24968(04-05-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24968  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 42  

Bogotá,  D. C., cuatro (04) de mayo del dos  mil seis (2006).   

VISTOSMOTIVO DE LA DECISIÓN  

Primero.  Mediante  sentencia  del  30  de  junio del 2004, el Juzgado 12 Penal del Circuito de Cali  adoptó las siguientes determinaciones:   

1.  Declaró  a  las  señoras  Cilia María  Rodríguez  Sánchez,  Aura  Janeth  Fierro Avalo y María Isabel Ardila Guzmán  autoras  penalmente  responsables  de  los delitos de peculado por apropiación,  cohecho  propio y falsedad en documento privado. Les impuso 8 años y 6 meses de  prisión  y  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas, 50 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  de multa (suma común a la que agregó $  223.788.308, $ 190.965.659 y $ 62.818.764, respectivamente).   

2. Condenó a Luis  Eduardo  Vega Guzmán a 4 años y 6 meses de prisión y  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas y multa de $ 238.786.365,  como cómplice del peculado y autor de la falsedad.   

3.  Impuso a Amparo Bolívar Guzmán 9 años  de  prisión, de interdicción de derechos y de prohibición de contratar con el  Estado  y $ 477.572.730 de multa como autora determinadora de peculado, coautora  material  de  cohecho  por  dar  u  ofrecer  y  autora  de falsedad en documento  privado.   

4.     Condenó     a     Gilberto   Arce   Parra  a  8  años  de  prisión,  de  interdicción  y  de  prohibición  de  celebrar contratos con la  administración  pública  y  $  477.572.730 de multa, en su condición de autor  determinador de peculado y coautor material de cohecho.   

5.           Absolvió  a  los procesados del cargo de  estafa   y   a   Gilberto   Arce   Parra del concurso de falsedades en documento privado.   

6.   Negó   a  los  acusados  la  condena  condicional  y  la prisión domiciliaria. Como consecuencia, revocó la libertad  concedida  a Rodríguez Sánchez, Fierro Avalo, Ardila Guzmán, Bolívar Guzmán  y  Vega Rengifo, respecto de  quienes ordenó su captura inmediata.   

7.  Se  abstuvo de imponer la obligación de  indemnizar   daños   materiales   y   exoneró   a   los   procesados   de  los  morales.   

8.  Desvinculó  a la sociedad Emcatel S. V.  A., S. A., de su carácter de tercero civilmente responsable.   

Segundo.  El fallo  fue   recurrido   por   los   defensores   de   Vega  Rengifo,      Arce  Parra,  Rodríguez  Sánchez,  Fierro  Avalo  y Ardila  Guzmán,  con  la  pretensión  de  que fueran absueltos de los cargos, y por el  apoderado  de  la  parte civil, quien pidió que Fernando Vásquez Chaves y Olga  Gutiérrez   de   Vásquez  fueran  indemnizados  por  los  perjuicios  que  los  procesados les causaron.   

Tercero.  El  3 de  agosto del 2005 el Tribunal Superior de Cali resolvió:   

1. Cesar el procedimiento, por prescripción  de  la  acción  penal,  en  relación  con los delitos de falsedad en documento  privado, cohecho por dar u ofrecer y cohecho propio.   

2.  Confirmar  las  condenas,  pero  con  la  modificación   de   las   penas   de  prisión,  interdicción  de  derechos  y  prohibición  de  contratar  con el Estado, que dejó en 7 años para Rodríguez  Sánchez,   Fierro  Avalo,  Ardila  Guzmán,  Bolívar  Guzmán  y  Arce  Parra;  y en 3 años y 6 meses para  Vega Rengifo.   

