25156(06-07-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25156  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  063  

Bogotá  D.  C.,  seis (6) de julio de  dos mil seis (2006).   

V   I   S   T   O  S   

Decide la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  ORLANDO  PÉREZ  CÁRDENAS  contra  el  fallo dictado el 15 de  julio  de  2005,  mediante  el cual confirmó el proferido por el Juzgado Quinto  Penal  del  Circuito de Bogotá, el 11 de abril de 2005, en el que lo condenó a  la  pena  principal  de  36  meses  de  prisión,  al  pago de perjuicios y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo término como coautor del delito de hurto agravado por  la confianza.   

H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El señor José  Vicente  Prieto  Hurtado,  denunció  que  el  25  de  junio de 1993 envió a su  mensajero  Ricardo Meza, al Departamento de Cartera de la Corporación de Ahorro  y           Vivienda          ‘Davivienda’,  con   el   cheque   número   580162  del  Banco  de  Occidente,  por  valor  de  $10.000.000,oo  para  abonarlo  a  su  obligación  hipotecaria número 49495-5.  Acudió  a  la  caja  número  1, atendida por Fernando Enrique Guzmán Moreno a  quien   le   entregó  la  autorización  de  pago  y  recibo  de  consignación  previamente  entregados  por  el  departamento de cartera; el cajero efectuó el  pago  manualmente,  según  le  indicó, porque la línea no estaba en servicio,  pero  establecido  el  sistema  central,  éste en colaboración del funcionario  Edwin Leonardo Alonso Montaño, ingreso la transacción.   

“De la investigación se estableció que a  la  hora  del  cierre  de  la  jornada  de atención al público, Guzmán Moreno  sustituyó  el  mencionado  cheque,  por el número 749851 del Banco del Estado,  librado  en  la  misma fecha e igual valor, el que fue devuelto por ‘orden    de   no   pago’,  dada  por su cuenta habiente desde  febrero   de  1993;  mientras  que  el  título  valor  sustraído,  con  endoso  adulterado,  fue  consignado  en  la  caja número 1, atendida por Jorge Alberto  Flórez  Rodríguez,  oficina  barrio  La  Soledad,  de  la misma entidad, en la  cuenta   de   ahorros  número  0074-0023430-3  del  particular  Orlando  Pérez  Cárdenas, en donde se hizo efectivo el valor.   

“Pérez Cárdenas retiró el dinero el 29  de  junio  de  1993,  en  la  oficina  de  la  Avenida Jiménez, suma que le fue  entregada  con  cheque  número 00745 del Banco de Bogotá; en la misma fecha el  señor  José  Vicente  Prieto  Hurtado  descubrió  el  hurto  de  su dinero al  establecer  que la obligación se hallaba con el mismo saldo en mora, pese a que  el     cheque     había     sido     debitado    de    su    cuenta”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

Con  base  en la denuncia presentada por el  apoderado  de  Davivienda,  la  Fiscalía  Quinta  Seccional de Bogotá, el 7 de  octubre de 1993, ordenó la apertura de la instrucción.   

Escuchado  en  indagatoria Fernando Enrique  Guzmán  Moreno  la situación jurídica le fue resuelta por la Fiscalía 221 de  la  Unidad  de  Delitos  contra  el Patrimonio Económico, que ya conocía de la  investigación,  el  18  de  octubre  de  1994  con  medida  de aseguramiento de  detención  preventiva  por  las conductas punibles de hurto agravado y falsedad  en documento privado.   

De  igual  manera,  fue  vinculado  a  la  investigación  Orlando  Pérez Cárdenas   a  través  de  indagatoria y se le resolvió la situación  jurídica,  el  24  de  mayo  de 1996, con medida de aseguramiento de detención  preventiva   por   los  delitos  de  hurto  agravado  y  falsedad  en  documento  privado.   

Débese  aclarar que a la investigación se  vinculó  igualmente mediante indagatoria a Olga Lucía Mosquera Dussán y Jorge  Alberto  Flórez Rodríguez, a quienes se les resolvió la situación jurídica,  el  14  de  marzo  de  1996, providencia en la cual el funcionario instructor se  abstuvo de proferir medida de aseguramiento.   

La  investigación se cerró el 10 de julio  de  1998  y,  el  5  de  mayo  de  1999, se calificó el mérito del sumario con  resolución  de  acusación  en  contra  de  Orlando  Pérez  Cárdenas  por las  conductas  punibles  de  hurto  agravado por las circunstancias previstas en los  artículos  351,  numeral  2°,  y  372,  numeral 1° del Decreto 100 de 1980, y  falsedad  en  documento privado. Así mismo, precluyó la investigación a favor  de Olga Lucía Mosquera Dussán y Jorge Alberto Flórez.   

