23571(31-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  23571   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 064  

          Bogotá,   D.C.,  agosto  treinta  y  uno  (31)  de  dos  mil  cinco  (2005).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de fondo en sede de  casación   sobre   la   eventual  violación  de  garantías  de  la  procesada  GISELA FAIRFOOT AVENDAÑO, en  punto  de  la  dosificación  punitiva  realizada  en  la  sentencia  de segunda  instancia  proferida  por el Tribunal Superior de Bogotá el 2 de junio de 2004,  por  cuyo  medio  revocó  la sentencia absolutoria dictada el 3 de mayo de 2002  por  el  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de la mencionada ciudad y la condenó  como  autora  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos de tráfico de  estupefacientes   y   concierto   para   traficar   con   drogas   que  producen  dependencia.   

La  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación  Penal  solicita  la  declaratoria  de nulidad de la providencia en la  cual  se  dispuso  inadmitir  el libelo y surtir traslado al Ministerio Público  para  que  conceptuara  sobre  la  posible  violación de garantías de  la  incriminada   y,   de   manera  subsidiaria,  demanda  se  restaure  el  derecho  fundamental  a  la  legalidad  de  la  procesada,  en  el sentido de que la pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas se sujete a los  límites establecidos en el artículo 44 del Decreto 100 de 1980.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Por vía diplomática el Gobierno de Estados  Unidos  solicitó la captura con fines de extradición y formalizó la solicitud  de      extradición      de     GISELA     FAIFOOT  AVENDAÑO,  requerida  para que compareciera en juicio  ante  la Corte del Distrito de Puerto Rico, dado que el Gran Jurado la acusó el  20  de  marzo  de  1992 por la comisión de los delitos de concierto para poseer  con  la  intención  de  distribuir  más  de  diez  mil  (10.000) kilogramos de  cocaína  y más de mil (1000) kilogramos de marihuana, importación de cocaína  a  los  Estados Unidos y posesión con la intención de distribuir más de cinco  (5)  kilogramos de cocaína, delitos realizados entre enero de 1987 y septiembre  de 1991 desde Colombia a los Estados Unidos.   

          La  captura  de  la  solicitada  tuvo lugar el 26 de agosto de 1996,  según  fue dispuesto mediante Resolución del 29 de marzo del mismo año por el  Fiscal General de la Nación.   

Habida   cuenta  que  se  estableció  que  GISELA  FAIRFOOT  tiene  la  condición  de colombiana por nacimiento y aún no se encontraba vigente el Acto  Legislativo  No.  1  de  1997, el 21 de octubre del mismo año esta Sala rindió  concepto  desfavorable  a  la  mencionada  solicitud  de extradición. A su vez,  dispuso  compulsar  copias  para  que  las  autoridades  judiciales  de Colombia  investigaran  las  conductas  que  motivaron  la  petición  de extradición del  Gobierno de Estados Unidos.   

La  Fiscalía  Regional  de Bogotá declaró  abierta   la  instrucción  y  en  desarrollo  de  la  misma  vinculó  mediante  declaración  de  persona  ausente  a  GISELA FAIRFOOT  AVENDAÑO,  resolviéndole su situación jurídica con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional,  como  posible  autora  del  concurso  de  delitos  de  tráfico de  estupefacientes  y concierto para delinquir con el fin de traficar con droga que  produce dependencia.   

Concluida la fase instructiva, el sumario fue  calificado  el 23 de junio de 2000 con resolución de acusación en contra de la  procesada  como  presunta autora del concurso de delitos que sustentó la medida  de   aseguramiento,  providencia  confirmada  en  segunda  instancia  el  12  de  septiembre  de  2000  por  la  Unidad  de Fiscalía Delegada ante el Tribunal de  Bogotá   al   conocer   del   recurso   de   apelación   interpuesto   por  la  defensa.   

La etapa de juzgamiento fue adelantada por el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito Especializado de Bogotá, despacho que una  vez  surtida  la  actuación  legal  pertinente dictó sentencia el 3 de mayo de  2002,  por  cuyo  medio  absolvió  a  GISELA FAIRFOOT  de los cargos por los cuales fue acusada.   

          El  Ministerio Público impugnó la sentencia y el Tribunal Superior  de  Bogotá  la  revocó,  para  en  su  lugar condenar a la procesada a la pena  principal  de  once  (11)  años  y  cuatro  (4)  meses  de  prisión y multa de  trescientos  (300)  salarios  mínimos  legales  mensuales  y  a la accesoria de  inhabilitación  para  el ejercicio de funciones públicas por el mismo término  de  la  pena  privativa  de  libertad,  como  autora  penalmente responsable del  concurso  de  delitos  objeto de acusación; fallo recurrido en casación por la  defensa.   

Mediante  providencia  del  pasado  10  de  agosto,  esta  Sala  decidió  inadmitir  el  libelo  de casación, pero ordenó  surtir  al  Ministerio  Público  el  traslado  establecido  en  la  ley  con el  propósito  de  que  conceptuara  sobre  la  eventual vulneración de garantías  fundamentales de la incriminada.   

