23862(17-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23862   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº: 62   

          Bogotá D.C., diecisiete de agosto de dos mil cinco.   

VISTOS  

Conforme  a  lo normado en el Art. 205 de la  Ley  600  de  2000, examina la Corte la admisibilidad de la demanda de casación  discrecional  instaurada  por  el  defensor  de GABRIEL  ENRIQUE  PINEDA  ACERO,  respecto  de  la sentencia de  segundo  grado  proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el 10 de diciembre  de  2004,  confirmatoria de la condena de 24 meses de prisión que el Juzgado 27  Penal  del Circuito de la ciudad le impuso al procesado al hallarlo responsable,  en   calidad  de  autor,  de  la  conducta  punible  de  falsedad  en  documento  privado.   

ANTECEDENTES   

          La  situación  fáctica  en  relación  con el presente asunto, fue  historiada    en    su   oportunidad   por   el   Tribunal   de   la   siguiente  manera:   

“La génesis del  evento  denunciado  se contrae a que en el transcurso de mil novecientos noventa  y  cinco,  desempeñándose  JAIRO  HUMBERTO  SILVA  MORA  en  la gerencia de la  INDUSTRIA  INTERAMERICANA  DE  FILTROS  LTDA.  INTERFIL,  cargo  para el que fue  designado  en  junta  de  socios por la citada empresa según acta 041 del 22 de  febrero  de  1991  (…)  tramitó  tres  aceptaciones  bancarias en el Banco de  Crédito  a  nombre  de  INTERFIL  por  $19.980.000,  $55.080.953 y $64.133.025,  negociando  luego las sumas que eran desembolsadas por la entidad bancaria, para  cubrir deudas personales.   

“Los documentos  materia  de  las  aceptaciones arriba citadas confrontaron falsedad a su estudio  grafológico,  a  la parte correspondiente a la firma autorizada, falsificación  que   también   se  realizó  sobre  los  extractos  bancarios  donde  aquellas  aparecían  registradas, tomando seguidamente fotocopias para presentarlas a los  órganos  de  control de la sociedad, acción encubierta además por la ausencia  de  anotación  de  las  aceptaciones  en  los  libros  de  contabilidad  de  la  empresa.   

“Por los hechos  anteriormente  expuestos  formuló  denuncia  de  carácter penal el señor LUIS  WIESNER  ENCISO,  al  ser  informado por varios proveedores (…), como también  por  información directa de SILVA MORA quien citó a una reunión para informar  sobre  los  perjuicios  económicos  que  había  ocasionado a la firma y que no  podía ocultar (…)   

“Actuaciones,  respecto     de     las     cuales     relaciona  deudas contraídas con GABRIEL  PINEDA  ACERO, con quien había acordado realizar tres  aceptaciones    bancarias    creando    facturas    inexistentes    ‘para  cubrir una con otra’.   

“Para   la  elaboración  de  las  aceptaciones  bancarias  fueron utilizadas como respaldo,  facturas  de  Quinn México Colombia que según el ya condenado anticipadamente,  JAIRO  HUMBERTO SILVA MORA,  le  fueron  facilitadas  por  PINEDA ACERO.”   

          En  virtud  de  esos  acontecimientos,    PINEDA  ACERO  fue  vinculado  a  la  investigación  mediante  indagatoria  y, por Resolución del 6 de septiembre de  2000,  la  Fiscalía  134 de la Unidad 5ª de Delitos contra la fe pública y el  patrimonio  económico acusó al antes nombrado como presunto responsable de las  conductas  punibles  de  estafa agravada por la cuantía y falsedad en documento  privado,  en  concurso  -Arts.  256  y  372-1, y 221 del C. Penal de 1980, en su  orden-.  Culminada la etapa del juicio, el Juzgado 27 Penal del Circuito de esta  ciudad  profirió  el  fallo  de  condena al que se hizo alusión en el acápite  precedente,  empero,  respecto del delito de estafa decretó la extinción de la  acción  penal  con  base en lo estipulado en el Art. 42 del C. de P. Penal, por  haber  operado la reparación integral, sentencia que al ser revisada en sede de  apelación  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  le impartió confirmación  integral,     como     de     la     misma     manera    allí    también    se  anotó.       

