22366(15-09-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22366  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 077  

Bogotá,     D.C.,     quince (15) de septiembre de dos mil cuatro (2004).   

  V   I   S   T   O  S   

Resuelve  la  Corte  el   recurso   de   apelación   interpuesto   por  la   defensora  del  procesado,  doctor  LEONEL GERARDO DEL  CARMEN   PINILLA   PATIÑO,   ex   Fiscal   157     Seccional    de    Yumbo    (Valle    del   Cauca),   contra  la  sentencia  dictada,  el  24   de    marzo    de    2004,   por    el    Tribunal    Superior    de    Cali,   por   medio   de    la    cual    lo    condenó   a   las   penas   principales   de   5  años  de   prisión,    multa    de    sesenta    (60)    salarios  mínimos    legales    mensuales   vigentes  e  interdicción  de  derechos   y  funciones   públicas   por   el   mismo   término     de    la    pena     privativa    de     la    libertad,    como    autor   de   los   delitos  de  concusión  y prevaricato  por   omisión.    H   E   C   H   O  S   

Cabe   precisar   que   son   cuatro  los  acontecimientos  fácticos  que  ocuparon  la atención del presente asunto, los  que fueron investigados y juzgados bajo una misma cuerda procesal:   

Primer caso  

A  las  cinco  y  media  de  la  tarde  del  3   de   septiembre   de  1998,  el  doctor  Leonel  Gerardo  del Carmen Pinilla Patiño, en su condición de Fiscal 157 Seccional de  Yumbo,  llevó a cabo allanamiento y registro del inmueble ubicado en la carrera  11  N°  6-06  de  la  citada  municipalidad,  diligencia  en  la  que recuperó  unas  mercancías  que habían sido hurtadas  en  horas  de  la  mañana, elementos que, pocas horas  después,   entregó   a   la  señora  Josefina  Gómez  de Vergara sin   acreditación   sumaria  sobre  la  propiedad o posesión de los mismos por parte de la reclamante.   

Segundo caso  

El  5  de  agosto de 1998, el citado fiscal  practicó  diligencia  de  allanamiento  y registro en el inmueble situado en la  calle  15  N°  15-04  del  municipio  de  Yumbo,  lugar en el cual incautó 147  papeletas  de  bazuco  y  capturó a Sandra Patricia Ramírez Urrego y a William  Saúl   Yama   Sánchez,   a  quienes  liberó  inmediatamente  después  de  la  indagatoria  y  sin  resolverles la situación jurídica. Posteriormente se dijo  que  el  señor  Segundo  Yama  Cuaspa, dueño del establecimiento ubicado en la  dirección    indicada,   había   entregado   al   funcionario   la   suma   de  $470.000,oo.   

Tercer caso  

El doctor Leonel Gerardo del Carmen Pinilla  Patiño  adelantaba la investigación que por el delito de homicidio cometido en  Luis  Alfonso  Latorre  Valencia  se  seguía  contra  Jesús Belisario Espinosa  López,  cuando  entre  los  meses de mayo y junio de 1998 el citado funcionario  constriñó  a  la  señora  Claudia Lucía Valencia Vásquez, madre del occiso,  para  que  le  entregara la suma de tres millones de pesos ($3.000.000,oo), bajo  la     amenaza      de      darle      libertad     al   sindicado.   

Cuarto caso  

Con  base en el informe policial, por medio  del  cual  se  dejó  a disposición a dos personas, quienes portaban un arma de  fuego  e intentaron hurtar una motocicleta de propiedad de Fernando Bravo Araya,  hechos  sucedidos  en  la noche del 7 de agosto de 1998, el Fiscal 157 Seccional  de  Yumbo  inició  instrucción  en  contra de Darwin Ospina Hernández y Diego  García  Varón.  Escuchados  en  indagatoria,  el  10  de  agosto siguiente les  resolvió  la  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención  preventiva  y  les  otorgó  la  libertad  provisional,  omitiendo considerar el  delito  de  hurto por cuanto “hasta el momento no se  ha   allegado   denuncia   penal,   ni   se   ha   hecho   presente  la  persona  ofendida”,  no  obstante  que el citado funcionario  judicial,    doctor   Pinilla   Patiño,   sabía   de  la  existencia  de  la  denuncia  presentada   por   Bravo   Araya   y   de   la  presencia   del    mismo,    en    la  medida  en  que  previamente,  en  dos  oportunidades,  dialogó  con  él.  Así  mismo,  se  sugirió  que  el acusado  solicitó o recibió dinero por dicho comportamiento.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

Con fundamento en la denuncia que presentó  la  doctora  Mónica  Amparo  Gaitán  Muñoz,  Fiscal Coordinadora de la Unidad  Seccional  de  Fiscalías  de  Yumbo  (Valle  del  Cauca),  quien allegó varios  documentos  que  sustentaron  su  informe,  y  teniendo en cuenta los múltiples  hechos  anteriormente  narrados, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior  de  Cali,  el  15  de  septiembre  de 1998, profirió resolución de apertura de  instrucción.   

