23188(08-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23188   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr.   MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta No. 045  

Bogotá,  D.  C., ocho de junio del año dos  mil cinco.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por el apoderado de la  clínica  de  salud  mental  “RenaSer”,  vinculada  como  tercero civilmente  responsable  en  el  proceso  seguido  en  contra  de  GUSTAVO  MANUEL CALDERÓN  NEGRETE,   por   el   delito   de   acceso   carnal   abusivo   con  incapaz  de  resistir.   

Antecedentes.-   

1.-  Los  hechos,  que  tuvieron  lugar  en  Montería   –  Córdoba,  fueron   declarados   por  el  juzgador  de  segunda  instancia,  de  la  manera  siguiente:   

“Ocurrieron en la noche del 31 de enero de  2003  en  la  Clínica  RenaSer  de esta ciudad, cuando el señor GUSTAVO MANUEL  CALDERÓN   NEGRETE,   trabajador   de  ese  centro  asistencial,  entró  a  la  habitación  de  YESENIA  BEATRIZ  MARTÍNEZ JIMÉNEZ, donde ésta se encontraba  interna  en  razón a una fuerte depresión que padecía, y en virtud de ello le  eran  formulados,  por  el  médico tratante, medicamentos antidepresivos que la  mantenían  casi  dopada, éstas  circunstancias fueron aprovechadas por el  aquí     procesado     para     mantener    relaciones    sexuales    con    la  paciente”.   

2.-   Abierta  la  investigación  por  la  Fiscalía  Cuarta  de  la Unidad de Delitos contra la Vida, Integridad Personal,  Libertad  y  Formación Sexual e Integridad Moral, con sede en Montería (fl. 19  cno.  1),  vinculó mediante indagatoria a GUSTAVO MANUEL CALDERÓN NEGRETE (fl.  43),  a  quien  definió  su  situación  jurídica  con medida de aseguramiento  consistente en detención preventiva (fls. 161 y ss.).   

Ante  la  manifestación  contenida  en  la  demanda  de  constitución  de  parte  civil,   a  través  de proveído de  dieciséis  de  abril de dos mil tres la fiscalía admitió la demanda y dispuso  la  vinculación  de  la  Clínica  Renaser  como tercero civilmente responsable  (fls. 70 y ss. cno. 3).   

Posteriormente,  previa  clausura  del ciclo  instructivo  (fl.  230-1),  el  once  de  julio  de dos mil tres se calificó el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución  acusatoria  en  contra  del  sindicado  GUSTAVO  MANUEL  CALDERÓN  NEGRETE  por  el  delito de acceso carnal  abusivo  con  incapaz  de resistir (fls. 284 y ss.), mediante determinación que  adquirió   ejecutoria   en   esa   instancia   al  no  haber  sido  materia  de  impugnación.   

El conocimiento del juicio fue asumido por el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Montería  (fl.  1  cno. 2), en donde  después  de  haberse llevado a cabo la vista pública (fls. 462 y ss.), el once  de  febrero de dos mil cuatro se puso fin a la instancia condenando al procesado  a  la  pena  principal  de   ciento  cuatro  (104)  meses de prisión, y la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por término igual  al  de  la privación de la libertad, por encontrarlo penalmente responsable del  delito imputado en el pliego enjuiciatorio.   

Asimismo, en dicho pronunciamiento, condenó  al  procesado  GUSTAVO  MANUEL  CALDERÓN  NEGRETE  y  la Clínica Renaser en su  condición  de  tercero  civilmente  responsable,  al  pago solidario de la suma  equivalente  a  cincuenta (50) salarios mínimos legales mensuales vigentes como  perjuicios  materiales  y  a  la suma equivalente a cien (100) salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes, como perjuicios morales, a favor de la perjudicada  Yesenia Martínez Jiménez (fls. 512 y ss.).   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  procesado   (fl.  538)  y  el  representante  judicial  del  tercero  civilmente  responsable  (fl. 536), el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Montería,  en  decisión  proferida  el treinta y uno de mayo de dos mil cuatro, al desatar  la          alzada         interpuesta         resolvió         “Modificar   el  numeral  cuarto  de  la  sentencia  recurrida,  en  el  sentido de que se condena, en los términos allí  indicados,  sólo  por  el  DAÑO  MORAL  SUBJETIVADO, en cuantía equivalente a  cincuenta  (50)  salarios mínimos legales mensuales, dado que el daño material  y  el  moral  objetivado  no se encuentran demostrados en el proceso”,  y confirmar en lo demás la sentencia condenatoria (fls. 22 y  ss. cno. Sda. Ins.).   

