23519(26-10-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23519  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr.   YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS   

Aprobado   Acta   N°  122   

Bogotá, D. C., octubre  veintiséis (26) de dos mil seis (2006).   

V   I   S   T   O   S  :   

Resuelve  la  Sala  el recurso de casación  interpuesto  por el defensor de HERNANDO GARZÓN BARRERO contra la sentencia del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Cundinamarca, proferida el 22 de  octubre  de  2004, a través de la cual confirmó la condena que le impusiera al  acabado  de  nombrar  el  Juzgado Penal del Circuito de Chocontá el 24 de junio  inmediatamente anterior.   

HECHOS   Y   ACTUACIÓN  PROCESAL  :   

1.          Los  primeros  fueron  resumidos por el  Procurador Cuarto Delegado para la Casación Penal, así:   

“La  Corporación  Autónoma  Regional de  Cundinamarca              ‘C.A.R.’ con  sede  en  Zipaquirá,  mediante Resolución N° 00727 del 7 de diciembre de 1999  adoptó  medidas  correctivas  y  sancionó  a  la  empresa  Sevicur  del Norte,  propiedad  de  Hernando  Garzón  Barrero,  sita en la finca San Antonio, Vereda  Quincha,   comprensión  Municipal  de  Villapinzón  (Cundinamarca),  porque  a  través  de dos visitas técnicas adelantadas por funcionarios del Grupo Calidad  Ambiental  los días 30 de abril y 11 de octubre de 1999 se determinó que desde  hace  10  años  la  industria se dedica a la operación mecánica del dividido,  acondicionado  y  acabado  de  pieles  y  siempre han arrojado al cauce del río  Bogotá  las  aguas  residuales y domésticas de la factoría sin permiso alguno  de  concesión  de  aguas  o  vertimientos, con impacto negativo grave sobre los  recursos  agua,  suelo  y  aire,  al  no contar con tratamientos especiales y en  detrimento   de   las   especies  animales  y  vegetales  por  su  extinción  o  disminución,  al  igual  que  genera contaminación por emisiones atmosféricas  debidas  a  la  utilización  de  carbón como combustible para la caldera de la  fábrica,  e  impacto  sobre  la  salud humana atribuido al manejo descuidado de  insumos químicos como cromo y solventes.   

Se ordenó también la expedición de copias  con  destino  al  órgano  encargado  de  la persecución de los delitos para el  conocimiento    de    la    posible    ilicitud    penal    que    se    hubiere  cometido.”   

2.          Abierta la investigación fue vinculado  a  ella HERNANDO GARZÓN BARRERO mediante declaratoria de persona ausente y bajo  imputación  del delito de contaminación ambiental descrito en el artículo 247  del    Código    Penal    de   1980   -norma   vigente   por   la   época   de   los   hechos-,  según resolución del 19 de febrero  de    20021,  quien  posteriormente  fue  escuchado en indagatoria2  cuando  se  presentó voluntariamente ante la Fiscalía instructora.   

3.           Cerrado  el  ciclo  investigativo,  la  Fiscalía  Sexta  Delegada ante los Juzgados Penales del Circuito de Bogotá, el  20        de        agosto       de       20023,   calificó   el   mérito  sumarial  impartiendo  acusación  contra HERNANDO GARZÓN BARRERO como presunto  autor  del injusto penal contra los recursos naturales y el medio ambiente antes  citado.   

4.           Correspondió  al  Juzgado  Penal  del  Circuito   de  Chocontá,  Cundinamarca,  adelantar  el  juicio  y  después  de  celebrada  la audiencia pública dictó fallo el 24 de junio de 20044,  a  través  del  cual  impuso  a  HERNANDO GARZÓN BARRERO como autor penalmente responsable  del  delito  de  contaminación ambiental, las penas principales de veinticuatro  (24)  meses  de  prisión  y  multa  de  cien  (100)  salarios  mínimos legales  mensuales  vigentes, individualización que refleja la aplicación del principio  de  favorabilidad pues correspondió a la selección de la pena corporal mínima  prevista  en  el  artículo 24 de la Ley 491 de 19995          -vigente  cuando  ocurrieron  los hechos  investigados,   acaecidos   entre  el  30  de  abril  y  el  11  de  octubre  de  1999-  y al tope más  reducido   fijado  para  la  multa  en  el  artículo  332  de  la  Ley  599  de  20006.   

También  le  irrogó  la pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo   lapso   de  la  pena  corporal,  sanciones  cuya  ejecución  suspendió  condicionalmente.   

5.          La providencia anterior fue apelada por  el  defensor  de  HERNANDO  GARZÓN BARRERO, alzada que el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca desató en providencia del 22 de octubre de  20047, impartiéndole confirmación integral.   

6.          La sentencia del Ad quem fue objeto del  recurso  de  casación  que  ahora  se  decide,  interpuesto  por  el mandatario  judicial de HERNANDO GARZÓN BARRERO.   

LA  DEMANDA :  

Cargo único:  

El actor lo formuló en demanda de casación  excepcional   bajo   el   presupuesto   de   la   necesidad  de  desarrollar  la  jurisprudencia  en razón de las variaciones normativas producidas por la época  de    los    hechos    en    relación   con   el   delito   de   contaminación  ambiental.   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  prevista  en  el  artículo  207,  numeral  1° del Código de  Procedimiento   Penal   de   2000,   acusa  la  sentencia  impugnada  de  violar  indirectamente  el  artículo  247  del  Código  Penal de 1980, que consagra el  citado  injusto  penal,  al  incurrir  el  Tribunal  en  variados  errores en la  ponderación probatoria según se pasa a sintetizar:   

1.          Le  prestó  mérito al informe rendido  por  la  Corporación  Autónoma  Regional  de Cundinamarca, en adelante, CAR, a  partir  de  muestras  que  fueron  tomadas con desconocimiento del procedimiento  fijado  en  el  artículo  198  del  Decreto  1594  de  1984 y sin contar con la  presencia  del  acusado  y de su defensor, razón por la cual incurrió en error  de derecho.   

         2.                      Se  equivocó  al  valorar  el  exiguo material  probatorio  recaudado, especialmente la indagatoria rendida por HERNANDO GARZÓN  BARRERO,  en  cuyo  desarrollo se refirió al error en el cual incurrieron todos  los  industriales  del  curtido  de  pieles  por  causas  atribuibles  única  y  exclusivamente  a  la CAR al sugerirles la utilización de componentes químicos  en   el  procesamiento  en  lugar  de  la  cáscara  de  encenillo  que  venían  usando.   

3.              Erró     el     Ad-quem   al   no  detectar  las   contradicciones   existentes   al  interior  de  las  pruebas  técnicas  provenientes  de  la  CAR;  al  ignorar  el  informe  del  DAS rendido en cumplimiento de la misión impartida en el curso de  la  investigación  penal,  sin  embargo,  más  delante  reprocha  que  hubiera  pasado  por alto las contradicciones existentes entre  dichos documentos.   

         4.                      Ignoró  que  el  procesado  atendió todos los  requerimientos  que  le  hizo  la  CAR  y  que  contrató ingenieros para que se  encargaran  de  realizar  los  trámites indispensables con el fin de obtener la  aprobación   del  plan  de  manejo  ambiental,  con  ajuste  a  las  exigencias  normativas  y  dentro  del  término  fijado  por  dicha  entidad.  También  pasó  desapercibida  la  ausencia  de  respuesta  a  los  múltiples  oficios  dirigidos  a  entidades  estatales,  así  como  las placas  fotográficas arrimadas a la actuación.   

         5.                      No  ponderó  el conjunto probatorio conforme a  las  reglas de la sana crítica y a los artículos 20, 7, 8, 232, 234, 238, 239,  254,  255  y 257 del Código de Procedimiento Penal que consagran los principios  de  investigación integral, presunción de inocencia, defensa, necesidad de las  pruebas,   imparcialidad   del   funcionario  en  la  búsqueda  de  la  prueba,  apreciación  de  las  pruebas, prueba trasladada, y contradicción, objeción y  apreciación del dictamen.   

         6.                      Todos  estos  equívocos  transcendieron  en la  decisión  impugnada  pues  condujeron  al  Tribunal  a  dar  por  demostrada la  materialidad  de  la  conducta  punible imputada al acusado y su responsabilidad  penal  sin  contar  con  elementos  de  prueba que demostraran tales aspectos en  grado de certeza.   

7.          Al  final,  pide  tener  en  cuenta  la  providencia  emitida  por el Tribunal del Cundinamarca, Sección IV, Subsección  B,  del  25  de agosto de 2004, mediante la cual se resolvió la acción popular  instaurada   por   Gustavo   Moya   Ángel,  condenando  al  Gobierno  Nacional,  Ministerios  del  Ramo y entidades como la CAR por la desidia observada respecto  del  río  Bogotá  y  otorgó  a  las  empresas  dedicadas a la industria de la  curtiembre  un  plazo  de  un  año  para que se reubicaran y se ajustaran a las  obligaciones  normativas  sobre  contaminación ambiental, lo cual demuestra que  dicho  sector podía provisionalmente continuar desarrollando sus actividades en  la  forma  como  lo  venía  haciendo,  condiciones  en las cuales la mencionada  actividad  empresarial  dejaba de ser típica durante dicho lapso, dando lugar a  la  configuración  de la casual de ausencia de responsabilidad penal consagrada  en  el  artículo  32,  numeral 10° del Código Penal, decisión esta aplicable  por  haber  sido  producida  con anterioridad a la que es objeto de casación en  esta oportunidad.   

En  consecuencia,  solicita  se  case  la  sentencia   impugnada  y  “..en  su  lugar  se  profiera  la  que  en  derecho  correspondiere…”;   y   culmina  la  demanda  invocando,  “…conforme  al  artículo  217  de  nuestro  Estatuto Instrumental Penal, declarar en que estado  queda  el proceso, o disponer las medidas y provisiones de conformidad con dicha  norma.”   

