23486(03-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  23486   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado Acta N° 063  

Bogotá,  D.  C., tres (3) de mayo de dos mil  siete (2007).   

V I S T O S  

No habiendo sido aprobado el inicial proyecto  presentado  por  la  Magistrada  Doctora  Marina  Pulido de Barón y, por tanto,  habiendo  pasado  el  proceso al suscrito ponente, la Sala decide de fondo sobre  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado HÉCTOR  JULIO  ARCOS RODRÍGUEZ, contra el  fallo  de  segundo  grado  proferido  por  el Tribunal Superior de Pasto el 7 de  octubre  de  2004, confirmatorio, con algunas modificaciones, del dictado por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Túquerres el 15 de julio del mismo año, por  cuyo  medio  lo  condenó  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio   en   Oscar   Roberto  Pantoja.   

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su concepto casar parcialmente el fallo atacado,  con  el propósito de reconocer al procesado la rebaja de una octava parte de la  pena,  dado que este expresó su interés en someterse a sentencia anticipada en  la fase del juicio.   

HECHOS   Y   ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  Los hechos  que  motivaron  este  diligenciamiento  fueron  adecuadamente sintetizados en el  fallo de primer grado en los siguientes términos:   

“En horas de la  noche  del día 23 de marzo de 2003, en el establecimiento de propiedad de alias  ‘La   Mona’,   ubicado   en   el  municipio  de  Ricaurte,   departían   licor  un  grupo  de  amigos,  entre  los  cuales   se  encontraban  OSCAR  ROBERTO  PANTOJA  y HÉCTOR JULIO ARCOS RODRÍGUEZ, quienes dialogaban acerca del consumo  de  marihuana.  De  un  momento  a  otro, éste último se levantó de la mesa y  salió  del  establecimiento, regresando minutos más tarde armado de un puñal,  con   el   cual,   sin  mediar  palabra,  lesionó  la  cavidad  toráxica de OSCAR ROBERTO, causándole una  herida     que     momentos     después     produjo    su    muerte”.   

2.  La Fiscalía Seccional de Túquerres  declaró  abierta la instrucción, en cuyo marco vinculó mediante indagatoria a  HÉCTOR    JULIO    ARCOS    RODRÍGUEZ,  definiéndole su situación jurídica con medida de aseguramiento  de  detención  preventiva sin derecho a libertad provisional como posible autor  del  delito de homicidio agravado (cometido por motivo fútil y aprovechando las  condiciones de inferioridad de la víctima).   

Cerrada la etapa instructiva, el sumario fue  calificado  el 22 de octubre de 2003 con resolución de acusación en contra del  procesado   como   presunto   autor  del  delito  que  sustentó  la  medida  de  aseguramiento.   

3.   La  fase  del juicio correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Penal  del Circuito de Túquerres. Dado que durante la  audiencia   preparatoria  el  procesado  expresó  su  interés  en  acogerse  a  sentencia  anticipada,  se  dispuso  llevar  a cabo diligencia de formulación y  aceptación  de  cargos.  Luego  de  que  HÉCTOR JULIO  ARCOS   aceptó   la   imputación  contenida  en  la  resolución  acusatoria,  el  defensor  solicitó  que se lo condenara a la pena  mínima  por  el delito de homicidio simple, circunstancia por la cual, mediante  auto  del  26  de febrero de 2004, el a quo  decidió  declarar  la nulidad de la referida diligencia y dispuso  continuar con el trámite.   

Finalmente,  el  15  de  julio  de  2004  se  profirió  fallo,  por  cuyo  medio HÉCTOR JULIO ARCOS  RODRÍGUEZ  fue  condenado  a  la  pena  principal  de  veintisiete  (27)  años  de prisión, a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso y al pago de la  correspondiente  indemnización de perjuicios, como autor penalmente responsable  del delito objeto de acusación.   

La   defensa  interpuso  recurso  de  apelación contra la sentencia y el Tribunal Superior de  Pasto decidió a  través  de  fallo  del  15  de  julio  de  2004 tasar la pena de  prisión   en   veinticinco  (25)  años   y   cuatro  (4)     meses,  a  la  vez    que    dosificó    la   sanción   accesoria  en  veinte  (20)  años  y  confirmó   la   decisión   impugnada  en todo lo demás.   

4.  Contra el fallo de segundo grado el  defensor  interpuso recurso extraordinario de casación, quien en tiempo allegó  la  correspondiente  demanda,  la  cual  fue  admitida por reunir las exigencias  lógico  formales y de adecuada fundamentación establecidas en el artículo 212  de  la  Ley  600 de 2000. En el curso del trámite casacional se obtuvo concepto  del Ministerio Público.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

Con  base en la causal tercera de casación,  el  defensor  del  procesado presenta contra la sentencia del Tribunal  dos  cargos, así:   

Primer cargo  

El citado profesional del derecho, manifiesta  que  en  este asunto se dictó sentencia en un juicio viciado de nulidad, ya que  en  la diligencia de indagatoria “no se le impusieron  al  sindicado  tanto  la  imputación  jurídica  como  los  hechos  en  que  se  sustenta”.   

Para  fundamentar el reproche puntualiza que  en  la  referida  diligencia  no  se  dio  lectura a las normas que tipifican la  conducta  imputada y no se refirieron los aspectos fácticos de la misma, con lo  cual  su  asistido  no  estuvo  en  condición  de conocer claramente los cargos  imputados  a  fin  de que pudiera aceptarlos o negarlos y configurar a la postre  una  adecuada  defensa técnica, según fue precisado por esta Sala en sentencia  de casación del 2 de mayo de 2003 (Rad. 13341).   

Añade  que en la injurada no se estableció  el  grado  de  responsabilidad ni de participación, amén de que el indagado no  se  refirió  a  los cargos, a la imputación jurídica, a su intención o a las  circunstancias de agravación del delito de homicidio.   

También  dice  que  como consecuencia de lo  anterior,  la  defensa se ocupó muy poco a lo largo del proceso de discutir las  causales  de  agravación  del  homicidio  por  el  cual se acusó y condenó al  incriminado.  En  apoyo  de  su  planteamiento  trae a colación la sentencia de  casación del 12 de noviembre de 2003 (Rad. 19.192).   

En  punto  de  la  trascendencia  del reparo  afirma  que  el procesado sabía que se le imputaba el delito de homicidio, pero  desconocía  las  circunstancias de agravación de dicho comportamiento, lo cual  imposibilitó  que ejerciera adecuadamente su defensa y, a la postre, quebrantó  el  artículo  338 de la Ley 600 de 2000, según el cual, en la indagatoria debe  ponerse   de   “presente  la  imputación  jurídica  provisional”.   

A partir de lo anterior, el censor solicita a  la  Sala  casar  la  sentencia  impugnada,  disponiendo  la  invalidación de lo  actuado  desde  la diligencia de indagatoria, a fin de que se realice conforme a  los cánones legales.   

