22365(02-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22365  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrado Ponente:   

          DR. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

         Aprobado  Acta  No.  046   

Bogotá  D. C., dos (2) de junio de dos mil  cuatro (2004).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  el  recurso de apelación  interpuesto  por  el defensor del sentenciado NELSON MARTÍNEZ IBARRA, contra el  auto  del  1° de marzo de 2004, a través del cual el Tribunal Superior de Cali  le negó la libertad condicional.   

ANTECEDENTES   

1. La Unidad de Fiscalías Delegadas ante el  Tribunal  Superior  de  Cali, el 11 de septiembre de 1996, profirió resolución  de  acusación  contra  NELSON  MARTÍNEZ  IBARRA,  ex  Fiscal  142 Seccional de  Palmira  (Valle),  por el delito que describía en su momento el artículo 39 de  la        Ley        30        de        19861   

.  

En  la  misma  oportunidad  se  revocó  la  libertad  provisional  que  le había sido concedida al momento de resolverse la  situación  jurídica,  pero  se  sustituyó  la  detención  preventiva  por la  domiciliaria,  para lo cual, mediante acta suscrita el 26 de septiembre de 1996,  se  comprometió  a  permanecer  en su residencia ubicada en la Calle 9 E N° 20  – 47 del Barrio Bretaña  de la ciudad de Cali. (Folio 362 cdno. 2)   

2.  Adelantada  a  cabalidad  la fase de la  causa,  mediante  sentencia  del  29 de mayo de 1997, la Sala de Decisión Penal  del  Tribunal  Superior  de  Cali  condenó  a  MARTÍNEZ IBARRA, como autor del  delito   previsto  en  el  artículo  39  de  la  Ley  30  de  1986,  a la pena principal de cuatro (4) años  de  prisión,  y  a  interdicción  de  derechos y funciones públicas por igual  lapso.   

De  otra parte, le negó el subrogado de la  condena  de  ejecución  condicional,  revocó  la  detención  domiciliaria,  y  agregó:  “una vez en firme esta decisión, disponer  su    traslado    a    la   cárcel   Distrital   de   Villahermosa.”   

3.  Por  considerar  que  las  decisiones  relativas  a la libertad son de inmediato cumplimiento, a través de auto del 24  de  junio  de  1997,  el  Tribunal Superior aclaró el último punto de la parte  resolutiva  de la sentencia, en el sentido de disponer que, como consecuencia de  la  revocatoria  de  la detención domiciliaria, el traslado de MARTÍNEZ IBARRA  de  su  casa a la Cárcel Distrital de Villahermosa debería cumplirse de manera  inmediata.   

Para  el  efecto,  el  Director General del  Instituto  Nacional  Penitenciario  y  Carcelario INPEC profirió la Resolución  No.  3173  del  24  de julio de 1997, ordenando el traslado del interno desde su  vivienda  ubicada  en  la  calle  9  E No. 20-47 Barrio Bretaña de la ciudad de  Cali, hasta la Cárcel Villahermosa de la misma ciudad.   

No  obstante, con Oficio 7103 APE 19335, la  Jefe  de  Asuntos  Penitenciarios  del INPEC, informó que el traslado de NELSON  MARTÍNEZ  IBARRA  no  pudo  llevarse  a  cabo, puesto que dicho ciudadano no se  encontró  en  su  domicilo,  en las dos oportunidades que los encargados de ese  trámite  destinaron  para  ese  efecto  (2  de  julio  y 19 de agosto de 1997).   

De  igual  manera, la funcionaria del INPEC  hizo  saber  que  durante  la  reclusión  domiciliaria  se  efectuaron  visitas  frecuentes  a  su  residencia,  las  cuales  se  llevaron  a cabo entre el 11 de  octubre  de  1996  y  el  20  de junio de 1997, encontrándolo ahí, sin novedad  alguna.   

4.  La  sentencia  de  primera  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Cali fue impugnada por el defensor del  implicado.   

Mientras  se  encontraba  en  trámite  la  apelación,   el   defensor   de   MARTÍNEZ   IBARRA   solicitó  cesación  de  procedimiento,  por  supuesta  descriminalización de la conducta descrita en el  artículo  39 de la Ley 30 de 1986, con la entrada en vigencia del nuevo Código  de  Procedimiento  Penal (Ley 599 de 2000); y, por ende, que se le concediera la  libertad.   