Aclárese que en auto fechado el 10 de mayo  siguiente,   el   instructor  adicionó  el  anterior  proveído  y  dispuso  la  preclusión   de   la   investigación  respecto  de  Fernando  Enrique  Guzmán  Moreno.   

Apelada  la  anterior  decisión  por  el  defensor  de  Pérez  Cárdenas  y  el apoderado de la parte civil, la Unidad de  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Bogotá y Cundinamarca, el 25  de abril de 2000, adoptó las siguientes determinaciones:   

a)  Declaró la extinción penal por razón  de  la  prescripción  en  lo  atinente  a  la  conducta  punible de falsedad en  documento privado.   

b) Confirmó la acusación dictada en contra  de   Orlando   Pérez  Cárdenas  por  el  cargo  contra  el  delito  contra  la  propiedad.   

c) Revocó la preclusión proferida a favor  de  Jorge  Alberto Flórez Rodríguez y Fernando Enrique Guzmán Moreno y, en su  lugar,  les  dictó  resolución  de  acusación  por  el delito de hurto en los  mismos  términos  que con el  procesado citado en precedencia. Así mismo,  les  resolvió la situación jurídica con medida de aseguramiento de detención  preventiva y les concedió la libertad provisional.   

La  anterior decisión cobró ejecutoria el  12  de  julio  de 2000. Y la etapa del juicio le correspondió al Juzgado Quinto  Penal  del  Circuito de Bogotá que, luego de tramitar el juicio, el 25 de abril  de  2005,  dictó  sentencia  de  primera  instancia,  condenando a Orlando   Pérez   Cárdenas,  Fernando  Enrique  Guzmán  Moreno  y Jorge Alberto Flórez Rodríguez a la pena principal  de  36  meses  de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la sanción  principal  como  coautores del delito de hurto agravado por la confianza, según  los  artículos 349 y 351, numeral 2°, del Decreto 100 de 1980. Así mismo, les  concedió la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

Apelado el fallo por el defensor de Orlando  Pérez  Cárdenas,  el  Tribunal Superior de Bogotá, el 15 de julio de 2005, lo  confirmó en su integridad.   

Contra esta determinación, el defensor del  procesado   Orlando  Pérez  Cárdenas  interpuso  el  recurso  extraordinario  de casación y presentó la  correspondiente demanda.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

Con  base  en la causal  primera  de  casación,  el  defensor  de  Orlando   Pérez  Cárdenas  acusa  al  Tribunal  de  haber  violado  de  manera  directa la ley  sustancial  por interpretación errónea del artículo 176, inciso 2°,  de  la  Ley  600  de 2000 “y de  contera    falta    de    aplicación    del    artículo    86    del   Código  Penal…”.   

En  la fundamentación de la censura, anota  que  cuando  el  Tribunal  Superior  de Bogotá dictó la sentencia impugnada la  acción  penal  ya se había extinguido por  razón  de  la   prescripción,   teniendo   en   cuenta  las  fechas de  la  resolución  de  acusación,  esto  es, el 5 de mayo de 1999 “y   adicionada   el   10   del   mismo   mes   y   año”,   y  la  fecha en que adquirió firmeza dicha acusación,  el 26 de julio de 2000.   

No  obstante, considera que el Tribunal dio  una  errada  interpretación a lo reglado en el artículo 176, inciso 2°, de la  Ley 600 de 2000, que transcribe.   

Anota que una adecuada interpretación de la  citada    norma    consiste    que    en   aquellos   eventos,   “donde  se  profiera  resolución  de  acusación en sede de segunda  instancia,  es necesario que el instructor procure notificar tal decisión a los  sujetos  procesales,  pero  ello  no significa, como erradamente lo entendió el  Tribunal  en  la  sentencia objeto de esta demanda que frente a esta providencia  de   segunda   instancia   corren   términos  de  ejecutoria  a  partir  de  la  notificación efectuada”.   

De  esa  manera,  agrega  que  dictada  la  resolución  de  acusación en segunda instancia se debe notificar. Sin embargo,  no  “puede  entenderse  que  a  partir  del acto de  enteramiento   comienzan   a   contarse   términos   de   ejecutoria   de   tal  decisión”.   

