22601(28-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22601   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.28  

Bogotá  D.C., veintiocho (28) de febrero de  dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  debida  argumentación  de  las  demandas  de  casación  presentadas por los defensores de los procesados JUAN CARLOS CASTILLO  MUÑOZ  y WILMAN CASTILLO MUÑOZ, contra el fallo de segundo grado de 2 de marzo  de  2004, mediante el cual el Tribunal Superior de Cali confirmó el emitido por  el  Juzgado  Décimo  Penal  del Circuito de la misma ciudad, por cuyo medio los  condenó  como  coautores  penalmente responsables del delito de porte ilegal de  armas.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

En la noche del 20 de mayo de 2001, luego de  que  Freddy  Antonio Mutis se resguardara en su casa familiar de la calle 16 N°  40  –  10 del barrio “El Guabal” de la ciudad de Cali, los hermanos WILMAN y  JUAN   CARLOS  CASTILLO  MUÑOZ  que  venían  en  su  persecución,  realizaron  indiscriminadamente  disparos  de  armas  de  fuego  hacia  el  interior  de  la  vivienda.   

Momentos  después  se  logró la captura de  WILMAN  CASTILLO  MUÑOZ  hallando  en  su  poder un revólver y tras vincularlo  mediante  indagatoria a la investigación que inició la Fiscalía General de la  Nación,  su  situación  jurídica se resolvió por proveído del 23 de mayo de  la  anualidad  en  cita,  con  medida de aseguramiento de detención preventiva,  concediéndole   el   beneficio   de  la  libertad  provisional,  como  probable  responsable  del  concurso  de  delitos de porte ilegal de armas y daño en bien  ajeno.   

Pese  a lo anterior, en virtud de la entrada  en  vigencia  de  la Ley 600 de 2000, se revocó la medida cautelar de carácter  personal  impuesta dada la pena de prisión prevista para los delitos imputados,  en    todo    caso    menor    al    quantum    exigido   legalmente   para   su  imposición.   

Posteriormente,  se  citó  y  escuchó  en  indagatoria  a JUAN CARLOS CASTILLO MUÑOZ y como la nueva normatividad adjetiva  (Ley  600)  no exigía resolver su situación jurídica ante la menor entidad de  los  delitos,  se  clausuró  el  ciclo  instructivo  para  calificar el mérito  sumarial  el  22 de marzo de 2002 con resolución de acusación en contra de los  hermanos  CASTILLO  MUÑOZ como coautores del delito de porte ilegal de armas en  concurso con la contravención especial de daño en bien ajeno.   

En firme el enjuiciatorio una vez que el 3 de  mayo  de  2002, se declaró desierto el recurso de apelación interpuesto por el  defensor  común  de  los  procesados,  ante  su falta de sustentación, la fase  procesal  del  juicio  la  adelantó el Juzgado Décimo  Penal  del  Circuito  de  Cali,  despacho  que luego de  adelantar  el  acto público de juzgamiento, a través de fallo de 31 de octubre  de  2003  condenó  a  WILMAN  y  JUAN CARLOS CASTILLO MUÑOZ como coautores del  delito   de  porte  ilegal  de  armas  —ya  que declaró la prescripción de la acción penal derivada de la  contravención     especial     de     daño     en    bien    ajeno—, a la pena principal de veintiún (21)  meses    de    prisión,    así    mismo,    ordenó   el   comiso   del   arma  incautada.   

Impugnado el fallo por el defensor común de  los  enjuiciados,   el  Tribunal  Superior de Cali lo confirmó, por lo que  insistió  el  mismo  sujeto  procesal  a  través  del  recurso  de  casación,  cuyas   demandas fueron presentadas de manara independiente por  otros  abogados de confianza de cada uno de los enjuiciados.   

LAS  DEMANDAS   

1.             A   nombre  de  JUAN  CARLOS  CASTILLO  MUÑOZ   

Un  solo cargo postula el defensor al amparo  de  la  causal  primera  de  casación,  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  debido  a  un  error  de  hecho  que  llevó al desconocimiento del  principio    de   in   dubio   pro   reo.   

En  concreto  funda  el yerro fáctico en la  distorsión  dada al  informe policial en el que se da cuenta de la captura  en  flagrancia  de  WILMAN CASTILLO MUÑOZ y el decomiso del arma, al tomarlo el  juzgador  como sindicación directa hacia JUAN CARLOS CASTILLO MUÑOZ, cuando en  criterio  del censor, no podía hacerse extensivo tal señalamiento, pues estaba  referido  exclusivamente  al  sujeto  aprehendido,  sin que tampoco los datos de  identificación de éste pudieran servir para su hermano.   