Segundo cargo  

Afirma el demandante que se violó el derecho  al  debido  proceso  de  su  representado,  toda vez que si durante la audiencia  preparatoria    realizada    el    3    de   febrero   de   2004,   HÉCTOR    JULIO    ARCOS   expresó  su  interés  de  someterse  a  sentencia anticipada, ello  imponía  al a quo proferir el  correspondiente   fallo  anticipado,  pese  a  lo  cual  decidió  realizar  una  diligencia  de formulación y aceptación de cargos, en cuyo desarrollo, una vez  más,  el  incriminado aceptó la comisión del delito por el cual se lo acusó.  No  obstante,  como  el  defensor  solicitó  le  fuera impuesta la pena mínima  establecida  para el delito homicidio simple, ello dio lugar a que mediante auto  del  26  de  febrero  siguiente, el mismo funcionario declarara la nulidad de la  audiencia   de  formulación  de  cargos  y  ordenara  seguir  adelante  con  el  trámite.   

Agrega,  que  si  bien  frente  a peticiones  antagónicas  del  procesado  y  su defensor, prevalecen las de este último, en  punto   del   sometimiento   a   sentencia  anticipada  prima  la  voluntad  del  incriminado,  según  lo  tiene  definido  la  jurisprudencia, tanto de la Corte  Constitucional  (sentencia  C-277  de 1998), como de esta Sala (sentencia del 30  de octubre de 1997. Rad.10170).   

Acerca  de  la  trascendencia  del  reproche  asevera  que  con  el auto por cuyo medio se decretó la nulidad de la audiencia  de   formulación   y  aceptación  de  cargos,  se  privó  a  su  asistido  de  beneficiarse  de  la  rebaja de pena dispuesta por el legislador en el artículo  40  de la Ley 600 de 2000, cuando durante la fase del juicio el acusado se acoge  a    sentencia    anticipada,    circunstancia    que    impone   corregir   tal  yerro.   

Finalmente aduce que, al dosificar la rebaja  de    pena    que   corresponda   a   HÉCTOR   JULIO  ARCOS  por  haberse  sometido  a  sentencia anticipada  estando  en  curso la fase de juzgamiento, debe darse aplicación a lo dispuesto  en  los  artículos 351 y 352 de la Ley 906 de 2004, pues se trata de aplicar el  principio  de  favorabilidad,  en  cuanto  tales  preceptos consagran una rebaja  punitiva  más  beneficiosa para su asistido que la dispuesta en el artículo 40  de la Ley 600 de 2000.   

Con   fundamento   en   los   anteriores  planteamientos,  el  defensor  solicita  a  la Sala casar la sentencia impugnada  para,  en su lugar, proferir fallo por cuyo medio se reconozca a su procurado la  rebaja  de  pena  por  acogimiento a sentencia anticipada, dosificada de acuerdo  con  lo  establecido  en  la  Ley  906  de  2004  en  virtud  del  principio  de  favorabilidad.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR PRIMERO  

DELEGADO PARA LA CASACIÓN PENAL  

Primer cargo  

El Procurador Delegado considera que si bien  la  Fiscalía  omitió  en  la diligencia de indagatoria realizar la imputación  jurídica  al procesado con indicación de las circunstancias de agravación del  delito  de homicidio investigado de conformidad con las exigencias del artículo  338  de  la  Ley 600 de 2000, lo cierto es que tal irregularidad no conduce a la  invalidación  del  trámite,  pues  no  afectó la estructura del proceso ni el  derecho de defensa del incriminado.   

En  apoyo  de  su aserto expone que luego de  declararse  abierta  la  instrucción  y librarse orden de captura en contra del  HÉCTOR  JULIO  ARCOS, éste  otorgó  poder  a  un  abogado  de confianza para que lo representara dentro del  este  trámite,  quien  allegó  un  escrito  presentado ante una notaría de la  ciudad   de   Pasto,   en  el  cual  refiere  que  se  trata  de  un  delito  de  homicidio.   

Resalta que en la resolución por cuyo medio  se  reconoció  personería  al  referido  profesional  del derecho, también se  aludió  al  mencionado  delito, amén de que en el escrito presentado por dicho  defensor,  a través del cual señaló que su asistido se encontraba delicado de  salud,  igualmente  se  refirió al “incidente que le  costó la vida al hoy occiso”.   

Sobre la misma temática señala el Delegado  que  en  la  diligencia  de  indagatoria  el  incriminado manifestó que algunas  personas   le   dijeron   posteriormente   a   los  hechos  que  “había  matado  a  uno”  cuando  estaban  ingiriendo  licor  y,  además, en el desarrollo de tal diligencia se refirió a  los  momentos  previos  a la comisión del delito, cuya ejecución manifestó no  recordar.   

Destaca que tanto en la resolución a través  de  la  cual  le fue resuelta su situación jurídica, como en la resolución de  acusación,  se  precisó  que  se trataba de un delito de homicidio agravado en  virtud  de  las  causales previstas en los numerales 4º y 7º del artículo 104  de  la  Ley  599  de  2000,  además  de  que  en  la fase del juicio aceptó la  comisión del delito objeto de acusación.   

Con  fundamento  en lo expuesto, el Delegado  considera  que  tanto  el  procesado  como su abogado de confianza sabían desde  antes  de realizarse la diligencia de indagatoria que se procedía por el delito  de  homicidio en Oscar Roberto Pantoja, más aún si el interrogatorio formulado  en  la  injurada  versó  sobre  los  datos  y  circunstancias  básicas  de  la  infracción.  Por  tanto,  concluye  que  no  se  quebrantó de manera alguna el  debido  proceso  ni  el  derecho  de  defensa  del incriminado, como lo pretende  demostrar el casacionista.   

Así  las  cosas,  el  Ministerio  Público  considera que el cargo no debe prosperar.   

Segundo cargo  

Sobre esta censura considera el Delegado que  si  en  virtud  de  la sentencia C-425 de 1996, la Corte Constitucional señaló  que  el  titular  del  derecho  a  solicitar  sentencia  anticipada  es única y  exclusivamente  el procesado, cuando tal proceder tiene lugar durante la fase de  juzgamiento  corresponde  al funcionario judicial proferir sentencia en armonía  con  la  totalidad  de  los cargos que sustentaron la resolución de acusación,  sin  que  resulte  jurídicamente viable que el defensor objete tal decisión de  su   representado,   siempre  que  la  petición  esté  exenta  de  vicios  del  consentimiento    y    obren   “las   pruebas   que  ineludiblemente  lo  lleven  (al  fallador, se aclara)  al convencimiento de que éste es culpable”.   

Asevera,  entonces,  que  como  HÉCTOR  JULIO  ARCOS  expresó durante la  diligencia  preparatoria  su  interés  en  acogerse a sentencia anticipada, tal  manifestación    obligaba   al   a   quo  a proferir el correspondiente fallo sin necesidad de llevar a cabo  diligencia  de formulación y aceptación de cargos, además de que, al decretar  la  nulidad  de  la referida actuación, dicho funcionario quebrantó el derecho  al  debido proceso del incriminado, pues en cuanto a dicha aceptación de cargos  no  se presentó violación de sus garantías o circunstancia alguna que viciara  su  consentimiento,  amén  de  que  obraba  prueba suficiente para acreditar su  responsabilidad  y  el  defensor  únicamente  se  limitó  a  solicitar  que se  condenara  a  su  asistido por el delito de homicidio simple, manifestación que  no  ameritaba  la  declaratoria  de  nulidad  de  la audiencia de formulación y  aceptación  de  cargos.  Por  el  contrario,  imperativo  resultaba proferir el  respectivo fallo anticipado.   

A  partir de lo anterior, el Delegado afirma  que  se  impone  casar  parcialmente  el  fallo impugnado, a fin de reconocer al  acusado  la  rebaja  de  pena  por acogimiento a sentencia anticipada durante la  fase del juicio.   

Además, como el defensor solicita que dicha  rebaja  sea la dispuesta en la Ley 906 de 2004 dando aplicación al principio de  favorabilidad,  el  Ministerio  Público  señala  que  ello no es posible, pues  desde  la decisión mayoritaria del 23 de agosto de 2005 (Rad. 21954), esta Sala  ha  considerado  que el instituto de la sentencia anticipada no tiene una figura  procesal equivalente en la citada legislación.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

1.  Primer  cargo:  Violación  del  debido  proceso  y  del derecho de defensa por falta de imputación fáctica y jurídica  en la indagatoria   

En  primer término es oportuno señalar que  en  el  ámbito  de  las irregularidades e incorrecciones que pueden presentarse  dentro  del  desarrollo de un diligenciamiento, de tiempo atrás ha precisado la  Sala  que de acuerdo con el principio de trascendencia, sólo tienen virtud para  configurar  motivos  de  invalidación  de  lo  actuado,  aquellos que de manera  cierta  y  efectiva  comporten un agravio al derecho de defensa del incriminado,  socaven  la estructura del proceso, o bien, atenten contra las garantías de los  intervinientes  en  el  trámite.  Por  tanto,  es  claro, que no toda anomalía  comporta    necesariamente    la    nulidad    parcial    o    total    de    la  actuación.   

Acerca  de  la  temática  propuesta  por el  casacionista  y  específicamente  en cuanto se refiere al alcance del artículo  338  de  la  Ley  600  de 2000, encuentra la Sala que adicional a la imputación  fáctica  o  atribución de los hechos objeto de investigación, es menester que  durante  la  diligencia  de  indagatoria  la  Fiscalía  efectúe la imputación  jurídica  provisional,  la cual corresponde al señalamiento  dentro   del    estatuto    penal    de   la   infracción   por   la que –con base  en  las  pruebas  para  tal  momento obrantes en el diligenciamiento–  se procede, normatividad que en este  último  aspecto  modificó  la  previsión  contenida  en  el artículo 360 del  derogado    Decreto   2700   de   1991   que   sólo   exigía   “interrogar  al  imputado  en relación con los hechos que originaron  su vinculación”.   

Realizadas las anteriores precisiones observa  la  Sala en el asunto que ocupa su atención que, en efecto, en la diligencia de  indagatoria   rendida   por   HÉCTOR   JULIO   ARCOS  RODRÍGUEZ,   inicialmente   se   lo  interrogó  por  “los  hechos  que,  según usted, dieron origen a su  aprehensión”.   Más  adelante  se  le  preguntó:  “Sabe   o   presume  cuáles  son  los  hechos  que  originaron   su   aprehensión,  en  caso  afirmativo,  narre  ellos”,  a lo cual contestó: “Yo me enteré  el  mismo  día  porque  el  agente me dijo que me capturaba porque yo  había matado a uno. Los hechos es que  dicen  que  pues yo lo maté,  estábamos   tomando  y  éramos  buenos  amigos,  me  dicen  que  yo  lo  maté  pero  yo  no  se  que  me dijo ni como sucedieron las  cosas” (subrayas fuera de texto).   

Igualmente se le hizo la siguiente pregunta:  “Contrario  a  lo  por  usted  afirmado (…) cuando  departían  tranquilamente,  al  tratar el tema de la  adicción  a  la  marihuana  y  en  vista  que OSCAR se mostró tolerante con el  consumo,  usted abandonó el lugar, llegando posteriormente armado con un puñal  y   le   propinó   una   puñalada  en  el  pecho,  lado  izquierdo.  Explique  las contradicciones que se presentan entre sus dichos y  lo  afirmado  por  los  testigos” (subrayas fuera de  texto).   

Y,  esta  fue  la respuesta que suministró:  “Yo  no  sé  por  qué  mi  Dios  me hizo pasar ese  cacharro  ahí  esa noche. No, no hubo nada, nada, no, no hubo ningún problema,  nada,  nada,  por  eso  es que digo yo no sé por qué  sucedió  ese  problema (…) Pues yo no me acuerdo de  nada  (…)  No se que sería, debe haber sido por el problema ya que hubo (…)  Lo   último   que   recuerdo   es   que  llegamos  allí  a  onde  (sic) esa señora LA MONA y compramos otra  botella,  no  pues no la hemos de ver (sic)  tomado,  no  pues nos tomamos de dos tragos y de ahí nos hemos de  ver  (sic) seguido tomando, o  hemos  de  ver  (sic) comprado  otra   botella,   como   sería  (…)  Lo  que  le  diga  es  mentira  de  ahí  pa   (sic)   allá  porque  yo  no  me  acuerdo  de nada  (…)  Yo  no  lo  hice  con  voluntad,  pues  qué  se puede colocar allí, una  desgracia   que   pasó   allí,   qué   sería   que   sucedió,  yo  no me doy cuenta” (subrayas fuera de  texto).   

Como  sin  dificultad  se  observa  de  las  anteriores   transcripciones,   es  evidente  que  respecto  del  interrogatorio  formulado    por    la   Fiscalía,   HÉCTOR   JULIO  ARCOS  reconoció  que  se  le imputaba la conducta de  haber  causado  la  muerte  a  su  amigo  Oscar Roberto  Pantoja.  No obstante, fue reiterativo en señalar que  dada  la  ingestión  de  alcohol  el  día  de los hechos, no recordaba ningún  aspecto     relacionado    con    la    comisión    de    tal    comportamiento  delictivo.   

Acerca  del  contenido  del  interrogatorio  durante  la diligencia de indagatoria cuando el procesado se muestra ajeno a los  hechos  por  no  haber  estado  presente  al  momento  de  su comisión, lo cual  también  vale  para  cuando, como en este asunto, manifiesta no recordarlos, ha  expuesto la jurisprudencia de esta Sala:   

“Ha    de  considerarse  además  que el interrogatorio que debe desarrollar el funcionario  judicial  depende,  como es apenas obvio, de la postura que asuma el indagado en  la    diligencia,   no   de   fórmulas   abstractas   preconcebidas”.   

“Otra  cosa muy  distinta  es  que  el fiscal no hubiere insistido sobre tópicos que de antemano  se  sabía  ningún resultado positivo arrojarían, dada, se reitera, la postura  asumida  por  el  indagado  en el interrogatorio al que se le sometió, de donde  cualquier  pregunta sobre su participación en la tentativa de homicidio, a más  de  insubstancial,  resultaba inconducente atendida la persistencia de aquél en  sostener  su  coartada.   Cuando así se procede,  no  es dable aducir atentados al derecho de defensa o menoscabo de la estructura  básica  del  proceso,  con  el  expediente  de  que  quien tozudamente niega su  participación   en  los  hechos  no  fue  interrogado  en  debida  forma  sobre  ellos”1    (subrayas    fuera    de  texto).   

De   lo  anterior  puede  concluirse  que,  contrario  al  planteamiento  del  defensor,  la  Fiscalía  sí  se  ocupó  de  interrogar  a  su  procurado acerca del suceso fáctico objeto de investigación  (imputación   fáctica),   obviamente,  dentro  de  las  posibilidades  que  la  posición  del  indagado  le  permitía, dado que, como ya se dijo, insistió en  sólo   recordar   lo   sucedido  hasta  momentos  antes  de  la  comisión  del  delito.   

En  cuanto  se  refiere  a  la  imputación  jurídica,  observa la Sala que en el desarrollo de la diligencia de injurada no  se   informó   al   procesado   acerca  de  la  norma  penal  que  definía  el  comportamiento,   es   decir,   no   le   fue   formulada   la   “imputación  jurídica  provisional” como  lo exige el artículo 338 de la Ley 600 de 2000.   

Pero,  no  obstante ello, es evidente que si  bien  tal  omisión  configura  una  anomalía,  al analizar con detenimiento el  devenir  de  la  actuación  procesal se puede establecer que la misma no se vio  reflejada  en  un  quebranto a los derechos del procesado, o lo que es lo mismo,  no  resultó  sustancial,  ni  trascendente en la atribución de responsabilidad  penal contenida en el fallo impugnado.   

En  efecto,  mediante  escrito  presentado  personalmente  el  30  de  abril  de 2003 ante el Notario Cuarto del Círculo de  Pasto  y  dirigido  a la Fiscalía Treinta Seccional de Túquerres, HÉCTOR  JULIO  ARCOS  otorgó  poder a un  abogado  de  confianza  para que asumiera su “defensa  dentro  del  proceso  que  en  mi  contra  cursa  en  su  despacho  por  el punible de homicidio”, documento  que  fue allegado a la Fiscalía el 13 de mayo de la mencionada anualidad, donde  mediante  resolución  de  la misma fecha se reconoció al profesional designado  como  defensor  por  “HÉCTOR JULIO ARCOS RODRÍGUEZ,  sindicado  por  un  punible  de homicidio”.   

Una  vez  reconocido el mencionado defensor,  éste   presentó   un   escrito   en   el   cual   manifestó:  “Cuentan  los  familiares  de  mi  poderdante,  que  éste, debido al  incidente   que   le   costó   la   vida   al   hoy  occiso,    se   encuentra   bastante   delicado   de  salud” (subrayas fuera de texto).   

Mediante resolución del 13 de mayo de 2003,  al  resolver  algunas  peticiones  del  referido  profesional  del  derecho,  se  precisó   que   dicha   investigación   “busca  es  determinar  las  circunstancias  de  tiempo, modo, lugar en que fue muerto OSCAR  ROBERTO PANTOJA”.   

A través de la providencia por cuyo medio se  resolvió  la  situación  jurídica del procesado de fecha 15 de julio de 2003,  se  precisó  sin  lugar  a equívocos el delito por el que se procedía, en los  siguientes términos:   

“Las  declaraciones  de  los  señores  (…)  señalan  a HÉCTOR JULIO ARCOS como la  persona  que,  armada  de  cuchillo, propinó lesión que cegó la vida de OSCAR  ROBERTO”.   

En cuanto a las circunstancias de agravación  de dicho comportamiento se indicó:   

“La frase dicha  por       el       sindicado       (‘quién   quiere   más?’,      se     aclara)  nos  permite  deducir,  su  intención inequívoca de lesionar la  humanidad    de    su   víctima   por   un   motivo  fútil,  pues  no  de  otra manera puede calificarse.  Nótese  que  se  trata  de  una desavenencia respecto del consumo de sustancias  psicotrópicas,  lo  que  no  puede  ser una causal para cegar la vida de un ser  humano.  El  tener  criterios  distintos no autoriza a un tercero para agredir a  nadie,  menos  si  tal  criterio  no  afecta directamente al agresor”.   

“El  hecho  de  haber  salido del establecimiento y haberse armado con puñal, nos demuestra que  el  sujeto  tomó  un  elemento idóneo para atacar la humanidad de su víctima,  quien      estaba      en     inferioridad     de  condiciones,  no  solo por cuanto no contaba con arma  alguna   para   su   defensa,   sino  y  lo  más  importante,  por  encontrarse  desprevenido,  sin  sospechar siquiera –    porque    no    había    razón    para    ello   –  que iba a ser víctima de tan aleve  ataque” (subrayas fuera de texto).   

Con  base  en  lo  anterior,  la  Fiscalía  decidió    “Imponer   medida   de   aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva en contra del señor HÉCTOR JULIO ARCOS  RODRÍGUEZ,  de notas civiles conocidas en indagatoria, como autor del homicidio  agravado que se investiga”.   

La  mencionada  decisión  fue  notificada  personalmente  al  procesado  el  20 de julio de 2003 y al defensor el 25 de los  mismos  mes  y  año,  sin que hubiera sido objeto de impugnación alguna ni por  parte  de la defensa (material y técnica), ni por los demás sujetos procesales  (parte civil y Ministerio Público).   

También  se  tiene  que,  al calificarse el  mérito  del sumario con resolución de acusación en contra del incriminado, se  señaló   expresamente  en  el  acápite  correspondiente  a  la  calificación  jurídica  provisional  que  se  trataba  de un delito de homicidio, agravado en  virtud  de  los numerales 4º y 7º el artículo 104 de la Ley 599 de 2000, dado  que   se   realizó   por  motivo  fútil  y  aprovechando  las  condiciones  de  inferioridad de la víctima.   

Del  anterior  recuento  procesal  resulta  razonable  concluir  que,  si  bien  la  Fiscalía  durante  la  indagatoria  de  HÉCTOR  JULIO ARCOS formuló  imputación  fáctica,  igual  no  procedió  con  la  jurídica,  pero  ello en  últimas  constituyó  una  incorrección  que carece de virtud para afectar los  derechos  al  debido proceso y defensa del incriminado o la estructura misma del  diligenciamiento.   

Lo  primero,  por  que lo que sin dificultad  consigue  establecerse  es  que,  inclusive  desde  antes  de su vinculación al  proceso,  cuando  designó  un  profesional  del derecho quien actuaría como su  defensor,  dio  muestras de conocer que se le imputaba el delito de homicidio en  su    amigo    Oscar   Roberto   Pantoja.   

Y lo segundo, porque desde la resolución de  situación  jurídica  se  precisó  la  imputación  jurídica,  en  cuanto fue  señalado  con  precisión  el  delito imputado, así como las circunstancias de  agravación   concurrentes,  amén  de  que  tal  decisión  fue  notificada  de  conformidad  con  los  parámetros  legales  y  ulteriormente  la resolución de  acusación reiteró la mencionada imputación normativa.   

Ahora, en cuanto se refiere a la imputación  de  las circunstancias de agravación punitiva del referido delito de homicidio,  es  claro  que  a  través  de  la  resolución  por  cuyo medio fue definida su  situación  jurídica,  proferida  4 días después de que rindiera indagatoria,  estas  (circunstancias)  quedaron suficientemente precisadas, en tanto que allí  se  indicaron  los  fundamentos  fácticos  y  normativos  para  su aplicación,  providencia  que luego de ser notificada legalmente, como atrás se dijo, no fue  objeto  de  impugnación por parte de ninguno de los sujetos procesales, lo cual  permite  concluir  razonablemente  que  tanto  HÉCTOR  JULIO  ARCOS  como  su  defensor,  sabían exactamente  cuáles  eran  los  hechos  imputados,  así  como  la  calificación  jurídica  provisional  de  los  mismos  sin  que,  por  tanto,  el  derecho de defensa del  procesado   hubiera   sufrido   mengua   alguna   por   razón  de  la  referida  irregularidad.   

También  encuentra  la  Sala que si una vez  precisadas  la  imputación  fáctica  y  jurídica  a través de la resolución  mediante  la cual se definió la situación jurídica del incriminado, así como  a   través   de  la  resolución  de  acusación,  sin  que  ninguna  de  tales  providencias  hubiera  sido  objeto  de  impugnación  por  parte de la defensa,  fácil  es  concluir  que  dicho  sujeto procesal se encontraba conforme con tal  calificación  jurídica,  circunstancia  adicional para concluir en la ausencia  de  quebranto  alguno  al derecho de defensa de HÉCTOR  JULIO ARCOS.   

Razones similares pueden aducirse respecto de  la  fase  del juzgamiento, durante la cual no se sorprendió de manera alguna al  procesado  o  a su defensor con la imputación jurídica de la conducta la cual,  como  ya  se  dijo,  se  concretó  desde cuando fue proferida la resolución de  situación  jurídica  y  no se modificó en ninguna de las intervenciones de la  Fiscalía dentro del trámite.   

Los  argumentos  expuestos  irrumpen  como  suficientes  para  concluir  que,  como  acertadamente  lo plantea el Ministerio  Público,  en  este  asunto  no  se produjo violación de los derechos al debido  proceso o a la defensa que señala el recurrente.   

Por lo anterior, el cargo no está llamado a  prosperar.   

Segundo  cargo: Violación al debido proceso  por no proferirse fallo anticipado durante la etapa de juicio   

Planteada  la  irregularidad   por   parte   del   libelista   y   en  aras   de   concluir  si  le  asiste o no razón en el vicio alegado, es necesario  destacar  que  durante   la  diligencia  de  audiencia   preparatoria   realizada   el   3   de  febrero  de 2004, al  concedérsele   el   uso   de   la   palabra  al  defensor  del  procesado   manifestó   que   “de   común   acuerdo   y   sin   ninguna   presión   o  apremio, mi  representado   ha   decidido   acogerse   a  los  beneficios  y  preceptos   consagrados   en   el   artículo   40  del  C. P.  P.,  sentencia anticipada”.   

El  mismo  día,  el juzgado de conocimiento  llevó  a  cabo  diligencia  de formulación y aceptación de cargos, durante la  cual  se  dio  lectura  a  la  resolución proferida el 22 de octubre de 2003, a  través  de  la  cual  se  acusó al procesado como presunto autor del delito de  homicidio  agravado.  En desarrollo de la misma HÉCTOR  JULIO   ARCOS   manifestó:  “acepto       los      cargos      libre      y  voluntariamente”.  A  su  vez  el defensor, luego de  aducir  que  su  asistido  era tratado por médicos especialistas en el Hospital  Siquiátrico  San  Rafael,  que el comportamiento investigado no era normal, que  podía  tratarse  de  una  situación  de  inimputabilidad  y  que el acusado se  encontraba  al  momento  de  cometer  la  conducta  bajo  el  influjo de bebidas  embriagantes,  solicitó  se  profiriera  fallo  de  condena  por  el  delito de  homicidio simple.   

Con  posterioridad, a través de auto del 26  de  febrero  de 2004, el a quo  decretó  la  nulidad  de  la audiencia de formulación y aceptación de cargos,  oportunidad   en  la  que  ordenó  continuar  con  el  trámite  ordinario  del  diligenciamiento,  para  lo cual adujo básicamente que si el defensor no avaló  la  aceptación  de  cargos  por  parte  del  procesado,  pues  este  aceptó su  responsabilidad  por la comisión del delito de homicidio agravado, mientras que  aquél  consideró  que  se  trata  de  un  homicidio  simple, se presentaba una  violación  del  derecho  al  debido proceso de HÉCTOR  JULIO   ARCOS,   dado  que,  de  conformidad  con  la  preceptiva  del  artículo  127  de  la Ley 600 de 2000, la opinión del letrado  prima sobre la del acusado.   

En  desarrollo  de  la orden de continuar el  trámite  se  realizaron  las audiencias preparatoria y de juzgamiento, luego se  profirieron  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancias  en  el sentido ya  indicado dentro de esta providencia.   

Pues  bien,  con  el fin de concluir si este  segundo  cargo  está  llamado  o  no  a  prosperar,  importa señalar en primer  término   que   como   reiteradamente   lo  ha  señalado  la  Sala2, la sentencia  anticipada  constituye  un mecanismo de política criminal orientado a conseguir  la  efectividad  de  principios tales como la celeridad, la economía procesal y  la  eficacia  a  cambio  de  una  rebaja  de  pena, cuya facultad dispositiva de  carácter  discrecional  ha  sido discernida por la ley en cabeza del procesado,  por  ser  quien  puede  provocar  su  trámite,  al  punto  que  ella  puede ser  solicitada  por  el defensor, pero sólo en aquél radica la facultad de aceptar  o  no  los  cargos formulados, motivo por el cual se concluye razonablemente que  tal  aceptación  constituye  un  acto personalísimo del incriminado, frente al  cual no prevalece la voluntad del letrado que lo asiste.   

En  el  asunto  que ocupa la atención de la  Corte  se  tiene  que,  una  vez  el  acusado expresó su interés en acogerse a  sentencia  anticipada,  correspondía  al juez proferir el respectivo fallo, sin  que  fuera menester realizar diligencia de formulación y aceptación de cargos,  según  lo  establece  el inciso 5º del artículo 40 de la Ley 600 de 2000 toda  vez  que,  por  tratarse  de  la fase del juicio, para tal momento se encontraba  suficientemente  definida  la imputación fáctica y jurídica de los delitos en  la  resolución  de  acusación,  en  congruencia con la cual debió dictarse la  respectiva sentencia anticipada.   

Sin  embargo, una tal actividad judicial por  sí  misma carece de trascendencia para invalidar la actuación, como quiera que  podría  entenderse  la  realización  de  dicha  diligencia  de formulación de  cargos  en la etapa de juicio, como un instrumento para abundar en garantías en  favor  del  procesado  al  hacerle  conocer,  una vez más, los cargos objeto de  acusación,  cuya  responsabilidad  penal  asumió  libremente y asistido por su  defensor.   

Ahora   bien,  como  durante  la  referida  diligencia,  el defensor del acusado solicitó se profiriera fallo por el delito  homicidio   simple,   intervención   con   base  en  la  cual  el  a   quo   declaró   la   nulidad  de  la  aceptación  de  cargos aduciendo la violación del derecho al debido proceso de  HÉCTOR   JULIO  ARCOS,  en  razón  a  que  su abogado de confianza no estaba de acuerdo con su asistido, se  impone sobre el particular realizar las siguientes precisiones:   

La Constitución Política en su artículo 29  reconoce  como  fundamental  el  derecho  a  la  defensa, desde dos ópticas que  inescindiblemente  deben  converger como condición de validez del ejercicio del  ius  puniendi  por parte del  Estado en el desarrollo del proceso penal:   

La defensa material ejercida directamente por  el  procesado  y  la asistencia técnica o letrada que adelanta un abogado en su  representación,  lo  cual se asienta en la necesidad de asegurar un equilibrio,  no  solo  entre  los  sujetos  procesales, sino también respecto de quien está  investido  de  la  facultad  de  decidir  en  nombre  del  Estado,  para  obviar  situaciones  de  indefensión  en  la  dialéctica propia del trámite judicial,  pues  por  lo  general  el  incriminado carece de los conocimientos jurídicos y  técnicos para hacer valer sus derechos.   

Sin  embargo,  la  presencia  del  defensor  técnico  dentro del diligenciamiento penal no puede en manera alguna afectar la  autonomía  del  procesado en relación con las facultades que le son propias, y  que  puede  ejercer  a  plenitud  sin  depender  para  ello de la aquiescencia o  conformidad  de  su  abogado.  Por ello, la ley que rige este asunto (Ley 600 de  2000),  lo  reconoce  como  sujeto procesal en su Capítulo IV, Título III, del  Libro I.   

En virtud de la referida regla de autonomía  de  voluntades, puede ocurrir, como en efecto aquí acontece, que el defensor no  asuma  la misma postura del sindicado frente a la imputación. No obstante, como  era   previsible   tal  situación  de  enfrentamiento,  la  ley  razonablemente  anticipó  una  solución  dando  prevalencia  a  las  peticiones  del  defensor  (artículo   127   ejusdem),  salvo  que  se  trate  de  actos  procesales  de  carácter personalísimo de su  asistido,  como  es  posible que suceda respecto de su propia versión sobre los  hechos  o la aceptación de su responsabilidad cuando se trata de los institutos  de terminación anticipada del proceso.   

Si ello es así, como en efecto lo es, no hay  duda  que  en  este  asunto  no  procedía  la  posterior  invalidación  de  la  aceptación  de  cargos  a  partir  de  la  conocida  intervención del defensor  durante  la ya mencionada audiencia, como quiera que, de una parte, por tratarse  de  un  acto  procesal  de  índole personalísima del incriminado, sólo él se  encontraba  facultado  para  expresar  su  libre  decisión  de aceptar o no los  cargos  contenidos  en  la resolución acusatoria, dado que en el trámite ya se  surtía  la etapa de la causa. Y, de otra, porque en tales circunstancias no era  aplicable  la  preceptiva del artículo 127 de la Ley 600 de 2000, habida cuenta  que  el  defensor no podía tener incidencia alguna en la mencionada aceptación  de  cargos,  por  tratarse,  se reitera, de un acto de exclusiva disposición de  HÉCTOR         JULIO         ARCOS.   

Así las cosas, es evidente que al decretarse  la  nulidad  de  la  aceptación  de  cargos  con  el argumento de que se había  violado  el  derecho  al  debido  proceso  del  incriminado,  en  esencia lo que  ocurrió  fue que se terminó quebrantando tal derecho, pues no solamente en tan  puntual  situación  la  voluntad del defensor no prevalece sobre la del acusado  sino  que,  a  la  postre,  se  privó a éste de la rebaja de pena a la cual se  hacía  acreedor  por  haberse acogido a la terminación anticipada del trámite  adelantado  en su contra en la etapa de la causa, es decir, se desatendieron las  reglas  que  sobre  el  mencionado instituto tiene definidas tanto el legislador  como la jurisprudencia de la Corte.   

Lo  dicho  en  precedencia constituye razón  suficiente  para  que,  como acertadamente lo sugiere el Procurador Delegado, se  proceda  a  la  casación del fallo impugnado para proceder al reconocimiento de  la  rebaja  a la cual tiene derecho el procesado por su acogimiento a los cargos  objeto de acusación, durante la fase del juicio.   

Resta señalar que, en pleno acatamiento del  principio  de residualidad que rige la declaratoria de nulidad de la actuación,  no  irrumpe como indispensable la invalidación del diligenciamiento porque ello  sólo  resulta  procedente  cuando  no  haya  solución diversa para subsanar el  yerro  o la incorrección, lo cual no sucede en este caso, dado que la solución  es la ya anunciada.   

Sobre  la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad   

Toda vez que, como se anunció, prospera el  cargo   planteado   y   teniendo  en  cuenta  que  el  libelista    solicita  se   le   conceda   a  su  procurado   la   rebaja   de  pena  de  “hasta  una  tercera parte”  que  para  la aceptación de cargos  durante  la  audiencia  preparatoria establece el artículo 356 de la Ley 906 de  2004,  en aplicación del principio de favorabilidad,  debe la Sala indicar desde ya que tal petición no es  procedente.   

En efecto, como lo  ha  dicho igualmente la Sala, de acuerdo con el artículo 29 de la Constitución  Política  y  frente  al  principio de favorabilidad, la gradual aplicación del  nuevo  sistema  inmerso  en  la Ley 906 de 2004 no es óbice para que a procesos  rituados  bajo  el  amparo  de  la  Ley  600  de  2000  se  aplique una  nueva codificación adjetiva siempre  que  ella  regule  de  manera  más benigna institutos procesales análogos y de  carácter sustancial, contenidos en una u otra legislación.    

No      obstante,     frente  al tema planteado por el casacionista, si bien es cierto que  los  institutos   de   sentencia   anticipada   y  la  aceptación     de     cargos     o     de     imputación     tienen  origen  en  el derecho penal premial,  también  lo  es que cada una guarda características propias que consignadas en  un sistema determinado las hace diferentes y acordes al mismo.   

Sobre este puntual aspecto vale inicialmente  destacar  que  la  jurisprudencia de la Corte ha dicho  lo siguiente:   

“…no  puede  perderse  de  vista  que  tanto  la  Ley  600  como  la 906 responden a sistemas  procesales  expedidos  por  el  legislador con arreglo y en desarrollo de normas  constitucionales  diferentes,  por  lo que la comparación para establecer cuál  de  las  normas  sustanciales coexistentes inserta en alguno de los dos sistemas  de  juzgamiento  que  hoy  operan  en el país resulta más favorable, abarca la  necesaria  comparación del régimen constitucional dentro del cual fue emitida.   

“De allí que la  aplicación  de  la  favorabilidad respecto de determinadas normas contenidas en  la  Ley  906 a casos regulados por la Ley 600, depende de la equivalencia de los  respectivos  institutos,  la  cual, desde ya se advierte, no se consolida en los  casos  de  la  aceptación  de la imputación en la audiencia de su formulación  prevista  en los artículos 293 y 351 de la primera normatividad, y la sentencia  anticipada  regulada  en  el  artículo  40  de  la segunda, pues además de que  fueron  moldeados con arreglo a esquemas constitucionales diferentes, configuran  institutos  procesales  sostenidos en bases filosóficas distintas: aquél en el  paradigma    del   consenso,   ésta   en   el   del  sometimiento”.3   

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­Así,  la  sentencia anticipada que prevé la Ley 600 de 2000 y la  terminación  anticipada  regulada  por  la  Ley 906 de 2004 tienen origen en el  derecho  penal  premial,  según el cual,  el  procesado renuncia al trámite integral del proceso a cambio  de  un  beneficio  punitivo. No obstante, respecto a su aplicabilidad surgen, de  manera    evidente,    características    distintas    que   las   hacen    diferentes    entre    sí.   

Es  verdad  que en la sentencia anticipada  propia   de   la   legislación  del  año  2000,  se  sustenta  sobre  el  acto  libre,    voluntario  y    unilateral   del  procesado   en   cuanto   a  su  manifestación  de  acogimiento  frente  a  las  consecuencias  jurídicas  que ello implica, así como también las etapas sobre  las cuales se puede materializar.   

Sin      embargo,     tales      reglas      no      son  predicables  respecto de  la  terminación  anticipada  que  contempla  la  Ley  906 de 2004, toda  vez  que  este  instituto  se  edifica  sobre  unos precisos  parámetros  como son: “Preacuerdos y negociaciones  entre  la  Fiscalía  y  el  imputado  o  acusado”,  fundados  en el consenso, el cual tiene como  objetivo  fundamental  los  siguientes fines previstos en el  artículo 348:   

a)  Humanizar  la actuación procesal y la  pena.   

b)    Obtener    pronta   y   cumplida  justicia.   

c)  Activar la solución de los conflictos  sociales que genera el delito.   

d) Propiciar la reparación integral de los  perjuicios ocasionados con el injusto.   

e) Lograr la participación del imputado o  acusado en la definición de su caso.   

Teniendo   presente   esas  finalidades,  comienzan     a     emerger     claras  las  divergencias  entre  los citados  e  institutos.   

En efecto, si bien es cierto que dentro de  la  concepción  de  Estado  social  democrático  de  derecho  el juzgador debe  propender,  entre  otras  cosas,  por  el  restablecimiento  del  derecho de las  víctimas,  también lo es que dentro del nuevo marco de procesamiento penal con  tendencia    acusatoria    y    fundado    en   el  consenso,  el  instrumento  de  los  preacuerdos  y  negociaciones  se  erige  como  el  mecanismo  para  activar la solución de los  conflictos   sociales,   propiciar   la   reparación   integral   y  lograr  la  participación del imputado o acusado en la resolución de su caso.   

El instituto de  sentencia  anticipada  sólo se funda en la terminación anormal del proceso sin  que  el  mismo  estuviera  supeditado  a  ningún  tipo  de  negociación con la  Fiscalía,  ni  condicionado a la reparación integral de los daños ocasionados  con  la  conducta  punible, sin desconocer que en el  instituto  de  preacuerdos  y  negociaciones  es  posible  que  la  terminación  anticipada  del  proceso sea producto de una decisión unilateral del imputado o  acusado.   

El  nuevo  sistema de procesamiento que consagra la Ley 906 de 2004,  “por        el        contrario,  Fiscal  y  procesado  acuerdan  la  rebaja,  que por eso se estableció flexible, resultando la misma dependiente de  consideraciones  como el ahorro de proceso, la contribución del procesado en la  solución  del  caso,  su  disposición  a reparar efectivamente a la víctima y  otras  similares  que  en  momento  alguno se pueden confundir con los criterios  legales  para  fijar  la  pena,  sin  pasar  por  alto  obviamente  las        directivas  adoptadas  por la Fiscalía en materia de acuerdo o preacuerdo y  las  pautas de política criminal eventualmente existentes, circunstancias todas  respecto  de  las  cuales  quien  cuenta con información para el discernimiento  respectivo  es  el  Fiscal  y no el juez.   

“Ahora  bien: la  circunstancia  de que el allanamiento a cargos en el Procedimiento Penal de 2004  sea  una  modalidad  de  acuerdo,  traduce  que  en aquellos casos en los que el  sujeto  activo de la conducta punible hubiese obtenido un incremento patrimonial  fruto  de  la  misma, debe reintegrar como mínimo el 50% de su valor y asegurar  el  recaudo  del  remanente para que el Fiscal pueda negociar y acordar con él,  conforme   lo   ordena   el   artículo  349  de  esa  codificación.   

“Una  interpretación  contraria,  orientada  a  respaldar  la idea de que aceptar los  cargos  en  la audiencia de formulación de imputación exonera de ese requisito  para  acceder  a  la  rebaja  de  pena,  riñe  con  los  fines declarados en el  artículo  348  ibídem  y específicamente con los de obtener pronta y cumplida  justicia,  activar  la solución de los conflictos sociales que genera el delito  y  propiciar  la  reparación  de  los  perjuicios  ocasionados  con él, a cuyo  cumplimiento  apunta  la  medida de política criminal anotada,  de impedir  negociaciones  y  acuerdos  cuando  no  se  reintegre  el incremento patrimonial  logrado con la conducta punible.   

“La  noción  de  pronta  y  cumplida justicia, entonces, debe entenderse en la nueva sistemática  de  manera  integral,  es  decir,  no sólo en la perspectiva de lograr una  sentencia  condenatoria  rápidamente  a  cambio de una ventaja punitiva para el  procesado  –que es lo que  pasa   en   la  sentencia  anticipada—,  sino  además  en  la  necesidad  de  restablecer  el  equilibrio  quebrantado  con  el  delito, que es lo que finalmente soluciona el conflicto al  verse    la    víctima   compensada   por   la   pérdida   sufrida”.4   

Así mismo, no se puede perder de vista que  el   instituto   del   allanamiento  de  cargos  en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación  se  sustenta  en el concepto de  preacuerdo   o  acuerdo,  habida  cuenta  que la manifestación  de allanamiento, que si bien la hace  de  manera  libre y voluntaria el imputado, de todos modos siempre conlleva a un  acuerdo  sobre el monto de la rebaja de pena, sin perder de vista que en algunos  eventos   el   mismo  surge  como  consecuencia  de  la  información  que  debe  suministrar  el Fiscal conforme lo ordena el numeral 3° del artículo 288 de la  Ley 906 de 2004.   

Contrario  a lo regulado para la sentencia  anticipada,  en  el instituto de allanamiento de cargos, el Fiscal y el imputado  no  solo llegan a acuerdos  sobre  el  porcentaje  de  la  rebaja de pena, que puede ir hasta la mitad de la  pena   a   imponer,  sino  que  también  el  consenso  puede  recaer  sobre  el  reconocimiento  de la prisión domiciliaria o de la suspensión de la ejecución  de  la  pena, aspectos que el juez debe acatar siempre y cuando no se quebranten  garantías fundamentales.   

Por ello, fácil resulta evidenciar que en  tratándose       de       la       sentencia      anticipada,      hecha  la manifestación unilateral de  aceptación  de  cargos,  la  misma  no  sólo  termina allí, sino que también  ningún   tipo   de   consenso  la  sustenta,  quedándole  al  sentenciador  el  proferimiento   de   la   correspondiente   sentencia,  teniendo  en  cuenta  el  sometimiento  que  hizo  el  sindicado  o acusado de los cargos formulados en su  contra.   

Igualmente  las  diferencias  también  se  advierten  a  lo  largo  de ambos procesos frente a los institutos que ocupan la  atención          de         la         Sala,         pues         consecuente      con   el                  principio       de           consensualidad,    la           ley          dispuso        en  el  numeral  5°  del  artículo  356  que  sea el juez de conocimiento quien, en la  audiencia   preparatoria,   requiera   al   acusado   para                 que          “manifieste        si      acepta           o        no              los         cargos”,          evento        en       el           cual,            en           caso   de   que                 no           haya    habido     preacuerdos      con          el   Fiscal,               procederá       a           dictar      sentencia     si  el  acusado               los          aceptó,            debiendo        reconocer       “hasta          una        tercera         parte”,          pues  de  haber  existido acuerdo con la Fiscalía, necesariamente  el  juez  debe  acatar  lo  acordado,  siempre  que  no  se desconozcan derechos  fundamentales,  sin  olvidar  que  el  artículo 352 precisa que “cuando  los  preacuerdos  se  realizaren  en este ámbito procesal  (preacuerdos  posteriores  a  la presentación de la  acusación),  la  pena imponible se reducirá en una  tercera    parte”.   

A  su  vez,  en  cuanto al juicio oral, el  artículo  367  dispone  que el juez “advertirá al  acusado,  si  está presente, que le asiste el derecho a guardar silencio y a no  autoincriminarse,  y  le  concederá  el  uso de la palabra para que manifieste,  sin apremio ni juramento,  si  se declara inocente o culpable”. En caso de ser  afirmativa  la  respuesta,  el  juzgador, siguiendo el mandato del artículo 368  (condiciones  de  validez  de  la  manifestación), debe proceder a establecer  si dicha aceptación es producto de un acto unilateral  o  de  “una manifestación preacordada”   con   la  Fiscalía,  situaciones  que  dan  lugar a dos posibles definiciones: si se  trata  de la primera, el juez, luego de verificar que el acusado “de   manera   libre,  voluntaria,  debidamente  informado  de  las  consecuencias            de   su   decisión   y   asesorado   por                 su           defensor”,         procede      a     dictar           sentencia      condenatoria,           dentro         de  la  cual   debe                 reconocer       una     “rebaja              de       una             sexta         parte           de        la             pena       imponible”.   En   cambio,  tratándose  de  la segunda, la Fiscalía debe indicar al  juez  los  términos  de  la  misma  (del  preacuerdo  o acuerdo), expresando la  pretensión  punitiva  que  tuviera,  situación que  lleva  al juez a “no imponer una pena superior a la  que  le  haya  solicitado la Fiscalía”,  siempre  y  cuando  acoja dicha manifestación (artículo 369).   

Como   se   observa,        la   mecánica              jurídico        procesal        que       sustenta        la           actual  terminación  anticipada       del          proceso        difiere        notoriamente      de           la           sentencia        anticipada   de   la           Ley          600   de   2004,           máxime        cuando         aquella,      apoyada      en           el           consenso,       contempla       una   intervención   neurálgica        y        dinámica      por    parte   de   la   Fiscalía,       aspectos      estructurales        que       son   propios   del      nuevo  sistema               de           procesamiento     penal         y           que,          por   lo                  mismo,         lo           distancian   y  excluyen   del  anterior  procedimiento,  el  cual,  como  se  indicó,  tuvo  génesis  en  una  concepción constitucional distinta.   

En   síntesis,            la           Corte   reitera   la   conclusión   de   que   la    sentencia  anticipada              de           la   Ley   600   de   2000          y           la           aceptación      de           cargos         de           la           ley      906      de   2004                 no           son          lo           mismo        y       ,           en           consecuencia,     no   es   viable   aplicar por  favorabilidad   ninguna   rebaja  de  esta     última     en     el     evento     examinado.   

Redosificación de la pena  

Efectuadas      las      anteriores  precisiones,  procede  la Sala a redosificar la pena  que     fue    impuesta    a     HÉCTOR        JULIO        ARCOS  RODRÍGUEZ, teniendo como base el artículo 40 de la  Ley 600 de 2000:   

Siendo   claro    que  el  Tribunal tasó la pena privativa de  la  libertad  en  304  meses de prisión   por  el  delito     de    homicidio    agravado,   surge  evidente  que  a   dicho   quantum  debe  descontarse  la    octava   parte  por  razón  de  haberse  acogido  el  acusado  a  la     sentencia     anticipada     dentro  de la audiencia preparatoria en  los  términos  ya señalados, según el citado  artículo  40 de la Ley 600 de  2000,    es    decir    treinta    y   ocho   (38)  meses.   

Por   consiguiente,  descontada  aquella  última  cifra  a  los  304  meses,  se  obtiene  como pena definitiva a imponer  doscientos   sesenta   y   seis   meses   (266)  de  prisión.   

Así  mismo, se  impone  modificar  la  pena  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas que le fue impuesta,  de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  inciso 3º del artículo 52 de la  Ley  599  de  2000,  por  el  mismo lapso de la pena  privativa de la libertad.   

Por   lo   expuesto,   la   CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, en SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E             S             U             E             L             V             E   

1.            CASAR  PARCIALMENTE el fallo de  segundo    grado   en   el   sentido   de   dosificar   la   pena   principal    que    corresponde    a  HÉCTOR    JULIO    ARCOS   RODRÍGUEZ  como autor penalmente responsable del  delito     de    homicidio    agravado,        en        doscientos  sesenta y seis (266)   meses   de   prisión,  lapso  en  el  cual  también  se  tasa  la  pena  accesoria de  inhabilitación     para     el    ejercicio    de    derechos    y    funciones  públicas.   

2.            En  lo  demás,  el  fallo  impugnado se  mantiene sin modificación alguna.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                          ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES   

Salvamento parcial de voto  

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

Salvamento parcial de voto  

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ                                           

Salvamento parcial de voto  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

   Secretaria    

1  Sentencia  del  22  de agosto de 2002. Rad. 14719. Reiterada en providencias del  12  de  diciembre  de  2002. Rad. 16539. 16 de octubre de 2003. Rad. 17746. 9 de  octubre  de  2003.  Rad.  19138  y  7  de  septiembre de 2006. Rad. 22447, entre  otras.   

2 V.g  Sentencias  del  1º  de  junio  de 2006. Rad. 22980, 19 de agosto de 2004. Rad.  15237 y 10 de abril de 2003 Rad 14337, entre otras.   

3  Sentencia de casación Rad. 25300 del 23 de mayo de 2006.   

4  Sentencia 21347 del 14 de diciembre de 2005.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *