25725(23-08-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25725  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.89  

Bogotá,  D.C., veintitrés (23) de agosto de  dos mil seis (2006).   

VISTOS:  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  JOSÉ ARISTÓBULO  MERCHÁN  RIAÑO,  contra la sentencia proferida el 1º de agosto de 2005 por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  que  revocó la absolutoria dictada en primera  instancia  por  el  Juez  32  Penal  del  Circuito de Conocimiento de esta misma  ciudad,  para en su lugar condenar a dicho acusado a las penas principales de 32  meses  de  prisión  y  multa de 26.3 salarios mínimos legales mensuales, a las  accesorias  de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo  lapso  de  la  sanción restrictiva de la libertad y la prohibición de conducir  vehículos  automotores  por  4  años,  como  autor  del  delito  de  homicidio  culposo.   

Al sentenciado, sin embargo, se le suspendió  condicionalmente la ejecución de la pena.   

El 20 de febrero del año en curso, se llevó  a  cabo  audiencia  de  reparación  integral en la que las empresas llamadas en  garantía  y  el  representante  de  los  afectados  con el delito llegaron a un  acuerdo conciliatorio.   

LOS HECHOS:  

Hacia las 9:50 a.m. del 2 de marzo de 2005 en  la  calle  68  A,  frente  al  No.  78 L- 17 Sur del barrio Bosa de esta ciudad,  cuando  el bus ejecutivo de placas SFK, conducido por JOSÉ ARISTÓBULO MERCHÁN  MORENO  hacía un giro restringido, la señora Teodolinda Nossa de Moreno, de 64  años  de  edad,  cruzaba  la  calle,  siendo  arrollada con la llanta delantera  izquierda,  a  causa  de  lo cual sufrió un trauma craneoencefálico severo por  aplastamiento, que de inmediato le produjo la muerte.   

LA DEMANDA:  

Tras  advertir  que  la  sentencia de segunda  instancia  es violatoria de derechos y garantías constitucionales, con sustento  en  el  numeral  3º  del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, esto es, por el  manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  aducción  y producción de la  prueba  sobre la que se fundó la decisión de condena, postula el demandante el  único cargo sustento de la impugnación extraordinaria.   

Así,  en  orden  a  demostrar  la  censura,  sostiene  el casacionista que el fallo de segundo grado cimentó la decisión de  condena en las siguientes consideraciones probatorias:   

a)  El  sentenciado violó lo dispuesto en el  artículo  66  del  Código Nacional de Tránsito porque no detuvo la marcha del  vehículo   antes   de   hacer  el  giro,  pues  se  trataba  de  una  vía  sin  prelación.   

b)    Se    le    otorgó    “plena  crediblidad” a la declaración  de  Juan  Carlos  Cordero (sic), en cuanto a que el bus venía a gran velocidad,  e  invadió el carril contrario.   

Sobre  esta  apreciación,  más  adelante,  sostiene  que  se  desconoció  que un vehículo de las características del que  conducía  su  defendido  imponía  abrir  el  compás  de  giro,  y por ende la  maniobra fue normal.   

c) Les restó relevancia a los testimonios de  Denis Lozano y Alfredo Buitrago.   

Con  lo  anterior,  a  juicio del demandante,  demuestra    que    de    parte    del    Tribunal    hubo    un    “desconocimiento  en  la  apreciación  de  la  prueba  recaudada,  reconocida,  debatida  en  el   proceso  penal”,  pues  aceptaron  un  argumento por fuera del término por parte de la Fiscalía,  “hecho  que  hace  que  la  magistratura acepte esta  prueba  en  contraposición  a  la normatividad probatoria y constitucional y le  otorga   credibilidad   y   fuerza  para  argumentar  su  sentencia  de  segunda  instancia”.   

En  contraste con lo anterior, se desconoció  el   planteamiento   de   la  defensa  –al  que  también se refiere como prueba- apoyado en el artículo 59  del  Código Nacional de Tránsito que señala que los peatones -ancianos- deben  estar  acompañados por personas mayores a 16 años al cruzar las vías. En este  caso,  según  el  protocolo de necropsia, se trataba de una persona de 64 años  de edad que cruzaba sola la vía.   

Tampoco   tuvo   en   cuenta   el  Tribunal  “la prueba” del lugar por  donde  la  víctima  se dispuso a cruzar la vía, pese a las limitaciones en que  se  encontraba  para  ello  por  tratarse  de  “zona  destinada  al tránsito de vehículos, y sin tomar las precauciones contempladas  en  el  art.  57  del  C.N.T.T. COMO ERA CERCIORARSE de que no existiera peligro  para  hacerlo,  ya  que  como lo dijeron los Magistrados era un sitio concurrido  por ser zona comercial”.   

