22764(13-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22764  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado  acta  número  55   

Bogotá         D.C.,   trece   de   julio   de   dos  mil  cinco   

          Decide  la Sala lo pertinente con relación a la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  en contra de la sentencia proferida el 15 de  septiembre  de  2003  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, mediante la cual  confirmó  la  del  Juzgado  noveno penal del circuito especializado de la misma  ciudad,  que  declaró  la  extinción  del  derecho de dominio de los bienes de  Olga  Lucía  Caicedo  Rioja,  Elizabeth  Olarte  Villamil y  Julián   Palacio   Lujan.   

ANTECEDENTES  

          1.  La  Fiscalía 29 de la Unidad Nacional  para  la  extinción  del  derecho  de  dominio  y  contra el lavado de activos,  inició  investigación  preliminar  el  día  27  de  julio  de 1998 en orden a  establecer  si  era  viable  proceder  a  iniciar  formalmente  el  trámite  de  extinción  del  derecho  de  dominio  de  los  bienes  de propiedad  de Olga Lucía  Caicedo  Rioja,  Edgar  Bruce  Macmaster  Nuñez, Alba  Ligia   Mac   Allister   Braidy,   Elizabeth   Olarte  Villamil,  José  María Cuenca Silva, Julián Palacio  Lujan   y   Víctor  Manuel  Chavez  Peña (fs., 14 cuaderno 1).   

          2.  El  19  de marzo de 1999, la Fiscalía  ordenó  la  iniciación  oficiosa  del  trámite  de  extinción del derecho de  dominio  respecto  de  los  bienes de propiedad de Olga  Lucía       Caicedo      Rioja,      Elizabeth  Olarte  Villamil y Julián   Palacio  Lujan,  al  tiempo  que  dispuso  inhibirse  con  respecto  a los de propiedad de Alba Ligia Mac Allister  Braidy,  Edgar  Bruce  Macmaster  Nuñez,  Víctor  Manuel  Chavez Peña y José  María Cuenca Silva (fl. 203 cuaderno 1).   

          3.    Esta    última    decisión   fue  oportunamente  apelada  por  el  apoderado  de Julián  Palacio  Lujan  y  confirmada  en su integridad por la  Fiscalía  delegada  ante  el  Tribunal  superior  (fl.  4 cuaderno 1 de segunda  instancia).   

          4.  Mediante providencia del 10 de octubre  de  2002,  la  Fiscalía declaró la procedencia de la acción de extinción del  derecho   de   dominio   sobre   los   bienes   de   propiedad  de  Olga  Lucía  Caicedo  Rioja, Elizabeth  Olarte  Villamil y Julián Palacio Lujan.   

          5.  El  Juzgado  noveno penal del circuito  especializado  de  Bogotá, a  través    de    la    sentencia   del   30  de  abril de 2003, declaró la extinción del derecho de dominio  sobre  los bienes detallados en el numeral primero de la decisión indicada y de  propiedad  de  Olga  Lucía  Caicedo Rioja,  Elizabeth  Olarte  Villamil   y   Julián  Palacio  Lujan.   

          6.   El  Tribunal  Superior  del  distrito  judicial  de  Bogotá,  mediante  providencia  del  15  de  septiembre  de 2003,  confirmó  la  decisión,  modificándola  en  el  sentido de señalar que “la  extinción  del  derecho  de  dominio  de  los  predios  identificados  con  las  matrículas  inmobiliarias números 37819390 y 37874717  es  en proporción a los derechos que sobre los mismos  tiene     la    señora    Olga    Lucía    Caicedo  Rioja.   

7.   Contra  esta  decisión   los  apoderados  de  Olga  Lucía  Caicedo  Rioja,  Julián Palacio Lujan  y    Elizabeth    Olarte  Villamil,  interpusieron  y  sustentaron  el  recurso  extraordinario de casación.   

DEMANDAS     DE  CASACION   

          1.   Demanda  formulada  a  nombre  de  Olga  Lucía  Caicedo  Rioja  y    Julián    Palacio  Lujan.   

          1.1.  Cuestión  previa. En ella se indica  que  debe  definirse  previamente  si  procede el recurso de casación contra la  sentencia  que  se  impugna. Al respecto se afirma que debe ser reconsiderado el  punto  de vista que la niega, pues teniendo en cuenta las características de la  acción,  la  competencia  para  su  ejercicio  y  la  reserva judicial a que su  declaratoria  queda  sometida, no existe otra posibilidad que admitir este medio  de  impugnación  para  afianzar el sentido constitucional del derecho al debido  proceso, del cual la casación es inescindible.   

          Esta  opinión  parte  de aceptar que el Constituyente no delegó en  ninguna  autoridad  inferior la configuración del contenido del debido proceso,  razón  por  la cual es contrario a la Carta Política cualquier restricción al  derecho  de  impugnación,  como  lo  sostuvo  la  misma Corte Constitucional al  declarar la exequibilidad condicionada de la ley 793 de 2002.   

          La   “integración   del   recurso  de  casación  con  el  debido  proceso”  es  algo que a juicio del demandante no admite discusión, pues como  medio  de  impugnación pertenece al núcleo básico de ese derecho fundamental.  En  consecuencia,  al  restringir  la  posibilidad  de  recurrir la sentencia de  segunda  instancia  se  niega la garantía del debido proceso a cuya efectividad  la  casación  concurre.  Luego, entonces, “la interpretación que se aviene a  la  carta  Política será la que le de cabida al recurso extraordinario y no la  que lo excluya.”   

          Ahora,  si  la casación es un juicio a la actividad del tribunal de  segunda  instancia en la declaración del derecho y al respecto a las garantías  fundamentales,   de   allí   emergen  razones  adicionales  para  constatar  la  integración  al  debido  proceso constitucional, el “mismo que a juicio de la  Corte  no es disponible por el legislador en ejercicio de la facultad para darle  desarrollo y reglamentación.”   

          De  otra  parte,  los  fines  de  la casación explican por qué las  sentencias  de  extinción  de dominio no pueden quedar por fuera de ese tipo de  control,  en  el  entendido que mas allá del interés de la parte, la casación  busca  la  correcta  aplicación  del derecho sustancial y la unificación de la  jurisprudencia   en  procura  de  unidad  de  criterio  al  resolver  los  temas  judiciales.  Por lo tanto, cabe preguntarse, si un proceso como el de extinción  de  dominio,  por  sus  singularidades,  puede  ser  sustraído  del  juicio  de  casación  y  si  no  se  resiente  el  sistema  constitucional  con ese tipo de  decisiones.   

          Pensar  que  la  casación no procede contra este tipo de decisiones  es  tanto  como comprometer el concepto mismo de debido proceso constitucional y  excluir  al máximo tribunal de la justicia ordinaria del deber de construir una  jurisprudencia  uniforme  sobre  la extinción del derecho de dominio de bienes,  todo  lo  cual  solo  sería  posible de definirse en ese sentido a partir de un  indebido  entendimiento  del  fallo  de  exequibilidad de la ley que regula esos  temas.   

          Podría   objetarse   a   todo   ello   que   en   la  sentencia  de  constitucionalidad  no  se  menciona  el recurso extraordinario, pero si se hace  alusión  a  que  el núcleo esencial del debido proceso no es disponible por el  legislador y la casación forma parte de la esencia de él.   

          Por  lo  demás,  la  misma  ley  793  autoriza la procedencia de la  casación,  como se deduce de la interpretación que la Corte hace de ella en la  sentencia  de  constitucionalidad,  al  indicar como el artículo 7 de ese texto  legal  reenvía  a  las disposiciones del código de procedimiento civil y penal  para llenar los vacíos que en aquella se presenten.   

          Pero  también  hay  que  consentir  que  no es con fundamento en la  naturaleza  de  la  acción como se ha de argumentar en contra de la posibilidad  de  acudir  en  casación,  pues  esta  está  mas vinculada con el principio de  reserva,  identificada  como  un juicio a los jueces y no como una instancia mas  del  proceso en particular. Entonces, si la casación responde a este fundamento  en  la  generalidad,  cuál  la  razón  para  sostener  que  no  procede contra  decisiones vinculadas con la extinción del derecho de dominio.   

          Por  todo  ello  y por los fines institucionales a los cuales sirve,  el recurso es procedente.   

          2.  Demanda  de  casación  presentada  a nombre de Elizabeth Olarte  Villamil.   

          2.1.   Cuestión  previa.  Al  definir  si  procede  o  no  el recurso extraordinario de casación contra sentencias como la  que  se  controvierte,  el  demandante  advierte que la tesis de la Sala ha sido  adversa   a  esa  posibilidad.  Sin  embargo,  la  jurisprudencia  de  la  Corte  constitucional  se  extrae  la  tesis  contraria.  En  efecto, de las sentencias  relacionadas  con  el  juicio de exequibilidad de las leyes 333 de 1996 y 793 de  20021  se deduce que la casación es parte fundamental del componente del  debido  proceso,  de  manera que limitar su procedencia es tanto como restringir  las  garantías  constitucionales al debido proceso y a la defensa y en concreto  la  posibilidad  de  controvertir  las  decisiones  de un juez especializado que  conforma  y  es  parte  del  sistema  penal.  En  lo  demás, los argumentos son  sustancialmente  idénticos  a  los de la demanda presentada por el apoderado de  Caicedo  Rioja y Julián Palacio Lujan.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          El  artículo  29  de  la  Constitución Política consagra, como no  podía  ser  de  otra  manera,  el  derecho  fundamental  al debido proceso y lo  edifica  sobre  la base de que el conflicto debe ser decidido por un juez creado  previamente  al acto que se imputa, observando las formas propias de cada juicio  –  cuando  de  materias  penales  se  trata  -,  para lo cual es esencial que se  garantice  la  posibilidad  de  presentar  pruebas  y  controvertir  las  que se  alleguen  en  su  contra,  impugnar la sentencia condenatoria y a no ser juzgado  dos  veces  por  el  mismo hecho. El núcleo del derecho al debido proceso gira,  entonces,  en  derredor  de las garantías penales y procesales que a la hora de  ahora ningún estado civilizado podría desconocer.   

          Este  tipo  de garantías, pero entre ellas las de allegar pruebas y  controvertirlas  y  de impugnar las decisiones adversas, como manifestación del  derecho  de  defensa,  no son patrimonio exclusivo del derecho penal, sino de la  totalidad  del  sistema procesal, como se infiere de la exigencia según la cual  el   debido   proceso   se   aplica   a   todas  las  actuaciones  judiciales  y  administrativas.   Y   todas   son   todas.   Las   civiles,  las  penales,  las  administrativas  y laborales. Por ello, el núcleo esencial del derecho (teoría  que  permite  ponderar  y  estimar  niveles  de  afectación) debe respetar como  mínimo  el  modelo  de  Juez  natural,  la  posibilidad  de  allegar  pruebas y  controvertirlas  y  la  de  impugnar  las  decisiones  adversas,  como  forma de  materializar  el  derecho  de  defensa.  Sin  embargo,  ello no significa que la  posibilidad  de  controvertir  la decisión a través del recurso extraordinario  de  casación  sea  en sí mismo un presupuesto de validez del concepto material  del  derecho  al  debido  proceso,  como  lo expresan los demandantes, pues esta  última  fase  de  controversia  no  es,  para  decirlo  con  la tesis por ellos  utilizada,   parte   esencial   del  núcleo  del  derecho  al  debido  proceso.  2   

          Adviértase  que  la  pretensión de los recurrentes, consistente en  fundar  la  procedencia  del  recurso  extraordinario  contra las sentencias que  declaran  la  extinción  del  derecho de dominio a partir del concepto material  del  derecho  al  debido  proceso,  sin  consideración  a  la  naturaleza de la  acción,   no   tienen   la   capacidad   de  persuadir  a  la  Sala,  pues  las  características  del derecho que se discute y  la acción que determina su  extinción  son  indispensables para entender la capacidad de configuración del  legislador   en   esa   materia.  En  efecto,  sobre  esta  temática  la  Corte  Constitucional expresó lo siguiente:   

“…la acción de extinción de dominio no  fue   asumida  por  el  constituyente  como  una  pena  sino  como  una  acción  constitucional  pública,  jurisdiccional,  autónoma,  directa  y  expresamente  regulada  por  el  constituyente  y su ubicación en el artículo 34 superior se  explica  en razón de la estrecha relación existente entre ella y el derecho de  propiedad.   En  tal  virtud,  la  naturaleza y el alcance de la acción de  extinción  de  dominio  no  debe determinarse en el contexto del poder punitivo  del Estado…”   

“…Existen varias razones que explican la  tendencia  a  negarle  a la acción de extinción de dominio el carácter de una  institución   directamente  relacionada  con  el  régimen  constitucional  del  derecho  de propiedad y a asignarle la índole de una pena ligada a la comisión  de  un  delito  y  requerida,  como presupuesto de procedibilidad, de una previa  declaratoria  de  responsabilidad  penal.   De  un lado, en la legislación  penal,  aún  antes de 1991, se consagraron mecanismos de extinción del dominio  adquirido  mediante la comisión de conductas punibles.  Por otra parte, en  la    regulación    legal    de   esa   figura   constitucional,   las  causales  de la extinción de dominio se han circunscrito a la  comisión   de  conductas  que  han  sido  definidas  como  punibles.   Y, para concluir, la competencia  para  conocer  de  ella  se  ha radicado en funcionarios del sistema penal, como  fiscales   y   jueces   penales,  por  ejemplo.   No  obstante,  ninguna de estas razones puede alterar  la  índole  constitucional  de  la acción de extinción de dominio…”   

Luego indicó:  

“…Finalmente,  la decisión legislativa  de   atribuir  el  conocimiento  de  la  acción  de  extinción  de  dominio  a  funcionarios  de la justicia penal y no a otros, la justicia civil, por ejemplo,  no  tiene  la  virtualidad  de  mutar  el  carácter  que  a esa institución le  imprimió  el  constituyente.   De  un  lado,  porque en la Carta no existe  prohibición  alguna  en  ese  sentido,  ni  indica  tampoco  el  ámbito  de la  jurisdicción  que  ha  de  conocer  de  la  institución.   De  otro,  tal  decisión  legislativa  es  consecuente  con  la  sujeción  que  se hizo de las  causales  de  viabilidad  de  la  acción  a  conductas  constitutivas  de tipos  penales.   Finalmente,  lo  único  que la Carta  impone  en  relación  con  la  acción  de extinción de dominio es una reserva  judicial  para  su  declaración y este mandato no se  irrespeta  con  la radicación de la competencia en jueces que hacen parte de la  jurisdicción         penal.”         3   

  De manera que si el poder  de  configuración  del  legislador  está por fuera de toda duda en cuanto a la  competencia  para  establecer  la  procedencia  de  la acción y el método para  hacerla  efectiva,  y  si  por  ello  en  el  artículo 13 de la ley 793 de 2002  estipuló  que contra aquellas decisiones solo procede el recurso de apelación,  entonces  el  debido  proceso  se  respetó  preservando  el acceso a la segunda  instancia, como en efecto se hizo.    

  Ahora, que sea importante  que  la  Corte  se  pronuncie  con  respecto  a  esos  temas  y  que unifique la  jurisprudencia,  son  razones  de  lege  ferenda  que  le corresponde estimar al  legislador  en el marco de su capacidad de configuración legislativa y que como  tales  no  pueden  ser aceptadas como fundamento para admitir un recurso a todas  luces     inviable.4   

          Véase  además  que tanto el derecho que se afecta con la decisión  (propiedad),  como  la  naturaleza  de  la  acción  (constitucional,  pública,  autónoma,  real  e  independiente),  y  el  método  a través del cual se hace  efectiva  la extinción del derecho de dominio, tienen una relación íntima que  no  puede  ser soslayada, al punto que el derecho al debido proceso se garantiza  de  acuerdo  precisamente a la estirpe civil de la acción y no por fuera de esa  consideración.   

          Es  claro,  entonces,  que  la  ley  793  de  2002  no  consagró la  casación  como  medio  de  impugnación  contra  las sentencias que decretan la  extinción  del  derecho de dominio y que el artículo 212 de la ley 600 de 2000  tampoco  las  incluye,  de  modo  que  la  Corte  inadmitirá  la demanda que al  respecto  se  ha  presentado, sin considerar, por las razones anteriores, si los  cargos fueron o no correctamente formulados.   

En consecuencia, LA  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA,    SALA    DE   CASACION   PENAL,   

RESUELVE   

          Inadmitir  las  demandas  de casación presentada por los apoderados  de  Olga Lucía Caicedo Rioja,  Elizabeth  Olarte  Villamil y  Julián        Palacio        Lujan.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Cópiese,  Notifíquese  y  devuélvase  al  tribunal de origen.   

MARINA   PULIDO   DE  BARON   

SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ     HERMAN GALAN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO           EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO   

ALVARO        O.        PÉREZ  PINZON                      JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cita  las  sentencias  C  176  de  1994,  C  374  de  1997,  C  107 de 2002 y C 740 de  2003   

2  Cfr,  sentencia  1046  de  2001,  en la cual la Corte  Constitucional  expresó  lo  siguiente:  “En  materia  de  casación la regla  general  es  la improcedencia del recurso; la excepción, su procedencia, en los  casos  previstos  en  la  ley. Por ello, la ley puede establecer requisitos más  severos  para  acceder  a  este recurso, e incluso para que pueda prosperar, sin  que  ello  signifique que, por ese solo hecho, haya una restricción al acceso a  la  justicia,  ya  que   para  dirimir  los  conflictos  y  solucionar  los  problemas  planteados  en  los distintos casos concretos, el ordenamiento prevé  el trámite de las instancias.   

3   Corte   Constitucional,   Sentencia   C   740   de  2003,  M.P.  Jaime  Córdoba  Triviño    

4  La  Corte  sistemáticamente  ha  señalado  que  el recurso de casación no procede  contra  sentencias de segunda instancia proferidas con razón de la declaración  de  extinción  de  dominio.  Cfr,  entre  otras,  auto  del 14 de mayo de 2002,  radicado 17742, M.P. Herman Galán Castellanos.     

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