Asevera  que de la misma manera, el dicho de  Marco  Antonio  Mutis,  testigo  único de cargo, fue apreciado erróneamente en  relación  con  lo  que  sucedió  antes  de  que  su hijo, Freddy Antonio Mutis  ingresara  a  la  casa, porque sin que el atestante refiriera el motivo, forma y  realizadores  de  la  persecución,  el  juzgador  supuso  que  era  JUAN CARLOS  CASTILLO  MUÑOZ  su  persecutor,  luego  de  que aquel saliera de una tienda de  comprar  una  gaseosa,  máxime  que  no  obra alguna referencia testimonial que  avalé tal afirmación.   

Otro error lo radica en que para demostrar el  designio  criminal  de  los  hermanos CASTILLO MUÑOZ, el juzgador justificó la  ausencia  de  otros  testigos  como  Freddy Antonio Mutis y Raúl N., para darle  pleno  crédito  a  la  declaración de Marco Antonio Mutis, y pasó por alto la  contradicción  de  este  deponente  cuando  dijo  que  el atentado iba dirigido  contra  su  inquilino Carlos Cabrera quien se encontraba en el antejardín de la  casa,   pero   luego   afirma   que   era   en   contra   de   su   hijo  Freddy  Antonio.   

Por lo anterior, estima como infringidos los  artículos  7°,  232  numeral  2°,  233,  238,  277,  319 y 345 del Código de  Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000).   

2.              A    nombre   de   WILMAN   CASTILLO  MUÑOZ   

Con  fundamento  en  la   causal  tercera  de casación ante la   

pretermisión del debido proceso, solicita el  defensor  la  nulidad  de  la  actuación  desde  la  providencia con la cual se  definió la situación jurídica de su representado.   

Detalla  que  desde un comienzo la Fiscalía  enumeró  las  pruebas  que  se  debían  practicar, pues WILMAN CASTILLO no fue  observado   directamente  por  Marco  Antonio  Mutis  o  por  la  Policía,  por  ello,   se  ordenó  escuchar  en  declaración a Raúl N., Carlos Cabrera,  Freddy  Antonio  Mutis  y Fátima Chamorro, quienes no comparecieron ni aún con  la conducción que se libró ante la autoridad policial.   

En  ese orden, aduce el casacionista que sin  realizar  una  investigación integral como correspondía y sin obrar prueba que  corroborara  el  informe  policial  y  el dicho de oídas de Marco Antonio Mutis  para  demostrar  la  responsabilidad penal de su asistido, se llegó la condena,  avalada luego por el Tribunal.   

Destaca  que  el  juzgador  se  ufana  de la  certeza  para  condenar,  pero  sin ilación lógica aborda el dictamen pericial  practicado  al  arma,  prueba  por  demás  incompleta  ya que no se precisó si  había sido disparada recientemente.   

De  otro  lado,  denuncia un falso juicio de  existencia  por  suposición  cuando  el Tribunal toma el dicho de Marco Antonio  Mutis  como  señalamiento  cierto  e  indiscutible  de  su  defendido,  el cual  coincidía  con  el  vecino  Raúl N. con quien él había conversado, pues este  último  nunca compareció al proceso, además, aquel no sabía la situación en  que  se encontraba su hijo Freddy Antonio, como para que el fallador determinara  que  era  objeto  de  una  persecución luego de que comprara una gaseosa en una  tienda.   

A su turno, aduce que tampoco el ad    quem    advirtió   que   la  afirmación  de  Marco  Antonio Mutis acerca de que una de las balas pasó cerca  del  asiento  en  el que se encontraba Yamileth Vásquez, quedó desvirtuada con  el  dicho  de  ésta  relacionado  con  que  al  momento  de  los hechos ella se  encontraba durmiendo.   

Finalmente,   asevera   que   según   los  policiales,  los  vecinos  refirieron como uno de los autores de los hechos a un  sujeto  de   camisa amarilla, pero en el informe de la captura de WILMAN no  se detalla que portara dicha prenda de vestir.   

Así  las cosas, al estimar que ante la duda  latente,  se  debía aplicar el principio in dubio pro  reo, solicita a la Sala casar la sentencia y emitir la  de  reemplazo  en  el  que  se exonere de responsabilidad a su asistido, o en su  defecto  declarar  la nulidad de lo actuado a fin de realizar una investigación  integral.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         De  acuerdo  con  el  inciso  1º  del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000, el recurso extraordinario  de  casación  es  viable  contra las sentencias proferidas en segunda instancia  por  los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial y por el Tribunal Penal  Militar,  cuando  se  proceda por delitos que tengan señalada pena privativa de  la libertad cuyo máximo exceda de ocho (8) años.   

          Cuando  el  fallo  de  segundo  grado  no es proferido por los  citados tribunales o el delito por  el  que  se procede tiene pena privativa de la libertad inferior a dicho quantum  punitivo,  el  inciso  3º  del  artículo  205  del ordenamiento adjetivo penal  faculta   a   esta   Sala   para   admitir  discrecionalmente  las  demandas  de  casación   que  se  ajusten  a  los requisitos legales cuando lo considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos fundamentales.   

             

          En  esta  excepcional  vía  es  deber  ineludible  del  impugnante  precisar  la razón por la cual es  imprescindible  el  pronunciamiento de la Corte, sea que se requiera su criterio  de   autoridad   acerca  de  una  determinada  figura  jurídica  o  la  urgente  unificación  o  actualización  de  la jurisprudencia, así como también, debe  indicar  el  por  qué  la  decisión  solicitada tiene la utilidad tanto de dar  solución   al   asunto,   como   de   servir   de   norte   en   la   actividad  judicial.   

          Si  la pretensión del  actor  apunta a asegurar la garantía de derechos fundamentales, ha de acreditar  también  tal  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho  invocado,  y  de  manera obvia, la forma como fueron desconocidas en el  fallo recurrido.   

          La  Sala igualmente ha  precisado  que  es  aconsejable que cuando el recurrente en casación acude a la  vía  discrecional  aduzca  inicialmente el motivo por el cual debe ser admitida  la  demanda,  aunque  en  determinadas  ocasiones  del contexto mismo del libelo  puede    deducirse    con    facilidad    tal    pretensión.1   

          Advertido lo anterior,  en  el  caso  de  la  especie  se  observa  que ante la menor lesividad del bien  jurídico  del delito de porte ilegal de armas de uso de defensa personal por su  límite  punitivo  de  uno  (1)  a  cuatro  (4)  años de prisión, en todo caso  inferior  al exigido en el artículo 205 de la Ley 600 de 2000, el recurso sólo  es  posible  encausarlo  a  través de la casación excepcional, sin embargo, la  precariedad  demostrativa  que  exhibe  el texto de cada una las demandas impide  motivar  la atención de la Corte acerca de las vertientes, ora de desarrollo de  la    jurisprudencia    o    bien    de    la    garantía   de   los   derechos  fundamentales.   

          Efectivamente,  en los  libelos  no  se  logra  advertir  la  denuncia  de algún agravio a los derechos  fundamentales  de  los  enjuiciados,  pues  no  identifican  los  defensores  la  temática  que  debe  abordar  el  pronunciamiento  de  la Corte, ni explican si  acerca  del  asunto  hay jurisprudencia o se impone abordar su estudio, omisión  que   a  la  postre  impide  identificar  el  punto  dudoso,  la  existencia  de  providencias   contradictorias   o   el   vacío   que   corresponda   dilucidar  jurisprudencialmente  y  cómo  el  desarrollo  del  concepto reclamado tiene la  doble  utilidad  de  servir, tanto para este trámite, como para la solución de  casos similares.   

Además  de  lo  anterior,  los  libelistas  incurren  en  graves  deficiencias  en  lo que tiene que ver con los fundamentos  lógicos  y  de  debida argumentación que se deben observar cuando de atacar la  legalidad  del  fallo de segundo grado se trata, lo que a la postre corrobora la  inadmisión de las demandas, como se verá:   

1.             A   nombre  de  JUAN  CARLOS  CASTILLO  MUÑOZ   

El  cargo  lo  fundamenta  el  censor  por  violación  indirecta  de  la  ley,  debido  a  un error de hecho, que llevó al  desconocimiento   del   principio  de  in  dubio  pro  reo,  sin embargo, en manifiesto desconocimiento de la  dual  presunción  de  legalidad  y  acierto  del fallo se limita a enunciar las  modalidad   de  yerro  fáctico  sin  ningún  desarrollo  y  sin  acreditar  la  incidencia  en  la  decisión,  esto  es,  cómo  una  vez  subsanado el yerro e  integrados  los elementos de convicción al caudal probatorio se llegaría a una  sentencia radicalmente distinta de la adoptada.   

