23604(15-11-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23604  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                               Magistrado Ponente:   

                                                     

                                               Dr. ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                                

                                               Aprobado Acta No. 89   

Bogotá, D.C., quince (15) de noviembre de dos  mil cinco (2.005).   

VISTOS:  

Se  pronuncia  la  Sala sobre la solicitud de  pruebas  elevada  por  el defensor de CLAUDIA MARÍA GARCÉS OCHOA, requerida en  extradición por el Gobierno de los Estados Unidos de América.   

           

ANTECEDENTES :  

    

1. Mediante Nota Verbal No. 0358 del 14  de  febrero  del  año en curso, el Gobierno de los Estados Unidos de América a  través  de su Embajada en esta ciudad solicitó al de Colombia por conducto del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores, con fines de extradición, la detención  provisional  de  la  ciudadana  colombiana  CLAUDIA MARÍA GARCÉS OCHOA, al ser  requerida  en  ese  país  para  comparecer  a  juicio  por delitos federales de  narcóticos,  según  acusación  original  No.05-CR-051 (DRH), dictada el 20 de  enero  de  2.005 por el gran jurado federal en sesiones en Central Islip condado  de  Suffolk,  Long  Island, Nueva York y acusaciones de reemplazo proferidas por  la misma autoridad el 27 de enero (S3) y 3 de marzo (S4).     

2.  Corrido el trámite de esta solicitud por  el  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia,  el Fiscal General de la Nación  mediante  resolución  del 15 de febrero de 2.005 decretó la captura de GARCÉS  OCHOA con ese fin, la que se hizo efectiva el 16 de dicho mes.   

3. El 15 de abril del año en curso, a través  de  Nota  Verbal  No.  0752,  el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos de América  formalizó  la  solicitud  de  extradición  de  GARCÉS  OCHOA, incorporando al  efecto  aquella documentación traducida y legalizada que estimó pertinente con  dicho  cometido,  acorde  con  lo  dispuesto  por  el  Código  de Procedimiento  Penal.   

4.  A  su  turno, el Ministerio de Relaciones  Exteriores  a  través  de  Oficio  No.OAJ.E.0425  del  18  de  abril  de 2.005,  conceptuó  que por no existir convenio aplicable al caso es procedente obrar de  conformidad con el ordenamiento procesal penal colombiano.   

5. Seguidamente, el Ministerio del Interior y  de  Justicia,  mediante  oficio  No.  0300-DVJ  (Ext.-05-361) remitió ante esta  Corporación  la  documentación  presentada  por  el  Gobierno  de  los Estados  Unidos,  con  miras  a  que la Corte proceda a adelantar el trámite orientado a  emitir  concepto,  habida  cuenta de estar reunidos los requisitos formales para  el efecto.   

6.  Recibido  el expediente, la solicitada en  extradición,  ante  requerimiento de la Sala, procedió a nombrar a un defensor  que  la  asista,  surtiéndose el respectivo traslado en orden a la petición de  pruebas,  elevándose  memorial  en dicho sentido por el profesional del derecho  designado.   

7.  En  su  muy  extenso escrito, comienza el  defensor  por  evocar  el desarrollo social, familiar y personal de la requerida  en  extradición,  así  como el engaño del que habría sido víctima por quien  posteriormente  se  supo se trataba de un agente encubierto de la DEA. Reproduce  enseguida  doctrina  de  la  Sala en relación con la índole de las pruebas que  resultan   viables   aportar   a   este  trámite  de  extradición,  expresando  inconformidad  con  el  contenido  que  se  le  ha dado al mismo por encontrarlo  distante  del  garantismo  penal, todo lo cual entiende no obsta para “plasmar  nuestro     sentir     en     relación    con    la    Institución    de    la  Extradición”.   

Se ocupa el memorialista, a espacio, en dejar  sentado  su  criterio  en  torno  a  la  figura de la extradición, el carácter  político  de los sistemas judiciales y consiguientemente el cuestionamiento que  en   su   concepto   merece   denegar   pruebas   por   afirmar   que   resultan  “superfluas”,  con desmedro de las garantías de la persona requerida y como  un simple mecanismo protector de la sociedad.   

8. Hecho lo anterior, divide en tres acápites  la solicitud de pruebas, así:   

8.1.  Prueba  de la  validez formal de la documentación presentada:   

Observa en primer término el peticionario que  los  documentos  allegados  no fueron debidamente autenticados por el respectivo  Cónsul  de  nuestro  país, quien cumple funciones de autenticación dentro del  proceso  de  legalización  de  los  mismos  y  cuya  firma  también debía ser  certificada por el Ministerio de Relaciones Exteriores.   

Se  refiere a la certificación realizada por  Mary  Ellen  Warlow  y  la  autenticación  hecha  por “Patrcici O’Hatchett  sic”,  quien  para  el 8 de  abril  se  desempeñaba  como  auxiliar  de  autenticaciones del Departamento de  Estado,  pues  la  primera  de  las  mencionadas  no es autora de ninguno de los  documentos presentados para autenticar.   

Lo  propio dice cabe afirmar en relación con  el   “indictment”   y  las  disposiciones  aplicables,  pues  las  supuestas  autenticaciones  recayeron  sobre  copias  de  los mismos, trámite que no puede  confundirse  con  la  autenticación de firma y certificación de autoría a que  alude la Convención de la Haya.   

Solicita,  por  ello: 1) se designe un perito  “idóneo  en  legalización,  autenticación de documentos públicos que deben  servir  de  prueba  entre  las  Naciones”,  con  miras a que defina la validez  formal  de  los  aportados en este caso con miras a la solicitud de extradición  de  CLAUDIA  MARÍA  GARCÉS  OCHOA,  y 2) Se oficie a la Cónsul de Colombia en  Washington,  para que expida y remita copia de la relación mensual detallada de  retención   y   pago  de  impuesto  de  timbre  causado  por  la  actividad  de  autenticación  y  legalización  de  documentos, surtida por ese despacho en el  mes de abril del año gravable de 2.005.   

Enfatiza en que las prueba pedidas tienen por  objeto  establecer  que la documentación presentada en este caso no se ajusta a  las  exigencias  que  la  legislación  colombiana  ha  señalado  en materia de  legalización  y  autenticación  de  documentos  otorgados en el exterior, cuya  pertinencia  se  desprende  de  lo  prevenido por los artículos 6° del Decreto  Reglamentario  No.602  de 1.993 y 632 del Estatuto Tributario (adicionado por el  art. 44 de la Ley 6ª de 1.992).   

Entiende  que  las  pruebas  reclamadas  son  además  conducentes,  dado  que las mismas constituyen el medio legal prevenido  en  las  disposiciones  tributarias  para  determinar  la  validez  del cobro de  impuesto  de timbre, cuando está de por medio la autenticación o legalización  de documentos.   

Su   utilidad,   enfatiza,   emerge  de  la  obligación   que   tiene  la  Corte  de  constatar  la  validez  formal  de  la  documentación allegada.   

8.2.   Pruebas  relativas    a    la    demostración    plena    de    la   identidad   de   la  solicitada:   

Dado  que la identificación de la solicitada  en  extradición se habría efectuado a través de un agente confidencial pagado  por  la DEA, según los documentos aportados, asegura, “no está claro que por  prueba   producida   legalmente   en   nuestro   país   haya   sido  claramente  individualizada  mi  defendida”, encontrando entonces indispensable practicar,  entre otras, los siguiente elementos de comprobación:   

1.)  Se  ordene  a un organismo de Policía o  Judicial,  experto  en  dactiloscopia, realice prueba de dicho orden “sobre la  directamente  encartada”  y  se  coteje  con la “Cartilla Alfabética que de  CLAUDIA  MARÍA  GARCÉS  OCHOA  reposa en la Registraduría Nacional del Estado  Civil”,  pues  según  su  entendimiento,  parecería que la investigación se  sigue  en  contra  de  quien  aparece identificada en la Registraduría más que  actividades  delictivas de la requerida; 2) Se oficie a la Policía Nacional con  miras  a  que  se  remita  el  original  de  fotografías que puedan tener de la  solicitada  en  extradición,  pues  se  tiene  la duda sobre si las actuaciones  investigativas  adelantadas  presuntamente  por  un agente encubierto obedecen a  ayudas  binacionales  o  si  son  pruebas secretas e ilegales; 3) Se oficie a la  Fiscalía  y  al  DAS  a efectos de establecer si durante los meses de agosto de  2.003  y  2.004  ingresó  el  ciudadano  colombiano “Hugo Cartagena” con la  debida  autorización  de  autoridades  nacionales en procura de allegar pruebas  para  las  autoridades  judiciales  de  los  Estados  Unidos;  4) Se oficie a la  Policía  Nacional  de  Colombia, para que informe las pesquisas adelantadas con  miras  a  descubrir las actividades realizadas por la requerida o Elkin Rendón,  a  fin  de  determinar si existía contacto visual con los partícipes en dichas  reuniones  o  comunicaciones  monitoreadas. Con miras a determinar la naturaleza  jurídica  de su validez; 5) Se oficie a la Fiscalía General de la Nación, con  miras  a  establecer  qué  actos de cooperación internacional celebró con los  Estados  Unidos,  si  se  toma  en cuenta que desde la propia acusación se dice  anexar  una  copia  de  la  cédula  de  CLAUDIA  MARÍA GARCÉS OCHOA, debiendo  establecerse   cuál  autoridad  colombiana  la  entregó,  lo  que  permitiría  preservar  la  legalidad  de  la  documentación  aducida  como  válida para la  extradición  y 6) finalmente, como quiera que el nuevo Código de Procedimiento  Penal  contempla  las  figuras  de  infiltración  de organizaciones criminales,  agentes  encubiertos,  entrega vigilada, etc, solicita se oficie a la Oficina de  Asuntos  Internacionales  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  a fin de  establecer  si  existió  Carta  rogatoria  por parte de las autoridades de  los  Estados Unidos, que le permitieran a autoridades de ese país actuar dentro  del nuestro.   

Asegura  que  estas  pruebas son conducentes,  pertinentes  y  útiles, si se tiene en cuenta que el Agente Marquardt involucra  a  GARCÉS  OCHOA  a  través  de  actuaciones  controladas  por  sus agentes en  Colombia,  debiendo  establecerse  si  las  mismas  tenían validez jurídica en  nuestro país.   

8.3.   Pruebas  relacionadas   con   la   equivalencia   de   la  providencia  proferida  en  el  extranjero:   

Señala  el  actor  que  existe  una evidente  diferencia  entre  el  “indictment”  y  la  resolución de acusación, en la  medida  en que aquél puede ser modificado indefinidamente en tanto que ésta no  lo  es;  al  propio tiempo y por el mismo motivo, son diversos los requisitos de  una  decisión y otra pues la acusación es garante del debido proceso, mientras  el  “indictment”  es  apenas una acusación formal sin posibilidad alguna de  controvertir  probatoriamente  antes  de  ser  proferido,  de  donde  resulta un  despropósito    jurídico    establecer    una    equivalencia    entre   ambas  decisiones.   

Solicita,  por  tanto,  se pida a la Academia  Colombiana  de  Jurisprudencia  la expedición de un concepto jurídico sobre la  equivalencia  entre las dos referidas decisiones y, de no estarse de acuerdo con  dicha  prueba,  se  designe  un  perito  con  estudios procesales en los Estados  Unidos,  para  que  realice  igual  dictamen  en  donde  señale  si  existe  la  equivalencia referida.   

CONSIDERACIONES:  

1.  Como  lo  pone  de  presente  el  propio  memorialista  a  través de una argumentación discrepante con la doctrina de la  Corte  que  ha definido desde antiguo el contenido y alcance que es inherente al  concepto  que  le  corresponde  emitir  dentro  del  trámite de la extradición  -entendida  como  un  instrumento de colaboración entre los Estados en su lucha  contra  la  criminalidad-,  y  que  irriga  todos  sus  efectos  sobre  el  tema  relacionado  con  las  pruebas  cuya  viabilidad  se  impone,  la Sala ha tenido  oportunidad  de  cotejar  su  procedencia,  determinando  siempre y en todos los  casos  la  verdadera  eficacia  de  las  mismas  y en particular contrastando su  necesidad,  conducencia  y  pertinencia,  con  sujeción  a  lo  previsto por el  artículo  235  del  Estatuto  adjetivo,  bajo  la premisa de entender que estos  principios  comportan  una  estrecha relación con los fines mismos que tiene el  concepto,  por  constituir  la  materia  de  pronunciamiento que legalmente a la  Corporación compete.   

2. Bajo tales parámetros, en forma sostenida  y  reiterada  ha  tenido  oportunidad  la  Sala  de precisar que esos principios  probatorios  deben  ser contrastados dentro de los claros límites del concepto,  según   ya   se   advirtió   y   particular   y   restringidamente   en  tanto  orientados  a verificar:   

a)  la  validez  formal  de la documentación  aportada por el Estado requirente;   

b)   la  plena  identidad  del  solicitado;  .   

c)  la  concurrencia de doble incriminación;  .   

d)  la equivalencia de la providencia emitida  por la autoridad judicial extranjera y   

e)  el  cumplimiento  de  lo previsto por los  tratados públicos cuando fuere el caso.   

3.   Aún   bajo  el  criterio  discrepante  expresado,  el apoderado de la solicitada en extradición por el Gobierno de los  Estados  Unidos  de  Norteamérica  CLAUDIA  MARÍA  GARCÉS OCHOA, mostrándose  conocedor  de  estas  directrices,  toma  tres  de dichos aspectos para reclamar  aquellas   pruebas   que   según  su  criterio  posibilitarían  desvirtuar  la  satisfacción  de  los  requisitos  mínimos  viables  al  pedido que pesa en su  contra.   

4. Así, para el actor, no estaría satisfecha  la  validez  formal  de  los  documentos  aportados por el Estado requirente con  miras   a  la  extradición  pretendida,  aspecto  que  entiende  sustentado  en  presuntas  falencias en desarrollo del proceso de autenticación por parte de la  Cónsul de nuestro país en los Estados Unidos.   

Fijado  así  el  sentido  de  la  propuesta  defensiva,  es para la Sala evidente que carecen en forma absoluta de razón los  argumentos  presentados  por  el  memorialista y que conducen a una exigencia de  trámite  por  fuera  del  marco  que  rige  la validez formal de los documentos  anexos  a  la solicitud de extradición, sin atender al hecho que su expedición  está   condicionada   a  los  requisitos  formales  prescritos  por  el  Estado  requirente  (artículo 551 del C. de P.P.) y que, por tanto, la intervención de  las  autoridades  consulares  colombianas  se limita exclusivamente a certificar  que  los  documentos  sean  auténticos  en  el país que han sido expedidos, de  acuerdo   con   las   respectivas  constancias  aportadas  por  las  respectivas  autoridades al sustentar la petición correspondiente.   

5.  Como  es  bien  sabido,  la  solicitud de  extradición,  acorde  con  lo  prevenido  por el artículo 551 en mención debe  adelantarse   por   vía  diplomática,  consular  o  de  gobierno  a  gobierno,  allegándose  copia o trascripción de la sentencia, resolución de acusación o  su  equivalente,  indicándose  los  actos  que  determinaron la petición y las  circunstancias  de  tiempo  en  que  se  verificaron,  así  como  los datos que  posibiliten  la  identidad  de  la  persona  requerida y copia auténtica de las  disposiciones  aplicables,  documentos  todos  que,  dado  su  origen, deben ser  expedidos    de   conformidad   con   las   leyes   imperantes   en   el   país  reclamante.   

6.  El  apoderado  de  CLAUDIA MARÍA GARCÉS  OCHOA   controvierte  la  validez  formal  de  la  documentación  a  partir  de  considerar,  de  una parte, que los documentos aportados no fueron correctamente  autenticados  por  las  autoridades de los Estados Unidos y además, que tampoco  lo  fueron  por el Cónsul de Colombia y, de otro lado, que se trató de simples  “copias de copias supuestamente auténticas”.   