Cuarto.   Los  apoderados  de  Luis Eduardo Vega Rengifo   y   Gilberto  Arce  Parra  acudieron  a  15  de  julio  del  2004,  el  Juzgado 3° Penal del  Circuito   de   Socorro   (Santander)   declaró  a  los  señores  Rodolfo   Moreno   Silva,   Jaime  Alberto Arenas Reyes y Fran  Giovanny Beltrán Fuentes penalmente  responsables   del   concurso   de  delitos  de  celebración  de  contrato  sin  cumplimiento  de  los requisitos legales, falsedad material de servidor público  en  documento  público  y  falsedad en documento privado. Les impuso 8 años de  prisión  y  de  inhabilitación de derechos y funciones públicas y 21 salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes de multa; les negó la condena condicional  y  a los dos primeros les concedió la prisión domiciliaria, que no concedió a  Beltrán              Fuentes.   

El fallo fue recurrido por los defensores. El  10    de    diciembre    del   2004,   el   Tribunal   Superior   de   Sal   Gil  resolvió:   

1. Revocar la condena impuesta a Arenas  Reyes por los delitos de falsedad,  “en  lo  que  tiene  que ver con el contrato adjudicado a nombre de Hency Soto  Galván”.   

2.  Ratificar  integralmente la sentencia en  relación  con Moreno Silva y  Beltrán              Fuentes.   

3. Confirmar el fallo en cuanto “condena a  Jaime  Alberto  Arenas  Reyes  por  los delitos de celebración de contratos sin  requisitos  legales  y  falsedad en documento privado en lo que se relaciona con  la  propuesta  presentada  a nombre de Yolanda Carvajal, con la modificación de  fijar  la  pena  en seis (6) años de prisión. Por este mismo lapso se extiende  la accesoria”.   

Los señores Moreno  Silva     y     Arenas  Reyes   acudieron   a  la  casación,   que  fue  concedida. .   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  formales  de  las  demandas  presentadas  por el apoderado del primero. Sobre el  segundo,    la   impugnación   fue   declarada   desierta   por   ausencia   de  sustentación.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Investigadores  del  Cuerpo  Técnico de  Investigaciones,  CTI,  fueron  alertados sobre una posible defraudación contra  los  intereses  de  la  Empresa  de  Teléfonos  de Cali, Emcali (hoy Empresa de  Telecomunicaciones,  Emcatel).  Con  ese  fundamento,  el 25 de julio de 1997 se  solicitó   y   autorizó   la   interceptación   de   abonados   telefónicos,  procedimiento que se prolongó durante varios meses.   

A través de las grabaciones se comprobó que  varios  funcionarios  impedían  el  ingreso  de  recursos  a  la  empresa de la  siguiente  manera: un usuario, a quien por ausencia de pago le era suspendida la  línea,  contactaba  a  Amparo  Bolívar  Guzmán  (oficial  de ventanilla de la  empresa,  encargada de ordenar la reconexión), quien le prometía reinstalarlte  el   servicio   y   sanearle   la   deuda  con  solo  pagarle  la  mitad  de  la  obligación.   

Logrado el acuerdo, la señora, personalmente  o  por  intermedio  de Gilberto Arce Parra,  ubicaba a un empleelado –entre  ellos,  Cilia  María Rodríguez Sánchez, Aura Janeth Fierro  Avalo  y  María  Isabel  Ardila Guzmán-, quien previa entrega de un dinero, le  suministraba  el  estado  de  cuenta del ciudadano. Con títulos provenientes de  “chequeras  robadas” o de “cuenta cancelada”, se “pagaba” la factura  y,  con  el  comprobante,  ese  empleado  reconectaba  el  servicio.  Una vez se  detectaba  el  rechazo  del cheque, de nuevo la Empresa “cortaba” la línea,  lo que generaba un trámite similar.   

El  señor  Luis  Eduardo  Vega  Rengifo, también vinculado a Emcali, es  señalado   como   quien,   en   compañía  de  Arce  Parra,   coordinaba  varias  de  las  actividades  de  reconexión ilegales.   

