25331(18-05-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25331  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No. 48                                                                          Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D. C., dieciocho de mayo de dos mil  seis.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  John  Fredy Morales Calle (patrullero de la  policía  nacional)  contra  la  sentencia de 31 de octubre de 2005, mediante la  cual  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  condenó  al  procesado  a  la pena  principal  privativa  de  la  libertad  de  313  meses  de  prisión, como autor  responsable  de  los  delitos  de  homicidio  agravado y homicidio tentado, este  último en estado de ira e intenso dolor.   

Antecedentes.   

1.  El 27 de noviembre de 2004, el patrullero  de  la  policía  nacional  John  Fredy  Morales Calle  llegó  uniformado  en una motocicleta de su propiedad  hasta  un  establecimiento abierto al público ubicado en el barrio Florencia de  la   ciudad   de   Medellín,  donde  se  encontraban  departiendo  Oscar  Arley  Gómez  Correa y Carlos   Andrés   Villa  Rivera,  y  tras  agredir  verbalmente  al  primero,  y recibir recriminaciones del segundo por su  actitud,  desenfundó  una  pistola  y empezó a dispararles, logrando herirlos.  Ambos  emprendieron  carrera  con  el  fin  de  protegerse  y  salvar sus vidas,  propósito   que   logró  Oscar  Arley,  mas   no   Carlos  Andrés,  quien  fue  perseguido,  localizado y rematado por el agresor.    

2.  La  Fiscalía  inició investigación por  estos   hechos,   vinculó   al  proceso  mediante  indagatoria  a  John  Fredy  Morales  Calle, y en decisión  de  16  de  marzo  de  2005  calificó  el  mérito  probatorio  del sumario con  resolución  de acusación en su contra por los delitos de homicidio agravado en  Carlos  Andrés Villa Rivera,  y  tentativa  de  homicidio  agravado  en  Oscar Arley  Gómez   Correa.   Esta  decisión  causó  pacífica  ejecutoria       en       primera      instancia1.   

3. Rituado el juicio, el Juzgado 24 Penal del  Circuito  de  Medellín, mediante sentencia de 17 de agosto de 2005, condenó al  procesado  a  la  pena  principal  privativa  de  la  libertad  de  313 meses de  prisión,  y la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por  20  años, como autor responsable de los delitos de homicidio agravado consumado  y  homicidio  agravado  tentado,  este último en estado de ira e intenso dolor.   

El   reconocimiento  de  la  diminuente  se  sustentó  en  la consideración de que la prueba allegada al proceso demostraba  que    Oscar   Arley   Gómez   Correa   asediaba  frecuentemente  la esposa del procesado, generando en ella  malestar  y  angustia, y que en los días previos a los hechos la asustó son su  motocicleta  causando  en  ella un conato de aborto, lo cual habría determinado  la  acción en su contra. Complementariamente se dijo que esta situación que no  era   predicable   de  Carlos  Andrés  Villa  Rivera,  pues  en  relación  con él la prueba indicaba que no  tenía  problemas  con  el  procesado  ni  con  su  esposa, y que tampoco había  desplegado  comportamiento  grave  e  injusto  en  día  del  suceso2.          

4. Apelado este fallo por la defensa, para que  se  reconociera  la  diminuente  de  la  ira  en  el  homicidio  de Carlos   Andrés   Villa   Rivera,   y  se  excluyera  la  agravante  por  el  estado  de  indefensión de las víctimas, el  Tribunal  Superior  de Medellín, mediante el suyo de 31 de octubre de 2005, que  ahora  el  mismo  sujeto  procesal  recurre  en  casación,  lo confirmó en los  aspectos                  impugnados3.   

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,   cuerpo   primero,  el  recurrente  acusa  la  sentencia  de  violar  directamente  la  ley  sustancial, por falta de aplicación del artículo 57 del  Código  Penal,  que  prevé  la atenuante del estado de ira e intenso dolor, en  relación  con  el  homicidio  de  Carlos Andrés Villa  Rivera.   

Argumenta   que   el  juzgador  de  primera  instancia,  no  obstante  reconocer en el fallo la existencia de la atenuante de  la  ira  e intenso dolor, solo aplicó sus consecuencias jurídicas en relación  con  el atentado de que fue víctima Oscar Arley Correa  Gómez,   dejando  de  hacerlo  en  relación  con  el  homicidio  de Carlos Andrés Villa Rivera, lo  cual  se  traduce en un desconocimiento de la prueba, que indica  que  el  procesado se encontraba en estado de ira desde que se inicio la acción  hasta   después   de   la   muerte   de   este   último,  cuando  recobró  la  serenidad.   

Sostiene que el Juez, en la fundamentación de  la  decisión, que la conducta homicida se presentó en dos momentos, (i) cuando  el  implicado  disparó  contra  la  humanidad  de  los dos contertulios, y (ii)  cuando   persiguió   a   Villa  Rivera  y  lo  remató,  argumentación  que  es equivocada, porque le está  otorgando  a  la  acción  dos  características espacio temporales diversas, lo  cual  implicaría que existieron dos conductas punibles diversas, y dos acciones  igualmente distintas.       