Contra  este fallo, el apoderado de la parte  civil  (fl. 56), el defensor del procesado (fl. 57), y el representante judicial  del   tercero   civilmente   responsable   (fl.   60),   interpusieron   recurso  extraordinario  de casación, aun cuando éste último manifestó acudir a “la  vía  excepcional  en lo concerniente con la condena económica a que ha quedado  sometida  la  parte  que  represento,  sin  extenderme en absoluto a la sanción  punitiva   de   prisión   que   se   impuso  al  señor  Gustavo  M.  Calderón  Negrete”.   

Manifestó al efecto lo siguiente:  

“La   justificación   del  recurso  que  interpongo  se  encuentra en el hecho de ser de tanta trascendencia jurídica la  sentencia  recurrida  que  se  hace  necesario que la jurisprudencia nacional se  desarrolle  en este aspecto en que por un delito intencional de carácter sexual  se  ha  condenado  solidariamente  al  pago  de  los  perjuicios  al patrono del  condenado,  patrono  que  por ser una persona jurídica que nada tuvo que ver en  la  comisión  de  la  conducta,  va  a  cargar  con una condena inmerecida y de  efectos  devastadores en el campo de las relaciones obrero-patronales, porque si  la  sentencia no ha errado, todo patrón de ahora en adelante quedará condenado  en  cada acto de violencia o de abuso sexual que cometa un trabajador suyo…”  (fls. 60 y ss.).    

    

Mediante  providencia proferida el quince de  julio  de dos mil cuatro, el Tribunal Superior resolvió negar la concesión del  recurso  de casación propuesto por el apoderado de la parte civil, toda vez que  “el  valor  objeto  de  discusión  está  por debajo de 425 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes.  Este sujeto procesal tampoco invocó la casación  excepcional”.   

En  dicho pronunciamiento, atendiendo que la  pena  máxima  establecida para el delito por el que se procede, excede los ocho  años  de  prisión, consideró procedente la admisión del recurso de casación  presentado              por              el             defensor             del  procesado.              

Y,  del  mismo  modo,  estimó procedente el  recurso  de  casación  presentado  por  el  apoderado  del  tercero  civilmente  responsable,  toda  vez  que  éste  “ha  manifestado  su  interés  en que se  dilucide  el  asunto  por  la  jurisprudencia nacional. Expresando, además, que  conoce  la improcedencia del recurso en virtud de la cuantía de los perjuicios,  razón   por   la   cual   invoca   la   casación  excepcional”  (fls.  64  y  ss.).   

En  oportunidad,  el  apoderado  del tercero  civilmente  responsable  presentó la correspondiente demanda de casación (fas.  81  y ss.) sobre cuya admisibilidad se pronuncia la Corte, no aconteciendo igual  con  la  impugnación  propuesta  por  la  defensa  del  señor  GUSTAVO  MANUEL  CALDERÓN  NEGRETE, cuyo recurso fue declarado desierto por el Tribunal (fls. 96  y ss.).    

La  demanda.-   

Después   de   identificar   los  sujetos  procesales  y  la  sentencia  demandada,  de  hacer  una síntesis de los hechos  materia  de  investigación  y juzgamiento, y de resumir la actuación llevada a  cabo  en  las  instancias,  tres  cargos  formula  el censor contra el fallo del  Tribunal.   

En   el  primer  cargo,  formulado  con  apoyo en la causal primera de  casación,  sostiene  que  la  sentencia  del  ad  quem  resulta  violatoria  de  disposiciones  de  derecho  sustancial,  específicamente del artículo 2349 del  Código   Civil,   toda  vez  dicha  disposición  no  establece  que  los  amos  responderán  siempre del daño que causen sus criados con ocasión del servicio  que  a  aquellos  prestan,  sino que quedan exceptuados de responsabilidad si se  acredita  que  “se  han  comportado  de un modo impropio que el amo no tenían  medio  de  prever  o  impedir,  empleando  el  cuidado  ordinario y la autoridad  competente”,  pues  en  tal caso “recaerá toda la responsabilidad del daño  sobre dichos criados o sirvientes”.   

