23733(22-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23733  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número   051   

Bogotá  D.C.,  veintidos de junio de dos mil  cinco.   

          Decide  el  despacho  si es admisible la demanda de casación que el  defensor    de   Belisario   Saenz   Ruiz  interpuso  contra  la sentencia de segunda instancia proferida por  el  Tribunal  superior de Bogotá el día 18 de agosto de 2004, mediante la cual  confirmó  la  del  Juzgado segundo penal del circuito especializado de la misma  sede,  que  lo  condenó a la pena principal de 120 meses de prisión como autor  del delito de extorsión agravada.   

HECHOS  

A eso de las 4 de la tarde del 9 de septiembre  de  1996,  tres  sujetos  armados  que  se presentaron como agentes de la SIJIN,  irrumpieron  en la oficina de la empresa Inversiones V.C.C. LTDA., ubicada en la  Avenida  11 número 26 – 30  de  esta  ciudad,  con el objeto, según dijeron, de hacer efectiva una orden de  captura contra Gustavo Blanco Valencia.   

Durante el simulado operativo, uno de ellos le  explicó  a  Blanco  Valencia  que 60 millones de pesos serían una buena excusa  para  no  ejecutar  la  orden,  ratificando  luego su pretensión, pero esta vez  amenazando  con  secuestrar  a  su hija menor – quien coincidencialmente se hizo  presente   en   el   lugar   -,  si  se  rehusaba  a  efectuar  la  entrega  del  dinero.   

Al  día  siguiente  entregó 20 millones de  pesos,  sin  que  cesaran  la  intimidaciones,  pues  el hostigamiento continuó  mediante  llamadas  telefónicas  a través de las cuales se le exigía cancelar  el  faltante.  Ante tal situación, informó a las autoridades, las que, el 3 de  octubre,  aprehendieron  a Ramiro Sanabria Díaz cuando recibía el excedente, y  a  Belisario Saenz Ruiz, en el  vehículo en el cual arribaron.   

ACTUACION PROCESAL  

          Con  fundamento  en la  denuncia  que  presentó Gustavo Blanco Valencia y en el informe relacionado con  la    captura,    entre    otros,   de   Belisario     Saenz    Ruíz,   la   Fiscalía  especializada  delegada  ante  el  GAULA  abrió  investigación  el  4  de octubre de 1996 y ordenó vincular mediante diligencia  de  indagatoria al aprehendido, a quien efectivamente escuchó en la misma fecha  (fs., 25).   

          El  11  de  octubre  de  1996,  le resolvió la situación jurídica  imponiéndole  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva sin derecho a  excarcelación  por  la comisión del delito de extorsión agravada (fs., 63).   

          Luego,   clausuró   la   investigación  y  la  calificó  mediante  providencia  del  26  de  enero del año siguiente, acusando al sindicado por la  probable   comisión  del  delito  tentado  de  extorsión  (fs.,      1     cuaderno     2     A).   

          El  juzgado  especializado  de  Bogotá,  el  14  de  abril  de 2000  condenó  al  procesado  a  la pena principal de 11 años de prisión como autor  del   delito  de  extorsión  (fs.,  149  cuaderno  3), la  cual  el  Tribunal,  mediante la suya del 25 de septiembre del mismo año, dejó  sin  efectos  al  anular  el  proceso desde la resolución acusatoria, inclusive  (fs.,  9  cuaderno Tribunal).   

          Nuevamente,   mediante   providencia   del   27  de  abril  de  2001  (fs.,  267  cuaderno  3), la  fiscalía  acusó  al  sindicado,  propiciando  que el Juzgado segundo penal del  circuito  especializado  lo  condenara  el  29 de diciembre del mismo año, a la  pena  principal  de  10  años  de prisión, como autor del delito de extorsión  consumada,  por  el  cual fue acusado (fs., 78 cuaderno  4).   

          El  18  de agosto de 2004 el Tribunal confirmó la decisión, la que  el defensor del sindicado recurre en casación.   

DEMANDA     DE  CASACION   

          El  demandante  formula  tres  cargos  contra  la sentencia: uno con  apoyo  en  el  cuerpo  primero  de la causal primera y dos con base en el cuerpo  segundo de la misma causal.   

          En     el    primer    cargo,  acusa al sentenciador de haber infringido directamente la ley por  falta  de  aplicación del principio de in dubio pro reo consagrado en el inciso  2 del artículo 7 de la ley 600 de 2000.   

          Aduce,  con  ese  propósito,  que  el  Juzgado  concluyó que en el  operativo  participaron varios agentes policiales, por lo cual sus declaraciones  “pueden   diferir   en  aspectos  que  no  son  de  relevancia  para  la  investigación  pero  lo  cierto es que en el sustrato del  evento  son  coincidentes  en  la captura de Belisario Saenz Ruiz”,   tema  que  fue  confirmado  por  el  Tribunal  al  señalar  que  “si   bien   caen  en  algunas  contradicciones  e  imprecisiones,  éstas no son de la trascendencia que pretenden los inconformes,  ni restan credibilidad a sus dichos.”   

          De  haber  sido los jueces de instancia consecuentes,  habrían  aceptado   que   la   duda   favorece   al  sindicado,  siendo  improcedente  su  condena.   

          En    el    segundo    cargo,  acusa  al  Tribunal  de  infringir  indirectamente  la  ley  como  consecuencia  del error de hecho por falso juicio de identidad en que incurrió,  al   tergiversar   o   cercenar   apartes   importantes   de   los   medios   de  prueba.   

          En  ese  orden  de  ideas,  aduce  que  en  la  sentencia de segunda  instancia  se  indicó  “que  la  mayoría  de  los  policiales  coinciden  en señalar que quien conducía la motocicleta llevaba un  impermeable  amarillo,  hecho  que  acepta  el  acusado,  de  manera  que  surge  indubitable  que  quien  llegó  con Ramiro Sanabria en la moto a la oficina del  denunciante   y   la   persona   capturada  a  unas  cuadras  del  lugar  es  la  misma.”   

          De  manera  que,  si  el  capitán  Juan  Carlos Pinzón, ordenó la  vigilancia  de  la  persona que se encontraba afuera del edificio y a quien dice  ordenó  capturar cuando le informaron que emprendió la fuga en una motocicleta  negra,  vistiendo un impermeable amarillo, entonces su versión no concuerda con  la  de  Teodoro Riascos, quien afirma que el motociclista llevaba un impermeable  de “color negro y creo que amarillo”.   

          Otras personas, como la Suboficial Carmen  Arcila  Castillo,  reafirman  el  color de las prendas y describen el cilindraje  del  vehículo  y  sus  características, mientras que el oficial Elías Muñoz,  quien  persiguió  al  sindicado  solo  habla de una chaqueta de color. Si está  probado  que  su  cliente  llevaba  una  chaqueta amarilla, a la declaración de  éste  último  testigo tiene que agregársele que dijo que el conductor llevaba  una chaqueta amarilla, lo que en verdad no dijo.   

                     

          Así  mismo, Arnoly del Carmen González, que fue la primera persona  que  tuvo contacto con Sanabria Díaz, uno de los sindicados, señaló que éste  le  comunicó que venía acompañado de la persona que se encontraba en la moto,  “quien   llevaba   un   poncho   negro   o   amarillo”.  Para  construir  la  responsabilidad  penal  del  acusado,  sobre  la  base  de  este testimonio, era  necesario hacer caso omiso de la duda que allí se plasma.   

          En   conclusión:   los   testigos   anotados,   sin   agregados   y  mutilaciones,  no  conducen a probar la responsabilidad del sindicado, a la cual  solo  se  llega infringiendo los artículos 7, 232 y 238 del estatuto procesal y  244   del   código   penal.                