Como  la decisión que aquí se adoptará no  tiene  por  objeto  la demanda de casación presentada por el defensor en cuanto  fue  inadmitida,  no  hay  lugar  a  incluir un resumen de ella. Sin embargo, es  preciso  puntualizar  que  el  tema  que  será  abordado  y  resuelto  en  esta  providencia  se circunscribe a establecer la posible violación de garantías de  GISELA  FAIRFOOT en punto de  la  dosificación  de la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas de once (11) años y cuatro (4) meses.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

La  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación   Penal  solicita  inicialmente  la  declaratoria  de  nulidad  de  la  providencia  a  través  de  la  cual  se  dispuso surtir traslado al Ministerio  Público  para obtener su concepto sobre la eventual violación de garantías de  la  incriminada,  por  considerar  que  de  conformidad con lo establecido en el  artículo   213   de   la  Ley  600  de  2000,  dicho  concepto  “está  supeditado  a  la  admisibilidad  de  la  demanda”.   

          Agrega  que si la providencia por cuyo medio se inadmitió el libelo  presentado  por  el  defensor  no  es  objeto  de  recurso  alguno, se impone la  invalidación   de   tal   decisión   dado   que  con  ella  se  introdujo  una  “variación         del         procedimiento  establecido” en la ley.   

          De  manera  subsidiaria  aduce  que  al ser dosificada en once años  (11)  años  y cuatro (4) meses la sanción accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas en la parte resolutiva del fallo de  segunda  instancia,  se  transgredió el principio de legalidad de la pena y por  ello  se  impone  corregir  oficiosamente el desafuero, tasándola dentro de los  límites  establecidos  por  el legislador en el artículo 44 del Decreto 100 de  1980, vigente para cuando se cometieron los hechos.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Cuestión previa   

Habida  cuenta  que  la Procuradora Delegada  solicita  la  declaratoria  de  nulidad  del proveído por cuyo medio se ordenó  correr  traslado  al  Ministerio  Público para que conceptuara sobre la posible  violación  de garantías de la procesada, por elementales razones de lógica es  necesario  tratar  dicho  planteamiento de manera previa a la solución de fondo  del asunto.   

En cuanto se refiere a que de conformidad con  el  artículo 226 del estatuto procesal penal el traslado al Ministerio Público  sólo  se  surte  cuando la demanda ha sido admitida, estima la Sala, como ya ha  tenido  oportunidad  de precisarlo en otras ocasiones, que no le asiste razón a  la  Delegada,  pues  la  facultad legal de casar oficiosamente un fallo proviene  del  palmario  quebranto  de  garantías  fundamentales,  siempre  que  tanto la  interposición   del  recurso  por  parte  de  quien  tiene  interés,  como  la  presentación  del  correspondiente  libelo  se  hayan desarrollado dentro de la  oportunidad establecida por el legislador para tales cometidos.   

Ahora,   una   vez   esta   Sala  adquiere  competencia,  le  asiste  su  facultad  oficiosa,  con  independencia  de que la  demanda  satisfaga o no las exigencias formales para su admisión, pues  si  el  artículo  206  de  la Ley 600 de 2000 dispone que son fines de este recurso  extraordinario  “la efectividad del derecho material  y  de  las  garantías  debidas  a las personas que intervienen en la actuación  penal,  la  unificación  de la jurisprudencia nacional y además la reparación  de  los  agravios  inferidos a las partes por la sentencia demandada”,  es evidente que estos no pueden ser sacrificados por falencias  exclusivamente  técnicas  en  los libelos de casación, cuando lo cierto es que  el  artículo  228  de  la  Carta Política establece la prevalencia del derecho  sustancial.   

          Además,  si  el  artículo  216 del estatuto procesal penal dispone  como  excepción al principio de limitación, que la Corte puede casar de oficio  la  sentencia  “cuando  sea  ostensible que la misma  atenta  contra  las garantías fundamentales”, no hay  duda  que  la  presencia  de  unas  tales vulneraciones detectadas al momento de  calificar  la  demanda  de  casación impone la correspondiente restauración de  derechos  y  garantías  de los afectados, muy a pesar de las incorrecciones del  libelo,  siempre  que,  desde  luego, se sujete a las formas del debido proceso,  según  el  cual,  al  pronunciamiento  de  fondo  de  la  Sala debe preceder el  concepto obligatorio del Ministerio Público.     

          Así  las  cosas,  se  negará  la  declaratoria  de  nulidad  de la  providencia   por  cuyo  medio  se  corrió  traslado  al  Ministerio  Público,  solicitada   por   la   Procuradora   Segunda   Delegada   para   la   Casación  Penal.   

