23183(02-03-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23183   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 014.  

         

Bogotá D.C., marzo dos (2) de dos mil cinco  (2005).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  el  defensor  del  procesado   JUAN  CARLOS  CLAROS  PINZÓN,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Florencia  el  18  de  agosto de 2004, por cuyo medio lo  condenó  como  cómplice  penalmente  responsable  del  delito  de peculado por  uso.   

ANTECEDENTES   

A  través de labores de inteligencia, en el  mes   de  septiembre  de  2000,  miembros  del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  (DAS)  establecieron que algunos bienes estatales correspondientes al  Programa  PLANTE,  eran  utilizados  en  la  campaña  política de JUAN   CARLOS   CLAROS   PINZÓN,  como  candidato  a  la  Gobernación  del  Departamento  del  Caquetá,  circunstancia  corroborada  el 26 de los mismos mes y año por la Fiscalía Octava Seccional de  Florencia  al  constatar  que una cartelera, un monitor KDS serie 029600519, una  impresora  Epson  300,  una  CPU Acermate 5200 C-64390, un estabilizador y mouse  que  eran  de la oficina del programa PLANTE, estaban al servicio de la referida  sede  política;  también  se estableció que dos motocicletas de la mencionada  dependencia  oficial  eran  utilizadas  para  adelantar  proselitismo político,  portando   publicidad  alusiva  al  candidato  CLAROS  PINZÓN.   

Abierta  la  instrucción,  la  Fiscalía  vinculó  mediante  indagatoria  a  JUAN CARLOS CLAROS  PINZÓN,  HUMBERTO  LÓPEZ  BRAVO,  DIANA  ROCÍO BARRIOS DÍAZ y WILSON GAITÁN  ARTUNDUAGA,  resolviéndoles  su situación jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  caución  prendaria, a los dos primeros como  presuntos  cómplices y a los dos últimos como coautores del delito de peculado  por uso.   

Cerrada  la  investigación, el sumario fue  calificado  el  15  de  marzo de 2001 con resolución de acusación en contra de  los  sindicados  por  el  mismo  delito y grado de participación que motivó la  imposición  de  medida  de  aseguramiento,  providencia  confirmada  el  25  de  septiembre  de 2001 por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Neiva  al  decidir  el  recurso de apelación interpuesto por el defensor del procesado  CLAROS     PINZÓN.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Florencia,  despacho que una vez  surtido  el rito correspondiente profirió fallo el 16 de enero de 2002 por cuyo  medio   absolvió   a  los  procesados  de  los  cargos  objeto  de  acusación.   

Impugnada  la  anterior  decisión  por  el  Fiscal  Octavo  Seccional  de Florencia, el Tribunal Superior de la misma ciudad  decidió  revocarla  el 13 de marzo de 2002, disponiendo condenar a DIANA    ROCÍO    BARRIOS    DÍAZ   y  WILSON GAITÁN ARTUNDUAGA a  la  pena  de doce (12) meses de prisión e interdicción de derechos y funciones  públicas  por igual período como autores penalmente responsables del delito de  peculado  por  uso.  A  su vez, condenó a JUAN CARLOS  CLAROS  PINZÓN  y  HUMBERTO LÓPEZ BRAVO a la pena de  diez  (10)  meses  de prisión e interdicción de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  término,  como cómplices del citado comportamiento delictivo y  concedió  a todos los procesados el subrogado penal de la condena de ejecución  condicional.   

Interpuesto   y   sustentado  el  recurso  extraordinario  de  casación en nombre de JUAN CARLOS  CLAROS  PINZÓN  y  HUMBERTO  LÓPEZ  BRAVO, esta Sala  decidió  mediante  providencia  del  19  de  noviembre  de  2003  inadmitir las  demandas  presentadas  de conformidad con lo establecido en el artículo 213 del  estatuto procesal penal.   