Trae a colación algunos criterios doctrinales  sobre  la  noción  de  estado de ira e intenso dolor,  para  sostener que sus componentes estructurales   se  cumplen  en  el caso analizado, si se toma en cuenta que los hechos tuvieron  una  duración  de  escasos minutos desde su inicio hasta su culminación, y que  el  estado  de  ira  que  acompañaba al procesado no pudo haber desaparecido en  este   corto   espacio   de  tiempo,  porque,  como  lo  sostiene  la  doctrina,  ‘ni cuando ha invadido la  conciencia pueden ser desalojadas con rapidez”.   

La presencia de este estado  emocional  en  el  implicado  es  ratificada  por el testigo John  Wilmar  Peláez Correa, quien   sostiene   que  cuando  el  policía  se  encontró  de nuevo con Carlos  Andrés,                  ‘estaba  endemoniado,    estaba   todo   enojado,   todo   histérico,   se   veía   que  manoteaba’,  declaración   de   la  que  claramente  surge  que  permanecía  en  estado  de  alteración  fisiológica  y  psicológica,  y  que  se  daban  los presupuestos  requeridos     por     la     norma     para    el    reconocimiento    de    la  diminuente.   

Argumenta  que si bien es  cierto    Carlos   Andrés  no  ocasionó los hechos que  provocaron   los   lamentables   acontecimientos,   sí   asumió   una  actitud  irresponsable,  dando  lugar  al desenlace fatal, pues de la actuación procesal  vertida   se  establece  que  las  víctimas  se  hallaban  consumiendo  bebidas  etílicas,  y  la experiencia enseña que los seres humanos cuando ingieren esta  clase  de  bebidas  sufren alteraciones fisiológicas y psicológicas, y que una  de estas alteraciones es la agresividad.   

Esto   evidencia   que  Carlos      Andrés  se  hallaba alterado a causa  de  las bebidas que había ingerido, lo que lo impulsó a desafiar al procesado,  como    lo    destaca    el    testigo   John  Wilmar  Peláez  Correa, quien      sostiene:      “cuando  íbamos  corriendo hacia la esquina, Carlos Andrés dijo  ha  (sic)  míralo  aquí otra vez, entonces el policía llegó y se bajó de la  moto  y  sacó  el  arma  y entonces yo me tiré para un lado (…) yo me quedé  ahí  quieto  yo  oí  que  escuché (sic) de Carlos Andrés es que por qué nos  coges  a bala, entonces cuando yo me asomé vi que el policía le pegó a Carlos  Andrés  con  la  cacha  del  arma en la cara en la boca, entonces yo me asusté  mucho  (…)  yo sentí que alegaban y alegaban, no sé qué decían (…) de un  momento  a  otro vi que Carlos Andrés salió corriendo, si mucho dio dos pasos,  ahí  mismo escuchamos tres o cuatro tiros, cuando miré Carlos Andrés cayó al  piso  bocabajo  de  frente,  luego  se  le acercó y volvió y le hizo otros dos  tiros en la cabeza”.   

Como    puede    verse,    Carlos  Andrés  empujado  quizás  por el  coraje  que le produjo el alcohol, intervino en el desarrollo de una acción que  no  era en su contra, sin conocer los episodios que se venían presentando entre  el  procesado  y su amigo, ni por ende el estado de ira que afectaba al primero,  haciendo  caso  omiso  de  las  posibles  consecuencias  de  su  actuar, lo cual  terminó   exacerbando  aún  más  ánimos  del  procesado,  quien  se  sintió  injustamente agraviado.   

Sustentado en estas consideraciones solicita a  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada y reconocer en favor del procesado la  atenuante  del  estado  de ira e intenso dolor por provocación grave e injusta,  prevista en el artículo 57 del Código Penal.     

SE  CONSIDERA   

Los errores judiciales que se presentan en el  ejercicio  de  la  actividad in iudicando suelen ser de dos clases: Directos   o  inmediatos  e  indirectos  o  mediatos.  Son       directos      cuando  el juzgador acierta en la declaración de los hechos y en la  apreciación  de la prueba, pero se equivoca en la aplicación o interpretación  del   derecho,   y   son   indirectos   cuando  el  juzgador  se equivoca en la declaración de los hechos o  la   apreciación   de   la  prueba,  y  por  contera,  en  la  aplicación  del  derecho.   

De esta diferenciación nacen los conceptos de  violación  directa y violación indirecta de la ley sustancial, que la doctrina  y  la  jurisprudencia  utiliza  para  distinguir los errores in iudicando que se  presentan  en  el  ejercicio  del  raciocinio  puramente  jurídico  (violación  directa),  de  los  que se originan en el ejercicio del raciocinio fáctico o de  apreciación  de la prueba (violación indirecta), que el legislador recoge como  causales  de  casación  en  los incisos primero y segundo, respectivamente, del  artículo   207   del   estatuto   procesal   penal4.   