Por auto del 22 de octubre de 2002, la Sala  de  Casación  Penal negó las pretensiones de la defensa, ordenó la captura de  NELSON  MARTÍNEZ  IBARRA;  y  compulsó  copias para la averiguación penal del  posible  ilícito  consistente  en  abandonar  su  casa  cuando  en  ella estaba  confinado  en detención domiciliaria. (Folio 28 cdno.  3)   

Con   todo,  la  nueva  aprehensión  del  implicado  se produjo en su propia casa (ubicada en la calle 9 E 20 –  47  barrio Bretaña de la ciudad de  Cali)  el  24  de  octubre  de  2002,  según informe rendido por detectives del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación,  y  desde entonces permanece privado de la  libertad.   

5.  Al  resolver  el  recurso de apelación  interpuesto  contra  la  sentencia  de  primera  instancia, la Sala de Casación  Penal,   con   fallo  del  13  de  agosto  de  20032,  la confirmó íntegramente.  (Folio 260 cdno. 3)   

6.   Ya   ejecutándose   la   sentencia  condenatoria,  el  defensor  de  MARTÍNEZ  IBARRA solicitó se le concediera la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva de la reclusión intracarcelaria, y el  Tribunal  Superior  de  Cali,  con  auto  del 22 de octubre de 2003, le negó la  sustitución  deprecada,  tras  estimar  que  no convergía el factor subjetivo.  (Folio 297 cdno. 4)   

Ente   los  argumento  para  cimentar  su  decisión, el A-quo indicó:   

“Debiendo agregarse a lo anterior, que el  condenado   Martínez   Ibarra   no   solo   faltó   a  su  compromiso  con  la  administración  de  Justicia  cuando  era  servidor  público, sino que lo hizo  cuando  encontrándose,  precisamente,  en  detención  domiciliaria,  al  serle  revocada  dicha  concesión  en  el  fallo  condenatorio,  decidió abandonar su  domicilio,   es  decir,  evadió  su  compromiso  frente  al  proceso,  lo  cual  determinó  que  se librara orden de captura en su contra, la cual sólo se hizo  efectiva  cinco  años  después  de  su  condena.  Esta  actitud, por sí sola,  permite   concluir  fundadamente  que  el  señor  Martínez  Ibarra  no  ofrece  garantía  alguna  y fácilmente evadirá el cumplimiento de la pena, en caso de  enviársele de nuevo a su domicilio.”   

7.  En distinta oportunidad, el defensor de  MARTÍNEZ  IBARRA  solicitó se le reconociera redención de pena por enseñanza  al  interior  de  la  Cárcel Villahermosa de Cali, adjuntando la documentación  pertinente;  y,  con  ello, pidió se le concediera la libertad condicional, por  reunir  los  requisitos  objetivos  y subjetivos exigidos en el artículo 64 del  Código  Penal,  entre ellos haber descontado las tres quintas partes de la pena  y haber observado buena conducta en el establecimiento carcelario.   

El  Tribunal Superior de Cali le reconoció  la  redención de pena, pero le negó la libertad condicional, mediante auto del  1°  de  marzo  del  año en curso, providencia que es objeto de la impugnación  cuyo   fondo   se   resuelve.   (Folio   352   cdno.  4)   

LA    PROVIDENCIA  IMPUGNADA   

Se trata del auto del 1° de marzo de 2004,  a  través del cual la Sala mayoritaria de Decisión Penal del Tribunal Superior  de    Cali3  reconoció  redención de pena por enseñanza a NELSON MARTÍNEZ  IBARRA,  declaró  que  ya  había  superado  las  tres  quintas (3/5) partes de  sanción   que   se   le   impuso;   y,   no  obstante,  le  negó  la  libertad  condicional.   

