26931(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 26931  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  Aprobado    acta  N° 109   

Bogotá     D.    C.,    veintisiete  (27)  de  junio  de dos mil  siete (2007)   

VISTOS  

Decide la Sala la  admisibilidad  del recurso extraordinario de casación  interpuesto  por la defensora pública de DIANA          ELIZABETH   SALCEDO   RODRÍGUEZ  contra  la  sentencia  del trece (13) de octubre de dos mil seis (2006) por medio de la cual  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó el fallo proferido el 9 de agosto  anterior  por  el  Juzgado  Octavo Penal municipal de Bogotá, que la condenó a  dos  meses de prisión por la conducta de hurto agravado en grado de tentativa y  le  negó  el  subrogado  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena.   

         HECHOS   

Fueron   narrados   por   las  instancias  así:   

“El 15 de marzo  de  2006,  a  las  18:00  horas  aproximadamente,  en  el almacén Éxito Norte,  ubicado  en  la  carrera  43  No.  173 –  98,  un  vigilante particular observó a una mujer que llevaba un  paquete  sobre  el hombro y se dirigía hacia una puerta de salida por lo que la  retuvo,  encontrando  que  llevaba diez (10) pacas de litro de aguardiente marca  “Néctar”   sin  cancelar  su  valor  respectivo;   al  momento  de  la  retención  la  implicada  manifestó  que  respondía  al  nombre  de  Katherin  Ramírez  Vergara, estableciéndose posteriormente que  su       verdadero  nombre  era  DIANA          ELIZABETH SALCEDO RODRÍGUEZ”.   

ANTECEDENTES  

La audiencia de formulación de imputación  la  realizó  el  Fiscal 300 de la Unidad de Reacción Inmediata ante el Juez 31  Penal  Municipal  con  función  de  control  de  garantías  el  16 de marzo de  2006;   el  7  de  abril  siguiente  la  defensa  suscribió  diligencia de  preacuerdo  con  la  Fiscal  11  Local  que  consistió  en  la  aceptación  de  responsabilidad  penal  por  hurto agravado en grado de tentativa a cambio de la  exclusión del 50% de la pena.   

El  Juzgado  8  Penal  Municipal de Bogotá  aprobó  el  acuerdo  y  profirió  sentencia  el  9  de agosto de 2006, que fue  impugnada  en audiencia del 3 de octubre de 2006 y confirmada por el Tribunal de  Bogotá el 13 de octubre siguiente.   

LA  DOSIMETRÍA PUNITIVA   

Como hubo aceptación de cargos a partir de  la   imputación   por   hurto   agravado   en  grado  de  tentativa  (Artículo  239  inciso  segundo en concordancia con el artículo  241  numeral 11 y 27 de la Ley 599 de 2000), y además  de  ello  hubo  reparación  de perjuicios ocasionados al ofendido (art. 269 del  C.P.),   el   juez   tasó   la  condena  en  cuatro meses y a ella dedujo el 50% por razón del preacuerdo  celebrado,  de  tal  manera que la pena definitiva fue  de   dos   (2)  meses  de  prisión     e     Inhabilitación     de    derechos    y    de    funciones    públicas    por    igual  término.   

LA SUSPENSIÓN CONDICIONAL DE LA EJECUCIÓN  DE LA PENA (ART. 63 DE LA LEY 599 DE 2000   

En  esta materia, el juez consideró que la  sentenciada  no  era  merecedora  del  sustituto,  en  razón a que a   pesar  de  cumplir  el  factor  objetivo  (pena  de  prisión no  mayor     de     tres     años),    incumple  el  factor subjetivo.  Esto fue lo que dijo:   

“El  artículo 63  de  la  Ley  599  de 2000 señala la procedencia del mecanismo sustitutivo de la  pena  privativa de la libertad, siempre y cuando se reúnan en el evento juzgado  condiciones  tales  como i)  la pena impuesta sea de prisión que no exceda  de  tres (3) años; y ii) los antecedentes personales, sociales y familiares del  sentenciado,  así como la gravedad y modalidad de la conducta punible, permitan  al   juez   suponer   que   no   existe   necesidad   de  la  ejecución  de  la  pena.   

Al  respecto  se  tiene  que  el  elemento  objetivo  de dicho derecho se encuentra cumplido en cuanto que la pena privativa  de  la  libertad  impuesta  no  supera  el  término  fijado  en  la  mencionada  disposición.   

Teniendo en cuenta  lo   acreditado  por  la  Fiscalía  acerca  de  la  existencia  de  anotaciones  delictivas,  entre  ellas  una  condena  proferida  por  el Juzgado Noveno Penal  Municipal  de  Descongestión  de  esta  ciudad,  y anotaciones por conductas de  similar  calificación  a la de estudio, que incluso han ameritado la extinción  y  preclusión  de  la  acción  penal  por  parte  de  los juzgados Segundo y Tercero Penales Municipales de  Bogotá,  con  función  de  conocimiento,  esto  es, por hechos ocurridos ya en  vigencia  de  la Ley 906 de 2004 y el Sistema Penal Acusatorio, se demuestra que  el  comportamiento anterior de la imputada ha sido reiterativo y desviado de los  cauces  de  la  convivencia  social,  por  lo  que  no  se  hace  procedente  la  declaración  favorable  del referido subrogado, debiendo en cambio ordenarse su  captura   para   el  cumplimiento  de  la  pena,  pues  el  diagnóstico  de  su  personalidad  se  revela  como  necesitado  de  tratamiento  penitenciario,  en  aras  de propender por su  readaptación,   máxime   que   a  pesar  de  haber  sido  destinataria  de  la  subrogación  de  la  pena  en  anterior  oportunidad por parte de otro despacho  judicial, no ha enmendado ni corregido su actuar.   

Así  se  hace  necesario  proteger  a  la  sociedad  de  la  muy  probable  reiteración  de  ilicitudes  de  parte  de  la  sentenciada,   sin   que  pueda  admitirse  como  excusa  en  contrario  que  la  infracción  recurrente  a  la  ley  deviene aceptable o meritoria de un mínimo  reproche  por  las condiciones sociales de su entorno  familiar,  las que no se desconocen, pero no permiten en manera alguna legitimar  un  actuar  repetitivo  de  omisión  a  los  deberes  de  acatamiento  a la ley  positiva,  pues  ello significaría sin duda más un  premio  que  una respuesta adecuada a la desviación  de  comportamiento  que ha  mostrado   la   procesada;    por   consiguiente,   no   se  concederá  la  suspensión     de    la    ejecución  de  a  pena a DIANA ELIZBETH SALCEDO  RODRÍGUEZ  en  contra de  quién  se  librará  orden  de captura para el efectivo cumplimiento de la pena  impuesta”.   

El   Tribunal   ratificó   la  anterior  determinación,   e   interpretó  el  factor  subjetivo  del artículo 63 del  Código  Penal  en  relación  con la conducta de la sentenciada de la siguiente  forma:   

“…la  norma en cita exige el análisis  de  tres  aspectos, que permitan concluir si existe o no necesidad de ejecución  de la pena:   

-antecedentes personales  

-modalidad y  

-gravedad del hecho punible  

Un  análisis  de  la  personalidad  del  procesado,   ha   dicho  la  Corte,  “tendrá  que  relacionarse  con  lo que es él, en sí, en su conducta individual o familiar o  social,  en  sus características forma de vida (oficios, artes o profesiones) y  en  sus condicionamientos comportamentales, que permitan confiar fundadamente en  que  resulta  más  provechoso  para  él  y  la  colectividad  sustraerle de la  reclusión  que  efectivizar,  en  un  medio carcelario, la pena privativa de la  libertad impuesta”.   

Revisados los registros correspondientes al  traslado  de que trata el artículo 447 del Código de Procedimiento Penal y los  elementos  materiales  probatorios  allí  aducidos,  se  sabe  que a la acusada  SALCEDO  RODRÍGUEZ  le  figura  un  antecedente penal, en virtud de sentencia condenatoria proferida por  el  Juzgado  9°  Penal  Municipal  de  Descongestión,  por  el delito de hurto  agravado  en  la  modalidad  de  tentativa,  al  igual  que  una  anotación  de  extinción  de la acción penal en diligencias que se adelantaran por el Juzgado  3°  Penal  Municipal  de  Conocimiento  por  el  delito  de  hurto calificado y  agravado.   

Además,  carece  la acusada de un trabajo  estable,      desconociéndose      si      se     dedica     a     actividad, arte u oficio lícitos, del  cual derive su sustento y el de su familia.   

Tampoco  posee arraigo en la comunidad, lo  cual  se  deduce  no  sólo  del informe que da cuenta la Fiscalía en audiencia  preliminar  (C.D.  1  41:50)  en  el  cual  menciona que miembros de la Policía  Judicial   al  corroborar  los  datos  aportados  por  la  implicada,   no   encontraron   la  dirección  inicialmente  suministrada  por  la  imputada  al  momento  de su captura;   igualmente  recuérdese  que a folio 8 de la actuación, la acusada informó que  se  encuentra  provisionalmente  alojada  en la vivienda de su amiga, la señora  Patricia  Coral,  lo  que  es indicativo de inestabilidad en su entorno social y  familiar.   

Recuérdese  además,  que la implicada al  ser  capturada  nuevamente  por   el   atentado   contra   el   patrimonio   económico   que   ocupa   hoy   la   atención   de  la  Sala,   suministró  un  nombre  falso, lo que una vez más demuestra su ánimo de irrespeto a la ley y a  la administración de justicia.   

En igual forma, debe tenerse en cuenta que  desde  la audiencia preliminar de imputación, la procesada no ha asistido a las  demás  diligencias  realizadas  por las autoridades judiciales, incumpliendo el  compromiso  adquirido  al  momento  de  imponerle  medida  de  aseguramiento  no  privativa  de la libertad, demostrando una vez más ese desinterés y desidia no  sólo   por   los  resultados  del  proceso,  sino  también  por  la  autoridad  judicial.   

Bajo  las  anteriores condiciones, la Sala  concluye,  la  improcedencia  de la suspensión condicional invocada, para quien  pese  a las oportunidades que le ha dado la administración de justicia, insiste  en    seguir    contrariando    la    norma,    reiterando   su   comportamiento  ilícito”.   

Esas  razones  invocó  el  Tribunal  para  denegar  el  beneficio de la suspensión condicional de la ejecución de la pena  (art.  63),  a  más de que estimó que el hecho de que sea madre de dos menores  de  edad  –uno   de  ellos  con  una  patología  epiléptica-  no  puede ser tomado como factor que determine la concesión del  subrogado,  cuando “se desconoce el papel del padre  de  los  infantes y se trata de una conducta reiterada de la acusada, quien pese  a  las  advertencias y oportunidades dadas por los funcionarios que han conocido  de    las    diferentes    actuaciones  en  su  contra  por  hechos  similares  al  que  hoy  se  juzga,  ésta insiste en poner en  peligro su núcleo familiar”.   

Concluyó  el  Tribunal  que si concediere  la  libertad  pretendida quedaría en la sociedad un  sentimiento  de  injusticia  e  impunidad  al ver regresar tranquila a la casa a  quien     ha    quebrantado    de    manera    persistente    el    ordenamiento  jurídico.   

        LA IMPUGNACION   

Cargo       primero.   Violación  directa  de la ley  sustantiva   por   interpretación   errónea   del  artículo 63 del Código penal   

Estimó la libelista que “…al   considerar   la  existencia  de  un  antecedente penal y la anotación de extinción de  la  acción  penal,  son elementos suficientes de prueba para inferir  que  no se reúnen los presupuestos  exigidos  en  el artículo  63  para  suspender  la  ejecución de la pena”, de  manera  que el fallador interpretó desacertadamente la finalidad que se propuso  el legislador.   

Estimó  además  que los presupuestos del  inciso  segundo  de  la  norma  fueron suficientemente probados, y que desde esa  perspectiva   fue   ilegal  e  inconstitucional  la  decisión de no otorgar el beneficio.   

Cargo segundo.  Violación directa de  la  ley  sustantiva  por  interpretación  errónea del artículo 63 del Código  penal   

Según la demandante, el fallador negó el  subrogado  al inferir como elementos en contra de la procesada la carencia de un  trabajo  estable  y  desconocerse  la  actividad  de  la  que deriva el sustento  diario.   

Por   ello   afirmó   que   interpretó  erradamente  el  sentido  y  alcance  del  artículo  63,  al considerar que la  falta  de  empleo  es  una  condición  personal,  y por ello negó el         subrogado con base en esas consideraciones.   

Cargo  tercero.   Exclusión evidente  del  artículo  38  de la Ley 599 de 2000 en concordancia con el artículo 44 de  la Constitución Política.   

