24282(24-11-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24282  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 093.  

          Bogotá   D.C.,   noviembre  veinticuatro  (24)  de  dos  mil  cinco  (2005).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación   presentada   por   el   defensor   de   la   procesada  LIZ  MARYORI  PALACIO  DELGADO  contra  la  sentencia  anticipada   del Tribunal Superior de Medellín de fecha mayo 25  del  año  en  curso,  por cuyo medio confirmó la dictada por el Juzgado Noveno  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad, que la condenó como autora del delito  de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Con  ocasión  de  la  diligencia  de  allanamiento y registro   llevada  a  cabo  el 28 de enero del año que corre en la vivienda ubicada en la  calle  85  No.  42-28,  barrio  Manrique  de  la  ciudad  de Medellín, lugar de  residencia  de LIZ MARYORI PALACIO DELGADO,  por  parte  de personal de la Policía Metropolitana del Valle de  Aburrá,  fue  hallado  un  costal de fibra con 81 paquetes en bolsas plásticas  transparentes  contentivas  de  materia  vegetal,  que  resultó  positivo  para  marihuana,   con   un   peso   neto  de  39.366  gramos.       

          Lo  anterior sirvió de fundamento para que se decretara apertura de  instrucción,  en  cuyo  marco  se vinculó, mediante indagatoria a LIZ  MARYORI  PALACIO  DELGADO, a quien se  definió   situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva por el delito de tráfico de estupefacientes.   

          A  petición  escrita  de la procesada, en la cual expresó su deseo  de  acogerse a sentencia anticipada, se llevó a cabo el 11 de febrero siguiente  diligencia  de  formulación  de  cargos, en donde aceptó la imputación por el  delito  previsto  en  el  artículo  376  numeral  1°  del  estatuto sustantivo  penal.   

          El  proceso  fue  remitido  al  Juzgado Noveno Penal del Circuito de  Medellín,  despacho  que  profirió  sentencia anticipada el pasado 7 de marzo,  por   cuyo   medio  condenó  a  LIZ  MARYORI  PALACIO  DELGADO  a  las  penas principales de sesenta y cuatro  (64)  meses  de  prisión  y  multa por valor de 1.000 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  y  a  la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  pena  privativa  de la libertad, al  encontrarla  autora  penalmente responsable del delito de tráfico, fabricación  o   porte  de  estupefacientes  que  aceptara  previamente.   En  la  misma  decisión,  a  la  procesada no se le concedió la suspensión condicional de la  ejecución de la pena, ni la prisión domiciliaria.   

   

          En  contra del proveído anterior, el defensor de la sindicada   interpuso  recurso  de  apelación,  en el que dejó sentada su inconformidad en  relación  con la punibilidad y la negativa a conceder el sustitutivo de la pena  de  prisión  de la prisión domiciliaria a favor de su prohijada, sobre el cual  se  pronunció el Tribunal Superior de Medellín mediante providencia del pasado  25  de  mayo, confirmando la decisión impugnada “con  la  modificación  “de  que  la  pena  de multa será sólo de 666.66 salarios  mínimos   legales   mensuales   vigentes   a   la   fecha   de   comisión  del  punible”.   

Inconforme  con  la determinación de segunda  instancia,  el defensor interpuso recurso extraordinario de casación, que luego  sustentó  mediante  demanda,  sobre cuya admisibilidad formal se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

          Un  solo  cargo  se  formula  contra  el fallo anticipado de segundo  grado,  con  sustento en la causal primera de casación prevista en el artículo  207   de   la   Ley   600   de   2000,   por   violación   directa  de  la  ley  sustancial.   

          Para  el  actor  se  “vulneró  en forma  directa  el  artículo  6  y 10 del C.P:, por aplicación indebida del artículo  376   C.P.,   y   por  falta  de  aplicación  el  artículo  377”.   

          Señala,  a  continuación,  que  de acuerdo con la causal propuesta  respetará  los  hechos  tal y como fueron apreciados, y explica textualmente en  cuanto   al   sentido   de  la  violación  (punto  2)  que  ésta  “se  concreta en que la adecuación jurídica de la conducta no se  corresponde  con  el acontecer fáctico, de donde se sigue que a la procesada se  le  condenó  por  un delito  más  grave  y  que  aparejaba la imposición de una pena superior al delito que  correspondía con su conducta”.   