CONCEPTO   DEL   MINISTERIO   PÚBLICO:   

El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal estima procedente el recurso de casación por la vía ordinaria  de  acuerdo  con jurisprudencia de esta Sala y aunque descalifica la demanda por  las  falencias  técnicas  que  exhibe  -entre  otras,  la  inclusión  de  normas no sustanciales entre las  infringidas- considera que  la  argumentación  en  ella  contenida  pone  de  manifiesto la formulación de  errores  in iudicando en la  apreciación  de  la  prueba,  a su juicio infundados, que impide casar el fallo  recurrido conforme a las siguientes explicaciones:   

1.          El error de derecho por falso juicio de  legalidad  que  el  libelista  hace consistir en otorgarle mérito a las pruebas  provenientes  de  la  CAR  por  haber  sido  trasladadas  sin  el  lleno  de los  requisitos  legales  exigidos  para el efecto, por cuanto fueron practicadas sin  la  presencia  del  acusado  y  su  defensor, carece de sustento si en cuenta se  tiene  que  el desplazamiento de la actuación administrativa a la judicial tuvo  lugar  conforme  al  artículo  239  del Código de Procedimiento Penal y porque  así  se  hubieran  tomado  las  muestras  en  ausencia  del  procesado  y de su  representante  judicial, en ningún momento posterior se les impidió el derecho  a  contradecir  los  resultados arrojados en su análisis durante las diferentes  oportunidades  que  brinda  el  proceso  penal,  bien solicitando aclaraciones o  proponiendo   objeciones   a  la  experticia  científica,  ora  impugnando  las  decisiones   fundadas   en   ella,  o  mediante  la  presentación  de  alegatos  pre-calificatorios y en el  curso del juicio oral.   

2.          Después  de  extraer  la  solicitud de  absolución  del  acusado de frases del actor, tales como, que la Corte profiera  la  sentencia  que  en  derecho  corresponda o proceda a declarar en qué estado  queda   el  proceso,  con  base  en  la  providencia  dictada  por  el  Tribunal  Administrativo  de Cundinamarca el 25 de agosto de 2004, a juicio del demandante  legitimadora  de  la  actividad industrial de curtido de pieles durante el lapso  de  un  año  mientras  eran  reubicadas este tipo de industrias y ajustaban sus  procesos   productivos  a  las  normas  legales  en  materia  de  contaminación  ambiental,  se  opone a dicho argumento por no haber arribado el censor copia de  dicha   providencia  con  constancia  de  autenticidad  y  de ejecutoria, y  haberse  limitado  a  aludir a la notoriedad derivada de la publicidad a través  de los medios de comunicación.   

3.           Considera  un  contrasentido  que  el  libelista  hubiera  atribuido equivocación al Tribunal por haberse abstenido de  apreciar  la  indagatoria del procesado, pero a la vez, por haberla ponderado de  manera  defectuosa.  Adicionalmente  trascribe  apartes  de  dicha  diligencia a  través  de  los cuales antes que revelar que el procesado pudo ser inducido por  los  órganos de control ambiental a la contaminación de aguas dio a conocer su  amplia experiencia en la curtiembre de pieles.   

4.          Asegura  que  el  actor  se  limitó  a  enunciar  errores  de  hecho  relacionados con la omisión de valoración de los  “oficios  sin  respuesta”,  de  las  placas  fotográficas  existentes en el  plenario  y  de  los informes del DAS que tacha por contradictorios sin precisar  en qué sentido, reproches que no demostró.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE  :   

Procedencia del recurso  

         El  actor  ha  presentado  demanda de casación excepcional y en su  pretensión  de  admisión  ha  planteado  a la Sala la necesidad de unificar la  jurisprudencia  frente  al  punible  de contaminación ambiental, presupuesto de  cuya  verificación  se  ocuparía sino fuera porque a dicho delito el artículo  247  del  Código  Penal  de  1980,  con  la  modificación  introducida  por el  artículo    24   de   la   Ley   491   del   19998, le fijó pena de prisión de  dos  (2)  a  ocho  (8) años, norma ésta que aplicaron de manera preferente los  jueces   de  instancia  por  regir  durante  la  época  delictual  -abarcó  del  30  de  abril  al  11  de  octubre   de   1999-   y  contemplar  para  el  mismo  comportamiento  punible  sanción  privativa  de la  libertad  más  favorable  en  el extremo mínimo que el artículo 332 de la Ley  599 de 2000, que fija pena corporal de tres (3) a seis (6) años.   

         

         Se  tiene,  además,  que  durante  el  lapso  delictual  regía el  artículo  35  de  la  Ley 81 de 1993 que establecía la procedencia del recurso  extraordinario  de  casación  contra  los  fallos de segundo grado dictados por  delitos  sancionados con pena de prisión cuyo máximo fuera o excediera de seis  (6)  años, luego en ese entonces era viable interponer recurso de casación por  la  vía  ordinaria,  norma  procesal  cuya  aplicación  ultractiva  permite el  apotegma  de  la  favorabilidad  en  cuanto  facilita  al procesado el acceso al  mencionado  recurso  mientras que el vigente para el presente caso, es decir, el  artículo    205   del   Código   de   Procedimiento   Penal   20009, se lo impide  por  la  ruta  ordinaria  en  razón  del  incremento  del  rango de la pena, al  disponer  que  la  casación procede por delitos que tuvieren o tengan señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo exceda de ocho (8) años, decisión  que   resulta  acorde  con  la  jurisprudencia   de  esta  Sala10  según  la  cual  los  dispositivos  legales  que  regulan  la  casación  hacen parte de la  normatividad  procesal  que  apareja  efectos  sustanciales  y,  por  ende,  son  susceptibles al imperio del invocado principio.   

Cargo único:  

La  indistinta  enunciación  de  errores  in  iudicando en la demanda  sometida  a  estudio  de  la  Sala  y  la  mezcla  de  argumentos en el discurso  sustentatorio,  revelan  falencias  técnicas  en  la estructuración formal del  libelo a las cuales se refirió también el Procurador Delegado.   

A pesar de ello, esta Corporación proveerá  de  fondo  respecto  de los reparos formulados contra la sentencia impugnada por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  porque  el  planteamiento en su  desarrollo  es comprensible en cuanto a que el Tribunal aplicó indebidamente el  artículo  247  del  Código  Penal  de  1980 que define y sanciona el delito de  contaminación ambiental.   

1.          El error de derecho por falso juicio de  legalidad  relacionado  con  el  concepto emitido por la CAR fue planteado desde  dos perspectivas:   

En primer término, por otorgarle mérito a  la  prueba  técnica  producida con base en las muestras que se recolectaron sin  sujeción  al procedimiento fijado en el artículo 198 del Decreto 1594 de 1984.   

Se  trata  del  “MEMORANDO RZ-GCA-O-2074”   del   29   de   octubre   de  199911,  elaborado  por una Profesional Especializada y una Funcionara de  la  CAR,  a  raíz  de la visita practicada el 30 de abril y el 11 de octubre de  1999  a  las  instalaciones de la industria “Servicur del Norte”, dedicada a  la  operación mecánica de dividido, acondicionado y acabado de pieles, ubicada  en  la  finca San Antonio de la vereda Quinchía, jurisdicción del Municipio de  Villapinzón,  de  propiedad  de HERNANDO GARZÓN BARRERO, en cuyo desarrollo se  estableció  el  impacto  negativo grave sobre los recursos naturales renovables  agua,  aire,  fauna y suelo causados por los vertimientos industriales líquidos  en  el  río  Bogotá,  por  las  aguas  subterráneas  y  por  los efluentes no  tratados;   con  ocasión  de  las  emisiones  atmosféricas  atribuibles  a  la  utilización  de  carbón  como  combustible  para  la caldera, cuya chimenea no  cumple  con  la altura de descarga exigida por el Decreto 02 de 1992; y derivado  del manejo descuidado de insumos químicos como el cromo.   

No  le  asiste  al  libelista  la razón al  señalar  que  dicha  prueba  y  el  análisis  de  laboratorio  realizados  por  funcionarios  de  la  CAR  no  cumplen  con  las  exigencias  establecidas en el  artículo  198  del  decreto  1594  de  1984,  mediante  el  cual se reglamentó  parcialmente  el  Título  I  de la Ley 99 de 1979, así como el Capítulo I del  Titulo    VI    -Parte  III- Libro II y el Título  III     de    la    Parte    III    —Libro  I— del  Decreto  2811  de  1974,  en  cuanto  a usos del agua y residuos líquidos, pues  dicha  norma no se ocupa de regular los requisitos para efectuar los mencionados  exámenes sino que señala:   

“Aplicada  una  medida  preventiva  o  de  seguridad,  sus  antecedentes  deberán  obrar  dentro  del  respectivo  proceso  sancionatorio “.   

En realidad, los métodos de análisis y de  la  toma  de  muestras  para  determinar  la  calidad  de  los  recursos, están  regulados  en  los  artículos  155  a  161 del aludido decreto, en la siguiente  forma:   

“Artículo   155:  Se  consideran  como  oficialmente  aceptados  los  siguientes métodos de análisis. El Ministerio de  Salud     establecerá     los     procedimientos     detallados     para     su  aplicación:   

“(…)  (En  adelante  se  incluyen  los  cuadros  que  contienen  la  referencia y el método a aplicar, aunque por tener  relación con este asunto tan solo se transcribe uno)   

Cromo            

— De la absorción atómica   

— Colorimétrico  

“Parágrafo:  El  Gobierno  Nacional  por  conducto  del Ministerio de Salud, por razones de innovaciones científicas o de  su  acción de vigilancia y control sanitarios, podrá adicionar o modificar los  métodos de análisis contemplados en el presente artículo.   

“Artículo  156: La EMAR establecerá los  procedimientos  de  conducción  de  bioensayos  acuáticos  en  lo  referente a  técnicas  de  muestreo  y  métodos  de análisis. Los sistemas utilizados para  bioensayos acuáticos pueden ser, entre otros, los siguientes:   

“a.  Estáticos,  con  o sin renovación;   

“b. De flujo continuo.  