          En     el    tercer    cargo,  el  núcleo  de  la  argumentación gira en derredor del error de  raciocinio en el que se afirma que el Tribunal incurrió.   

          El  Tribunal, dice el demandante, parte de la premisa según la cual  los  agentes de policía reconocieron a Belisario Saenz  Ruiz  como  la persona que vestida de amarillo arribó  al  sitio  conduciendo  la  motocicleta en la cual transportaba a Sanabria Díaz  –persona  que  aceptó su  responsabilidad  y  se  acogió  a  los  beneficios  de  la sentencia anticipada  –, deduciendo de ese hecho  su participación en el delito de extorsión.   

          Esa  deducción  es  incorrecta, pues la  premisa  mayor  se elaboró sobre la base de que todos los agentes estuvieron de  acuerdo  en  que quien conducía la motocicleta llevaba un impermeable amarillo,  cuando  solo  algunos  precisaron  ese  aspecto,  de  modo  que  si  se  hubiese  considerado  que  no todos se refirieron a esa situación, la duda que surgía a  favor del procesado era evidente.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

La dogmática del recurso de casación parte  de  un axioma: es un juicio de constitucionalidad y de legalidad a la sentencia.  En  consecuencia,  como no se trata de una tercera instancia, no puede aceptarse  que  quien  concurre  a  esta  sede  lo haga con argumentos que no denuncian una  ilegalidad,  sino que expresan un particular punto de vista sobre la manera como  se  piensa  que  ha  debido  interpretarse  la  ley  o  apreciarse los medios de  prueba.   

En  ese  orden  de  ideas,  al  elaborar  la  demanda,  con  el  fin  de  denunciar  la ilegalidad y restaurar la vigencia del  orden  constitucional  y  legal  sobre  el  cual la justicia se afianza, se debe  acatar  presupuestos  básicos  inherentes  a su formulación, tales como los de  claridad,  precisión y coherencia a la hora de expresar los cargos, de modo que  se  garantice  la  autosuficiencia  de  los  mismos y el respeto al principio de  limitación que al recurso extraordinario rige.   

Significa  lo  anterior  que  si  los cargos  cerecen  de  la  precisión conceptual necesaria, la Corte no los puede abordar,  no  porque  una  concepción  formal  del  recurso se lo impida, sino por ser un  instrumento  rogado  que como tal limita al Tribunal de casación a pronunciarse  sobre  el  tema  específico  que  se  denuncia  y  que  marca  el límite de su  competencia,  salvo  que  se  advierta una contrariedad entre la decisión y las  garantías   fundamentales  que  la  Corte  deba  remediar  para  restaurar  los  principios  constitucionales (artículo 216 de la Carta  Política).   

Pues  bien,  la  gramática  de  cada causal  requiere  de  una argumentación diferente, lo que permite afirmar que si lo que  se   demanda   es  la  falta  de  aplicación,  la  aplicación  indebida  o  la  interpretación  errónea de la ley, el tema debe proponerse como un problema de  hermenéutica   que   no   admite   discusiones  probatorias  ni  fácticas.  En  consecuencia,  si  lo que se pretende es denunciar la exclusión evidente de las  normas  que  regulan  el  principio  del in dubio pro reo, se debe indicar si el  tribunal  aceptó la duda y si aceptándola no fue consecuente con esa visión a  la  hora  de  adjudicar  las  normas  que  regulan ese instituto, dejándolas de  aplicar, estando en el deber de hacerlo.   

