24682(16-03-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24682  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 024.  

          Bogotá    D.C.,   marzo   dieciséis   (16)   de   dos   mil   seis  (2006).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   GABRIEL   PACHECO   TRUJILLO,  contra  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de Cali de fecha junio 2 de 2005,  por  cuyo  medio  confirmó la dictada por el Juzgado Primero Penal del Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad  el 31 de mayo de 2004, mediante la cual lo  condenó  como  coautor  penalmente  responsable  de  los delitos de tráfico de  estupefacientes  agravado y concierto para delinquir con fines de narcotráfico.   

  ANTECEDENTES     

El  4 de mayo de 2000, en la ciudad de Cali,  un  Fiscal  de  la  Unidad  de  Reacción  Inmediata  e  integrantes de la SIJIN  llevaron  a cabo diligencias de allanamiento a dos inmuebles, en donde se tenía  conocimiento  se realizaban actividades de narcotráfico.  En el primero de  ellos,  ubicado  en  la  carrera  12  No  33H-22,  en  donde funcionaba para ese  entonces  un  taller  de  mecánica  identificado con la razón social “Taller  Gabriel  Pacheco”, fueron encontrados 1.175 kilogramos de cocaína clorhidrato  y   capturadas   algunas   personas,   comenzando   por   el   propietario   del  establecimiento  GABRIEL PACHECO TRUJILLO, y   los   señores   Juan  Carlos  Salazar  Valderrama,  Luis  Mario  Rivera  Clavijo,  José  Raúl Noreña Chávez, Manuel  José   Guevara,   Henry  Yamith  Solarte  Figueroa  y  Diego   Fernando   Cardona   Rengifo.   En  el  segundo inmueble, situado en  la carrera 48 A # 12B-22,  se  retuvo  a  Luis Javier Noreña Chávez en   cuyo   poder  se  hallaron  $  402.487.000,oo,  los  cuales  se  encontraban  guardados  en  varias  cajas de cartón y en el vehículo de placas  CEL-113, de propiedad del mencionado.   

Con  fundamento en los anteriores hechos, se  inició  la  correspondiente  investigación  penal,  dentro  de  la cual fueron  vinculados  mediante  diligencia de indagatoria todos los mencionados, a quienes  se  les resolvió situación jurídica con medida de aseguramiento de detención  preventiva  como presuntos autores de los delitos de tráfico de estupefacientes  y concierto para delinquir.   

         

Cerrada   la  instrucción,  se  profirió  resolución  de  acusación  el  28  de abril de 2001, en contra de GABRIEL  PACHECO TRUJILLO, Manuel José Guevara, Juan Carlos Salazar  Valderrama,   Luis   Mario   Rivera   Clavijo,  Henry  Yamith  Solarte  Figueroa  y  Diego  Fernando  Cardona  Rengifo,  por el delito de tráfico de estupefacientes  y,    a    los    dos    primeros,    adicionalmente,    por    concierto   para  delinquir.   

La  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal de  Cali,  mediante  decisión  del  23  de  agosto siguiente, confirmó la anterior  decisión.   

         

Ejecutoriada la resolución de acusación, la  etapa  de  juzgamiento correspondió al Juzgado Primero Penal del Circuito de la  misma  ciudad,  despacho que, una vez surtido el trámite legal correspondiente,  profirió  sentencia  por cuyo medio condenó a GABRIEL  PACHECO  TRUJILLO a las penas principales de diecisiete  (17)  años  de  prisión  y multa por valor de 13.616 salarios mínimos legales  mensuales     vigentes     y    a    Manuel    José  Guevara   a   quince   (15)  años  de  prisión,  al  encontrarlos  autores  penalmente  responsables  de  los  delitos de tráfico de  estupefacientes  agravado y concierto para delinquir con fines de narcotráfico;  por  su  parte,  a  los demás acusados los condenó a la pena principal de doce  (12)   años   de   prisión   como   responsables   de   la   primera  ilicitud  mencionada.   A  todos  los  procesados los condenó a la pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de  diez  (10)  años  y  les  negó  la suspensión condicional de la  ejecución   de   la   pena,   así   como   el   sustitutivo   de  la  prisión  domiciliaria.   