          

En  este caso, manifiesta, “la Clínica no  tenía  cómo  prever  que  Calderón  Negrete estaba maquinando realizar lo que  hizo”,  de  manera  que  al resultar aquella condenada como tercero civilmente  responsable,  implicó  una  doble  violación de la disposición en comento. La  primera,  en  razón  a  que  el  juzgador  excluyó  la parte de la norma en lo  relativo  a  la  no  responsabilidad  de los amos si se llega a comprobar que el  sirviente  se  comportó  de  un  modo impropio que los amos no tenían medio de  prever  o  impedir.  La  segunda,  al atribuir responsabilidad al patrono cuando  ésta recaía exclusivamente en el empleado.      

En  el  segundo  cargo, sin mencionar la causal de casación en que se  apoya,  sostiene  que  en  la  sentencia se incurrió en el error de dar “como  existente  en  el  proceso  prueba  que  no  aparece  en  ninguna parte de él e  imaginando esa prueba condenó a mi representada”.   

Con  la  pretensión  de  demostrar el cargo  reproduce  un  aparte del fallo de segunda instancia y a renglón seguido afirma  que  el  Tribunal  no tuvo en cuenta “que Calderón Negrete a veces ayudaba en  el  manejo  de  los  enfermos  que  se  ponían  furiosos  y las enfermeras eran  incapaces  de  controlarlos.  Lo  evidente  es  que  los  hombres entraban a las  habitaciones  femeniles siempre con acompañamiento de médicos o enfermeras, no  entraban  solos. Eso lo dicen todas las enfermeras que depusieron en el proceso.  Afirmar  lo  contrario  es  equivocarse  supliendo lo dicho en testimonio con lo  imaginado subjetivamente”.   

En   el  tercer  cargo,  el  censor manifiesta que el Tribunal aplicó  “el  tipo  de  responsabilidad civil extracontractual objetiva siendo que este  tipo  de responsabilidad no existe sino excepcionalmente para los casos de culpa  anónima  y para casos de actividades peligrosas”, de manera que “demostrado  que  el patrono no tuvo culpa, no se le puede condenar al pago de perjuicios”,  y,  agrega,  “el  delito  intencional no permite extender hasta el patrono las  consecuencias  de  reparaciones  que sólo compete a quien puso su intención al  servicio de un crimen” (fls. 81 y ss.).    

SE CONSIDERA:  

El  censor  presenta  casación  discrecional  aduciendo  la necesidad de desarrollo jurisprudencial y  en  protección  de  garantías  fundamentales presuntamente transgredidas en el  curso  ordinario  del  proceso,  y advierte que interpone el recurso por la vía  excepcional  en  lo  que respecta a la condena de contenido patrimonial impuesta  contra la entidad que representa.   

Desde  esta  perspectiva es claro que no hay  lugar  a  la  casación  discrecional  pues  de acuerdo con el artículo 208 del  Código  de Procedimiento Penal, cuando el recurso tenga por objeto lo referente  a  la  indemnización  de  perjuicios  decretados  en la sentencia condenatoria,  deberá  tener  como  fundamento  las  causales  y  la  cuantía  para  recurrir  establecidas  en las normas que regulan la casación civil, sin consideración a  la  pena  establecida  para el delito o delitos, y sobre este requisito no opera  la  discrecionalidad  que establece el inciso tercero del artículo 205 ejusdem,  pues,  como  la misma disposición lo advierte, la excepcionalidad sólo resulta  procedente  respecto  de  aquellos eventos no cobijados por el inciso primero de  dicha  disposición,  tal y como ha sido declarado por la jurisprudencia de esta  Corte  (Cfr.  cas.  de  junio  25 de 2002, rad. 18343 y cas. de sept. 23/03 rad.  20947).    

Y  aún  si  se  entendiera  que presenta la  demanda  por  la  vía  de  la  casación  común  a fin denunciar la violación  directa  o indirecta de disposiciones de derecho sustancial, para, de este modo,  abrirle  camino  a  su  exclusiva  pretensión  de  controvertir  el  fundamento  jurídico  de  la  condena por los perjuicios morales ocasionados a la víctima,  también   desde   esta   perspectiva   la  inadmisión  del  libelo  se  ofrece  obligada.   

Para  ello es suficiente con señalar que en  virtud  de  la  integración que ordena el mencionado artículo 208 del C. de P.  P.,  el  artículo  366  del  Código  de  Procedimiento Civil, subrogado por el  artículo  1º  de  la  Ley  592  de  2000,  establece la procedencia de la  casación   “cuando   el  valor  actual  de  la  resolución  desfavorable  al  recurrente  sea  o  exceda  de cuatrocientos veinticinco (425) salarios mínimos  legales mensuales vigentes”.   

Es  evidente,  por  tanto, que el demandante  carece  de  interés  para  recurrir,  pues en este evento la condena al pago de  perjuicios   morales  ascendió  a  cincuenta  (50)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  lo  que  hace improcedente la casación en las modalidades  común y discrecional.   

         

Como  quiera entonces que el casacionista no  solamente  equivoca  la  vía de impugnación sino que en los cargos que formula  patentiza  la  ausencia  de interés para acudir en sede extraordinaria, resulta  inexorable  tener  que  inadmitir  la  demanda  y  disponer  la  devolución del  diligenciamiento  al  Tribunal  de  origen,  conforme  así  se establece de los  artículos  197  del  decreto  2700  de  1991  y  213  de  la  ley  600 de 2000.   

Contra  estas  decisiones no procede recurso  alguno.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  el  apoderado del tercero  civilmente  responsable  en  el proceso que se sigue en contra de GUSTAVO MANUEL  CALDERÓN NEGRETE.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen.   

Cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN   

Aclaración de voto  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                  HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                   EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

Comisión de servicio  

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN            JORGE     LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                       MAURO SOLARTE PORTILLA   

Salvamento de voto  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

SALVAMENTO DE VOTO  

         Con   mi  respeto  acostumbrado  acudo  a  relacionar  las  razones  principales que me llevan a discrepar de la decisión de mayoría:   

         

         1.   La  evolución  del  Estado  de  Derecho  ha superado varias  etapas,       conociéndose       la       inicial       como       liberal,   cuna   de   los   derechos  fundamentales  de primera generación, los individuales (civiles y políticos) y  cuyo  principal  valor  es  la  libertad.       Lo       sigue       el       Estado      Social  de  Derecho,  que  auspicia los  derechos  esenciales  de  segunda  generación,  los  económicos,  culturales y  sociales,     y     su    valor    más    destacado    es    la    igualdad. Luego aparece, a partir de la  Segunda   Guerra   Mundial,   el   Estado  Social  y  Democrático  de Derecho, con los derechos de tercera  generación,   los  colectivos  (la  paz,  el  medio  ambiente,  el  derecho  al  desarrollo,  a la autonomía y a la independencia de los pueblos), cuyos valores  estelares  son  el  pluralismo  político  y  la  participación democrática de  todos, especialmente en los asuntos de su incumbencia.   

         Y,  en  su fase última se tiene como nuevo paradigma jurídico, el  Estado         Constitucional  de  Derecho propio de esta época de posmodernidad, que supera el  legalismo   formal   y   humaniza   el  ordenamiento  jurídico  llenándolo  de  valores,   principios      y      derechos     integrados    en    las  Constituciones  Políticas como parte dogmática,  en la que a partir de la  señalada      segunda      etapa,      involucra      también     deberes,    Código   Político   que  significa  la   premisa  capital  de la nueva legitimidad que le otorga, en  consecuencia,  supremacía sustantiva y formal, y que implica, al fin y al cabo,  el gobierno por medio del derecho.   

         2.  Todas  esas  categorías y virtudes  las  recoge la Carta Política colombiana, a raíz de lo cual puede llamarse una  Constitución  de valores,  y  que  no  puede  ser  interpretada a través de cánones hermenéuticos que la  dogmática   señaló    para  el  entendimiento  tradicional  del  derecho  positivo  sino  por  medio  de  la  argumentación persuasiva,  razonable y  ponderada  en  el balance de ellos, método característico del nuevo raciocinio  jurídico  por  medio  del  cual  se  ha  de  buscar la armonía de los derechos  fundamentales  en conflicto conjugándolos con sujeción a la finalidad presente  en  cada  uno.  O  mejor:  sin  despreciar  la  exégesis,  la  subsunción y la  resolución  de  antinomias,  de la lógica, de los anales y de la comparación,  el  jurista constitucional debe estar atento a lo que fluye del contexto valoral  de  la  Constitución, haciendo cohabitar los derechos esenciales en disputa con  prevalencia de aquel que tenga núcleo esencial más fuerte.   