Argumentó   el   recurrente   que   el  sentenciador  no  concedió  la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva de la  prisión,  dada la circunstancia de tratarse de una madre cabeza de familia, que  tiene  la  responsabilidad  de  atender las necesidades de sus dos hijos, uno de  ellos  enfermo  que  requiere  del permanente apoyo y asistencia médica para la  estabilidad de su salud.   

La  recurrente  recordó que a la luz del  artículo  44  de  la  Constitución  Política,  prevalecen los derechos de los  menores,  de  suerte que se enfrentan dos valores, de  una  parte  la  salud  y  la  vida  de un menor y el menoscabo patrimonial de la  víctima  (Almacenes Éxito) que con la sentencia condenatoria recibió amparo y  protección del Estado.   

Por este reparo la demandante pidió a la  Corte  casar  el  fallo  para  que  se  aplique  a  la  sentenciada  la prisión  domiciliaria    como  sustitutiva de la prisión.   

Cuarto  cargo.  Violación indirecta  de   la   Ley   sustancial   por   error   de   derecho   por  falso  juicio  de  convicción   

El  censor  afirmó  que  el  error  se  presentó  porque  el  fallador  negó  valor  probatorio  a  los documentos que  prueban  que  la  sentenciada  es  madre  cabeza  de  familia, pues, el Tribunal  manifestó  que  desconoce  el  papel del padre de los menores cuando acreditado  está  que no tiene esa ayuda;  tal situación  debió  ser  apreciada en favor de los menores quienes  resultarían  perjudicados “abandonados por un espacio de tiempo que para nada  resulta indispensable”.   

Además  de  ello,  desconoció  el valor  probatorio   de   los   documentos   que   prueban   que   uno   de   los  hijos  padece    enfermedad  epiléptica.   

El  sentenciador  olvidó  que  existen  mecanismos   como   el  programa  de  justicia  restaurativa  que  oportunamente  solicitó la defensa, y sobre el que nada se dijo en la sentencia.   

Finalmente,  la  demandante  solicitó  a  la Corte casar la sentencia.   

CONSIDERACIONES  

La Sala abordará el tema de la admisión  de  los  cargos de la siguiente manera:  en primer lugar examinará las dos  primeras  censuras  relacionadas  con  la suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena, en segundo y tercer lugar examinará  la selección de las demás censuras.   

1)  Cargos  primero  y  segundo.  La suspensión condicional  de  la  ejecución  de  la  pena (artículo 63 de la Ley 599 de 2000)   

Este  par  de  reproches  se INADMITEN      por     i)           falta  de  fundamentación  del reparo y  por   ii)  inexistencia del error que predica la  libelista,  en   la  medida  que  las  razones  que  invocó  el  fallador      se      armonizan   a  plenitud  con  teleología  de  la  norma  y con  la    interpretación    que    la    jurisprudencia   de   la  Corte  viene  haciendo del artículo 63 del Código Penal.  En efecto:   

     

1. La     falta     de    fundamentación    del    cargo.     

Todo  cuanto  dijo  la  libelista en esos  primeros     cargos,  formulados   por   violación  directa  de  la  Ley  sustantiva  por  interpretación  errónea  del  artículo 63 del código que se  refiere  a  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena, consiste en  afirmar  que la existencia  de   un   antecedente  penal  y  la  anotación  de  extinción  de  la  acción  penal  por  otra conducta de la misma naturaleza que  se    juzgó,    lo    mismo    que   la  carencia  de un trabajo estable y desconocerse la actividad de  la    que    deriva    el    sustento    diario    la    sentenciada,  fueron  elementos  suficientes para  inferir   que   no   se   dan   los   presupuestos  para  aplicar  el  artículo  63.   

Es sabido que en la interpretación errada  de  una  norma sustantiva el error consiste en el entendimiento equivocado de la  disposición,  como  cuando  se  atribuye un sentido que no corresponde, o se le  asignan  efectos  que  la  norma  no  produce y que son diferentes, contrarios o  extraños a ella.   

El  libelista  arguye   en   cargos   separados   que   las   diversas   razones   –probatorias   todas   ellas-   que  esgrimió  el   Tribunal   para   negar   el   beneficio   fueron   elementos  “insuficientes”    para    conceder    el  beneficio.   Con esa forma de  fundamentación  abandonó  totalmente el espacio de  demostración  de  yerros  interpretativos puramente  normativos,    para    especular    –en    el    campo    probatorio-   si  las  razones  que  adujo el fallador son suficientes  o no.   

La defensa  de   la   sentenciada  considera  que sí tenía  derecho   a   la   suspensión  condicional  de  la  ejecución    de   la   pena,   mientras   que   el  Juzgador  –al  hilo  de la apreciación probatoria  y  de  las  actitudes  de  la procesada durante el curso del proceso-             consideró  que es necesario el tratamiento penitenciario para que  la  pena  cumpla  su  cometido  resocializador  a  la  luz  de los principios de  necesidad,   proporcionalidad   y   razonabilidad,   previstos  en  los        artículos  3°  y 4° del Código Penal.   

Ello   quiere  decir  que  el  libelista  dedicó las dos   primeras  censuras  a  discrepar  abiertamente   de  las  consideraciones  que  tuvo  en  cuenta  el  sentenciador,       a   presentar  su  íntimo  punto  de  vista  según  el  cual  la  sentenciada  tiene  derecho  al  subrogado  de  la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena,  sin  ocuparse  de ningún  argumento   estrictamente   jurídico   que   evidencie   fallas  hermenéuticas  (intelectivas)  del  juez  en  el  entendimiento  del  artículo   63   inciso   segundo   de  la  Ley  599  de  2000,  situación  que  traduce una estéril e indefinida controversia en la  que       el      libelista      –apartado  de  todo  condicionamiento en  la    demostración    de    algún    error    in  iudicando-  pretende ante  la    Corte    que    prevalezca    su   punto   de  vista    sobre    el    del   fallador.   

1.2.           Inexistencia     del     error    in  iudicando   

De  otra  parte,  no es ostensible que el  juzgador  hubiese  fallado  en el entendimiento de la  norma que regula el mecanismo sustitutivo de la pena  privativa  de  la  libertad,  pues  la manera como la  Jurisprudencia  de  la  Sala  de  Casación  Penal  viene tratando el tema es la  siguiente:   

“…la  viabilidad  de  conceder la suspensión condicional de la ejecución de la pena,  cuando  la impuesta al procesado permite acceder a ese subrogado, no sólo puede  tener  como  referente  la  gravedad  del  delito,  o  las circunstancias en las  cuáles  este  se  cometió,  sino también y con mayor énfasis “la   buena   conducta   anterior   del  procesado,  las  actitudes  posteriores  al hecho delictivo que tiendan a detener sus efectos perjudiciales,  la  indemnización  y la presentación voluntarias, como elementos expresivos de  una   personalidad  positiva  del  acusado”-  Cfr.  Sentencia  de  casación  del  8  de febrero de 2000, radicado 11203”1.   

La  Sala  considera  que  el   artículo   63   fue  correctamente  interpretado, tanto por  el  Juez  individual como  por      el      juez      colectivo,  a  la hora de negar el subrogado de  la   suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena,  pues  advirtió  que los antecedentes “personales, sociales y  familiares  de la sentenciada” unidos a lo repetitivo de la conducta objeto de  reconvención  y  a  elementos  expresivos  de  una  personalidad      refractaria,     hicieron    recomendable   negar   el  mecanismo  sustitutivo  de  la  pena  previsto  en la  norma.   

Entonces  bien, si se revisan las razones  que  invocó para  negar  el  subrogado,  es  claro  que coinciden a  plenitud  con la manera como la Sala  Penal viene interpretando la hermenéutica del artículo 63.   

Por      ello,      resulta     evidente    que  el  censor  no ofreció ninguna razón que justifique admitir  los       dos       primeros       cargos,  pues   del   contexto  argumentativo    de   las   censuras   no    se    advierte    alguno  de  los  fines previstos en el artículo 180 de la Ley 906  de 2004.   

En consecuencia, a tenor del artículo 184  inc. 2 ib., se inadmiten los dos primeros cargos de la demanda.   

2)         La    prisión   domiciliaria   como  sustitutiva  de  la prisión y la Prisión domiciliaria y el trabajo comunitario  para  la mujer cabeza de familia como sustitutivos de  la   prisión  efectiva  (Ley  750 de 2002).   Tercer cargo de sustentación   

2.1.      La     impugnación  incumple  con  la  finalidad  de  hacer  efectivo el  derecho material   

Si  bien  es cierto que los juzgadores de  instancia  no  hicieron  referencia  alguna  a  la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la  prisión  ni  a  la  Ley 750 de  2002,  entre  otras  razones  porque no fue     tema     de     impugnación     en     la    apelación   del   fallo   de   primera   instancia   la   medida   sustitutiva       de       la       prisión  domiciliaria,  lo cierto  es         que        ello        no  es  tema que deba resolver la Sala  de  casación  penal de la Corte, en la medida que el  mero  hecho de no abordar el tema de sustitución de la pena de prisión no hace  ilegal la sentencia:   

“…para  otorgar la sustitución de la  pena  a que se refiere el artículo 461 del nuevo Código de Procedimiento Penal  se  miran  exclusivamente las hipótesis relacionadas con la edad, la enfermedad  grave,  la  gravidez  y  el  estatus de “madre cabeza de familia”, todo ello  surgido con posterioridad a la ejecutoria del fallo.   

Como    es    obvio,    si  en  las  instancias  no  se ha resuelto nada sobre la prisión  domiciliaria,  el  juez  de  ejecución  está  habilitado para hacerlo, siempre  frente  al  artículo  38  del  Código Penal, con las exigencias propias de esa  institución…”2.  (Destaca la Sala).   

En    ese    orden,    el       defensor       deberá       presentar       la   solicitud   al  juez  de  ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad,   argumentando   en  todo  caso  las  razones  por  las  cuales  estima  que el sentenciado  cumple   los  presupuestos  normativos  para  hacerse  acreedor  a  algún  mecanismo  sustitutivo  de  la  pena privativa de libertad  en  el  establecimiento  penitenciario.   

El punto viene siendo tratado por la Corte  –desde    antes-  en los siguientes términos:   

“Al Juez de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de Seguridad, que adquiere competencia con la  ejecutoria  del  fallo,  le  está  permitido  pronunciarse  sobre  la  prisión  domiciliaria en los siguientes casos:   

(a)  Cuando  un cambio legislativo varíe  favorablemente  las  circunstancias que fueron consideradas por el fallador para  negarla.   

(b)  Cuando el  asunto no haya sido objeto de decisión en las sentencias.   

Este   ha   sido   el  criterio  de  la  jurisprudencia  de  la  Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,  como  se  desprende,  por  ejemplo, del auto del 2 de marzo del 2005, dentro del  radicado número 23.347.   

(c)  En  los  eventos  previstos  en  el  artículo  461  del  Código  de Procedimiento Penal. La norma dispone que puede  ordenar  la  sustitución  de  la ejecución de la pena, previa caución, en los  mismos  casos  de  la  sustitución  de  la detención preventiva”3.   

Por manera que  no   es   la   Corte  –en sede de casación-  la  instancia  para  alegar la sustitución de la prisión efectiva por prisión  domiciliaria,    pues   la   exclusión   de   aquél   tema   en   la  decisión  no es razón suficiente  para  demostrar  la  ilegalidad  de  la sentencia  de  segunda instancia objeto  del recurso extraordinario de casación.   

Así pues, el Juez de ejecución de penas  podrá   conceder   o   negar   la  sustitución  de  la  medida,  y  contra  la  determinación   del   juez   proceden   los   recursos   ordinarios  (cfr.  Artículos  38 num. 1 y 6, 459, 461 y 34 num. 6 de la Ley  906,  en  concordancia  con  el  artículo 38 de la Ley 599 de 2000).   

De  manera  que,  para  hacer efectivo el  derecho  material  reclamado  por  el libelista, lo procedente es que formule la  solicitud  ante  el  juez  de  ejecución  de  penas  que  es el encargado de la  ejecución     de    la    pena    impuesta    en    la    sentencia;   por  suerte que no se precisa  de  fallo  de casación para los efectos pretendidos por el recurrente.  El  cargo se inadmite.   

3)  Respecto del cuarto cargo.   Violación  indirecta de la Ley sustancial por error de derecho por falso juicio  de  convicción que condujo a la exclusión de la Ley  750  de  2002,  que  contempla la Prisión domiciliaria y el trabajo comunitario  para   la   mujer   cabeza   de   familia   como  sustitutivos  de  la  prisión  efectiva   

Según   la   libelista,   el  Tribunal  “negó valor probatorio  a  los  documentos” que  prueban   que  la  sentenciada  es  madre  cabeza  de  familia,  y  “desconoció      el      valor  probatorio”  de  los  documentos  que  prueban  que uno de los hijos padece enfermedad epiléptica,  pruebas que en sentir de la recurrente dan derecho a la  aplicación de la pena sustitutiva de prisión domiciliaria.   