Las  grafías  de la mayoría de los cheques  ilegales  fueron realizadas por Amparo Bolívar Guzmán y las de cuatro de ellos  por          Vega         Rengifo.   

Ese mecanismo, llevado a cabo durante el año  de    1997,    y   hasta   enero   de   1998,   impidió   el   ingreso   de   $  477.572.730.   

2.  Adelantada  la  investigación, el 21 de  octubre   de  1998  la  fiscalía  acusó  a  los  procesados  por  los  delitos  señalados.   La   determinación  fue  apelada  y  ratificada  por  la  segunda  instancia,  el  21 de enero de 1999.El 11 de septiembre de 1998 el Ministerio de  Minas  y  Energía,  en  su condición de Presidente de la Comisión Nacional de  Regalías,  mediante  resolución  81.812  asignó  al  municipio  de  Guadalupe  (Santander)  $70.000.000  para  la  construcción de la planta de tratamiento de  aguas residuales.   

El  Alcalde  de  la  localidad, Rodolfo  Moreno Silva, expidió el Decreto  Municipal  número  86  del  15  de  octubre  de ese año creó un rubro con esa  finalidad,  al  que  le  asignó  $67.200.000,  hizo  una invitación pública a  presentar  propuestas,  pero, para eludir la licitación obligatoria, fraccionó  la   obra   en   tres   partes   y   por   contratación  directa  la  adjudicó  así:   

Contrato  de suministro número 16 del 10 de  noviembre   de   1998,  suscrito  con  Fran  Giovanny  Beltrán  Fuentes,  representante  de  la Constructora  Duarte  y  Beltrán  Limitada, para la adquisición de una planta de tratamiento  por $25.000.000.   

Contrato de obra pública número 17, del 15  de  noviembre,  celebrado  con  Jaime  Alberto Arenas  Reyes,  para el transporte, instalación y cerramiento  de la planta, por valor de $25.000.000.   

Contrato  de obra pública número 18, del20  de  noviembre,  con  el  ingeniero  Hency Soto Galván, para la construcción de  obras civiles para la instalación de la planta, por $17.200.000.   

Los  convenios  fueron  celebrados  sin  que  previamente  se  lograran  conceptos técnico, económico o de conveniencia. Los  certificados  de  disponibilidad presupuestal fueron expedidos con posterioridad  a la firma de los contratos.   

El señor Hency  Soto  Galván  nunca  participó  en  esos  hechos; su nombre e identidad fueron  suplantados  y  en  los  documentos suscritos como suyos, se falsificó su firma  (oferta  de  obra,  el  contrato,  las actas de iniciación, pago, suspensión y  recibo final de la obra, y las cuentas de cobro)   

Adelantada la investigación, el 19 de julio  del  2001  se  acusó a los procesados como coautores de los delitos por los que  finalmente fueron condenados.   

Luego  fueron  proferidas  las sentencias ya  indicadas.   

CONSIDERACIONES  

Cuestión previa.  

Dentro el proceso se investigó un delito de  estafa,   en   razón   del   cual  se  dictó  absolución  en  los  fallos  de  instancia.   

De conformidad con los artículos 83, 246 y  267.1  del  Código  Penal del 2000, normas que por resultar favorables frente a  sus  similares  del Decreto 100 de 1980 se imponen por favorabilidad, la acción  penal  prescribe enl 12 años, lapso que, en sede de juzgamiento y contado desde  la  ejecutoria  de  la  resolución  acusatoria,  se  reduce  a  6 años, en los  términos del artículo 86 del mismo Estatuto.   

La  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Cali  confirmó el pliego de cargos el 21 de enero de 1999, lo que  significa que en esta fecha adquirió firmeza aquel acto.   

Desde entonces, los 6 años se cumplieron el  21   de   enero   del   2005,   cuando   el   expediente  se  encontraba  en  el  Tribunal.   