En  efecto, dice que teniendo en cuenta que  la  citada  providencia  no es objeto de recurso “no  tendría  ninguna  utilidad  el  contar  términos  de  ejecutoria  frente a una  providencia   que   no   tiene   vocación   de  ser  recurrida,  de  este modo es evidente que el Tribunal  en  la  sentencia  que  ha  motivado  la presente demanda de casación le dio al  precepto       referido      una      errada      interpretación…”.   

Por  manera que con dicha    interpretación  condujo  a  que  el  sentenciador  de  segunda  instancia  concluyera que la ejecutoria del pliego de  cargos  de  segunda  instancia  ocurrió  el 26 de julio de 2000, es decir, tres  días   después  de  la  última  notificación,  fecha  que  también  resulta  desatinada,  pues la anotación por estado aparece con el día 7 de julio de ese  año.   

Luego de citar la sentencia C-641 del 13 de  agosto  de  2002  emanada  de la Corte Constitucional, aduce que “de  cara  a  este fallo la firmeza de una decisión que resuelve un  recurso  de apelación contra una providencia interlocutoria se surte el día en  que  se  suscriba  la  providencia respectiva y no tres (3) días después de la  última notificación de la misma..”.   

En  esas  condiciones,  con  una  adecuada  interpretación  permite  concluir   que la acusación dictada en contra de  su  defendido quedó ejecutoriada el día 25 de abril de 2000. Por consiguiente,  el  Tribunal  carecía  de  competencia  para  dictar  la  sentencia  de segunda  instancia  “ya  que  había  operado el término de  prescripción  de la acción penal previsto para el delito de hurto agravado por  la confianza”.   

Resalta  que de acuerdo con el contenido de  las  normas previstas por los artículos 349 y 351.2 del Decreto 100 de 1980, el  delito  de  hurto  agravado por la confianza tenía una pena máxima de 9 años.  Por  tanto,  si se sabe que dicho término se reduce a la mitad, por razón  de  la etapa del juicio, sin ser a inferior a 5 años, necesario es concluir que  el  juzgador  de  segunda  instancia  tenía  hasta  el 25 de abril de 2005 para  dictar fallo de segunda instancia, evento que aquí no ocurrió.   

Del  mismo  modo,  informa  que  ese  yerro  condujo  a  la falta de aplicación del artículo 86 de la Ley 599 de 2000, pues  conllevó  a que no se declarara la extinción de la acción penal por razón de  la prescripción.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  la  sentencia  impugnada  y,  en  su lugar, declarar la extinción de la acción  penal por razón de la prescripción.   

CONCEPTO  DE   LA  PROCURADORA SEGUNDA   

DELEGADA PARA LA CASACIÓN PENAL  

Sostiene  el  Ministerio Público, luego de  resaltar  algunas  deficiencias  técnicas  en la formulación del único cargo,  que tampoco le asiste razón al censor.   

Dice que de acuerdo con el mandato legal que  regía  para  ese  entonces, la interpretación dada por el sentenciador resulta  atinada,  toda  vez  que  resultaba  ineludible  notificar el pliego de cargos y  “ese  fue el trámite efectuado por la fiscalía de  segunda  instancia,  pues  no  solo  se  acusó a Flórez Rodríguez y a Guzmán  Moreno  sino que también se les impuso medida de aseguramiento, lo que sumado a  la  declaratoria  de  prescripción  por  el  delito  de  falsedad  en documento  privado,    constituían   supuestos   que   determinaban   proceder   como   se  hizo”.   

A continuación hace cita de jurisprudencia  de  la  Sala   y  de  la  Corte Constitucional, reiterando que no le asiste  razón  al  casacionista.  No  obstante,  considera  que  la  acción  penal  se  encuentra  extinguida  por  razón  de  la  prescripción  desde “el   momento   en   que   se  profirió  la  sentencia  de  segunda  instancia”.   

En  efecto,  dice  que  la  resolución  de  segunda  instancia  que  desató  el  recurso  de apelación contra el pliego de  cargos   no   hizo   mención   a   la   causal   genérica  de  “la   cuantía  prevista  para  los  delitos  contra  el  patrimonio  económico”.  Y  el  juzgado  de primera instancia dosificó la pena sin tampoco  considerarla.   

De ahí que para efecto de la extinción de  la  acción  penal  se  debe  tener en cuenta la pena prevista para el delito de  hurto  agravado  por  la  confianza,  cuyo  máximo punitivo, de acuerdo con los  artículos   349   y   351.2   del   Decreto   100   de   1980,  “sería      de      nueve     años     de     prisión,  que por virtud de la ejecutoria de la  acusación  se  reducen  en  la  mitad (art. 83 Ley 599 de 2000), para quedar el  término  de  prescripción  en el mínimo de cinco (5) años, que se cumplieron  el  12  de  julio  de  2005.  Y  en  gracia de discusión, si se contabilizan de  diferente  manera  los términos de notificación y ejecutoria, de todas maneras  el  fenómeno  se  habría  consolidado  mucho  antes de dicha fecha”.   

En  consecuencia,  expresa  que  cuando  el  Tribunal  emitió  sentencia  de segundo grado la acción penal ya se encontraba  prescrita.  Lo  mismo sucedió con la acción civil que fue ejercida al interior  del proceso penal.   

Por lo expuesto, depreca a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y, en su lugar, declarar la extinción de la acción penal  por  razón de la prescripción, cesando todo procedimiento a favor de todos los  procesados.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.    El   defensor   de   Orlando  Pérez  Cárdenas, al amparo del  cuerpo  primero  de  causal  primera  de  casación,  acusa al Tribunal de haber  violado,  de  manera directa, la ley sustancial por interpretación errónea del  artículo  176  de  la  Ley  600  de  2000,  yerro  que  condujo  a  la falta de  aplicación del artículos 86 de la Ley 599 de 2000.   

En síntesis, considera  el  censor  que  como quiera que el artículo 176  de la Ley 600 de 2000 no  fue  correctamente  interpretado,  por  cuanto  el  Tribunal  manifestó  que la  decisión  de  segunda  instancia  por  medio  de la cual la Unidad de Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal, al desatar el recurso de apelación contra el pliego  de  cargos,  en  la  que  confirmó parcialmente la acusación dictada contra el  acusado  recurrente  y  acusó  a  otros  dos  coprocesados,  definiéndoles  la  situación  jurídica,  se  debía  notificar  a  todos  los sujetos procesales,  motivo  por  el cual corrían términos de ejecutoria, apreciación que a juicio  del  censor  no  consultaba  con el espíritu de la norma, máxime cuando contra  esta providencia no procedía ninguna impugnación.   

2.   Como  lo  destaca  la Procuradora  Delegada,   el  censor  equivocó  la  causal  en  casación  para  demandar  la  extinción  de  la acción penal por razón de la prescripción, toda vez que se  debe  postular  a  través de la causal tercera y no por la primera como lo hizo  el  censor y por violación del debido proceso. Tal falencia constituye un vicio  de  estructura,  cuya  denuncia  y demostración ha de postularse con arreglos a  los  dictados  del  motivo  de  nulidad  como medio para alcanzar el quiebre del  fallo.   

Cuando un dislate de semejante dimensión se  estructura,  es  posible  encausar  las  fundamentaciones  del  reparo,  si bien  aduciéndose  el  tercer  motivo, a la manera de la causal primera de casación,  toda  vez  que  puede  ser  fruto de un entendimiento equivocado de una norma de  derecho  sustancial  o de la apreciación errónea de los medios de convicción.   

3. En el supuesto que ocupa la atención de  la  Sala  es claro que el censor equivocó la vía del ataque contra el fallo de  segunda  instancia,  puesto  que  soportó  la  censura  con  apego en la causal  primera  de casación y no por la tercera como era de su imperioso cumplimiento,  yerro técnico que sería suficiente para desestimar la demanda.   

Sin  embargo, como quiera que del contenido  del  libelo  se  advierte  cuál  es  la inconformidad del censor,  la Sala  abordará el estudio  del único cargo de la siguiente manera:   

En primer término, dígase que no le asiste  razón  al censor al demandar la extinción de la acción penal por razón de la  prescripción,  puesto  que  teniendo  en  cuenta  las  normas  que enuncia como  transgredidas  su  contenido  informan  otra  situación jurídica distinta a lo  planteado por el casacionista.   

En  segundo  lugar,  recuérdese  que  la  providencia  de  segunda  instancia  que  dictó la Unidad de Fiscalía Delegada  ante  los  Tribunales Superiores de Bogotá y Cundinamarca se profirió el 25 de  abril  de 2000, razón por la cual la ley procesal vigente para ese entonces era  el  Decreto 2700 de 1991. Dentro de tal entendido, el artículo 197 textualmente  señalaba:   

“Ejecutoria de  las providencias….   

“Cuando se decrete en segunda instancia la  prescripción  de  la acción o de la pena, o se dicte o sustituya una medida de  aseguramiento,    se    notificará    la    sentencia    respectiva”.   

Por  tal motivo, el fiscal de segundo grado  dio  cabal  cumplimiento  al  citado  precepto,  pues era de su resorte entrar a  notificar  la  providencia  que  desató  el  recurso  de  apelación  contra la  resolución   de   acusación,   dada   las  distintas  órdenes  que  allí  se  impartieron.   

El  citado funcionario judicial adoptó dos  decisiones  que  le  imponían  cumplir  con  el  mandato  del artículo 197 del  Decreto  2700 de 1991. En efecto, en dicha providencia declaró la extinción de  la  acción  penal  por  razón  de la prescripción en lo atinente al delito de  falsedad  en documento privado y profirió medida de aseguramiento de detención  preventiva  al momento de revocar la preclusión de la investigación dictada en  primera  instancia  a  favor  de  Jorge  Alberto  Flórez  Rodríguez y Fernando  Enrique  Guzmán  Moreno  y, consecuentemente, emitió resolución de acusación  por el delito de hurto agravado.   

En esas condiciones, resultaba claro que el  fiscal  de  segunda instancia tenía la obligación de notificar la decisión y,  por  lo mismo, descorrer los términos subsiguientes a fin de que la providencia  cobrara   firmeza   y   de   esa   manera   delimitar  las  etapas  del  proceso  penal.   

Frente   al  punto  en  debate,  la  Sala  anotó:   

“…contrario a  lo  que  afirma  el  defensor  la resolución de acusación proferida en segunda  instancia  no  cobra  ejecutoria  con la suscripción de la decisión, según lo  colige   de   seguir   las  reglas  generales,  artículo  197  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  Decreto  2700  de  1991,  vigente  para  la época de los  hechos,  sino  que en virtud a la trascendencia de la decisión, en la medida en  que  se  separa  la  etapa  instructiva  y del juzgamiento y delimita su objeto,  además  de permitir la concreción del ejercicio del derecho de defensa, debía  atender  las  reglas específicas señaladas por el artículo 440 ibidem, por lo  que  debió dársele publicidad. Situación distinta la excepción consagrada en  el  nuevo  Estatuto  Procedimental  Penal,  artículo  176,  al prever entre las  decisiones  de  segunda  instancia  que  deben ser notificadas la resolución de  acusación.   

“Sobre  el  particular  ya  había tenido  oportunidad  de pronunciarse la Sala, al afirmar que cuando en segunda instancia  se  revoca  la preclusión de la investigación para en su lugar proferir pliego  de  cargos,  su  ejecutoria  no  se  surte  con  la  simple  suscripción  de la  providencia,  sino  una  vez  se  notifica  de  conformidad  con las previsiones  legales.  Concluyéndose,  entonces,  en que cuando la resolución de acusación  se  profiere en sede de segunda instancia, bien sea en desarrollo del recurso de  apelación   o   por  vía  de  consulta,  como  en  este  caso,  se  impone  su  notificación.1”.   

Por  consiguiente,  la  Corte  no  observa  ningún    yerro    de    hermenéutica   del   Tribunal,   pues   interpretando  correctamente    el   citado   artículo  197  del  Decreto  100  de  1980,  adujo:   

“Sucede que en  este  caso,  la  resolución  de acusación fue proferida el 5 de mayo de 1999 y  adicionada  el 10 del mismo mes y año …, contra la misma se interpuso recurso  de  apelación  que  fue  resuelto  por  la Unidad de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal   el  25 de abril de 2000, pero como a través de esa decisión se  revocaron  las  preclusiones  de investigación que favorecían a los procesados  Flórez  Rodríguez  y Guzmán Moreno, lo que obligó al cumplimiento del inciso  2°  del  artículo 176 del Código de Procedimiento Penal, que ordena modificar  en  segunda  instancia,  entre  otras  providencias,  la  que  impone  medida de  aseguramiento  y  la  que  profiera  resolución  de  acusación, que fue lo que  precisamente  se  decidió  respecto  de los procesados Guzmán Moreno y Flórez  Rodríguez,  la  que  después  de  notificar  a  los  sujetos procesales cobró  ejecutoria   hasta   el   veintiséis  de  julio  de  2000,  es  decir,  que  la  prescripción    de    la    acción    penal    no    ha   ocurrido”.   

En esas condiciones, resulta claro que no le  asiste  razón  al censor al invocar la violación directa de la ley, de acuerdo  con lo expuesto en precedencia.   

4. Sin embargo, la Corte, haciendo uso de lo  reglado  por  el  artículo  218  de  la  Ley  600  de  2000, casará, de manera  oficiosa,  la  sentencia  impugnada  y,  por  lo mismo, declarará extinguida la  acción  penal  por  razón de la prescripción, toda vez que cuando el Tribunal  desató  el  recurso  de  apelación  interpuesto contra la sentencia de primera  instancia,  el 15 de julio de 2005, el Estado ya había perdido la facultad para  juzgar  a  los  procesados  por  la  conducta  punible  de hurto agravado por la  confianza.   

Si  bien es cierto que en la resolución de  acusación     al    procesado    Orlando    Pérez  Cárdenas   se le acusó por la conducta punible  de  hurto agravado de acuerdo con las circunstancias previstas en los artículos  351,  numeral  2°,  y 372, numeral 1°, del Decreto 100 de 1980, también lo es  que  el  fiscal  de  segunda  instancia  al  desatar  el  recurso  de apelación  interpuesto  contra  la  primera  providencia calificatoria y al proferir, entre  otras  decisiones,  pliego  de  cargos contra Jorge Alberto Flórez Rodríguez y  Fernando  Enrique  Guzmán  Moreno  por  la  citada  conducta  punible  no  hizo  referencia  a  la  agravante por razón de la cuantía contemplada en el numeral  1° del artículo 372 en precedencia reseñado.   

Ahora  bien,  el  sentenciador  de  primera  instancia  al  momento  de determinar la pena privativa de la libertad en contra  de  los  procesados no tuvo en cuenta la citada circunstancia genérica  de  agravación  para  las conductas punibles  que atentan contra el patrimonio  económico,  al punto que fijó los extremos de la punibilidad entre 14 meses (1  año  y  2  meses)  y  108  meses  (9 años), aspecto que necesariamente lleva a  colegir  que  sólo  se  soportó  para  estos  efectos  en  lo  reglado por los  artículos  349  y  351, numeral 2°, del Decreto 100 de 1980, decisión que fue  confirmada por el Tribunal, excluyendo dicha agravante.   

De  ahí que para establecer el término de  prescripción  de  la  acción  penal  se hace indispensable tener como marco de  referencia  la  calificación  jurídica  dada  a  los  hechos  en los fallos de  instancia.  Por  consiguiente,  con  estricto  apego  de  lo preceptuado por los  artículos  83  y 86 de la Ley 599 de 2000 y sabiendo que la conducta punible de  hurto  agravado  por  la  confianza  tiene  como  pena máxima 9 años, y que el  calificatorio  dictado  en segunda instancia cobró ejecutoria el 12 de julio de  2000,  como  acertadamente  lo  destaca la Delegada, claro resulta que el Estado  perdió  la   facultad  para juzgar a todos los procesados por razón de la  citada  conducta  punible,  máximo cuando dicho lapso no puede ser inferior a 5  años.   

En  consecuencia, como quiera que cuando se  dictó  el  fallo  de  segunda  instancia,  esto  es,  el 15 de julio de 2005 la  acción  penal  ya  se encontraba prescrita, la Corte, como lo anunció, casará  la  sentencia  y,  en  su  lugar,  cesará  todo  procedimiento  a  favor de los  procesados.   

Y  como  quiera que al interior del proceso  penal  se  ejerció la acción civil, de acuerdo con lo reglado por el artículo  98  de  la  Ley  599  de  2000, también se ordenará cesar todo procedimiento a  favor de los procesados.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.     NO    CASAR    con base en la demanda presentada.   

2.  CASAR,  de  oficio,  la  sentencia  impugnada  y,  en  consecuencia, declarar que la acción  penal  y  civil  en  este  asunto se encuentra prescrita derivada de la conducta  punible  de  hurto  agravado  por  la  confianza.  En  consecuencia,  cesar todo  procedimiento      adelantado     contra     los     procesados     Orlando  Pérez  Cárdenas, Jorge Alberto  Flórez Rodríguez y Fernando Enrique Guzmán Moreno.   

3. Contra esta decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                   SIGIFREDO  ESPINOSA   PÉREZ                             

Permiso   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO                                 ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

                   Permiso   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                           JAVIER   ZAPATA  ORTÍZ   

       TERESA    RUÍZ  NUÑEZ   

               Secretaria   

    

1  Ver,  entre  otras,  sentencia de revisión del 22 de  septiembre de 2005. Rad. 19822.     

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