22652(09-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22652  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado acta N°  069  

Bogotá, D. C.,  nueve (9) de mayo de dos  mil siete (2007).   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia  la  Corte en sede de casación  respecto  de  la  eventual  trasgresión  de  una  garantía  fundamental  de la  procesada   ANA   SOFIA  SIERRA  NEMPEQUE,  relacionada  con  el  quantum  de  la pena accesoria que le fuera  impuesta  por  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, según sentencia condenatoria  fechada el 22 de enero de 2003.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“La   noticia  críminis  dio  inicio con  base  en  la  inspección  de  cadáver  N°  7014  =  1011,  en  donde se tiene  conocimiento  que  el pasado  dos  (2)  de  diciembre  del  año dos mil (2.000) se realizó la inspección al  cadáver  del que en vida respondía al nombre de VICTOR MANUEL MARTÍNEZ, quien  fue  encontrado  muerto  en  su  lecho  de  habitación ubicada en la residencia  identificada  con  la calle 189 N° 30-26 int. 8, barrio Lijacá de esta ciudad,  quien       falleció       a       consecuencia    de   tres   (3)   impactos   de   arma   de   fuego,  todos      ellos     localizados     en    la  cabeza.   

“Adelantadas  las  primeras pesquisas, en  especial  con  el  dicho de la implicada se supo que el hoy obitado arribó a la  residencia  sobre  las  cuatro  (4:00)  de  la  mañana acompañado de un sujeto  desconocido,  ingresaron  a  la  habitación principal y que pasados unos veinte  minutos  la  misma escuchó las detonaciones de un artefacto bélico, observando  cuando  dicho  individuo salía de la casa, divisando adicionalmente a su marido  sin     vida     en     la     cama”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

Luego de una investigación previa, en la que  se   recibieron   plurales   medios  de  prueba  y  abierta  la  correspondiente  investigación,  se  vinculó  a  la  actuación  a la señora Ana Sofía Sierra  Nempeque.   

Resuelta la situación jurídica y cerrado el  ciclo  instructivo,  el  16 de agosto de 2002, el instructor calificó el merito  del  sumario  con  resolución  de  acusación  en  contra  de Ana Sofía Sierra  Nemquepe  por los delitos de homicidio agravado y fabricación, tráfico y porte  de  armas o municiones (de defensa personal), decisión que al ser recurrida fue  modificada  por  el  superior,  en la medida que le excluyó la circunstancia de  agravación  derivada  del  parentesco,  decisión  que  lleva  fecha  del 30 de  septiembre de 2002.   

El  expediente  pasó al Juzgado Noveno Penal  del  Circuito  de  Bogotá  que,  luego  tramitar  el  juicio,  dictó sentencia  absolutoria a favor de la acusada.   

Apelado  el  fallo  por  el representante del  Ministerio  Público, el Tribunal Superior de Bogotá, al desatar el recurso, el  22  de  enero  de  2003,  lo revocó y, en su lugar, condenó a  Ana Sofía  Sierra  Nempeque  a  la pena principal de 174 meses de prisión y a la accesoria  de  “interdicción de derechos y funciones públicas  por     un    tiempo    igual    al    de    la    pena    principal”.   

Contra esta determinación, el defensor de la  procesada  Ana  Sofía  Sierra  Nempeque  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación y presentó la  correspondiente demanda.   

2.  La Sala de Casación Penal, mediante  providencia  fechada el 20 de abril de 2007, inadmitió la demanda de casación.  No  obstante,  como  advirtió que en la sentencia condenatoria proferida contra  Ana Sofía Sierra Nempeque se  le  impuso  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso igual al de la pena privativa de la libertad, esto es,  174  meses,  quantum  punitivo  que  podría  eventualmente desbordar el máximo  señalado  por  el  legislador  al  respecto,  circunstancia que comportaría la  violación  de  los  derechos  y garantías de la sentenciada, dispuso surtir al  Ministerio  Público  el  traslado  establecido  en  la ley para que conceptuara  sobre dicha posible trasgresión.   

Por   consiguiente,   como   el   presente  pronunciamiento  no  se  ocupa  de  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor  de  la  procesada,  la  cual, como se dijo, fue inadmitida, no se hace  necesaria su síntesis en esta providencia.   

CONCEPTO    DE   LA  PROCURADORÍA PRIMERA   

DELEGADA PARA LA CASACIÓN PENAL  

Anota   que  en  virtud  del  principio  de  favorabilidad  los juzgadores no podían aplicar en este asunto lo atinente a la  duración  de la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  como  lo  dispone la Ley 599 de 2000, sino que la norma  llamada  a gobernar el asunto era lo preceptuado por el artículo 44 del Decreto  100  de  1980,  que  reglaba  que  la  citada  sanción  accesoria no podía ser  superior a 10 años.   