De  igual  modo, olvida incluir dentro de la  proposición  jurídica las normas sustantivas que de acuerdo con su pretensión  de  absolución  fueron  aplicadas indebidamente para sustentar la coautoría de  su  defendido  en el porte ilegal de armas, pues simplemente indica el quebranto  del  precepto  que  regula  el  principio  de  resolución  de  duda a favor del  procesado, sin alguna discusión de carácter sustancial.   

Además  de  lo  anterior, en simple postura  alegacional  pretende sembrar duda en los hechos antecedentes a la persecución,  como  los  relacionados con el motivo y forma de la misma, pero sin demostrar su  incidencia  en el compromiso y responsabilidad penal de JUAN CARLOS CASTILLO que  el Tribunal estableció.   

Los argumentos expuestos son suficientes para  inadmitir el reproche.   

2.              A    nombre   de   WILMAN   CASTILLO  MUÑOZ   

Con  fundamento  en  la   causal  tercera  de casación ante la   

pretermisión del debido proceso, solicita el  defensor  la  nulidad de lo actuado desde la providencia con la cual se definió  la  situación  jurídica  de su representado, al tiempo que por desconocimiento  del  principio  de  in  dubio pro reo  insta  casar  el fallo y emitir uno de carácter favorable para su  representado.   

A  todas luces refulge la contradicción del  planteamiento  del  libelista  al  deprecar  la  ineficacia  procesal  desde  la  providencia  de  situación  jurídica  de  su defendido en la que se ordenó la  práctica  de  algunas  pruebas y coetáneamente solicitar la absolución debido  al  error  de hecho en la apreciación probatoria, cuando es claro que al versar  la  censuras  en  disímiles  causales  de  casación debió escindirlas ante el  diferente   soporte   jurídico  y  argumentativo  de  los  vicios  in  procedendo o  in   iudicando,   fundamentalmente   porque  para  la  corrección  de  un  yerro  de  juicio   se  debe  admitir la validez de la  actuación.   

En  este  orden,  la  postura  del  censor  contraviene  los principios lógicos de no contradicción y de razón suficiente  que  imponen,  de  un  lado,  evitar  la  presentación de postulados que por su  contraste  se  oponen, y de otro, que la fundamentación para cada censura ha de  bastarse a sí misma.   

También  ha  sido  criterio reiterado de la  Sala  que  cuando  el  demandante  denuncia  la  pretermisión  probatoria, debe  aproximarse  al  contenido  material de las probanzas omitidas, a fin de ofrecer  la   oportunidad  de  confrontar  el  aporte  de  esos  novedosos  elementos  de  convicción  con  las  motivaciones  del  fallo y concluir si en realidad se han  vulnerado  las  garantías  fundamentales  del  procesado,  pero en este caso no  indica  el  censor la contribución que harían los declarantes que se rehusaron  a  comparecer  al  proceso,   lo  que  no puede suponer la Sala debido a la  naturaleza rogada del recurso.   

Así  las  cosas,  dado  que  las  falencias  destacadas  no  pueden  en modo alguno ser enmendadas por la Corte en virtud del  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional,  se  impone  la  inadmisión  de las demandas de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213  de la Ley 600 de 2000.   

          Por  manera  que,  además  de  no  cumplir  los recurrentes con los  postulados  requeridos  para  que  resulte  viable  admitir discrecionalmente el  estudio  del  recurso  de  casación  interpuesto, no observa la Sala dentro del  curso  procesal  o  en el fallo que le dio culminación violación alguna de los  derechos  fundamentales  o garantías de los hermanos CASTILLO MUÑOZ, como para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa de  naturaleza    legal    que    le   asiste   a   esta   Corporación   sobre   el  particular.   

          En  mérito  de  lo  expuesto,  LA SALA DE  CASACIÓN  PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por los defensores de JUAN CARLOS CASTILLO MUÑOZ Y WILMAN CASTILLO  MUÑOZ, por las razones expuestas en la anterior motivación.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese  y cúmplase   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ALVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                     JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Providencia del 26 de abril de 2006. Rad. 25175     

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