24026(20-10-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24026  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado  acta  número  80   

Bogotá  D.C.,  veinte  de octubre de dos mil  cinco.   

Resuelve  la  Corte  el  recurso de casación  propuesto     por     la     defensa     de    Nelly  Marulanda  contra  la  sentencia  de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Pereira el 15 de  abril  de  2005, mediante la cual la condenó como autora del delito de venta de  estupefacientes  descrito  en  el  artículo  376  del  código  penal a la pena  principal  de  32  meses de prisión y le negó la suspensión condicional de la  pena.   

HECHOS  

Así  pueden resumirse los hechos juzgados en  las instancias:   

Cinco  minutos  antes de las seis de la tarde  del  15  de febrero del presente año, la policía fue informada que en la calle  37  con  carrera  4  de la ciudad de Pereira, una mujer que vestía falda blanca  estaba dedicada a expender cantidades menores de estupefacientes.   

La  policía  atendiendo  esa  información  acudió  al  lugar, sorprendiendo a la mujer, no en la actividad a que se decía  se  dedicaba,  pero  sí  portando  una  bolsa que contenía 10 papeletas de una  sustancia  que  al  ser identificada y pesada arrojó un peso neto de dos gramos  de   sustancia   a   base   de   cocaína   y   que   dejó   caer   cuando  fue  retenida.   

ACTUACION PROCESAL  

          El  16 de febrero del presente año se llevó a cabo la audiencia de  control  de legalidad de la aprehensión, que a partir de la evidencia física y  los  elementos materiales de prueba, el Juez de control de garantías consideró  ajustada a la legalidad.   

          De  igual  manera,  ante el mismo Juez, la fiscalía le imputó a la  procesada  la comisión del delito de porte  de estupefacientes, descrito en el artículo 376 del código penal  (modificado  por  el  artículo  14  de la ley 890 de 2004), sancionable con una  pena de entre 5 años y 4 meses a 9 años de prisión.   

          La  sindicada,  asesorada por su defensora, admitió los cargos, que  el  Juez de control de garantías, después de verificar que correspondía a una  manifestación libre y voluntaria de la imputada, aceptó.   

          En  seguida,  el  fiscal  le  solicitó al Juez la imposición de la  medida   de   aseguramiento  de  detención  preventiva  en  establecimiento  de  reclusión,   al  considerar  que  los  fines  de  la  medida  se  satisfacían,  tratándose   de  un  delito  de  “venta” de estupefacientes.   

          El  Juez  estimó  que  la medida de aseguramiento era improcedente,  toda  vez  que  el fiscal realizó una imputación concreta por la comisión del  delito    de    porte   de  estupefacientes  en  cantidades menores del alcaloide – que la procesada aceptó  –  y  que  dicho  funcionario  no actuaba con lealtad al variar la calificación  jurídica   de   la   conducta   por  la  de  expendio  de dicha sustancia.   

El  Juez,  en  consecuencia,  analizó  las  finalidades  de  la medida desde el punto de vista del porte de estupefacientes,  que  fue  la  conducta  imputada  y  aceptada,  y  concluyó  que  la  medida de  aseguramiento  demandada  por  la  fiscalía  resultaba innecesaria para el caso  concreto.   

          En  seguida,  el  fiscal  elevó  ante  el  Juez  de conocimiento el  escrito  de acusación, al cual incorporó la audiencia de imputación en la que  Nelly   Marulanda  aceptó  cargos por el delito de porte de estupefacientes ya indicado.   

          El  asunto  le  correspondió conocerlo al Juzgado primero penal del  circuito  de  Pereira, autoridad que el 28 de marzo de 2005 convocó a audiencia  para  lectura  del  fallo  proferido  por  él,  mediante  el  cual  absolvió a  Nelly  Marulanda del cargo de  porte  de  estupefacientes  imputado  por  la  fiscalía  y  voluntariamente  aceptado  por  la ciudadana en  mención.   

          Consideró  el  Juzgador que tratándose de una conducta de porte de  estupefacientes,  el  mínimo  exceso  sobre la dosis personal autorizada por la  ley  30  de  1986,  carece  de  antijuridicidad  material, lo que implica que la  condena por ese comportamiento resulta improcedente.   

          La  Fiscalía  apeló  la  decisión,  que el Tribunal revocó en su  integridad,   para   en  su  lugar  condenar  a  Nelly  Marulanda  por el delito de venta de estupefacientes a  la  pena  principal  de  32  meses  de  prisión,  sin  derecho a la suspensión  condicional de la pena.   

          La  defensa  interpuso  oportunamente,  contra  esta  decisión,  el  recurso  extraordinario  de casación y presentó la correspondiente demanda que  fue  admitida  por  la  Sala, dando origen a que se convocará la audiencia para  sustentación del recurso.   

DEMANDA DE CASACION  

          Con  fundamento  en  el  artículo  181 del código de procedimiento  penal    tres    cargos   se   formulan   contra   la   sentencia   de   segunda  instancia.   

          En    el   primer   cargo,   con  apoyo  en  la  causal  segunda  de  casación,  se  acusa  a la  sentencia  por  afectar  sustancialmente  la  estructura  del proceso (numeral 2  artículo  381  de la ley 906 de 2004), al haber condenado a la procesada por el  delito    de    venta   de  estupefacientes,    siendo    que    ella    aceptó    el    de    porte,   que  según  la  recurrente,  es  esencialmente distinto tanto ontológica como valorativamente.   

          De  ese  modo –  afirma  la demandante –, el  Tribunal  infringió  el Principio de congruencia consagrado en el artículo 488  del  código  de procedimiento penal, según el cual “el acusado no podrá ser  declarado  culpable  por  hechos que no consten en la acusación, ni por delitos  por los cuales no se ha solicitado condena.”   

          En    el    segundo    cargo,  con  fundamento en la causal primera, acusa a la sentencia de ser  ilegal  por  falta  de  aplicación de una norma de derecho sustancial llamada a  regular el caso (numeral 1 idem).   

          Aduce,  en  ese  sentido,  que  el  Tribunal  al dictar la sentencia  desconoció  el  alcance  del  artículo 488 del código de procedimiento penal,  que  le  impedía condenar a la sindicada por una conducta distinta de la que le  fue imputada y libremente aceptada.   

         

En  el tercer cargo  acude   a   la   causal   primera   para  denunciar  la ilegalidad de la sentencia  por  desconocer  el  alcance  de  los  artículos  9  y 11 del código penal, al  considerar  que  el  porte de estupefacientes en cantidades mínimas es inocuo y  por  tanto  carece de lesividad. Concluye, entonces, que no se puede afirmar que  la  conducta  que  le  fue  imputada a la procesada sea típica, antijurídica y  culpable, en los términos del artículo 9 del código penal.   

AUDIENCIA DE SUSTENTACION  

         

          El  defensor reafirmó los postulados esenciales de la demanda, hizo  énfasis  en  los  cargos  formulados  y  postuló que la incongruencia entre la  acusación y la sentencia conducía a la anulación del fallo.   

          La  Fiscalía,  por  su  parte,  considera  que  la demanda no puede  prosperar y le solicita a la Corte que así lo declare.   

          Analiza  con  ese propósito los dos primeros cargos, formulados con  apoyo  en  las  causales  primera  y  segunda de casación, y concluye que si el  Tribunal      respetó      sustancialmente      los     hechos     –  tal  como  fueron  informados por la  policía  –, y los adecuó  al  tipo  que  define  la  venta de drogas como un injusto merecedor de pena, no  puede haber contradicción entre la imputación y la sentencia.   

          En  lo  que  respeta  a  la  supuesta  infracción  de las normas de  derecho  sustancial  que  definen la estructura de la conducta y el principio de  antijuridicdad   (artículos  9  y  11  del  código  penal),   la   fiscalía  considera que el cargo, tal como fue formulado es inaceptable.   

          En  efecto,  desde  su  punto  de vista, la ley presume en términos  absolutos,   en  casos  de  porte,  venta  o  tráfico  de  estupefacientes,  la  configuración  de un peligro presunto para el bien jurídico, que como tal debe  ser  sancionado  en  los  términos  del artículo 376 del código penal por los  efectos    nocivos    que   cualquiera   de   esas   conductas   causa   en   la  sociedad.   

          La  Procuradora tercera delgada en lo penal, le solicitó a la Corte  no  casar  la  sentencia  recurrida.  Tras  analizar  los  dos  primeros cargos,  consideró  que  la  calificación  jurídica dada por el Tribunal a la conducta  respetó  el  principio  de  congruencia al tener en cuenta el supuesto fáctico  esencial  que  constituye  el  objeto  del  proceso.  Respecto del tercer cargo,  estimo  que  el problema de la lesividad de la conducta es un tema que no admite  discusión  y  si  tal  era  el interés de la defensa, ha debido no aceptar los  cargos y cuestionarlos en el juicio oral.   

          En  extenso  estudia  los  dos  primeros  cargos  de  la  demanda, y  solicita  de  la  Corte  que expresamente analice el interés para recurrir, del  cual a su juicio carece la demandante.   

          Con  el  fin  de  demostrar esta última afirmación, señala que si  bien  no  existe un referente explícito al instituto de la sentencia anticipada  de  que  trata la ley 600 de 2000, lo cierto es que la ley 906 de 2004 establece  una   nueva   modalidad   de   aceptación   de   la   imputación  –  que  el  Juez  debe  verificar si es  libre      y      espontánea      –,   en  la  cual lo allanado es suficiente como acusación y en  la que la retractación resulta inadmisible.   

          En  ese orden, partiendo de estos últimos supuestos y pese a que el  actual   código  de  procedimiento  penal  no  limitó  de  manera  expresa  la  impugnación,  como  sí  lo  hizo  la  ley  600 de 2000, debe entenderse por la  naturaleza  de  la  institución  que los recursos no pueden ser utilizados para  controvertir  la responsabilidad, mas si para cuestionar la validez del proceso,  siempre  y cuando no se haga con el fin de retractarse.            

         

          En  lo que respecta a los dos primeros cargos de la demanda, señala  que  tratándose de un aspecto ligado con la imputación y su congruencia con la  sentencia,  debe  resaltarse una amplia evolución jurisprudencial que marcha de  la  mano  de  tantos  sistemas  como modelos de proceso han sido establecidos en  nuestro  medio,  y  en  donde  la  discusión  versa acerca de si debe primar la  congruencia    afiliada   a   una   imputación   fáctica,   o   jurídica,   o  mixta.   

