23701(22-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23701  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado acta No. 51   

                                     Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá, D. C., veintidós de junio de dos mil  cinco.   

Se  pronuncia  la  Corte  sobre el recurso de  queja  propuesto por el  defensor de Rodrigo José  Morales    Reyes    y   el  procesado   Jacobo  Enrique  Bermúdez  Fula contra la decisión mediante la cual el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Santa  Marta no concedió el de  casación   interpuesto  por  los   mismos  sujetos  procesales  contra  la  sentencia de 13 de diciembre de 2004.   

Antecedentes.   

1. El 14 de marzo de 2003, el Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito  de  Santa  Marta  falló varias causas acumuladas seguidas  contra  Edgardo  Plutarco  Vives  Campo,  Emma Nigrinis Torres, Hipólito Guerra  Toncel,  Pascual Forero Bustamante, Luis Ignacio Diazgranados Villarreal, María  Delfina  Guerrero  de Aarón, Arnulfo Mercado De La Hoz, Carlos Bermudez Lozano,  William  Zawady  Leal,  Gala  Esther  González  Varela,  Jacobo Bermúdez Fula,  Rodrigo   Morales   Reyes   y   Mario  Estrada  Salas,  por  delitos  contra  la  administración y la fe pública.    

En  el  ordinal  décimo  noveno  de la parte  resolutiva  de  dicho  fallo,  el Juzgado condenó a los procesados Jacobo   Enrique  Bermúdez  Fula  y  Rodrigo  José  Morales  Reyes  a  la pena principal de 7 años y 6 meses de prisión,  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo  término,  y  multa equivalente al valor de lo apropiado ($260´429.197) “como  determinadores  intervinientes  de  los  delitos  de  peculado  por apropiación  agravado   por   la  cuantía,  cometidos  en  concurso  de  hecho  punibles”.   

   

2.  Apelado  este  fallo  por  varios  de los  procesados  y  sus  defensores, el Tribunal Superior de Santa Marta, mediante el  suyo  de 13 de diciembre de 2004, confirmó varias de las decisiones tomadas por  el  Juez, modificó otras, y en relación con la contenida en el ordinal décimo  noveno  (condena  de  Jacobo  Enrique Bermúdez Fula y  Rodrigo   José   Morales  Reyes),  la  revocó,  para  decretar  en  su  lugar  la  nulidad  del  juzgamiento,  a partir de   la  audiencia  pública,  por  errónea  calificación de la conducta.    

3. Contra el fallo en cuestión interpusieron  recurso   de   casación  los  defensores  de  Edgardo  Plutarco  Vives  Campo,  Luis  Ignacio  Diazgranados  Villarreal y Rodrigo José  Morales    Reyes,   y   el   procesado   Jacobo   Enrique   Bermúdez   Fula.   El  Tribunal,  por  auto  de  10 de febrero de 2005, ordenó correr traslado para la  presentación  de  las  demandas,  decisión  que luego revocó en relación con  Rodrigo José Morales Reyes y Jacobo Enrique Bermúdez  Fula,   por  considerar  que  respecto  de  ellos  no  procedía   el  recurso,  dado  que  habían  sido  cobijados  por  la  nulidad.   

4.    El    defensor    de   Rodrigo  José Morales Reyes y el procesado  Jacobo    Enrique    Bermúdez   Fula   interpusieron  recurso  de  reposición  y  en  subsidio el de queja  contra   dicha  decisión,  petición  que  fundamentaron  argumentando  que  el  Tribunal  no  podía  revocar directamente la concesión del recurso en la forma  como  lo  hizo,  y que además la competente para decidir sobre su admisibilidad  era  la  Corte. El Tribunal, por auto de 29 de abril de 2005 rechazó el recurso  de  reposición  por improcedente, y ordenó expedir copias para el trámite del  de queja.   

Fundamentos  de  la  impugnación.   

El  recurso  solo  fue  sustentado  por  el  procesado  Jacobo Enrique Bermúdez Fula. Sostiene  que  los  argumentos  que el Tribunal expuso para negar el  recurso  de  casación,  en el sentido de que la decisión de 13 de diciembre de  2004  no es una sentencia, son equivocadas, porque, hasta donde tiene entendido,  en  derecho  procesal  una  sentencia  se afecta, revoca, o varía mediante otra  sentencia,  y  la providencia recurrida en casación es una sentencia de segunda  instancia.  Pide  a  la Corte, por tanto, revocar el auto que negó la admisión  del recurso, y en su lugar dar paso al trámite respectivo.   

