24601(09-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24601   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No. 69  

Bogotá  D.C.,  nueve (9) de mayo de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  discrecional  presentada  por  el apoderado de la parte civil contra el fallo de  segundo  grado  de 28 de junio de 2005 mediante el cual el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito de Depuración de Bogotá, que confirmó el emitido por el Juzgado  Treinta  Penal Municipal del mismo Distrito Judicial, por cuyo medio absolvió a  MAURICIO  FERNANDO  PRIETO GUERRERO como autor del delito de lesiones personales  culposas.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

La  señora  Sofía Solís Caicedo denunció  que  el 24 de abril de 2001 en la carrera 13 con calle 52 de Bogotá abordó una  buseta  de  servicio público afiliada a la empresa “Ucolbus” que cubría la  ruta  Victoria-Canadá  y  que  al descender de la misma en la barrio San Miguel  cayó  al  piso,  pues sólo alcanzó a poner un pie en el suelo cuando arrancó  el  rodante,  sin  que  el  conductor  le prestara alguna atención. El dictamen  médico  legal  concluyó una incapacidad definitiva de 45 días y perturbación  funcional de miembro inferior derecho de carácter permanente.   

La denunciante indicó que luego de recordar  el  número  interno  del  automotor,  familiares  suyos  acudieron a la empresa  trasportadora  localizando  la buseta de placas SHL-373 y a su conductor. Por lo  anterior,  fue  vinculado MAURICIO FERNANDO PRIETO GUERRERO mediante indagatoria  a   la   investigación   penal   que   inició   la  Fiscalía  General  de  la  Nación.   

Por no ser obligatorio resolver su situación  jurídica  bajo  los  lineamientos  de  la  Ley  600  de  2000,  se clausuró la  investigación  y  el  mérito  del  sumario  se calificó por decisión de 5 de  marzo  de  2002  con  resolución  de  acusación  en  su  contra  como probable  responsable  del  delito  de lesiones personales culposas. En la misma decisión  se admitió como parte civil a la señora Sofía Solís Caicedo.   

En   firme  la   acusación   el    18    de    junio   de   2002,  al   no  ser   

objeto de impugnación, la fase del juicio la  adelantó  el  Juzgado Treinta Penal Municipal de Bogotá, despacho que        inicialmente,  por auto de  24   de   enero       de      2003,  negó  la  cesación     de     procedimiento    invocada  por  el defensor, decisión que fue declarada nula por el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  en virtud del  recurso  de  apelación  formulado  por  el  mismo  sujeto  procesal.   

Posteriormente,    en    providencia  de  18  de  marzo  de  2003 accedió a la cesación de  procedimiento, entre otras  consideraciones,  porque las  manifestaciones   de   la  denunciante  relacionadas  con  la  descripción  del  rodante   acerca  de  que  la  buseta tenía vidrios oscuros en la cabina que le  impidieron  ver  al  conductor,  no  coincidían  con  las  evidenciadas  en  la  inspección  judicial  que  se  le  practicó al mismo  en la que se estableció que los vidrios de la cabina  eran    transparentes,  además,  porque según las  planillas  de  la  empresa  trasportadora  para  el  momento  de  los  hechos el  vehículo  estaba  arribando a un paradero en otro extremo de la ciudad distante  del  referido  por la lesionada. En la misma decisión  se    negaron     por     extemporáneas  las  pruebas  solicitadas por el  representante  de  la parte  civil   de  cotejar  pericialmente  las  planillas de  control  de los vehículos y  practicar  un  reconocimiento  del  automotor  por  parte de la víctima y de la  testigo Flor Emilia Mesa.    

Contra         el       anterior      proveído  el  representante  de  la parte civil interpuso recurso de  apelación,  y  el Juzgado  Segundo    Penal    del    Circuito,   inicialmente  se  abstuvo  de  resolverlo  al  estimar que  no  se trataba de una impugnación,  sino  de  una  petición  de  nulidad  de  la actuación a partir del cierre del  instructivo,  punto  que claramente no había sido objeto de pronunciamiento por  el  inferior,  y  fue  a  través  de fallo de Tutela  promovida por la    perjudicada    ante   el   Tribunal   Superior   de   Bogotá,  que   al  ampararle  sus  derechos  de  petición,  debido  proceso  y  defensa se ordenó al ad  quem  que  resolviera  de  fondo el recurso, por ello en auto del 14 de enero de  2004  el  juzgado  de  circuito referido revocó  el auto de cesación del procedimiento y ordenó continuar  con la actuación.   

Por  lo anterior,  tras  llevar  a cabo el acto público de juzgamiento,  el  Juzgado  Treinta  Penal  Municipal  mediante  fallo  de  12  de  noviembre de 2004 absolvió a MAURICIO  FERNANDO PRIETO GUERRERO por el delito objeto de acusación.   

La   sentencia   fue   impugnada   por  el  representante  del  Ministerio  Público  pero  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Depuración  de  Bogotá la confirmó en su integridad, por lo que  ahora  el  apoderado  de  la  parte civil interpone el recurso extraordinario de  casación discrecional.   

                                                       

LA  DEMANDA   

Dice   justificar   el   recurso   por  la  reivindicación  de  las  garantías  fundamentales  al  debido  proceso  y a la  investigación  integral  de  su asistida,  porque el fallo se dictó en un  proceso  viciado por nulidad en violación de los artículos 13, 20, 114 numeral  3°, 234 y 306 numeral 2° de la Ley 600 de 2000.   

En  criterio  del  censor, no se practicaron  pruebas  a fin de  determinar si lo que dijo el sindicado en su indagatoria  era cierto, o para procurar el restablecimiento del derecho.   

En  concreto,  señala que no se realizó un  peritazgo  para  establecer  la  autenticidad  de  las  planillas  de control de  vehículos  de  la  empresa  trasportadora  aportadas por la defensa, en aras de  determinar  si  es  la  misma  persona  la que hace las anotaciones de entrada y  salida,  cuando  se  trata,  en  uno  y  otro  caso de diferentes sectores de la  ciudad,  pues  la  letra  de  quien  firma  el  documento  como despachador  número  1 (Alberto Pineda) es similar en sus rasgos parecido a quien firma como  despachador  número  2  (Alejandro Peña), ante lo cual surge la posibilidad de  que  la  planilla  aportada  no  corresponda con la que obra en la empresa o que  haya  sido adulterada, máxime que las marcas de los sellos a veces son tenues y  en otros definidas.   

Pone  de  manifiesto  que se solicitó hacer  llegar  los  originales de las rutas de control de los vehículos, las planillas  elaboradas  el  24  de  abril  de 2001, así como realizar el reconocimiento del  vehículo  por parte de la víctima y la testigo, Flor Emilia Mesa, sin embargo,  tales  peticiones  probatorias  que  no fueron atendidas por ser extemporáneas,  debieron ser tenidas en cuenta para ordenar se oficio su práctica.   

En este orden, aduce, que la víctima no tuvo  oportunidad  de  contradecir  la autenticidad de los documentos aportados por la  defensa,  ni  puedo  reconocer  el vehículo, vacío probatorio que a la postré  condujo al error del juzgador.   

Concerniente  a  los  aspectos que arrojaron  dudas  para  la  decisión  absolutoria  repara  en que el número interno de la  buseta  (67026)  fue  recordado perfectamente por la víctima por ser una asidua  jugadora  de  chance,  número  que para ese día tenía pensado jugar antes del  accidente.   

Para   el  demandante,  faltó  iniciativa  probatoria  de  los funcionarios judiciales, pues no se les ocurrió ir al lugar  de  los  hechos  para  determinar cómo pudo ocurrir el accidente o verificar si  era  cierto  lo  narrado  por  la  víctima  y los testigos, ruta del automotor,  ubicar  a  los  vecinos que fuesen presenciales y demás elementos que arrojaran  luz acerca de la ocurrencia de los hechos.   

En consecuencia, solicita a la Sala decretar  la  nulidad  desde  la citación para audiencia preparatoria a fin de rehacer la  actuación.   

ALEGACIONES  DE  LOS  NO  RECURRENTES   

El     defensor     del   enjuiciado   se   opone   a   la  pretensión  del   

casacionista  y  pide  la  declaración  de  improcedencia del recurso,  bajo los siguientes argumentos:   

Cuestiona  el  interés  del demandante para  acceder    al   recurso   porque   i)   el  delito  imputado  a  su  defendido  no  excede  de ocho años de  prisión, ii) no impugnó el  fallo  de  primer  grado,  actitud  con  la  cual, mostró su conformidad con la  absolución    del    procesado,    iii)   las   alegaciones   por   nulidad   debió   plantearlas  en  las  instancias.   

Agrega  que en el desarrollo del cargo no se  precisan   las   irregularidades   que   afectaron  el  debido  proceso,  cuando  contrariamente  la  actuación  demuestra  que  se  cumplió  con  el mismo, los  términos  de  instrucción  y juicio se dieron con largueza, la vinculación de  los  sujetos  procesales  también se dio y el aspecto probatorio fue suficiente  para proferir el fallo.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

De  acuerdo  con el inciso 1º del artículo  205  de  la  Ley  600  de 2000, el recurso extraordinario de casación es viable  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los tribunales  superiores  de  distrito  judicial  y  por  el Tribunal Penal Militar, cuando se  proceda  por  delitos  que  tengan  señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo exceda de ocho (8) años.   

Cuando  el  fallo  de  segundo  grado  no es  emitido  por  los   citados  tribunales  o  el delito por el que se procede  tiene  pena  privativa  de  la  libertad  inferior  a dicho quantum punitivo, el  inciso  3º  del  artículo  205  del ordenamiento adjetivo penal faculta a esta  Sala  para  admitir  discrecionalmente  las  demandas  de casación  que se  ajusten  a  los  requisitos  legales  cuando  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales.   