         3.   Esta   novedosa   perspectiva  tiene   sus  principales  manifestaciones en la constitucionalización  del Derecho y de  la   función   judicial;    en   el   derecho  constitucional   procesal,   que   encuentra  en  la  sentencia  constitucional  la  posibilidad  del  legislador  negativo,  y  en el  derecho    procesal    constitucional  que,  en  mi  entender,  en  el  caso  nacional  tiene  sus  más  resonantes  manifestaciones   en  la  consagración  expresa  del  juez  de  control  de  garantías  (calidad  que  asume  todo  juez)  y la finalidad de la  casación   para   proteger   garantías            fundamentales            de           todas las partes e intervinientes en el  proceso  penal  que  ha  llevado  a  la  adopción de figuras de tanta raigambre  democrática  como   la  casación  excepcional  y la de oficio, tareas que  encuentran   en   los   principios   de  proporcionalidad,  razonabilidad  y  de  ponderación   los   parámetros   objetivos   de   constitucionalidad  para  su  legitimación,  pues la construcción del Estado constitucional de Derecho no se  puede  soportar  en  una  aplicación  arbitraria  del  Derecho por parte de los  jueces.   

         4.        Este       principio  de  proporcionalidad resulta  de   máxima  importancia  jurisprudencial  para  armonizar  bienes  y  derechos  Constitucionales  en  colisión,  sobre  todo  cuando  se  plantean problemas de  igualdad   real   ante  la  ley  y  de  justicia  material  (dogmática  de  las  consecuencias),  y  para  justificar  los  límites  que  se  imponen  a algunos  derechos  fundamentales  no  absolutos,  como el de la libertad personal, y para  dirimir  la  tensión  existente en el  seno del proceso penal de cara a la  tensión   existente   entre   los   distintos   intereses   puestos   en  juego  dialéctico.   

         5.        El        tercero   civilmente   responsable  es,  según  el  art.  69  de la Ley 600 de 2000, que regula este proceso, la persona  que  “sin ser autor o partícipe de la comisión de la conducta punible, tiene  la  obligación de indemnizar  los perjuicios, de conformidad con lo que en  la  materia establecen las normas  civiles” (arts. 2341- 2344, 2347-2349,  2352,  2357  y  2358  del Código Civil) sobre responsabilidad extracontractual,  que  tiene  por  objeto  resarcir  los  daños y perjuicios individuales  y  colectivos  causados  con  la  conducta  punible,  por  personas respecto de las  cuales  la  ley  civil establece una obligación de vigilancia, de supervisión,  de  cuidado,  o de la relación de subordinación, quienes pueden ser convocadas  a  responder  por  hechos  de  un  tercero  bien  dentro  del  proceso  civil de  responsabilidad  extracontractual  o  en el proceso penal en los casos de daños  causados por una conducta punible (art. 96 cp).   

         6.  Su  relación  es  estrecha  con la  acción civil (arts. 45-59  cpp  y  94-100  cp)  a  consecuencia   de lo cual su vinculación a proceso  sucede  cuando  haya constitución de parte civil en el proceso penal, surgiendo  la  posibilidad  de  que   responda  siempre  que  la  acción  penal, y en  consecuencia  la  acción  civil,  no  haya  prescrito (art. 98 cp) o la acción  civil  no  se   haya extinguido (art. 99 cp), y la imposibilidad de hacerlo  por  decisión  penal  absolutoria  a  favor de la persona por quien responde el  tercero civilmente responsable.   

         7. Puede ser vinculado al proceso penal  desde  el  momento  mismo  de  la  presentación  de la demanda de parte civil o  después  pero  antes  de  dictarse  la  providencia de cierre de investigación  (art.  69  cpp-2000),  demanda  contra  el  tercero  que  se tramita en cuaderno  separado  y  debe  cumplir  similares  requisitos  de la demanda de parte civil,  debiéndosele  notificar  personalmente ésta demanda, a partir de  lo cual  adquiere  la  calidad  de sujeto procesal  y   “deberá  dar  contestación  a  la  demanda  y podrá  solicitar  y  controvertir  pruebas  relativas  a su responsabilidad” (art. 70  cpp-2000)1,  derechos que reitera el siguiente art. 141 al decir que  es  titular  de “los mismos derechos y facultades de cualquier sujeto procesal”,  y  por  tanto,  “no  podrá  ser  condenado  en  perjuicios  cuando no se haya  notificado  debidamente  ni  se le haya permitido controvertir las pruebas en su  contra”,        quien        –además-  puede  denunciar  el  pleito o hacer llamamiento en   garantía  (art. 71 cpp-2000) y a quien solo se le podrán embargar o secuestrar  bienes   “una   vez   ejecutoriada  la  resolución  de  acusación  (art.  72  cpp-2000).   