          En  el  aparte  referido  a  las  razones  en  que  funda  la causal  invocada,  comienza por aceptar que en tratándose de sentencia anticipada quien  se  acoge  a dicho tramite “renuncia a la posibilidad  de   controvertir   la   decisión   con  fundamento  en  su  manifestación  de  voluntad”;   sin embargo, a la par sostiene que  ello  no puede conducir a la violación de garantías fundamentales “como    pueden   ser   de   legalidad,   tipicidad”,  porque  de  nuestro  sistema, agrega, están desterradas posturas  rígidas  cuyo  sustento  es  la mera prevalencia de las formas y no del derecho  sustancial;   por  consiguiente,  cuando  se  transgrede  una norma de esta  última   naturaleza   “habrá  lugar  a  la  debida  corrección  bien  oficiosamente  dentro  de  los  controles  ejercidos  por  el  funcionario  judicial  o  bien mediante la interposición de los recursos que la  ley consagra”.   

          Acto  seguido, indica que de acuerdo con la prueba del expediente se  encuentra  acreditado  que  la droga incautada no era de su defendida sino de la  banda  “La  Terraza”, que ella simplemente la guardaba y no se dedicaba a su  comercialización  o  expendio,  por lo que su conducta se concretó a guardar o  almacenar,  de  manera  que la correcta adecuación típica recae en la conducta  de  “destinación  ilícita  de  muebles  e  inmuebles”,  sancionada  en  el  artículo 377 del estatuto represor.   

          En    el    capítulo    siguiente,    refiere    al    “control   sobre   el   acuerdo  y  la  violación  de  garantías  fundamentales”,  destacando  que  cuando  el  fiscal  efectúa   el   acuerdo   realiza  “una  evaluación  probatoria   que   es   propia   de   la  etapa  del  juzgamiento”, pero que esas valoraciones no vinculan al juez.   

         

De  modo que si el juez llegare a encontrar,  como  ocurre  en  este caso, que existe error sobre la adecuación típica de la  conducta  tiene  dos  posibilidades.  En primer lugar, rechazar el acuerdo,  en  cuyo caso no podrá dictar sentencia por el delito aceptado porque la prueba  señala  uno distinto, pero tampoco puede hacerlo por el delito cometido, porque  con  ello  se  violaría  la  congruencia  con  la acusación o, por otra parte,  según  concepto  de  esta Sala, puede variar la calificación para favorecer al  acusado.   

Con  fundamento  en  lo  expuesto, el censor  sostiene   que  ello  “me  sirve  para  afirmar  que  entonces  era procedente la condena por el delito de destinación ilícita, pues  de  cara  a  la sanción a imponer cabía una clara situación favorable para la  procesada”.   Esto,  agrega,  porque el control  del  juez  no es un acto de simple trámite, en donde baste con que el procesado  manifieste  que  acepta los cargos para inferir que se cumplieron sus garantías  fundamentales.   

De esa manera, solicita se case la sentencia  impugnada  para  que  se  decrete  la  nulidad  de  lo  actuado,  a partir de la  resolución  de  situación  jurídica  y  se ordene a la Fiscalía readecuar la  calificación jurídica.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Prima  facie  es  preciso  señalar,  en  cuanto atañe con el caso que concita la atención de la  Sala,  que  al  casacionista  no le asiste interés para impugnar la sentencia a  través  de  esta  forma  extraordinaria  de  impugnación  en  relación con el  aspecto  referido  y  que,  por  ende,  el cargo se debe desestimar de plano, en  atención  a  la  preceptiva  del  artículo 213 del estatuto procesal penal, al  señalar  que   “si el  demandante  carece  de  interés o la demanda no reúne  los  requisitos  formales  se  inadmitirá   y   se   devolverá   el  expediente  al  despacho  de  origen”  (subrayas fuera de texto).   