No obstante, tomando apartes de la sentencia  del  Tribunal,  él  censor infiere que de la apreciación de los testimonios de  los  agentes  de  policía  se  deduce –lo    cual    en    la    decisión    no    se   acepta–  una  duda que favorece al procesado,  con  lo  cual  el tema no parte de una verdad acabada, sino de una construcción  posible,  de modo que el problema no es de puro derecho o de mera hermenéutica,  como  equivocadamente se piensa. Claro, porque lo que discute es la apreciación  de  los  testimonios  y  fundamentalmente  su  conclusión,  lo  cual si así lo  estimaba  el  demandante,  ha  debido  plantearlo  como  una  equivocación  que  eventualmente  podría  explicarse  como un error de hecho por falso raciocinio.   

El  juicio de identidad que se constituye en  el  núcleo  de  la argumentación del segundo cargo es objetivo, lo cual supone  confrontar  el medio y lo que de él se dijo en la decisión, todo con el fin de  demostrar  su  falta  de  correspondencia,  que con todo y ello no es suficiente  sino  se  demuestra  la  influencia  o  trascendencia del error denunciado en la  declaración de justicia final.   

El  demandante  pretende encontrar en lo que  llama  “contradicciones  de  los  testigos”  la  razón de ser del cargo que  propone,  pasando  por  alto  que  el  error  de  identidad  no tiene por objeto  denunciar  las divergencias entre ellos, sino la distorsión del medio por parte  de  los jueces. Por lo demás, el censor no indica cuál es la trascendencia que  la  referencia  de los testigos hacia el color de la ropa y sus divergencias con  relación  a  ese tema, tendrían en la declaración final y por qué ese sería  un  elemento  de  interpretación  que  conduciría  a  variar  el  sentido  del  fallo.   

Empeñado en sostener que acerca del color de  las  prendas  de  vestir  que  llevaba  el  sindicado  no  existe unanimidad, el  demandante  recurre  nuevamente a ese supuesto para denunciar en un tercer cargo  lo  que  considera  un  error de hecho por falso raciocinio, sobre la base de la  supuesta e indebida construcción del silogismo judicial.   

El  falso  raciocinio, ha dicho la Sala, con  ponencia  de  quien ahora cumple igual cometido, “se  caracteriza  por  ser  un  problema de argumentación que tiene por objeto   demostrar  que  en  la apreciación de las pruebas el juez infringió las reglas  de  la sana crítica, las cuales está en el deber de exponer razonadamente a la  hora  de indicar el mérito que se le asigna a cada prueba (artículo 238 idem).  Por  lo  mismo,  el  error no se demuestra resaltando la disparidad de criterios  entre  el  juez  y  los sujetos procesales, o entre los jueces, acerca del valor  probatorio  de  determinada prueba, sino mostrando “la transgresión grosera y  manifiesta  por  parte  del  juzgador  de  las  reglas  de la sana critica en su  valoración.”                   1   

No  basta,  entonces, como se comprende, con  indicar  cuál  es el criterio del censor acerca de lo que considera una mejor y  plausible  construcción  del  silogismo  judicial,  pues  lo  que  en  sede  de  casación  se  requiere no es que se enseñe ese modo particular de apreciar las  cosas  desde  el  punto de vista del demandante, sino la forma cómo el Tribunal  infringió  las  máximas  de  la  sana  crítica, las leyes de la ciencia o las  reglas de la lógica, de lo cual la demanda adolece.   

          No  observa  la  Corte, además, que se concreten violaciones de las  garantías  fundamentales  que  la  Sala  esté en el deber de proteger y que le  abrirían   espacio   a  la  actuación  oficiosa  (artículo  216  ley  600  de  2000).   

DECISION  

          En   consecuencia,  La  Corte  Suprema  de  Justicia, sala de casación penal,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda de casación presentada  a     nombre     de    Helmer    Alfonso    Chaparro  Cárdenas.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

MARINA PULIDO DE BARON  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ      HERMAN GALAN CASTELLANOS   

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO                  EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO        

ALVARO         O         PEREZ  PINZON              JORGE  QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                 MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

         

         

    

1  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de casación penal,  sentencia  del  1  de  junio de 2005, radicado 21042 .     

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