23890(11-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23890   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

Aprobado  Acta  No.  49   

Bogotá,  D.C.,  once  de  abril  de dos mil  siete.   

Procede  la  Sala a resolver de fondo   el  recurso  extraordinario  de  casación,   presentado  contra  el  fallo  emitido  por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de  Neiva,             Sala            Penal,1   el   que   confirmó   la  providencia   condenatoria   del   Juzgado   Penal  del  Circuito  de  La  Plata  (Huila)2,   contra   MIGUEL  FRANCISCO  MACÍAS  VILLEGAS3,   procesado  como  coautor4   por  los  punibles  de   Homicidio  Agravado  en  concurso homogéneo, Hurto Calificado  y   Agravado   y   Fabricación,   Tráfico   y   Porte  de  Armas  de  Fuego  o  Municiones,  en  concurso  heterogéneo;  quien fuera  sentenciado anticipadamente  a  la  pena  principal de veintiséis (26) años y ocho (8) meses de prisión, y  demás penas accesorias.   

HECHOS  

El  22  de  marzo  de 2004, en la madrugada,  desaparecieron  del  municipio  de  Garzón  (Huila)  los  jóvenes CARLOS        FERNANDO        SILVA        SILVA       y  PAULA ANDREA BLANCO ROJAS,  quienes  se  desplazaban en un Renault 9 color rojo identificado  con el número de placa GGK-881.   

En  la  vereda  Monserrate jurisdicción del  mismo  municipio  de  Garzón, a la orilla de la quebrada Las Damas, al fondo de  un  abismo,  entre  los  días 7 y 8 de abril del 2004, fueron hallados sin vida  los   cuerpos  de  los  jóvenes  SILVA  y  BLANCO  en  estado    de    “reducción   esquelética,   con  desarticulación  general  de  todos  sus componentes anatómicos”5.    

El  26  de  marzo de 2004, fue encontrado el  automotor  en  inmediaciones  de  un  potrero  que  colinda sobre el cauce de la  quebrada  denominada  “Voltezuela”  en jurisdicción del sitio conocido como  el  “Perezoso”,  sin  placas  ni  el  frontal  del pasacintas; elemento este  último  que  fue descubierto mediante diligencia de allanamiento a ALIRIO  HERNÁN  MÉNDEZ  MUÑOZ,  en el  inmueble donde habitaba en forma temporal.   

Con fundamento en nuevas pesquisas se obtuvo  la  captura y aprehensión de MIGUEL FRANCISCO MACÍAS  VILLEGAS,  NELSON  RAFAEL MÉNDEZ MUÑOZ, HENRY HENAO  RAMÍREZ,  BLADIMIR  ARTUNDUAGA  LOSADA,  JHON JORGE TRUJILLO BARRERA y ADELAIDA  VILLA  GONZÁLEZ, a ella se le encontró un revólver  38.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.-  La Fiscalía  General  de la Nación, Seccional de Garzón (Huila), Delegada ante los Juzgados  Penales   del   Circuito,   el   8   de  abril  de  2004,  ordenó  apertura  de  instrucción (Fl. 38, c. o.  1)        vinculando       mediante       diligencia       de       injurada     (Fl.     636)     a  MIGUEL   FRANCISCO   MACÍAS   VILLEGAS;  a su turno, le resolvió la situación  jurídica  (Fl.  128)  con  medida  de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva,  por los punibles de Homicidio Agravado  (Art.   102   y   104,  2  y  7  C.  P.),      Hurto      Agravado      y      Calificado      (2407,   2,   inciso  final;  241,  4,9,10)  y Fabricación, Tráfico y porte de Armas de  Fuego  o  Municiones  (Art.  365  C.  P.); librándole para tal efecto orden de captura.   

2.-   Ante  la  Fiscalía         Veintiuno         Delegada8,   se   suscribió  acta  de  formulación  de cargos, por parte de MIGUEL FRANCISCO  MACÍAS    VILLEGAS,    en    presencia    de    su  abogado9,  donde  respondió respecto a los homicidios, al hurto y al porte  de  armas:  “Si,  yo  sí  acepto los cargos que me  acaban   de   hacer   y   la   responsabilidad   en   los  mismos”10.   