Tampoco consideró el Tribunal que al momento  de  hacer  la  maniobra  el conductor del bus contaba con poca visibilidad, bien  por  los  elementos exteriores como los interiores “y  uno  de  ellos  era  la  misma  víctima  la  cual  no se encontraba en el sitio  determinado  para  el paso de peatones sino más ya (sic), ejecutando el acto de  bajarse  del  andén  y  tropezando  o  trastavillando (sic) cayendo bajo el bus  recordando  que  la  Fiscalía  guardó  silencio  al  respecto puesto que no lo  controvirtió”.   

   

De  la  misma  manera,  omitió  valorar  el  fallador  los  testigos  presenciales  de  los  hechos,  Denice  Lizcano y Jaime  Buitrago,  quienes  afirmaron  que  la  víctima  se  cayó cuando el bus estaba  haciendo   el   giro,   esto   es,   cuado   había   efectuado  el  70%  de  la  maniobra.   

Por lo anterior, concluye, que la valoración  probatoria  realzada por el Tribunal  “no fue la  necesaria  para  dictar una justa y real sentencia contraria, puesto que es NULA  de  pleno  derecho  la  prueba presentada por la fiscalía puesto que quebrantó  los  postulados  de  la  carta  fundamental Art. 29 y del derecho procesal penal  Art.  181  n.  3.  Como  consecuencia de lo anterior es evidente que el Tribunal  Superior  de Bogotá lesionó garantías fundamentales de rango constitucional y  legal”.   

En  consecuencia,  pide,  se  case  el  fallo  recurrido   revocándolo,  deje  en  firme  la  sentencia  de  primer  grado,  y  “ordene  a  los hijos y esposo de la acciso (sic) la  devolución  del  valor  Conciliación  (sic)  en  la  audiencia  de Reparación  integral de fecha 20 de febrero de 2006”.   

CONSIDERACIONES:  

1.   El  incumplimiento  del  principio  de  precisión  y  claridad  que rige el recurso extraordinario de casación, impone  desde  ya  anunciar  que  la demanda puesta a consideración de la Sala debe ser  inadmitida.   

2. En efecto, como ya ha tenido oportunidad de  recordarlo  la  Sala  en ocasiones anteriores, al definir el artículo 181 de la  Ley  906  de  2004  el  recurso extraordinario de casación como un “control  constitucional”  que procede  “contra   las   sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  en  los  procesos  adelantados por delitos, cuando afectan derechos o  garantías  fundamentales”,  por  cualquiera  de los  cuatro  motivos  allí  expresamente  enunciados, no significa que esta clase de  impugnación  extraordinaria  haya  perdido  su  esencia en cuanto ser un juicio  técnico,   lógico   y   jurídico   –constitucional  y legal- sobre las sentencias mediante las cuales se  ponen  fin  a las instancias ordinarias, ni mutó la naturaleza de la casación,  que  sigue  siendo  un  recurso  reglado,  que por lo mismo le impone a la parte  recurrente   un   deber   mínimo   de   argumentación  conforme  a  los  fines  constitucionales  que  lo rigen, lo cual, desde luego, no riñe con la necesidad  de  exigir  el  acatamiento a los presupuestos básicos de técnica a que obliga  el fundamento teórico de cada una de las causales de procedencia.   

En  ese  sentido, obsérvese que el artículo  183  de  la  Ley  906  de 2004, dispone que el recurso se interpone “mediante  demanda  que  de  manera  precisa y concisa señale las  causales  invocadas y sus fundamentos”; al tiempo que  el  inciso  segundo  del  artículo  184 ibídem, establece como supuestos de no  selección  los  siguientes:  a)  que  el demandante carezca de interés; b) que  prescinda   de   señalar  la  causal;  c)  no  se  desarrollen  los  cargos  de  sustentación;  y  d)  cuando  no se precisa de fallo para cumplir alguna de las  finalidades del recurso.   

La  demanda  que  ocupa ahora la atención no  sólo  no  expone  de  manera  clara  y  precisa  el fundamento de la causal que  invoca,  sino  que no desarrolla el cargo con arreglo a los principios que rigen  el  motivo  de  casación  aducido. Se trata de un escrito con la pretensión de  demostrar  la  vulneración  de garantías fundamentales, en el que no se logró  tener claridad conceptual sobre su contenido y alcances.   

