25726(03-08-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25726   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 080.  

Bogotá D.C., agosto tres (3) de dos mil seis  (2006).   

VISTOS  

Se   pronuncia  la  Sala  respecto  de  la  admisibilidad  formal  del  libelo  de  casación presentado por el defensor del  procesado  CAMILO  ANDRÉS  DÍAZ  GALINDO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá el 29 de septiembre de 2005, confirmatoria de la  dictada  por  el  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito Especializado de la misma  ciudad  el 15 de julio de la referida anualidad, por cuyo medio lo condenó como  autor  penalmente  responsable  del  delito de fabricación, tráfico y porte de  armas y municiones de uso privativo de las fuerzas armadas.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Aproximadamente a las tres de la tarde del 31  de  mayo de 2005, en la Avenida Primero de mayo con carrera 49 C de esta ciudad,  agentes  de  la policía practicaron una requisa de rutina al vehículo Fiat con  placa   QHX   322   de   Chía,   en   el   cual   se  movilizaban  Angel   Alberto  Cuéllar  y  CAMILO  ANDRÉS  DÍAZ GALINDO, encontrando  en  el  baúl  cuatro (4) cajas que contenían 7.088 cartuchos calibre 5.66 para  fusil  o  subametralladora,  circunstancia  que  motivó  la aprehensión de los  ocupantes  del  referido  automotor, quienes fueron puestos a disposición de la  Fiscalía.   

Legalizada  la  captura  de los aprehendidos  ante  el  Juez Treinta Penal Municipal con funciones de Control de Garantías de  Bogotá,  la  Fiscalía  les  formuló  imputación por la posible comisión del  delito  de fabricación, tráfico y porte de armas y municiones de uso privativo  de  las  fuerzas  armadas,  a  la vez que solicitó les fuera impuesta medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  a  lo  cual  accedió el funcionario  judicial,    durante    la   respectiva   audiencia.   Dado   que   Angel   Alberto  Cuellar  no  aceptó  los  cargos  formulados,  mientras  que CAMILO ANDRÉS DÍAZ  GALINDO   si  se  allanó  a  ellos,  se  dispuso  la  correspondiente ruptura de la unidad procesal.   

El 30 de junio de 2005 la Fiscalía presentó  escrito  de  acusación  contra  CAMILO  ANDRÉS DÍAZ  GALINDO  y  el  15  de  julio  siguiente el Juzgado de  conocimiento  Tercero  Penal  del  Circuito Especializado de Bogotá realizó la  respectiva  audiencia durante la cual aprobó el allanamiento a la imputación y  profirió  fallo  por cuyo medio lo condenó a la pena principal de sesenta y un  (61)  meses  y  seis (6) días de prisión y a las accesorias de inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas y privación del derecho a  la  tenencia  y  porte  de  armas  por  el  mismo  lapso,  como autor penalmente  responsable  del delito cuya comisión aceptó. En la misma oportunidad le negó  el  subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional, así como la  prisión domiciliaria.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  el Tribunal Superior de  Bogotá  la confirmó mediante fallo del 29 de septiembre de 2005, decisión que  ahora  es  objeto  de  recurso  extraordinario  de  casación interpuesto por la  defensora  de  CAMILO ANDRÉS DÍAZ GALINDO.   

LA DEMANDA  

La recurrente formula cuatro cargos contra el  fallo  de  segundo  grado; el primero, por nulidad derivada de la violación del  debido  proceso  al pretermitirse lo dispuesto en el artículo 351 de la Ley 906  de  2004; el segundo, por violación directa de la ley sustancial por exclusión  del  artículo 8º de la Ley 599 de 2000 y aplicación indebida del artículo 61  del mismo ordenamiento.   

El  tercero,  por violación indirecta de la  ley  sustancial  por  errores  de hecho que condujeron a la falta de aplicación  del  artículo  38  del estatuto penal y el cuarto, por violación directa de la  ley  sustancial por exclusión evidente del artículo 361 de la Ley 600 de 2000,  en   concordancia  con  los  artículos  177,  307  y  314  de  la  Ley  906  de  2004.   