         8.  A  este  contexto  de prerrogativas  esenciales  que asisten a ese sujeto procesal, se suma la preciosa exigencia que  no puede ser vinculado al  proceso  sin  mostrar  el  nexo  causal  con  el  daño  que   sirve  de  fundamento para demostrar la  existencia  de  su  obligación de reparar, según lo reclaman los arts. 48 y 69  de la ley 600 de 2000:   

“Estos elementos son precisamente los que  permiten  establecer, por lo menos sumariamente, que existe una relación de tal  naturaleza  entre  el  autor  o partícipe de la conducta punible que origina el  daño  y  el tercero civilmente responsable que es posible hacer una imputación  jurídica  con  fundamento en la ley civil, así como probando el incumplimiento  de  un  deber  de  cuidado  o de diligencia especial. En este caso, no existe un  nexo  causal natural o físico puesto que el tercero no ocasionó el daño, pero  sí  existe  un fundamento legal que extiende la responsabilidad, no penal, sino  civil  a  determinadas personas cuando se reúnen los requisitos indicados en el  Código Civil.   

El marco de esa responsabilidad se encuentra  en  el  Código  Civil, en el Título XXXIV sobre responsabilidad común por los  delitos  y  las  culpas.  De  conformidad  con  éste,  la  parte  civil deberá  presentar  pruebas  de que el tercero debe ser vinculado al proceso penal porque  entre  el  directamente  responsable  y  el  tercero  existía  una relación de  dependencia  o  subordinación,  por  ejemplo,  porque  se  encontraba  bajo  su  cuidado,  o porque se trata del padre de un sindicado menor de edad, o porque se  trata  de  un  empleado  suyo,  y  el   daño  fue causado con ocasión del  servicio prestado.   

La parte civil debe al presentar la demanda  indicar  “las  pruebas  que se  pretendan hacer valer sobre los montos de  los  daños, cuantía de la  indemnización  y relación  con los  presuntos  perjudicados,  cuando fuera posible”. Además, “cuando se hubiere  conferido  poder,  el  abogado  podrá  conocer  el proceso siempre que acredite  sumariamente  la  calidad  de  perjudicado  del  poderdante”. En todo caso, la  prueba   sumaria   puede  ser  controvertida  por  el  tercero,  quien  una  vez  constituido  en sujeto procesal dentro del proceso penal puede solicitar pruebas  y  controvertir  las  que hayan sido presentadas para demostrar la existencia de  la  obligación  de reparar.  Tales normas constituyen una garantía de sus  derechos  de  defensa  y al debido proceso. Además, aun cuando en materia civil  no  se  aplica,  como  en  el  proceso  penal,  el  principio  de presunción de  inocencia,  el  tercero civilmente responsable sólo podrá ser obligado a pagar  la  indemnización  cuando  haya sentencia condenatoria y se demuestre  que  debe  responder  de  conformidad  con  la ley civil2.   

         9.  Así  las cosas, ¿por qué limitar  el  interés  y  los  derechos  del  tercero  civilmente  responsable a aspectos  meramente  patrimoniales?.  Si  ese  era el precedente de la Sala, ¿por qué no  variarlo   a  través  de  las  causales  de  la  casación  excepcional?  ¿Por  qué   no  permitirle discutir su relación  con el autor o partícipe  de  la  conducta  punible  causante del daño y/o el cumplimiento de su deber de  cuidado  o  de  diligencia especial?. Y si presupuesto de su obligación a pagar  indemnización  es  la  sentencia  condenatoria  para el penalmente responsable,  ¿por  qué  no  permitirle  que  acuda a la casación penal?. Es que si bien es  cierto  el  procesado  cuenta  con una gran cantidad y variedad de derechos, las  otras  partes  e  intervinientes  procesales  también tienen prerrogativas  concurrentes    cuya    concreción   el   juez   debe   ponderar   racional   y  razonadamente.   

Cordialmente,  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

SALVAMENTO    DE  VOTO   

         Con  el  respeto  que  siempre  he profesado por las opiniones y el  criterio  ajenos,  me  permito consignar a continuación las razones que motivan  mi  salvamento  de  voto, circunscritas exclusivamente al tema de la legitimidad  que  en  este  caso  era  factible  reconocerle  al  representante  del  tercero  civilmente  responsable  para  acudir  a la casación discrecional en procura de  que  la  Sala  adopte un pronunciamiento jurisprudencial sobre una temática que  delimita  en  sus  contornos  básicos al exponer la finalidad del recurso y que  desarrolla,  si bien no de manera ortodoxa, si comprensible a través del tercer  cargo de la demanda.   

         En  este  contexto,  debo  señalar que estoy totalmente de acuerdo  con   la   conceptualización   que  sobre  el  sujeto  procesal  conocido  como  “tercero  civilmente  responsable”, desarrolla   el   H.  Magistrado  YESID  RAMIREZ  BASTIDAS  a través de su salvamento de voto,  con  un  impecable  recuento  de  la  normatividad que regula su presencia en el  proceso  y  una  acertada conclusión sobre los derechos de que resulta titular,  consustanciales  a  su  condición  de  tal,  que  no  pueden limitarse, como se  concluye  en  la decisión frente a la cual aclaro mi voto, al exclusivo tema de  la  indemnización de perjuicios, con la consecuencia de que por ello y sin más  análisis  se  lo  margina del acceso a la casación discrecional, acudiendo por  la  vía  de  la  remisión  prevista  en el artículo 208 del estatuto procesal  penal  a  las  causales  y la cuantía establecidas para la casación civil, sin  tener  en  cuenta  que su aspiración apunta al desarrollo de la jurisprudencia,  finalidad  que es propia de la casación discrecional y puede ser perseguida por  el  tercero civilmente responsable, según la clara preceptiva del artículo 209  del estatuto procesal penal.   

         En  efecto,  si  de  conformidad  con la previsión contenida en el  artículo  206  ejusdem, la  casación  tiene  por finalidad “la efectividad del  derecho   material  y  de  las  garantías   debidas  a  las  personas  que  intervienen  en  la  actuación  penal,  la  unificación  de  la jurisprudencia  nacional  y además la reparación de los agravios inferidos a las partes con la  sentencia   demandada”,   de  imposible  recibo  me  resulta  la  afirmación  según  la cual, en tratándose del tercero civilmente  responsable,   su   interés   queda   reducido  a  cuestionar  el  tema  de  la  indemnización  de  perjuicios, en tanto que como sujeto procesal habilitado por  el   artículo   209   del   mismo  ordenamiento  para  acudir  a  este  recurso  extraordinario,  ostenta  pleno  derecho  para  reclamar  la  efectividad de sus  garantías  procesales,  la  reparación  de los agravios que se le hayan podido  ocasionar  con una sentencia adversa, y también desde luego, para solicitar por  la  vía  de  la  casación  discrecional  la  unificación de la jurisprudencia  nacional  en  temas  propios  de  la  responsabilidad  que  se le puede llegar a  atribuir,  que  no  puede  ser  sino  de  carácter  civil y siempre que se haya  demostrado   el  nexo  causal  con  el  daño  que  sirve  de  fundamento  a  la  condena.   

Como en el presente asunto, el representante  del  tercero civilmente responsable anunció acudir a la casación discrecional,  resulta  de  meridiana  claridad  que  a  ello  podía  proceder, si se tiene en  cuenta,  se  repite,  que  en  estos  casos  la  Corte  puede admitir la demanda  presentada   por   “cualquiera   de  los  sujetos  procesales”,  (el tercero civilmente responsable lo  es,    sin   lugar   a   dudas   por   clara   disposición   legal)    siempre   que   lo  considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos fundamentales.    

         Desde  luego  que en tratándose de la casación discrecional, pero  también  de  la ordinaria, con el fin de examinar el tema de la legitimidad del  tercero  civilmente responsable, obligado se impone el examen de su pretensión,  en  tanto  que  de  este  puntual  aspecto  que  se pueden derivar consecuencias  diversas  en  punto  de  los  requisitos  que  se  deben  cumplir para que pueda  iniciarse el respectivo trámite casacional.   

         Así   pues,   si   su  pretensión  está  circunscrita  única  y  exclusivamente  al  tema del monto de la indemnización de perjuicios decretados  en  un  fallo adverso que lo involucra, es de meridiana claridad concluir que de  conformidad  con  la  previsión  contenida  en  el  artículo  208 del estatuto  procesal  penal,  la  demanda  “deberá tener como  fundamento  las causales y la cuantía establecidas en las normas que regulan la  casación  civil”, sin consideración en cuanto a la  pena  señalada  para  el  delito cuya declaratoria de responsabilidad motiva la  condena  del  autor  respecto  del cual se considera a este sujeto procesal como  tercero civilmente responsable.   

Pero,  si  como  acontece  en el asunto que  motivó  la  intervención  de  la Sala, lo que el demandante pretende es que se  haga  uso de la facultad discrecional para propiciar un pronunciamiento sobre el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  las   exigencias  formales  y  de  procedibilidad  que  debe  cumplir,  son  los  inherentes  al  instituto  de  la  casación  discrecional, así esa pretensión  involucre  de  manera  mediata  la  aspiración  de  lograr  la exclusión de la  condena al pago de perjuicio.   

Pues  bien,  en  este caso encuentro que el  demandante  hizo  suficiente  claridad  sobre  la  finalidad  que buscaba con la  interposición  del  recurso  de  casación  discrecional,  temática  esta  que  concretó en los siguientes términos:   

“La  justificación  del  recurso  que  interpongo  se  encuentra  en  el  hecho   de  ser  de  tanta trascendencia  jurídica  la  sentencia  recurrida  que se hace necesario que la jurisprudencia  nacional  se  desarrolle  en  este  aspecto  en que por un delito intencional de  carácter  sexual  se  ha  condenado solidariamente al pago de los perjuicios al  patrono  del  condenado, persona que por ser una persona jurídica que nada tuvo  que  ver  en la comisión de la conducta, va a cargar con una condena inmerecida  y  de  efectos  devastadores  en  el  campo de las relaciones obrero-patronales,  porque  si la sentencia no ha errado, todo patrón de ahora en adelante quedará  condenado  en  cada acto de violencia o de abuso sexual que cometa un trabajador  suyo”.   

Además,  a  través del tercer cargo de la  demanda,  el  apoderado  del  tercero  civilmente  responsable  precisó  que el  Tribunal   en   este  caso  aplicó  “el  tipo  de  responsabilidad   civil  extracontractual  objetiva  siendo  que  este  tipo  de  responsabilidad  coexiste sino excepcionalmente para los casos de culpa anónima  y  para  casos de actividades peligrosas”, de manera  que  “demostrado  que el patrono no tuvo culpa, no  se    le    puede    condenar    al    pago   de   perjuicios”,   agregando  que  “el delito intencional  no  permite  extender  hasta  el  patrono  las consecuencias de reparaciones que  sólo    compete    a   quien   puso   su   intención   al   servicio   de   un  crimen”.   

Si   las  anteriores  constituyeron,  de  una parte, la justificación de la intervención  discrecional  de  la  Corte  con  miras al desarrollo de la jurisprudencia y, de  otra,  el  fundamento  del  cargo  a  través  del  cual  se volvió sobre dicha  temática  en  la  respectiva  demanda,  en  mi  sentir  ello constituía razón  suficiente  para  franquear  el  trámite  de esta modalidad de casación, en la  medida  en  que  superando dentro de un contexto de prevalencia de lo sustancial  sobre  lo formal algunos defectos de técnica, era razonable tener por cumplidas  las  exigencias  previstas  en  el  inciso  3°  del  artículo 205 del estatuto  procesal penal.   

Lo  anterior si se recuerda que, como lo ha  dicho  reiteradamente  la  Sala, “la técnica de la  casación  no  puede  apreciarse como un fin en sí mismo, pues, desprovista del  loable  propósito de realizar el derecho sustancial, a través del examen de la  legalidad  del  fallo  de  segunda  instancia,  sería  un  instrumento ciego al  servicio  de  la  justicia  burocrática  y en perjuicio de los cometidos que la  misma  ley  le  señalan  a la institución” (Cfr., entre otras, sentencias de  febrero   4   de   2002,   Rad.  21442  y  de  mayo  27  del  mismo  año,  Rad.  23244).   

En los anteriores términos, entonces, dejo  consignadas  las razones de mi salvamento de voto que, por error involuntario se  anunció en la antefirma como aclaración del mismo.   

Con toda atención,  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

             Magistrada   

Fecha ut supra.   

    

1  Declarado    exequible,    CORTE   CONSTITUCIONAL,  Sent. C-1075 de 2002, M.  P., Dr. MANUEL JOSÉ CEPEDA ESPINOSA.   

2  CORTE      CONSTITUCIONAL,      Sent.  C-1075  de  2002,  M.  P.,  Dr.  MANUEL  JOSÉ  CEPEDA ESPINOSA,  decisión  que   remata:  “Finalmente,  si  bien el proceso penal resulta  particularmente  protector  de los derechos del procesado, ello no significa que  los  derechos  y  garantías de los demás sujetos procesales no sean protegidos  en  el  proceso  penal.  En  el  caso  del  tercero  civilmente responsable, las  garantías  procesales  incluidas  en  la  Ley  600  de 2000 están orientadas a  asegurar  que  puede  defenderse  adecuadamente  de  las  imputaciones que se le  hagan,  controvertir  las pruebas presentadas por la parte civil y solicitar las  que   sean   necesarias   para   exonerarse   de  la  obligación  de  responder  civilmente”.     

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