23820(11-10-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23820  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N°78  

Bogotá,  D.  C., once (11) de octubre de dos  mil cinco (2005)   

ASUNTO  

A  fin  de  establecer  si se satisfacen las  exigencias  señaladas  en el artículo 212 del estatuto procesal penal, examina  la  Sala  la  demanda  de  casación presentada por la defensora de CLARA   INES  SEGURA  HERRERA,  contra  la  sentencia   de   segunda   instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  el  18 de noviembre de 2004, por cuyo conducto se confirmó la del  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Fusagasugá del 18 de febrero del mismo  año,  que condenó a la procesada a la pena de cincuenta y cuatro (54) años de  prisión  y  multa de tres (3.000) mil pesos, como autora penalmente responsable  del  delito  de  falsedad  material  en  documento público en concurso material  heterogéneo  con  fraude  procesal  y  estafa  agravada  en grado de tentativa.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

El  17  de  noviembre  de  1999 PEDRO  PABLO ARIAS AMOROCHO tomó un seguro  de  vida  con  la  Aseguradora  Mapfre S.A.  en  la  ciudad  de  Madrid,  España,  a  través del cual amparó  cualquier  siniestro  en  el que perdiera la vida JENNY  JOHANNA  ARIAS  AMOROCHO,  con  vigencia  de  un  año  contado  a  partir  del  30  de  noviembre  de  1999 y por un valor asegurado de  cuarenta  millones  de Euros. Como beneficiarios de la póliza se señaló a los  hijos  de  la  asegurada  MAIKEN ALEXANDRO y    SANDRA   JOHANNA   SAAVEDRA   ARIAS,  ambos       mayores      de      edad.   

A  mediados  de  2000, los beneficiarios del  seguro  presentaron  reclamación alegando el fallecimiento de su señora madre,  para  lo cual allegaron, entre otros documentos, el certificado de defunción de  la  asegurada  y  certificación expedida por la Fiscalía General de la Nación  en  que  se  hizo  constar la existencia de la investigación preliminar 8243 en  averiguación  de  responsables,  con  ocasión  a  la  muerte  de  JENNY  JOHANNA  ARIAS  AMOROCHO, por hechos  ocurridos  el  4  de  marzo  de 2000 en la vía que de la población de Silvania  conduce   a   Fusagasugá,   como   consecuencia   del  atropellamiento  de  que  supuestamente fue víctima por un vehículo que huyó del lugar.   

Ante  las  gestiones  adelantadas  por  la  aseguradora  para constatar el siniestro, se pudo establecer que el accidente de  tránsito  no  tuvo  real ocurrencia, de suerte que los reclamantes se sirvieron  de documentos falsos para elevar su solicitud.   

Particularmente  se  estableció  que  fue  materialmente  falsificada  el  acta  de  levantamiento  de  cadáver  031 de la  Fiscalía   Primera   Seccional   de   Fusagasuga,   utilizando   para  ello  la  correspondiente  a una diligencia anterior practicada por la funcionaria en cita  sobre  la  cual  se  sobreescribieron  los  datos  de la occisa, fecha y número  consecutivo.  Igualmente  se  determinó  la  falsedad de la necrodactilia y del  oficio  057  del  8  de  marzo  de  2000  a  través  del cual se solicitó a la  Registraduría  Municipal  del  Estado  Civil  de  Silvania  la  anotación  del  fallecimiento,   documentos  que  introducidos  a  la  Unidad  de  Fiscalía  de  Fusagasuga,  aparecieron  registrados en los libros radicadores por CLARA  INES  SEGURA  HERRERA, quien además  gestionó  la consecución de sendas certificaciones en las que se dio cuenta de  la    existencia    de    las    diligencias    iniciadas    con   ocasión   al  fallecimiento.   

Igualmente  se  determinó que el oficio que  sirvió  de  base  para expedir el certificado de defunción no fue el mismo que  apareció    en   la   Fiscalía,   sino   uno   que   suscribió   EDUARDO  VARELA  SALAZAR miembro del Cuerpo  Técnico  de  Investigaciones  de  Fusagasugá  y que la consecución del citado  documento  fue directamente requerida por JORGE ELIECER  TORRES,  secretario del Juzgado Promiscuo Municipal de  Silvania.   