3.-  En mayo 12 de  2004,   el   instructor  admitió  demanda  de  constitución  de  parte  civil,  reconociendo  en  tal  calidad  al señor LUIS GERMÁN  BLANCO  MÉNDEZ y a su apoderada judicial. (Fl. 14, c.  o., p. c.)   

4.-  El  Juzgado  Penal  del  Circuito  de La Plata (Huila), aceptó el impedimento presentado por  su  homólogo  de  Garzón; siendo ello así, avocó el conocimiento de la causa  dictando,  el  7  de julio de 2004, fallo de carácter  condenatorio                anticipado11       contra       el  imputado  MIGUEL FRANCISCO  MACÍAS  VILLEGAS,  por  los  delitos  aludidos y las  penas arriba mencionadas.   

5.-   Decisión  jurisdiccional  que fue objeto de recurso ordinario de apelación el que desató  el   Tribunal   Superior   de  Distrito  Judicial,  Sala  Penal,  de  Neiva,  al  confirmar  todos  aquellos  aspectos  jurídicos  objeto  de  disenso,  mediante fallo de 16 de diciembre de  2004. (Fl. 24, c. o. Tribunal)   

LA DEMANDA  

El libelista presenta un único cargo contra  el  fallo de segundo nivel, por violación de la ley sustancial, vía indirecta,  error  de hecho, en sentido de falso juicio de existencia teniendo en cuenta que  las          instancias          desconocieron          la          confesión realizada por su prohijado en  la   primera  diligencia  de  indagatoria,  consecuencia  de  ello  lo  fue,  el  no  habérsele rebajado la  pena principal impuesta.   

Con  tal proceder se vulneraron –aseguró-  los  artículos  280 y 263  del  Código  de Procedimiento Penal, al no tener en cuenta el Tribunal de Neiva  “las  reglas  de  la  sana crítica y los criterios  para  apreciar  el  testimonio  donde  confiesa MIGUEL  FRANCISCO    MACÍAS    VILLEGAS”.   (Fl. 105, c. o Segunda Instancia)    

Siendo  ello  así,  el censor indica que la  confesión       debe      reunir      cuatro      requisitos:      1)  que  se  realice  ante  funcionario  judicial,   2)  que  sea  asistida    por    un    defensor,    3)  que  se  le  haya  informado  el derecho de no declarar contra si  misma  y  4) que se haga en  forma consciente y libre. (Artículo 280 C. P. P.)   

Cumplidos  éstos,  tendría  que  haberse  efectuado  una  reducción  de  pena de una sexta (1/6) parte, propone el actor,  toda  vez  que  era  viable  la  rebaja  al adecuarse al caso los requerimientos  normativos  como  son: 1) si  se  presentaba  la  confesión en la primera versión ante funcionario judicial,  2)  si había confesado su  autoría   o   participación   en  la  conducta  punible  que  se  investiga  y  3) si tal confesión fue el  fundamento de la sentencia.     

Citando a un tratadista colombiano informa el  libelista  que la confesión es una narrativa donde en forma espontánea y clara  hay  un  reconocimiento;  así  mismo,  que  en  la  indagatoria  que rindió su  poderdante  todo  lo  que  confesó  sirvió  como  fundamento para dictar fallo  condenatorio.   

Entiende el demandante que las apreciaciones  expuestas  por  su  defendido así sean subjetivas indican que estaba confesando  los  hechos  ilícitos,  “… por cuanto una cosa es  narrar  un  hecho  y  otra  cosa  es  opinar  o especular sobre ese hecho que se  narra…   pero   confiesa   como   actúo”.  (Fl.  107)   

El   Tribunal   no   puede   –agrega  el  actor-  negar  beneficios  desconociendo  lo  narrado  por  el procesado y menos aún podría como lo hizo,  fallar sobre afirmaciones difíciles de probar. (Fl. 108)   

Solicita   a   la   Corte   case   la   sentencia   del   Tribunal,  reconociendo   la   confesión  de  MIGUEL  FRANCISCO  MACÍAS VILLEGAS.   

MINISTERIO PÚBLICO  

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación   Penal,   solicita   no  casar la sentencia impugnada.   

Indica   que   el   libelista  limita  su  impugnación  sólo  por  un  motivo,  el  reconocimiento  de  la confesión del  procesado  y  la  consiguiente  rebaja  de  pena.  Siendo  ello así, la demanda  identifica  a  cabalidad  la  pretensión, pero en su desarrollo no encuentra el  rigor  formal  indispensable  y  menos  la  claridad conceptual requerida.    