LA  DEMANDA   

          Dentro        del       Capítulo   del   libelo   que  el  actor  denomina  “Fundamento   del   recurso   de   casación   por  vía  excepcional  (…)”,  dice  acudir a las preceptivas establecidas  en  el  Art.  205 del C. de P. Penal para impugnar la sentencia de segundo grado  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá en razón del presente asunto,  por  estimar  que  en  desarrollo  del  trámite procesal se violó la garantía  fundamental  al  debido proceso por desconocimiento del derecho a la defensa, en  cuanto  se  omitió  en  el  proceso  de  juzgamiento  la  valoración de medios  probatorios  legalmente  incorporados  a  la  actuación, que contrarrestaban la  pretensión punitiva del Estado al punto de desvirtuarla.   

          Dicha  irregularidad,  agrega  el  actor,  conllevó igualmente a la  vulneración  del  principio  de  legalidad  por  la inobservancia de las formas  propias  de cada juicio, por cuanto la sentencia devino ilegal como consecuencia  de  la  violación indirecta de la ley sustancial derivada de un falso juicio de  existencia, dada aquella omisión probatoria.   

Por   consiguiente,  la  casación  es  el  instrumento  último,  necesario  e  idóneo con el que cuenta el procesado para  procurar  la  protección  de sus garantías fundamentales conculcadas, aduce el  casacionista.   

En  orden  a  la  demostración  del  vicio  denunciado  y luego de citar el concepto de un conocido doctrinante acerca de lo  que  constituye  el  derecho  de  defensa,  de  enseñar  la  regulación  de su  ejercicio  en  nuestro  estatuto  procesal  penal  y  la  manera  como puede ser  limitada  dicha  garantía, indicando, entre otras, la omisión probatoria, así  como  de  relacionar  lo  que  él  estima  es  el sustento probatorio del fallo  atacado,  sostiene  el  libelista  que los documentos redargüidos de falsos por  los  juzgadores  de  primera  y  segunda  instancias versan sobre operaciones de  crédito  documentario  -facturas  soporte  de  la  adquisición  de  letras  de  aceptaciones  bancarias-,  los  cuales  son  la  estructura probatoria del fallo  recurrido,  cuyas  premisas  conclusivas,  a  su  vez, tienen como basamento los  testimonios   rendidos   bajo   la   gravedad  del  juramento  por  Jairo  Silva  Mora,  autor material de las  conductas      investigadas,      Antonio     José  Wiesner;        denunciante;        Wilfredo   Castañeda,   coordinador   de  compras    de    Interfil    Ltda.;   Jaime   Pinzón  Bautista,  contador; y Édgar  Mauricio Herrera León, perito del C.T.I.   

La falsedad de las mentadas facturas, se hizo  consistir  en  que  los  documentos  en  cuestión  no reflejan la existencia de  negocios  reales, constituyéndose en el medio para obtener dinero con el fin de  pagar  deudas  personales  contraídas  por Jairo Silva  Mora   con  GABRIEL  PINEDA  ACERO,  facturas  en  blanco  que  éste suministró a  aquél,  las  cuales  utilizó  fraudulentamente el aquí procesado para hacerse  cancelar sus acreencias.   