          Con  todo,  en  su  opinión,  la  congruencia debe respetar: (i) el  supuesto  fáctico  esencial  que  constituye  el  objeto  del  proceso,  que es  intangible  y  no  puede  variarse,  y  los accesorios o accidentales, y (ii) la  prohibición  de  condenar por delitos diferentes a los solicitados (que  es  una  atadura  propia  del sistema anglosajón).   

          El   hecho  –  continúa  –  de que  la  necesaria  vinculación  entre el sistema penal sustancial y el instrumental  imponga  que  el  objeto de investigación lo constituyan hechos definidos en la  ley  penal, no puede significar que la tipificación en los inicios mismos de la  investigación  penal  tenga  que  abarcar  de manera precisa las circunstancias  accidentales, y aún el verbo rector del tipo penal.   

          En  ese  orden,  para  el  Ministerio  Público  queda  claro que el  Tribunal  recogió  en  su decisión lo esencial del supuesto de hecho en que se  fundó  la  imputación  formulada por la fiscalía (un  ciudadano  informó que una señora se dedicaba a expender droga y fue capturada  portando  el  elemento,  como  lo manifestó el agente de policía en su informe  presentado   en   la   audiencia   de   legalización   de  captura)  y  que  la  procesada  aceptó  libremente,  razón por la cual la  simetría   entre   acusación  y  sentencia  es,  desde  ese  punto  de  vista,  impecable.   

          Considera,  en  consecuencia,  que los dos primeros cargos no pueden  prosperar.   

          Así  mismo,  expresa  que no puede aceptarse el tercer cargo que se  formula  por  falta  de  aplicación del artículo 11 del código penal, pues la  aceptación  de  la  imputación  por parte de la procesada le impide cuestionar  los   elementos   estructurales   del  tipo  penal.  De  aceptar  este  tipo  de  controversias  sería  tanto  como  admitir la posibilidad de retractarse de los  cargos que han sido aceptados libremente.   

          Por  lo  tanto, carece la demandante de interés en este aspecto, la  censura no puede prosperar.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

    

1. Cuestiones previas     

1.1. El recurso de casación en la ley 906 de  2004.   

          Desde  1991,  por  fuerza de la normativización de la Constitución  que   antes   se   consideraba   como   un   tema  esencialmente  político,  la  interpretación  del derecho dejó de ser un problema de mera hermenéutica o de  lógica  de  buena  voluntad,  razón  por la cual hoy en día la ley solo puede  tener  sentido  en  la  medida  en  que  sus  fórmulas  realicen  los valores y  principios  del  texto  Superior  y  los tratados internacionales sobre derechos  humanos que conforman el bloque de constitucionalidad.   

          Desde   ese   punto   de  vista,  los  principios,  las  categorías  dogmáticas  y  los  sistemas  procesales  no  pueden  considerarse  a partir de  interpretaciones  que  aíslen  las  normas  que  los  definen  para rescatar su  sentido  literal,  sino  desde  sus  fines  constitucionales,  de  los cuales se  destaca  el  de  la  construcción  de  un  orden justo  (Preámbulo        Constitucional).1   

          Pues   bien,  desde  esa  perspectiva,  del  programa  penal  de  la  Constitución  se puede concluir que el proceso penal se concibe como un método  dialéctico  que  busca  ante  todo  el respecto de las garantías y derechos de  quienes  en  él  intervienen,  la  aproximación  a  la  verdad histórica y la  aplicación   del   derecho   sustancial  (bloque  de  constitucionalidad).   

         En  ese  orden, el recurso de casación debe ser consecuente con esa  axiología.  No por otra razón, de acuerdo con ese sentido, el artículo 180 de  la   ley  906  de  2004,  define  el  recurso  extraordinario  como  un  control  constitucional  y  legal  que busca la efectividad del derecho material, el  respeto  de  las  garantías debidas a los intervinientes, la reparación de los  agravios inferidos a éstos y la unificación de la jurisprudencia.   

          Véase  que  la  mayoría  de  estos  propósitos son los mismos del  proceso  penal,  como no podía ser de otra manera, y no de otra modo se explica  que  las  causales  de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos fines.  Así,  la  falta  de  aplicación,  la interpretación errónea o la aplicación  indebida  de  una  norma  del  bloque  de  constitucionalidad, se vincula con la  correcta  aplicación  del  derecho sustancial, que es supremo fin del proceso y  del recurso en sí mismo.   

El  desconocimiento del debido proceso por  afectación  sustancial  de  su  estructura  o  de  la  garantías debidas a las  partes,  es  simétrico  con  la  misma  idea del proceso penal; y el manifiesto  desconocimiento  de las reglas de producción y apreciación de la prueba con el  método   de   aproximación   a   la   verdad.   2   

          Por  todo  lo  anterior,  el  recurso extraordinario de casación no  puede  ser  interpretado  sólo  desde,  por  y para las causales, sino también  desde  sus  fines,  con  lo cual adquiere una axiología mayor vinculada con los  propósitos  del  proceso  penal  y  con  el  modelo  de Estado en el que él se  inscribe. 3   

En otros términos, las causales determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar  la ilegalidad o inconstitucionalidad del  fallo  y  de conducir el debate en sede extraordinaria, pero ellas no son un fin  en  sí mismo para la viabilidad del recurso, pues esta debe determinarse por la  manifiesta  configuración  de  uno  o  varios  de  los  motivos  normativamente  establecidos   para   lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión  impugnada.   