Cuestión de fondo  

Como   en  la  providencia  mediante  que  inadmitió  el libelo y ordenó surtir el correspondiente traslado al Ministerio  Público   se   dijo  que  “la  pena  accesoria  de  inhabilitación   para  el  ejercicio  de  funciones  públicas  impuesta  a  la  procesada  fue  dosificada  en  un  lapso  igual  al de la sanción privativa de  libertad,   esto   es,  en  once  (11)  años  y  cuatro  (4)  meses”  y  que  “un  tal  quantum podría  eventualmente  desbordar  el  máximo  dispuesto  por  el  legislador  sobre  el  particular  en  atención  a la época de comisión de los delitos investigados,  circunstancia  que  comportaría  violación  de  los  derechos  y garantías de  GISELA  FAIRFOOT”, tal será el tema que corresponde  dilucidar a la Sala, en cuyo marco jurídico se tiene:   

         Según   la   preceptiva   contenida  en  el  artículo  29  de  la  Constitución,   “nadie  podrá  ser  juzgado  sino  conforme   a   leyes   preexistentes   al  acto  que  se  le  imputa”;  disposición  que  consagra  el principio de legalidad de los  delitos  y las penas, el cual desde la época de la Revolución Francesa protege  la  libertad individual frente a la arbitrariedad de los funcionarios judiciales  y  garantiza  a la postre tanto el principio de igualdad de las personas ante la  ley, como el de seguridad jurídica.   

Es  por  tal razón que se afirma de manera  pacífica  que  una  de  las características esenciales de un Estado de derecho  está  constituida  por  la  reglamentación exhaustiva de las facultades de sus  servidores  públicos,  como  se deriva del artículo 121 de la Carta Política,  en  cuyo texto se expresa que “ninguna autoridad del  Estado   podrá   ejercer  funciones  distintas  de  las  que  le  atribuyen  la  Constitución  y la ley”. A su vez, el artículo 122  de  la  misma  Normativa  Superior  dispone  que “no  habrá   empleo   público   que   no   tenga  funciones  detalladas  en  ley  o  reglamento”.   

En cuanto se refiere a los funcionarios que  administran  justicia, además de las anteriores normas, sus facultades se rigen  por  lo  dispuesto  en  el  artículo  230  de  la  Constitución,  precepto que  establece   el   principio   de   imperio   de   la   ley   en   las  decisiones  judiciales.   

Ahora bien, el principio de legalidad desde  el  punto  de vista de la pena constituye una garantía para el procesado y para  la  comunidad,  pues  los  ciudadanos  tienen  la  certeza  que en ejercicio del  ius  puniendi,  el  Estado  sólo  podrá sancionar en razón de la comisión de una conducta punible dentro  de  los  límites  cuantitativos  y cualitativos establecidos en la ley, sin que  estos   puedan   desbordarse  a  discreción  o  capricho  de  los  funcionarios  judiciales,  pues  un tal proceder comportaría no sólo violación del referido  principio,  sino  también  de  los  de  igualdad  de las personas ante la ley y  seguridad jurídica, según atrás se precisó.   

Puntualizado lo anterior, advierte la Sala en  el  asunto  objeto  de  estudio que en la parte considerativa de la sentencia de  segundo   grado   se   dijo  que  “se  impondrá  la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  periodo  de  la  pena  principal  (11 años y 4  meses,  se  aclara)” y de igual manera fue consagrado en el numeral tercero de  la parte resolutiva del aludido fallo.   

Como  el  concurso de delitos que motivó la  condena  de  la  procesada ocurrió entre enero de 1987 y septiembre de 1991, se  rige  por  lo  dispuesto  en el artículo 44 del Decreto 100 de 1980, modificado  por  el  artículo  3º  de  la  Ley  365  de 1997, según el cual, la duración  máxima  de  la  pena  de  interdicción de derechos y funciones públicas es de  diez  (10)  años, norma que por resultar más favorable a la incriminada que lo  dispuesto  sobre  el  particular  en  la  Ley  599 de 2000, debe ser aplicada de  manera ultraactiva.   

Por  tanto, tal como lo expresa la Delegada,  es    evidente    que   al   ser   condenada   GISELA  FAIRFOOT  en la decisión de segunda instancia a la ya  mencionada  pena  accesoria  por  tiempo igual al de la pena principal, esto es,  once  (11)  años  y cuatro (4) meses, no se reparó en que tal quantum excedía  el  máximo  establecido  para  dicha  sanción por el legislador y por ello, se  violó  el principio de legalidad de la pena al imponerle una sanción accesoria  que desborda los límites cuantitativos dispuestos en la ley.   

En  consecuencia,  corresponde  a  la  Sala  restablecer  oficiosamente  el  daño  causado  y  por  ello se dispondrá casar  parcialmente  el  fallo  en  cuanto atañe a la pena accesoria, para en su lugar  establecer su duración en diez (10) años.   

          Por  lo  expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE  

1.           NEGAR   la  solicitud  de  declaratoria  de nulidad del trámite formulada por el Ministerio  Público    de    acuerdo   con   las   razones   expuestas   en   la   anterior  motivación.   

2.          CASAR oficiosa  y  parcialmente  el  fallo  de  segundo grado, para reducir a diez (10) años la  pena  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas impuesta a la  procesada   GISELA   FAIRFOOT  AVENDAÑO, de conformidad con la argumentación precedente.   

3.            PRECISAR que los  restantes    ordenamientos    de    la    sentencia   impugnada   se   mantienen  incólumes.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *