22793(25-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22793  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  ponente   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado acta No. 130  

Bogotá  D.C., veinticinco (25) de julio de  dos mil siete (2007)   

Se pronuncia la Corte, en sede de casación,  sobre  la  eventual  trasgresión  de  una  garantía  fundamental del procesado  SEFERINO     ACEVEDO,  relacionada  con  el  quantum  de  la  pena accesoria que le fuera impuesta como  determinador  de homicidio agravado en concurso con concierto para delinquir con  fines   extorsivos   y   porte   ilegal   de  armas  de  fuego,  en  calidad  de  coautor.   

  HECHOS  

En la sentencia impugnada, la Sala Penal del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  hizo  la  siguiente  síntesis:   

“Como  consecuencia  de  importantes  trabajos   de  inteligencia  a  cargo  de personal de la policía nacional,  también  merced   a  la  colaboración  de  algunas  personas  a manera de  “informantes”   las   autoridades    finalmente   se  enteraron  de  la  existencia   de  un grupo de individuos que desde cerca de mediados de 1997  se  asociaron para extorsionar  e incluso matar  a indefensos allá en  un sector del barrio Buenos Aires, al oriente de la ciudad.   

A  los  propietarios  de  los  vehículos  automotores  que  prestan  el  servicio  público  de  transporte en la flota la  “V”  Buenos Aires, y a otros agrupados en Coopcerquín, en concreto  en  el  sector  del  Vergel,  esos  individuos  les  exigían el pago mensual de una  considerable  suma  de  dinero,  a manera de la vulgar “vacuna”, que tenían  que  pagar  para  poner   a  salvo sus vidas e incluso la integridad de los  vehículos.   

La  investigación  policial  comenzó  por  allá   a  mediados de 1999 y de esa manera se originó, el 26 de noviembre  de  ese  mismo  año,  un  importante  informe  que  revela  gran  parte  de las  actividades  criminales y gran parte de los individuos empeñados en ellas (cfr.  fls.  131  a  149  del  cuaderno número 1). Y como en esa actitud permanecieron  obviamente  los  servidores policiales, debieron entonces presentar otro informe  de  actividades, el 20 de diciembre de 1999, en el cual señalaban, entre otros,  a  SEFERINO  ACEVEDO  como  integrante   de  la  organización  criminal,  “…  portador  de  una  carabina  la  cual  mantiene  guardada  en su residencia  …” (f. 274 del cuaderno número 2).   

Por  cierto  que a causa de un allanamiento  efectuado  por  la policía judicial a la residencia ubicada sobre la calle 45 y  demarcada  con el número 10-A-23, sector del Vergel en Buenos Aires, procurando  con  ello la captura del individuo DAVID NORBERTO CEBALLOS SOTO, se verificó la  anotación   del nombre de SEFERINO y su número telefónico en un cuaderno  que,  por  la  cantidad  de  datos,  llamó  poderosamente  la  atención  a las  autoridades.   

En  fin, SEFERINO  ACEVEDO fue entonces capturado el 14 de marzo de 2001  porque  la imputación en su contra cobró mas firmeza en tanto se supo que esos  asociados  delincuentes  habían  optado por eliminar violentamente al conductor  apodado  el  “rimuelo”,  pues  solo de esa manera tendrían forzosamente que  volver  todos  ellos  a pagar el dinero que les exigía desde 1997. Ese criminal  atentado  no se logró porque la eventual víctima fue advertida  de lo que  iba  a  suceder.  Pero  a  cambio,  para contrarrestar el benéfico efecto de la  intervención  policial,  SEFERINO  ACEVEDO, entre otros, dio la orden de que de  todos  modos  mataran  a  cualquier  conductor,  pues  se  trataba   de que  entendieran  que  tenían que seguir pagando la tal “vacuna”. En acatamiento  a  esa  maléfica  orden falleció trágicamente, en cumplimiento de su labor de  diario,   el  conductor  JORGE  ARMANDO  OSORIO  ARBOLEDA  el  27  de  junio  de  2000”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.-   La Unidad de Fiscalías ante los  Juzgados  Penales  de  Circuito  Especializados  de Medellín, el 11 de marzo de  2002,   acusó   a   SEFERINO  ACEVEDO  como  determinador  de homicidio agravado en concurso con concierto  para  delinquir  con  fines  extorsivos  y  porte  ilegal  de armas de fuego, en  calidad de coautor (fl. 139 c # 13).   

Impugnada  la  anterior decisión, el 28 de  junio  de  2002  la  Unidad de Fiscalías Delegada ante el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  la  modificó  en el sentido de adicionar el  delito de extorsión (fl. 197 c # 13).   

La fase de la causa correspondió al Juzgado  1°  Penal  del  Circuito  Especializado  de Medellín, el que en el curso de la  diligencia   de   audiencia   preparatoria,  decretó  la  nulidad   de  la  actuación  a  partir  de  resolución   del 28 de junio  de 2002, por  considerar  que  la  Unidad  de Fiscalías Delegada ante el Tribunal Superior de  ese  Distrito  Judicial  había  conculcado  los derechos al debido proceso y la  prohibición  de  reforma  en  perjuicio  al  adicionar  el delito de extorsión   

El  5  de  septiembre  de  2003,  se dictó  sentencia  en  contra de SEFERINO ACEVEDO condenándolo  a  la  pena  principal  de  30  años  y  6 meses de  prisión  y  a la “accesoria de inhabilitación para  el   ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  término  de  20  años”,   por  los  delitos  por  los  cuales  fue  convocado a juicio.   

La  Sala  Penal  del  Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Medellín, al desatar el recurso de apelación interpuesto  contra  la  sentencia de primera instancia, la confirmó en su integridad, el 14  de  abril de 2004 (fl. 412 cuaderno del Tribunal). Contra esta determinación el  defensor  del  procesado SEFERINO ACEVEDO interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  el  que  fue  sustentado en su oportunidad legal.   

2.-  La Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema   de  Justicia,  mediante  pronunciamiento  del  23  de  mayo  de  2007,  inadmitió  la  demanda  de  casación;  sin  embargo,  como advirtió que en la  sentencia   condenatoria  proferida  contra  SEFERINO  ACEVEDO   se   le   impuso   la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  lapso  de  20  años,  quantum punitivo que desborda el máximo señalado por el  legislador  al  respecto,  circunstancia que comportaría la vulneración de los  derechos  y  las  garantías  del  condenado,  por  lo  que, de manera oficiosa,  dispuso  correr  traslado  al  Ministerio Público para que conceptuara sobre la  eventual transgresión.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El  Ministerio Público, sugiere a la Corte  casar  parcial  y  oficiosamente  la  sentencia  impugnada,  para  en  su lugar,  redosificar   la  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas     a     SEFERINO    ACEVEDO.   

En   efecto,   considera   la  Procuradora  Delegada  que  al  haber  sido condenado el procesado  SEFERINO   ACEVEDO   como  determinador  de homicidio agravado en concurso con concierto para delinquir con  fines  extorsivos  y  porte  ilegal de armas de fuego, en calidad de coautor, la  pena  accesoria, por principio de favorabilidad, debió aplicarse de conformidad  con  el  artículo  44  del  Decreto  100 de 1980, es decir, en un máximo de 10  años.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La   Sala  comparte  la  opinión  de  la  Procuradora  Delegada, en el sentido de que al imponérsele la pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  los  derechos y funciones públicas al  condenado     SEFERINO     ACEVEDO    se le quebrantaron sus garantías fundamentales.   

Ciertamente,   examinada   la   sentencia  pronunciada  por  el  Juzgado 1° Penal del Circuito Especializado de Medellín,  proferida  el  5  de  septiembre  de  2003  a  través  de la cual se condenó a  SEFERINO   ACEVEDO,   se  advierte  que  se  violó  el principio de legalidad de las penas respecto de la  sanción  accesoria,  toda  vez  que  la inhabilitación de derechos y funciones  públicas  se  le  impuso  por el lapso equivalente a 20 años, rebasando los 10  años  que  sobre  dicha  sanción  contempla la preceptiva del artículo 44 del  Decreto  100 de 1980, norma esta última vigente para la época de ocurrencia de  los hechos juzgados y aplicable por favorabilidad.   

Importa recordar, que el artículo 29 de la  Carta   Política   de   1991,   a   más   de  aludir  a  los  componentes  que  tradicionalmente   han   sido  propios  del  debido  proceso;  vale  anotar,  la  preexistencia  del  acto que se imputa y del tribunal competente, el acatamiento  de  las  formalidades  propias  de  cada proceso, el principio de favorabilidad,  precepto  que  afianza  el  principio de legalidad de las penas y, por lo mismo,  protege  a  la  libertad  individual  frente  a la arbitrariedad y garantiza los  principios  de  seguridad  jurídica  e  igualdad, es evidente, entonces, que la  pena   accesoria   que   se   le  impuso  a  SEFERINO  ACEVEDO    conculca   el  citado  principio  de  legalidad.   

El  artículo  52  del Decreto 100 de 1980,  norma  aplicable  por  principio  de  favorabilidad,  establecía que la pena de  prisión  conllevaba la aplicación de la accesoria de interdicción de derechos  y  funciones públicas por un período igual al de la pena principal, pero, a su  vez,  el  artículo  44  ibidem,  determinaba que su duración máxima era de 10  años.   

De  esta  manera,  la  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  debía  ser  igual a la de  prisión,  pero  si  ésta  era  superior a 10 años, la interdicción no podía  rebasar  ese  límite,  aspecto que, sin duda, fue conculcado por los juzgadores  de instancia.   

Así  las  cosas, la Sala con fundamento en  las  facultades  conferidas  por  el  artículo 216 del Código de Procedimiento  Penal,  casará  oficiosa y parcialmente la sentencia de segunda instancia y, en  consecuencia,  redosificará  a  10  años la pena accesoria de interdicción de  derechos   y   funciones  públicas,  hoy  denominada  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, impuesta al procesado SEFERINO ACEVEDO.   

Contra  la  presente  sentencia  no procede  recurso alguno.   

Atendidas las razones expuestas, la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando Justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.-          CASAR,  oficiosa  y parcialmente, la  sentencia  impugnada  y,  en  consecuencia,  determinar  como  pena accesoria de  inhabilitación   de  derechos  y  funciones  públicas  fijada  a  SEFERINO     ACEVEDO,    el    término    de   10   años,   por   las   razones   anotadas  precedentemente.   

2.-  En todos los demás aspectos permanece  inalterable la sentencia impugnada.   

3.- Devuélvase el expediente al Tribunal de  origen.   

CÓPIESE,   COMUNÍQUESE   Y   CÚMPLASE   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Excusa justificada  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                    MARÍA     DEL  ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                      

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA          MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                           

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

secretaria  

ACLARACIÓN DE VOTO  

Como lo señalé en la aclaración de voto  al  auto  del  23  de  mayo  de  2007,  aquí  obrante,  hoy  en  día existe la  posibilidad   de   “superar  los  defectos  de  la  demanda” para realizar pronunciamiento de fondo por  posible  vulneración  a  garantía  fundamental,  pues  así  se  prevé  en el  artículo  184,  inciso  tercero, de la Ley 906 de 2004, a raíz precisamente de  los   fines   de  la  casación,  cuales  son  “la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia” (artículo 180  ibídem),  para  lo  cual  ha  de tenerse en cuenta la fundamentación que en la  demanda  se haga de los mismos, la posición del impugnante dentro del proceso y  la   índole   de   la   controversia   planteada,   todo   lo   cual   permite,   itero,   superar  los  defectos  de  la  demanda.   

En  lo  que  no  estoy de acuerdo, y es el  objeto  de  la  presente  aclaración  de  voto  al  fallo  emitido dentro de la  presente  actuación, es en que se haya dispuesto el traslado de la actuación a  la  Procuraduría  General  de  la Nación para la emisión de concepto sobre la  posible  vulneración  a  garantía  fundamental del sujeto pasivo de la acción  del  Estado,  ya  que  esto  sólo es procedente cuando la demanda satisface los  requisitos  formales  (artículo  213,  Ley  600  de 200), pues el concepto debe  versar  sobre  los  cargos  admitidos, motivo por el cual al no haberse aceptado  ninguno  resultaba innecesario el traslado, por lo que lo procedente era haberse  pronunciado  inmediatamente  sobre  el punto en la misma providencia inadmisoria  de  la  demanda,  para  de  esta manera dar aplicación al principio de pronta y  cumplida  administración  de justicia, consagrado en el artículo 4º de la Ley  270 de 1996.   

En  torno  a  este  tema, cabe agregar que  cuando  la  Corte  entra  a proferir una sentencia de casación, es porque se ha  observado    el    debido    proceso    propio   del   medio   de   impugnación  extraordinario.   Así,  ha  debido interponerse contra el fallo de segunda  instancia  dentro  del  término  oportuno, el tribunal lo concedió, la demanda  fue  presentada  en  el  término  de traslado para el efecto, se tuvo que haber  corrido,  así  mismo,  el  traslado  para  los  no  recurrentes; de igual modo,  llegada  la  actuación a esta Corporación, se examinó la demanda, se declaró  ajustada  y  ordenó  el  traslado  al  Procurador Delegado para que conceptuara  sobre el mérito de la misma.   

De  esa forma, digo, la Corte regularmente  asume  de  plano la competencia que tiene como Tribunal de casación para emitir  la  sentencia  que  sea  del  caso de acuerdo con los términos planteados en la  demanda.   Por  ministerio  de  la  Ley tal competencia se puede extender a  aspectos  no  tratados  en  la demanda, cuando quiera que encuentre un motivo de  nulidad  o  afectación  a  las  garantías de los sujetos procesales (artículo  216).   

No  han sido pocos los casos en los que la  Corte  se ha visto precisada, después de haberse surtido el comentado trámite,  a  casar  de  oficio  una sentencia de segundo grado al advertir la presencia de  cualquiera  de  esas  eventualidades,  incluso, sin que el agente del Ministerio  Público la hubiera detectado al rendir su concepto.   

Entonces,  si así ha procedido, es decir,  si  ha  casado  de  oficio  sin  contar  ni  conocer  la opinión del Procurador  Delegado  sobre  un  aspecto que sólo emergió a ojos de la Corte al momento de  dictar  la  sentencia  de  casación,  no encuentro razón atendible para que al  estudiar  si  la  demanda  de casación reúne los requisitos de admisibilidad y  después  de inadmitirla ante la carencia de tales requisitos, se dé lugar a un  trámite que la ley no prevé.   

En  otras palabras, si según el artículo  216  de  la  Ley 600 de 2000 el presupuesto para casar de oficio es que la Corte  perciba  que  la sentencia se profirió dentro de un juicio viciado de nulidad o  porque   la   misma   atenta   de   manera   ostensible  contra  las  garantías  fundamentales,  es  decir,  si ya advirtió la falla al examinar preliminarmente  la  demanda  que  se va a inadmitir, pregunto ¿para qué traslado al Ministerio  Público?   

Creo,  al  contrario,  que  frente  a  esa  circunstancia,  el  sentido  del  artículo  en  cita  consiste  en habilitar la  competencia  de  la Corte para que profiera sentencia de oficio por fuera de los  derroteros  de la demanda, bien sea coetáneamente con la inadmisión de ésta o  después  de  agotado el debido trámite casacional si es que el libelo llegó a  ser admitido.   

Por  último, debo ser enfático en que el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que la ley le otorga a la Corte para casar  una  sentencia  de  segunda  instancia  si  percibe  alguna  de  las condiciones  señaladas  en  el  artículo  216  de  la  Ley  600 de 2000, no abre paso a una  tercera  instancia, ni se asimila a un ámbito de plena jurisdicción, a modo de  consulta,  como  para  que  pueda estimarse que tiene la gracia de decidir sobre  todos  los  aspectos  fácticos  o jurídicos tratados en el fallo o examinar el  completo andamiaje procesal.   

En  tal evento, el legislador estatuyó un  plus  de  protección  a las garantías fundamentales al asignarle a la Corte la  misión  de  reparar  ostensibles  agravios  a  la  estructura del proceso o las  garantías  debidas a los sujetos procesales, por manera que su campo de acción  no  es  ilimitado sino el apenas necesario para introducir el correctivo que sea  del caso.   

En  cuanto  sentencia  de casación la que  así  produzca,  desde  luego,  como  cualquier  otra  de  la  misma naturaleza,  también  debe propender por el cumplimiento de los fines que la Constitución y  la  ley  le  asignan a esa sede extraordinaria:  hacer efectivos el derecho  material  y  las  garantías  de  las  personas que intervienen en la actuación  penal,  la  unificación  de  la jurisprudencia nacional y la reparación de los  agravios inferidos a las partes con el fallo.   

No  son  más,  pero  tampoco  menos,  los  límites  que  tiene  la  Corte  en  el ejercicio de la atribución que tiene de  casar  de  oficio  la sentencia.  La ineludible e imperativa observancia de  ellos  garantizará  que  la  casación  no  pierda  su  naturaleza de instituto  procesal  extraordinario,  que  se  desarrolla  por  fuera  de  las  instancias,  técnico  y  especializado,  y  que  no  mute  en  simple escenario para revivir  controversias  ya  agotadas  o  para  prolongar, en desmedro de la celeridad que  debe   observar  la  administración  de  justicia,  la  discusión  de  asuntos  resueltos  en  una  sentencia  judicial  que  se  presume acertada y emitida con  arreglo al ordenamiento jurídico.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

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