         El      ciudadano     JUAN     CARLOS  CLAROS  interpuso  ante  esta  Sala acción de tutela  contra  el  Tribunal  Superior de Florencia en procura de amparo para su derecho  fundamental  al  debido  proceso por estimarlo vulnerado con el fallo de condena  proferido  en  su  contra. Mediante proveído del 4 de febrero de 2004, una Sala  de Conjueces decidió declarar improcedente la acción promovida.   

Entonces,  el  actor presentó a través de  apoderado  otra  acción  de  tutela  contra  el  referido  fallo  condenatorio,  orientada   a  atacar  la  “fijación  del  quantum  punitivo  tasado  para  las  penas”  y  esta  Sala,  mediante  decisión  del  10  de  marzo de 2004 la denegó por considerar que el  Tribunal  atendió  los  parámetros  legales  para  la individualización de la  pena.   

          Las  referidas  acciones  de  tutela  fueron  remitidas  a  la Corte  Constitucional,  donde  la  Sala  Tercera  las  seleccionó  para su revisión y  mediante  auto  del  16  de junio de 2004 dispuso su acumulación, resolviendo a  través  de  fallo T-663 del 15 de julio de 2004 revocar las decisiones del 4 de  febrero  y  el  10  de  marzo  del mismo año, por cuyo medio esta Sala declaró  improcedentes    las    acciones   de   tutela   promovidas   por   JUAN   CARLOS   CLAROS  y,  en  su  lugar,  conceder  el  amparo  al  derecho fundamental al debido proceso del actor, en el  sentido  de “DEJAR SIN EFECTO el numeral 1º, literal  b)  de  la  parte  resolutiva de la sentencia del 13 de marzo de 2002, proferida  por  el Tribunal Superior de Florencia –  Sala Penal –,  en   cuanto   en   él   se  dispuso  ‘condenar  a  Juan  Carlos  Claros  Pinzón… a la pena principal de  diez  (10)  meses  de prisión e interdicción de derechos y funciones públicas  por  igual  periodo’, como  cómplice  del  delito de peculado por uso” y ordenar  al  mencionado Tribunal que “dentro de las cuarenta y  ocho  (48)  horas  siguientes  a la notificación de esta providencia, proceda a  iniciar  el  trámite  pertinente para que mediante nuevo fallo en relación con  Juan  Carlos Claros Pinzón, se determine la pena que a este le corresponda como  cómplice      del      delito      de      peculado     por     uso”.   

         El  Tribunal  Superior  de  Florencia en acatamiento de lo ordenado  por  la Corte Constitucional en la sentencia de revisión de tutela profirió el  correspondiente  el 18 de agosto de 2004, contra el cual, ahora, el defensor del  procesado   interpone   y   sustenta   recurso   de   casación   por   la  vía  discrecional.   

LA DEMANDA  

          Los  siguientes  son  los  argumentos  expuestos por el censor en su  demanda,   encaminados   a  conseguir  la  admisión  del  libelo  por  la  vía  discrecional y a que se case el fallo atacado.   

          1.        Procedencia  del  recurso  contra  el  fallo  del  18  de  agosto de  2004.   

El  actor interpone recurso de casación por  la  vía  excepcional contra el fallo de segundo grado proferido por el Tribunal  de  Florencia  el  18  de  agosto de 2004, precisando inicialmente que si bien a  través  de  tal  providencia  se  dio  cumplimiento a lo dispuesto por la Corte  Constitucional  en sentencia de revisión T-673 del pasado 15 de julio, por cuyo  medio  dejó  sin  efecto  la condena proferida contra el procesado por la misma  Corporación  el  13  de  marzo de 2002, a la vez que ordenó al Tribunal dictar  “nuevo  fallo  en  relación  con Juan Carlos Claros  Pinzón”,   es   lo   cierto   que  “ante  el  efecto  de  la  tutela  el  proceso se quedó sin fallo de  segunda  instancia  (…)  imponiéndose  volver  a proferirlo, previa la debida  motivación probatoria de la pena”.   

En virtud de lo anterior señala que no puede  argumentarse  que  la sentencia de segunda instancia proferida el 13 de marzo de  2002  cobró  ejecutoria,  pues  “al tutelar la Corte  Constitucional  el fallo proferido por el Tribunal de Florencia el 4 de marzo de  2002,  que  revocó  la  sentencia  absolutoria  de primera instancia dictada en  favor  del  doctor  CLAROS  PINZÓN por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de  esa  ciudad,  condenándolo  a  la pena de diez meses de prisión como cómplice  (particular)  del  delito  de  peculado  por  uso, por  falta  de  motivación  en  la  imposición  de  la  pena  y  de  suyo,  haberse  desconocido   el   marco   legal   del  que  debía  partir  para  su  posterior  individualización  judicial, dejó sin valor el fallo  amparado  para  que  mediante  uno  nuevo  se  procediera  a  su  correcta  tasación  de conformidad con las  exigencias  constitucionales  y  legales para ello, como expresamente lo dispuso  en  la  parte resolutiva del amparo, en coherente armonía con la motivación de  la misma” (negrillas en el texto).   

          Agrega  que  si  la sentencia es un acto procesal único y completo,  no  puede  ser  proferida en actos diversos, pues el artículo 170 señala todos  los  elementos  que  la integran y, por ello, la motivación de la dosificación  punitiva  no puede desligarse de la referida providencia, aunque el Tribunal dio  “expresamente  por reproducida en la nueva sentencia  la  parte motiva de la anterior, en cuanto se refiere a la responsabilidad penal  del doctor CLAROS PINZÓN”.   

Concluye  entonces el demandante que en este  asunto  no  puede  afirmarse  que  el  fallo de tutela únicamente determinó la  motivación  de  la  pena  impuesta  sino  que, en verdad, se trata de una nueva  sentencia  al  haber  quedado  sin  efecto  aquella contra la cual se dirigió y  prosperó  la  solicitud  de  amparo  constitucional,  dado  que “el  procesado  con  el  fallo de tutela quedó sin pena y había que  imponérsela  por  medio  del acto procesal propio para ello, que no es otro que  la  sentencia,  como en efecto lo entendió el Tribunal de Florencia, cumpliendo  con  los  requisitos  formales  para  ello,  haciéndola  pasible  de casación,  concediendo  legalmente  el  recurso,  no  pudiéndose  bajo  ningún  argumento  pretender         su        desconocimiento        como        fallo”.   

          2.        Procedencia del recurso de casación discrecional.   

          En  cuanto  se refiere a la procedencia del recurso de casación por  la  vía  excepcional, argumenta que como el límite máximo de pena establecido  por  el  legislador  para el delito de peculado por uso es inferior al señalado  para  acceder  a  este  recurso  por  la vía ordinaria, acude al inciso 2º del  artículo   205   del   estatuto   procesal   penal  a  fin  de  “reclamar  la  protección  a la garantía al derecho fundamental al  reconocimiento  del  Juez  Natural” (negrillas en el  texto),  previsto  en  el  artículo 29 de la Constitución y desarrollado en el  artículo  6º  de  Código de Procedimiento Penal, el cual fue vulnerado por el  Tribunal  de  Florencia  al  proferir  el  fallo  atacado  desconociendo  que la  competencia  para  conocer  en  única instancia del juzgamiento en los procesos  adelantados  contra  los  gobernadores  de  departamento  radica  en  la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte Suprema, de conformidad con lo establecido en el  numeral  4º  del  artículo  235  de la Carta Política y en el numeral 6º del  artículo 75 de la Ley 600 de 2000.   

          Asevera  que  si  de acuerdo con el artículo 29 de la Constitución  nadie  puede ser juzgado sino ante juez o tribunal competente, la competencia no  puede  ser  inferida  por  el juez, pues la interpretación de las normas que la  regulan  debe  ser  siempre restringida, sin que sea viable la aplicación de la  analogía  ni  la  interpretación extensiva del texto legal, razón por la cual  considera  que  el Tribunal de Florencia se abrogó la competencia para proferir  el  fallo objeto de impugnación, en cuanto la competencia para ello radicaba en  esta  Sala de Casación Penal, con lo cual se quebrantó la teoría de los actos  procesales  “autoasignándose una competencia que ni  la     Constitución     ni     la     ley     le    ha    conferido”.   