Esta delimitación conceptual determina que el  discurso  casacional no pueda ser el mismo para ambas forma de violación, y que  el  demandante  deba  ajustar  su  alegación  el cumplimiento de ciertas reglas  técnicas  derivadas  de  la lógica de la causal, siendo una de sus directrices  marco,     que cuando se plantea violación directa el demandante  debe  aceptar  las  conclusiones  fácticas  y  probatorias  de  los  fallos  de  instancia,  y  que  cuando  se  propone  violación  indirecta, debe indicarse y  demostrarse el error de apreciación probatorio cometido.   

Los  errores  de  apreciación  probatoria se  encuentran   agrupados   en   cinco  categorías:  De  existencia,  cuando  el juzgador ignora una prueba que  hace  parte  material  del  proceso  o  supone una que no ha sido incorporada al  mismo.  De identidad, cuando  distorsiona   el  contenido  material  de  una  determina  prueba.  De   raciocinio,   cuando  desconoce  las  reglas   de  sana  crítica  en  su  valoración.  De  legalidad,  cuando se aparta de las normas que regulan  la   producción  de  la  prueba.  Y  de  convicción  cuando  desconoce  las  normas que tasan los medios de  prueba, su valor, o su eficacia probatoria.    

En  el  caso  que  es objeto de análisis, el  demandante  plantea  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta de  aplicación  del  artículo 57 del Código Penal en el homicidio de Carlos   Andrés   Villa   Rivera.   Esta  alegación  lo  obligaba  a  acatar  dos reglas técnicas en la presentación y desarrollo de la censura: (i)  aceptar  en  un  todo  la  declaración  de  los hechos y la apreciación de las  pruebas  que contienen los fallos de instancia, y (ii) sustentar el ataque en el  campo de la argumentación puramente jurídica.   

Dichas  directrices  no  son atendidas por el  casacionista.  De  entrada,  como se dejó visto en el resumen que se hace de la  demanda,  el  actor  se  ocupa  de  controvertir  las  conclusiones  fácticas y  probatorias  de  los  fallos  de  instancia,  para anteponer a ellas sus propias  apreciaciones,  y concluir, apoyado en una muy particular interpretación de los  alcances  del  instituto  jurídico  del  estado de ira e intenso dolor, que los  juzgadores  violaron  directamente  la  ley sustancial, por falta de aplicación  del   artículo   57   del   Código  Penal  en  el  homicidio  de  Carlos Andrés Villa Rivera.   

Los  fallos  de  instancia,  como ya se dejó  visto,  negaron el reconocimiento de la aminorante punitiva del estado de ira en  relación  con  este  delito,  porque  no concurrían los presupuestos fácticos  para  su  estructuración, como quiera que el hecho causante de la alteración y  reacción  del  procesado  (asedio a su esposa), no era imputable a Carlos  Andrés, y que éste tampoco había  desplegado  comportamiento  grave  e  injusto  el  día  del infausto acontecer,  según se establecía de la prueba allegada al proceso.   

Si  el demandante consideraba, por tanto, que  el  procesado  tenía  derecho al reconocimiento de la atenuante, debió empezar  por  demostrar  lo  contrario,  esto  es,  que  el  hoy  occiso sí desplegó un  comportamiento  grave e injustificado contra el procesado, y que esto determinó  su  alteración de ánimo y la reacción en su contra, alegación que para tener  aptitud  de  éxito  debía  plantearse dentro del ámbito de la causal primera,  cuerpo  segundo,  con indicación de la prueba que respaldaba sus conclusiones y  los  errores  de apreciación probatoria cometidos por los juzgadores, labor que  en manera alguna realiza.    

Estas   deficiencias   técnicas   y   de  fundamentación  tornan  inadmisible  la  demanda,  pues la Corte, en virtud del  principio  de  limitación  que  rige  el  recurso, no puede entrar a suplir los  vacíos  que presenta, ni a replantear su orientación técnica para ajustarla a  las  exigencias  de la impugnación, y no se advierten violaciones de garantías  fundamentales  que  la  Sala  esté  en  deber  de  proteger  a  través  de una  actuación   oficiosa.   Por  tanto,  se  la  inadmitirá,  y  se  ordenará  la  devolución del proceso a la oficina de origen.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   del  procesado  John Fredy Morales Calle.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ               ALFREDO GOMEZ  QUINTERO               

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO                                  O.                                 PEREZ  PINZON                     

Excusa justificada  

MARINA        PULIDO        DE  BARON              JORGE      L.     QUINTERO     MILANES          

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria    

1  Folios 15-20, 208-230 del cuaderno principal.   

2  Folios   370   –   391  ídem.   

3  Folios   412   –   420  ídem.   

4 Ley  600 de 2000.     

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