Luego  de  conceptualizar  sobre  el  punto,  sugiere  a la Corte casar la sentencia impugnada y, en su lugar, dictar fallo de  reemplazo,  redosificando  la  pena  accesoria  impuesta  a  Ana  Sofía  Sierra  Nempeque.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Examinada  la  sentencia condenatoria dictada  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el  22 de enero de 2003, en la que se  condenó  a  Ana Sofía Sierra Nempeque, violó el principio de legalidad de las  penas   respecto   de   la   pena   accesoria,  toda  vez  que  la  sanción  de  inhabilitación  de  derechos  y  funciones públicas que le fue impuesta por un  lapso  igual  de  174 meses de  prisión, excedió los diez años que sobre  dicha  sanción  contemplaba el artículo 44 del Decreto 100 de 1980, norma esta  última  vigente para la época de ocurrencia de los hechos juzgados y aplicable  por ser más favorable.   

Ante  esa situación y teniendo en cuenta que  de  conformidad  con  lo  preceptuado  en  el  artículo  29 de la Constitución  Política,  “nadie podrá ser juzgado sino conforme  a  leyes  preexistentes  al  acto  que se le imputa”,  norma  que  contempla  el  principio  de legalidad de las penas y, por lo mismo,  protege  la  libertad  individual  frente a la arbitrariedad de los funcionarios  judiciales  y garantiza los principios de seguridad jurídica y de igualdad ante  la    ley,1  surge  claro  que  la pena accesoria que se le impuso a Ana Sofía  Sierra  Nempeque  lesiona el  citado principio de legalidad.   

En  efecto, el artículo 52 del Código Penal  de  1980,  norma  aplicable,  como  se  dijo,  por  ser  más  favorable  que la  consagrada  en  la  Ley  599  de 2000,  establecía que la pena de prisión  implicaba  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por  un  período  igual  al  de  la pena principal, pero, a su vez, el artículo 44,  ibidem, señalaba que su duración máxima era de diez (10) años.   

En  otros  términos,  la  pena  accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  debía  ser  igual a la de  prisión,  pero  si ésta era superior a diez (10) años, la de interdicción no  podía  franquear  ese  límite,  parámetro  este  último  que  sin  duda  fue  desconocido  por  el  juzgador  de  segunda  instancia,  conllevando  así  a la  violación del principio de legalidad de dicha pena.   

Por  lo  tanto,  compartiendo el criterio del  Procurador  Delegado,  la Sala, haciendo uso de las facultades conferidas por el  artículo   216   del   Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000),  casará    oficiosa  y  parcialmente  el  fallo  de  segundo  grado  y,  en  consecuencia,  disminuirá  a diez (10) años la pena accesoria de interdicción  de   derechos  y  funciones  públicas,  hoy  llamada  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas, impuesta a la citada procesada.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

1.    CASAR  oficiosa  y  parcialmente  la sentencia impugnada y, en consecuencia, condenar a  Ana    Sofía    Sierra    Nempeque    a  la pena accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas por el término de diez (10) años, conforme a  lo expuesto en esta providencia.   

2.          PRECISAR  que  las  restantes decisiones  adoptadas en el fallo impugnado se mantienen incólumes.   

3. Contra esta decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                           ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Aclaración de voto  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                             JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

ACLARACIÓN DE VOTO  

Como  lo señalé en la aclaración de voto  al  auto  del  20  de  abril  de  2007,  aquí  obrante,  hoy  en día existe la  posibilidad   de   “superar  los  defectos  de  la  demanda” para realizar pronunciamiento de fondo por  posible  vulneración  a  garantía  fundamental,  pues  así  se  prevé  en el  artículo  184,  inciso  tercero, de la Ley 906 de 2004, a raíz precisamente de  los   fines   de   la  casación,  cuales  son  “la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia” (artículo 180  ibídem),  para  lo  cual  ha  de tenerse en cuenta la fundamentación que en la  demanda  se haga de los mismos, la posición del impugnante dentro del proceso y  la   índole   de   la   controversia   planteada,   todo   lo   cual   permite,   itero,   superar  los  defectos  de  la  demanda.   

En  lo  que  no  estoy  de acuerdo, y es el  objeto  de  la  presente  aclaración  de  voto  al  fallo  emitido dentro de la  presente  actuación, es en que se haya dispuesto el traslado de la actuación a  la  Procuraduría  General  de  la Nación para la emisión de concepto sobre la  posible  vulneración  a  garantía  fundamental del sujeto pasivo de la acción  del  Estado,  ya  que  esto  sólo es procedente cuando la demanda satisface los  requisitos  formales  (artículo  213,  Ley  600  de 200), pues el concepto debe  versar  sobre  los  cargos  admitidos, motivo por el cual al no haberse aceptado  ninguno  resultaba innecesario el traslado, por lo que lo procedente era haberse  pronunciado  inmediatamente  sobre  el punto en la misma providencia inadmisoria  de  la  demanda,  para  de  esta manera dar aplicación al principio de pronta y  cumplida  administración  de justicia, consagrado en el artículo 4º de la Ley  270 de 1996.   

En  torno  a  este  tema,  cabe agregar que  cuando  la  Corte  entra  a proferir una sentencia de casación, es porque se ha  observado    el    debido    proceso    propio   del   medio   de   impugnación  extraordinario.   Así,  ha  debido interponerse contra el fallo de segunda  instancia  dentro  del  término  oportuno, el tribunal lo concedió, la demanda  fue  presentada  en  el  término  de traslado para el efecto, se tuvo que haber  corrido,  así  mismo,  el  traslado  para  los  no  recurrentes; de igual modo,  llegada  la  actuación a esta Corporación, se examinó la demanda, se declaró  ajustada  y  ordenó  el  traslado  al  Procurador Delegado para que conceptuara  sobre el mérito de la misma.   

De  esa  forma, digo, la Corte regularmente  asume  de  plano la competencia que tiene como Tribunal de casación para emitir  la  sentencia  que  sea  del  caso de acuerdo con los términos planteados en la  demanda.   Por  ministerio  de  la  Ley tal competencia se puede extender a  aspectos  no  tratados  en  la demanda, cuando quiera que encuentre un motivo de  nulidad  o  afectación  a  las  garantías de los sujetos procesales (artículo  216).   

No  han  sido pocos los casos en los que la  Corte  se ha visto precisada, después de haberse surtido el comentado trámite,  a  casar  de  oficio  una sentencia de segundo grado al advertir la presencia de  cualquiera  de  esas  eventualidades,  incluso, sin que el agente del Ministerio  Público la hubiera detectado al rendir su concepto.   

Entonces, si así ha procedido, es decir, si  ha  casado  de  oficio sin contar ni conocer la opinión del Procurador Delegado  sobre  un  aspecto que sólo emergió a ojos de la Corte al momento de dictar la  sentencia  de  casación,  no encuentro razón atendible para que al estudiar si  la  demanda  de  casación  reúne los requisitos de admisibilidad y después de  inadmitirla  ante  la  carencia  de tales requisitos, se dé lugar a un trámite  que la ley no prevé.   

En  otras  palabras, si según el artículo  216  de  la  Ley 600 de 2000 el presupuesto para casar de oficio es que la Corte  perciba  que  la sentencia se profirió dentro de un juicio viciado de nulidad o  porque   la   misma   atenta   de   manera   ostensible  contra  las  garantías  fundamentales,  es  decir,  si ya advirtió la falla al examinar preliminarmente  la  demanda  que  se va a inadmitir, pregunto ¿para qué traslado al Ministerio  Público?   

Creo,  al  contrario,  que  frente  a  esa  circunstancia,  el  sentido  del  artículo  en  cita  consiste  en habilitar la  competencia  de  la Corte para que profiera sentencia de oficio por fuera de los  derroteros  de la demanda, bien sea coetáneamente con la inadmisión de ésta o  después  de  agotado el debido trámite casacional si es que el libelo llegó a  ser admitido.   

Por  último,  debo ser enfático en que el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que la ley le otorga a la Corte para casar  una  sentencia  de  segunda  instancia  si  percibe  alguna  de  las condiciones  señaladas  en  el  artículo  216  de  la  Ley  600 de 2000, no abre paso a una  tercera  instancia, ni se asimila a un ámbito de plena jurisdicción, a modo de  consulta,  como  para  que  pueda estimarse que tiene la gracia de decidir sobre  todos  los  aspectos  fácticos  o jurídicos tratados en el fallo o examinar el  completo andamiaje procesal.   

En  tal  evento, el legislador estatuyó un  plus  de  protección  a las garantías fundamentales al asignarle a la Corte la  misión  de  reparar  ostensibles  agravios  a  la  estructura del proceso o las  garantías  debidas a los sujetos procesales, por manera que su campo de acción  no  es  ilimitado sino el apenas necesario para introducir el correctivo que sea  del caso.   

En cuanto sentencia de casación la que así  produzca,  desde  luego,  como  cualquier  otra de la misma naturaleza, también  debe  propender  por  el cumplimiento de los fines que la Constitución y la ley  le  asignan a esa sede extraordinaria:  hacer efectivos el derecho material  y  las  garantías  de  las  personas que intervienen en la actuación penal, la  unificación  de  la  jurisprudencia  nacional  y la reparación de los agravios  inferidos a las partes con el fallo.   

No  son  más,  pero  tampoco  menos,  los  límites  que  tiene  la  Corte  en  el ejercicio de la atribución que tiene de  casar  de  oficio  la sentencia.  La ineludible e imperativa observancia de  ellos  garantizará  que  la  casación  no  pierda  su  naturaleza de instituto  procesal  extraordinario,  que  se  desarrolla  por  fuera  de  las  instancias,  técnico  y  especializado,  y  que  no  mute  en  simple escenario para revivir  controversias  ya  agotadas  o  para  prolongar, en desmedro de la celeridad que  debe   observar  la  administración  de  justicia,  la  discusión  de  asuntos  resueltos  en  una  sentencia  judicial  que  se  presume acertada y emitida con  arreglo al ordenamiento jurídico.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1  Casación 23491 del 8 de junio de 2005.     

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