22720(30-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22720  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No.  139   

Bogotá D. C., treinta (30) de noviembre de  dos mil seis (2006).   

VISTOS  

Mediante  sentencia  anticipada  del  25 de  noviembre  de  2005,  el  Juzgado Penal del Circuito de Dosquebradas (Risaralda)  condenó  a  FRANCISCO  ANTONIO  BARRIOS  ACEVEDO y a BENJAMÍN ESCOBAR SORA, en  calidad  de  coautores de hurto calificado agravado en  la  modalidad  de  continuado, a la pena principal de  sesenta  y  nueve  (69)  meses,  y cincuenta y siete (57) meses veintitrés (23)  días  de  prisión,  respectivamente;  a  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso de cada uno; se abstuvo de  condenarlos   a   pago   de   indemnización   de   perjuicios,  “dejando  al  representante legal de la Industria Molinera de Caldas  S.A.,   la  facultad  de  adelantar  dicha  reclamación  por  la  jurisdicción  civil”;  y les negó el subrogado de la suspensión  condicional,   disponiendo   que   purgaran   la   sanción  en  establecimiento  penitenciario.   

Al desatar la apelación interpuesta por los  defensores,  con  fallo del 15 de marzo de 2004, el Tribunal Superior de Pereira  confirmó  la  sentencia  de primera instancia, con la modificación consistente  en  reducir  la  pena  de prisión, quedando condenado FRANCISCO ANTONIO BARRIOS  ACEVEDO  a  la  pena  principal  de  cuatro  (4) años diez (10) meses un (1) de  prisión;  y  BENJAMÍN  ESCOBAR  SORA,  a  cuatro  (4) años once (11) días de  prisión.   

En  esta  oportunidad,  la Sala califica el  aspecto  formal  de  la  demanda  de casación presentada por el apoderado de la  parte civil constituida por la empresa Molinera de Caldas S.A.   

HECHOS  

Fueron relatados de la siguiente manera por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Dosquebradas (Risaralda) en la sentencia de  primera instancia:   

“De la Industria Molinera de Caldas S.A.,  ubicada  en  la  calle  29  Nro. 10-310 de esta ciudad, en forma continua estaba  siendo  sustraído  trigo  importado,  lo  que  fue  descubierto  el 25 de julio  hogaño,  en  horas de la noche, al ser decomisado un cargamento de dicho cereal  por  parte  de agentes de la Policía Nacional en el peaje de Cerritos, vía que  conduce  de  Pereira a Cartago, en el tractocamión de placas VKJ-820, conducido  por el señor FRANCISCO ANTONIO BARRIOS ACEVEDO.”   

LA  DEMANDA   

Un  cargo  propone el apoderado de la parte  civil  constituida  por  la empresa Molinera de Caldas S.A., contra la sentencia  del  Tribunal  Superior  de  Pereira,  con  fundamento  en  la causal tercera de  casación  contemplada  en  el artículo 207 del Código de Procedimiento Penal,  Ley  600  de  2000,  aduciendo  que el fallo fue emitido en un juicio viciado de  nulidad.   

Asegura   que  la  nulidad  tiene  origen  “en  la  errónea  calificación  jurídica que las  instancias  hicieron  respecto  a  los  delitos  cometidos  y  que afectaron los  derechos  de las víctimas”, puesto que no solamente  se  trataba  de hurto calificado agravado en  la  modalidad  de  continuado,  sino  de ese ilícito contra la  propiedad    en    concurso   con   concierto   para  delinquir,                estafa,           falsedad    en    documento    privado,  e    inclusive    pánico    económico.   

Para   el  libelista,  se  trató  de  un  concierto  para  delinquir,  porque  los  implicados  cometieron  indeterminados  delitos  durante  un  lapso  prolongado;  falsedad en documento privado,  sobre  las  facturas  4894  del  25  de julio de 2003, fecha del  último  ilícito;  estafa,  sobre  las  personas  que  recibían el trigo hurtado, haciéndoles creer que la  mercancía  era  lícitamente  importada;  y  pánico  económico,  ya  que  con  su  acción dispararon los  indicadores  económicos  sobre  el  precio del trigo en el mercado nacional,…  “delitos  que  hacen  parte  de  aquellos  para los  cuales estaban concertados.”   

Explica  el  grave perjuicio económico que  sufrió  la  empresa que representa y, aunque no intenta demostrar ninguna clase  de  error de hecho o de derecho en que hubiese incurrido el Tribunal Superior en  el  ejercicio  de  la valoración de las pruebas, solicita a la Corte admitir la  demanda    “en    forma   excepcional”   y  declarar  la  nulidad  de  lo  actuado,  a  partir  de  la  definición de la situación jurídica inclusive.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La demanda presentada por el apoderado de la  parte  civil  constituida  por  la empresa Industria Molinera de Caldas S.A., no  satisface  los  requisitos  formales  establecidos en el artículo 212 de la Ley  600 de 2000. Debido a ello, será inadmitida.   

1. Es condicionamiento lógico procesal para  la  admisión  de la demanda del recurso extraordinario, que el impugnante tenga  interés  jurídico  para  solicitar  a  la  Corte  casar  el  fallo  de segunda  instancia.   

El  interés  jurídico  se  manifiesta  en  distintas  exigencias que deben acreditarse de manera convergente: de una parte:  legitimidad,  oportunidad  y  procedencia de la casación; y de otra: que exista  identidad  temática  entre  los  motivos  del  recurso  de apelación contra la  sentencia  de  primer  grado  y  los  motivos  por  los  cuales  se interpone la  casación.   

2.  En  la  demanda  cuyo aspecto formal se  analiza,  el  cargo  se  hacen  consistir  una  supuesta nulidad por error en la  calificación  jurídica  de  la  conducta  imputada,  debido  a  una deficiente  valoración  de  la  situación  fáctica  y  probatoria, puesto que además del  hurto  calificado agravado,  era     preciso     endilgar     concierto    para  delinquir,   falsedad  en  documento         privado,        estafa        y       pánico económico.   

Frente  a tales pretensiones, el libelista,  apoderado  de  la parte civil, carece de interés jurídico en punto del recurso  extraordinario  de casación, debido a que no interpuso el recurso de apelación  contra  la  sentencia de primera instancia; por lo cual, el Tribunal Superior de  Pereira  no  tuvo  la  necesidad  ni  la  oportunidad  de estudiar esos tópicos  (error en la calificación jurídica de la conducta y  convergencia  de  otras conductas punibles), porque no  fueron propuestos para su consideración.   

Al  estructurar  el  ataque de ese modo, el  apoderado  de la parte civil en realidad dirige la casación contra la sentencia  de  primera  instancia,  pues el Tribunal Superior de Pereira sólo se ocupó de  la  dosificación  punitiva,  porque  esa  fue  la  materia  que sometieron a su  conocimiento  los  defensores de los implicados; y, por sustracción de materia,  el  Juez  colegiado  no  revisó  los aspectos que ahora preocupan al libelista,  porque   la   parte   civil,  teniendo  la  oportunidad  de  hacerlo1, no interpuso  el    recurso    de    alzada   contra   lo   decidido   por   el   A-quo.   

Al  postular  así  el  reproche, el censor  desconoce  el  artículo  205  de  la  Ley  600  de 2000, en tanto aquella norma  reserva  el  recurso  extraordinario  como posibilidad de impugnación solamente  contra las sentencias de segunda instancia.   

3.  La ausencia de interés jurídico en el  apoderado  de  la  parte  civil  se palpa una vez más, si se observa que trae a  sede  de  casación  el fallo proferido por el Tribunal Superior de Pereira, que  no  tuvo  la  oportunidad  de  abordar  el estudio de los nuevos aspectos que se  proponen  como  algo ex novo  en el recurso extraordinario.   

La  jurisprudencia  de  la  Sala vertida en  plurales  autos  y sentencias, aún con anterioridad a la fecha de interponer el  presente  recurso  extraordinario, en torno del interés jurídico para demandar  en casación ha reiterado lo siguiente:   

3.1  Carece  de  interés  jurídico  para  recurrir  en  casación  el  sujeto  procesal  que,  teniendo la oportunidad, no  hubiere  apelado  la  sentencia  de  primera  instancia,  puesto que tal actitud  comporta la aceptación del contenido material del fallo.   

Se parte del supuesto que el sujeto procesal  efectivamente  tuvo  la  oportunidad  de apelar y se le garantizó este derecho;  situación  que  no  ocurre,  por ejemplo, cuando el implicado no ha contado con  defensa  técnica,  o  cuando las notificaciones son inexistentes o abiertamente  irregulares.   

3.2  El  silencio de los sujetos procesales  que  han  tenido  la oportunidad de apelar, materializado en no ejercitar dentro  del  término  legal  ese  derecho,  o  en  impugnar  sólo por algunos motivos,  comporta  la  correlativa  aceptación de lo decidido por el Juez, en todo, o en  los puntos no cuestionados.   

Si ello ocurre, el principio de preclusión  de  los  actos procesales concatenados que conforman la unidad lógico jurídica  del  proceso  penal,  impide que por fuera de la oportunidad que confiere la ley  se  intente  censurar  lo  decidido por el Juez de primera instancia. Admitir lo  contrario  sería  tanto  como  atentar  contra  el  principio  de  la seguridad  jurídica  y,  en  determinadas  condiciones,  contra  la  inamovilidad  de  las  decisiones de mérito.   

3.3  Debe  existir  identidad temática, de  materia,  conceptual  o  sustancial entre los motivos de disenso que se ponen en  conocimiento  del  Tribunal  Superior a través del recurso de apelación, y los  cargos   que   más   tarde   se   someten  a  consideración  de  la  Corte  en  casación.   

No  se trata de que exista plena identidad,  repetición   textual,   ni   correspondencia   exegética   producto   de   una  confrontación  puramente  formal  entre  la  apelación y la casación, pues la  naturaleza  de  la  apelación  contra  la sentencia de primera instancia muchas  veces  la impediría; sino, lo exigible es que pueda verificarse que la alzada y  la  impugnación  extraordinaria tienen identidad sustancial en lo fáctico y en  lo    jurídico,    aunque    pudiesen    presentar    enfoques   o   argumentos  distintos.   

3.4  Las anteriores reglas se exceptúan en  las siguientes hipótesis:   

3.4.1 Cuando la pretensión consista en que  la   Corte   decrete   una   nulidad,   o   se   denuncien  vicios  in   procedendo   originados  tanto  en  instrucción  como en juzgamiento, en la medida que la actuación irregularmente  surtida  haya  ocasionado  un perjuicio real, o represente uno potencial para el  recurrente.   

Lo  anterior,  porque  la  aceptación  del  contenido  material  del  fallo, revelada a través del silencio de parte cuando  no  se  apela,  solo  resulta  válida  si  el  procedimiento que lo sustenta es  legítimo.  De  otro  lado,  en  punto del recurso extraordinario, las nulidades  pueden  decretarse  aún  oficiosamente,  teniendo  en  cuenta  que la casación  consiste   fundamentalmente   en   la   proposición   de   juicio   de  validez  constitucional y legal sobre el fallo.   

Lo  dicho  no  significa,  sin embargo, que  quien  acude  en  sede  extraordinaria  en  procura de obtener la nulidad, pueda  hacerlo sin que hubiese sido agotada la segunda instancia.   

En otras palabras, salvo que se trate de la  declaratoria  de  nulidad  que la Corte debiera declarar de oficio, la casación  no  puede  versar  sobre  cuestiones no debatidas en las instancias o analizadas  sólo  en  la sentencia de primer grado, y sobre las cuales el Tribunal Superior  no se hubiere pronunciado.   

3.4.2  Si  se trata de una sentencia que el  Tribunal  Superior  haya  conocido en virtud del grado  jurisdiccional  de  consulta,  debido  a  que en este  evento  la Corporación de segunda instancia puede decidir sin limitación sobre  la  providencia,  lo  que implica que el procesado se entere del sentido último  del fallo únicamente cuando éste grado se haya surtido.   

3.4.3  En  el  evento  en que a raíz de la  apelación  interpuesta  por  el Fiscal, el Ministerio Público o la parte civil  resultare   más   gravosa   la   situación  para  el  procesado  (reformatio   in  pejus),  pues  en  este  evento   cobra   legitimidad   el   interés   jurídico   para   defenderse  en  casación.   

La  anterior  línea  jurisprudencial,  que  ahora   se   reitera,   puede  confrontarse,  entre  otras,  en  las  siguientes  sentencias:  16  de  julio  de 2001 (radicación 15488), 12 de diciembre de 2002  (radicación  17176), 27 de agosto de 2003 (radicación 16198) y 28 de noviembre  de  2005  (Radicación  19840).  De  igual manera, en los siguientes autos: 8 de  septiembre  de 2004 (radicación 12584), 13 de abril de 2005 (radicación 22947)  y 21 de marzo de 2006 (radicación 24686).   

4.  En  síntesis, el apoderado de la parte  civil  constituida  por  la empresa Industria Molinera de Caldas S.A., carece de  interés   jurídico  para  postular  en  casación  el  supuesto  error  en  la  calificación  jurídica provisional por error en la estimación probatoria, que  atribuye  al  Tribunal Superior de Pereira; pues, se reitera, dicha corporación  no  tuvo  oportunidad  de  ocuparse  de esos mismos tópicos, porque el fallo de  primera  instancia  no  fue  apelado por dicho sujeto procesal, de suerte que no  existe  identidad  sustancial  con  los  cargos  estructurados en la demanda del  recurso    extraordinario;   ni   se   vislumbra   un   defecto   generador   de  nulidad.   

5.   Las  impropiedades  advertidas  con  antelación  conllevan  a  inadmitir  la  demanda,  máxime  que  tampoco  en la  revisión  del  expediente  se  observa  la  vulneración  de  alguna  garantía  fundamental,  que amerite el ejercicio de las facultades oficiosas de la Sala de  Casación  Penal en los términos del artículo 216 del Código de Procedimiento  Penal, Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre de la empresa Industria Molinera de  Caldas S.A., constituida en parte civil.   

Contra  la presente providencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

              Permiso   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  El  apoderado  de  la  parte  civil  fue notificado personalmente de la sentencia de  primera instancia. (Folio 394 cdno. 1).     

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