   

          Claro  que  por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el  recurso  haya sido morigerado en extremo, al punto de quedar librado a la simple  voluntad  de  las  partes  sin  referencia  a ningún parámetro legal, y que se  convierta  en  una  fórmula  abierta  para  controvertir sin mas las decisiones  judiciales  según  el  albedrío del casacionista, lo cual repugna a la noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite y la  prosperidad  de  la  pretensión  queda  condicionada  a  la  demostración  del  interés  en el censor, la correcta selección de las causales, la coherencia de  los  cargos  que  a  su  amparo  pretenda  aducir,  y  la debida fundamentación  fáctica  y  jurídica de éstos, además de la necesidad de acreditar cómo con  su estudio se cumplirán uno o varios de los fines de la casación.   

          Así  se  explica  por  qué  aún  frente  a  demandas  formalmente  correctas,  la  Corte  está  facultada para inadmitirlas al trámite casacional  cuando  de su contenido se advierta que no se precisa del fallo para cumplir las  finalidades  del  recurso;  y al contrario, pese a que algunas demandas resulten  formalmente  incorrectas,  la  Corte  puede  advertir  la  necesidad  de superar  defectos  formales  para  decidir de fondo desde la perspectiva de los fines del  instituto  (artículo 184 del código de procedimiento  penal),  según la facultad que le ha sido entregada a  la  Corte como Tribunal de casación para realizar la selección de las demandas  que ha de estudiar de conformidad con la ley.   

En  conclusión,  de lo expuesto se advierte  que  la  casación  no  es  tercera  instancia, sino una sede única a la que se  accede  a  través  de  un  recurso  extraordinario 4    y   como   tal   procede,  (i) contra sentencias penales  de  segunda  instancia  proferidas  por  los  Tribunales  superiores de Distrito  Judicial,  en  las  que  se  resuelve de fondo el proceso, sea anticipadamente o  como  culminación  del  juicio  oral, (ii)  por  causales  taxativamente señaladas en la ley, que condicionan  al  demandante  y  limitan  el  objeto  de  estudio  que le corresponde hacer al  Tribunal   de  casación,  salvo  cuando  se  trate  de  graves  infracciones  a  garantías  fundamentales que la Corte advierta y esté en el deber de restaurar  como  medio  para  lograr  los fines del recurso, (iii)  sin  consideración al quantum punitivo del delito por  el  cual  se  procede,  con  lo  cual  se  termina  con  la distinción entre la  casación  común y discrecional, a que alude la ley 600 de 2000, y (iv)  mediante la presentación oportuna de  la  demanda  que  satisfaga los requisitos legales de admisibilidad e indique la  necesidad de cumplir uno o mas de los fines del instituto.   

         1.2.  El interés  para recurrir   

El  problema  a  resolver es el siguiente: ¿  quien  se  allana  libre  y  voluntariamente  a los cargos que le son imputados,  puede  recurrir en casación ? De ser esto posible, ¿ sobre cuáles temas puede  propiciar el debate en sede extraordinaria ?   

Con miras a resolver esos interrogantes estima  la  Corte  necesario  establecer  primero,  la naturaleza del allanamiento a los  cargos  y  las  facultades  del  juez  frente  a ese tema, la retractación y el  principio de congruencia.   

1.2.1.    La    aceptación    de    los  cargos.   

Es de la esencia del proceso penal acusatorio  que  un  juez  imparcial  decida  en  un  juicio  público  con  inmediación  y  controversia  probatoria  acerca  de  la  responsabilidad  del  procesado, en el  contexto  de  un  sistema  que  da  cabida,  de  una parte, a la aplicación del  novísimo  principio de oportunidad, y de otra, a trámites que permiten decidir  anticipadamente  sobre  el  objeto  del  proceso  sin controversia probatoria ni  juicio.   

La  aceptación de cargos es precisamente una  de  las  modalidades  de  terminación  abreviada del proceso, que obedece a una  política  criminal cifrada en el objetivo de lograr eficacia y eficiencia en la  administración  de  justicia  mediante  el  consenso de los actores del proceso  penal,  con  miras  a  que  el  imputado  resulte beneficiado con una sustancial  rebaja  en  la  pena  que  habría  de imponérsele si el fallo se profiere como  culminación  del  juicio  oral,  de  una parte, y de otra, que el Estado ahorre  esfuerzos y recursos en su investigación y juzgamiento.   

En tal actuación y en el marco del principio  de  lealtad  que las partes deben acatar, por surgir la aceptación de cargos de  un  acto  unilateral  del  procesado,  que  decide allanarse a los que le fueron  formulados  en  la  audiencia  imputación  con  el  fin  de  obtener una rebaja  significativa     en     el    quantum    de    la    pena     –como  ocurre  en este caso–,  no  hay  lugar  a  controvertir con  posterioridad  a  la  aceptación  del  allanamiento  por  parte  del  Juez,  la  lesividad  del  comportamiento,  o  a  aducir  causales  de  justificación o de  inculpabilidad.   