En  esas condiciones, debe ser declarada la  prescripción,  con  el  consiguiente  cese de procedimiento en relación con el  delito de estafa.   

Sobre las demandas de casación.  

De  conformidad  con  el  artículo 213 del  Código  de  Procedimiento  Penal  del  2000,  la  Sala las inadmitirá  la  demanda,  porque  cuanto no reúnen los requisitos previstos en el artículo 212  del mismo Estatuto.   

Las razones son las siguientes:  

1. Sobre el escrito a favor de Luis Eduardo  Vega Rengifo.   

1.   El   defensor   formuló  un  cargo,   

con  fundamento  en  la  causal  1ª  del  artículo  220  del  C.  P. P. modificado por la Ley 553 de 2000… La sentencia  impugnada  violó  en  forma indirecta la norma sustancial que define y sanciona  el PUNIBLE DE PECULADO POR APROPIACIÓN…   

El   correcto  enunciado  se  quedó  sin  desarrollo  ni demostración, porque, con olvido de la técnica señalada por el  legislador  y  explicada reiteradamente por la Corte, el casacionista se dedicó  a  presentar  un  estudio  personal,  opuesto al de los jueces, sobre el alcance  que,    en    su    criterio,    ha    debido   darse   a   los   elementos   de  convicción.   

Un trabajo libre, que simplemente oponga un  criterio  al  judicial,  eventualmente  puede  resultar  admisible  en  las  dos  instancias  que  conforman  la  garantía  de un proceso como es debido, pero es  extraño  en  sede de casación. En ésta corresponde demostrar la ilegalidad de  la  sentencia  del  Ad quem,  con  la indicación y verificación de precisos errores, procedimiento que no se  logra  con una presentación personal de sobre lo que ha debido concluirse, que,  así,  solo  aspira a que se reabra un debate probatorio ya concluido o a que el  tribunal  de  casación  se  instituya  en  una  tercera  instancia,  que  no lo  es.   

2. Cuando se invoca el cuerpo segundo de la  causal  primera  de  casación,  violación  indirecta  de la ley sustancial, es  carga  del demandante, no cumplida en esta ocasión por la defensa, señalar con  precisión  cada  una  de las pruebas objeto de una valoración errada por parte  del   Ad   quem,  con  la  especificación    de    si   el   equívoco   obedeció   a   un   error    de    hecho    o   de derecho.   

Y,  en cada caso, cuál fue el falso  juicio cometido, si de existencia  (con  la  demostración de la  prueba      objeto      de     omisión     o     suposición),     identidad   (con   la  verificación,  a  través  de  las  citas  respectivas,  de  los  apartes de la pruebas que fueron  distorsionados,                   tergiversados),                   raciocinio  (con  el señalamiento de las  reglas   de   la   sana   crítica   –lógica,  ciencia  o  experiencia-  que  fueron desconocidas por los  jueces),    legalidad   o  convicción   (con   la  indicación  de  las  leyes  que regulan el proceso de aducción de la prueba, o  que establecen la tarifa probatoria omitida).   

Demostrado  el  yerro, el casacionista debe  verificar  su  trascendencia,  esto es, su idoneidad para mudar el sentido de la  sentencia.  En  otras  palabras,  debe  desarrollar  el  análisis  lógico para  derruir  todo  el  soporte  probatorio  considerado en la decisión cuestionada,  porque  si,  en  el  supuesto  de  la  acreditación  del  error denunciado, los  restantes   elementos  probatorios  (haciendo  abstracción  de  aquel  valorado  ilegalmente)  resultan  suficientes  para sustentar la determinación judicial y  no   son  cuestionados  por  el  demandante,  la  censura  está  llamada  a  la  desestimación,   pues   resultaría  inane  para  cambiar  el  significado  del  fallo.   

3. Ninguno de estos presupuestos cumplió el  apoderado,  porque  frases  aisladas  sobre  “distorsión  del  sentido  de la  prueba”,   o   “falseamiento  de  la  expresión  fáctica”,  se  quedaron  huérfanas  y se pusieron únicamente a modo de refuerzo deorzar la apreciación  personal sobre la eficacia de las pruebas allegadas.   

4.  En  varias  oportunidadescasiones  el  defensor  censuró  que  unas  trascripciones  de llamadas telefónicas grabadas  fueran  consideradas  como  pruebas  porque,  según  su  modo de ver, no están  previstas  en el Código de Procedimiento Penal, consideración que no demostró  ilegalidad  alguna  en  el razonamiento judicial y que no explicó por qué esos  documentos no constituían prueba judicial.   

5. El actor censor dice que “La sentencia  acusada  no  tuvo  en  cuenta  las diligencias de injurada de los procesados”,  frase  que  apuntaría  a  un  falso  juicio de existencia por omisión. Pero la  afirmación  realmente  hace  relación  a  que  el  Tribunal  no  creyó  a los  procesados,  circunstancia  que en nada se vincula relaciona con ese yerro, pues  de  la  reseña  que a grandes espacios hizo el recurrente del trámite y de los  fallos  de  instancia,  surge  inequívocamente  que  los  jueces  valoraron los  elementos   de   juicio  en  su  conjunto,  pero  les  negaron  eficacia  a  los  descargos.   

2.  Sobre  la petición a favor de Gilberto  Arce Parra.   

La   demandante   formula  un  cargo  con  fundamento  en  la  parte  primera  de la causal primera, violación directa del  artículo  133  del  Código Penal de 1980, que define el delito de peculado por  apropiación.   

Afirma  que  el  tipo  penal  exige  que la  conducta  consistente  en  “apropiarse”  recaiga  sobre  un bien material de  propiedad  del  Estado,  y  que  los fallos tomaron como objetotuvieron como ese  objeto  a  un  bien  incorpóreo,  los  impulsos electromagnéticos, que, por su  propia  condición,  son  inmateriales y, por ende, sobre ellos no puede existir  peculado.   

Independientemente  de  esa  discusión, la  casacionista  pasa por alto otros aspectos por ella misma puestos de presente en  su  escrito,  que  tornan inane esa diferenciación y que, por tanto, demuestran  la ausencia de fundamentación del reproche.   

En  efecto,  la  defensora  cita  apartes  extensos  del  fallo del Tribunal que demuestran la fijación de los hechos y su  valoración  probatoria,  aspectos  que,  en  virtud de la causal invocada, ella  admite   sin   cuestionamiento  alguno,  como  además  lo  aseverafirma  en  su  libelo.   

En  esas  condiciones,  se  tiene  que  el  detrimento  al  patrimonio  económico  estatal  se  hizo  consistir en que hubo  apropiación   de   los   dineros   de   la  empresa  oficial,    representados    en   las   facturas  no  pagadas  por  los usuarios y  que  los  procesados  fraudulentamente  hacían  figurar  como  canceladas en su  totalidad, a través del empleo de cheques ilícitos.   

La demanda también pone de presente explica  que  los jueces demostraron, como parte del detrimento sufrido por Emcali, que a  través  de  mecanismos  ilegales  de  reconexión  fueron  habilitadas  líneas  telefónicas  sin  los  pagos  respectivos  por  el servicio, que necesariamente  debían ser hechos a aquella.   

De  tal  manera  que,  según  trascribe la  impugnante,  la  conducta  recayó sobre dineros de la entidad estatal, contexto  dentro  del  cual  la  discusión  sobre  si los impulsos electromagnéticos son  bienes  corpóreos o incorpóreos carece de sentido y, por tanto, nada demuestra  sobre     la     ilegalidad     que    debía    ser    verificada.correspondía  verificar.   

La Sala no observa que se hubiesen afectado  garantías  fundamentales  ni que se incurriese en causal de nulidad que obligue  a su intervención oficiosa.   

Una aclaración final.  

En  la  demanda  se insinúa que quizás la  adecuación  típica  tendría que ver con la descripción del artículo 256 del  Código    Penal    del   2000,   que   define   el   delito   de   defraudación  de  fluidos, dentro de las  defraudaciones     al     patrimonio    económico  privado, con estas palabras:   

El   que  mediante  cualquier  mecanismo  clandestino  o  alterando  los  sistemas  de  control  o aparatos contadores, se  apropie   de   energía   eléctrica,   agua,   gas   natural,   o   señal   de  telecomunicaciones,  en  perjuicio  ajeno,  incurrirá  en prisión de uno (1) a  cuatro  (4)  años  y en multa de uno (1) a cien (100) salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

Si  bien la decisión de inadmisión de las  demandas  comportaría  que cualquier juicio de favorabilidad relacionado con la  vigencia  de  la Ley 599 del 2000 correspondería al juez de ejecución de penas  y  medidas  de  seguridad,  en  el  caso  particular  y  concreto la Sala estima  prudente   estudiar   lo   relativo   al   artículo   256  del  nuevo  Estatuto  Penal.   

Como es claro, el  

Lo   anterior,  por  cuanto  de  resultar  admisible  retroactivamente,  se  tendría  que  concluir que habría operado la  prescripción   de  la  acción  penal.  Y  sobre  el  particular  se  ha  dicho  reiteradamente  que,  ocurrida esa situación, debe ser decretada por el juez en  quien  esté  radicado el proceso, así sea el de casación, contexto dentro del  cual la Corte tendría que declarar el fenómeno.   

En  esas  condiciones,  cabe  decir  que la  disposición  en  cita  no  recoge el comportamiento investigado y sancionado no  encuadra  en la disposición citada, pues tal como se ha reseñado, según se ha  reseñado  y  se  lee  en  las  sentencias  reproducidas por los demandantes, la  conducta  punible  consistió  no  en  la  simple  apropiación  de la señal de  telecomunicaciones,   sino  en  la  de  los  dineros  representados   en    las  facturas  no  pagadas  y  en  los  servicios  de  reconexión igualmente no cancelados.   

La  Sala hace la anterior acotación porque  si  en  verdad  variara  la  adecuación  típica,  se  trataría de una acción  prescrita,   que   implicaría   cesación  de  procedimiento  con  base  en  la  retroactividad de la ley penal más favorable.   

El   defensor  presentó  cuatro  cargos,  así:   

Primero.  Causal  primera  cuerpo  segundo,  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia por  omisión.   

Incurrió     en    las    siguientes  irregularidades:   

No  demostró, ni siquiera indicó, cuál o  cuáles  fueron los medios probatorios que, habiendo sido llegados legalmente al  proceso, el Tribunal excluyó de su valoración.   

El desarrollo de la censura se quedó en el  desacuerdo del censor con las deducciones judiciales.   

Se  quejó de que no se hubieren practicado  algunas  pruebas,  como  un dictamen grafológico y un reconocimiento en fila de  personas.  Estas  irregularidades  infringirían  el  derecho  a  la defensa por  ausencia  de  una investigación integral. Por modo que debieron ser presentadas  por vía de la causal tercera, nulidad, no de la primera.   

Además,  no  probó  la  trascendencia del  supuesto yerro en la situación jurídica del procesado.   

Presentó una valoración delos testigos de  cargo  y  resaltó  las  contradicciones  en  que, según él, incurrieron. Este  procedimiento   nada  verifica  sobre  el  yerro  denunciado,  falso  juicio  de  existencia por omisión.   

Segundo. Error de  apreciación o de hecho por falso juicio de identidad.   

“El fallador, dice el recurrente, parcela,  sectoriza    y    divide    la    prueba    testimonial    del   señor   ALIRIO  SUÁREZ”.   