La negación de libertad se fundamentó en  la siguiente reflexión:   

“Sin embargo, de ninguna manear se puede  olvidar,  para  estos  efectos, que encontrándose en detención domiciliaria el  doctor  Martínez  Ibarra se fugó, porque una vez revocada dicha concesión, al  momento  de proferir en su contra fallo condenatorio, desapareció del lugar que  había  sido  registrado  como  su  domicilio,  volviendo  a aparecer al proceso  después  de  cinco  años, cuando se operó su captura. Este comportamiento que  es  censurable  frente  a  cualquier  persona, tratándose de un profesional del  derecho,  que  permaneció  durante varios años al servido de la Rama Judicial,  desempeñándose  como  juez  y  fiscal,  se  torna  aún más reprochable. Esta  actitud,  por  sí  sola,  permite concluir fundadamente que el señor Martínez  Ibarra  no ofrece garantía alguna y fácilmente evadirá el cumplimiento de las  obligaciones, en caso de otorgársele el beneficio reclamado.”   

El  defensor  interpuso  los  recursos  de  reposición  y  en  subsidio apelación. La impugnación horizontal fue decidida  con  auto  del  20 de abril de 2004, en el sentido de reafirmar la postura de la  Sala mayoritaria.   

En  esta  ocasión,  el  Juez  colegiado  anotó:   

“Se  parte  de  la  base  de que la pena  impuesta  en  una  sentencia  judicial debe ser cumplida en su totalidad, siendo  ésta  la  regla  general.  Institutos  como  la LIBERTAD CONDICIONAL, que entre  otros  concede  la  libertad  al haber cumplido de ella sólo 3/5 partes y no el  total   de   5/5,   se   constituyen  en  la  EXCEPCIÓN.”  (Folio  383  cdno.  4)   

DE      LA  APELACIÓN   

El defensor solicita a la Sala de Casación  Penal  revocar  las  providencias a través de las cuales fue negada la libertad  condicional  a  NELSON  MARTÍNEZ  IBARRA,  con  base  en  los  argumentos que a  continuación se resume:   

-.  El artículo 64 del Código Penal (Ley  599  de  2000),  que  establece  los  requisitos  para  acceder  a  la  libertad  condicional,   es  perentorio  para  el  funcionario  judicial,  y  eliminó  el  contenido  de  discrecionalidad  que antes permitía valoraciones subjetivas, en  cuanto       utiliza       la       inflexión       verbal      “concederá”, expresión que obliga a  reconocer  ese  derecho  a  quien  haya  descontado  las 3/5 partes de la pena y  observado buena conducta en el establecimiento carcelario.   

-.   El  argumento  según  el  cual  la  “fuga”   de   MARTÍNEZ   IBARRA,   mientras  se  encontraba  en  detención  domiciliaria,  impide  considerar  buena  su  conducta  durante el confinamiento  físico,  no  es  válido  para  negar  la libertad condicional, toda vez que la  presunta  “fuga”  es un asunto que aún se está discutiendo jurídicamente,  pues  es  factible  comprobar que él nunca se marchó de su casa, sino que tuvo  que  asistir  donde  su  médico  tratante;  al  punto que la captura se produjo  posteriormente en su misma morada.   

-. No es verdad que el cumplimiento de toda  la  pena  impuesta  es  una  regla  general  del  proceso  penal.  “Ese  es un  pensamiento  regresivo”.  Lo  general es el derecho a la libertad condicional;  de  lo  contrario  se  negarían  los  efectos  resocializadores  a  la sanción  penal.   

-. No es factible reducir el comportamiento  del  implicado  a  un  solo  momento  –el  de  la  supuesta  fuga-,  cuando  lo cierto es que ha guardado  buena conducta durante todo el tiempo de su reclusión.   

-.  De  otro  lado, según certificaciones  médicas  anexas  al  expediente,  MARTÍNEZ  IBARRA  es una persona de avanzada  edad4  y  que  padece  serios quebrantos de salud, cuyo único deseo es  regresar  a  su  casa  a  compartir  con  su  familia el tiempo que le quede por  vivir.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Los autos de 1° de marzo y 20 de abril de  2004,  el segundo confirmatorio del primero, a través de los cuales el Tribunal  Superior  de  Cali  negó  la  libertad  condicional  al  ex Fiscal Seccional de  Palmira   NELSON   MARTÍNEZ  IBARRA,  serán  confirmados,  con  las  siguiente  observaciones y glosas.   

1. Sea lo primero destacar la impropiedad  en  que  incurre el A-quo en auto del 20 de abril de 2004, en cuanto asegura sin  ambages  que  la  regla general consiste en que la pena impuesta en la sentencia  condenatoria   se   cumpla   totalmente,  y  que  institutos  como  la  libertad  condicional son la excepción.   

Esa afirmación es errada, pues desconoce  de  tajo uno de los principios esenciales que orienta el sistema penitenciario y  carcelario,   que   es  precisamente  el  “sistema  progresivo”  consagrado  en  el artículo 12 de la  Ley   65   de   1993   (Código   Penitenciario   y  Carcelario),  según  el  cual  es factible que cada  interno   logre   su  resocialización,  rehabilitación  y  reinserción  a  la  sociedad,  dependiendo  de las condiciones personales que lo singularizan, y que  nunca   –por   norma  general- exige el cumplimiento total de la pena de prisión.   

A  decir  del  artículo  143 ibídem, el  tratamiento  penitenciario  debe realizarse conforme a la dignidad humana, a las  necesidades  particulares  de  la  personalidad  de  cada  uno;  y se verifica a  través  de  la  educación, la instrucción, el trabajo, la actividad cultural,  recreativa,   deportiva,   y   las  relaciones  con  la  familia.  Además,  ese  tratamiento  “se basará en el estudio científico  de  la personalidad del interno, será progresivo y programado e individualizado  hasta donde sea posible.”   

Importa resaltar que el sistema progresivo  penitenciario  se  traduce  en  el otorgamiento de beneficios consecutivos a los  reclusos,  según  la evolución de cada uno. Inicia con el permiso de setenta y  dos  horas,  y  va  avanzando  hasta  culminar, luego de una serie escalonada de  prerrogativas   intermedias,   con   la   libertad   provisional,   condicional,  preparatoria o definitiva, según el caso concreto.   

A la sazón, el artículo 144 del Código  Penitenciario  y  Carcelario  describe  las fases del tratamiento penitenciario,  así:   

1.   Observación,   diagnóstico   y  clasificación del interno.   

2.  Alta  seguridad,  que  comprende  el  periodo cerrado.   

3.  Mediana  seguridad,  que comprende el  periodo semiabierto.   

4.   Mínima   seguridad   o   periodo  abierto.   

5.    De    confianza,   que    coincidirá   con   la   libertad   condicional.   

Así las cosas, no es correcto afirmar que  por  regla general la pena impuesta en la sentencia debe cumplirse completamente  al  interior  del establecimiento penitenciario, como si los fines de la pena se  activaran  exclusivamente al transcurrir el término de la condena. El principio  general  –de obligatorio  acatamiento-    opera    al    contrario    y    se   aviene   al   sistema   progresivo,  a  través  del  cual,  según  lo  anotado, es factible que los procesados recuperen su libertad  antes  que transcurra en el calendario el tiempo de la sanción que les hubieren  impuesto.   

2. Como pasa a demostrarse, la valoración  de  la  conducta  del  recluso se precisa en momentos distintos, con finalidades  también  diferentes,  y  generalmente  esa  labor corresponde a las autoridades  administrativas  del  Instituto  Nacional Penitenciario y Carcelario INPEC, pero  en  ningún  caso  el Juez llamado a resolver sobre la libertad queda excluido o  relegado   en  la  apreciación  del  comportamiento  del  interno  –ora  en  una  cárcel, o bien en su  domicilio-.   

2.1 El artículo 101, de la Ley 65 de 1993  (Código  Penitenciario  y  Carcelario)  estipula  las  condiciones  exigidas para la redención de pena,  entre ellas la buena conducta del interno:   

“Artículo      101.  Condiciones  para  la redención de pena. El Juez de ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad,  para conceder o negar la redención de la  pena,  deberá  tener  en  cuenta  la  evaluación  que  se haga del trabajo, la  educación o la enseñanza de que trata la presente ley.   

En  esa  evaluación  se  considerará la  conducta  del  interno.  Cuando  esta  evaluación  sea  negativa,  el  juez  de  ejecución   de   penas   se   abstendrá   de  conceder  dicha  redención.  La  reglamentación      determinará      los      periodos     y     formas     de  evaluación”.   

Esa reglamentación se efectuó a través  del  Acuerdo  No.  11  de  1995, expedida por el Consejo Directivo del Instituto  Nacional  Penitenciario  y Carcelario INPEC, cuyos artículos 76 y 77 asignan al  Consejo  de Disciplina de  cada  establecimiento  la  labor  de  estudiar  y  calificar  la conducta de los  internos,  de  acuerdo  con  los  siguientes  parámetros:  observancia  de  los  reglamentos,  relación  con  los  superiores y compañeros, cumplimiento de las  disposiciones   internas   disciplinarias,   cooperación   en  las  actividades  programadas,  e  informaciones  que contribuyan a prevenir hechos que afecten el  orden y la seguridad en el establecimiento.   

2.2  El  artículo  64  del  Código Penal, relativo a la  libertad condicional estipula:   

“El  juez  concederá  la  libertad  condicional   al   condenado  a  pena  privativa  de  la  libertad  mayor    de    tres    (3)    años5,  cuando  haya  cumplido las  tres   quintas  partes  de  la  condena,  siempre  que  de  su  conducta  en  el  establecimiento  carcelario  pueda el juez deducir, motivadamente, que no existe  necesidad para continuar con la ejecución de la pena”.   

Aquel  precepto  debe  armonizarse con el  artículo  480  del Código de Procedimiento Penal, que versa sobre la solicitud  de libertad condicional y los documentos que deben acompañarla:   

“El  condenado  que  se  hallare en las  circunstancias  previstas  en  el  Código  Penal,  podrá  solicitar al juez de  ejecución   de   penas   y   medidas  de  seguridad,  la  libertad  condicional  acompañando  la  resolución  favorable  del  consejo  de  disciplina,  o en su  defecto  del  director  del  respectivo  establecimiento carcelario, copia de la  cartilla  biográfica  y  los  demás  documentos  que  prueben  los  requisitos  exigidos en el Código Penal…”.   

3.  Se precisa recordar que al definir la  situación  jurídica  se  concedió  a  NELSON  MARTÍNEZ  IBARRA  la  libertad  provisional;  que ese beneficio le fue revocado en la calificación del sumario,  y    que    en   esta   misma   providencia   se   le   concedió   detención  domiciliaria como medida de  aseguramiento,  a  partir  del 26 de septiembre de 1996, fecha en que suscribió  la diligencia donde se comprometía a permanecer en su casa.   

El  INPEC  realizó  varias  visitas a la  residencia  de  MARTÍNEZ  IBARRA,  a  partir  de  la  fecha anterior, siendo la  última  de  esas  visitas  el  20  de junio de 1997, como lo hizo constar en el  oficio  visible a folio 25 del cuaderno original 3, sin reportar ninguna novedad  que   pusiera   en   tela   de   juicio   la   conducta   del   privado   de  la  libertad.   

Igualmente,  cada uno de los certificados  de  enseñanza  remitidos  por  el  INPEC  para efectos de redención de pena se  acompañó  con la correspondiente calificación de conducta, siendo ésta buena  en  todos  los  casos;  y  precisamente  en  atención  a ese factor el Tribunal  Superior accedió al reconocimiento de ese beneficio.   

4.  Pese  a  ello,  la misma Corporación  entendió  que  el  hecho  de  la  “fuga”  en  que  presuntamente  incurrió  MARTÍNEZ  IBARRA  era  demostrativa  de  su  mala  conducta y de ahí dedujo la  necesidad de continuar con la ejecución de la pena.   

Como  la  detención  domiciliaria le fue  revocada  en la sentencia condenatoria, cuando el INPEC se dispuso a realizar el  traslado  desde su casa hasta la cárcel, no encontró a NELSON MARTÍNEZ IBARRA  en su residencia.   

Ese  acontecimiento propició que la Sala  de  Casación  Penal ordenara compulsar copias “con  destino  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  para que, si fuere el caso,  adelante          la          investigación         correspondiente.”6   

La  Corte  no  asignó  ninguna  etiqueta  (fuga,  huída,  escape,  etc.)  que  calificara con antelación o prejuzgara la  actitud  asumida  por  el  implicado;  pues definir si se trata o no de una fuga  corresponde  a  la  autoridad competente, en desarrollo de un proceso adelantado  con  todas  las  garantías,  donde  finalmente,  si  a  ello  hubiere lugar, se  desvirtúe    la    presunción    de    inocencia    por   el   peso   de   las  evidencias.   

5.  Obsérvese  que  el Tribunal Superior  aceptó  la  buena  conducta  del  procesado para efectos de redención de pena,  pero  descalificó  ese  comportamiento, por razón de la posible fuga, en punto  de   la   libertad   condicional.   No  empece,  no  existe  contradicción,  ni  extralimitación  alguna  en  el  razonamiento  del  Juez colegiado, como pasa a  demostrarse.   

5.1  La  conducta  que certifica el INPEC  para  cada  periodo de estudio, trabajo o enseñanza, se refiere en exclusiva al  lapso  concreto  de que se trate, y junto con la evaluación de esas actividades  sólo  incide en el reconocimiento de la redención de pena a que haya lugar. De  ahí  que  si  en algún periodo el interno es descalificado en su conducta, tal  situación  impedirá  el  reconocimiento  de  la redención, por el trabajo, el  estudio  o la enseñanza, ejecutados en dicho periodo; sin que ello incida en la  redención     de     pena     condigna     a    otros    ciclos    –anteriores  o posteriores- donde la  conducta ha sido buena.   

5.2  En  cambio,  en punto de la libertad  condicional,  corresponde al Juez de Ejecución de Penas, o al Juez que haga sus  veces,  de  manera  exclusiva,  sopesar  la conducta global del interno, durante  toda  su  permanencia  bajo  el  régimen penitenciario y carcelario, sea en una  prisión  o en su domicilio, para decidir motivadamente si existe o no necesidad  de  continuar  con  la  ejecución  de la pena; sin que la independencia el Juez  deba   quedar   subordinada   a  la  calificación  que  sobre  la  conducta emita el INPEC, ni supeditado  a    la    “resolución    favorable”  del  Consejo  de  Disciplina  del  establecimiento,  a que se  refiere el artículo 480 del Código de Procedimiento Penal.   

De  ahí  que  el  Juez  para  efectos de  decidir     sobre     la     libertad    condicional    pueda    “apartarse”  del  criterio  del INPEC  sobre  la  conducta  del interno, expresando los motivos que lo llevan a adoptar  tal  decisión, bien sea cuando la autoridad administrativa haya calificado como  bueno     ese     comportamiento,     o     cuando     lo    haya    conceptuado  negativamente.   

6.  Quienes  piensan  en contrario aducen  como  argumento  medular  que si las autoridades carcelarias expiden un concepto  favorable  en cuanto a la  conducta  y  a  la  viabilidad de la libertad condicional, los fundamentos de lo  conceptuado  por  el  INPEC  no  pueden  ser revisados  ni refutados por el  Juez,  porque  como  la  calificación  sobre  la  conducta  se emite en un acto  administrativo,  amparado  con  presunción de legalidad, cualquier decisión en  contrario  corresponde decidirla a la misma administración o a la jurisdicción  contencioso  administrativa,  con  agotamiento  de  la vía gubernativa si fuese  necesario.   

En criterio de la Sala de Casación Penal,  tal  postura  parte  de  dos  supuestos   equivocados. De una parte, porque  prácticamente   quedaría   en   manos   de   las  autoridades  carcelarias  el  otorgamiento   o   no   de  la  libertad  condicional,  y  de  otra,  porque  el  “concepto  favorable”  del  INPEC,  a  que  se refiere el artículo 480 del estatuto procesal penal, no  puede  -desde  ningún  punto  de  vista-  desplazar la facultad judicial que en  materia  de  libertad  se  radica  en cabeza de los Jueces hacia las autoridades  administrativas  carcelarias,  máxime  cuando  se trata de una norma de estirpe  instrumental,  sin  virtud  para  modificar  las instituciones consagradas en la  Parte  General  del Código Penal, y que básicamente está destinada a ilustrar  a  los  condenados  sobre los documentos que debe acompañar a su solicitud para  que   el   juez   pueda  “deducir”  la   necesidad   o  no  de  continuar  con  la  ejecución  de  la  pena.   

7.  Sin duda, la fase de ejecución de la  pena  es  eminentemente  judicial  y, por tanto, las decisiones que durante ella  deban  tomarse  sobre  la libertad de los condenados, o las modificaciones sobre  las  condiciones  de  cumplimiento  de  la  pena,  o  reducción  del  tiempo de  privación   efectiva   de   la   libertad   deben  ser  adoptadas  exclusiva  y  excluyentemente  por  el  Juez  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad, o  por el Juez que lo reemplace.   

Así   se  infiere  de  las  siguientes  disposiciones:   

Del Código Penal: Artículo 64.- Libertad  condicional.-      El      Juez     concederá  la  libertad condicional al condenado a pena privativa  de  la  libertad,  cuando  haya  cumplido las tres quintas partes de la condena,  siempre  que  de  su  buena  conducta  en  el  establecimiento  carcelario pueda  el    Juez   deducir,  motivadamente  que  no  existe  necesidad para continuar con la ejecución de la  pena…”.   

Del  Código  de  Procedimiento  Penal:  Artículo   79.-   De   los   jueces   de  ejecución  de  penas  y  medidas  de seguridad.- Los  jueces  de  ejecución de penas y  medidas de seguridad conocerán de las siguientes actuaciones:   

1.-  ………………………………..   

3.-  Sobre  la  libertad condicional y su  revocatoria.   

4.-  De  lo  relacionado con la rebaja de  pena,  redención  de  pena  por  trabajo,  estudio  o  enseñanza  y  sobre  la  sustitución, suspensión o extinción de la sanción penal.   

5.-  De  la aprobación de las propuestas  que   formulen   las   autoridades   penitenciarias  o  de  las  solicitudes  de  reconocimiento    de    beneficios   administrativos   que   supongan   una  modificación  en las condiciones de cumplimiento de la condena o una reducción  del tiempo de privación efectiva de la libertad.   

6.-    ………………………”  (Negrillas fuera de textos).   

Es  que, además, en torno de la facultad  de  adoptar  las  decisiones  que  en  derecho  resulten pertinentes y que digan  relación  con  la libertad del condenado, rige el principio de reserva judicial  y  legal  previsto  en  la  Constitución  Política,  por  virtud del cual, con  carácter  de  exclusividad,  corresponde  a  las autoridades judiciales proveer  sobre  la  vigencia,  suspensión  o  cesación  de  los  efectos de las medidas  restrictivas  de  la  libertad  por los motivos previamente definidos en la ley.   

A la sazón, el artículo 28 de la Carta,  que   en   materia   de   libertad   irradia  todo  el  ordenamiento  jurídico,  dispone:   

“Art. 28.- Toda persona es libre. Nadie  puede  ser  molestado en su persona o familia, ni reducido a prisión o arresto,  ni  detenido,  ni su domicilio registrado, sino en virtud de mandamiento escrito  de  autoridad  judicial  competente,  con  las formalidades legales y por motivo  previamente definido en la ley.”.   

8. Debe quedar claro que el artículo 480  del   Código  de  Procedimiento  Penal,  que  es  como  se  dijo  una  precepto  esencialmente  instrumental,  en  cuanto  dispone que a la solicitud de libertad  condicional      el      interno     debe     acompañar     la     “resolución    favorable    del   consejo   de   disciplina”,  de  ninguna  manera  está  consagrando un requisito  adicional  a  los señalados en el artículo 64 del Código Penal para el acceso  a  dicho subrogado, como tampoco podría entenderse que tal concepto debe versar  sobre  la viabilidad o no de su otorgamiento, porque ello implicaría tanto como  radicar  en  las  autoridades  carcelarias  una  función  que  es eminentemente  judicial  y  tornaría  prácticamente inoficiosa la intervención de los jueces  de ejecución de penas y medidas de seguridad.   

Lo  que  el  artículo  480  del estatuto  procesal  penal exige es que las autoridades carcelarias donde el interno cumple  la  pena  suministren  al  juez los documentos “que  prueben   los   requisitos   exigidos   en  el  Código  Penal”,  entre     ellos     el     concepto  favorable  del  Consejo de Disciplina, que por tanto  queda  referido exclusivamente a la “buena conducta  en  el  establecimiento  carcelario”,  la cartilla  biográfica  y  los demás documentos que apunten en el sentido indicado, puesto  que  también  en  relación con el requisito objetivo vinculado al quantum  de  pena  cumplida  pueden  y  deben suministrar los datos que posean.   

Por  supuesto,  la anterior hermenéutica  descarta  y  deja  sin  soporte  jurídico el equivocado entendimiento según el  cual   el   “concepto  favorable”  a  que  se  refiere  el  artículo 480 del estatuto procesal penal  está  referido  a  la conveniencia o no de otorgar la libertad condicional que,  como  atrás  se  precisó,  es   atribución  exclusiva  y  excluyente  de  los  jueces de ejecución de penas y medidas de seguridad.   

9.  Retornando al caso concreto, bajo las  anteriores  premisas,  es  claro  que el Tribunal Superior actuando como Juez de  ejecución  de  penas,  sí  podía  analizar  críticamente la calificación de  buena  conducta  y  el  “concepto  favorable  para  acceder   al   Subrogado   Penal”   de   libertad  condicional  emitidos  por  las  autoridades correspondientes del INPEC, sin que  ello  constituya  vulneración  del  derecho  establecido en el artículo 64 del  Código Penal.   

Así  las  cosas, es razonable la postura  del  Tribunal  Superior  de  Cali  cuando,  luego  de analizar el abandono de su  domicilio  por  el  ex Fiscal NELSON MARTÍNEZ IBARRA, donde debería permanecer  en  calidad  de  detenido, y su desaparición del ámbito procesal durante cinco  años,  hasta  que  se  materializó  la orden de captura expedida en su contra,  dedujo  que  el rigor de la sanción penal aún no ha cumplido con sus funciones  de  reinserción social y prevención especial, “ya  que  sin padecer los rigores propios del encerramiento y vigilancia permanentes,  el  doctor Martínez Ibarra no reconoció la autoridad de la sentencia, sino que  eludió  el  cumplimiento  de la pena”, defraudando  de  ese  modo  las  expectativas  implícitas  en la prisión domiciliaria, como  figura sustitutiva del confinamiento intracarcelario.   

10.  En consecuencia, se confirmarán los  autos  impugnados,  en  cuanto  conforman una unidad jurídica, a través de los  cuales se negó la libertad condicional a NELSON MARTÍNEZ IBARRA.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema de Justicia, en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

Confirmar, por  las  razones  expuestas  en la parte motiva de esta providencia, el auto del 1°  de  marzo  de  2004,  a través del cual la Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior  de  Cali  negó  la libertad condicional al ciudadano NELSON MARTÍNEZ  IBARRA;  y  el  auto del 20 de abril del mismo año, que resolvió el recurso de  reposición contra el anterior.   

Cópiese, notifíquese y  cúmplase   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE   A.  GÓMEZ  GALLEGO                                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                        ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                        MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Artículo    39    Ley   30   de   1986,  Por  la cual se adopta el estatuto nacional de estupefacientes y  se   dictan   otras   disposiciones.  “El  funcionario,  empleado  público  o  trabajador  oficial  encargado  de  investigar,  juzgar  o  custodiar a personas  comprometidas  en  delitos  o contravenciones de que trata el presente estatuto,  que   procure   la  impunidad  del  delito,  o  la  ocultación,  alteración  o  sustracción  de  los  elementos o sustancias decomisadas o facilite la evasión  de  persona  capturada, o detenida o condenada, incurrirá en prisión de cuatro  (4)  a  doce  (12)  años,  pérdida  del  empleo  o interdicción de derechos y  funciones públicas por el mismo término”.   

2  Magistrado ponente: Dr. Jorge Luis Quintero Milanés.   

3 Con  salvamento    de    voto    del    H.    Magistrado,    Dr.   Ranulfo   Guerrero  Guerrero.   

4  Dictamen  para  estado  de  salud. Instituto de Medicina Legal:“Se trata de un  hombre  adulto,  en  su  séptima década de la vida, aproximadamente de 68 a 70  años   de   edad”.   Enfermedad   hipertensiva.   Hiperuricemia.  Hipertrofia  prostática.   

5 La  parte  destacada  fue declarada inexequible por la Corte Constitucional mediante  Sentencia C-806 del 3 de octubre de 2002.   

6  Sala  de  Casación  Penal,  auto  del  22  de  octubre  de 2002. Folio 28 cdno.  3.     

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