En  otras  palabras,  luego de que el Juez de  control  de  garantías  acepta el allanamiento por encontrar que es voluntario,  libre  y  espontáneo, no es  posible  retractarse  de  lo  que  se ha admitido y el Juez de conocimiento debe  proceder  a señalar fecha y hora para dictar sentencia e individualizar la pena  (artículos   131   y   294   de   la   ley  906  de  2004).   En  consecuencia,  es  incompatible  con  el  principio  de  lealtad,  toda  impugnación  que busque deshacer los efectos del  acuerdo o la aceptación de la responsabilidad.   

Por lo mismo, y es una primera conclusión,  la    demandante    carece  de   interés   para   controvertir   en   sede   de  casación  (y  desde  luego  también    en    las    instancias)    aspectos      relacionados      con      el     injusto     y     su  responsabilidad.   En   consecuencia,   la  Corte  se  abstendrá   de   considerar,   por   esas   razones,  el  tercer  cargo  de  la  demanda.   

Ahora  bien,  si la aceptación de los cargos  corresponde  a  un  acto  libre,  voluntario  y espontáneo del imputado, que se  produce  dentro  del  respeto  a sus derechos fundamentales y que como tal suple  toda  actividad  probatoria  que  permite  concluir  más  allá  de  toda  duda  razonable  que  el procesado es responsable de la conducta, el Juez no  tiene  otra  opción  que  dictar sentencia siendo fiel al marco  fáctico   y   jurídico  fijado  en  la  audiencia  de  imputación.   

De  ello se sigue una segunda conclusión: el  procesado  tiene facultad para discutir en apelación y posteriormente alegar en  casación  la  vulneración  de  sus  garantías fundamentales, el quantum de la  pena  y  los  aspectos  operacionales  de la misma, aspecto éste último que le  está  vedado  controvertir a quien precauerda con la fiscalía los términos de  su  responsabilidad  y  el quantum de la pena, siempre y cuando el Juez, como le  corresponde,   los   haya  respetado  (inciso  4  del  artículo 351 ley 906 de 2004).   

1.2.2. El principio de congruencia.   

Tal  cual lo destacó la Procuradora Delegada  para  la  Casación  Penal,  tres  sistemas  se  han diseñado para delimitar el  principio de congruencia: el fáctico, el jurídico y el mixto.   

La  Corte no ha dado tregua para encontrar en  el  principio  de  congruencia  la  garantía  del  derecho  a  la  defensa y la  condición  de  regla  estructural  del  proceso.  A  este  respecto, acerca del  núcleo del instituto dijo lo siguiente:   

“La   concordancia  entre  sentencia  y  acusación,  cualquiera  sea  el  acto  en  el  cual  se  halle  contenida ésta  (resolución,  formulación de cargos para sentencia anticipada, o variación de  la  calificación  provisional  durante el juzgamiento), constituye, de un lado,  base  esencial  del  debido  proceso, en cuanto se erige en el marco conceptual,  fáctico  y  jurídico,  de  la  pretensión  punitiva  del  estado  y, de otro,  garantía  del  derecho  a  la  defensa del procesado, en cuanto que a partir de  ella  puede  desplegar  los mecanismos de oposición que considere pertinentes y  porque,  además, sabe de antemano que, en el peor de los casos, no sufrirá una  condena  por  aspectos  que  no  hayan  sido contemplados allí.” 5   

          Esta  tesis, que realza la congruencia fáctica y jurídica entre la  acusación  y  la  sentencia, evolucionaría hasta postular que la acusación no  podía  dejar  de  considerar  fáctica  y  jurídicamente las circunstancias de  agravación  que  definen la conducta, sean objetivas o subjetivas, genéricas o  específicas,  valorativas  o no valorativas, de manera que no quede duda alguna  de   su   atribución,  como  garantía  de  un  adecuado  derecho  de  defensa.   

En  efecto,  en  la  misma providencia que se  viene de citar se dijo:   

“Esta  última doctrina, que matizaba una  que  antecedía,  según  la  cual  no  era  necesario  que  las  circunstancias  genéricas  de  agravación  objetivas o no valorativas estuvieran especificadas  en  la  acusación  para  que  pudieran deducirse en la sentencia, la mantuvo la  Corte  hasta  el  fallo  del  23 de septiembre de 2003, cuando, con ponencia del  Magistrado  Herman  Galán  Castellanos  (radicación 16.320), concluyó que las  circunstancias  de  agravación  deben estar en la acusación de modo fáctico y  jurídico.”   

Aun   cuando  la  Comisión  Constitucional  Redactora  del  código  no dejó de ocultar su inclinación por una imputación  fáctica,6  no  debe  perderse  de  vista  que  la  íntima conexión entre el  derecho  penal  sustancial  y  el  instrumental,  permite afirmar que éste solo  puede  ocuparse  de  la  investigación de conductas previamente definidas en la  ley,  razón  por  la  cual  la  imputación  jurídica resulta siendo esencial,  máxime  tratándose  de  la  aceptación  de cargos o de formas de terminación  abreviada del proceso.   