SE        CONSIDERA:   

Dos aspectos se impone precisar en este caso,  en  el  camino  a  establecer  la procedencia del recurso de queja: (1) es si el  Tribunal  tenía  competencia  para  pronunciarse  sobre  la  admisibilidad  del  recurso    de    casación   interpuesto   por   los   procesados   Jacobo    Enrique    Bermúdez   Fula   y  Rodrigo    José    Morales    Reyes,   o  si  carecía  de ella como lo sostiene el primero en los escritos  de  impugnación;  y  (2)  si  la  decisión  recurrida  es  susceptible  de ser  impugnada  por  vía  extraordinaria.  Separadamente  serán  estudiados los dos  aspectos:   

1.  Competencia del  Tribunal en el trámite casacional.   

Con  ocasión  de  la declaración parcial de  inexequibilidad  de  los  artículos  6° de la ley 553 de 2000, y 210 de la ley  600  de  2000  (Sentencia  C-252/01), que regulaban lo atinente a la oportunidad  para  la  interposición  de  la casación en materia penal, la Corte acogió la  tesis  de  la reviviscencia de los contenidos normativos derogadas, siguiendo al  efecto  la doctrina constitucional dominante, con el fin de prevenir los vacíos  que  pudieran  presentarse, y garantizar el acceso al recurso (Cfr. Queja 18631,  octubre  22  de  2001,  Magistrado  Ponente Dr. Carlos Augusto Gálvez Argote; y  Casación  Discrecional  18582, octubre 22 de 2001, Magistrado Ponente Dr. Jorge  Aníbal Gómez Gallego).    

Las  conclusiones  a  las  que  se  llegó en  aplicación   de  esta  tesis,  fueron  básicamente  las  siguientes:  (1)  Que  revivían  los  artículos  223 y 224 del Decreto 2700 de 1991, que regulaban la  manera  de interponer y conceder la casación como recurso extraordinario; y (2)  que  revivían  también  los artículos 207 a 210 ejusdem, que reglamentaban el  recurso  de  hecho  (queja) como mecanismo para acceder a la casación cuando el  Tribunal  de  apelación  negaba  su concesión (Cfr. decisiones citadas y Queja  18862,    marzo   6   de   2002,   Magistrado   Ponente   Dr.   Jorge   Córdoba  Poveda).   

De  la interrelación de estas normas con los  preceptos  que  lograron superar el examen de constitucionalidad, principalmente  con  el  inciso  último  del artículo 210 de la ley 600 de 2000, que establece  que  “si  la demanda se presenta extemporáneamente,  el  tribunal  así  lo  declarará  mediante  auto  que  admite  el  recurso  de  reposición”, la Corte concluyó que el examen sobre  la  procedencia  del  recurso era de competencia exclusiva de la Corte, y que el  Tribunal  solo  podía  negar  su  concesión  por  razones  relacionadas con su  interposición    extemporánea.    En    todos   los   demás   casos,   debía  concederlo.    

Precisó  igualmente  que  la  decisión  del  Tribunal   que   niega   el   trámite  casacional  por  extemporaneidad  de  la  impugnación  solo admite el recurso de reposición, de acuerdo con lo dispuesto  en  el  citado  artículo  210  de  la  ley 600 de 2000, y que el de queja tiene  cabida  cuando  el  Tribunal  decide  negarlo  por razones distintas a las de su  competencia,   es   decir,   por   motivos   diferentes   de  su  interposición  extemporánea,  como  cuando  aduce para negar su concesión el quantum punitivo  (summa  poenae),  la  cuantía del interés para recurrir (summa gravaminis), la  capacidad  para  actuar  en el proceso (legitimatio ad processun), la naturaleza  de      la      providencia      impugnada      o      su      origen,     entre  otros.          

Este  criterio, ha sido y sigue siendo el que  rige   el   procedimiento   aplicable   en  el  trámite  casacional  (consultar  adicionalmente  recursos  de  queja  No.  21010,  de julio 3 de 2003, Magistrado  Ponte  Dr. Edgar Lombana Trujillo, y No.23087 de 19 de enero de 2005, Magistrado  Ponente  Dra. Marina Pulido de Barón, entre otros). Sin embargo, la Sala estima  oportuno    retomar    el    punto,   con   el   fin   de   replantearlo,   pues  considera     que  el  procedimiento  que  viene  siendo  aplicado  no  responde  a  la  estructura  lógica  del  proceso  casacional,  ni  consulta el  contenido  de  las  normas  en  las  cuales  se  sustenta,  fundamentalmente los  artículos  223  y  224  del  Decreto  2700  de  1991,  y  210  de la ley 600 de  2000.   