Sin embargo, el juzgador dejó de valorar un  cúmulo  de  pruebas  -relaciona  trece  (13)  elementos  de  juicio  que reputa  omitidos-  que  desvirtúan  aquellas conclusiones, puesto que en su indagatoria  PINEDA  ACERO  en  orden  a  sustentar  la  veracidad  de  sus  explicaciones  aportó  elementos  de  juicio  conducentes  y  pertinentes,  los cuales no fueron materia de examen en el fallo  impugnado,  erigiéndose  en  consecuencia  tal omisión, insiste en pregonar el  demandante,  en  atentados  al  derecho  de defensa y de legalidad en cuanto que  bien  cabe afirmar que el acusado no desplegó conducta que pueda catalogarse de  fraudulenta,  supuesto  que los medios dejados de valorar, amén de confirmar su  dicho,   “de   forma   aislada   y  bajo  un  manto  imparcial”  lo  que  dan  a  entender  es que con el  negocio   que  el  señor  GABRIEL  PINEDA  realizó  se  facilitaron  recursos  a  la  empresa  INTERFIL para  adquirir mercancías, y luego con su venta obtener beneficios.   

Los medios de prueba omitidos demuestran que  el  dinero obtenido a través de la aceptación bancaria N° 011967 por valor de  $55’080.953, endosada por  PINEDA    ACERO    como  representante   legal   de   Productos  Quinn  México-Colombia  a  Abraham  Torres,  fue  entregado  a éste,  como  él  mismo lo admite en su testimonio. Si las pruebas se hubieran evaluado  conforme  con las reglas de la sana crítica establecidas en los Arts. 234 y 238  del   C.   de   P.  Penal,  de  seguro  que  esas  circunstancias  eximentes  de  responsabilidad  se  hubiesen  reconocido, puesto que en operaciones de crédito  documentario  con vinculación de terceros debe examinarse no sólo el contenido  formal  de  los  documentos  soporte  como  en este caso eran las facturas, sino  también la materialidad de las operaciones.   

Es claro, entonces, que los funcionarios que  conocieron  del  asunto  omitieron valorar los medios probatorios que demuestran  que  la  certeza sobre la no existencia de un negocio de compraventa de láminas  como  causa  de  las  facturas  157  y  158,  “es un  concepto   equivocado”,  comportamiento  omisivo  y  limitante  de  los operadores de justicia que impidió una valoración imparcial  de  la  actividad  de la defensa frente a la acusación y el juzgamiento. De esa  ausencia  de certeza en relación con la estructura plena de la tipicidad, surge  la  duda  que  debe ser resuelta a favor del reo, en la medida en que los medios  probatorios  omitidos  desvirtúan  la  totalidad  de  la  pretensión  punitiva  estatal.   

Seguidamente   en   el  Capítulo  que  el  casacionista  intitula  “Enunciación y demostración  de  las causales”, con reiteración de los argumentos  que  vienen  de  sintetizarse  y  el  señalamiento de las pruebas supuestamente  omitidas,  así  como  lo  que  de  éstas  cabe inferir, al amparo de la causal  primera,  cuerpo  segundo,  afirma  que  debido  a esas omisiones probatorias el  juzgador  incurrió en la violación indirecta de la ley sustancial por error de  hecho  por  falsos juicios de existencia, vicio que conllevó a la inaplicación  del   principio   de   in  dubio  pro  reo   regulado   en   el   inciso  2°  del  Art.  7°  del  C.  de  P.  Penal.   

En  desarrollo de la censura y tras reseñar  en  el acápite pertinente lo que denomina “Contenido  objetivo  de  los medios de prueba sobre los que se predica el error”,   aduce   el   demandante  que  el  sentenciador  frente  a  la  imputación  de  la  elaboración  fraudulenta de las facturas 157 y 158 tenidas  como   soporte   de   su   predicamento   de   responsabilidad  de  GABRIEL  PINEDA  en  los hechos materia de  juzgamiento,  se  limitó  a  tener  en cuenta el testimonio que rindió Abraham  Torres  en  el juicio, y no la versión que acerca de lo ocurrido suministró en  la  etapa  instructiva,  más inmediata a lo acontecido. Del mismo modo, prestó  oídos   sordos   a   las   explicaciones   que   el  procesado  vertió  en  su  indagatoria.   

Esas  omisiones afectan las conclusiones del  fallo,  en  la medida en que lo que las pruebas objeto de preterición predican,  destruyen  el  concepto  de  certeza  que  se tuvo en relación con la pregonada  inexistencia  de  negocios reales habidos entre PRODUCTOS QUINN MÉXICO COLOMBIA  e  INTERFIL,  así  como  la certeza acerca del destino de los dineros obtenidos  con  tales convenios, cuyo importe representado en las aceptaciones bancarias de  las  que  da cuenta el proceso entraron al patrimonio de INTERFIL y, de la misma  manera,  la  certeza  respecto  a la causa que motivó al acusado a desplegar el  comportamiento  que  se  le endilga, la existencia de negocios personales con el  coprocesado  Silva  Mora  que  lo  determinó  a facilitarle a éste facturas en  blanco  para  que  cubriera acreencias a su favor, cuando lo cierto es que Silva  no   tenía   deudas   para   con   PINEDA,  razón  por  la cual deviene ilógico que hubiese habido lugar al  suministro de tales facturas.   

Los medios probatorios omitidos, le dan plena  validez  a  los  descargos  de  su  asistido, reitera el censor, como quiera que  ellos  dan  fe  de  la  existencia  de  los negocios jurídicos plasmados en las  susodichas  facturas,  de  la  autorización que la Junta Directiva de PRODUCTOS  QUIN  MÉXICO  le  había  otorgado a su representante legal -su defendido- para  realizar  ese  tipo de negociaciones y del destino de los recursos, elementos de  juicios  que permiten concluir a la luz de los principio de la sana crítica que  “no  se  puede afirmar con certeza que no existieran  negocios     entre    INTERFIL    Y    PRODUCTOS    QUIN    MÉXICO.”   

No  es  labor  de  la  defensa  material  o  técnica,  agrega  el  actor,  demostrar  en  este  caso  la  alteración  de la  contabilidad  de  INTERFIL,  pues  documentos  ajenos  a esa contabilidad, Vgr.,  extractos  bancarios,  dan  fe  del  ingreso  de  dineros a esta empresa. Por lo  tanto,  que  la  citada  compañía o el señor Silva no hubiesen registrado sus  negocios  por los motivos que a la sazón hubieran tenido, una tal situación no  desvirtúa          lo          que         las         pruebas         omitidas  muestran.          

Casar el fallo impugnado y que la Corte dicte  el   de   reemplazo   con   carácter   absolutorio,   es   la  aspiración  del  censor.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.    En   el  entendido  de  que el delito  por  el  que  se procede en razón del presente asunto  tiene  una  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo no excede de ocho (8)  años  -falsedad en documento privado que tiene como tope punitivo máximo el de  6  años,  según  el  Art. 221 del C. Penal de 1980, ley vigente al acto que se  imputa,  delito que hoy tipifica y reprime el Art. 289 de la Ley 599 de 2000 con  idéntica  sanción  de  1  a  6  años de prisión-, el censor dijo acudir a la  casación  excepcional  y,  al  cumplimiento  de  un  tal  cometido, dirigió la  demanda  en  procura  de  satisfacer  la  exigencia de demostrarle a la Corte la  necesidad  de  su intervención, a efecto de que ejerza su potestad discrecional  para  la  garantía  de  derechos  fundamentales  que  reputa  violados  con  la  sentencia atacada.   

         No   obstante,   con  prescindencia  de  la  observancia  de  dicho  presupuesto  se  acometerá  el  examen  formal  del libelo, con sujeción a las  previsiones  legales  contenidas  en  los Arts. 212 y 213 de la Ley 600 de 2000,  como  quiera que lo procedente en este caso es la casación común, si en cuenta  se  tiene  que  cuando  se cometió la conducta punible por la que finalmente se  juzgó  y  condenó  al procesado -en el transcurso del año de 1995-, regía el  Art.  218  de  la  derogada  codificación  procesal  penal  que  permitía esta  modalidad  de impugnación extraordinaria en tratándose de delitos que tuviesen  señalada  sanción  de prisión “cuyo máximo sea o  exceda  de  seis  (6)  años  (…)”,  como ya tuvo  oportunidad  de  precisarlo la Sala a partir del pronunciamiento mayoritario del  16  de  febrero  del año en curso, Rdo. 23.006, al variar su tesis que también  por  mayoría  venía  sosteniendo  en  cuanto que para efectos de determinar la  procedencia  del recurso de casación en su modalidad de ordinaria, el referente  procesal  era  la  ley  adjetiva  vigente  al  momento  del  proferimiento de la  sentencia  de  segunda  instancia,  en  el  entendimiento  de  que  ésta era la  decisión  objeto  de  la  inconformidad  y  que sólo una vez emitida, surge la  eventualidad  de  su  impugnación  y  se  materializa el derecho del respectivo  sujeto procesal.   

         2.  Por no cumplir con las exigencias formales previstas en el Art.  212  del  C.  de  P.  Penal,  específicamente  con los requisitos de claridad y  precisión  en  relación  con los fundamentos del ataque que el ordinal 3° del  precepto  en  mención  le  impone a quien recurre en casación, la demanda debe  ser rechazada por la Sala.   

         En  efecto,  el  vicio  que  denuncia  el  censor consistente en la  violación   indirecta  de  la  ley  sustancial  por  defectos  de  apreciación  probatoria,  por  la  incursión  del  juzgador  en  errores de hecho por falsos  juicios   de   existencia   al  omitir  estimar  elementos  de  juicio  legal  y  oportunamente  incorporadas  a  la  actuación,  se  quedó  en  eso, en la mera  enunciación,  a  falta de un discurso jurídica y lógicamente coherente que le  permitiera  sustentar  en  el  escenario  de  la extraordinaria impugnación las  violaciones que reseña.   

Sabido  es  que para la estructuración del  yerro   postulado  por  el  actor  en  su  demanda  como  motivo  de  casación,  ha  sido  insistente la Corte en sostener que el error  de  hecho por falso juicio de existencia por omisión o preterición se presenta  cuando  el  juzgador  al  apreciar  los elementos de prueba que obran legalmente  incorporados  al  proceso,  ignora la existencia material de alguno o algunos de  ellos  de  manera absoluta, dando lugar a una visión distinta de los hechos que  incide  en  el  sentido de la decisión o en la aplicación de sus consecuencias  jurídicas.   

Tal  modalidad  de  error  impone  un  doble  esfuerzo  al  sujeto  procesal  que la plantea, el cual involucra tanto la clara  relación  de  los medios de prueba que legalmente allegados resultaron omitidos  en   la   evaluación  que  precedió  la  declaración  de  justicia,  como  la  demostración  a  través  de  una  valoración  probatoria  de conjunto que los  incluya,  para  ver  de  comprobar  con  fundamento  en  ella,  que  de  haberse  considerado  el  dato  o  los  datos  supuestamente  revelados por aquéllos, el  sentido  de  la  decisión  hubiera  sido  diverso  y  en todo caso favorable al  recurrente. Con ese ejercicio incumple el actor.   

Lo  anterior, por cuanto este extraordinario  instituto  no  tolera  la  discusión  de  yerros intrascendentes, sino sólo de  aquéllos  relevantes  en  la  decisión  final,  única manera de desvirtuar la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad con la cual arriban revestidos los  fallos a esta sede.   

En  relación  con  la  pretermisión  del  testimonio  que rindió Abraham Torres en la etapa de instrucción que el censor  denuncia,  en tanto se examinó solamente la versión que a éste se le recibió  en  el  juicio,  conforme  al  planteamiento  hecho  en  la demanda no es que el  Tribunal  hubiese  omitido  su estimación. Lo que pareciera significar el actor  es  que  su valoración se hizo de manera fragmentaria y, en ese orden de ideas,  en  sede  del  falso  juicio de existencia por preterición tiene dicho la Corte  que   no  tienen  cabida  las  denominadas  omisiones  parciales,  pues  un  tal  desacierto  valorativo de esa índole se caracteriza por excluirse totalmente de  la  labor apreciativa del juez la expresión objetiva de un específico medio de  prueba.   

Si  el reparo consiste en que el fallador no  tuvo  en  cuenta  ciertos contenidos del elemento de persuasión censurado, como  el  aquí  alegado  por el libelista, es menester que se indique la forma en que  un  tal  cercenamiento  repercutió en el dato fáctico revelado por el medio de  convicción,  de  modo  que lo alterara al punto de ponerlo a decir cosa diversa  de  la  que  su  contexto  expresa;  pero,  entonces,  el  problema  no es ya de  desconocimiento  del  medio,  sino  de  una distorsión constitutiva de un falso  juicio de identidad.         

Y  en  lo que dice relación con el argüido  desconocimiento  de  las explicaciones rendidas por el procesado en su injurada,  a  lo  que  en  últimas  aspira  el  demandante  es  que  se  le  otorgue plena  credibilidad  a  sus exculpaciones. Por consiguiente, no es que ellas dejaran de  apreciarse,  sino  que  fueron  desestimadas.  Olvida el actor, que el mérito o  descrédito  que  determinada  prueba  provoque  en  el  fallador, es el acto de  valoración  que  éste  realiza como función de su exclusivo resorte dentro de  los  límites  de  una  racionalidad  plausible,  aunque la misma no se llegue a  compartir por la exhibición de juicios de valor alternativos.   

         Amén  de  las  reseñadas  falencias de las que se duele el escrito  impugnativo,  finalmente  adviértase que la  enunciación  de  la  censura no corresponde con su desarrollo,  pues  de  la  postulación  de  errores  de hecho derivados de falsos juicios de  existencia  por  omisión  de  pruebas  oportuna  y legalmente incorporadas a la  actuación,  el  censor  termina  por  formular  críticas  a  la  forma como el  sentenciador  realizó  el correspondiente examen probatorio con desconocimiento  de  la  sana crítica, lo que traduce en la denuncia de falsos raciocinios, pero  sin  que  logre  señalar  y  menos  demostrar,  cuáles  fueron las leyes de la  ciencia,  los  dictados de la lógica o  las reglas de la experiencia o del  sentido  común  objeto del supuesto quebranto, lo cual le resta toda claridad y  precisión  requeridas  en  sede  extraordinaria,  lo  que  de suyo conduce a la  inadmisión del libelo.   

         Lo  cierto  es,  que  el  casacionista  no desplegó el más mínimo  esfuerzo  en  desquiciar  o desvirtuar el sustento probatorio en que se finca la  condena,  y  lo que en últimas descubre la demanda es  su  inconformidad  con  la  declaración  de  los hechos y el mérito persuasivo  conferido  por el fallador a los medios de prueba recaudados en el proceso, pero  sin  lograr  demostrar  la  irracionalidad  de  las  premisas  conclusivas de la  sentencia recurrida.   

En resumen, la demanda deviene inepta por no  satisfacer  las exigencias formales previstas en el ordinal 3° del Art. 212 del  C.  de  P.  Penal,  como  ya  se  anotó, por lo que a la Sala sólo le es dable  disponer   su   inadmisión  y  declarar  por  consiguiente  la  deserción  del  recurso.   

         Por  último,  ha  de  señalarse  que revisada la actuación, no se  observó  la  presencia de ninguna de las hipótesis que permitirían a la Corte  obrar  de  oficio  de  conformidad  con  el  artículo  216  de  la  Ley  600 de  2000.   

         En mérito a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

         INADMITIR  la demanda de casación que a  nombre       del      procesado      GABRIEL  ENRIQUE  PINEDA  ACERO presentó  su  defensor,  conforme  con  las  motivaciones  plasmadas  en el cuerpo de este  proveído.   En  consecuencia,  se  DECLARA  DESIERTO  el recurso.     

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                         HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO     

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               MAURO SOLARTE PORTILLA   

Permiso   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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