Contra   la   anterior   determinación,  interpusieron  recurso  de  apelación  algunos  defensores,  incluyendo  el del  procesado       GABRIEL   PACHECO  TRUJILLO,  por  lo  cual  se  pronunció  el  Tribunal  Superior  de  Cali el 7 de octubre siguiente confirmándola en lo esencial, pero  modificó  el  primer  numeral  de la parte resolutiva del fallo impugnado en el  sentido  de  reducir las penas principales impuestas al mencionado a quince (15)  años  de  prisión  y  multa  a  266,66  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes.   

          El   fallo   del   ad  quem  es   objeto   del   recurso   de   casación  por  el  defensor  del  procesado  PACHECO  TRUJILLO,  quien  lo  sustentó  mediante  demanda,  sobre  cuya  admisibilidad  formal  se  pronuncia la Sala.   

LA DEMANDA  

          Con  sustento  en  la causal primera prevista en el artículo 207 de  la   Ley   600   de   2000,  el  defensor  de  PACHECO  TRUJILLO   señala   que   se   produjo  “por  la  inexistencia de la prueba que conduzca a la certeza para  condenar  en  este  asunto  y  se presentan errores de HECHO y de DERECHO en que  incurrieron    los    falladores    al    apreciar    la   prueba”.   

Lo  anterior,  agrega,  por  los  siguientes  aspectos:   

“a.   Se  supone  la  veracidad  de  las  interceptaciones telefónicas.   

b.  Se  dejaron  de  valorar en su conjunto,  varias  pruebas arrimadas al proceso.  Sólo se limitó al INFORME POLICIVO  a  la  objetividad  del  hallazgo  del  estupefaciente y a las transliteraciones  telefónicas”          

          Señala  que  los  errores  de  hecho  se  configuraron “cuando  se  ejecutó  un FALSO JUICIO de la EXISTENCIA probatoria  de  las  transliteraciones  telefónicas,  de  que  sólo  encontrarlo  donde se  hallaba  el  alcaloide  era  prueba  suficiente  de  su  responsabilidad  en  la  delincuencia”.   

Lo  anterior  se  traduce,  sostiene,  en la  desaparición  de  la  certeza  para  condenar “y por  ello  debe ser casada la sentencia por cuanto aquí se configuran los errores de  hecho  por  los  falsos  juicios  de  existencia  de  pruebas,  de  identidad  y  raciocinio  de  las  mismas  y  los  de  derecho  por  expreso  falso  juicio de  convicción  de  que  tanto  el  oficial  investigador como las interceptaciones  telefónicas  dicen  la  verdad  cuando existe  prueba en contrario que las  desvirtúa totalmente”.   

          Sobre   el  particular  destaca  que  aparte  del  “magnificado”  informe  policivo, no es posible allegar al expediente unas transliteraciones de  unas    conversaciones    cifradas   que   ocultan    unas   “componendas  delictivas”,  que  sólo  caben en la imaginación de los detectives, pero que  en  su  verdadera  proyección  generan duda insalvable que afecta la estructura  del informe mismo.   

Lo  anterior demuestra, según el actor, que  los  funcionarios  incurrieron  en  valoración equivocada o falso juicio de los  hechos   objetivamente   considerados   “llegando  a  inferencias  erróneas,  por  inexacta  observación de los elementos de la sana  crítica  y  de  la  apreciación  racional  al  omitir  valorar la prueba en su  conjunto,   como   era   la   real   existencia  del  señor  JOSE  EDGAR  ROJAS  MEJIA”.   

De otro lado, señala que cuando el Tribunal  plasma  en  el  fallo  que  de  acuerdo con el informe policivo posiblemente los  procesados  se  dedicaban al tráfico de estupefacientes, cae en un falso juicio  de convicción.   

Luego de señalar que afortunadamente nuestro  sistema  judicial  se cimienta en presupuestos de libre apreciación probatoria,  con  lo  cual  se  impide  que  se tomen decisiones injustas o arbitrarias, pues  “es  obligación  someterse  a las reglas de la sana  crítica  que  no  son  otras  diferentes  a  la  experiencia,  la  lógica y la  ciencia”,  advierte  que  es  preciso referirse a la  “falsa  valoración”  de  los  falladores  respecto  de  las  pruebas arrimadas al expediente “específicamente      del     informe     policial”.   

En  ese  sentido,  indica  que  “a  la luz del derecho penal, hubo en formas claras y ‘concepto’  expuesto  por  el  investigador   MARTÍN  EMILIO  RODRÍGUEZ,  infinidad  de  exposiciones  que  dan proporciones  bíblicas   y  magnificación  para  enrostrarle  a  mi  defendido  la  conducta  delincuencial  ya  conocida  en el plenario  y de paso que es el integrante  de  una  organización delincuencial de la cual mi patrocinado no forma parte de  ella”.   

Así,  en  el  aludido  informe  se  emiten  conceptos  no  permitidos  y  que  en momento alguno pueden ser avalados por los  juzgadores  para  sustentar la condena y de paso negar la absolución solicitada  por  la  defensa.   Fue  a  partir de dicho informe, agrega, que se derivó  toda  una  orquesta  criminal, el cual no daba lugar para proferir una medida de  aseguramiento  en  contra  de  su  defendido,  por  lo  que  se incurrió en una  “falsa   convicción”,   pues  tanto  a  su  defendido  como  a  los  demás  procesados,   se   les   vinculó  a  “una  infausta  conclusión  que  probatoriamente  no  corresponde  ni  podrá corresponder a la  verdad”.   

Si  bien,  prosigue,  al  comienzo  de  las  pesquisas  se  determinó  prematuramente que la asociación involucraba a todos  los  encartados,  las  diligencias  posteriores  demostraron  una  realidad  muy  diferente   y   no   esa   correlación   entre   unos   y   otros  “que  no tiene capacidad legal de soportar la demanda (sic)  en contra del plural grupo condenado  Y     MUCHO     MENOS    CONTRA    GABRIEL    PACHECO    TRUJILLO”.   

Desde   su  punto  de  vista  “en  el discurrir de la investigación no se pudo conformar un eje  axial  común que lo conecte, sólo el investigador se basó en meros aspectos o  supuestos,  una  transliteraciones  que  nada  probatorio  soportan  y  ello nos  conduce  a  predicar el carácter INCIERTO de la supuesta pertenencia de GABRIEL  con  la englobada organización aducida por el agente élite y todo nacido de un  seguimiento   amañado,   situación   que   no   alcanza  el  marco  probatorio  indispensable   para   la   certeza   que   lleve  a  la  condena”.   

Insiste en que su defendido fue detenido por  factores  objetivos,  como  el indicio de presencia, para luego con base en unas  interceptaciones  telefónicas inferir que pertenece a una organización, lo que  debe  considerarse  “dudoso”, pues no se cuenta con un acopio probatorio que  permita  afirmar  que  su defendido haya tenido participación en el conjunto de  actividades  delictivas,  pues  con  ello  se  desconocen  las reglas de la sana  crítica,  en  tanto  éste  ha  sido  lo  suficientemente  claro  en su alegato  defensivo   en  señalar  que  es  un  simple  ciudadano,  administrador  de  un  establecimiento  de  comercio  dedicado  a  la  mecánica automotriz, lo cual se  corrobora  con  la  existencia  del  contrato de arrendamiento del local que las  instancias no valoraron.       

Igualmente,  señala  que  revisado con sumo  cuidado   el  “horizonte  expediental”    no   milita   “la   probación   de  circunstancias  verdaderas”  que permitan colegir la  responsabilidad  de su defendido en los delitos que se le endilgan;  por el  contrario,  precisa  que  en  la  labor de apreciación no se tuvieron en cuenta  reglas de la experiencia ni de la lógica.   

Expresa   que  los  informes  de  policía  “no  pueden  trasmitir  cabalmente  la verdad que se  busca,   sino   meras  impresiones  que  parecen  los  aciertos  al  momento  de  justipreciar    las    fuentes    probatorias   de   las   que   provienen   las  vacilaciones”,   lo  cual  no  es  suficiente  para  sustentar un fallo condenatorio.   

Como  los dos puntos medulares en los que se  funda  la  condena,  esto es, el informe policivo y el allanamiento “crean  distorsión  de  la inferencia lógica en la construcción  del  indicio,  de  plano  las  instancias  desconocieron  las  reglas de la sana  crítica”.  De allí que su defendido no sea la  persona  “perseguida  por la justicia”,  pues  “no nos cansaremos de reafirmar  que    no    tienen   ninguna   validez   las   pruebas   que   sirvieron   para  condenar”.   

Remata    aduciendo   que   “enarbolando   todas  las  anteriores  y  cimentadas  condiciones,  solicitamos  muy  encarecidamente  a  la  dignísima  instancia  entender que la  situación  de  GABRIEL   PACHECO  TRUJILO,  debe  alinderarse dentro de la  previsión  legal  abstracta consagrada en el canon 205 de herramientas penales,  que  sea  avalada  por el ordinal primero del 207 ibídem, porque como apostilla  final,  es deber en la defensa que represento predicar que en el caso de GABRIEL  PACHECO  TRUJILLO,  no hay vigencia jurídica para convalidar la condena, cuando  la  misma  se  convierte  en  un lastre retributivo más que un Estado Social de  Derecho pueda tolerar”.   

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

La  Procuradora  Judicial  No.  72  de Cali,  presenta   escrito   dentro   del  término  previsto  legalmente  para  los  no  recurrentes,  en  el  cual  sostiene que de conformidad con la causal primera de  casación  el demandante estaba en la obligación de acreditar en qué forma los  falladores  disminuyeron  o adicionaron el contenido material de la prueba, para  otorgarle  efectos  que no se desprenden de lo realmente expuesto por ella, a lo  cual  se  suma    que  el  censor  se  limitó  a  exponer su personal  apreciación sobre las pruebas.   

Como tal forma de presentar la censura está  alejada  de  la  causal propuesta y olvida que el recurso de casación no es una  tercera    instancia,    “no    esta   llamada   a  prosperar.”      

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Único  cargo contenido en la demanda:   Causal primera,  errores en la apreciación de las pruebas:   

Ab  initio  resulta  oportuno  precisar  que  el  presente  trámite  se  rige  de conformidad con el  Decreto  2700  de  1991,  habida  cuenta  que  los hechos por los que se procede  tuvieron ocurrencia el 4 de mayo de 2000.   

         

Aclarado lo anterior, importa precisar que el  único  cargo propuesto por el casacionista no satisface los requisitos formales  señalados  en  el artículo 225 de la mencionada normatividad y, en esa medida,  se  inadmitirá,  por  ser la consecuencia que sobreviene frente a tal supuesto,  como  lo  enseña  la  siguiente  disposición  del  ordenamiento  en  mención.   

En  primer lugar, se aprecia que no obstante  invocarse  la  causal  primera  de  casación  en  el único cargo propuesto, en  momento  alguno  de  la disertación se señala la forma de violación de la ley  sustancial  consecuente  con ese propósito, si ello se produjo por un error que  recayó  sin  mediación  alguna  sobre el precepto (violación directa) o si se  produjo  a  raíz  de errores en la apreciación de las pruebas que condujeran a  su    desconocimiento    (violación   indirecta).        

          A  pesar  de  ello,  esta falencia no tiene ninguna trascendencia en  punto  del  estudio  sobre  la  viabilidad  formal  de  la  censura,  pues de su  fundamentación  se  logra  extraer  que  el  censor  disiente de la forma cómo  fueron  apreciadas  las  pruebas  y en ese propósito refiere que se presentaron  errores  de  hecho y de derecho por falsos juicios de existencia, identidad, por  violación  a  las  reglas  de  la  sana crítica (falso raciocinio) y por falso  juicio de convicción, sobre lo cual es reiterativo en la censura.   

Tal aclaración por los menos permite ubicar  el  motivo  de su inconformidad en terrenos de la violación indirecta de la ley  sustancial,  por  lo que la omisión de referir expresamente a esta modalidad de  la  causal  primera  prevista en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, no pasa  de ser un defecto nominal.   