Para  el  censor,  la  transgresión  de  las  garantías   fundamentales  se  presentó  como  consecuencia  del  “  manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción y  apreciación  de  la  prueba  sobre  la  cual  se  ha  fundado  la  sentencia”  art.  181.3), pero no precisa ni demuestra, primero si  el  yerro,  en  este  caso  de  derecho,  se concretó porque el sentenciador le  reconoció   aptitud  demostrativa  a  pruebas  que  fueron  incorporadas  a  la  actuación  con  desconocimiento  de las reglas de producción o aducción; o si  por  el  contrario,  se  lo  negó  pese  a reunir todos los requisitos para ser  ponderadas   como   elementos  de  juicio  a  la  hora  de  discernir  sobre  la  responsabilidad culposa de su defendido.   

Tampoco especificó el libelista, si el error  de  raciocinio  del  sentenciador  se  originó por haber desconocido el mérito  suasorio  que  la  ley  le  confiere  a  determinada prueba, o habérselo dado a  otros, pese a la expresa prohibición legal para ello.   

Contrario  a  todo  lo  anterior,  de  manera  inconsecuente  con  el  postulado  que  le  sirvió  de  punto  de  partida a la  pretensión  casacional,  el demandante expone en forma desordenada y confusa su  inconformidad  con  la labor apreciativa del fallador, y en esa medida, califica  de  pruebas omitidas las alegaciones de la defensa que no tuvieron acogida en el  sentenciador  de  segunda instancia, y tacha de pruebas no debatidas las razones  valorativas  con  base  en  las  cuales  al  apelar el fallo de primer grado, la  Fiscalía   insistió   en   la  certeza  existente  en  este  asunto  sobre  el  comportamiento  imprudente  del procesado, como causa determinante del accidente  en el que perdió la vida la señora Teodolinda Nossa de Moreno.   

Es  más,  tal  como  lo reseñó el fallo de  primer  grado, en este evento, la Fiscalía apoyó su tesis sobre la imprudencia  de  JOSÉ  ARISTÓBULO  MERCHÁN RIAÑO, en la velocidad como se desplazaba y en  el  incumplimiento  de  la  orden de detención del vehículo que le imponía el  semáforo,  hechos  cuyo  soporte  probatorio en el juicio oral lo constituyeron  básicamente  el  testimonio del físico forense Andrés Felipe Londoño Sierra,  y  el  de  Juan  Carlos  Calderón;  y  con  base  en esos mismos planteamientos  fácticos  insistió  ante el Tribunal para que se emitiera sentencia de condena  en contra del acusado.   

Confrontados  los fallos de primero y segundo  grado  se  advierte  que  tanto  el  Juez  como el Tribunal valoraron los mismos  hechos  y  las  mismas  pruebas,  sólo  que con criterios diversos, el Tribunal  encontró  que  la  razón  estaba  del lado del ente acusador, porque la prueba  debatida  en  el  juicio  oral  no  arrojaba  duda sobre el  comportamiento  imprudente  del  procesado, y sí en cambio certeza de que hizo caso omiso de la  obligación  de detener en su totalidad la marcha antes de disponerse a hacer el  cruce  restringido,  precisamente  por  la prelación que de conformidad con las  normas   del   Código   Nacional   de  Tránsito  tiene  el  peatón  en  tales  circunstancias.   

Lo  expuesto,  conlleva  a  concluir  que  la  inconformidad  del  censor no demuestra yerro apreciativo de ninguna naturaleza,  relacionado  con  la  capacidad  demostrativa  de las pruebas, sino que hace una  serie  de  comentarios sobre las conclusiones que a partir de ellas, según él,  debieron extraerse.   

Por lo anterior, la demanda será inadmitida;  sin  que  resulte  necesario  en este caso superar sus defectos para cumplir con  los   fines   de   la   casación   mediante   la   emisión   de  un  fallo  de  fondo.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1.  No  admitir  la  demanda  de  casación  presentada    a    nombre    del    procesado    JOSÉ    ARISTÓBULO   MERCHÁN  RIAÑO.   

2.   Contra   esta   decisión  procede  la  insistencia,  en  los  términos  del artículo 184 del Código de Procedimiento  Penal.   

3. En firme esta determinación, devuélvanse  las diligencias al Tribunal de origen.   

Notifíquese y cúmplase  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                                        

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                         MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARÓN                                 

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                 YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                                    

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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