El proceso casacional, como cualquier proceso,  se  divide  en  etapas, fases o compartimentos, que se rigen por el principio de  preclusión,  de  acuerdo  con  el cual, los estadios de que se compone la   actuación  se  agotan  progresivamente,  convirtiéndose  cada  una de ellas en  condición  necesaria  de  la  siguiente,  y  en estanco que impide el retorno a  fases  ya  superadas.  Se  busca  con ello no solo dar orden al proceso, sino ir  concretando  progresivamente  su  objeto,  y  dar certeza a las partes sobre los  momentos en los cuales deben hacer uso de sus derechos.   

En el sistema procesal que regía antes de la  entrada  en  vigencia de la ley 553 de 2000, el trámite casacional se integraba  de  cuatro fases claramente diferenciadas: (1) la de interposición y concesión  del  recurso,  (2) la de sustentación, (3) la de calificación de la demanda, y  (4)  la decisión (Artículos 223, 224, 226 y 229 del Decreto 2700 de 1991). Las  dos  primeras  se  cumplían  en el Tribunal de apelación, y las últimas en la  Corte,  siendo  cada una de ellas presupuesto necesario de la siguiente, pues la  lógica  del  proceso  casacional  enseña  que  primero  debe  interponerse  el  recurso,  luego  concederse, después sustentarse, posteriormente calificarse la  demanda, y finalmente decidirse.   

La  primera etapa se compone de dos subfases,  la  de  interposición  del  recurso y la de concesión. La interposición es el  acto  mediante  el  cual  el sujeto procesal expresa al Tribunal su decisión de  llevar  el caso a casación. Puede hacerse en el acto de la notificación, o por  escrito  dentro  de  los  15  días  siguiente  a la última notificación de la  sentencia  (artículo  223  ejusdem).  La  concesión, es el acto por el cual el  Tribunal  decide  si  otorga  el recurso interpuesto o lo niega, lo cual implica  examinar  los  presupuestos  de  procedibilidad  de la impugnación, o lo que es  igual, las condiciones de admisibilidad del recurso.   

No se trata de un acto formal,  de simple  mecánica  procesal, como ha venido siendo entendido después de la declaratoria  de  inexequibilidad  de los dos primeros incisos del artículo 210 de la ley 600  de  2000,  sino  de una decisión de contenido material, que implica examinar si  se  cumplen o no los presupuestos que la ley impone para declarar en trámite la  impugnación.  Esta  noción es unánime a nivel de doctrina, y además  la  que  impone la teoría de la casación, pues de no ser así se incurriría en el  contrasentido  de tener que correr traslado para la presentación de una demanda  que  de  antemano  se sabe improcedente, con pérdida de tiempo para los sujetos  procesales,   desgaste  innecesario  para  la  administración  de  justicia,  y  dilación perniciosa del procedimiento.   

Reputados casacionistas nacionales, como Fabio  Calderón    Botero    y    Humberto   Murcia   Ballén,   coinciden   en   esta  conceptualización.  El  primero  sostiene  que  la determinación referida a la  concesión  o  negación  del  recurso,  implica  estudiar  si fue incoado en la  oportunidad  debida,  si  fue formulado por quien tenía derecho a hacerlo, y si  la  sentencia  impugnada  está  sujeta  a  casación.  El segundo afirma que el  Tribunal  solo  puede  optar  por  la  concesión  del  recurso  cuando  ha sido  interpuesto  en  tiempo,  contra  sentencia  susceptible de ser atacada por esta  vía,  y  por  quien  está  legitimado  para  hacerlo, debiendo negarlo en caso  contrario.   

El  temor  de  que  el derecho de los sujetos  procesales  a  acceder  al recurso pueda verse comprometido por la decisión que  pueda  tomar  el  Tribunal  en  el  remate  de  esta  primera  fase del trámite  casacional,  se  disipa  por  previsión de la misma ley, que históricamente ha  consagrado  la  posibilidad  de  que  contra la decisión que niega la casación  pueda  interponerse  el  recurso  de hecho (o de queja), para que sea el Juez de  casación  el  que  decida  en  últimas sobre su procedencia, cualquiera sea el  motivo,  incluido  el  relativo  a  su interposición extemporánea, que no debe  confundirse  con  la  extemporaneidad  de  la  demanda, que corresponde, como se  verá  más  adelante,  a  una  fase  superior,  en  donde  no  es  admitida  la  impugnación de hecho.   

La  segunda  fase  se integra también de dos  momentos.   El  de  presentación  de  la  demanda  (sustentación  del  recurso  propiamente  dicho),  y  el  de  aportación  de  los  alegatos  de  los sujetos  procesales  no  recurrentes.  La  presentación  de la demanda es necesaria para  poder  acceder  a  la  tercera  fase,  mas  no  así  la aportación de alegatos  apreciatorios.  Si  el  impugnante  presenta demanda en tiempo, el Tribunal debe  remitir  el  proceso  a  la Corte para el cumplimiento de la tercera fase. Si el  recurso  no  es  sustentado,  o  lo es fuera de tiempo, debe declararlo desierto  mediante  decisión  que  solo admite recurso de reposición, de conformidad con  lo  dispuesto  los artículos 224 inciso último del Decreto 2700 de 1991, y 210  último inciso de la ley 600 de 2000.   

No  puede confundirse el acto de declaración  de  extemporaneidad  de  la  interposición  del  recurso,  que  es propia de la  primera  fase,  y  contra  el  cual  procede  el  recurso  de  queja,  con el de  declaración  de extemporaneidad de la demanda, que pertenece a la segunda fase,  y  solo  admite  recurso  de reposición. Ambas decisiones competen al Tribunal,  pero  pertenecen  a momentos procesales diferentes, y están referidos a objetos  distintos.  Esta  aclaración  resulta importante, porque fue con ocasión de la  simbiosis  de estos dos conceptos que la Sala terminó  postulando la tesis  que hoy se replantea.       

La  tercera  fase  comprende  también  dos  momentos.  La  calificación  de la demanda por parte de la Corte, y el traslado  al  representante  del Ministerio Público para concepto. La calificación de la  demanda  supone  doble  análisis,  (1) la verificación del cumplimiento de las  exigencias   requeridas   para  la  procedencia  del  recurso  (presupuestos  de  admisibilidad),  y  la  calificación  propiamente  dicha, o acto por el cual se  establece  si  la  demanda cumple los presupuestos mínimos de forma y contenido  que  permitan  su  estudio  de  fondo,  según  las  exigencias de la ley, y los  requerimientos de la técnica casacional.   

En  la  práctica, el primer examen abarca la  revisión  de los presupuestos requeridos para la admisibilidad del recurso, que  se  supone  fueron  analizados por el Tribunal en el momento de decidir sobre su  concesión,  y  la  verificación  de  aquellos que solo pueden ser establecidos  frente  al contenido de la demanda, como el interés para recurrir en razón del  tema  planteado  (unidad  temática  entre  los  aspectos  de la apelación y la  casación),  o  el  interés  para  hacerlo  en  razón de la pretensión (si lo  buscado  es la nulidad, la variación del sentido del fallo, o la reparación de  perjuicios,  según se trate o no de sentencia anticipada, o del sujeto procesal  que  recurre),  pues dependiendo de lo que se esté alegando podrá o no existir  interés para recurrir.   

Si la Corte encuentra reunidos los requisitos  de  admisibilidad  del recurso, y la demanda en forma, la admite y ordena correr  traslado  al  representante  del  Ministerio  Público  para que emita concepto,  cumplido  lo  cual  entra  a  decidir  el recurso. Si no encuentra cumplidos los  requisitos  de  admisibilidad,  lo  declarará  improcedente, y se abstendrá de  calificar  la  demanda.  Si los presupuestos de admisibilidad concurren, pero la  demanda  no reúne las exigencias mínimas requeridas para que pueda adelantarse  un  estudio  de  fondo, la inadmitirá, sin perjuicio de que oficiosamente pueda  habilitar   el   trámite   casacional   si   advierte  violación  de  derechos  fundamentales.   