Pero,  no  tienen  el  mismo  carácter  las  adicionales  incorrecciones  que se advierten de la única censura y que impiden  la  admisión  de  la  demanda, pues con ellas se desconoce de manera ostensible  los   presupuestos   formales   que   regentan   este  extraordinario  medio  de  impugnación,  previstos en el aludido artículo 225 del Decreto 2700 de 1991, y  que se pueden sintetizar básicamente de la siguiente manera:   

Empiécese  por indicar que el demandante en  el  único  cargo  propuesto  en  la demanda no especifica preceptiva alguna que  ostente  carácter  sustancial, lo cual le era imperativo en virtud de la causal  que    invocó    contra   el   fallo   impugnado.        

     

En efecto, la censura se concreta, según el  actor,  a  enrostrar  supuestos errores de hecho y de derecho por falsos juicios  de  existencia, raciocinio y de convicción en el análisis de las pruebas, pero  no  se señala por parte alguna la vulneración de una norma sustancial, pues la  única  norma  que  señala,  y eso en una sola oportunidad, es el artículo 314  del  estatuto  procesal  penal  referente  a  la  credibilidad  que  ofrecen los  informes  de  policía,  normativa que tan sólo reviste entidad probatoria y no  la  naturaleza  sustancial  que,  se  insiste,  exige  el  motivo  de  casación  seleccionado para emprender el ataque.      

Como   el   casacionista   no   indica  la  vulneración  de  una  norma  sustancial,  obviamente  también se sustrajo a su  obligación  de precisar el tipo de violación consecuente con ella, esto es, si  la  tal  disposición  se  vulneró  por  aplicación  indebida  o  por falta de  aplicación,  presupuesto  indispensable  para  poder  establecer con claridad y  precisión       su       pretensión.          

El  anterior  defecto, se torna por sí solo  suficiente  para  inferir  que la censura no satisface los presupuestos formales  exigidos   legalmente  puesto  que, de conformidad con el numeral 3° de la  disposición  referida,  la  demanda  de casación deberá contener “las  normas  que  el recurrente estime  infringidas”  (subrayas fuera de texto).    

En segundo lugar, se tiene que en definitiva  lo  que  cobra  mayor  importancia  en  orden  a inferir que el reparo objeto de  análisis  no  cumple con los requisitos formales exigidos para su admisión, es  el  hecho  de que el actor no acomete una propuesta compatible con la causal que  selecciona  y ni siquiera pone de manifiesto un error que pueda alegarse en sede  del  recurso  extraordinario de casación al amparo de alguno de los motivos que  para tal efecto se han previsto legalmente.   

Si bien el casacionista en el único reproche  propuesto  refiere  indistintamente  que el sentenciador incurrió en errores de  hecho  y de derecho, por falsos juicios de existencia, identidad, por violación  a  las  reglas  de  la  sana  crítica  y  por  falso  juicio de convicción, en  realidad,  como  ya  se  señaló,  no  desarrolla una propuesta consecuente con  alguno  de  esos errores y contrario sensu lo  que se logra advertir es que confunde totalmente su naturaleza y  de   allí   la   razón   para   que   los   entremezcle   como  si  fueran  un  sólo.   

En  vista  de  esta  situación, oportuno se  ofrece  recordar  el concepto que la Sala tiene en relación con cada una de las  modalidades  del  error  de  hecho  (falso  juicio  de  existencia, raciocinio e  identidad)  y de derecho (falso juicio de legalidad y de convicción), así como  la  forma  de  demostrarlos, para de ahí establecer el gran distanciamiento que  se  advierte  con  la  ambigua  exposición  que  contiene  el  libelo.  Se  empezará  con  lo  pertinente  a las modalidades del error de hecho y luego con  las del error de  derecho.    

Así, el denominado error de hecho por falso  juicio  de  existencia  se  produce  cuando un medio de prueba es excluido de la  valoración  que  efectúa el juzgador no obstante resultar incidente de cara al  fallo  que  se  controvierte  (ignorancia  u  omisión)  o porque el juzgador lo  inventa  o  crea  a  pesar  de  que  no  existe  materialmente  en  el  proceso,  otorgándole   un   efecto   trascendente   en   la   sentencia  (suposición  o  ideación).   

En  este caso el recurrente está obligado a  identificar  el medio de prueba que en su criterio se omitió o se supuso;   luego  de  ello,  debe  establecer  su  incidencia  de  cara  a la decisión que  controvierte  y  a  favor  del  interés  que  representa, señalando las normas  sustanciales  que  a  su  juicio  fueron  aplicadas  indebidamente  o dejadas de  aplicar,  lo  que  además  le  impone  demostrar  que  la  determinación no se  mantiene        con        fundamento       en       otros       medios       de  persuasión.        

Por  su  parte,  el error de hecho por falso  raciocinio  se  origina  cuando  el  sentenciador  aprecia  prueba  trascendente  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es, postulados lógicos,  leyes científicas o máximas de la experiencia.   

En   tal   supuesto   le   corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

La  última  de las modalidades del error de  hecho  es  por falso juicio de identidad, el cual se concreta cuando el juzgador  tergiversa  o  distorsiona el contenido objetivo de la prueba para hacerla decir  lo  que ella no expresa materialmente. En este evento, se le exige al censor que  identifique  la  prueba sobre la cual recae la incorrección que denuncia;   posteriormente,  debe  revelar  lo  que fidedignamente dimana de ella de acuerdo  con  su estricto contenido material, a lo que se suma la obligación de precisar  en  qué  aspecto  radicó  la tergiversación, bien porque se suprimieron u ora  porque  se  agregaron  apartes  de  su  contexto  con  lo  cual  se  le mutó su  sentido.   Pero  no  es  suficiente  con ello, pues al igual que en los dos  errores  anteriores,  ha  de  tratarse  de una prueba trascendente que afecte lo  declarado  en  el  fallo,  debiendo  en  esa  dirección  indicar  los preceptos  sustanciales  que se vulneraron por falta de aplicación o exclusión evidente y  demostrar,  como  ya  se dijo, que la decisión no se mantiene por cuenta de los  demás medios de persuasión.     

Ahora  bien, cuando la propuesta versa sobre  un  error de derecho en la apreciación probatoria, quien lo propone está en el  imperativo  de  demostrar que se incurrió por el fallador en un falso juicio de  legalidad o en uno de convicción.   

El  primero  tiene  ocurrencia  cuando  el  sentenciador  otorga valor a una prueba sin el cumplimiento de los ritos legales  exigidos  para su formación o aducción al proceso y, el segundo, se produce al  momento  en  que  se  valora  una  prueba haciendo caso omiso del predeterminado  crédito  que la ley le ha otorgado, circunstancia que cobra gran importancia en  los  sistemas  de tarifa legal probatoria, en cuyo caso se deberá indicar cuál  fue  el  mérito  otorgado  a  la  probanza  y  el  valor  que la ley le fija en  particular.   

No  sobra  recordar que en cualquiera de los  eventos  reseñados, el casacionista está en la obligación de demostrar que el  yerro  se  concretó  respecto  de  prueba trascendente, de tal suerte que tenga  incidencia  para  modificar  en  forma  favorable a sus intereses los contenidos  declarados en el fallo que se impugna.   

El  recuento anterior permite evidenciar con  toda  claridad  que  el  casacionista no desarrolla ninguno de los reproches que  enuncia  de manera simultánea y, por el contrario, se extrae su gran confusión  al  respecto  cuando  los  trata  de  forma entremezclada;  en especial los  denominados  falso raciocinio por violación de las reglas de la sana crítica y  el  de  existencia  por  omisión,  a  los  cuales  se  ha  hecho referencia con  antelación.   

Es  más, en cuanto al primero de los yerros  en  mención,  que  es  el que con mayor insistencia pregona, ni siquiera indica  las  presuntas  reglas  de la sana crítica supuestamente desconocidas, toda vez  que  para  ello  no  basta con señalar que el criterio apreciativo del fallador  desatendió  postulados  de  la ciencia, máximas de la experiencia y principios  de  la  lógica  o  del  sentido  común, pues para ello es menester, como ya se  señaló,   su   enunciación,   verificación   para   el   caso   concreto   e  incidencia.    

Tales desaciertos tienen explicación porque  el   casacionista    desconoce  la  esencia  del  medio  extraordinario  de  impugnación,  lo  cual  se  refleja  en  el  hecho  de que su argumentación se  circunscribe  a  cotejar su particular visión sobre algunas pruebas obrantes en  la  actuación  y  especialmente  a  controvertir  los  informes de policía que  dieron   cuenta   de   las   labores   investigativas   desplegadas   y  de  las  transliteraciones  de  las llamadas efectuadas desde un abonado telefónicos del  procesado,  desconociendo  que  ello  no  es  suficiente  para  derruir  la dual  presunción   de   acierto   y   legalidad   que   gobierna   a   la   sentencia  impugnada.   

              

Olvida  el  actor  que  este  trámite  es  extraordinario,  y  que,  por consiguiente, no son de recibo las argumentaciones  libres  de  los demandantes, en tanto es preciso que la formulación se someta a  las  reglas  taxativamente  señaladas  por el legislador, en punto de denunciar  errores   trascendentes  de  los  funcionarios  judiciales  que  pudieron  haber  afectado   garantías   de   los   sujetos   procesales,   vulneren   directa  o  indirectamente  normas  sustanciales  o desconocen las bases fundamentales de la  instrucción o el juzgamiento.   

En cuarto lugar, también es evidente que el  actor   se   aparta   de   los   presupuestos  formales  que  rigen  este  medio  extraordinario  de impugnación, porque ni siquiera señala la trascendencia del  supuesto  defecto  de apreciación de la prueba en la que basa la censura frente  a  la  decisión  que  impugna, lo cual adquiere gran importancia si se tiene en  cuenta  que  para  llegar  a  la  conclusión sobre la responsabilidad penal del  procesado  en  las  conductas  punibles  endilgadas,  el  Tribunal  se  basó en  múltiples  elementos  de juicio para inferir la responsabilidad de GABRIEL  PACHECO TRUJILLO, entre los cuales  se  destaca  el  hecho de que la captura   se produjo en situación de  flagrancia1  y  la  existencia de indicios graves como el de huellas materiales  del             hecho             punible2,    el   de   presencia   no  justificada   en   el   lugar   en   donde   se   produjo  la  incautación  del  alcaloide3  y  mala  justificación  o  mendacidad4,   que   en  absoluto  fueron  abordados  en  el  libelo  y  que, en consecuencia, determinan la total falta de  trascendencia    del    único    reproche    propuesto    contra    el    fallo  recurrido.   

Las  múltiples falencias indicadas impiden  establecer  con  la  claridad  y  precisión  exigidas  en  el  numeral  3° del  artículo  225  del Decreto 2700 de 1991 (12 de la Ley 600 de 2000), los motivos  en  los  que se funda la prédica instaurada por el casacionista al amparo de la  causal  primera,  razón  por la cual se impone su inadmisión, conclusión a la  que  se  llega  luego de la confrontación de la demanda con el fallo de segundo  grado       y      con      el      proceso.               

Así las cosas, es evidente que la decisión  que  corresponde  adoptar  es  la  de  inadmitir  la  demanda  presentada por el  defensor     del     procesado    GABRIEL    PACHECO  TRUJILLO  y  devolver  el  expediente  al  despacho de  origen,  tal  como  lo señala el artículo 226 del Decreto 2700 de 1991 (213 de  la  Ley  600  de  2000).   Además,  porque  no  se  advierte  que  dentro  del  presente  trámite y en la  sentencia  se  haya  incurrido  en  violación  de  garantías fundamentales que  reclame la intervención oficiosa de la Sala.   

     

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta   por   el  defensor  de  GABRIEL  PACHECO  TRUJILLO,  por  las razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MAURO   SOLARTE   PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                      

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           

MARINA  PULIDO  DE  BARÓN                                 JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS              

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

Permiso  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Página 9 del fallo impugnado.   

2 Pág.  10 ibídem.   

3  Ejusdem.   

4 Pág.  12.     

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