23452(23-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23452   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 063.  

Bogotá  D.C.,  agosto  veintitrés  (23) de  dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  formal  de la demanda de casación presentada por el defensor del  procesado   JOSE   BENIGNO   AVILA  GOMEZ,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  12  de  julio  de 2004, confirmatoria de la  dictada  por el Juzgado Cincuenta y Dos Penal del Circuito de la misma ciudad el  5  de mayo de 2004, por cuyo medio lo condenó como autor penalmente responsable  del  concurso  de  delitos  de  acceso  carnal  violento  agravado y acto sexual  violento    agravado   en   Camila   Andrea   Garzón  Triviño.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los    hechos    que    motivaron   este  diligenciamiento   fueron   adecuadamente   sintetizados   por  el  a   quo  en  el  fallo  de  primer  grado  así:   

“El   28   de  diciembre  de  2000,  siendo  aproximadamente las 15:45 horas, a la altura de la  carrera  5  No.  3- 46 sur, fueron capturados IVAN SUAREZ VASQUEZ y JOSE BENIGNO  AVILA  GOMEZ  o CARLOS RAMOS por señalárseles de ser las personas que momentos  antes,  en  compañía  de otros dos sujetos de nombres MARIO N y JORGE AMAYA de  17  años  de  edad,  habían  intimidado  con arma cortopunzante a las hermanas  CAMILA   ANDREA   y   AMPARO   GARZON  TRIVIÑO,  de  13  y  18  años  de  edad  respectivamente,  las  que  fueron  llevadas  a  una casa en el barrio Calvo Sur  donde  la menor fue obligada a tomar vino, fumar alcaloides contra su voluntad y  posteriormente,  sometida  carnalmente  por  JOSE  BENIGNO  AVILA GOMEZ o CARLOS  RAMOS  y MARIO N., mientras que en ese mismo recinto mantenían imposibilitada a  su         hermana         AMPARO”.   

La  Fiscalía  Seccional de Bogotá declaró  abierta   la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  Iván  Suárez y JOSE  BENIGNO  AVILA GOMEZ, resolviéndoles  su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional  como  posibles coautores del concurso de  delitos de acceso carnal violento y acto sexual violento.   

Mediante providencia del 12 de marzo de 2001  la   Fiscalía   dispuso  a  solicitud  de  la  defensa  la  preclusión  de  la  investigación  adelantada  contra  los  sindicados  y ordenó su libertad. Esta  decisión  fue  impugnada  por  el  Ministerio Público y la Unidad de Fiscalía  Delegada ante el Tribunal de Bogotá la revocó.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el  21  de  abril de 2003 con resolución de acusación en contra de  los  procesados  como presuntos coautores del concurso de delitos que motivó la  imposición  de  medida  de  aseguramiento  y  se adicionó la contravención de  lesiones personales.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Cincuenta y Dos Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una vez  surtido  el  rito correspondiente profirió fallo el 5 de mayo de 2004, por cuyo  medio  condenó a JOSE BENIGNO AVILA GOMEZ a  la pena principal de doce (12) años y ocho (8) meses de prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por el mismo lapso, como autor penalmente responsable del concurso de  delitos  de acceso carnal violento y acto sexual violento. En la misma decisión  le  negó  el  subrogado  de  la condena de ejecución condicional y la prisión  domiciliaria,     absolvió    a    Iván    Suárez  Vásquez  y  se  declaró  prescrita  la acción penal  derivada de la contravención de lesiones personales.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  el Tribunal Superior de  Bogotá  la  confirmó  mediante fallo del 12 de julio de 2004, el cual es ahora  objeto   de   impugnación   extraordinaria   interpuesta  por  el  defensor  de  JOSE      BENIGNO      AVILA     GOMEZ.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  el defensor considera que se violó de manera indirecta la ley  sustancial al ser errada la apreciación de las pruebas.   

En  punto  de  su  acreditación  afirma que  “no  fue  valorada  (sic)  ni  tenido  en  cuenta  el  error en el tipo en el que  incurrió”    su    representado   “ya  que a su parecer la menor (Camila   Andrea,  se  aclara)  se comportaba y actuaba como una persona mayor ya que como lo dijo  la  misma  fiscalía instructora daba la apariencia de ser una mujer mucho mayor  de   lo   que   realmente   tenia   (sic)  ya  sea  por su indumentaria, por su forma de maquillarse, por sus  actuaciones    por    su    lenguaje    utilizado   y   su   comportamiento   en  general”.   

          Agrega  que adicional a que la menor Camila  Andrea,  según  lo  expresó  la  Fiscalía, parecía  “una mujer de muchos más años de los que realmente  tiene”,  incurrió  en serias contradicciones en sus  declaraciones,  así  como también aconteció con lo expuesto por la hermana de  aquella,   Amparo  Triviño,  quien  dijo  que fueron subidas a un taxi amenazadas con un cuchillo, sin que en  el  largo  trayecto  hasta  la  Fragua  alguien  o  el  mismo taxista se hubiera  percatado de la referida situación.   

          También      afirma     que     Amparo  Triviño  dijo  ser  objeto  de  trastornos  mentales  esporádicos  en  razón  de  su  condición  de  desplazada  y,  por  tanto, su  testimonio es inseguro y fantasioso.   

          Finalmente  aduce  que su procurado carece de antecedentes penales y  contravencionales   “lo  que  amerita  y  avala  su  comportamiento  tanto individual, familiar y social y que a la luz del artículo  248  de  la  C.N., es una persona que no es proclive al delito así como tampoco  es      una      persona      peligrosa     para     la     sociedad”.   

          Con  fundamento  en  lo  expuesto  el demandante solicita a la Corte  revocar   el   fallo   atacado   y   disponer   la   libertad  inmediata  de  su  asistido.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Como el impugnante fundamenta su reproche en  la  causal primera de casación, cuerpo segundo, por un error en la apreciación  de  las pruebas, se impone señalar que como de tiempo atrás lo ha puntualizado  la  Sala,  le  correspondía  indicar  si  se  trataba de un error de hecho o de  derecho.   

En  el  primer  caso  tenía  el  deber  de  establecer  que  los  juzgadores  se equivocaron al apreciar la prueba, bien sea  porque  obrando  en  el  proceso omitieron valorarla (falso juicio de existencia  por  omisión);  ya  porque  sin  figurar  en la actuación supusieron que allí  aparecía  y  la  tuvieron en cuenta en su decisión (falso juicio de existencia  por  suposición);  ora  porque  al  considerarla  distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola (falso juicio de identidad);  también,  cuando  sin  incurrir en alguno de los yerros referidos derivaron del  medio  probatorio  deducciones  que  contravienen  los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o las  reglas de la experiencia (falso raciocinio).   

          En  el  segundo  caso, esto es, en tratándose de la postulación de  errores  de  derecho, debía el recurrente especificar si el yerro consistió en  negar  a  determinado medio probatorio el valor conferido por la ley u otorgarle  un  mérito  diverso  al  atribuido  legalmente  (falso  juicio de convicción).  También,   porque  los  falladores  al  apreciar  alguna  prueba  la  asumieron  erradamente  como  legal  aunque no satisfacía las exigencias señaladas por el  legislador  para  tener  tal  condición,  o  porque la descartaron aduciendo de  manera  errada su ilegalidad, pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos  dispuestos   en   la  ley  para  su  práctica  o  aducción  (falso  juicio  de  legalidad).   

Precisado  lo  anterior,  sin  dificultad se  advierte  que  el actor no procede a identificar alguna de las especies de error  mencionadas  en precedencia, circunstancia que a la postre le impide acometer en  debida  forma  la  acreditación del reproche que formula, deja sin comprobar la  configuración  del  error  y  obviamente,  no  demuestra su trascendencia en el  fallo,  omisión  que  unida  a  la  confusión  argumentativa,  deja  ayuno  de  demostración el cargo.   

En efecto, obsérvese que el casacionista se  limita   a   señalar   que  la  menor  Camila  Andrea  Garzón  parecía  tener  una  edad  superior a la que  realmente  tenía  para  el  momento  en  que  ocurrieron los hechos (13 años),  circunstancia  que  determinó un error de tipo en JOSE  BENIGNO  AVILA. No obstante, si el fallo de condena lo  fue  en  razón  al  concurso de delitos de acceso carnal violento y acto sexual  violento,  es claro que la ponderación real o equivocada del procesado sobre la  edad  de  la  víctima  resulta  intrascendente  frente  a  la  comisión de los  referidos  ilícitos,  dado  que no exigen para su configuración un determinado  límite etario en el sujeto pasivo del comportamiento punible.   

          Asunto  diverso  ocurriría  si se hubiera procedido por los delitos  de  acceso  carnal  y  acto  sexual  abusivo  con menor de catorce años como lo  reclamó  la  Fiscalía,  cuyo  planteamiento  fue razonadamente desechado en el  fallo de primer grado.   

Ahora,  si  bien el impugnante estima que se  violó  indirectamente  la  ley  sustancial, no procede a señalar los preceptos  que  estima  conculcados, motivo por el cual se advierte que no se aviene con la  preceptiva  contenida en el numeral 1º del artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  según  la  cual, el recurso extraordinario de casación procede “cuando   la   sentencia   sea   violatoria   de   una   norma           de          derecho          sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta   imprescindible   (numeral   3º   del   artículo   212   ejusdem)  y  tanto  menos expone de manera  razonada  de qué forma se presentó el quebranto de disposiciones sustanciales,  como que ello es al fin y al cabo el fundamento de este recurso.   

Aunque el defensor censura la credibilidad y  valoración  otorgada  a  los  testimonios  de  Camila  Andrea     y     Amparo  Triviño,  no  procede con precisión a señalar si su  queja  apunta  a que los falladores los cercenaron o adicionaron en su contenido  material,  los valoraron con quebranto de las reglas de la sana crítica, fueron  apreciados  aunque  eran  ilegales,  se les marginó pese a ser legales o no les  fue  otorgado  el  valor  probatorio señalado en la ley, omisiones que permiten  concluir  a  la Sala que incumple el deber de presentar el reproche con claridad  y nitidez.   

Ahora  bien, si lo  pretendido  por  el  recurrente  era  alegar la duda razonable, le correspondía  señalar  la  vía  de  su  impugnación,  esto  es, si se trataba de violación  directa  o  indirecta.  Si  postulaba  la  primera era su deber demostrar que el  fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de  la  providencia  atacada  la  existencia   de   dudas   trascendentes   de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado y, pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición  normativa  que contiene el principio, cuando le correspondía en consonancia con  su    exposición    absolver,    reglas    que   el   actor   desatendió   por  completo.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e  injerencia  en  la  declaración  de justicia censurada, técnica que tampoco  utilizó.   

          Como  al culminar la demanda el casacionista asevera que su asistido  “no  es  proclive al delito así como tampoco es una  persona  peligrosa  para  la  sociedad”, baste aducir  que  el  fallo  de  condena no se produjo en razón a las condiciones personales  del  procesado,  sino  ante  la  declarada  y probada violación plural del bien  jurídico  de  la libertad sexual de la mencionada adolescente, razón adicional  para    encontrar    impertinente    la   alegación   del   censor   sobre   el  particular.   

Unido a lo anterior, en manifiesto olvido del  carácter  rogado  de  esta  impugnación,  ni  siquiera el demandante procede a  señalar   a   la   Sala  el  sentido  del  fallo  de  reemplazo  que  solicita,  circunstancia  de  más  para  evidenciar  la ausencia de rigor y técnica en su  libelo.   

Por  el  contrario, como si se tratara de un  alegato  de  instancia,  el  censor  dirige su actividad a cotejar su particular  valoración  de las declaraciones obrantes en la actuación, con la apreciación  otorgada  por  los  falladores,  desconociendo  la dual presunción de acierto y  legalidad de la sentencia impugnada.   

Evidente   resulta  que  en  este  recurso  extraordinario  no  pueden  efectuarse  censuras  generales, vagas e imprecisas,  tales  como  que  “no fue valorada (sic) ni tenido en  cuenta  el  error  en  el  tipo  en el que incurrió”  JOSE BENIGNO AVILA, en cuanto  es  preciso  que  la  denuncia  de  yerros  sea  concreta  y en especial, que se  demuestre  tanto  su configuración efectiva, no presunta, como su trascendencia  en  la sentencia impugnada, labores desatendidas por el casacionista, como ya se  dijo.   

Así  las cosas, encuentra la Sala que si el  censor  no  ajusta  su demanda a las reglas dispuestas para postular y demostrar  el  reproche  que  presenta  contra  el  fallo de segundo grado y, en virtud del  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional  la  Corte no se  encuentra  facultada  para  enmendar las falencias de aquél, de conformidad con  lo  dispuesto  en  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano la  inadmisión del libelo.   

          Para    concluir    se   tiene   que   la   Sala   no   observa  dentro  del  trámite  o  en  el  fallo objeto de reproche  violación  de derechos o garantías del procesado, como para que ello ameritara  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que sobre tales aspectos le otorga el  legislador   con   el   propósito   de  asegurar  su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado JOSE  BENIGNO  AVILA GOMEZ, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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