Pues  bien,  la  confusión  del memorialista  proviene  del hecho de desconocer que el artículo 164 del Decreto 2016 de 1.998  le  otorga al Consulado de Colombia en Washington capacidad certificadora y que,  además,  los  artículos  259 y 260 del Código de Procedimiento Civil disponen  que  para  que  en  nuestro  país surtan efectos los documentos otorgados en el  extranjero,  deben  ser sometidos a autenticación consular, siendo por ello que  el    referido    artículo    259    –modificado  por  el Decreto 2282 de 1989, aplicable en este caso por  remisión  en  los  términos  del  artículo  23  del  Código procesal penal-,  dispone  que:  “Los  documentos  públicos  otorgados  en país extranjero por  funcionario  de  éste  o con su intervención, deberán presentarse debidamente  autenticados  por  el  cónsul  o  agente  diplomático de la República y en su  defecto  por  el  de  una  nación amiga, lo cual hace presumir que se otorgaron  conforme a la ley del respectivo país”.   

7. Por lo demás, como bien lo ha precisado la  Sala:  (Concepto  23.635  M.P.: Alfredo Gómez Quintero) “ante la inexistencia  de   convenio   que  regule  el  trámite  entre  esa  nación  y  Colombia,  la  legislación   interna   no  exige  para  la  legalización  de  los  documentos  requeridos  por  el artículo 513 de la ley 600 de 2000 formalidades distintas a  las  de  que  sean  expedidos  conforme  a  lo prescrito por la legislación del  Estado  requirente”,  máxime  cuando  los  documentos  incorporados  en  este  trámite  se avienen a lo resuelto en la Convención de la Haya del 5 de octubre  de1961,  aprobada  en  Colombia  mediante  la  Ley 455 de 1.988  -declarada  exequible  por  la  Corte  Constitucional en la sentencia C-164 de 1.999-, si se  toma  en  cuenta  que  dicha  normativa  no  contempla  un  trámite especial de  legalización de documentos públicos extranjeros.   

Así,  el  artículo  1º  de  la  referida  Convención  señala  que  la  misma  se  aplicará “a  documentos  públicos  que  han  sido  ejecutados  en el territorio de un Estado  contratante  y  que  deben  ser  exhibidos  en  el  territorio  de  otro  Estado  contratante”,  considerándose, entre otros documentos  públicos  los  “que  emanan  de  una  autoridad o un  funcionario  relacionado  con  las  cortes o tribunales de un Estado, incluyendo  los  que  emanen  de  un  fiscal,  un  secretario de un tribunal o un portero de  estrados”. Al tiempo que, el artículo 3º dispone que  el  único  trámite  que  puede exigirse a esta clase de documentos con miras a  certificar  la  autenticidad  de la firma y a qué título ha actuado la persona  que   firma   el  documento  “es  la  adición  del  certificado  descrito  en el artículo 4º, expedido por la autoridad competente  del  Estado  de  donde  emana el documento”., sin que  sea  dable exigir dicho requisito “cuando ya sea las  leyes,  reglamentos  o  práctica  en  vigor donde el documento es exhibido o un  acuerdo  entre  dos  o más estados contratantes la han abolido o simplificado o  dispensado    al    documento    mismo    de   ser   legalizado”,   habiendo  entendido  la  Corte  que la exigencia de certificado para  acreditar  la  autenticidad de la firma, a que se refiere el artículo 4º, esto  es,  la  apostilla  “expedido  por la autoridad competente del Estado de donde  emana  el  documento, es facultativa del Estado ante el cual se va a exhibir, no  siendo  consecuentemente  exigible  como quiera que con Estados Unidos no existe  tratado  en  vigor sobre  extradición, esta materia se rige de conformidad  con  la  ley  (artículos  35  constitucional y 508 del Código de Procedimiento  Penal),   por   manera   que   la  solicitud   debe  hacerse  por  la  vía  diplomática,  por  la  consular  o de gobierno a gobierno, y los documentos que  respalden  el  pedido de entrega  deben ser expedidos de conformidad con la  legislación  interna  del  Estado  requirente,  traducidos  al  castellano como  señala el artículo 513 de la Ley 600 de 2000.   

