23220(23-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  23220   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 063.  

Bogotá  D.C.,  agosto  veintitrés  (23)  de  dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  acerca de la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  CARLOS     ORLANDO    SANTANA    URREGO,  contra  la  sentencia de segunda instancia dictada por el Juzgado  Veintidós  Penal  del Circuito de Bogotá, confirmatoria de la proferida por el  Juzgado  Cincuenta  y  Dos  Penal Municipal de la misma ciudad el 16 de enero de  2004,  por  cuyo  medio lo condenó como autor penalmente responsable del delito  de inasistencia alimentaria.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  2  de  mayo  de 1986 Ruby Stella Moreno  Agatón  y  CARLOS  EDUARDO  SANTANA  URREGO contrajeron matrimonio civil, unión de  la    cual    nació    Christian   David.  Mediante  fallo  del  5  de  mayo  de 2000, el Juzgado Primero de  Familia  de  Bogotá  decretó  la  cesación  de  efectos  civiles del referido  matrimonio,  a  la vez que dispuso que el padre del menor aportara como cuota de  alimentos el veinticinco (25%) de sus ingresos mensuales.   

Como  desde  el mes de diciembre de 2000, el  progenitor  de Christian David  dejó  de  cumplir  con su obligación alimentaria, la madre formuló querella a  través   de  apoderado,  con  base  en  la  cual  la  Fiscalía  Local de Bogotá declaró abierta la instrucción, en cuyo desarrollo  vinculó   mediante   indagatoria  a  CARLOS  ORLANDO  SANTANA URREGO.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el 11 de octubre de 2001 con resolución de acusación en contra del  sindicado,  como  presunto  autor  del  delito de inasistencia alimentaria. Esta  providencia  fue  confirmada  en  segunda  instancia  por la Unidad de Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de Bogotá el 4 de diciembre de 2001 al desatar el  recurso de apelación interpuesto por la defensa.   

El  juicio  fue  adelantado  por  el Juzgado  Cincuenta  y  Dos  Penal  Municipal  de Bogotá, despacho que una vez surtido el  rito  pertinente profirió fallo el 16 de enero de 2004, por cuyo medio condenó  a    CARLOS   ORLANDO   SANTANA   URREGO,  a  la pena principal de un (1) año de prisión y multa de un (1)  día  de  salario mínimo legal vigente y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la  sanción  privativa  de  libertad  como  autor penalmente responsable del delito  objeto  de  acusación.  Igualmente  fue  condenado  a  pagar la correspondiente  indemnización  de  perjuicios  y  le  fue  concedido  el  subrogado penal de la  condena de ejecución condicional.   

La  decisión  anterior fue impugnada por el  defensor  del  procesado y el Tribunal Superior de Bogotá la confirmó mediante  fallo  del  29  de  abril  de  2004,  mismo  contra  el  cual ahora se interpone  impugnación extraordinaria por parte de la defensa.   

LA DEMANDA  

El   censor   aduce  inicialmente  que  su  “demanda  tiene  como  causal  de  casación  LA VIA  EXCEPCIONAL”,  dado  que  fue  proferida por un Juez  Penal  del  Circuito  y  el  quantum de pena del delito por el que se procede no  satisface la exigencia legal para acceder a la casación ordinaria.   

En  punto  de  los  motivos para provocar la  admisión  discrecional  de  su  libelo  aduce  que  es  necesario  unificar  la  jurisprudencia,  porque  en  el  fallo  atacado se tuvo como prueba idónea para  acreditar   la   capacidad   económica   del   procesado   y   por   tanto,  su  responsabilidad,  las  manifestaciones  que  efectuó dentro de la diligencia de  conciliación  sobre  el  pago de las mesadas alimentarias atrasadas, caso en el  cual  corresponde  a  la  Sala que se pronuncie acerca de si lo expuesto por las  partes    en    las   diligencias   de   conciliación   puede   “adquirir   el   carácter  de  plena  prueba  confesoria”.   

          También  reclama  la intervención excepcional de la Corte a fin de  garantizar los derechos fundamentales de su asistido.   

Entonces,  el demandante formula tres cargos  contra el fallo impugnado, los cuales postula y desarrolla así:   

1.            Primer cargo: Error en la valoración de  las pruebas sobre la solvencia económica del procesado.   

Sin indicar la causal ni la especie de yerro,  el  censor  aduce  que  si  bien  por  mandato  legal  se  imponía  realizar la  diligencia  de  conciliación  entre  su  asistido  y la querellante, en la cual  CARLOS  SANTANA  propuso una  fórmula  de  arreglo  hacia el futuro a fin de cancelar las cuotas alimentarias  atrasadas,  tales  manifestaciones  no  debieron  ser  tenidas  en  cuenta  como  acreditación  de  su  solvencia económica, pues en la actuación obran pruebas  abundantes sobre sus precarios recursos económicos.   

Y concluye el impugnante que “lo  anterior,  no  significa  que la posición fijada por el acusado  frente  a  la  conciliación,  se  deseche  de  plano  por  el  señor Juez, sin  permitirle  a  este  una  valoración  libre  capaz de obtener un convencimiento  claro  y orientado a establecer la verdad de los hechos reales, apoyados como es  lógico  y racional en otras probanzas, sin caer en la degradación jurídica de  darle  el  alcance  que  para  este  caso  se  le  dio,  al  estimar  la actitud  conciliadora,  por  sí  sola, como una confesión suficiente para establecer su  culpabilidad en la investigación”.   

2.            Segundo cargo: Nulidad por violación del  derecho de defensa.   

          Con  fundamento  en el artículo 29 de la Carta Política, el censor  manifiesta  que tanto el a quo  como  el  ad  quem negaron la  práctica   de  los  testimonios  de  Carlos  Mauricio  Santana   Ortíz   y   Juan  Caballero, quienes tenían conocimiento de la forma en  que  el  procesado  asumió  sus  obligaciones  alimentarias  para  con  su hijo  Christian David.   

          Resalta   que  si  bien  era  difícil  encontrar  a  los  referidos  declarantes,     al    primero    “por    aspectos  personales”  y al otro por hallarse fuera del país,  a  ambos  les  asistía  interés  en  concurrir a rendir su testimonio sobre el  particular.   

          Y  concluye  que  al negarse la práctica de las mencionadas pruebas  se  violó el derecho de defensa de su asistido, “sin  atender  al  perjuicio  que  esto ocasionaba, en atención a que estas versiones  recepcionadas  (sic),  otra  suerte  hubiera tenido la decisión final, habida cuenta que sus dichos habrían  permitido     racionalizar     mejor     la     decisión     tomada”.   

          También   afirma   que  si  la  madre  del  menor  no  solicitó  a  CARLOS  ORLANDO  SANTANA los  alimentos  de  su  hijo  durante  cerca  de  diez  años,  ello obedece a que un  encuentro  con  su  anterior  esposo,  le  generaba  dificultades  con su actual  compañero    Julio   Roberto   González,  situación  que  impedía  un acercamiento del procesado al menor  Chistian.   

          Con  fundamento  en  lo  anterior,  el demandante solicita a la Sala  casar  la sentencia impugnada y declarar la nulidad de lo actuado a partir de la  decisión  del a quo por cuyo  medio  negó  la práctica de los testimonios de Carlos  Mauricio     Santana     Ortíz    y    Juan Caballero.   

3.            Tercer  cargo  (subsidiario):  Error  de  hecho por omitir la valoración de testimonios de defensa.   

Afirma el casacionista que los falladores no  valoraron   las  declaraciones  de  María  Urrego  de  Santana,   Fabio  Humberto  Santana   Urrego  y  Miguel  Hernán   Santana   Urrego,   madre  y  hermanos  del  procesado,  respectivamente,  cuyo  aporte fue descartado en razón del referido  parentesco  y  no  fueron  apreciados  de  acuerdo  con  las  reglas  de la sana  crítica,  en  cuanto  constituyen  elementos probatorios legalmente ordenados y  practicados en la actuación.   