Afirma la Delegada que en la motivación de  la  demanda  el  censor  concreta  su  exposición  a una serie de apreciaciones  personales  que  ponen  al  descubierto su propia interpretación de que lo pudo  haber  dicho su prohijado, para apoyar lo que él entiende por confesión.    

Realiza el Ministerio Público un resumen de  los  argumentos  plasmados  en  el  libelo  en  cuanto  a  que  la  “narración  de un hecho”  no es  asimilable  a  confesar los hechos, o lo que se debe entenderse por “confesar   el   hecho”,   lo  cual  conlleva  por  parte  del  imputado  la  admisión   de  haber  participado  –a título de autoría y  responsabilidad penal- en la ejecución de un acto ilícito.    

Sostiene  que  el fundamento central de los  falladores     para     condenar     a     MACÍAS  VILLEGAS  lo fue un antecedente jurisprudencial en el  que  se  trató  un  tema similar, pero su explicación quedó fuera de contexto  histórico  al  no  informar  por  qué  debería no haberse tenido en cuenta la  citada providencia con criterio de autoridad.    

Informa,  así mismo, que el indagado en su  primera  indagatoria  sólo  aceptó la responsabilidad por el punible de hurto,  mostrándose  ajeno  a  los otros delitos. Por esa circunstancia el juzgador tan  sólo  le  reconoció  la  diminuente por la conducta confesada, más no por las  otras,  como lo tiene sentado la Corte Suprema de Justicia, en el entendido que,  de  ser  admitida  la  responsabilidad  de  un delito, el beneficio operaría en  forma exclusiva para éste.   

Otra  razón  por  la  que  fue  negada  la  confesión  en  instancias a su defendido, se motivó en el hecho que los fallos  no  fueron  fundamento  de  la  misma  para  condenarlos,  como lo evidenció la  investigación  policiva  al  presentar las bases sobre la participación de los  sentenciados,  con  lo  que el acusado –afirma  la  Delegada-  dio  muestras  de  su  falta de sinceridad y  espontaneidad,  al  no  aceptar  su actuar ilícito en el delito contra la vida,  toda    vez    que    sus    mismos    compañeros    de    causa   –Ramírez  y Méndez- manifestaron que  MIGUEL   FRANCISCO   MACÍAS   VILLEGAS,   fue  la  persona que ordenó lanzaran a la pareja al abismo.   

El Ministerio Público, manifiesta que es un  despropósito  del actor seguir insistiendo que el procesado se hizo acreedor al  beneficio, contra todo lo probado en instancias.   

Como  pena máxima se le impuso la de   cuarenta  (40) años, que es la duración extrema prevista por el legislador: 33  por  un  homicidio  y  7 por el otro. Quedando una pena simbólica por el delito  confesado,  esta  es otra razón, indica la Delegada, para que no se aspire a la  rebaja de pena impugnada.   

Solicita,  en  consecuencia la Procuraduría  Cuarta  Delegada para la Casación Penal,    desestimar   la   demanda   y   NO  CASAR el fallo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

El     sentenciado     MIGUEL  FRANCISCO MACÍAS VILLEGAS, en la  primera      diligencia      de      indagatoria12 narró todos los pormenores  en  los  que  perdieron  la  vida  los  jóvenes SILVA  y   BLANCO.  Comunicó  el  día,  la  hora,  el  motivo que los reunió y su  objetivo  de  abordar a un soldado que se desplazaría posiblemente por el lugar  llevando  en  su  poder  una  caleta  con  dólares.  Informó  el  modo como se  apoderaron  del  vehículo  automotor en donde se transportaba la pareja, el por  qué  les hurtaron el carro particular, el hecho de que él tomó el volante del  referido  automotor,  el  sitio  a  donde  se  dirigió. Así mismo dijo que los  tendieron  en  el  piso  y  los  amarraron  para  luego  haber  sido tirados por  NELSON  y  el  VENADO  a un  abismo, porque el muchacho le vio la cara a uno de ellos.   

Por  lo  tanto  sostuvo  que  “…  de  una u otra forma, directa o indirectamente participamos  en  los  hechos  que  he  narrado  y  en  la  forma  que  he manifestado acá…  Para  a  renglón  seguido  contestar  en  el acta de  indagatoria  respecto  a  su  participación  en  los  acontecimientos ilícitos  descritos:  “Yo de los homicidios no participé, no  empujé  a  nadie, yo me quedé dentro del vehículo. Del hurto del vehículo yo  no  encañone  a  nadie,  ni  amenacé  a  nadie, pero yo lo manejé entonces yo  aceptó  el  hurto.  Las  armas yo nunca las porté ni las disparé por lo tanto  tampoco   aceptó   eso…”   (Fl.   70,   c.   o.  1)   

En  todo el contexto de la injurada, él le  brinda  explicaciones  a la administración de justicia, de cómo acaecieron los  hechos  y quiénes fueron sus autores o partícipes a quienes de paso identifica  con  nombres  o  apodos;  no obstante, en su narración no se auto-incrimina por  los punibles de homicidio y porte ilegal de armas.   

El fallo de primera instancia al estudiar la  culpabilidad  la  degradó  en  ilación  a  la  situación  jurídica como a la  resolución   de   acusación,   para   afirmar  que  le  asistía  “…  el  grado  de  certeza  que  la  ley  demanda, no   solamente  con  las  probanzas  atrás  reseñadas13,   sino  también,  con  la  aceptación libre, espontánea y voluntaria que hicieron los  acusados,   en   presencia  de  sus  defensores…”  (Subrayado fuera de texto)   

Como  puede  apreciar  la Sala MIGUEL   FRANCISCO   MACÍAS   VILLEGAS,  además  de no confesar los punibles de Homicidio ni el Fabricación, Tráfico y  Porte  de  Armas  de  Fuego  o  Municiones,  fue enfático en rechazar cualquier  imputación   que  se  le  hiciera  sobre  los  acontecimientos.  Se  cuidó  el  sentenciado  de  no  atribuirse,  en  todo  el  contexto  de  su relato, primera  injurada,  alguna  responsabilidad respecto a tales infracciones a la ley penal;  descartándolas  ya  sea  a título de autor, coautor o cómplice. Sólo aceptó  el  sentenciado  su  autoría en el punible de hurto toda vez que él manejó el  automotor objeto del reato.    

Por lo tanto, la aseveración del libelista  en  el  sentido  que  de  una  u  otra  forma  su  prohijado confesó los hechos  ilícitos  por  él  narrados, no tiene ninguna relevancia jurídico-probatoria,  en  el  entendido  que  el  relato se centró en asignarle responsabilidad a sus  compañeros  de andanzas, más el propio indagatoriado, a la sazón, se declaró  inocente de tales comportamientos ilícitos.   

La  Sala  acredita la anterior afirmación,  cuando   el   procesado   MIGUEL  FRANCISCO  MACÍAS  VILLEGAS,  en  la  citada  diligencia  de indagatoria  expone  todo  lo que sucedió cuando hicieron descender a la pareja del rodante:  “…  Les  dijeron  bájense  que los vamos a dejar  acá,  ellos  se  bajaron y NELSON y el “Venado” se bajaron, el “Venado”  traia  (sic)  el  revólver  en  la  mano,  yo  me fui a dar una vuelta y cuando  regreso  veo  que  la pareja estaba acostada en el piso bocabajo a un lado de la  carretera,  hacia  el  abismo, entonces el Venado se había quitado un trapo que  tenía  y  el  muchacho  lo  voltió  (sic) a mirar, entonces Nelson y Venado se  devolvieron  y  los empujaron de los pies hacía el hueco, los tenían amarrados  porque  ellos  me dijeron que los habían amarrado para que se demoraran más en  llegar  al  pueblo,  que  le  habían amarrado las manos; el Venado y Nelson los  empujaron, se montaron en el carro y nos vinimos…”.   

El  sentenciado se apartó en forma tajante  del  acontecer  delictual  por  él  narrado:  en si, cuando les ordenaron a los  jóvenes  apearse del vehículo, al amarrarlos y al lanzarlos por el abismo. Con  lo  cual  se  demuestra  que  no existió confesión alguna en el contexto de la  primera    diligencia    de    indagatoria    recepcionada    por    el   Fiscal  instructor.      