“Artículo  157:  El  Ministerio de Salud  indicará  para  otras  referencias,  los  métodos  de  análisis  oficialmente  aceptados.  Además  cuando  lo  considere  necesario,  podrá  para  una  misma  referencia   aprobar  otros  métodos  de  análisis.         .   

“Artículo  158:  El Ministerio de Salud  establecerá  para cada referencia los requisitos mínimos para la preservación  de las muestras.   

“Artículo  159: Los procedimientos para  toma  de  muestras  deberán  ajustarse a las exigencias del Ministerio de Salud  para  los  métodos  contemplados en el artículo 155 de este Decreto y a los de  las  EMAR  para  los  bioensayos.            

“Artículo    160:    La  toma  de  muestras  se  hará  de tal  manera  que se obtenga una caracterización representativa de los vertimientos y  del   cuerpo   receptor,  para  lo  cual  el  Ministerio  de  Salud  o  la  EMAR  determinarán el sitio o sitios y demás condiciones técnicas.   

“Artículo. 161: La toma de muestras para  determinar  la  calidad  del  recurso,  deberá  hacerse por fuera de la zona de  mezcla”.   

         

No  especifica  el demandante ni demuestra  las  falencias  de  las pruebas técnicas o cuál método de los que consagra la  citada  normatividad  fue  desconocido  en  la  toma  de  muestras  y  análisis  efectuados  por  los  técnicos  de  la  CAR  y  que llevaron a concluir que los  residuos  industriales  de la actividad desarrollada en la empresa del procesado  HERNANDO  GARZÓN  BARRERO,  vertidos  para  la  fecha  de  los hechos de manera  directa  en  el  río  Bogotá  y  sobre  el medio ambiente, causaban un impacto  negativo  grave  sobre los recursos naturales antes mencionados, pues se limitó  a  aseverar  que  las  muestras  analizadas fueron tomadas en contravía con las  normas  legales  que  regulan  tal  actividad  sin explicar ni demostrar en qué  consistieron  las  irregularidades,  circunstancias  en las cuales no es posible  concluir la ilegalidad de los análisis realizados.   

En  segundo lugar, el error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad  propuesto  en  relación  con el referido concepto  técnico  de  la  CAR  porque  las  muestras cuyo análisis lo fundamenta fueron  tomadas  sin  contar  con  la  presencia  del  acusado  y de su defensor tampoco  conlleva  a  la prosperidad de la censura como quiera que no existe disposición  legal  que  imponga  su  participación.  Además,  si dichos sujetos procesales  conocieron  los  resultados  desde el inicio del proceso penal, si estuvieron en  condiciones  de  criticar  su contenido intrínseco y con relación a los demás  elementos  de convicción, y si contaron con múltiples oportunidades procesales  para  solicitar otros análisis técnicos que desvirtuaran los resultados de los  practicados  por  los  expertos  de  la  CAR,  no  puede pregonarse ahora que se  vulneró  el  derecho  de  defensa o de contradicción porque la recolección de  las   muestras   se   realizó   sin  su  presencia12.   

2.          Los  restantes  yerros  que  el  censor  atribuye   al  Tribunal  derivados  de  la  forma  equivocada  como  valoró  la  indagatoria  de  HERNANDO GARZÓN BARRERO en cuanto no le otorgó crédito a las  explicaciones  que  éste  orientó  en  busca  de  justificación legal para su  proceder  con  el argumento que los químicos detectados en los análisis fueron  los  sugeridos  por  la  CAR  en  el  proceso  de división de las pieles; y del  crédito  otorgado a las pruebas técnicas provenientes de la CAR a pesar de las  contradicciones  yacentes  en  su interior y de las existentes entre éstas y el  informe  técnico  rendido  por  el  DAS,  en  verdad  no  los  desarrolló como  corresponde  a  la técnica exigida para los errores de hecho derivados de falso  raciocinio.   

Revisada   la  injurada  se  observa  la  descontextualización  de la señalada manifestación del procesado en la medida  en   que   fue   escindida   de   expresiones  autoinculpatorias  del  siguiente  calado:   

“…Esa máquina el funcionamiento es con  una  cuchilla sin fin y su lubricación es con un poquito de agua, es traída de  Alemania,  si  las  pieles  van  totalmente  limpias no produce ningún producto  contaminante,  si las pieles llevan algún químico entonces el agua que destila  esa  máquina sale con el residuo químico que va en las pieles (…) Allá como  no  hay  tanque especial para recoger esas aguas (alude a los vertimientos de su  industria),  lo  que  hay  es  unas cajas para recoger los poquitos sólidos que  salen,  esas  cajas  consisten  en  albercas  pequeñas donde llega el agua y se  asientan  los  sólidos, y luego sale otra tubería al río y por hay (sic) cada  dos  o  tres  meses  se  limpian las cajas y se llevan para la terraza que es un  botadero  de  desperdicios  especial  para las curtiembres (…) Bueno la bodega  está  construida  hace  unos 25 años, en ese tiempo ninguna autoridad ni nadie  sugirió  que  dejáramos alguna distancia hacia el río y cuando la Car empezó  a  llegar  allá  entonces  consideré  prudente  pedir  la licencia para curtir  pieles,  como  la  Car no me otorgó esa licencia no monté los fulones ni hasta  el  momento  yo  no  he  curtido  cueros  y  nunca he utilizado ninguna clase de  químicos  ni  en menor ni en mayor proporción si algo he contaminado es por el  humo  de  la  caldera  y  también  porque  las pieles se dividen en la máquina  anteriormente  mencionada  (dividora)  es  porque  las mismas pieles han llevado  sustancias  químicas  y al dividirlas ha quedado parte de esas sustancias en el  agua…”13   

El  Tribunal  evaluó  dichas  expresiones  así:   

“De  modo  que,  aunque la industria del  procesado  no  se dedica a la curtiembre de cueros, no puede desconocerse que su  actividad  es el dividido, acondicionado y acabado de pieles que también genera  índices  de  contaminación  ambiental  que son inexcusables, máxime cuando se  vierten  aguas  sin  tratamiento  en la cuenca hídrica aledaña, vulnerando las  normas  de  protección  ecológica, particularidad que reconoce el procesado en  su  indagatoria,  en  la  medida  en  que  acepta  no  tener  un  tanque para la  recolección  de  esas  aguas,  y  por  el contrario, existe una tubería en las  instalaciones  ubicada  a  30  metros  de  la  ronda  de  protección  del  río  Bogotá.   

También  resulta  pertinente señalar que  los  estudios  técnicos realizados por la C.A.R. poseen la idoneidad suficiente  para  demostrar  el  daño  que  se  ha  venido causando al medio ambiente, pues  además  de  corresponder  a análisis practicados por la autoridad ambiental de  la   región,   éstos   nunca   fueron   objetados   a  lo  largo  del  decurso  procesal.”   

Tal  forma  de  razonar  no  desborda  las  criterios  de  la  sana  crítica  y  de  así considerarlo el demandante estaba  obligado  a  indicar cuál de las reglas de la experiencia, de los postulados de  la  lógica  o  qué  principios  científicos  contravino  el  Tribunal  en  su  análisis,  según  corresponde  a  la sustentación del error producto de falso  raciocinio.   

3.          Tampoco cumplió con tales exigencias al  reprochar  al Ad-quem que no  hubiera  detectado  las  contradicciones internas del concepto técnico incluido  en  el  memorando de la CAR del 29 de octubre de 1999, previamente citado. Antes  que   aflorar  por  parte  alguna  de  su  contenido,  refulgen  los  argumentos  empíricos   y   lógicos   que  con  facilidad  conducen  a  demostrar  que  el  incumplimiento  de las normas reguladoras del uso de las aguas y de los residuos  líquidos  producto  de la actividad industrial desarrollada por el procesado es  causa  eficiente  de  la  severa  degradación  ambiental  por  la  cual ha sido  sancionado penalmente. Los apartes siguientes así lo indican:   

…se   verificó   la   existencia   de  vertimiento  industrial  que  es conducido por tubería, existen cuatro cajas de  recolección  descargando directamente sus aguas sin ningún tratamiento al Río  Bogotá,  causando  un  impacto negativo grave sobre el recurso agua, ya que las  aguas  residuales  descargadas  directamente  ocasionan efectos negativos: en la  vida  acuática,  causando  la  muerte de peces por la disminución del oxígeno  disuelto  y  en  los  usos  posteriores, disminuyendo el valor del uso como agua  para  consumo  humano  y  para  fines  agrícolas  e  industriales. En las aguas  subterráneas  la contaminación es más problemática porque la autodepuración  es  lenta  debido  a  la  falta  de aireación, agravándose cuando es la única  fuente  de  abastecimiento  para una población. Los efluentes no tratados de la  actividad  del  almacenamiento  de  la  carnaza ocasionan salinidad en las aguas  subterráneas debido a la alta concentración de cloruros.   

(…)  

La    contaminación   por   emisiones  atmosféricas  es  atribuida a la utilización de carbón como combustible de la  caldera,  las  cuales causan impacto negativo grave sobre el recurso aire por la  emisión  de partículas y gases como el SO,   SO   y NO.   

(…)  

El riesgo para la salud se presenta por el  manejo  descuidado  de  los  insumos  químicos  que se emplean en el proceso de  producción  de  cueros así como por la inadecuada disposición de los residuos  al  interior  y  fuera  de  la  planta  industrial.  El cromo es un metal pesado  persistente  que  causa problemas a la salud humana en altas concentraciones por  absorción  percutánea,  inhalación e ingestión afectando el sistema pulmonar  y  la  piel  causando  cáncer de pulmón, dermatitis, úlcera y perforación el  tabique  nasal.  Los  solventes  causan  problemas  a  la  salud por persistente  inhalación  causando  afección  al  sistema pulmonar y la piel.”14   

Es  de  advertir  que la incorporación de  dicha  prueba  de origen administrativo al proceso penal se cumplió conforme al  artículo  239  del Estatuto Procesal de 2000, según destaca el Delegado, norma  cuyo  contenido  existía  en el artículo 255 del Decreto 2700 de 1991, vigente  cuando  se  tomó  la  decisión  de acopiarla, luego su traslado estaba y está  expresamente autorizado.   

Los    anteriores   hallazgos   fueron  convalidados  por  investigadores del DAS a solicitud de la Fiscalía, en oficio  del 28 de marzo de 2000, como se pasa a transcribir:   

“Que  la industria para la curtiembre de  pieles  se  encuentra montada dentro de una construcción de aproximadamente 900  mts.   cuadrados,   de   dos  niveles,  donde  se  adaptó  maquinaria  para  la  terminación  del  curtido, tanques para la captación de agua como también una  caldera  que  se  opera  con  carbón  y  leña, utilizada para el secado de las  pieles;  procesándose un promedio de 2000 pieles en el mes con la intervención  de 20 trabajadores.   

Que  practicada  la inspección se observa  que  la  industria  no  está  dedicada  a  la  curtiembre  de  pieles sino a la  escamación  de  los  cueros  y  al  pulimiento  y  secado  como  tal,  que  los  vertimientos   de   las   aguas   industriales   se   realizan   sobre  el  río  Bogotá.”15   

Indispensable  resulta aclarar que si bien  las  frases que dan inicio a los párrafos previamente copiados en principio son  contradictorias,  las  explicaciones  que les siguen no dejan espacio para dudas  acerca  de  la  dedicación  del  acusado  a algunos de los procesos intermedios  -división,  pulimiento  y  secado- de la industria del  cuero,  pero  sobre  todo,  del  impacto  ecológico  del  manejo  inadecuado  e  irreglamentario  de  los  residuos generados por su actividad empresarial, luego  los  referidos  informes  técnicos  ni  se excluyen ni se oponen entre sí. Por  tanto, el cargo carece de toda vocación de éxito.   

        4.                      El censor afirma que el tribunal ignoró que el  procesado  atendió  todos  los  requerimientos  que  le hizo la CAR mediante la  contratación   de  ingenieros  que  se  ocuparon  de  adelantar  los  trámites  indispensables  con  el  fin  de  obtener  la  aprobación  del  plan  de manejo  ambiental,  con  ajuste a las exigencias normativas y dentro del término fijado  por  dicha  entidad,  empero  ni  siquiera indicó cuál fue el medio probatorio  excluido  de  la  valoración  judicial,  ni  la manera como hubiera incidido su  evaluación en el fallo impugnado.   

Por   el   contrario,   si  mediante  la  resolución  Nº  00727 del 7 de diciembre de 1999, emitida de manera motivada y  con  sustento  probatorio por la CAR de Cundinamarca, a HERNANDO GARZÓN BARRERO  se  le  impusieron  medidas preventivas consistentes en la suspensión inmediata  de  la actividad relacionada con la industria del cuero y la presentación en un  término  de 45 días contados a partir de la notificación de dicha providencia  de  un Plan de Desmonte de la citada actividad, orientado al restablecimiento de  la   ronda   de   protección   del   río  Bogotá16,  y  el expediente contiene  el  reporte  de  resultados  analíticos  elaborados  por  CAR  con  base  en la  recolección  de  muestras  de los vertimientos de la citada industria, cumplida  el  4  y el 5 de enero de 2000, y las fichas técnicas informe N°2074 e informe  N°  2080,  de las respectivas fechas, contentivas de conclusiones del siguiente  tenor:   “SOBREPASA  LOS  VALORES  MÁXIMOS  PERMISIBLES  DE  LA  NORMATIVIDAD  AMBIENTAL                 VIGENTE”17,  carece  por  completo  de  sustento  atribuirle  al  Tribunal  la exclusión de su análisis probatorio del  comentado hecho, luego esta tacha no prospera.   

5.          No  goza  de  acierto el reproche de no  haber  tenido  en  cuenta  que  ninguno  de  los  múltiples oficios dirigidos a  entidades  estatales  por  el  instructor  penal  obtuvo  respuesta pues resulta  absurdo  pretender darle el carácter de medio de prueba a la negligencia de sus  destinatarios.   

Tampoco,  que  se  hubiera  abstenido  de  considerar  las  placas  fotográficas  arrimadas  a  la  actuación,  pues debe  convenirse  con el Delegado que el reproche no es afortunado dada la ausencia de  demostración  de  la  trascendencia  del  acogimiento  de  ellas  en  el  fallo  impugnado.   

La  tacha  en  este  caso  se  reduce a la  expresión  del  criterio  muy  personal del casacionista sobre los elementos de  convicción  allegados  y  sobre su reducido número, argumentos que en últimas  constituyen  la  única forma para oponerse a los razonamientos de la sentencia,  en  los  cuales  se  respetaron  las  reglas procesales de ponderación judicial  contenidas  en  los artículos 232, 234, 238, 239, 254, 255 y 257 del Código de  Procedimiento  Penal,  cuya  ausencia  de  aplicación  denuncia infundamente el  censor, sin lograr descubrir error ostensible alguno.   

