un  integrante de la familia Monroy y un extraño, tanto para  ellos,  como  para  el  condenado,  pero  que  moraba en el mismo barrio que los  anteriores  y  presumiblemente  no estaba involucrado en los hechos, teniendo en  cuenta  que  no se le encontraron armas, ni vestigios de haber disparado ningún  arma de fuego”.   

Sostiene  que  al  procesado  tampoco se le  puede  atribuir  responsabilidad  en  el  delito  de  porte de armas de fuego de  defensa  personal,  “por  el simple hecho, de que los dos titulares de las dos  instancias,  se  han  basado en testimonios que no ofrecen plena credibilidad”  pues  “aseveran  que  vieron  a  mi  protegido,  que  volvió en el taxi y que  presumiblemente  venía  acompañado,  pero ninguno puede afirmar que portaba un  arma”.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  casar  la  sentencia impugnada y absolver a su asistido de los cargos que  le fueron formulados.   

El   segundo  cargo,  lo  formula el censor con apoyo en la causal  tercera  de  casación  y  lo  hace consistir en que la sentencia fue dictada en  juicio  viciado  de  nulidad por violación del derecho a la defensa por haberse  incurrido   en  “violación  indirecta  por  aplicación  indebida”  de  las  disposiciones  que  tipifican los delitos de homicidio, tentativa de homicidio y  porte   de   armas   de   fuego,  debido  a  errores  “trascendentes  y  manifiestos en la valoración probatoria, referida ésta al  factor de la culpabilidad”.   

Con la pretensión de desarrollar el cargo,  enuncia  cinco errores en la apreciación probatoria, y después de aludir a los  fundamentos   probatorios   de  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia,  manifiesta  que la violación indirecta de la ley ocurrió por “no darle a las  pruebas  el valor probatorio que tienen a favor del encartado, como también que  el  instructor  se  dedicó  a darle a las mencionadas pruebas, que no son otras  que  los  testimonios,  un  valor  a  favor del homicida de un  transeúnte  ajeno  a  los  hechos, y darle un valor acusatorio a  todas    y    cada    una    de    las   manifestaciones   de   estos   testigos  inhábiles”.   

Censura, además, que no se hubiere allegado  el  dictamen  sobre  el  guantelete  que  le  tomaron  al procesado, ni sobre la  trayectoria  de los proyectiles que se incrustaron en el vehículo conducido por  el procesado.   

Califica  de “deleznables” los indicios  construidos   contra   el   procesado,  “ya  que  el  único  consiste  en  la  apreciación  de  los juzgadores, de que PARRA VACA, debido a la bofetada que le  infringió  el  beodo  Monroy,  y  en  tiempo  récord volvió al lugar donde se  formó   la   trifulca   y   procedió   a   balear   a  la  mencionada  familia  Monroy”.   

Considera   haber  dejado  demostrada  la  existencia  de  motivos  para  decretar  la nulidad por violación al derecho de  defensa,  pues desde un principio, por la errada apreciación de las pruebas, la  Fiscalía  tuvo  como único responsable a su asistido al tiempo que exoneró al  único  responsable  del  homicidio  de  un transeúnte, “al manifestar que lo  había matado en legítima defensa”.   

Con fundamento en lo expuesto, considera que  la  nulidad  que  invoca se configuró a partir de la calificación del sumario,  por  lo  que  pide  a  la  Corte  casar  la  sentencia recurrida y absolver a su  asistido     (fls.    32    y    ss.).             

SE CONSIDERA:  

La Corte ha sido persistente en indicar que  cuando  en  sede  de  casación  se  denuncia violación indirecta de la ley por  errores    en   la   apreciación   probatoria,   el   demandante   no  sólo  debe  concretar la prueba o  pruebas   sobre  las  que  predica  el  yerro,  sino  indicar  a  qué  género  corresponde  éste -si de  hecho o de derecho- y señalar su especie.   

También  ha  de  demostrar  no  sólo  la  configuración   objetiva   del   desacierto   probatorio,  sino  la  definitiva  incidencia  de  éste  en  las  conclusiones  del  fallo,  y  por  tanto,  en la  trasgresión  indirecta  de  las normas de derecho sustancial, para lo cual debe  indicar  si  ello tuvo lugar por aplicación indebida o por exclusión evidente,  es  decir,  tiene  por  carga integrar lo que se conoce como la proposición del  cargo y la formulación completa de éste.   

Asimismo,  con la finalidad de patentizar la  trascendencia  del  error  cometido  por el juzgador en la sentencia, compete al  casacionista  precisar  cómo  habría  de  corregirse  el  yerro probatorio que  denuncia,  modificando  tanto  el supuesto fáctico como la parte dispositiva de  la  sentencia.  Esto  le  implica  tener  que  realizar  en  la demanda un nuevo  análisis  del  acervo  probatorio,  en  el que se valoren las pruebas omitidas,  cercenadas  o  tergiversadas, o se aprecien de acuerdo con las reglas de la sana  crítica  aquellas  en  cuya ponderación fueron transgredidos los postulados de  la  lógica, las leyes de la ciencia o los dictados de experiencia; y, de ser el  caso,  se  excluyan  las  supuestas  o  las  ilegalmente  allegadas o valoradas.   

Todo ello de modo individual respecto de cada  prueba  como  contextualizadamente con lo que se acredita por las apreciadas con  acierto  por  el  juzgador,  bajo  los  criterios  establecidos  por  las normas  procesales  para  cada  medio probatorio en particular, y las que aluden al modo  integral  de valoración, a fin de poner de resalto la falta de aplicación o la  aplicación  indebida  de un concreto precepto de derecho sustancial, pues es la  demostración  de  la  transgresión  de  la  norma de derecho sustancial por el  fallo, el ejercicio en casación de su motivo primero.   

Estos presupuestos de claridad y precisión  en   la   formulación   del   primer  ataque,  no se cumplen en la demanda presentada por la defensa del  procesado      GUTIÉRREZ     MILLÁN,  y por lo mismo impiden que el libelo supere el juicio previo de  admisibilidad   al   trámite   de   la   casación   que   debe   realizar   la  Corte.   

No  obstante  sugerir que acude a la causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo, y denunciar violación indirecta de la  ley  sustancial  a  consecuencia  de  errores  en  la apreciación probatoria, e  indicar   como   disposiciones   de   derecho   sustancial   transgredidas   por     aplicación     indebida     los   artículos   22,   103  y  365  del    Código    Penal;   y   el      artículo     232-2  del  Código  de Procedimiento Penal,  no  es  claro  ni  preciso  en  cuanto al señalamiento de las pruebas sobre las  cuales  supuestamente  se  cometió el yerro, la indicación del tipo preciso de  error  que  pudo  haberse  cometido  respecto  de  cada  una  de  ellas, y omite  demostrar  la  eventual  trascendencia  de los yerros en la parte resolutiva del  fallo,   con   lo   cual  resulta  evidente  que  el  desarrollo  de  la  censura  lejos se halla de poder demostrar la configuración  de  un  yerro  susceptible  de ser corregido en sede  extraordinaria.   

     

Pese   a   sostener  que  los  juzgadores  incurrieron  en  errores  de hecho en la apreciación  probatoria,   porque,  según   dice,   se  dio  por  probada  sin estarlo, la responsabilidad penal  en  los  supuestos  típicos de homicidio, tentativa de homicidio y porte ilegal  de   armas   de   fuego   de  defensa  personal,  el  planteamiento  del  libelista  no es claro ni preciso en la formulación de cada  uno  de  los “errores”  que  presenta,  ya  que  por  parte  alguna  de su discurso intenta demostrar la  configuración    de   algún   específico   tipo   de   desacierto   sobre   alguna  o  algunas  pruebas  en  particular,  pues  la  vaguedad  y  generalidad  de  sus  reparos le impiden  descender  al ámbito de lo concreto y al no hacerlo, deja de acreditar el error  que persigue noticiar y su incidencia en la violación de la ley.   

En  lugar  de  esto,  se dedica a presentar  particulares  criterios  de valoración para anteponerlos al juicio de fallador,  en   consideraciones   que   convierten  la  demanda  en  un  escrito  de  libre  elaboración,  más  propio  de  las instancias que de la sede extraordinaria de  casación.   

Así,  en  lo  que  el  demandante denomina  “primer   error”,en  realidad  no  cuestiona  la  ponderación   que  el  juzgador   hizo  sobre  alguna  prueba  en  concreto,  sino  la calificación  jurídica  de  la conducta realizada por la fiscalía, pero sin explicar en qué  consiste el yerro ni a dónde quiere llevar la discusión.   

Igual  sucede con el “segundo error” en  el  que  simplemente  sostiene,  sin  llegar  a  demostrarlo, que los juzgadores  dieron  por  establecido  que  además  de  conducir  el vehículo, el procesado  disparó  su  arma,  pero  no  expresa  en  qué parte del fallo se hace una tal  consideración,  a  través de cuál o cuáles medios se demuestra lo contrario,  o  en qué específicamente consistió el error de apreciación probatoria, y si  este  fue  de existencia, identidad o raciocinio, como era de su cargo indicarle  a la Sala.   

La  generalidad  en  las  formulaciones que  el  casacionista presenta  a  la  Corte,  resulta asimismo patentizada cuando en  el   “cuarto   error”   sostiene  que  el  desacierto  se  presentó  “por  apreciación  errónea  de  las  pruebas  que  sirvieron para dar la certeza que  pregona   el   juzgador,   sobre   la   conducta   punible,  sino  (sic)  de  la  responsabilidad  del procesado”, pues no indica cuáles fueron las pruebas que  sirvieron  al  juzgador para tener por establecida la certeza de la realización  de  la conducta y la responsabilidad penal del procesado ni en que consistió el  error de apreciación probatoria.   

Pero  como si esto no fuera suficientemente  ilustrativo  de  la precariedad que la demanda ostenta, en el “cuarto error”  se  dedica  a cuestionar que la familia del occiso violara reglas de convivencia  por  portar  armas  de  fuego  en  establecimientos  públicos  y  en  estado de  embriaguez,   pero  sin  denotar  cómo  ello  repercute  favorablemente  a  los  intereses que el censor representa.   

Y cuando era de esperarse que en el acápite  que  destina a la “violación indirecta y su sentido” concretara las pruebas  sobre  las que habrían recaído los yerros de apreciación, y demostrara errada  ponderación  de  ellas  por parte del juzgador así como la eventual incidencia  negativa  que  ello  pudo  haber tenido para la suerte jurídica de su asistido,  nuevamente  fracasa  en  su  intento,  pues pretende  acreditar  sus  asertos con las alegaciones que presentó en el debate público,  y  calificar  de  “amañados”  los  testimonios  “de los integrantes de la  familia  Monroy”,  limitando  a  ello  su  reparo,  de  modo  tal que,  por  fuera  de  lo expresamente considerado por el juzgador,  construye  particulares  inferencias  a fin de denotar la existencia de un error  sin    conexión   alguna   con   el   fallo.   

    

Esta  misma  situación  de  incertidumbre  resulta  reiterada en los párrafos siguientes de la  demanda,  pues  sin  ningún  apego  por  el  carácter lógico que la casación  ostenta,  se  dedica  a realizar afirmaciones aisladas que no se toma el trabajo  de acreditar.   

Asimismo, la precariedad en el desarrollo y  demostración  del  reparo  concurre  en  el  cuestionamiento  que el demandante  formula   a   la   apreciación  por  el  juzgador  de  la  prueba  que  informa  sobre  la presencia del procesado en el lugar de los  hechos,     para     decir    que    como   son   “amañados”   dichos   testimonios,  no   existe   certeza  sobre  que  su  poderdante  hubiere  sido  el  autor  del homicidio que le atribuye.   

Con  tal  manera  de  razonar  no  se  sabe  cual  específicamente  es  el yerro cometido por el  juzgador,  el que no puede suponer la Corte, dado que  de  hacerlo  implicaría  desentrañar la verdadera pretensión del recurrente y  ubicar  el  error  dentro  de  una  amplia  gama de posibilidades, lo cual está  prohibido por el principio de limitación que preside el recurso.   

Adicional  a    la    falta   de   concreción   a  que  se  alude con respecto a la formulación del primer cargo,  desacierto  que  también se presenta en el segundo, en éste  sobresale no  solo  la reiteración de los reparos a la apreciación probatoria, pero esta vez  formulados  al  amparo de la causal tercera lo cual resulta inadmisible pues los  errores  en la ponderación de los medios sólo pueden ser denunciados con apoyo  en  la  causal  primera, apartado segundo, de casación, sino la perplejidad que  produce  la  solicitud final de casar el fallo, absolver al procesado y al mismo  tiempo  decretar  la  nulidad  de  lo  actuado  a partir de la calificación del  sumario,   lo   cual   se   ofrece  manifiestamente  contradictorio   y,   por   tanto,   inabordable   para   su   estudio  en  sede  extraordinaria,  salvo  que  se  entienda  la  casación  como un instrumento de  impugnación    libre,    por    ende   no   sometido   a   ningún   parámetro  legal.   

Lo  pretendido  en  últimas, acorde con un  particular  entendimiento  de la naturaleza y fines del instrumento a que acude,  es  que  en  sede  extraordinaria  la  Corte  revise  integralmente  la  prueba y la ponderación que de ella hicieron los juzgadores,  a  manera de tercera instancia y, acorde con las pretensiones del recurrente, le  confiera   un  mérito  distinto  o  por  fuera  del  otorgado   en   la  segunda  instancia,  lo  cual  no  constituye  error  alguno  denunciable  en casación, dada la libertad relativa de que gozan los juzgadores  para  apreciar  la prueba y asignarle valor demostrativo, limitada sólo por las  reglas    de    la    sana    crítica   cuya   trasgresión   no   sólo  no  denuncia  sino  que no logra  ser demostrada en la demanda.    

   

Siendo entonces ostensibles los defectos que  la  demanda  acusa,  pues,  como  se  deja  expuesto,  de ella no se desentraña  precisa      y      claramente     los     fundamentos     de     las          causales   que  invoca, y no pudiendo la Corte corregirla por virtud  del  principio  de  limitación  que  rige  su  actuación,  lo procedente será  inadmitirla,   declarar  desierto  el  recurso  y  ordenar  la  devolución  del  expediente  al  despacho de origen, conforme así se establece de los artículos  197 del decreto 2700 de 1991 y 213 de la ley 600 de 2000.   

Esto  último, si se da en considerar que de  la  revisión  de  lo  actuado  tampoco  se  observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la  Sala.   

Contra  estas  decisiones no procede recurso  alguno.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda  de casación presentada a nombre del procesado  JOSÉ  MAURICIO  PARRA  VACA,  por  lo anotado en la  motivación    de    este    proveído.    En   consecuencia   se   DECLARA        DESIERTO       el  recurso.     

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ         ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA             JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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