Con  la  entrada en vigencia de la ley 553 de  2000,  la  estructura del proceso casacional sufrió sustanciales modificaciones  en  su primera parte, pues se eliminó la fase de la interposición del recurso,  para  reducir el trámite casacional a tres fases, (1) la de presentación de la  demanda,  (2)  la  de  calificación  de  la  demanda, y (3) la de decisión. La  primera  se  cumplía  ante  el  Tribunal,  y  las  dos últimas en la Corte. Al  desaparecer  la  fase  de  la  interposición,  desaparecía por sustracción de  materia  el  acto  de  concesión,  y  consecuencialmente  el  recurso  de queja  previsto  como  mecanismo  supletorio  para  intentar  el  acceso a la casación  cuando   era  negada por el ad quem, siendo estas las razones por la cuales  la    leyes   553   y   600   de   2000   omiten   hacer   alusión   a   dichos  institutos.     

La  primera fase comprendía la presentación  de  la  demanda  y  el traslado a los sujetos procesales no recurrentes. Una vez  agotada,  el  expediente  debía ser remitido a la Corte para el cumplimiento de  la  segunda  fase, que abarcaba el examen de los requisitos de admisibilidad del  recurso  y  la  calificación formal de la demanda, ambas por parte de la Corte.  Bajo  este régimen, el Tribunal carecía de competencia para pronunciarse sobre  la  procedencia de la impugnación, facultad que quedaba privativamente asignada  a la Corte.   

La  única  decisión  que el Tribunal podía  tomar  en el curso del trámite casacional tenía que ver con la declaración de  extemporaneidad  de  la  demanda,  cuando era presentada en destiempo, decisión  contra  la cual procedía el  recurso de reposición exclusivamente, según  lo  preceptuado en los  artículos 6° de la ley 553 de 2000 y  210 de  la  ley  600  de  2000,  cuyos incisos finales, textualmente idénticos, son del  siguiente   tenor:   “Si  la  demanda  se  presenta  extemporáneamente,  el  Tribunal  así  lo declarará  mediante auto que admite el recurso de reposición”.   

Si la Corte encontraba reunidos los requisitos  de  procedencia del recurso y la demanda satisfacía los requerimientos formales  y  técnicos  exigidos  para  su estudio de fondo, la admitía y ordenaba correr  traslado  al  Procurador  para  concepto.  En  caso  contrario,   declaraba  improcedente  el  recurso,  o  inadmitía  la  demanda,  según  se  tratara del  incumplimiento   de   los   presupuestos   de  procedencia  del  recurso,  o  de  admisibilidad  formal  del  libelo.  La segunda fase concluía con la obtención  del  concepto  del  Procurador,  y  se  iniciaba la tercera, en la cual la Corte  entraba a decidir el recurso.   

La  declaratoria  de  inexequibilidad  de las  normas  de  la  leyes  553  y  600  de 2000 que regulaban el nuevo procedimiento  casacional,  llevó  a  la  Corte, como ya se dejó visto atrás, a proclamar la  tesis  de  la  reviviscencia  o restauración ipso iure de los contenidos de las  normas  derogadas, concretamente de los artículos 223 y 224 del Decreto 2700 de  1991,  que  regulaban  el  procedimiento anterior, donde se preveían como fases  del  procedimiento  casacional,  (1)  la   interposición  y concesión del  recurso,  (2)  la  sustentación,  (3)  la  calificación de la demanda y (4) la  decisión,  y  donde  el  acto  de  concesión  del  recurso,  entendido  en  su  comprensión  dogmática  casacional,  es  decir  como  decisión  en  la que se  estudian  los  requisitos  de  procedencia  de  la  impugnación,  se erigía en  presupuesto    necesario    para    poder    acceder    a    la   fase   de   la  sustentación.   

Siendo  ello así, la conclusión a la que se  llega,  y  que hoy acoge la Sala, es que el acto de concesión del recurso no es  una   decisión  carente  de  contenido  (en  blanco),  como  ha  venido  siendo  entendido,  sino  un  acto  dotado de sustancialidad, en el que el Tribunal debe  analizar  los distintos presupuestos requeridos para la procedencia del recurso,  con  el  fin de determinar si debe o no concederlo, excepción hecha de aquellos  que  solo pueden ser determinados frente al contenido de la demanda, como sería  el  caso  del  relacionado con la unidad temática, o del interés para recurrir  en  razón  de  la  pretensión,  o en razón de sujeto procesal que impugna. En  estos  supuestos,  la llamada a pronunciarse sobre el cumplimiento del requisito  de  procedencia  del  recurso es la Corte, en el momento de analizar la demanda.   

La  tesis  de  la Sala, consistente en que el  Tribunal  solo podía pronunciarse sobre la extemporaneidad de la interposición  del  recurso, y que contra esta decisión no procedía el recurso de queja, sino  el  de reposición, parece haberse sustentado en la lectura del único fragmento  del  artículo  210  de  la  ley  600  de 2000 (artículo 6° de la ley 553) que  logró   superar  el  examen  de  constitucionalidad,  donde  se  establece  que  “si  la  demanda  se presenta extemporáneamente, el  Tribunal   así   lo   declarará   mediante  auto  que  admite  el  recurso  de  reposición”,  pero  esta  norma  se  refiere  a  la  inobservancia  de  los  términos  para  presentar  la  demanda,  no  a la inobservancia de los términos para  la     interposición    del    recurso,  como  terminó  entendiéndose,  sin  advertir  que se trataba de  situaciones   disímiles,   claramente  diferenciadas,  pertenecientes  a  fases  diferentes  del  trámite  casacional,  que  implicaban consecuencias procesales  distintas.   

Sintetizando, puede decirse que en tratándose  de  casación  común,  que  no  deba  regirse  por  la ley 906 de 2004 (sistema  acusatorio),  el  trámite  a  seguir  comprende los siguientes pasos. (1) El de  interposición,  que  debe  cumplirse  dentro  de  los  15 días siguientes a la  última  notificación de la sentencia (artículo 223 del Decreto 2700 de 1991).  (2)  El  acto de concesión, que corresponde al Tribunal, e implica el análisis  de  todos  los  requisitos de procedencia del recurso, con excepción de los que  solamente  pueden  establecerse  a  partir  del  contenido  de  la demanda. Debe  adoptarse  mediante  auto  de  sustanciación  (artículo  224  ejusdem),  y  es  susceptible  del  recurso  de queja en los términos previstos en los artículos  207   y  siguientes  del  referido  estatuto  cuando  es  denegado.  (3)  El  de  sustentación  y  presentación  de alegatos apreciatorios, en la forma y plazos  previstos  en  el  artículo  224.  Si  el  recurrente  no  presenta demanda, el  Tribunal  debe declarar desierto el recurso. Si es presentada por fuera  de  término,  debe declararla extemporánea mediante auto contra el cual procede el  recurso  de  reposición  (artículo  210  de  la  ley  600  de 2000). (4) El de  calificación  de  la  demanda y traslado al Ministerio Público, de competencia  privativa de la Corte, y (5) el de decisión.   

En  tratándose  de  casación discrecional o  excepcional,  el  trámite  a  seguir  es el mismo. El recurso debe interponerse  dentro  de  los  15 días siguientes a la última notificación de la sentencia,  con  la  indicación  de  que se utilizará la vía discrecional, precisión que  resulta  importante a efectos de determinar si se cumplen o no las exigencias de  procedencia.  Dentro  de  los tres días siguientes el Magistrado, mediante auto  de  sustanciación, debe decidir sobre su concesión, para lo cual debe analizar  los  requisitos  de  procedencia del recurso cuya concreción  no requieran  el  análisis  del  contenido  de  la  demanda  (como  interposición en tiempo,  capacidad  procesal  del  impugnante,  naturaleza  de  la providencia impugnada,  etc).  Si  la  decisión  es  de  rechazo,  procede el recurso del queja, en los  términos  ya  indicados.  De lo contrario, se ordenarán los traslados. Agotada  esta  fase,  se  remite  el  expediente  a  la  Corte  para verificación de los  requisitos  de  procedencia  del  recurso  y  calificación de la demanda. Si el  recurrente  no  presenta  demanda,  compete  al  Tribunal  declarar  desierto el  recurso,  y  si  es  presentada pero en destiempo, debe declararla extemporánea  mediante auto que solo admite recurso de reposición.   

Oportuno  es precisar que en el nuevo código  (ley  906  de  2004),  el  trámite  casacional  comprende  cuatro fases: (1) De  interposición  motivada  del recurso, que debe cumplirse dentro de los 60 días  siguientes  a  la  última  notificación de la sentencia. El acto de concesión  desaparece,  y  por  ende,  el  recurso  de  queja.  El ad quem debe limitarse a  remitir  el  escrito  de  interposición  (demanda)  a  la  Corte, junto con los  antecedentes  del  caso,  para  su  estudio.  (2)  De admisión del recurso, que  corresponde  a  la  Corte,  y  comprende  la  constatación de los requisitos de  procedencia,  y  el  cumplimiento  de  las  exigencias de sustentación mínima.  Contra  la  decisión que inadmite el recurso por falta de interés, motivación  insuficiente,  o  inidoneidad  sustancial, procede el recurso de insistencia por  parte  del  Ministerio  Público  o de cualquiera de los Magistrados de la Sala.  (3)  De  sustentación  en audiencia.  Si el recurrente no comparece, ha de  entenderse  que  desiste del recurso (artículo 199 ejusdem), y se impondrá por  tanto  la  declaración  de  deserción. (4) De decisión, dentro de los 60 día  siguientes.   

2. Procedencia de la  impugnación en el caso concreto.   

En  el  caso  analizado, el Tribunal negó la  concesión  del  recurso  por  considerar  que  la  decisión  contra la cual se  dirigía,  carecía  de  la  connotación  de  sentencia, y que en las referidas  condiciones,  la  impugnación devenía improcedente. Esta decisión, de acuerdo  con  lo  que  se  ha  dejado visto, pertenece al ámbito de su competencia, pues  está  directamente  relacionada  con  el  cumplimiento  de  uno  los requisitos  exigidos   para  la  procedencia  del  recurso  (naturaleza  de  la  providencia  impugnada),  que  no  requiere del análisis del contenido de la demanda para su  determinación.   

En  punto  a  la  corrección de la decisión  impugnada,  debe  decirse  que  las  consideraciones  del Tribunal en torno a la  improcedencia  del recurso son inobjetables. La casación en el sistema procesal  penal  colombiano  solo  procede contra sentencias, entendidas por tales el acto  jurisdiccional  que  pone  fin  al proceso o resuelve definitivamente el asunto,  condenando  o  absolviendo  al procesado (artículo 170). Si la decisión que se  impugna  no  cumple  estas  condiciones  básicas,  es  decir, si no contiene un  pronunciamiento  expreso  sobre  la  responsabilidad penal de quien está siendo  sometido  a  juzgamiento,  carecerá  de tal carácter (sentencia), y no tendrá  recurso extraordinario.   

La providencia 13 de diciembre de 2004, que el  procesado  recurre  en  casación,  tiene  doble  naturaleza:  la  de  sentencia  respecto  de  los  procesados  que  fueron condenados o absueltos por los hechos  objeto  de  juzgamiento,  y  la  de  decisión  interlocutoria  en relación con  Jacobo  Enrique Bermúdez Fula y Rodrigo José Morales  Reyes,   pues  en relación con estos últimos el  Tribunal  no hizo pronunciamiento de responsabilidad penal. Simplemente decretó  la  nulidad  del  juzgamiento por vicios de procedimiento, en decisión que hace  parte  de  la sentencia, pero que no tiene dicho carácter (de sentencia).    

En  las  anotadas condiciones, la pretensión  del   impugnante   Jacobo   Enrique  Bermúdez  Fula,  orientada  a  que  la  Corte  revise  en  casación la  nulidad  decretada  por  el Tribunal, resulta improcedente. De una parte, por no  tener  la  decisión  contra  la  cual  se  dirige  el  recurso la condición de  sentencia,  y  de  otra,  porque  no  es  le  dado  impetrar la revisión de las  decisiones  de  fondo  tomadas  en  la  misma  providencia, que sí tienen dicho  carácter,  por  carecer de interés para hacerlo. Por tanto, se declarará bien  denegado el recurso de casación interpuesto.     

Como     quiera     que    Rodrigo   José   Morales   Reyes,  ni  su  defensor,  sustentaron  el  recurso  de  queja  en los términos indicados en el  artículo  197  del estatuto procesal penal, respecto de este sujeto procesal se  desechará la impugnación.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

1.    Desechar  el  recurso  de  queja interpuesto por el defensor del  procesado  Rodrigo  José  Morales  Reyes.     

2.  Declarar  bien  denegado  el  recurso  de casación interpuesto por el  procesado  Jacobo  Enrique Bermúdez Fula contra   la   decisión   de   nulidad   de   13   de  diciembre  de  2004.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

MARINA PULIDO DE BARON  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ               HERMAN GALAN CASTELLANOS   

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO             EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO         O.        PEREZ  PINZON                JORGE L. QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS               MAURO SOLARTE PORTILLA   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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