8.  Por  manera  que,  según se advirtió, a  falta  de  convenio  de extradición aplicable entre Colombia y Estados Unidos y  sin  que  sea dable una exigencia diversa de la estatuida en el artículo 513 de  la  Ley  600 de 2.000, esto es, que se trate de documentos expedidos en la forma  prevenida  por  la  legislación  del  Estado requirente y atendiendo en el caso  concreto  a  que la Secretaria de los Estados Unidos Condoleezza Rice certificó  que  el documento anexo se le fijó el sello del Departamento de Justicia de ese  país,  que  su  firma  a  la  vez,  fue  avalada por el Funcionario Auxiliar de  Autenticaciones  de  dicha  oficina Patrick O. Hatchett, cuya autenticidad de su  firma  es  también  certificada  por  María de los Angeles Barraza, Cónsul de  Colombia  en  Washington  D.C.,  respecto  de  quien el Ministerio de Relaciones  Exteriores  avaló  su  cargo  y  sus funciones y que merece plena fe y crédito  (folio  139  vto)  y  que,  correspondientemente,  el  Procurador de los Estados  Unidos   Alberto   R.   González    estampó  sello  del  Departamento  de  Justicia    con    certificación  de  la  Directora  de  la  Oficina  de Asuntos Internacionales, División en lo Penal (fl.80), a cuyo cargo  estuvo  certificar  la  autenticidad  de  las declaraciones de la Fiscal Federal  Bonnie  S.  Klapper  de  la  Oficina  Federal  de  los Estados Unidos , Distrito  Oriental  de  New York y la declaración del oficial de la Fuerza Operativa Paul  Marquardt.   

9.  Los  documentos aportados son ciertamente  copias  en  relación  con  las  cuales  a  la  Cónsul  de  nuestro país no le  corresponde  refrendar  su autenticidad –  asunto  de  privativa  competencia  de  las  autoridades del país  requirente-,  surgiendo  de este modo incomprensible el reparo del memorialista,  visto  que  únicamente  le es dable certificar, conforme obra en este trámite,  que  Patrick O’ Hatchett, en  efecto,   desempeña   las   funciones   de   auxiliar  de  autenticaciones  del  Departamento de Estado.   

En    las   anteriores   condiciones   la  documentación  es  suficiente para realizar el juicio de validez formal, siendo  idónea  y  eficaz para el trámite de la extradición de GARCÉS OCHOA, sin que  tengan  sustento las alegaciones de la defensa tendientes a refutarlo y evidente  entonces  su  impertinencia,  de  donde las pruebas reclamadas con ese cometido,  como  la designación de un perito en asunto que la Corte tiene definido, según  queda  visto,  o  que  se  oficie a la señora Cónsul con miras a determinar el  pago  del  impuesto  de timbre causado, cuando el propio documento  signado  por  la  funcionaria  lleva  impreso el sello “exento” que como es elemental  entender excluye cualquier tributo por dicho concepto.   

10.  Tampoco  ostentan viabilidad alguna, las  múltiples  pruebas reclamadas en orden a refutar el requisito consistente en la  demostración  plena  de la identidad de la solicitada en extradición, toda vez  que  al  respecto  la  Nota Verbal No. 0358 del 14 de febrero del año en curso,  mediante  la  cual el Gobierno de los Estados Unidos de América a través de su  Embajada  en esta ciudad solicitó al de Colombia por conducto del Ministerio de  Relaciones  Exteriores,  con fines de extradición, la detención provisional de  la  ciudadana  colombiana  CLAUDIA  MARÍA  GARCÉS  OCHOA,  lo  hizo  aportando  aquellas   características  individualizadoras  de  la  reclamada,  además  de  señalar,  acorde  con  las  pesquisas  adelantadas  dentro de la investigación  seguida  en  su  contra,  el  número de su cédula en nuestro país (42969368),  como  elemento  indubitable  de  su  identificación  y  consiguiente identidad,  acorde  con  el reconocimiento hecho por la fuente confidencial “CS”, según  el  testimonio del detective Paul Marquardt, de donde se desprende la existencia  de  información  de  duda en relación con el hecho de que la persona reclamada  en  extradición  por  el  Gobierno  de  los Estados Unidos de América es quien  actualmente   se  encuentra  privada  de  su  libertad  en  desarrollo  de  este  trámite.   