Propuesta   en   esos   términos   la  impugnación               –además  de lo que ya se       advirtió       en      el      numeral      anterior-         resulta  pertinente  adicionar  que  la  Sala  no  seleccionará  el  reproche  porque  se advierte con nitidez que no se  precisa  del  fallo  para  cumplir  con  alguna  de  las finalidades del recurso  extraordinario.  En efecto:   

3.1.   Es  palmar  que  las  pruebas  en  que se funda la alegación fueron advertidas por  el   sentenciador   pero   no   es   cierto   que  tengan  asignada  una  tarifa  específica,   como  lo  sugiere       el  libelista.   

Esto por cuanto  los  documentos según los cuales la sentenciada es madre cabeza de familia y el  documento  que  prueba  la  enfermedad  epiléptica  de  uno  de  los  hijos  de  DIANA   ELIZABETH   SALCEDO  RODRÍGUEZ  no  implican como contrapartida que el juzgador deba conceder la  medida  sustitutiva, en tanto que las pruebas se aprecian de manera articulada o  en  conjunto  según  lo previsto en el artículo 380 del C. de P.P.;   y en este caso los documentos  referidos  por la demandante (registro civil de uno de los hijos (folio 57), una  constancia  informativa  según  la  cual  la sentenciada asiste periódicamente  como         acudiente        de        Diana        Melissa        González  Salcedo  a  los  servicios  médico  asistenciales por un cuadro epiléptico (folios 54 y 56 / 1), no tienen  asignada     como  contrapartida      probatoria      que    el    sentenciado    se    haga    acreedor    a    algún    sustituto    de    la  prisión    (conc.    Artículos    424   al   434  ib.).   

3.2.  Los  criterios  para conceder o negar la sustitución de la prisión son –de  forma  exclusiva- los previstos  en  el artículo 38 de la Ley 599 de 2000  en  concordancia  con  los  principios  y  funciones  de la pena  privativa  de  la  libertad  previstos  en  los  artículos  3  y 4 ibídem4,  y el juez del conocimiento  o   el  juez  de  ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad  –según  el   caso-   son  los  llamados  a  conceder  o  negar  de  manera  razonada  (motivada)  y  previas  las  garantías  establecidas  en el numeral tercero del  artículo 38.   

Desde esta perspectiva, el cuarto cargo de  la  demanda  se indamite porque el censor no ofreció  ninguna   razón   que   justifique   la  finalidad  perseguida, a la luz del  artículo  180  del  C. de P.P. y porque del contexto argumentativo que presenta  la    impugnación    se    advierte    con   claridad   que   no   se      precisa      de  la  intervención  de  la  Sala de  Casación     para  hacer  efectivo el derecho material que persigue el libelista.   

En consecuencia, a tenor del artículo 184  inc. 2 ib., se inadmite el cuarto cargo de la demanda.   

En virtud de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1)         INADMITIR   la  demanda  de  casación  formulada   por   la  defensora  técnica  de  DIANA  ELIZABETH  SALCEDO RODRÍGUEZ contra la sentencia del  13 de octubre   de   2006  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del       Distrito       Judicial      de      Bogotá.   

2)   Contra  esta  decisión procede  el  recurso  de insistencia a la luz del inciso segundo del artículo 184 del  Código de Procedimiento Penal.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen,   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                  ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ PINZÓN   

                                                                          

MARINA  PULIDO  DE  BARÓN                  JORGE  LUIS QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                         JAVIER   DE   JESUS  ZAPATA  ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria    

1CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala de casación penal, rad. núm.  22289  del  10/08/2006;   Rad. núm. 21283 del 26/01/2006;  Rad. núm.  20785  del  19/01/2006;   Rad. núm. 23892 del 07/02/2006;  Rad. 21620  del 09/02/2006, Rad. núm. 24530 del 16/03/2002, entre otras.   

2Sentencia del 19/10/2006, rad. 25724   

3CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de casación penal Rad. núm.  24530 del 16/03/2006   

4CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  casación penal, auto del  23/03/2006,  rad.  núm.  24927;   en  el  mismo sentido, cfr. Sentencia de  segunda  instancia  del 01/06/2006, rad. núm. 21428;  auto del 03/08/2006,  rad. núm. 25726.     

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