Estos  reproches,  en  consecuencia,  no  prosperan.   

6.          Sobre la alegación aislada que se trae  en  la  demanda  acerca  de  que  la  providencia  emitida  por  el  Tribunal de  Cundinamarca  el  25  de  agosto de 2004, dentro de la acción popular promovida  por  Gustavo  Moya  Ángel,  que  condenaba  a la CAR y a otras entidades por el  detrimento  del  río  Bogotá,  y  que  otorgó  a  las empresas dedicadas a la  curtiembre  un  plazo  de  un  año  para  reubicarse y ceñir sus procesos a la  normatividad  de  protección  ambiental,  a juicio del censor, generadora en el  procesado  de  la  convicción  de contar con autorización para seguir operando  como  lo  venía  haciendo, y a su vez, constitutiva de la casual de ausencia de  responsabilidad  penal  descrita  en  el  artículo 32, numeral 10° del Código  Penal,  la Sala responde que la circunstancia de que una autoridad judicial haya  proferido  una  decisión  en  ningún  momento  configura  la  causal invocada,  porque,  por  razón  de  los principios de autonomía e independencia que opera  entre  las  acciones  administrativa  y penal, la definición de esta última no  puede  subordinarse  a  las  resultas  de  un  procedimiento ante esa autoridad,  según    criterio    constante   de   esta   Sala18   

.  

Consecuente  con  esta  motivación,  se  desestima la censura.   

7.          La aspiración de remover la presunción  de  acierto  y  legalidad  que  reviste  el  fallo  impugnado  ante  la falta de  comprobación  de  los  errores  predicados  de  ella  por el demandante resulta  fallida.   

Por   el  contrario,  se  demostraron  a  cabalidad  los  elementos  de  la  conducta  punible de contaminación ambiental  mediante   los   exámenes   de  laboratorio  practicados  por  las  autoridades  encargadas  de  la  protección  de  los  recursos  naturales en el marco de sus  competencias,  corroborados  por  los  investigadores  de  la  policía judicial  comisionados  dentro  de  esta  actuación,  comportamiento  a  su  vez admitido  tácitamente   por   el   acusado,   que   dejan  sin  piso  los  reproches  del  impugnante.   

El  ponderado  análisis de los juzgadores  confluyó  lógicamente  en  la  declaración  de  la  plena  demostración  del  supuesto  fáctico  de la norma de derecho sustancial  que  aplicaron,  esto es, el artículo 247 del Código Penal de 1980, modificado  por   el   artículo   24   de   la   Ley   491  del  1999, y de su ejecución dolosa por parte de HERNANDO  GARZÓN BARRERO.   

         

Debe convenirse, entonces, con el Delegado  que   la   pretensión   de   casar   el   fallo   condenatorio   impugnado   no  prospera.   

A mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E :  

1.           NO   CASAR  la  sentencia impugnada. Y,   

2.          ADVERTIR que  contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  devuélvase  al Tribunal de  origen y cúmplase.   

  MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                                                   ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

Permiso  

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                                            MARINA PULIDO DE BARÓN   

  JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS                          YESID RAMÍREZ  BASTIDAS   

  JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                      JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.    

1  C.  orig. N° 1, fols. 30-31.   

2  C.  orig. N° 1, fols. 34-37   

3  C.  orig. N° 1, fols. 48-   

4  C.  orig. N° 1, fols. 110-119.   

5  Empezó  a  regir  el  13  de  julio de 1999, disposición que contempla pena de  prisión  de  dos  a  ocho  años mientras que el artículo 332 de la Ley 599 de  2000,   en   vigor,  determina  pena  de  prisión  de  tres  a  seis  años  de  prisión.   

6  El  artículo  24 de la Ley 491 de 1999 preveía pena de multa de 150 a 500 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  en  tanto  que  el  artículo 332 de la  invocada  Ley  599  impone  multa  de  100  a  25.000  salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

7  C.  orig. N° 4, fols. 24-37.   

8  Empezó a regir el 13 de julio de 1999.   

9  Empezó  a  regir  desde el 25 de julio de 2.001 y hasta el 1° de enero de 2005  para  los  delitos  cometidos  en  el  distrito  judicial de Bogotá antes de la  última  fecha  señalada, cuando se implantó el sistema acusatorio mediante la  Ley 906 de 2004.   

10  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Autos  del 16 de febrero de 2.005, rad. N° 23.006; y del 22 de junio de  2005, rad. N° 23.372.   

11 C.  orig. N° 1, fols. 18-20.   

12  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent. del 1 de junio de 2006, rad. N° 21.877.   

13 C.  orig. N° 1, fols. 36.   

14 C.  orig. N°  1, fols. 18-20.   

15 C.  orig. N° 1, fols. 13-15.   

16 C.  orig. N° 1, fols. 2-6.   

17 C.  orig. N°  1, fols. 26-29.   

18  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent. del 16 de marzo de 2006, rad. N° 23.654.     

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