         

          Advertido  lo  anterior,  en  este caso se observa que ante la menor  lesividad  del  bien  jurídico del delito de lesiones personales por su límite  punitivo,  en todo caso inferior al exigido en el artículo 205 de la Ley 600 de  2000  y  dado  que  el  fallo  fue  proferido por un juzgado penal del circuito,  evidentemente  como  lo  anuncia el censor el recurso sólo es posible a través  de la casación excepcional.   

          De  la  misma  manera,  contrario  a  la  posición  del  sujeto  no  recurrente  que  pone  en  duda  el interés del representante de la parte civil  para  acceder  a esta sede extraordinaria, si bien éste no impugnó el fallo de  primer  grado,  como  ahora alega la nulidad de la actuación por violación del  debido  proceso  y de la investigación integral, lo que compromete la validez y  legitimidad  del  juicio, tal pretensión solventa su interés para acceder a la  casación.   

          No  obstante  lo  precedente, la precariedad demostrativa que exhibe  el  texto  de  la  demanda  impide motivar la atención de la Corte acerca de la  vertiente  anunciada  de  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales  de la  ofendida.   

Es  claro  que  cuando   en   esta   excepcional   vía   se  busca  el    pronunciamiento   de   la   Corte    para   asegurar   las  garantías  procesales,  es  deber  ineludible   del   impugnante   precisar   el   quebranto,  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el derecho invocado,  así  como  demostrar  su  trascendencia  en  la  parte  dispositiva  del  fallo  impugnado.   

Si como en este caso, el cargo de nulidad se  funda   en   la   pretermisión   del   principio  de  investigación  integral,  reiteradamente  la  Sala  ha  indicado  que  no  es  suficiente con enumerar las  pruebas  supuestamente  omitidas, por cuanto el demandante corre con la carga de  precisar  los  fundamentos  de  su  decreto y práctica, así como la incidencia  favorable  a  los intereses que representa frente a las conclusiones judiciales,  y  aquí  se  advierte que si bien las pruebas que echa en falta el casacionista  fueron  negadas  ante  su  presentación  extemporánea,  no dedica espacio para  acreditar  su  trascendencia  que  arrojaría la emisión de un fallo diverso, y  que  en  consecuencia  se  impone  la nulidad procesal a fin incluir esos nuevos  elementos de convicción.   

Acerca  de  la  ausencia  de  un  peritaje  grafológico  que  determinara  la legitimidad de las  planillas   de   control   de  las  vehículos  en  la  empresa  transportadora,  el simple anuncio de su eventual  adulteración  no  basta para acreditar  su   incidencia   en   el   fallo,  máxime  que  sobre  el  punto  los   juzgadores   resaltaron  las declaraciones de cada uno de  los  despachadores  que  ratificaron sus anotaciones,  de   las   que  se  establece  la  ubicación   del  automotor  en  un  lugar  diferente al del accidente para el momento de su ocurrencia.   

También   se   denotaba   superfluo   el  reconocimiento  del  vehículo por parte de la ofendida y la testigo Flor Emilia  Mesa,  pues  aquella  dijo  no  recordar  inicialmente  el  número  interno del  automotor  y  no  haber  podido  avistar  al  conductor, en tanto que la segunda  indicó  que  sólo  se  detuvo  a  auxiliar  a  la herida  sin atender las  características  del  rodante  o identificar al chofer, máxime que también se  practicó  una  inspección  judicial al vehiculo en la cual se describieron sus  particularidades.   

Por  último  la  crítica del censor por la  falta  de  iniciativa  probatoria  de  los  funcionarios  judiciales,  porque no  concurrieron  al  lugar  de  los  hechos  para  determinar cómo pudo ocurrir el  accidente  o verificar si era cierto lo narrado por la víctima, no contiene una  explicación  metódica al respecto, la que no puede suponer la Sala debido a la  naturaleza rogada del recurso.   

En este orden, no precisa el demandante qué  dato  novedoso  y  desconocido  para el juzgador podían ofrecer las probanzas y  sobre  todo  su  importancia  para  despejar  las  dudas  que  recayeron  en  la  responsabilidad  del enjuiciado, por manera que sus argumentos no corresponden a  hipótesis  ciertas de violación de las garantías fundamentales de la víctima  como  para  que  la  Corte decida aprehender, en sede casacional, el estudio del  libelo.   

         

          Así  las cosas, dado que las falencias destacadas no pueden en modo  alguno  ser  enmendadas  por la Corte en virtud del principio de limitación que  rige  el  trámite  casacional,  se  impone  la  inadmisión  de  la  demanda de  conformidad   con   lo   dispuesto  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

Además  de  que no cumple el recurrente con  los  postulados  requeridos para que resulte viable admitir discrecionalmente el  estudio  del  recurso  de casación interpuesto, no observa la Sala  dentro  del  curso  procesal  o en el fallo que le dio culminación violación alguna de  los  derechos  fundamentales  o  garantías de los sujetos procesales, como para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa de  naturaleza    legal    que    le   asiste   a   esta   Corporación   sobre   el  particular.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR     la           demanda        de           casación      interpuesta      por      el   

apoderado  de la parte civil por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                           ALVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                              JULIO    ENRIQUE    SOCHA   SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                   JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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