          Precisa   el   recurrente   que   tales   testimonios  acreditan  la  insolvencia  del  acusado  y  al no ser valorados “en  todo  cuanto  hubiesen  podido  significar para determinar, no la existencia del  hechos   (sic),   que  son  evidentes,  sino  la  culpabilidad,  determinada  a título de dolo, por haberse  sustraído   el  encartado  a  suministrar  alimentos  a  Christian  David,  sin  consideración  a  las  causales de justificación, que durante su condición de  desempleado no ha podido cumplir”.   

          Con  fundamento  en  lo anotado, el defensor solicita casar el fallo  atacado  y  en  su lugar proferir sentencia de reemplazo a través de la cual se  absuelva al incriminado por el delito de inasistencia alimentaria.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          De  acuerdo  con preceptiva contenida en el inciso 1º del artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, este medio impugnaticio procede contra los fallos  proferidos  en  segundo grado por los tribunales superiores de distrito judicial  y  por  el  Tribunal  Penal  Militar,  cuando  se  proceda  por  “delitos   que   tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

En  aquellos  casos  en  que la sentencia de  segunda  instancia  no  es  proferida  por  los mencionados tribunales, o que el  delito  por  el  cual se procede tiene pena privativa de la libertad inferior al  quantum  señalado  en  precedencia o sanción no restrictiva de la libertad, el  inciso  3º  del  artículo  205 del estatuto procesal penal faculta a esta Sala  para   admitir   discrecionalmente   las   demandas  de  casación  presentadas,  “cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

          Desde  luego,  cuando se trata de la casación discrecional es deber  del    impugnante    exponer    con    claridad   y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte, ya para proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien  para  unificar posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina,  ora para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de qué manera la decisión solicitada tiene la utilidad  simultánea  de  brindar  solución  al  asunto  y a la vez servir de guía a la  actividad judicial.   

Pero  si lo pretendido por el demandante es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho    invocado,    así    como    su    desconocimiento    en   el   fallo  recurrido.   

También  se  tiene  que  el censor no puede  acudir  simultáneamente  a  las dos especies de casación (ordinaria o común y  discrecional)  en  cuanto  son excluyentes, dado que la segunda es sucedánea de  la  primera,  esto es, únicamente procede en la medida en que no resulte viable  la casación ordinaria.   

         Advertido  lo  anterior se observa en el caso de la especie que por  tratarse  del  delito  de  inasistencia  alimentaria,  para el cual, tanto en el  Decreto  100  de  1980  como  en  la  Ley  599 de 2000, se ha dispuesto una pena  privativa  de  la  libertad  cuyo máximo no supera los ocho (8) años, en punto  del recurso de casación se impone acudir a la vía discrecional.   

         En  efecto, en el artículo 263 del derogado estatuto penal en cuya  vigencia  se  inició  el comportamiento tenía una sanción de seis (6) meses a  tres  (3)  años  de  arresto, mientras que en el artículo 233 de la Ley 599 de  2000,  vigente  para  cuando  se  profirió el fallo impugnado, se establece una  pena  de  dos  (2) a cuatro (4) años de prisión, dado que el sujeto pasivo del  delito es un menor.   

Ahora,  si  bien  el censor al inicio de su  argumentación  aduce que presenta demanda por la vía  excepcional  contra  el  fallo  proferido  por  el  Juzgado Veintidós Penal del  Circuito  de  Bogotá,  a fin de que se unifique la jurisprudencia y se aseguren  las  garantías fundamentales de su representado, lo cierto es que no desarrolla  los  motivos invocados para que proceda la intervención excepcional de la Corte  en el asunto.   

          En  cuanto  se  refiere  a  la unificación de la jurisprudencia, el  recurrente   no  identifica  en  concreto  la  temática  que  debe  abordar  el  pronunciamiento,  no  dice  si  sobre  el particular ya hay decisiones y, de ser  así,  cuáles  son  las  providencias  que  se  ocupan  del  asunto  y cómo se  relacionan  con  el  caso  objeto de estudio, omisión que a la postre le impide  identificar  el  punto dudoso, la existencia de decisiones contradictorias, o el  vacío  que corresponde dilucidar jurisprudencialmente y cómo el desarrollo del  concepto  reclamado tiene la doble utilidad de servir, tanto para este trámite,  como para la solución de casos similares.   

Sin  duda,  para  conseguir  la  admisión  discrecional   del  libelo  de  casación  no  basta  aducir  que  es  necesario  establecer  por  vía  jurisprudencial  si  lo  expuesto  por  las partes en las  diligencias   de   conciliación   puede   ser   valorado  como  “plena  prueba  confesoria”, pues como ya  se  dijo,  la  labor  del casacionista debe ir mucho más allá, en la medida en  que  debe  convencer  a  la  Sala  acerca  de  la  utilidad  y  necesidad  de su  pronunciamiento, deberes que el defensor no emprendió.   

Respecto  del segundo motivo invocado, esto  es,  la  protección de los derechos fundamentales de su asistido, el impugnante  se  queda en el simple enunciado pues no procede de manera alguna a señalar los  derechos  conculcados,  de qué manera se produjo su violación, cuáles son las  normas  constitucionales  o  legales que los reconocen y establecen su alcance y  cómo tuvo lugar su afrenta en el fallo objeto de reproche.   

Adicional  a lo anterior, tampoco del cuerpo  de  la  demanda  se  consigue  establecer  con precisión la denuncia de agravio  alguno  a  los  derechos  fundamentales  del acusado, pues el defensor de manera  general  e imprecisa señala que no se practicaron algunas pruebas, pero además  de  no  acreditar  de  manera  clara  su  conducencia,  pertinencia, necesidad y  racionalidad,  omite  destacar  su  efectiva  trascendencia  en  el  sentido del  fallo.   

Igualmente  se  tiene que el casacionista se  duele  de  la  valoración  que  los  falladores  otorgaron  a  lo  dicho por su  representado  en  la  audiencia  de  conciliación, pero no denuncia en concreto  error  alguno de los funcionarios judiciales y tanto menos procede a demostrarlo  y  señalar  su  injerencia  en  la  declaración  de  justicia  contenida en la  sentencia.   

En suma, es evidente que el censor se limita  a  cotejar  su  particular apreciación de las pruebas de defensa y de cargo con  el   criterio  que  sobre  el  particular  adoptaron  los  falladores,  proceder  inadmisible  en este recurso extraordinario y que, por tanto, no conduce en modo  alguno   a   acreditar   violación   de  las  garantías  fundamentales  de  su  representado.   

Lo   anterior   permite  concluir  que  el  recurrente  no  cumple  con  los  postulados  requeridos para que resulte viable  admitir  discrecionalmente  el  estudio  del  recurso  de casación interpuesto,  además  de  que  tampoco  la  Sala  advierte  violación alguna de los derechos  fundamentales   o   garantías  del  procesado  CARLOS  ORLANDO   SANTANA   URREGO,   como   para   que   tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular le confiere el legislador a esta Corporación.   

          Si  lo  anterior  es  así,  como  en  efecto  lo es, sin dificultad  advierte   la   Sala  que  la  demanda  acusa  las  graves  falencias  técnicas  destacadas,  que no pueden en modo alguno ser subsanadas por la Corte, pues ello  lo  impide  el  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional,  imponiéndose  de  plano  su  inadmisión  de conformidad con lo dispuesto en el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  discrecional  interpuesta por el defensor de CARLOS  ORLANDO  SANTANA  URREGO,  por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra esta decisión no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      MAURO SOLARTE PORTILL   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *