23189(06-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23189  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                              Aprobado   Acta   Nº:  54     

          Bogotá D.C., seis de julio de dos mil cinco.   

VISTOS  

            Conforme con lo reglado en el artículo 223 de la Ley 600 de 2000,  examina  la  Sala  de  manera  preliminar  el  aspecto  formal  de la demanda de  revisión  instaurada por el apoderado especial de OMAR  ALEXANDER  ZAPATA  ESPINOSA,  contra  la  sentencia  condenatoria  proferida  por el  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  8  de junio de 2001, que confirmó la que  dictó  el  19  de  abril  de  2000 el Juzgado 22 Penal del Circuito de la misma  ciudad,  por  cuyo medio le impuso al accionante pena de prisión de 41 años de  prisión   al  hallarlo  responsable  del  concurso  de  conductas  punibles  de  homicidio  agravado, hurto calificado y porte ilegal de arma de fuego de defensa  personal.     

HECHOS  

          Fueron  expuestos  en  el fallo de segundo grado por el Tribunal, de  la siguiente manera:   

“El  menor  (15  años)  Camilo  Andrés Mesa Sepúlveda por razones que no se conocen, abandonó  la  vivienda  familiar  para  instalarse en la casa de Nancy Pérez quien vivía  con  su hija Yuribel (la cual murió de manera violenta, el 19 de enero del año  2000).  El  día 12 de enero del mismo año el menor Mesa Sepúlveda, atendiendo  un  llamado de su familia, empacó sus pertenencias en un costal y se dirigía a  su  casa  pero  fue  atacado, despojado de sus pertenencias y lesionado con arma  blanca  (13  puñaladas), razón por la cual se encontraba recluido en la Unidad  Intermedia  de  Santa  Cruz.  Allí se presentó su primo Eduard Stiven Castaño  Sepúlveda,  agresivamente  ingresó  al  centro  hospitalario,  mientras  en el  exterior  le  esperaba  una  joven  a  quien se veía en posesión de un arma de  fuego.  El  menor  Castaño Sepúlveda, salió luego de conversar con el herido,  pero  en  la  vía  pública  se  les  acercaron a él y a quien resultó ser su  hermana,   Heylin  Dayan,  dos  hombres;  requisaron  a  Eduard  y  luego  a  la  consanguínea  de  éste, la despojaron del arma de fuego y con ella le hicieron  cuatro  disparos  al  joven  quien  perdió  la  vida  porque  no alcanzó a ser  atendido  en  la  Unidad  Intermedia,  a  pesar  de  lo  cerca que se encontraba  (…)”   

Solamente resta agregar que como agresor fue  señalado  OMAR  ALEXANDER ZAPATA ESPINOSA,  a. Careteta, y  en  tal  condición  procesado  y  condenado  por  los  sucesos  que  vienen  de  reseñarse,   como   se  anotó  en  el  acápite  precedente.       

LA  DEMANDA   

          Al   amparo   de  la  causal  tercera,  el  demandante  pretende  el  desquiciamiento  de la sentencia atacada en sede de revisión por considerar que  con  posterioridad  al  pronunciamiento  de  condena  que afecta a su defendido,  surgió  prueba  nueva  no  conocida  al  momento  de los debates -declaraciones  extraproceso    rendidas    por   Jairo   de   Jesús  Echeverri,       patrono       ocasional      del  sentenciado,  y Clara  María  Espinosa Echeverri, tía del  mismo,  quienes dicen haber percibido el cruento hecho-, que permiten establecer  la  inocencia del condenado ZAPATA ESPINOSA.   

          Los  mencionados  testigos presenciales no fueron citados al estrado  judicial,  y  tampoco se atrevieron a declarar en su momento, no sólo por temor  a   incriminar   a   los  verdaderos  y  peligrosos  autores  de  las  referidas  delincuencias,  afirma  el  libelista,  sino  también porque los familiares del  condenado,  en  su  ignorancia, estimaron que con los declarantes que ya habían  desfilado  en el proceso bastaba para el esclarecimiento de los hechos, o porque  de  igual  manera  supusieron  que  el  testimonio  de  un  familiar carecía de  validez.   

          Con  esos testimonios, se pretende demostrar que los acontecimientos  se  desarrollaron  de  manera  diferente  a  como  se  dieron por probados en la  actuación,  advierte  el demandante, puesto que conforme al dicho de aquéllos,  quienes  abordaron  a  la  víctima  y  luego  lo  ultimaron, fueron Hildebrando  Patiño,   conocido   con   el  remoquete  de  “nito  petardo”,    y    el    apodado    “Luisito    el    enano”.   ZAPATA  ESPINOZA  no  se  hallaba por esos  contornos,  como  quiera  que  se encontraba oculto y huyendo de las autoridades  por  el  lesionamiento  causado  a  Camilo  Andrés  Mesa  Sepúlveda, primo del  occiso.   

          Pretende  pues  el  actor,  se  deje  sin  efecto de cosa juzgada el  pronunciamiento  de  condena  atacado  en  sede  de  revisión,  “por  no  corresponder  a  la  justicia  material,  pues la prueba no  corresponde   a   la  verdad  histórica  determinada  judicialmente”  y,  consecuentemente,  se  decrete  la  libertad  del condenado  ZAPATA               ESPINOZA.             

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

La  acción  de  revisión  procede  contra  sentencias  que  hayan hecho tránsito a cosa juzgada, dispone el Art. 220 de la  Ley  600  de 2000, y el escrito por cuyo medio se pretende su remoción no es de  libre  formulación,  por  cuanto  el  Art.  222 ibidem  impone  el cumplimiento de los presupuestos de forma y  contenido  allí relacionados, cuya inobservancia hace que la respectiva demanda  devenga  inepta y por consiguiente su inadmisión es la consecuente declaración  que ha menester hacer.   

Si bien la demanda cumple con las exigencias  formales  establecidas  en  los  ordinales  1°,  2°  y 4°, e inciso final del  citado  precepto,  no  ocurre  lo  mismo  respecto  del  3°  en  lo  atinente a  “los  fundamentos  de  hecho  y de derecho en que se  apoya la solicitud” de revisión.   

En  efecto,  el  carácter  inmutable de una  sentencia  en  firme  sólo  es  posible  removerlo  mediante el mecanismo de la  acción  de  revisión, en aquellos eventos en que es ostensible la injusticia  de  la  respectiva  decisión,  tiene  dicho  la  Sala,  pues  el  extraordinario instrumento no fue concebido a  manera  de  una  instancia  adicional  donde  puedan  tener  cabida  debates  ya  finiquitados  en  las instancias como la valoración probatoria decantada por el  sentenciador,   o   el   examen   que   de   los   hechos   tuvo   lugar  en  el  juicio.   

          La  remoción  de  la  cosa  juzgada  requiere  de  la demostración  fehaciente  de  la  manifiesta  injusticia  en  que  se incurrió al emitirse el  correspondiente  pronunciamiento,  conforme  con  los  lineamientos  que para su  invocación  demanda  la Ley de Procedimiento Penal. Por ello, es imprescindible  que  quien  impetra  la  revisión  de  una sentencia ejecutoriada seleccione en  debida  forma  la  causal  con la cual aspira acreditar la discrepancia entre la  verdad  procesal  y  la  realidad  histórica de los acontecimientos, pues de lo  contrario   sus   argumentos   resultarían   ser   unas   alegaciones  más  de  instancia.   

          Prueba  nueva  es  aquella  que  surge con  posterioridad  a  los  debates en las instancias y a la culminación del proceso  con  una  sentencia  en firme y por cuyo desconocimiento, el fallador no tuvo la  oportunidad  de  pronunciarse  acerca  de  su  grado de validez y de eficacia en  relación  con  los  acontecimientos  puestos  a  su  conocimiento,  bien porque  realmente  se  trate  de  la  aparición  de  hechos  nuevos  que contraríen la  evidencia  de  lo  ya  decidido,  ora porque no empece su existencia previa a la  definición   del   asunto,   por   cualquier  causa  se  omitió  allegarla  al  averiguatorio,  situación  que  de no haberse operado otro muy distinto hubiera  sido  el  sentido  de  la decisión que afecta los intereses del afectado con la  misma.   

          Para  lo  que es el objeto del presente pronunciamiento, ha menester  destacar  que  ningún  hecho nuevo diverso a lo ya examinado en las instancias,  constituye  el  aporte  testimonial  de  quienes  extraprocesalmente  declararon  acerca   de   lo   ocurrido   y   las   presuntas   circunstancias   modales   y  temporo-espaciales  que  rodearon  el  evento  juzgado  y  que hoy, como pruebas  nuevas,  se  pretenden  hacer  valer como elementos de inocencia en pro del  sentenciado.   

          Ciertamente,  el  hecho de que supuestamente el condenado no hubiese  estado  en el teatro de los acontecimientos para la fecha en que éstos tuvieron  su  desarrollo,  y  que  otros  individuos fueron los protagonistas del luctuoso  evento,  son  aspectos  que  oportunamente  evaluó el Tribunal en su sentencia,  tras  prolijo  escrutinio  testimonial  de  quienes  dicen  no haber visto en el  escenario  del  crimen  a  ZAPATA ESPINOSA,  de  quien  asevera  lo  contrario,  precisamente la hermana de la  víctima  que  lo  acompañaba  en  el  instante del acometimiento, Heylin Dayan  Castaño  Sepúlveda,  cuyo  contundente  señalamiento  de  los  homicidas  -el  apodado   “Nito”   y   OMAR  ALEXANDER-  destaca  el  juzgador  de  segunda  instancia,  y  de los propios  descargos del tenido en el proceso por victimario.   

          Apoyado   en   pronunciamiento  jurisprudencial  de  la  Sala,  así  discurrió   el  Ad-Quem  en  torno  al  tema  que ahora nuevamente se vuelve a plantear en sede de revisión,  tras  desestimar  las exculpaciones del condenado y las aseveraciones de quienes  acolitan   su  dicho,  en  tanto  le  dispensa  crédito  al  testimonio  de  la  consanguínea del difunto:   

“Involucra en la  ampliación      de     indagatoria     el     procesado,     a     ‘Nito’ como ejecutor del homicidio, tal como  lo  presenta  Heylin  Dayan,  pero,  él  se presenta ajeno al acontecimiento es  decir  como coautor o partícipe del mismo, cuando lo que aparece probado es que  ambos  se  acercaron y no con ánimo pacífico porque exhibían por lo menos, un  arma  de  fuego.  Este referente fáctico evidencia entonces una voluntad común  en  los  actores  que determinó la comprensión de lo ocurrido con el resultado  de  un  acuerdo en el designio y por ende unifica el nivel de responsabilidad en  la      valoración      de      los      hechos     antijurídicos.”     

          No  es  pues a expensas de cuestionar el soporte probatorio sobre el  cual  se  afinca  la  sentencia  demandada  como  se  puede  lograr  quebrar  su  intangibilidad,  cuando realmente no se evidencia de la nueva prueba argüida el  más  mínimo elemento que permita vislumbrar la inocencia pretextada. Eso es lo  que  aquí ocurre, como quiera que lo que el libelista pretende es que se vuelva  a  debatir  acerca  de  lo  ya  decidido definitivamente en las instancias, vana  aspiración  porque  como  ya  se expuso, aquellos elementos de juicio no fueron  ajenos  al  proceso  en  la medida en que conforme al testimonio de Heylin    Dayan    Castaño   Sepúlveda,  Hildebrando  Patiño,  a.  “Nito”, accionó el arma de fuego en contra de la  víctima,    en    tanto    OMAR   ALEXANDER   ZAPATA  ESPINOSA     lo    secundaba    en    la    acción  criminosa.   

Nada  novedoso,  entonces, se aporta con las  pruebas  pretextadas,  y  al  no  tener  los razonamientos del actor el poder de  desvirtuar   el   juicio  de  reproche  recaído   sobre  la  conducta  del  condenado,  la  condición de res iudicata que  ampara  la  decisión  atacada  de  injusta  e  ilegal  se alza  incólume frente a aquéllos.   

A  fuerza  de  no  cumplir  el  libelo en su  aspecto  formal  con  las  exigencias  que  conforme  a  la  causal de revisión  invocada  regula  el  artículo  220-3  del  Código  de Procedimiento Penal, la  demanda  cuyo estudio previo ha acometido la Sala debe ser inadmitida conforme a  lo   estipulado   en  el  Art.  223  ídem.  A  ello  se  procederá,  una  vez reconocido el apoderado a cuyo  cargo estuvo la elaboración de la demanda.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

1. Reconocer al abogado Luis Fernando Aguirre  Henao  como  defensor  del  condenado  OMAR  ALEXANDER  ZAPATA  ESPINOSA,  en los términos y para los efectos  precisados en el poder conferido.   

2.           INADMITIR  la  demanda de revisión que en  representación  del  antes  nombrado  instauró  su  defensor,  conforme  a las  motivaciones plasmadas en este proveído.   

3. Contra la presente determinación procede  el recurso de reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

         MARINA PULIDO DE BARÓN   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                         HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO     

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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