Pero  el  acertado  planteamiento  no  fue  verificado.  El  defensor no precisó los apartes del fallo quien incurrieron en  esas  equivocaciones. Además, se quedó en la enunciación de que otras pruebas  “contradicen  el  decir” del declarante, para concluir que “carece de toda  credibilidad  la  versión”  de  Alirio  Suárez,  porque  otros  testigos  lo  “desmienten” y “no tiene asidero probatorio”.   

Así,  el  supuesto yerro se hace consistir  exclusivamente  en  que  se le niega veracidad, lo que en modo alguno constituye  la distorsión que correspondía acreditar.   

Tercero.   

,  eficacia  a las palabras del testigo, lo  que   la  propuesta  apuntaAsí,  lo propuesto como contrasimple enunciaci,  pues no fueron precizindicados los apartes del fallo   

simñplemente se pretyendió prke acudió  al  expediente adLaEl acertado planteamiento, sin embargo no fue probado, porque  a reglón seguido afirma el demandante   

1. El casacionista  presentó  un  primer cargo,  con  base  en  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  violación  indirecta  de  la  ley  sustantiva, pero no  señaló las disposiciones materiales infringidas.   

         2.       Anunció       falsos  juicios de identidad cometidos por  el Tribunal.   

         No   obstante  la  presentación  correcta,  en  el  desarrollo  del  reproche   el   censor  dio  la  siguiente  explicación  que  realmente  es  un  galimatías  que, en oposición a la claridad y concisión exigidas, impide a la  Sala conocer sus pretensiones:   

         “…   cotejados  (los  testimonios  de  cargo)  no  solo  tienen  abismales  diferencias  y  por  lo  cual  quiero  aclarar… que aunque esto nos  daría  adicionalmente  un  falso  juicio  de  identidad,  el  que  se cumple en  relación  con  los  medios probatorios existentes que al valorarlos el fallador  de  segunda  instancia  distorsiona  sus  alcances  y le suministra un contenido  diferente  al  que  en  realidad contienen, me inclino a no desgastar la causa y  aferrarme,  en  este  cargo,  solo a que el falso juicio de existencia afecto en  una  forma muy grave la sentencia aludida, debido a que las pruebas tomadas para  fallar,  con  relación  a  la  testimonial,  el  Tribunal  y  el  omitir las ya  trascritas, le dan un giro completo a la sentencia”.   

         3.  No  demostró  que  la  Corporación  hubiera  tergiversado  el  contenido  real  de  algún  medio  de  prueba.  Como  distorsión  señaló,  según sus propias palabras, la “contradicción” que  surgía  de  la  comparación  de  los  testimonios de Isaura Valderrama y de su  padre.   

         Hizo  lo  propio con la declaración de Gloria Lorena González, sin  que,  además,  precisara  la  incidencia que las irregularidades podrían haber  tenido en el sentido de la decisión.   

         Sobre  la  versión  de  José  Agustín Valderrama, el casacionista  indicó  la  conclusión  a  que llegó el Tribunal a partir de las palabras del  testigo,  inferencia  que  no  compartió,  pues  -en  su  criterio-  debió ser  otra.   

         Así  elaboraba,  la  censura  sólo  muestra  la  inteligencia  del  casacionista  sobre  el alcance del testimonio, no la deformación del contenido  de la prueba.   

         Tal  planteamiento,  ajeno  a la tergiversación anunciada, pudo ser  presentado    como    falso   raciocinio.  Pero  tampoco  habría  prosperado,  porque  no  citó las reglas  lógicas,   las   máximas   de  la  experiencia,  o  los  aportes  científicos  –componentes  de  la sana  crítica-   que   fueron   desconocidos   por  el  Ad  quem. Tampoco los que eran aplicables.   