2.  El 8 de mayo de 2000 la Fiscalía Quinta  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  Fusagasugá  dispuso la  apertura   de   investigación   y   ordenó  la  vinculación  de  MAIKEN  ALEXANDER  SAAVEDRA  ARIAS,  JENNY  JOHANNA  ARIAS  AMOROCHO  y   MARTIN  ALONSO  MUÑOZ  BUITRAGO,  abogado  que inició proceso de sucesión y  gestionó  ante  la  Fiscalía la consecución de los documentos necesarios para  ello   y,  posteriormente,  se  vinculó  mediante  indagatoria  a  CLARA  INES  SEGURA HERRERA, empleada de la  Unidad  de  Fiscalía  de  Fusagasugá,  EDUARDO VARELA  SALAZAR miembro del Cuerpo Técnico de Investigaciones  de  la  misma  sede  y JORGE ELIECER TORRES,     secretario     del     Juzgado    Promiscuo    Municipal    de  Silvania.   

El  6  de  junio  de  2000,  se resolvió la  situación    jurídica    de   CLARA   INES   SEGURA  HERRERA,   EDUARDO  VARELA  SALAZAR,   JORGE   ELIECER   TORRES   y  MARTIN        ALONSO       MUÑOZ       BUITRAGO,       imponiéndoles  medida de aseguramiento de detención preventiva por  los  delitos  de  falsedad material de particular en documento público agravada  por  el  uso en concurso homogéneo, fraude procesal y estafa en la modalidad de  tentativa.   

Producido   el   cierre   parcial   de  la  investigación   respecto   de   CLARA   INES  SEGURA  HERRERA,   EDUARDO  VARELA  SALAZAR,   JORGE   ELIECER   TORRES   y  MARTIN   ALONSO   MUÑOZ   BUITRAGO,  por  providencia  del  4  de  octubre  de 2000 se calificó el mérito probatorio del  sumario  con  resolución  de  acusación,  atribuyéndoles  la  autoría de los  delitos  de  falsedad  material  de  empleado  oficial en documento público, en  concurso  con  fraude  procesal y estafa, recogidos en los artículos 218, 182 y  356  del  Decreto  Ley 100 de 1980, vigente para la época en que sucedieron los  hechos,  acusación  que  impugnada  fue  confirmada  por  la Unidad de Fiscales  Delegados ante el Tribunal de Cundinamarca.   

3.  La  etapa  del juicio estuvo a cargo del  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de Fusagasugá que en la oprtunidad legal  convocó  y  celebró audiencias preparatoria y de juzgamiento, en cuyo trámite  la   Fiscalía  introdujo  variación  de  la  calificación  jurídica,  a  fin  adicionando  al  pliego  acusatorio  la  agravante  por  razón  de  la cuantía  respecto   del   delito  de  estafa  imputado  a  los  procesados  en  grado  de  tentativa.   

El  18  de  febrero  de  2004,  el  despacho  judicial  en  cita   profirió  sentencia  de  primera  instancia, por cuya  virtud   condenó   a   CLARA   INES  SEGURA  HERRERA  y    EDUARDO    VARELA  SALAZAR  a la pena de cincuenta y cuatro (54) meses de  prisión  y  multa  de  tres  mil  (3.000)  pesos, como autores de las conductas  punibles reseñadas en la resolución de acusación.    

No  obstante,  en  lo relativo a la conducta  atentoria  contra  la  fe  pública y por virtud del principio de favorabilidad,  optó  el sentenciador por aplicar el dispositivo penal descrito en el artículo  287  de  la Ley 599 de 2000, que recogió sin modificaciones la antes denominada  “falsedad  material  de  empleado oficial en documento  público”,   hoy  “falsedad  material  en  documento  público”,  en tanto la nueva  codificación  disminuyó  el  extremo punitivo máximo que pasó de diez (10) a  seis  (6)  años  de  prisión.  En cambió, se acogió la derogada legislación  sustantiva  en  cuanto a las conductas punibles de estafa y fraude procesal, por  resultar  punitivamente  más favorables. En tal virtud, se condenó a los antes  mencionados,   

Por su parte, JORGE  ELIECER  TORRES  fue hallado responsable del delito de  falsedad  material en documento público en calidad de cómplice y sentenciado a  la  pena  de  veintisiete  (27)  meses  de  prisión,  mientras que MARTIN  ALONSO MUÑOZ BUITRAGO fue absuelto  de todo cargo.   

Apelado   el   fallo  por  los  procesados  CLARA  INES  SEGURA  HERRERA,  EDUARDO  VARELA SALAZAR  y     JORGE    ELIECER  TORRES,  el Tribunal Superior de Cundinamarca mediante  sentencia  del  18  de  noviembre  de  2004 le impartió confirmación integral.   

LA DEMANDA  

Al  amparo de las causales primera y tercera  de  casación,  la defensora de la procesada CLARA INES  SEGURA  HERRERA formula dos cargos contra la sentencia  de segunda instancia.   

El           primero  por  violación directa de la ley  sustancial  “en virtud de ostensible y manifiesto error  en  la selección de la norma, lo que determinó la falta de adecuación típica  de  los  hechos  condicionantes del precepto con consecuencias jurídicas que se  atribuyen   indebidamente   al  caso  concreto.”    

Enunciado   lo   anterior,  manifiesta  la  recurrente  que  en  la  sentencia  se señaló a CLARA  INES  SEGURA  HERRERA  como  autora  de los delitos de  falsedad  material  en  documento  público  en concurso heterogéneo con fraude  procesal  y  estafa  en grado de tentativa, por haber participado en una empresa  criminal  dirigida  a  la obtención del pago de un seguro de vida y a adelantar  un   proceso   sucesoral,   para   lo   cual   fueron   falsificados  múltiples  documentos.   

Consigna  la  censora  en la demanda, que la  falsedad  material  en  documento  público  fue atribuida a la procesada porque  como  empleada  de la Unidad de Fiscalía conocía los trámites internos. Luego  de  la  transcripción  de  apartes  del  fallo,  manifiesta que “En   el  caso  sub  examine,  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  incurrió  en  graves  juicios de interpretación de la norma, pues se le dio un  alcance  al  artículo 288 del Código Penal que no trae y procedió a sancionar  con ese criterio errado.”   

En  tal  sentido  enfatiza  que   los  documentos   públicos   falsos  fueron  creados  por  servidores  públicos  en  ejercicio  de  sus  funciones,  limitándose CLARA INES  SEGURA  HERRERA   a  cumplir  órdenes impartidas  primero  por el fiscal 7º seccional a quien le proyecta una resolución para su  firma  y  luego,  copiando  la  que  le dicta su jefe, el fiscal 5º de la misma  unidad,  comportamientos  que no son sancionados por el artículo 288, pues ella  no  tiene facultades legales para dictar resoluciones o expedir certificaciones,  atribución  exclusiva  de  los  fiscales,  quienes  tuvieron  a  su  vista  los  documentos  que  servían  de  base  a  las certificaciones por ellos ordenadas,  debiendo  en  tal  virtud  revisarlos para determinar si con fundamento en ellos  debían  ordenar  o  no su expedición, por lo que estima que el Tribunal le dio  un  alcance  a  la norma que no tiene, porque debió sancionarla sólo sí CLARA  INES  SEGURA HERRERA hubiera dictado la resolución ordenando la certificación,  firmándola,  por  lo  que  no  podía  adecuarse  su  conducta la tipo penal de  falsedad para obtener documento público falso.   

En  cuanto  al  delito  de  fraude procesal,  menciona  que habiéndose tipificado esta conducta con ocasión de la inducción  en  error  al  juez  civil  ante  el  cual  se  inició  juicio de sucesión, la  culpabilidad  se  presenta  única  y  exclusivamente  en  cabeza del fiscal 5º  seccional  de  Fusagasugá que expidió la constancia y del abogado MUÑOZ  BUITRAGO  que la presentó, con el  fin  de  iniciar el referido proceso; CLARA INES SEGURA  HERRERA,  ni  otorgó el poder, ni se hizo parte en el  juicio  de  sucesión, razón por la cual el Tribunal le dio a la norma aplicada  un  alcance  que  no  tiene,  haciéndola  producir  efectos ante un hecho   inexistente.   

Finalmente, en cuanto al delito de estafa la  impugnante  razona  de  manera  similar,  indicando  que  como  este  delito  se  atribuyó  por  los  artificios  desplegados  en  orden  a reclamar el valor del  seguro    de   vida   previamente   constituido   a   nombre   de   JENNY  JOHANNA ARIAS AMOROCHO, conducta que  dice  sólo  es imputable a quien se presentó ante la aseguradora a efectuar la  reclamación,   no  a  CLARA  INES  SEGURA  quien  no  figura  interviniendo  en  ello,  razón  por  la  cual  considera    que   “ante   semejante   evidencia   de  inexistencia  del  delito  se  imponía  la absolución por atipicidad del hecho  investigado.”.   

          En   otro   capítulo,   la   demandante   formula  un  segundo       cargo      contra  el fallo del Tribunal, con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  casación. Al respecto  empieza  por  señalar  que  la Fiscal 1° de Reacción Inmediata de Fusagasugá  fue  quien  firmó  el acta de levantamiento en que se hizo constar el deceso de  JENNY JOHANNA ARIAS AMOROCHO,  así  como  el  oficio  solicitando  se  expidiera  el  registro  de  defunción  respectivo,  al  paso que fue ella quien introdujo a la Fiscalía los documentos  falsos,  de  suerte que “se ha debido vincular mediante  indagatoria por los delitos que consumó”.   

A  su  turno,  menciona que el Fiscal 5° de  Fusagasugá,  con  base  en los documentos que firmó la Fiscal 1° de Reacción  Inmediata,   expidió   la  constancia  demandada  por  el  señor  SAAVEDRA,  anotando  allí  una  serie  de  circunstancias  que  no  venían  solicitadas,  como la mención al lugar de los  hechos,   que  el homicidio lo perpetró un “carro  fantasma”,  todo lo cual determina su marcado interés  en que se pagara el seguro, de manera que,   

“Al ser descubierto  aprovecha  que  era  el  Jefe  de  la Unidad y se adjudica las diligencias, abre  investigación  contra  el abogado, los beneficiarios y posteriormente contra la  señora  CLARA  INES  SEGURA,  instruye  el  proceso,  siendo  él  el autor del  delito”.   

Con fundamento en lo anterior concluye que la  apertura  de  investigación, el decreto de pruebas y su práctica son ilegales,  por  tanto  contravienen  el  debido  proceso, porque el Fiscal 5° Seccional de  Fusagasugá  no  era  competente  para  abrir  la  investigación,  por  ser  el  “autor  material de la falsedad que investigó y se la  imputó  a  mi  representada”,  agregando que de   haber  sido  vinculados todos los sujetos activos del delito, “”en   este  caso,  la  Dra.  TABARES,  el  Dr.  MEJIA  y  los  demás  sindicados,  la investigación que se hubiese realizado en aras de establecer la  verdad,  habría  sido  la  absolución  de  mi  clienta, en el nuevo juicio. “.   

          Seguidamente  manifiesta  que la procesada fue privada del derecho a  tener  un  defensor, toda vez que cuando se remitió el proceso al Juzgado Penal  del  Circuito  de  Fusagasugá  y en momentos en que se surtía el traslado para  postular   nulidades   y   solicitar   pruebas,  el  defensor  de  confianza  de  CLARA  INES  SEGURA renunció  al  poder y el nuevo defensor se posesionó después de vencido ese término, lo  que  motivó  que  la  defensa  técnica  no  tuviera la oportunidad de demandar  pruebas,  solicitar  nulidades  y menos de preparar la audiencia. En tal medida,  la  ausencia  de defensor entre el 13 de febrero y el 5 de marzo de 2001, debió  conducir  al  Tribunal  a  decretar la nulidad. Si así hubiera sido, la defensa  habría  podido  debatir que los documentos fueron creados por los Fiscales y no  por la Señora SEGURA.   

          Finaliza  el  cargo  solicitando se decrete la nulidad de lo actuado  desde la apertura de la investigación.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         Como  viene de reseñarse la demandante presentó dos cargos contra  el  fallo  del  Tribunal  por  vía  de  las  causales primera y tercera, lo que  ab   initio  determina  el  desconocimiento  del principio de prioridad que gobierna la técnica casacional,  conforme  al  cual  cuando  son  varias  las  causales a partir de las cuales se  propone  el  ataque  contra  el fallo, es deber del casacionista presentarlas en  orden  lógico  seleccionando como principal la que posee mayor alcance, en este  caso  la nulidad, pues es de entenderse que de prosperar obligaría a retrotraer  lo  actuado  a  un  estadio  anterior a la sentencia y, por ello, ningún objeto  tendría  abordar  el  estudio  de  los  yerros  de  los  que  se  acusa  a  los  falladores.   

          A  su  turno, la demanda también contraviene otro de los principios  que  rigen el recurso, relativo a la prohibición de formular cargos excluyentes  salvo  que  éstos  se  presenten  de  manera subsidiaria, previsión que no fue  tenida  en  cuenta  por  la  actora,  en  tanto  formuló  los  dos  cargos como  principales  y,  con  ello,  elevó  en  igualdad  de condiciones dos peticiones  incompatibles:  de una parte que se case la sentencia y se dicte en su reemplazo  fallo  absolutorio  y,  simultáneamente, que se decrete la nulidad del trámite  desde  la  apertura  misma  de la investigación. La contradicción es evidente,  por  cuanto la primera petición supone la conformidad con el trámite procesal,  al paso que la segunda niega tal supuesto.   

De  igual  manera,  en  lo  que  atañe  al  desarrollo  del  primer cargo  se  advierten  falencias insalvables, particularmente por ausencia de precisión  y claridad  en su desarrollo.   

En efecto, la casacionista debió dirigir sus  esfuerzos  argumentativos a demostrar que la ley sustancial se dejó de aplicar,  se  aplicó  indebidamente o se interpretó de manera errónea, precisando cuál  fue  la  norma  sobre  la  cual  recayó el yerro, procediendo a continuación a  demostrarlo  propiciando  un  debate  eminentemente   jurídico  o  de puro  derecho,  que exige como punto de partida la aceptación de la realidad fáctica  definida en las instancias e inmodificable dentro del proceso.   

No  obstante,  estos presupuesto básicos no  fueron  atendidos  por  la  censora,  no  sólo  porque  no  precisó las normas  sustanciales  violadas,  ni  el  sentido  del  yerro,  sino fundamentalmente por  cuanto  no se atuvo a las circunstancias fácticas que se dieron por probadas en  el proceso.   

Sobre el último aspecto, baste señalar que  la  actora  a fin de desarrollar el cargo, se sirve exclusivamente de los hechos  indicadores  puntualizados  en  la  sentencia  y  no  así de los indicados, que  fueron  su  fundamento  último, afianzando la censura en una realidad que dista  diametralmente  de  lo  que  se  declaró  probada en el proceso, con lo cual se  advierte  cómo  el debate propuesto no es ya de puro derecho, como se pretende.   

Así,  marginados  como  fueron  los  hechos  indicados  base  de  la declaratoria de responsabilidad, se ensaya en la demanda  una  nueva  lectura  de  las  circunstancias indicantes, a las que se resta toda  consecuencia  en  abierta  oposición  con la forma en que fueron apreciadas por  los  falladores,  con evidente abandono de la argumentación propia de la causal  escogida para atacar el fallo.   

En suma, la casacionista elude la referencia  a   la   situación   fáctica   asumida   por  el  ad  quem   y   a   su  capricho  procede  a  realizar  la  ponderación  exclusiva  de los hechos que sirvieron de punto de partida para la  construcción  de  la  prueba  indiciaria  en  que  se apoyó la declaratoria de  responsabilidad  penal,  invocando  la  atipicidad  de  la conducta porque en su  criterio  CLARA INES SEGURA no  expidió  las  constancias  falsas  en la medida que sólo desempeñaba un cargo  asistencial,  ni  presentó la demanda para dar inicio al juicio de sucesión de  la  supuesta  fallecida,  ni  intervino  en la reclamación del seguro, proceder  inadmisible  en  punto  de  la  especie  de  la  causal  invocada,  esto  es, la  violación  directa  de la ley sustancial y que no deja a la Sala camino diverso  a seguir que inadmitir las censuras.   

Por    su    parte,    el   segundo   cargo   no  ofrece  tampoco  un  adecuado desarrollo.   

En  tal  sentido,  pese a que son varios los  motivos  de  nulidad alegados, no se establece en la demanda un orden lógico en  su  postulación,  empezando  por  presentar el que conllevaría a retrotraer la  actuación  en  mayor  grado,  aun  más,  para  todos  los vicios anunciados se  pretende  la  anulación  desde el inicio mismo de la investigación, sin que se  acometa   la   explicación   debida   de   por   qué   razón   se  eleva  tal  solicitud.   

A  su vez, aunque tiene dicho la Sala que la  demostración  de la causal tercera de casación suele ser menos compleja que la  acreditación  de  las  otras  causales,  en  todo  caso es deber del demandante  precisar  claramente  la  especie  de  incorrección sustantiva que determina la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos y las normas que estima conculcadas,  con  la  indicación  de  los  motivos  de su quebranto, exigencias todas que se  obvian  en  la  medida  en  que  la demandante, a partir de conclusiones propias  sobre  quiénes  son  los  “verdaderos”  autores  de  los delitos imputados a la  procesada,  asume su no vinculación como vicio de estructura con capacidad para  afectar  el  debido proceso, sin ofrecer mayores argumentos sobre el sentido del  quebranto  y,  por  sobre  todo, sin acreditar su eventual trascendencia, la que  escuetamente  liga  a  que  de  haber  sido vinculados los verdaderos autores se  habría absuelto a su defendida.   

De  similar  manera,  la  demandante liga al  mismo  supuesto  de  hecho  la  incompetencia  del  funcionario  que  inició la  instrucción,  en  cuanto  considera  que  debió  ser quien respondiera por los  delitos   investigados,   ofreciendo  sobre  el  particular  una  argumentación  puramente  especulativa  sobre el marcado interés que presuntamente le asistió  en   el  pago  del  seguro,  aspecto  que  no  se  ve  de  qué  manera  pudiera  constituir   el  motivo de nulidad invocado, a cuya demostración no dirige  de manera alguna su argumentación.   

Finalmente,  la  actora invoca quebranto del  derecho  de  defensa  por  la ausencia temporal de defensor, pero al precisar el  reparo  omite  apegarse  a  lo  que revela la actuación procesal cuya legalidad  reprocha,  esto  es, que la renuncia del profesional que asistió a la procesada  en  la  etapa  instructiva  no  fue  aceptada en la fecha en que se indica en la  demanda,  que la sentenciada hizo uso del término común para invocar nulidades  y  pedir  pruebas en el juicio y que otorgó poder a su nuevo apoderado luego de  vencido  el  término de traslado común, aspectos todos obviados, reduciendo la  trascendencia  del  vicio  anunciado  al  señalamiento  de  que  se privó a la  procesada  de  la  oportunidad  para  que  el nuevo defensor técnico solicitara  pruebas,  soslayando  así  las  directrices  de  esta  Sala en lo relativo a la  postulación de la causal tercera, en cuanto que,   

“siendo la nulidad  la  sanción  extrema  de  una  actuación,  no basta la simple constatación de  haberse  carecido  temporalmente  de  defensor,  para estimar esta circunstancia  como  razón  suficiente  y  única,  demostrativa  de  la  vulneración de esta  garantía.   

Es  necesario  que  el demandante evidencie  cuáles  han  sido  los  efectos negativos que ha tenido la ausencia de defensor  letrado  sobre  la  situación  del  implicado, es decir, que resulta imperativo  mostrar  durante  dicho  período  qué  pruebas  determinantes de la condena se  practicaron  o  allegaron  al proceso, como también que en relación con ellas,  no  brindó  con posterioridad la actuación procesal una oportunidad defensiva,  toda  vez  que  así  como sería inocua la declaración de una nulidad en forma  automática  y por la simple verificación del vacío de profesional del derecho  durante  un  margen  del  diligencimiento  penal, también carecería de sentido  invalidar  lo  actuado  si  se  han  otorgado  “oportunidades  reales”  para  su  ejercicio,  caso en el cual “ningún sentido tendría invalidar el proceso   para   que   la   defensa   técnica   contara   con   una  oportunidad  que  ya  tuvo”1   

.  

Así  las  cosas,  encuentra  la Sala que de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, se  impone  de  plano  la  inadmisión del libelo, en la medida que la recurrente no  ajustó  su  demanda  a  las  reglas  dispuestas  para  postular y demostrar los  reproches  formulados  contra el fallo de segundo grado, falencias que no pueden  ser  enmendadas  por la Corte en virtud del principio de limitación que rige el  trámite casacional.   

         Por    último,    no    se  observa  dentro  de  la  actuación  ni  en  el fallo reprochado,  violación  de  derechos  o  garantías  de  la  procesada,  como  para  que tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         

         INADMITIR  la  demanda  de  casación interpuestas por el defensor de  CLARA  INES SEGURA HERREA, de  conformidad   con  las  razones  expuestas  en  la  anterior  motivación.    

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra esta decisión no  procede recurso alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN                                                                                                                         Comisión de servicio   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                          JAVIER   DE   JESUS   ZAPATA  ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Casación  14.061, 10 de octubre de 2.000, Magistrado  Ponente Alvaro Orlando Pérez Pinzón.   

    

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