Insiste   la   Sala   que   “de  acuerdo a la normatividad procesal, para que haya confesión  y  la consecuente reducción punitiva, se requiere, entre varias exigencias, que  la  asunción de responsabilidad se haga libremente…, que no haya flagrancia y  que     las     palabras     del    imputado    constituyan    fundamento    del  fallo…”      14.   

La  confesión  debe inexorablemente ser el  fundamento  exclusivo del fallo condenatorio y prestar como requisito esencial y  mínimo  una  utilidad  valiosa,  notable  y  significativa;  para que opere, en  consecuencia, la diminuente punitiva prevista por el legislador.   

Las  palabras expresadas por el sentenciado  al  momento  de  rendir  su  primera  diligencia  de  injurada acompañado de su  defensor,  no  marcaron el camino para revelar su participación en el acontecer  delictual,   sino   todo  lo  contrario:  se  ausentó  de  toda  participación  criminal.   

Así   mismo,   no  puede  entenderse  la  confesión    –según  desarrollos             jurisprudenciales15,    como    el    escueto  reconocimiento     de     responsabilidad     penal     de    un    “hecho”,   presentado   como   una  narración  apodíctica  en  donde se expresan todas aquellas circunstancias que  se  correlacionan  con  el  ilícito  mismo  pero que no son parte de su núcleo  central  de  arrepentimiento,  en  contraste  con  lo que significa “confesare  el  hecho”  el  cual  se  asimila  para  todos  sus  efectos  con  el delito en si mismo considerado o con  alguno  de los elementos que lo integran.   

Por  lo  reflexionado  en  el contexto de la  presente  decisión,  las falencias propuestas al fallo de segunda instancia por  el  libelista, en el cargo único, no tienen la entidad suficiente para declarar  su    ilegalidad.   Por   tanto,   le   asiste   la   razón   al   Procurador  Primero  Delegado  para  la Casación Penal, cuando solicita la no prosperidad del cargo.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso alguno.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

No casar el fallo  impugnado.   

Contra  la  presente  decisión  no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                              ALVARO    O.    PÉREZ  PINZÓN   

Permiso  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                    JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

Excusa justificada  

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                           JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  De  fecha 16 de diciembre de 2004. (Folio 24, c. o., Tribunal)   

2  De  fecha 7 de julio  de 2004. (Folio 46, c. o. 2)   

3  Se  identifica    con    la    C.    C.    No.12´202.467    de   Garzón   (Huila).   

4 Así  mismo   fueron   condenados  anticipadamente  NELSÓN  RAFAEL     MÉNDEZ     MUÑOZ    y    HENRY HENAO RAMÍREZ.   

5  Protocolo  de  necropsia  Número 2002P-00027 del 8 de abril de 2004. Folio 160,  c. o. 1.   

6 Se le  amplió  la  diligencia  de  indagatoria  el 1 de mayo de 1994; folio 229, c. o.  1.   

7  Modificado por el artículo 2 de la Ley 813 de 2003.   

8 Folio  10, c. o, 2.   

9  Su  defensor  plasmó la siguiente constancia: “Respecto  de  las  garantías  procesales que hasta este momento ha tenido mi defendido ha  (sic)  sido  claras  y  diáfanas  y  como  defensor  reconozco  en  cuanto a mi  defendido   se   refiere   que   ha   gozado  de  ellas  en  cuanto  la  ley  lo  concibe”.   

10  Folio 11 c. o. 2.   

11  Folio 27, c. o. 2.   

12  Folio 63 y s.s., 1. c. o.   

13 Los  procesados  NELSON  RAFAEL MÉNDEZ MUÑOZ  (Fl. 83, c. o. 1) y BLADIMIR ARTUNDIAGA  LOSADA   (Fl.  97),  se  ratificaron   bajo  la  gravedad   del   juramento   de  todos  los  cargos  que  habían  hecho  contra  MIGUEL   FRANCISCO   MACÍAS   VILLEGAS  (Fl.  83, c. o. 1). JHON JORGE TRUJILLO  BARRERA   (Fl.  103),  también  le  hace  cargos  a  MACÍAS              VILLEGAS.   

14  C.S.J. Radicado: 20610 del 16 de febrero de 2005.   

15  C.S.J.   Radicados:  8012  (29/9/93),  8258  (17/11/93),  9256  (11/3/97),  9869  (20/11/96),  11400  (25/5/02),  11874   (7/11/02)  y  21960 (30/1106)      

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