         4.      En      el      segundo  cargo, el demandante anunció un  falso  juicio  de existencia por omisión. Incurrió en las siguientes irregularidades:   

         a)  Mezcló  censuras  relacionadas  con  atentados  al debido   proceso   y   al   derecho   a   la   defensa.  Éstas,  por  estructurar   dos   motivos   de  nulidad,   han   debido   ser  formuladas  al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación,  en forma  separada  y  subsidiaria,  pues  apuntarían a la invalidación del trámite, en  tanto  que  la  solución  para el falso juicio de existencia, propio del motivo  primero      parte     segunda     –violación  indirecta  de  la  ley  sustancial-,  sería un fallo de  sustitución.   

         b)  Una  vez más, el censor transcribió el aparte arriba indicado,  para  concluir que las omisiones a la vez generaban falsos juicios de identidad.  La   proposición  comporta  un  contrasentido,  por  cuanto  sobre  los  mismos  elementos  de  juicio  el  Tribunal  sólo  pudo  incurrir  en  una  de  las dos  irregularidades,  pero no en ambas simultáneamente porque son excluyentes: o no  valoró  pruebas  obrantes  en  el expediente, o lo hizo así fuera falseando su  contenido.   

         

         c)   Citó,   como  elementos  excluidos,  dos  declaraciones  y  la  conclusión  médico-legal  sobre  la  probable hora en que se causó la muerte,  así  como  los  testimonios  de  la  progenitora  y del hermano de la víctima,  quienes        aseveraron        –conforme  a  la  demanda-  que el deceso pudo ser consecuencia de un  suicidio o de un crimen pasional.   

         El   impugnante  no  realizó  ningún  estudio  que  demostrara  la  incidencia  que el error pudo haber tenido en el sentido de la sentencia. Por el  contrario,  sus propias palabras verifican su intranscendencia, por cuanto dejó  en  claro  que las deducciones de los testigos eran producto de sus conjeturas y  no de un conocimiento preciso al respecto.   

         Además,  en  la  relación  que  hizo  de  la  actuación procesal,  especificó  que  la  condena  se  fundamentó  en  diversas  declaraciones  que  sindicaron  a  los  dos  soldados  de  ser  responsables  del  hecho,  y  en  la  indagatoria     de    Diógenes    Antonio    Cueto  Cañaveral, quien   

         “en  su  relato  acusa  como  autor a su compañero JHON MAURICIO  CANO GALEANO”.   

         Como  esos  medios  de prueba no fueron cuestionados, permanecerían  incólumes  y  resultarían  suficientes  para la deducción de responsabilidad.  Pero  igual  sucedería  con  la  versión del acusado en la audiencia pública.  Véase lo que dijo la demanda sobre ese acto procesal:   

         “Mi  representado  CANO  GALEANO  en  la  diligencia de AUDIENCIA  PÚBLICA  confiesa  que  una  vez  sale  con su compañero del bar, señor CUETO  CAÑAVERAL,  se  quedaron  sentados  en  la  plazuela y el señor RAFAEL ANTONIO  CARVAJAL  LÓPEZ  se  disgustó  por  que  no  tenía  un trago y que primero lo  manoteo  y cuando vio que se mandaba la mano debajo del poncho, tiró a rayarlo,  ahí fue cuando lo chuzó”.   

         Consecuente  con lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         

1.  Declarar  la  prescripción  de  la acción penal y la cesación de todo procedimiento seguido  en  contra  de  María  Isabel Ardila Guzmán, Cilia María Rodríguez Sánchez,  Aura    Janeth    Fierro    Avalo,   Amparo   Bolívar   Guzmán,   Gilberto   Arce   Parra  y  Luis  Eduardo  Vega  Rengifo, exclusivamente   en   relación   con  la  conducta      punible     de     estafa.   

2.  Inadmitir las  demandas de casación presentadas.   

         Inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO    ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR   LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN               JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

SecretariaMAURO  SOLARTE PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR   LOMBANA   TRUJILO                                            ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                             JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS     

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                         JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

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