          También  advierte  que las decisiones del Estado a través de actos  procesales  no  puede  confundirse  con  los  pronunciamientos  materiales y, en  consecuencia,  en  caso  que  la  Sala  de  Casación  Penal hubiera procedido a  “tasar   la  pena  en  cumplimiento  de  la  tutela  –si  tuviere  competencia  para  ello hacerlo–, lo que  jurídicamente  existiría es un solo fallo”, pues en  punto  del juicio de responsabilidad como presupuesto de la imposición de pena,  la  decisión  estatal  es  única,  razón  por  la  cual  no  se  presenta  la  incoherencia    aducida   por   el   Tribunal   para   proferir   la   decisión  atacada.   

          Por  tanto,  estima  que  al  Tribunal  de Florencia “no  le  quedaba  otra  alternativa  que remitir el expediente en el  estado  en  que  se  encontraba  a la Corte para que fuere ella la que tomara la  decisión  que  estimare pertinente” (negrillas en el  texto).   

De   acuerdo  a  lo  expuesto,  afirma  el  demandante  que  el  fallo  objeto de impugnación fue proferido por un juez sin  competencia  para  dictarlo,  con  lo  cual  afectó su validez al desconocer la  garantía  del Juez Natural, lo cual amerita la admisión del libelo por la vía  excepcional.   

          3.        Cargo único.   

          Al  amparo  de  la causal tercera de casación, el censor formula un  solo  cargo  contra  el  fallo  proferido  por  el  Tribunal  de Florencia, pues  considera  que  si  a partir del primero de enero de 2004 el doctor JUAN  CARLOS  CLAROS  PINZÓN  ostenta  la  condición  de  Gobernador  del  Departamento  de  Caquetá, según se encuentra  acreditado  en  la actuación, la competencia para adoptar la sentencia por cuyo  medio  se  dio  cumplimiento  a  la  decisión de la Corte Constitucional, en el  sentido  de  dictar  un nuevo fallo respecto del referido ciudadano, radicaba en  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia de conformidad con  lo  dispuesto  en el numeral 4º del artículo 235 de la Carta Política y en el  numeral 6º del artículo 75 del estatuto procesal penal.   

          Por  ello  considera  que  el  Tribunal  incurrió  en una causal de  nulidad  de  carácter  absoluto, establecida en el artículo 306 del Código de  Procedimiento  Penal, esto es, por carecer de competencia para proferir el fallo  cuestionado.   

Y  agrega que “no  es  posible  ahora  entrar  a  resolver  el recurso vertical intentado contra la  sentencia  por  medio  de  la  cual  el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de  Florencia  absolvió a mi representado, pues ella” no  admite  “recurso alguno en razón de la condición de  aforado del doctor CLAROS PINZÓN”   

Con base en lo anterior, el actor solicita a  la   Corte   casar   el   fallo   atacado,  en  el  sentido  de  “dejar   en  firme  la  sentencia  de  primera  instancia”,  como  en  asuntos  similares  se  ha  pronunciado  la  Sala en  decisiones  del  17  de  junio de 1998, radicado 9736; 29 de septiembre de 1999,  con  ponencia  del  Magistrado  Carlos  Mejía  Esobar;  2  de  febrero de 2000,  radicado  15547 con ponencia del Magistrado Fernando Arboleda Ripoll; 23 de mayo  de  2001,  radicado 17657 con ponencia del Magistrado Herman Galán Castellanos;  8  de  agosto  de  2001,  radicado  17308  con  ponencia  del  Magistrado Galán  Castellanos; entre otras, cuyos fragmentos transcribe.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Por  razones  de  método  se  abordarán en  estricto  orden  los  tópicos  planteados  por  el defensor orientados a que se  admita  por  la  vía  discrecional  el  libelo  de casación que presenta, como  sigue:   

          1.        Sobre  la  procedencia  del recurso contra el fallo del 18 de agosto  de 2004.   

Dado que mediante sentencia proferida por el  Tribunal  de  Florencia  el  18  de  agosto de 2004 se acató lo ordenado por la  Corte  Constitucional  en  fallo  de  revisión  T-673 del 15 de julio del mismo  año,  a  través  del  cual  se dejó sin efecto la condena proferida contra el  procesado  por  el  referido  Tribunal  el  13 de marzo de 2002, a la vez que le  ordenó     dictar     “nuevo    fallo”,   estima  la  Sala  que  le  asiste  razón  al  demandante  al  considerar  que  la  primera de las decisiones mencionadas es susceptible de ser  impugnada   a   través   del   recurso   de   casación,   por  las  siguientes  consideraciones:   

          La      Corte      Constitucional      decidió      “CONCEDER     la     tutela     impetrada     por     el    ciudadano  mencionado   (JUAN  CARLOS  CLAROS  PINZON,  se  aclara),  por   violación  del  derecho  al  debido  proceso  en  que  se  incurrió  por  infracción  a  la  legalidad de la pena en la sentencia del 13 de marzo de 2002  proferida  en  relación  con  el actor por el Tribunal de Florencia”  y,  en virtud de ello dispuso “DEJAR  SIN  EFECTO  el  numeral  1º,  literal  b)  de  la parte resolutiva”  del  mencionado fallo, “en cuanto en  él  se dispuso ‘condenar a  Juan  Carlos  Claros  Pinzón…  a  la  pena  principal  de  diez (10) meses de  prisión   e   interdicción   de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  periodo’,  como cómplice  del  delito  de  peculado  por  uso”,  a  la vez que  ordenó  al  citado  Tribunal  que  “dentro  de  las  cuarenta  y  ocho  (48) horas siguientes a la notificación de esta providencia,  proceda    a    iniciar   el   trámite   pertinente   para   que   mediante  nuevo  fallo en relación con Juan Carlos Claros Pinzón,  se  determine  la  pena  que  a este le corresponda como cómplice del delito de  peculado    por    uso”    (subrayas    fuera   de  texto).   

          De  lo  decidido por la Corte Constitucional puede concluirse que la  protección  otorgada  en  favor  del  accionante no se ocupó simplemente de un  aspecto  contingente  del  fallo  proferido  el 13 de marzo de 2002, cuestionado  mediante  la acción interpuesta, como puede ocurrir cuando se tutela el derecho  fundamental   a  la  aplicación  de  la  ley  penal  más  favorable  que  deja  inmodificable  el  sentido  y  ejecutoria  de  la  sentencia  objeto  de  amparo  constitucional,  sino  que,  de  una  parte,  para  amparar el derecho al debido  proceso  del  actor  dejó  sin efecto la decisión de condenarlo como cómplice  penalmente  responsable  del  delito  de peculado por uso y, de otra, ordenó al  Tribunal  que  expidiera  un “nuevo fallo”.   

          Por  tanto,  advierte la Sala que por tratarse de un “nuevo  fallo”, en el cual correspondió a  la  autoridad  accionada  proceder  de  conformidad con lo ordenado por la Corte  Constitucional,  ocupándose  de  hacer explícitas las ponderaciones efectuadas  para   dosificar   la  pena  impuesta  al  procesado  como  consecuencia  de  su  declaración  de  responsabilidad penal a título de cómplice, tal aspecto hace  parte  integral,  inescindible  y necesaria de la sentencia y por tal razón, no  hay  duda  que  la  providencia  del  18 de agosto de 2004 tiene el carácter de  fallo  de  segundo  grado  y  en dicha condición, es susceptible del recurso de  casación,  con  independencia  que  por  decisión expresa del Tribunal se haya  tenido  como incorporadas a esta providencia las consideraciones con base en las  cuales  se  declaró  responsable  al acusado por el delito de peculado por uso.   

          2.        Procedencia del recurso de casación discrecional.   

          Inicialmente  resulta  oportuno  señalar  que  el  inciso  1º  del  artículo  205  de la Ley 600 de 2000 establece que el recurso extraordinario de  casación  procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia por los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial  y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  proceda por “delitos que tengan señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo exceda de  ocho años” (subrayas fuera de texto).   

En  aquellos casos en los cuales el fallo de  segundo  grado  no  es proferido por los mencionados tribunales, o que el delito  por  el  cual se procede tiene pena privativa de la libertad inferior al quantum  señalado  en  precedencia  o  sanción no restrictiva de la libertad, el inciso  3º  del  artículo  205  del  estatuto  procesal penal faculta a esta Sala para  admitir    discrecionalmente    las    demandas    de   casación   presentadas,  “cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

          Respecto   de   la  casación  discrecional  compete  al  demandante  expresar  con  claridad  y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir la Corte, ya para proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto de un tema jurídico  especial,  bien  para  unificar  posturas conceptuales o actualizar la doctrina,  ora  para  abordar  un  tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera  la  decisión  solicitada tiene la utilidad simultánea de brindar  solución   al   asunto   y   a   la   par   servir  de  guía  a  la  actividad  judicial.   

Pero  si lo pretendido por quien demanda es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho   invocado,   así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias,  que  como  ya  lo  ha  reiterado  la  Sala,  deben evidenciarse   con  la  sola  referencia  descriptiva  hecha  en  la  sustentación.   

En el asunto que concita la atención de la  Sala  se  advierte  en  primer  término,  que  el  máximo  de  la pena  privativa  de la libertad dispuesta por el legislador para el  delito  de peculado por uso de cuatro (4) años de prisión, resulta inferior al  quantum  señalado  para  acceder a este medio impugnaticio por la vía común u  ordinaria,  motivo  por  el  cual le asiste razón al  defensor  al  acudir  a  este  recurso  extraordinario por la vía discrecional,  también denominada excepcional.   

En segundo lugar se tiene que el demandante  expresa  con  claridad  y  precisión  las  razones  por  las cuales   debe   intervenir   la   Corte,   pues  reclama  “la   protección   a   la   garantía  al  derecho  fundamental  al  reconocimiento  del  Juez  Natural” (negrillas en el  texto)  de  su  asistido,  previsto  en  el  artículo  29 de la Constitución y  desarrollado  en  el  artículo  6º  de Código de Procedimiento Penal, el cual  considera vulnerado por el Tribunal de Florencia.   

Además,  señala  en  qué  consiste  el  agravio,  dirige  su  discurrir  a  acreditar la referida violación en el fallo  impugnado  e  indica  las  normas  constitucionales  y  legales  que protegen el  derecho  invocado,  todo  lo  cual permite concluir que satisface las exigencias  legales  para  conseguir que la Sala admita discrecionalmente su libelo en punto  de  la  protección  de  la  garantía fundamental al juez natural, la cual hace  parte  de  la  más amplia noción del derecho fundamental al debido proceso del  doctor   JUAN   CARLOS   CLAROS  PINZÓN.   

          3.        Cargo único.   

          En   cuanto   comporta  la  formulación  y  desarrollo  del  cargo,  encuentra  la Sala que el censor se ajusta a las exigencias legales para acceder  al   recurso,   pues   invoca   la  causal  tercera  de  casación,  señala  la  incorrección  que  deplora,  dirige  su  esfuerzo  a  acreditar  el quebranto e  identifica  la  cobertura  invalidatoria  del  fallo  de  casación  pretendido,  circunstancias  que  permiten  concluir  que formalmente la censura se encuentra  planteada de manera adecuada.   

Por  lo anterior, la admisión de la demanda  de  casación por la vía discrecional es la decisión que corresponde adoptar a  la  Sala  y,  en  consecuencia, debe surtirse el traslado pertinente para que el  Ministerio Público emita su concepto   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                      ADMITIR la demanda de  casación  discrecional interpuesta por el defensor de  JUAN  CARLOS  CLAROS PINZÓN,  por las razones expuestas en la anterior motivación.   

         2.                      SURTIR  el  traslado  previsto  en  el artículo 213 de la Ley 600 de 2000 al Procurador Delegado para  que rinda el concepto correspondiente.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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