Para  proveer  en  el  sentido  indicado  es  necesario tener en cuenta las razones siguientes:   

Constituye  presupuesto  del  derecho  a  la  impugnación,  el interés jurídico del sujeto procesal que pretende, a través  del  ejercicio  de  los  recursos, la reparación de un desmedro causado con una  decisión  judicial,  por  manera  que  lo que se persigue es remover, mejorar o  atemperar  una  situación que resulta gravosa, criterio desde luego extensivo y  aplicable a la casación.   

La  jurisprudencia  de  la  Sala ha expuesto  reiteradamente,  de  modo  general,  que  la  no  interposición o sustentación  debida  del  recurso  de apelación respecto de la sentencia de primer grado, es  señal  de  conformidad del sujeto procesal con el contenido de tal providencia,  razón  por  la cual carecerá de interés jurídico para impugnar la de segunda  instancia  que  no  reforme  aquélla  en  perjuicio  de  la  situación  del no  recurrente,  quien  invoque a última hora un agravio, con el fin de legitimarse  en casación.   

En  otras  palabras,  si  cualquiera  de los  sujetos  procesales  se  abstiene de interponer o sustentar en tiempo el recurso  de  apelación  contra la sentencia de primera instancia, estando en condiciones  de  hacerlo,  se  ha  de  entender  que  se  muestra  conforme  con la decisión  proferida  y  el  ad  quem no  puede, por su iniciativa, entrar a examinar su situación.   

La  Corte  ha  precisado  que sólo se puede  prescindir    de    la     exigencia    señalada,    en   los   siguientes  casos:   

1.-             Cuando   aparezca   demostrado   que  arbitrariamente    se    le    impidió    el    ejercicio    del   recurso   de  instancia.   

2.-             Cuando   el  fallo  de  segundo  grado  modifique  su  situación  jurídica,  de  manera  negativa, desventajosa o más  gravosa.   

3.-            Cuando  se  trate de fallos consultables  que causen perjuicio.   

4.-     Cuando el sujeto  procesal  proponga  nulidad  por  la  vía extraordinaria, siempre que medie una  demanda  en forma, pues “la aceptación del contenido  material  del  fallo, revelada a través del silencio de la parte, sólo resulta  válida  si el procedimiento que lo sustenta es legítimo, y en la circunstancia  de   ser   la   casación  en  nuestro  medio,  fundamentalmente  un  juicio  de  validez”1   

.  

La falta de interés para recurrir, cuando se  ha  dejado  de  impugnar  la  sentencia de primera instancia, con las salvedades  planteadas,  se predica de todos los sujetos procesales, sin privilegio distinto  del que pueda surgir normativamente.   

A  partir  del  anterior  marco  conceptual  precisa  la  Sala  que  la  defensa no cumplió con la obligación de interponer  recurso  de  apelación contra el fallo de primer grado en relación con el tema  específico  que  ahora  plantea atinente al cambio de adecuación típica de la  conducta  (del  delito  de fabricación, trafico o porte de estupefacientes, por  el  que  fue  condenado  en  instancias,  al  de   destinación ilícita de  muebles   e  inmuebles),  circunstancia  que  evidentemente  lo  margina  de  la  posibilidad  de  efectuar  reproche  sobre  ese  aspecto  por  vía  del recurso  extraordinario de casación.   

En  efecto,  una  revisión  somera  de  los  argumentos  que  expuso  la  defensa  de la procesada en procura de sustentar el  recurso  de  apelación  que  interpuso contra el fallo de primer grado, permite  advertir  que  no  existe  la  necesaria  identidad  temática  para  tener como  satisfecho  el  presupuesto  del  interés  que  franquee  el  acceso  al  medio  extraordinario  de impugnación, pues en aquella oportunidad los puntos a que se  concretó  la  atención  del impugnante y, por ende, del Tribunal al resolverlo  en  uso  de  su competencia limitada, se relacionaron con la dosificación de la  pena,  pues  a  su  juicio  se debió aplicar la del inciso tercero, y no la del  primero,  del  artículo  376 del estatuto represor, lo que a su vez incidía en  la  concesión del sustitutivo de la prisión domiciliaria, aspecto que también  reclamó,  y  la  eventual  vulneración  de  una  garantía  fundamental,  cuya  sustentación  expresamente  se  reservó  y  que, por lo tanto, impidió que de  ella  se  ocupara  el ad-quem,  como  así  lo plasmó en el fallo impugnado, no sin antes precisar in  genere  que encontró el procedimiento  ajustado a los derechos fundamentales.   

Ha  dicho  la Sala que de conformidad con la  preceptiva  del  artículo  204  de  la  Ley  600  del  2000,  el Tribunal tiene  competencia  exclusiva  para  pronunciarse  sobre los aspectos impugnados por el  apelante  e  igualmente  respecto de aquellos inescindiblemente vinculados a los  mismos.   

Así  las  cosas,  como la inconformidad del  impugnante  en  casación  radica en un aspecto que no fue objeto del recurso de  apelación  que  el defensor instauró contra la sentencia de primer grado y por  lo   mismo  tampoco  objeto  de  pronunciamiento  en  la  sentencia  de  segunda  instancia,  es evidente su falta de interés jurídico para acudir en casación.   

Ahora,  es  claro,  además,  que  no  le es  permitido  alegar  en  su  favor la conjugación de una cualquiera de las cuatro  hipótesis  referidas  en  precedencia como excepción a la carga de impugnar la  sentencia  de  primer  grado  sobre  el  mismo  tópico  que es ahora objeto del  recurso  extraordinario  de  casación, en cuanto la de segundo grado confirmó,  en lo que fue objeto de impugnación, el fallo recurrido.   

Lo  anterior, porque si bien el casacionista  afirma  que  el  motivo  de  su  inconformidad  encaja  en  una  vulneración de  garantías  fundamentales que sustenta en la causal primera, lo que en principio  permitiría  el  acceso  al  medio extraordinario por constituirse en una de las  excepciones  vistas,  ello  no  deja  de ser más que una afirmación carente de  soporte  alguno,  hasta  el  punto  de  que  omite  el deber mínimo de señalar  específicamente  a cuál de las garantías refiere.  A ello se suma que su  propuesta  tampoco tiene esa connotación, pues se contrae simple y llanamente a  evidenciar  una supuesta violación de la ley sustancial fruto de considerar, de  acuerdo  con  su  parecer,  que  los  hechos probados se adecuan en una conducta  punible  diversa  a  aquella  por la que se condenó a su defendida, sin que por  ello   se   advierta,   y   como   se   reseñó,  tampoco  el  censor  así  lo  demuestra,  desconocimiento de garantías fundamentales.   

Otra  situación  que  permite  arribar a la  misma  conclusión  anterior  es  que,  así el censor se muestre persistente en  asentir  lo  contrario,  su  planteamiento  no  compagina  con  los  motivos que  facultan  a  la  defensa  para  impugnar  la sentencia anticipada, a voces de lo  dispuesto  en  el  inciso  noveno del artículo 40 del estatuto procesal penal y  que,  por  virtud del parágrafo de tal preceptiva, se extienden para el recurso  extraordinario   de   casación   “respecto  de  la  dosificación  de  la  pena, de los mecanismos sustitutivos de la pena privativa  de   la  libertad  y  la  extinción  del  dominio  sobre  bienes”  y en cuanto, se insiste, tampoco comporta violación de garantías  fundamentales.   

Como el requisito del interés para recurrir  es  un  presupuesto  para  acceder  al  medio extraordinario de impugnación, de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  referido  artículo  213  del  estatuto  procesal   penal,  la  decisión  que  en  derecho  corresponde adoptar, de  acuerdo  con  la  misma  preceptiva, es la de inadmitir la demanda y devolver el  expediente  al despacho de origen. Además, por cuanto no se observa que se haya  incurrido  en una vulneración de garantías fundamentales que imponga a la Sala  la necesidad de casarlo oficiosamente.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  el  defensor  de  LIZ MARYORI PALACIO  DELGADO,  por  las  razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                      

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS             YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ (IMPEDIDO)   

Impedido  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1 Entre  otros,  auto  feb.11/99, rad. 9998, M. P. Fernando E. Arboleda Ripoll; casación  febrero  24/2000,  rad.  10.809,  M.  P. Jorge Aníbal Gómez Gallego; casación  feb.13/2001, rad. 14.370, M. P. Nilson Pinilla Pinilla.     

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