De  ahí  que resulten inusitadas las pruebas  peticionadas  por  el  apoderado  de  la requerida en extradición, como aquella  relativa   a   confrontar   previa   impresión   dactiloscópica   “sobre  la  directamente  encartada”  y  la  cartilla  alfabética que pertenece a GARCÉS  OCHOA;  o  aquellas orientadas a disentir con la eventual “legalidad” de las  pruebas  en que se sustentarían los cargos contra la solicitada en extradición  –cuyo    ámbito    de  controversia  es  el  proceso penal que se le sigue en el país requirente- y de  que   se   ocupa   en  los  ordinales  2,3,4  y  5  y  menos  aún  –sin estar vigente- si en su conjunto la  operación  encubierta  puede  ser  admitida,  desde  el  punto  de  vista de su  desarrollo,  al no atenerse a lo prevenido por el nuevo Código de Procedimiento  Penal.   

11.  Finalmente,  dentro  del  acápite  que  denomina   “pruebas   relacionadas  con  la  equivalencia  de  la  providencia  proferida   en   el   extranjero”   y   que  el  peticionario  asume  requerir  demostración  pericial,  reclama  la aportación de un concepto jurídico sobre  la  materia,  con  la  aspiración  de que se llegue eventualmente a reconocer a  través  de  la  disparidad  que  tendría  el  indictmen  con la acusación, la  inviabilidad de la solicitud de extradición.   

Infructuoso  el  propósito  del  actor  de  desvirtuar  el  aspecto  en  cuestión  a  partir  de  postular algo más que la  “equivalencia”  entre  una  decisión  y  otra, que es lo que exige la ley y  que,  como se ha señalado en múltiples oportunidades supone una cotejación en  un  plano  meramente  formal  a  través  del cual se posibilita hallar aquellas  similitudes   suficientes   para   eludir  cualquier  reproche  que  conduzca  a  desconocer la equiparación existente entre ambas.   

12.  Bien se ha señalado que no obstante las  actuales  diferencias  entre los sistemas procesales que rigen en ambos países,  la  acusación  dictada  por  el  gran  jurado como parte del poder judicial del  gobierno  de  los  Estados Unidos y la resolución acusatoria prevista en la ley  600 de 2000 son formalmente iguales.   

Correspondencia  que  emerge  de  la  simple  confrontación  de  los  requisitos formales de la resolución de acusación con  la  providencia  de  la  autoridad  extranjera, pues contienen una breve reseña  fáctica,  los  cargos  que  son imputados y las evidencias o las pruebas en las  cuales   se   sustentan,  aspectos  todos  que,  desde  luego,  son  verificados  directamente  por  la  Corte sin que haya lugar a la designación de peritos con  semejante propósito.   

Así  las  cosas,  siendo  evidente  que  las  pruebas  reclamadas  no  resultan   conducentes,  ni  pertinentes  y  menos  útiles, las mismas serán denegadas.   

Se dispondrá que en firme esta decisión, el  expediente  permanezca  en secretaría por cinco (5) días para la presentación  de alegaciones.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1.  NEGAR  las  pruebas  solicitadas  por  el  apoderado  de la ciudadana colombiana CLAUDIA MARÍA GARCÉS OCHOA, requerida en  extradición por el Gobierno de los Estados Unidos de América.   

2. En firme esta decisión DEJAR el expediente  en  secretaría  por  el  término  de  cinco  (5) días para las alegaciones de  fondo.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ             ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO           ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN    

Permiso  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                        

                                                                                     

MAURO            SOLARTE  PORTILLA                              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                 

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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