Con  el  propósito  de  evitar repeticiones  innecesarias,   metodológicamente   se  optará,  a  continuación,  por  hacer  referencia  separada  a  cada  uno  de los cargos presentados por la defensa y a  realizar acto seguido el correspondiente estudio formal del libelo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ha  precisado  la Sala que si bien en la Ley  906  de 2004 no se distingue entre recurso de casación por la vía común y por  la  discrecional,  pues  se eliminó la exigencia del quantum de pena del delito  por  el  que  se  procede  para  acceder  a  tal  impugnación, lo cierto es que  corresponde  al  demandante  acreditar  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  lo cual le impone contar con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los cargos de sustentación del recurso y demostrar que es  necesario  el  fallo  de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  el  artículo  180  de la referida normatividad para la  mencionada  impugnación,  es  decir,  la  efectividad  del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  sufridos   por   estos   y  la  unificación  de  la  jurisprudencia1.   

          Adicionalmente  se  tiene  que  de  acuerdo  con  la  preceptiva del  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, no será admitido el libelo de casación  cuando  el  demandante  carezca de interés, no señale la causal, no desarrolle  adecuadamente  los  cargos  de  sustentación  o  cuando  se  advierta que no es  necesario   el   fallo   para   cumplir   algunas   de   las   finalidades   del  recurso.   

          Es  importante señalar que el recurso de casación en cuanto juicio  técnico   –  jurídico  cuenta  con  una  serie  de  reglas  técnicas  señaladas  por  el legislador y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  a  fin  de  que  no  se convierta en una  tercera instancia, las cuales  no  pasan  de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a conseguir que el  demandante   se   sujete  a  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de sus reparos, de suerte que resulten inteligibles  en  cuanto  precisos  y claros, dado que no corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   recurrentes   en  casación.   

Precisado  lo  anterior y conforme se había  anunciado,  serán  abordadas  cada  una  de  las  censuras  postuladas  por  la  impugnante  para  dar  sustento  a  su  pretensión  casacional, de la siguiente  manera:   

1.            Primer  cargo:  Nulidad  derivada  de la  violación  al  debido proceso al pretermitirse lo dispuesto en el artículo 351  de la Ley 906 de 2004.   

Aduce  la  censora  que como su procurado se  allanó   a   los  cargos  formulados  por  la  Fiscalía  en  la  audiencia  de  imputación,  debió  establecerse en el escrito de acusación la rebaja de pena  que  le  correspondía  y  que  como  ello  no  ocurrió, se permitió de manera  contraria  al  texto  legal que el juez “se subrogara  la  facultad  de  establecer  tal  disminución”, sin  tener  en  cuenta  que de conformidad con el artículo 348 de la Ley 906 de 2004  “la Fiscalía y el imputado o acusado podrán llegar  a   preacuerdos   que   impliquen   la   terminación   del  proceso”     y    que    según    el    artículo    350    ejusdem,          “obtenido  este  preacuerdo,  el  fiscal  lo  presentará  al juez de  conocimiento         como        escrito        de        acusación”.   

Argumenta que corresponde a la Fiscalía y al  procesado  determinar el monto de la rebaja de pena cuando el allanamiento a los  cargos  tiene  lugar  en  la  audiencia  de  imputación,  como  en efecto lo ha  señalado  esta  Sala  en decisión del 23 de agosto de 2005 dentro del radicado  21954, cuyos apartes pertinentes transcribe.   

Con  base  en  lo  anterior,  la  demandante  solicita  la  nulidad  de la actuación a partir de la presentación del escrito  de  acusación, con el propósito de que la Fiscalía y el procesado acuerden el  monto  de la disminución punitiva, según lo establecido en el artículo 351 de  la Ley 906 de 2004.   

Encuentra  la  Sala  que si bien el cargo es  presentado  de  manera  adecuada  y  siguiendo las reglas técnicas que exige la  formulación  de  un  reparo  bajo  la  égida de la causal segunda de casación  dispuesta  en  el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  orientado a  conseguir  la  invalidación  de lo actuado ante la presencia de irregularidades  que  comportan  violación  del  debido proceso, en cuanto señala claramente la  especie   de  incorrección  sustantiva  que  determina  la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos  y las normas que estima conculcadas e indica los motivos  de  su  quebranto,  así  como  la  cobertura  de  la  nulidad  y  la injerencia  perjudicial  y decisiva en la declaración de justicia contenida en la decisión  impugnada  (principio  de trascendencia), sin dificultad se advierte que dada la  temática  propuesta  por  la  defensora,  no se necesita del fallo de casación  para dilucidar sus planteamientos.   

En  efecto,  si  como  al  inicio  de estas  consideraciones  se  puntualizó  que  no  basta para conseguir la admisión del  libelo  que  el  recurrente  postule y desarrolle técnicamente los cargos, sino  que  es  menester  que  demuestre  la  necesidad de la sentencia de casación en  punto  de  cumplir  alguno  de  los fines de  tal impugnación extraordinaria y a su vez se tiene, que según  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004 se impone la  inadmisión  de  la  demanda cuando se advierta que no se precisa del fallo para  cumplir  alguno  de  tales  fines, considera la Sala que en cuanto se refiere al  reproche  objeto  de  estudio  no  se  necesita  la sentencia casacional por las  siguientes razones:   

          Es  cierto  que  en  la providencia citada por la recurrente se dijo  que  de  la  aceptación  de  los  cargos formulados en audiencia de imputación  “pueden  surgir  dos  eventualidades como son: i) el  allanamiento  a  los cargos imputados sin previo preacuerdo o negociación, pues  surge  de  un  acto unilateral, libre y voluntario del investigado por razón de  la  mencionada  sugerencia  hecha  por  la  fiscalía  y ii) la aceptación como  consecuencia de un preacuerdo”.   

“i)  En   tratándose    del    primer    caso,   el   acto   sobreviniente     es    el    acuerdo  que   debe   existir   entre   el  fiscal  y   el    imputado    respecto   de   la   rebaja  de   pena    que    prevé   el   remitido   artículo   351,   cuando  textualmente regula que “la  aceptación  de  los  cargos  determinados  en  la  audiencia de la imputación,  comporta  una  rebaja  hasta  de  la  mitad de la pena imponible, acuerdo que se  consignará  en  el  escrito de acusación” (subrayas  fuera de texto).   

Y   se   concluyó   que   “tal  procedimiento  difiere  notoriamente  de  la  antigua sentencia  anticipada,   habida   cuenta   que  aceptados  los  cargos  por  el  procesado,  era  el juez de conocimiento  a  quien,  luego  de examinar la legalidad del acto, le correspondía determinar  la  pena  realizando  la  correspondiente  disminución  de la misma, evento que  no contemplaba ningún tipo de acuerdo o negociación  con  el fiscal como sucede en la actualidad” (subrayas en la providencia).   

          No  obstante  lo  expuesto,  mediante  una ulterior revisión de tal  temática  la Sala señaló que “es de la esencia del  proceso  penal acusatorio que un juez imparcial decida en un juicio público con  inmediación   y  controversia  probatoria  acerca  de  la  responsabilidad  del  procesado,  sistema  dentro  del  cual  tiene  amplia  cabida,  de una parte, la  aplicación  del  principio  de  oportunidad  y,  de  otra,  la tramitación que  permite  decidir  anticipadamente  sobre  el objeto del proceso sin controversia  probatoria ni juicio”.   

“Precisamente, es  el  allanamiento  o  la  aceptación  de  cargos  unas  de  las  modalidades  de  terminación  abreviada  del  proceso,  instituto  que  permite  al  imputado  o  procesado  renunciar  a  una  de  las  etapas  del proceso como es el juicio, es  decir,  renuncia  al  derecho  a tener un juicio público, oral, contradictorio,  concentrado,   imparcial,  con  inmediación  de  la  prueba  y  sin  dilaciones  injustificadas,  siempre  y  cuando  esa  renuncia  se  exprese de manera libre,  consciente,  voluntaria  y  debidamente  informada,  esto es, con conocimiento y  aceptación  voluntarios de todas las consecuencias que ello implica, con el fin  de    que    el    proceso    culmine    de    manera   anticipada   con   fallo  condenatorio”.   

“A  su  vez,  la  aceptación  de  los cargos como terminación abreviada del proceso, derivada de  una  política  criminal  fundada en el objetivo de lograr eficacia y eficiencia  en  la  administración  de  justicia, implica para el imputado o  acusado,  según  el  momento  procesal  en que la aceptación se presente, una sustancial  rebaja  de  la  pena  que  habría de imponérsele si la sentencia se dicta como  culminación  del juicio oral, logrando el Estado, al mismo tiempo, un ahorro en  esfuerzos  y recursos en la investigación y en el  juzgamiento”.    

“Así  mismo, no  cabe  duda  que la aceptación de cargos puede presentarse por iniciativa propia  del  procesado,  eventualidad  que  queda  abierta  cuando  en  la  audiencia de  formulación  de imputación el Fiscal lo informa de la posibilidad de allanarse  a  la  imputación (artículo 288.3 del Código de Procedimiento Penal), caso en  el  cual se entenderá que lo actuado es suficiente como acusación, según así  lo  consagra el artículo 293 ibidem, o cuando en la audiencia preparatoria o al  inicio  del  juicio  acepta  su  responsabilidad  (artículos 352, 356.5 y 367),  eventos  en  los  cuales  el  juez  de  conocimiento,  luego de verificar que la  iniciativa  del  procesado  fue  libre, voluntaria, debidamente informado de las  consecuencias  de  su  decisión  y  asesorado  por su defensor, debe proceder a  dictar      la      correspondiente      sentencia      condenatoria”.   

“Por consiguiente,  aceptados  unilateralmente  los  cargos por parte del  imputado  o  acusado,  según el caso,  corresponde al juez de conocimiento  fijar  las  consecuencias de la aceptación producida de esa manera, funcionario  judicial  que  debe individualizar la pena acudiendo al  sistema   de   cuartos   y   teniendo   en   cuenta   los   criterios   establecidos    en    el    numeral    3°    del   artículo   61  del  Código Penal, criterios que no ha de seguir  al  momento  de  establecer  el  quantum  de  rebaja  por  razón  de   la  aceptación  de  cargos,  toda  vez   que    por    ser    un    comportamiento    post   delictual,   está   relacionado   con   la incidencia   que   tiene   frente   a   la   economía  procesal, la  celeridad  y  la  oportunidad”  (subrayas  fuera  de  texto).   

“Ahora bien, a lo  anterior  debe  agregarse  que tratándose de la disminución punitiva que puede  obtener  el  imputado  por  su  allanamiento unilateral a cargos producido en la  audiencia  de formulación de imputación, la cual  es de hasta la mitad de  la  pena  imponible, según el inciso primero del artículo 351 de la Ley 906 de  2004,  se impone colegir que el porcentaje a reconocer  por   parte   del   juez   de   conocimiento  cuando  procede  a  determinar  la  pena,  no  puede  ser  inferior a la tercera parte, es  decir,  debe  ser,  por  lo  menos,  la tercera parte más un día, toda vez que  aquella  proporción  es  la  que  el  legislador  previó  para  otro escenario  procesal,  como  así lo consagra el artículo 352 ibidem, el cual establece que  la  pena  se  reducirá  en  una tercera parte cuando presentada la acusación y  hasta  el  momento  en  que sea interrogado el acusado al inicio del juicio oral  acepta   su   responsabilidad”  (subrayas  fuera  de  texto)2.   

          Así  las  cosas,  si  ya tiene precisado la Sala que corresponde al  juez  individualizar  la  pena  procediendo  a  cuantificar y deducir el quantum  correspondiente  a la rebaja de pena por allanamiento a los cargos formulados en  la  audiencia de imputación sin que ello genere violación del debido proceso o  de  las  garantías  fundamentales  del incriminado, es claro que la queja de la  censora   encuentra   respuesta   en   la   referida   decisión,  circunstancia  demostrativa  que en cuanto se refiere a este cargo, no es necesario el fallo de  casación  y,  en  consecuencia,  se impone su inadmisión de conformidad con lo  establecido   en   el   inciso   2º   del  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004.   

2.            Segundo  cargo: Violación directa de la  ley  sustancial  por  exclusión  del  artículo  8º  de  la  Ley 599 de 2000 y  aplicación indebida del artículo 61 del mismo ordenamiento.   

          La  defensora  considera  que  los  falladores violaron el principio  non  bis  in ídem al valorar  dos  veces  la  gravedad  de  la conducta, tanto para establecer “el  quantum  punitivo  inicial,  como  para establecer la rebaja que  contiene    el    artículo   351”   del   estatuto  procesal.   

          En  punto  de  la  demostración  del  reproche manifiesta que en el  fallo  de  primer  grado  se  dijo  que “NO se podrá  partir  de  la pena mínima establecida… pues como lo hiciera ver la Fiscalía  y  el  Ministerio Público, se tiene que resaltar la gravedad de la conducta por  la  que  se  procede…  así  las  cosas  se  incrementará  en seis (6) meses,  entonces,   la  pena  inicial  a  imponer  es  de  CIENTO  DOS  (102)  MESES  DE  PRISIÓN…”.   

          Agrega,  que  al  aplicar  el artículo 351 de la Ley 906 de 2004 se  expresó  en  la  referida  decisión que “igualmente  viendo  las  circunstancias  en  que  fue  capturada  la  persona  que  se está  allanando,  este  despacho  considera  que  el  imputado  se hace merecedor a un  descuento  del  40%…  para una PENA DEFINITIVA  a imponer de SESENTA Y UN  (61) MESES Y SEIS (6) DIAS DE PRISIÓN”.   

          También  señala  que  la  referida  dosificación  de  la pena fue  avalada  por  el  ad  quem al  señalar  que  la  rebaja  derivada  del allanamiento estaba determinada por los  criterios  establecidos  en  el inciso tercero del artículo 61 de la Ley 599 de  2000.  Entonces, considera que al mismo factor fueron asignadas dos consecuencia  punitivas,     pues    “la    gravedad    de    la  conducta”  tenida  en  cuenta  para  establecer  la  sanción  inicial  y  “las circunstancias en que fue  capturada   la   persona”  ponderadas  al  tasar  la  disminución  de  pena  por  el  allanamiento  a los cargos, configuran la misma  situación   doblemente   valorada   en   perjuicio   de  los  intereses  de  su  asistido.   

          A  partir  de  lo  anterior,  la recurrente solicita a la Sala casar  parcialmente  el  fallo  impugnado,  para  en  su lugar disminuir la sanción en  razón  del  allanamiento a los cargos formulados en la audiencia de imputación  en  el máximo establecido en la ley, esto es, en la mitad y por tanto, fijar la  pena principal en cincuenta y un (51) meses de prisión.   

          Considera  la  Sala que en su aspecto formal la impugnante sujeta su  argumentación  a  las  reglas que de tiempo atrás han sido establecidas por la  jurisprudencia  en  punto  de  la invocación de la violación directa de la ley  sustancial,  pues  se  ocupa de un yerro de los juzgadores que recae necesaria e  inmediatamente  sobre la normatividad, circunstancia que traslada el debate a un  ámbito  estrictamente  jurídico,  para  lo  cual  acepta  la realidad fáctica  definida en las instancias e inmodificable dentro del proceso.   

En  efecto,  la  casacionista  plantea  la  violación  directa  de la ley sustancial y orienta su discurrir a demostrar que  los   criterios  establecidos  en  el  artículo  61  del  estatuto  penal  para  individualizar  la  pena  no son los mismos que deben ser objeto de ponderación  al  disminuir  dicho  quantum  en razón del allanamiento a los cargos por parte  del  imputado (artículo 351 de la Ley 906 de 2004), todo ello sin adentrarse de  manera  alguna  en  la  valoración de las pruebas y aceptando, tanto los hechos  declarados  en  las  instancias,  como  la validez de las pruebas obrantes en la  actuación sobre el particular.   

          También  encuentra  la  Sala  que  la demandante hace explícita la  necesidad  del  fallo  en  punto  de  hacer  efectivo  el  derecho  material del  procesado  al non bis in ídem  y a la legalidad de la sanción.   

          Las  razones  expuestas  irrumpen  como  suficientes para admitir el  cargo así propuesto por la defensora.   

3.               Tercer     cargo:     Violación          indirecta    de   la   ley   sustancial  por  errores  de  hecho  que condujeron a la falta de  aplicación del artículo 38 del estatuto penal.   

          Inicialmente  la  censora advierte que si bien el artículo 38 de la  Ley  599  de  2000  dispone  un límite punitivo de cinco (5) años para que sea  viable  la  prisión domiciliaria, es claro que si la detención domiciliaria no  requiere  verificar  la  pena prevista para el delito por el que se procede sino  únicamente  los  fines  de  la  detención  preventiva,  de la misma manera, el  otorgamiento  de  la  prisión  domiciliaria no debe tener en cuenta la sanción  dispuesta  para  la  conducta punible, sino la necesidad de ejecutar la pena, la  personalidad    del    condenado    y    su    anterior    desempeño    en   la  comunidad.   

Aunque  los fines de la pena son diversos de  los  de  la  detención  preventiva,  dice la impugnante, lo cierto es que ambos  institutos  son  gobernados  por  el  artículo  314 de la Ley 906 de 2004 y por  ello,  resultaría  odioso establecer diferencias en perjuicio de los principios  de    igualdad    y    pro    libertatis.   

Añade que de lo establecido en el artículo  8º  del  Decreto  2636  de  2004 se concluye que el otorgamiento de la prisión  domiciliaria  no  es  del  exclusivo  resorte  del juez de ejecución de penas y  medidas    de    seguridad,    pues    también    puede    disponerse   en   la  sentencia.   

Igualmente   afirma   que  los  falladores  incurrieron  en  errores  por  falso  juicio  de  identidad,  pues  pese a haber  reconocido  que  el  procesado  no  tenía antecedentes por delitos dolosos, ser  abogado  en  ejercicio,  tener  una familia estable, ser trabajador y contar con  “un   claro   arraigo”,  “en la sentencia se tergiversó el contenido de esos  elementos  de  persuasión para arribar a la conclusión de que el señor CAMILO  ANDRÉS    DÍAZ    GALINDO    no    se    hacía   acreedor   a   la   prisión  domiciliaria”.   

          Con   fundamento  en  lo  anterior,  la  demandante  solicita  casar  parcialmente  el  fallo  atacado,  para que se conceda a su asistido la prisión  domiciliaria.   

Al estudiar formalmente este cargo observa la  Sala  que la recurrente plantea de manera sincrónica dos causales de casación,  una,  determinada  por  la  violación  directa de la ley sustancial, encaminada  –  sin  cuestionar  las  pruebas    y    su    ponderación   –  a  demostrar  que  el  instituto  de  la  prisión domiciliaria no  requiere  tener  en cuenta el elemento punitivo que para su concesión establece  el  legislador.  La otra, orientada a cuestionar la valoración de los elementos  probatorios  presentados  para  acreditar que su representado puede acceder a la  prisión domiciliaria.   

          Sobre  el particular se advierte que la defensora falta al principio  de  claridad  y  nitidez  que  rige  la  presentación  de los reproches en este  recurso  extraordinario,  como  que no resulta viable dentro de un mismo cargo y  de  manera  simultánea  plantear  la  violación  directa e indirecta de la ley  sustancial.   

Además de lo expuesto, es evidente que no se  necesita  el  fallo  en  la  medida  que  sobre  la  detención  y  la  prisión  domiciliarias  ya  se  ha  puntualizado  que  las  diferencias  entre detención  domiciliaria  y  prisión  domiciliaria “se sustentan  en  que  cuando  se  cambia  de  la posición de procesado a la de condenado, se  produce  también una variación en la naturaleza y finalidades de la privación  de  libertad,  que  de  medida  preventiva  para asegurar el cumplimiento de los  fines  previstos  en  el  artículo  355  del Código de Procedimiento Penal, se  torna  en  pena  cuya  efectiva  ejecución se condiciona al cumplimiento de las  funciones   señaladas   en  el  artículo  4º  del  Código  Penal”.   

“Quizás por ello  el  nuevo  estatuto  procesal  no  remite  al  Código  Penal  cuando  regula la  detención  domiciliaria,  eliminando  el  requisito  objetivo de la cantidad de  pena  prevista  para  el  delito  y limitando la exigencia respecto de la causal  general     del     numeral     1º     del     artículo    314    –  precepto  que consagra otros motivos  de   detención   domiciliaria   para   situaciones   específicas  –   a   que  el  juez  estime  que  la  reclusión  en el lugar de residencia sea suficiente para el cumplimiento de los  fines     previstos     para     la    medida    de    aseguramiento”.   

“La  prisión  domiciliaria,  en cambio, regida por el artículo 38 del Código Penal, sólo es  viable  cuando  la pena mínima señalada para la conducta punible por la que se  procede,     no     supere     los     5     años    de    prisión”3 (subrayas fuera de texto).   

          Ahora,  en  cuanto  se refiere a los falsos juicios de identidad que  formula  la  defensora,  baste  señalar  que  no  se  detiene a identificar los  apartes  probatorios  cercenados o adicionados, omisión que le impide acreditar  la  configuración  del error y lo más importante, demostrar que el sentido del  fallo sería diverso y favorable a los intereses de su asistido.   

Por lo expuesto, se impone inadmitir el cargo  presentado.   

4.  Cuarto  cargo: Violación directa de la  ley  sustancial por exclusión evidente del artículo 361 de la Ley 600 de 2000,  en   concordancia  con  los  artículos  177,  307  y  314  de  la  Ley  906  de  2004.   

          Bajo  la  égida  de  la  causal primera de casación, la demandante  manifiesta  que  se  debe  casar el fallo atacado, para que sea adicionado en el  sentido  de disponer que se tendrá como parte de la pena cumplida el tiempo que  CAMILO  ANDRÉS DÍAZ GALINDO  ha  permanecido  tanto  en  detención intramural como domiciliaria en razón de  este   asunto,   según  lo  establece  el  artículo  361  de  la  Ley  600  de  2000.   

Puntualiza   que   como   “al  parecer  se  lo  investiga  por  los  mismos hechos que aquí se  conocen,  lo  cual  no  es  del  caso  profundizar,  así  que  al  gozar  de la  presunción  de  inocencia  y muy seguramente quedar en libertad por ese asunto,  es  claro  que todo el tiempo que cumpla allí no será tenido en cuenta para el  caso   de   que   ocupa   nuestra   atención,   pues   aquí   ya   aceptó  su  responsabilidad”.   

          Solicita  la  defensora con fundamento en lo expuesto que se case el  fallo  impugnado  “para que sea adicionado a efectos  de  reconocer  al  señor  CAMILO ANDRÉS DÍAZ GALINDO el tiempo que lleva bajo  medida  de  aseguramiento,  tanto  en  detención preventiva como en el lugar de  domicilio  por  este  caso  como  parte  de  la  pena cumplida, a pesar de estar  privado  de  su  libertad por otro caso, pues recuérdese que la primer medida a  la  que  se  lo  sometió  fue  la de aquí y estando vigente se lo capturó sin  autorización   previa   alguna   dada   la  entidad  de  la  medida”.   

          En  el  estudio de este reproche observa la Sala que la casacionista  no  es  clara  en  su planteamiento pues de una parte, no señala de qué manera  los  falladores cometieron yerros respecto de la contabilización del tiempo que  el  procesado  ha  descontado en detención intramural o domiciliaria por cuenta  de  este  asunto,  máxime  cuando  tal  aspecto,  en su momento, corresponderá  evaluarlo  al  juez  de  ejecución  de  penas  y  medidas  de seguridad a quien  corresponda  estar atento al cumplimiento de la sentencia proferida en contra de  CAMILO         ANDRÉS        DÍAZ.   

          Y  de  otra,  se  observa  que  si  por  mandato  legal el tiempo de  detención  preventiva  debe  tenerse  en  cuenta  al  momento  de  efectuar  la  contabilización  de  los descuentos de la pena impuesta, la impugnante no dice,  ni  la  Sala  advierte, en qué consistió el error por violación directa de la  ley  sustancial  que  señala  a los sentenciadores, circunstancia que denota la  ausencia  de  demostración del yerro, todo lo cual conduce a la inadmisión del  reproche así presentado.   

          Cuestión final.   

          Habida  cuenta  que  contra  la  decisión  de  inadmitir los cargos  primero,  tercero  y cuarto de la demanda de casación presentada por la defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el  artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004,  impera  precisar  que  como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su  aplicación4, como sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  y  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                      INADMITIR  los cargos  primero,  tercero  y  cuarto de la demanda de casación  interpuesta  por  el  defensor  del  procesado  CAMILO  ANDRÉS  DÍAZ GALINDO, por las razones expuestas en la  anterior motivación.   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906  de     2004,    es    facultad    del    demandante    elevar    petición    de  insistencia.   

         2.                      ADMITIR  el  cargo  segundo  del  libelo  de  casación  presentado  por  la defensa, en punto de la  temática delimitada en la parte considerativa de esta providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

          Excusa  justificada   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

Permiso  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322, entre otros.   

2  Sentencia del 29 de junio de 2006. Rad. 24529.   

3  Providencia del 23 de marzo de 2006. Rad. 24927.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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