Con  ello,  por  lo  demás,  se  garantiza  adecuadamente  el  derecho  de  defensa,  el  conocimiento  de los hechos que se  atribuyen  y  sus  correspondientes  consecuencias  jurídicas, y se permite que  debido  a  ese  conocimiento,  libre  y  voluntariamente pueda el imputado optar  entre  aceptar  los cargos con miras a lograr una sustancial rebaja de la pena o  continuar  el  juicio  para  discutir los hechos o su responsabilidad, allegando  pruebas   en   su   favor   o   controvirtiendo   las   que   se  aducen  en  su  contra.   

Y bien:  

El artículo 488 de la ley 906 de 2004, que  define  el  principio  de  congruencia,  dispone que “el acusado no podrá ser  declarado  culpable  por  hechos que no consten en la acusación, ni por delitos  por los cuales no se ha solicitado condena.”   

Esta     distinción     (hechos  por delitos) no corresponde a una  mera  diferenciación  lingüística  para  brindarle  coherencia  semántica al  texto,  sino  una  referencia  explícita  a la imperiosa urgencia de guardar la  congruencia  jurídica, pues son hechos jurídicamente relevantes los que se han  de  consignar  en  la  decisión acusatoria (artículo  337  del  código  de procedimiento penal), y que luego  en   la   exposición   oral   se  deberán  exponer  en  forma  circunstanciada  (artículo        442        idem).   

Diríase  incluso que en un proceso con todas  sus  etapas,  con  controversia probatoria y juicio oral, las exigencias serían  menores,  pues la narración de los hechos jurídicamente relevantes consignados  en  el  escrito  de  acusación  pueden variar y complementarse en la alegación  final  en  la  cual  se  debe  presentar  de  manera circunstanciada la conducta  (artículo  443  de  la  ley 906 de 2004),  mas no así en los procesos abreviados  en  donde  la  conducta  debe  tipificarse  con  la mayor precisión dado que se  renuncia  al  derecho  a no autoincriminarse y a tener un juicio oral y público  (artículo 350 numeral 2 ley 906 de 2004).   

En  ese orden, puede afirmarse que en materia  de  terminaciones  abreviadas  del  proceso, no es suficiente con la imputación  fáctica,  pues  al aceptar el procesado la responsabilidad debe quedar en claro  cual  es  jurídicamente  la conducta por la que se procede, no solo por respeto  al  principio de lealtad que se materializa en el principio de congruencia, sino  porque  si  se  condena  al  sindicado por una conducta punible diferente, se le  vulnera  el  derecho  constitucional a la no autoincriminación al cual renuncia  (artículo     33     de     la     Constitución  Política).   

Lo anterior significa que no por realizarse la  audiencia  de  imputación,  por  lo general coetáneamente con la de control de  legalidad  de la captura, la fiscalía resulte exonerada de realizar la correcta  adecuación  de la conducta, máxime tratándose de comportamientos con perfiles  y  con consecuencias diversas, aún sí corresponden a diferentes modalidades de  riesgo  o  lesión  para el bien jurídico que se tratan en un mismo texto legal  con  consecuencias  similares en relación con la pena considerada en abstracto,  pero   cuya   forma   de  realización  y  la  lesividad  que  expresan  inciden  dramáticamente en los aspectos operacionales de la pena.   

Si así es, la tensión entre la eficacia que  el  modelo persigue y las garantías tiene que resolverse a favor de éstas. Por  eso  en éste caso le asiste interés a la recurrente para controvertir el fallo  en  sede  extraordinaria,  no  desde  luego  para  imponer una idea afín con la  retractación   de   los   cargos   aceptados,   sino  para  denunciar  en  sede  extraordinaria   la  simetría  entre  la  sentencia  y  los  cargos  libremente  aceptados.   

    

1. La demanda     

Explicado  lo  anterior  la Sala abordará el  estudio  de  los  dos  primeros  cargos  de  manera  conjunta  pues  en realidad  corresponden  a  uno  solo  y se abstendrá, como ya se expresó, de estudiar el  tercero  por  carencia  de  interés,  aún  cuando por sus efectos tendría una  mayor cobertura.   

Pues bien:  

Los  dos  cargos  corresponden  a  los mismos  supuestos  En  efecto,  es  de  la  esencia del debido proceso el respeto por el  principio  de  congruencia,  según  el  cual  el acusado no puede ser declarado  culpable de hechos que no consten en la acusación.   

Aun cuando el proceso en donde el imputado se  allana  a los cargos no tiene las etapas ni fases del juicio normal (artículo  336 de la ley 906 de 2004), lo  cierto  de  ello  es  que  la  imputación  que  da  origen al allanamiento debe  contener   una  “relación  clara  y  sucinta  de  los  hechos  jurídicamente  relevantes”   (artículo   288   idem),  en  el  marco de una actuación que es suficiente como acusación  (artículo  293)  y  que se  lleva  al  juicio  como  parte  del escrito de acusación junto con la evidencia  física  (artículo 351), tal  y  como se destacó con anterioridad, pero siempre, tratándose de terminaciones  anticipadas,  de manera tal que no quede duda de la conducta que se imputa y que  reclama  con  ese  fin una adecuación típica específica, según los términos  del artículo 350 del estatuto procesal.   

Tal concepción se articula con la idea de que  la  imputación,  como ya se dijo, y como lo impone el sistema penal Colombiano,  y   lo   ha  expresado  la  Corte,  no  puede  ser  solo  fáctica  7  –  no  por  razón   de  una  construcción  histórica  ligada  a  un  específico  sistema  procesal,  sino porque como entre otras cosas lo exige el nuevo código procesal  -,  desde  la  misma  formulación  de  la imputación, el fiscal debe hacer una  narración  clara  y  sucinta  de  los  hechos jurídicamente relevantes, lo que  implica   valorar   desde   la   perspectiva   jurídica   los   hechos  que  se  imputan.   

En  ese  orden, no se ofrece coherente con el  modelo  acusatorio,   imputarle  jurídicamente a la sindicada la comisión  de  un  delito  de  porte, que el de venta de estupefacientes, porque aun cuando  los  distintos supuestos comportamientos aparecen recogidos por el artículo 376  del  código  penal  y  los  sanciona  con  la  misma  pena,  lo  cierto  es que  corresponden  a  diversos  modalidades  de ataque del bien jurídico, tanto así  que  cuando  el  porte  excede  en una proporción insignificante puede llegar a  carecer  de  ofensividad  (artículo  11  del código  penal).8   

A  pesar  de  que  el  Fiscal le imputó a la  procesada  la  comisión  del  delito de porte de estupefacientes y que el mismo  Juez  de  control  de  garantías  consideró  desleal  que  luego solicitara la  imposición  de  medida  de aseguramiento por el de venta de estupefacientes, el  Tribunal  asumió  que ésta era la modalidad que correspondía al núcleo de la  imputación.  Así  lo  expresó  en  la  lectura  del  fallo  en los siguientes  términos:   

“De  ahí  que resulte irrelevante que la  droga  incautada  correspondiera  a  1,  1.5,  2  o  cualquiera otra cantidad de  sustancia  a  base  de cocaína, porque llevándose para el expendio, en ningún  caso  será  tenida  en cuenta como dosis para uso personal, sino como delito, y  el   predicado   así   no  constituye  la  imposición  de  tesis  propias  del  peligrosismo,   mencionado   por   la  Señora  defensora   el  agente  del  Ministerio  Público,  sino  de  una  interpretación  coherente  de  las normas  previstas  por  el legislador en el Título IV, capítulos I, II y III del libro  I del código penal.”   

Si bien la Sala ha estimado que “no existe  incongruencia  cuando  imputada  la  comisión  de una figura típica concreta y  determinada  en  la  acusación,  se  condena  por  la  misma aunque sea otra la  modalidad  de  afectación  del bien jurídico, de entre las varias previstas de  manera  alternativa  en  la  disposición  penal”9,  es  necesario  ajustar  ese  concepto  cuando,  como  en  este  caso,  la incongruencia entre los cargos y la  sentencia  si  bien  no  desdice  de  la  respuesta punitiva en cuanto a la pena  principal,  sí  afecta  aspectos inescindibles, tales como los operacionales de  la  misma,  pues es distinto el desvalor del injusto de porte que el de tráfico  de  sustancias  estupefacientes.  Son  ontológica y valorativamente diversos, y  por  ello  para el Juez se impone el deber de efectuar una ponderación teniendo  en  cuenta las circunstancias concretas en que el hecho tuvo realización, y los  valores,   principios   y  derechos  constitucionales  en  conflicto.   

Entonces,  si  de  respetar  las  garantías  debidas  a  las  partes  por afectación sustancial de la estructura del proceso  como  finalidad  suprema  del recurso de casación de trata, es evidente, por lo  analizado,  que la sentencia rompe la unidad conceptual del proceso al modificar  sustancialmente   el   contenido   del   acto   condicionante”.   10   

Por  lo tanto, como el cargo está llamado a  prosperar,   la   Corte   casará  parcialmente  la  sentencia  y  dictará,  en  consecuencia,  el fallo de reemplazo (artículo 185 de  la ley 906 de 2004).   

Nelly     Marulanda     aceptó  cargos  por  el  delito  de  porte  de  estupefacientes. Su  aceptación   releva  a  la  Sala  de  cualquier  consideración  acerca  de  la  ejecución  cierta  de  la  conducta  y  de su lesividad, pues a más de ello la  fiscalía  entregó  elementos  materiales  probatorios  y evidencia física que  indican  la  realización  del supuesto fáctico que dio origen a la imputación  jurídica  por  el  delito  de porte de estupefacientes que la procesada aceptó  libre y voluntariamente.   

En consecuencia se condenará a Nelly  Marulanda por el delito de porte de  estupefacientes  definido  en segundo aparte del artículo 376 del código penal  que  le  fuera  imputado,  a  la  pena  de  prisión  de  32  meses,  la cual se  suspenderá  por  un  periodo  de  prueba  de  36 meses, pues la conducta en los  términos  expuestos,  desde  la  perspectiva  del  injusto penal no acarrea una  gravedad  superlativa,  valorada  desde  el  porte,  como  núcleo central de la  imputación que la fiscalía le formuló, y ella aceptó.   

Suscribirá   la   sindicada  el  acta  de  obligaciones  a  que  se  refiere  el  artículo  65  del código penal, las que  garantizará  con  una  caución  en  cuantía  igual a un salario mínimo legal  mensual  vigente.  El  Tribunal  Superior  de  Pereira proveerá al respecto, se  encargará  de  suscribir  el  acta  y  cumplidas  las formalidades ordenará la  libertad  de  la procesada, previa verificación de que no es requerida por otra  autoridad.   

DECISION  

          Por  lo  expuesto,  La  Sala  de casación  penal  de  la  Corte Suprema de Justicia, administrando justicia en nombre de la  República    de    Colombia    y    por   autoridad   de   la   ley,   

RESUELVE  

          Casar        parcialmente   la   sentencia   de   fecha  y  origen  indicados.   

          1.   Condenar  a Nelly Marulanda,  persona  de  notas  civiles y personales conocidas en el proceso,  como  autora  del delito de porte de estupefacientes descrito en el inciso 2 del  artículo   376   del  código  penal  a  la  pena  principal  de  32  meses  de  prisión.           

2.  Se suspende la  ejecución  de  la  pena  por un periodo de prueba de tres años, término en el  cual  deberá  cumplir  con  las  obligaciones  indicadas en el artículo 65 del  código penal.   

          3.  Suscrita  el  acta  de  obligaciones y  prestada  la  caución  por  la  procesada,  el  tribunal ordenará su libertad.   

    

1. En lo demás, el fallo se mantiene.     

Cópiese,  Notifíquese y  devuélvase al Tribunal de origen   

MARINA   PULIDO   DE  BARON   

Comisión    de  servicio   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ           ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO                  

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO               ALVARO                                 O.                                 PÉREZ  PINZON                     

Comisión de servicio  

JORGE        L.        QUINTERO  MILANÉS           YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

                     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                 JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  En  éste  sentido,  en  el nuevo sistema, las normas  sobre  medidas  de aseguramiento, dejan de ser fórmulas dirigidas a examinar la  probable  responsabilidad  del  procesado,  para  ser  analizadas exclusivamente  desde   la   perspectiva   de  sus  fines,  como  entre  otras  cosas  la  Corte  Constitucional  lo  había  indicado  en  la  Sentencia C 774 del 25 de julio de  2001,   teniendo   como  referente  un  sistema  procesal  distinto.   

2 Corte  Constitucional,    sentencia    C    590    de   2005,   M.P.   Jaime   Córdoba  Triviño,“deja  de  ser  un supuesto de infracción  indirecta  de  la  ley  sustancial  y  se convierte en una causal autónoma para  cuestionar la validez constitucional y legal del fallo”   

3  La  Corte  incluso  había  advertido, con anterioridad, que el recurso le abría la  posibilidad   de   sobrepasar   defectos  formales  para  estudiar  ilegalidades  evidentes  del  proceso.  Cfr,  en  este sentido, decisión del 14 de febrero de  2004, radicado 21302, M.P. Yesid Ramírez Bastidas.   

4 Cfr,  sentencia  C  252  de  2001,  en  la  cual  la  Corte Constitucional indicó que  “La  casación  penal,  entendida  como  medio  de  impugnación  extraordinario,  tiene  elementos  estructurales  y  de  contenido  propios  que  no  permiten  confundirla  con  otras instituciones; por tanto, no  puede  la  ley  modificarla  de forma tal que la desnaturalice o la convierta en  otra   figura   jurídica,   menos  eficaz  conforme  a  los  fines  que  se  le  atribuyen.   

5  Corte  Suprema  de Justicia, sala de casación penal,  radicado  20134,  sentencia  del  9  d  ejunio de 2004, M.P. Jorge Anibal Gómez  Gallego   

6 En el  acta  número  27,  correspondiente  a  la  sesión  del  7 de julio de 2003, se  expresó  por  parte  del  comisionado  Granados,  que  “la  acusación que se  plantea  en  el  nuevo  sistema  es  una  sencilla imputación fáctica donde se  señala  por  qué  a  una persona se le está convocando a un juicio y donde la  carga  de  lo  que se está afirmando le corresponde también a la fiscalía.”   

7 Este  criterio  se  ha reafirmado hasta el punto que las circunstancias de agravación  en  el  pliego  de  cargos  deben  ser  expresas  formuladas tanto fáctica como  jurídicamente.   

8 Cfr,  Sentencia  del  8  de  agosto  de  2005,  radicado  18609,  M.P.  Herman  Galán  Castellanos,  en  la cual se dijo: “Con todas las consideraciones que desde el  punto  de  vista  político criminal se pueden elaborar acerca del mercado de la  cocaína,  resulta evidente afirmar que las cantidades que se acercan al límite  permitido  de  los consumidores, se ubica en una sutil franja de lo importante a  lo   insignificante.   Empero,   si   bien  el  legislador  no  le  ha  otorgado  discrecionalidad  al  juez  para  modificar  las  cantidades  en  orden  su  punibilidad,  debe  tenerse  en  cuenta  que lo dispuesto para la dosis personal  marca  una  importante  pauta  para  fijar la ponderación del bien jurídico en  orden a su protección.”   

9 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de casación penal, radicdo13508, 3 de marzo de 1999,  M.P. Carlos Eduardo  Mejía Escobar.   

10  Calderón  Botero,  Fabio.  Casación  y  revisión  en materia penal. Ediciones  Librería del Profesional, segunda edición, 1985.     

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