Recibidas  unas declaraciones, escuchado en  indagatoria  el  doctor  Leonel  Gerardo  del  Carmen  Pinilla Patiño, para ese  entonces  Fiscal  157  Seccional  de  Yumbo,  allegados otros testimonios y  ampliada  la  indagatoria,  el 14 de mayo de 1999, se le resolvió la situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva, por los delitos  de cohecho propio, concusión y prevaricato por acción.   

Incorporados   múltiples   medios   de  convicción,  el  6  de  julio  de  1999  se  cerró la investigación y el 2 de  septiembre  siguiente  se  calificó  el  mérito del sumario con resolución de  acusación  en  contra del procesado, por los delitos de prevaricato por acción  (primer  caso),  cohecho  propio  (segundo  caso),  concusión  (tercer  caso) y  prevaricato  por  omisión  y cohecho propio (cuarto caso), decisión que quedó  ejecutoriada el 6 de octubre de 1999.    

La  etapa  del  juzgamiento la adelantó la  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal Superior de Cali que, luego de superar  unas  contingencias  y  de llevar a cabo la audiencia pública, dictó sentencia  de  primera  instancia,  el 24 de marzo de 2004, en la que condenó al procesado  a   las  penas  principales  de  5  años  de  prisión,   multa   de   60  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término de la  pena    privativa    de    la    libertad,   como   autor    de    los   delitos   de   concusión   y  prevaricato   por   omisión, conductas punibles referidas a los casos  tercero y cuarto en precedencia relatados.    

Así  mismo,  si  bien  es cierto que en la  parte  resolutiva  del  fallo  se  omitió   declarar  la  absolución  del  procesado  por los delitos de prevaricato por  acción (caso primero) y dos  cohechos   propios  (casos  segundo  y  cuarto),  también  lo  es  que  de  las  consideraciones  de  la  providencia se deduce claramente que el sentenciador de  primer grado concluyó en dicha absolución.   

Inconforme  con  la  condena  proferida, la  defensora  del  procesado  interpuso  recurso  de  apelación,  impugnación que  propicia el conocimiento de esta Colegiatura para su resolución.   

LA     DECISIÓN    DEL   TRIBUNAL   

Si  bien  es  cierto  que  el  recurso  de  apelación  está  dirigido  exclusivamente  contra  la  condena  del  ex fiscal  procesado,  resulta conveniente precisar que, respecto de las conductas punibles  de  prevaricato  por acción (primer caso) y dos cohechos propios (casos segundo  y  cuarto)  imputadas  en la resolución de acusación, el a quo concluyó en su  absolución,   toda   vez   que,   respecto   de   la  primera,  “se   infiere   que   LEONEL  GERARDO  no  actuó  con  ‘animus     delinquendi’,   esto   es  con  la  voluntad  de  delinquir  y  de  cometer  el  delito  nominado.  La  Sala  no  observa  que  la  resolución  sea  injusta,  porque sumariamente no se aparta ostensiblemente del  derecho.  Si se reconocieron errores al no dejar constancia de la exhibición de  los  documentos,  ese  error  desvirtúa  el  dolo  como  se  anotó”.   

En lo atinente al cohecho propio del segundo  caso,  consideró  que  “con  toda  esta  serie  de  argumentaciones,  lo  único  que surge como diamantino es una duda ineliminable  que  no  genera certeza, sino la aplicación del apotegma universal del in dubio  pro  reo, que indispensablemente conduce a una sentencia absolutoria”.   

Finalmente,  en  lo  que  atañe al cohecho  imputado  respecto  de  los  hechos del caso cuarto, sostuvo que “desde  el  punto  de  vista  de  la certeza, no está demostrada la  oferta  y  el  recibo  de  dinero  por parte de LEONEL GERARDO PINILLA, a fin de  omitir  un  acto  propio  de su cargo, o de ejecutar uno contrario a sus deberes  oficiales”.   

En  cuanto a los dos restantes punibles, el  Tribunal  Superior de Cali decidió condenar al acusado, con base los siguientes  argumentos:   

Tercer caso  

Luego de explicar las razones por las cuales  descartó   como   medio   de   prueba  una  interceptación  telefónica  y  la  averiguación         o         la        labor        de        “inteligencia”  que miembros del Cuerpo  Técnico  de  Investigación  realizaron respecto de los hechos relacionados con  la  petición  de  dinero  que hizo el fiscal procesado, pues éstas no contaron  con  la  autorización  judicial  respectiva  y  con la dirección de un fiscal,  concluyendo  que  tales  medios de convicción son inexistentes, sostiene que la  declaración  rendida  por  Claudia  Lucía  Valencia  Vásquez  es  el medio de  convicción que genera certeza.   

En  primer  término,  asevera  no hay duda  sobre  la  legalidad  de la declaración de Claudia Lucía Valencia Vásquez, la  que  es  cuestionada  por  la defensa por cuanto no fue citada por el medio más  eficaz  ni  se  fijo fecha y hora para su realización, ya que ante la renuencia  de  comparecer  a rendir testimonio, la fiscalía se vio en la obligación legal  de  hacerla  conducir para tal efecto, quien una vez localizada por miembros del  C.T.I.  la condujeron ante el funcionario instructor, procediendo de inmediato a  escucharla bajo juramento el 6 de mayo de 1999 en horas tarde.   

Ante   esa   situación,  “no  había  tiempo para citar a todos los sujetos procesales, en el  resto  de  la  tarde,  indicando la fecha en que CLAUDIA LUCÍA iba a concurrir,  porque  se  trataba  precisamente  de una diligencia sometida a la contingencia,  tanto  es así, que difícilmente el instructor, salvo que fuera auríspide, iba  a  pensar  desde el 14 de abril de 1999, cuando ordenó la comisión al CTI, que  la  conducción  de  la  renuente  CLAUDIA LUCÍA, se iba a materializar el 6 de  mayo de 1999, a las 3:10 de la tarde”.   

En    esas   condiciones,   después   de   precisar  algunos  aspectos  jurídicos  sobre    la    nulidad    y    la   inexistencia,   para   lo   cual   cita   una   jurisprudencia  de esta  Corporación,    concluye    en    la    indiscutible    legalidad    de   dicho  testimonio.   

En   segundo   lugar,   afirma   que   la  versión  de  la  señora  Claudia   Lucía  Valencia  Vásquez  es  creíble  y,  por   lo    mismo,    digna   de   crédito,   toda  vez  que  “en  su  única  declaración  se  mostró directa,  firme   e   invariable  en  los  cargos,  que  tienen  la  singularidad  de  ser  explícitos,  y  no  tendenciosos  o modificados, pues debe avocarse que CLAUDIA  LUCÍA   no   conocía   con   anterioridad  al  fiscal  acusado,  para  inferir  antecedentes         de        vindicta        o        retaliación”.   

La  transcripción  de  algunos  apartes de  dicho  testimonio  le  permite  al  Tribunal  concluir   en   su   espontaneidad   y   veracidad,  dejando  ver,  al   mismo    tiempo,    el     notorio    disgusto     de    la   declarante   por  la solicitud ilícita del acusado y por la pasividad  del  C.T.I.,  pues  “reconoce  haber  estado  en  3  oportunidades  (en  realidad  fueron  6)  cumpliendo citas con el Doctor GERARDO  BEDOYA  en  el  CTI,  pero  después  de distintas asignaciones y rotaciones, se  cansó  y  no  quiso  volver a colaborar, evocando de paso que JULIETA VÉLEZ DE  VERGARA  es  su  amiga  desde  hace 23 años y que así el Doctor LEONEL GERARDO  niegue  rotundamente  su  manifestación, calificándola como una calumnia, ella  está     en     lo     cierto     ‘porque  como va a ser calumnia,  si  antes  yo   no   quería   ni   declarar,   yo   no  voy   a    calumniar    a   una    persona    sin   ser   verdad    eso,   yo   nunca   pensé   demandarlo   ni   poner  en   conocimiento    de    nadie   eso,   yo   simplemente  llamé  a   JULIETA   para   que  me   aconsejara,   pero   la   verdad   es   que  declaro  lo  es  que  verdad”.   

Por  consiguiente,  para  el  Tribunal  es  indiscutible  que  el  acusado  cometió el delito de concusión que preveía el  artículo  140  del Código Penal de 1980, modificado por el artículo 1° de la  Ley  190  de  1995,  norma  aplicable por ser más favorable, toda vez que en su  conducta  se agotaron las dos formas de abuso de poder, es decir, tanto el abuso  del  cargo  como  de  la  función,  sin  que importe que no se haya obtenido el  provecho buscado.   

Agrega:  

“Deleznable es  la  posición  defensiva  de  inocencia,  consistente  en  que el homicida JOSÉ  BELISARIO  resultó  condenado,  lo que frente a vehemencia y contundencia de la  prueba  plena,  se  hacía  imposible  solicitar dinero, porque esos son eventos  calificados  como  circunstanciales,  pues  las  reglas de experiencia nutren en  pluralidad  de casos la actuación de un implicado que busca encubrir sus pasos,  frente  a  una expectativa que se pudiera dar frente a solicitudes dinerarias no  cumplidas,  pues  debe  puntualizarse  que  el  sujeto agente no podía dejar en  libertad  al  matador y de eso tenía convicción, porque la prueba de cargo era  de  tal  magnitud  que generaba la imposibilidad libertaria, pues inmediatamente  después  de la medida de aseguramiento, ESPINOSA LÓPEZ se sometió a sentencia  anticipada”.   

Cuarto caso  

Afirma   el   sentenciador   de    primera   instancia   que   está   probado   en   el  proceso  que  el  denunciante  Fernando Bravo Araya, a quien se le  intentó    hurtar     una     motocicleta    de    su   propiedad,   dialogó   personalmente   con  el fiscal   procesado,     “para     decirle   que    en    su   conciencia   allí   no   había  existido  hurto,  porque  cuando  releyó  la  denuncia  en su casa, llegó a la  conclusión    que    había    expresado    cuestiones   exageradas”,  conversaciones que se llevaron a cabo el 8 de agosto, cuando  ya  el  doctor  Leonel Gerardo tenía en su poder la investigación, y el 10 del  mismo  mes,  fecha  en  la que resolvió la situación jurídica de las personas  que fueron capturadas en flagrancia.   

Así   mismo,  asevera  que  el   fiscal   Leonel   Gerardo  Pinilla  también   dialogó   personalmente  con  la  comisaria  que   recibió    la    denuncia    presentada    por  Bravo   Araya,     indicándole     “que   recepcionara     declaración     al     denunciante,   sin   tener   ella   competencia,  o  en  su  defecto le  recibiera          un         ‘desistimiento’             –imposible  jurídico en un hurto calificado y agravado–, que el acusado entendió como una  retractación  y  eso  fue  precisamente  lo  que  se  hizo, dando nacimiento al  formato  documentario  del  folio  100  c.o.  1,  en  donde BRAVO ARAYA dice que  desiste   de   toda   acción   civil   y  penal,  por  encontrarse  indemnizado  integralmente  en  los  perjuicios  materiales  y  morales, cuando el accionante  sostuvo   que   ello   no   había   sucedido  en  la  realidad…  ”.   

Tal  situación,  añade  el Tribunal, fue  avalada  completamente por la Comisaria Zeyda Lastenia, quien informó que el 10  de  agosto  de  1998 se dirigió hasta la fiscalía, distante una cuadra y media  de  su  oficina,  y  se  entrevistó  con  el  fiscal  acusado, indicándole que  “ella  tenía  un  caso acontecido el viernes 7 de  agosto,   donde   ‘un  señor  presentó  un denuncio de un hurto que no fue hurto, no le robaron nada,  y  ahora quiere presentar desistimiento, sin el Doctor preguntarme nada respecto  al  nombre  del  denunciante  ni  de  qué  se  trataba,  me  dijo, recíbale el  desistimiento,  yo  regresé a la oficina, hablé con el señor FERNANDO BRAVO y  le   dije   que   se   le   iba   a   recepcionar  el  desistimiento’,     dándose     origen     al  mismo”.   

Por  lo tanto, para el ad quem es evidente  que  la víctima Fernando Bravo Araya presentó denuncia el 7 de agosto de 1998,  ordenándose  su  remisión  por competencia a la Unidad de Fiscalías Seccional  de Yumbo, lo que no se cumplió.   

De   igual   manera,  es  claro  que  el  denunciante  dialogó  personalmente  con  el  doctor  Pinilla   Patiño el  sábado   8  de  agosto,  cuando  ya  había  asumido  el  conocimiento  de  las  diligencias,  volviendo  a entrevistarse personalmente el lunes 10 de dicho mes,  “siendo  acompañado  por  la  comisaria  primera,  quien  recibió  la  orden  de  constituir  el  desistimiento, situación que es  aceptada  por  la  funcionaria  administrativa”, lo  que  no  podía  llevarse  a  cabo  por  cuanto que ésta no tenía competencia,  máxime  cuando  se trataba de un delito, y “porque  además  la  competencia  la había asumido dos días antes el fiscal, es decir,  desde el sábado 8 de agosto de 1998”.   

Por ello, considera que la obligación del  fiscal  acusado  era la de haber solicitado la denuncia que Fernando Bravo Araya  presentó  en  la  Comisaria Primera el 7 de agosto y, consecuentemente, ordenar  la  ampliación  de  la  misma  en  caso  de  que  tuviese dudas “sobre  el  conato  de  hurto calificado y agravado, porque con él  platicó  en dos oportunidades, tanto el sábado 8 de agosto como el lunes 10 de  agosto  de  1998,  cuando  trató  de convencerlo que no había delito contra el  patrimonio económico individual ”.   

Agrega el Tribunal:  

“Pese   a   lo   ya   barruntado   y  concluido,  el   fiscal   acusado,   en   vez   de   desprenderse  de la  investigación           –por          estar          en          disponibilidad–,   para remitirla a la Fiscal  156  PIEDAD  ESCOBAR   DE  VERGARA,  a  quien  le   correspondía   por  asignación,  dado  que todavía estaba  dentro   del   término  para  resolver  la  situación  jurídica  de  los  dos  imputados             –recepcionada  el  8  de  agosto, cuyo término se vencía el 13 de  agosto    del    pluricitado    año–,   con  celeridad  sospechosa  resolvió  la  misma el mismo  lunes  de  10  de  agosto  de  1998,  precisamente en la época en que le había  sugerido  al  denunciante  y a la comisaria que redactaran un desistimiento, sin  haber  deprecado el allegamiento de la denuncia para nutrir el acervo probatorio  de  argumentación,  tendiente  a  descartar  la tentativa o reafirmar su juicio  jurídico   en   caso   de  no  existir.         

“Quizá  los  más  relevante  consiste  en  que  el  fundamento,  calificado  como un dislate  jurídico  para  descartar  la  tentativa,  que  se  advertía  desde  la  misma  denuncia,  consistió  en  decir  que  el  conato  se  descartaba,  porque         hasta        ese        momento        ‘no  se  ha allegado denuncia penal,  ni     se     ha     hecho     presente    la    persona    ofendida’,  cuando  el  funcionario judicial  sabía  de  la  existencia  de  la  acción  y de la presencia del denunciante u  ofendido,   porque   en   dos   oportunidades   dialogó   con   él.   

Entonces,  dice,  el  origen del delito de  prevaricato  por  omisión  radica  en  que  el fiscal acusado, conociendo de la  existencia  de  la  denuncia penal presentada el 7 de agosto por Bravo Araya, no  hizo   ninguna   diligencia   tendiente   a   allegarla  al  proceso,  sino  que  “orientó todos sus esfuerzos a que el denunciante  desistiera  o se retractara de la misma ante la inspección de policía, que fue  lo que realmente se consolidó”.   

Además,  asevera  que  no  le  recibió  declaración  al  ofendido  no  obstante  que  antes  de  resolver la situación  jurídica  se entrevistó con él en dos oportunidades, sin olvidar que  en  la  providencia que dictó la medida de aseguramiento consignó que no se había  allegado  la  denuncia ni se hizo presente la persona ofendida, afirmación que,  por  lo  visto, es ajena a la realidad, lo que permite colegir que su intención  era   favorecer   los   intereses   de   los  dos  indagados  concediéndole  la  libertad.   

Afirma   que   si  el   procesado   hubiese  tenido  interés de acertar en el desarrollo  del  proceso  y teniendo en cuenta que ya conocía del diligenciamiento y que se  había   entrevistado   con   Bravo   Araya,   debió,  entonces,  recibirle  su  declaración y no optar por enviarlo a la oficina de la inspectora.   

Por  ello, considera que las explicaciones  que  al  respecto  dio  el  acusado, según las cuales, creyó que se trataba de  hechos  diferentes  y que era más conveniente esperar la fusión de la denuncia  con  la retractación, no son de recibo, ya que era evidente que estaba frente a  una  “auténtica  conexidad, así ulteriormente se  demostrara  la  inexistencia  de  la tentativa de hurto, dado que hubo unidad de  denuncia,  de  sujeto  activo,  de  dos sujetos pasivos y concurrencias de modo,  tiempo      y      lugar      como      factores     indestructibles”.   

Añade:  

“Lo   que   demuestra   este   comportamiento   es   un   deseo   de   celeridad  desviado,  que  no  está   edificado   en   una   pretensión   de   aplicar   eficazmente   justicia,   porque   lo   más   lógico   era   que   hubiera   solicitado   la  denuncia  a  tiempo,  es  decir,  antes  de  resolver  la situación jurídica, mucho más si  dialogó  con la inspectora, lo que no demandaba ninguna actividad sobresaliente  de  parte  del funcionario, ni de sus empleados, porque aquella oficina estaba a  cuadra y media de distancia.   

“Existen  desde  luego  muchas  otras inferencias que tornan sospechosa la omisión:   el     no     haber    allegado    la    denuncia   desde     la     Comisaría     Primera    y   no   haber      recibido      la      declaración      del   ofendido,   como  aquella  de  que  tenía tiempo   suficiente   para  hacerlo,  por  la  dedicación   casi   anormal  que  le dedicó  a  los  dos   imputados,   pues   el  mismo  8  de  agosto   de   1998  consignó  5  actividades  procesales,   sin   incluir  la  resolución  de  la  situación  jurídica,       que      lógicamente      no      le   correspondía    por    estar   en   disponibilidad   y  porque  el  citador JAMES URIBE CARDONA le pareció exótico porque precisamente  de  los  3  fiscales  que  laboraban en Yumbo, a su juicio LEONEL GERARDO era el  menos  eficaz,  pero  en  este  compendio se mostró diligente para resolver una  situación  jurídica  que francamente había podido dejar en manos de la fiscal  asignada,  entre otras razones porque la experiencia indica que los funcionarios  judiciales   poco   gustan   de  imponerse  un  gravamen  laboral  adicional  al  normal”.   

    

En  esas condiciones, para el Tribunal es  indiscutible  que  el  acusado  cometió con conciencia el delito de prevaricato  por  omisión  que  prevé  el  artículo  414  del  actual Código Penal, norma  aplicable  a  este  asunto por ser punitivamente más favorable que el artículo  29 de la Ley 190 de 1995.   

Con relación a la dosificación punitiva,  luego  de  precisar nuevamente los citados tipos penales y de concluir que es la  concusión  el  delito  base para aplicar el concurso, cuya pena mínima es de 4  años,  sostiene  que  conforme  a los criterios contemplados en el artículo 61  del  Código  Penal  derogado,  aplicable  por  favorabilidad, se debe partir de  dicho  mínimo,  es  decir, “de cuatro (4) años de  prisión,   cincuenta  (50)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el mismo término, injusto  que  concursa  efectivamente  con el dispositivo 414 del nuevo Código Penal, en  cuyo  caso  ese  ‘otro  tanto’,  propio de las  reglas  del  concurso  heterogéneo, comprenderá un (1) año más de prisión y  diez  (10)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, para un gran total de  cinco  (5)  años  de prisión, sesenta (60) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo  término    de    la    pena    privativa    de    la    libertad   ”.   

Por   razón  del  quantum  punitivo  y  siguiendo   los  derroteros  señalados  por  esta  Corporación  en  pretérita  oportunidad  procesal,  negó al sentenciado tanto la suspensión condicional de  la  ejecución  de  la  sentencia  como  la prisión domiciliaria, ordenando, en  consecuencia, la captura del mismo.   

SÍNTESIS   DE  LA  IMPUGNACIÓN   

1.  Inconforme con la determinación,  la  defensora  del procesado interpuso el recurso de apelación, con base en los  siguientes argumentos:   

a) En un primer escrito presentado dentro  del    término    legal    y    respecto    del    delito    de    concusión  (tercer  caso)  por el que  fue  condenado  su  defendido,  dice  que  el  juzgador  de primera instancia no  verificó  lo que, a su juicio, se constituye en común denominador, como era el  pésimo  ambiente  de  trabajo que imperaba en la Unidad de Fiscalías de Yumbo,  pues  si  bien  el  Tribunal  reconoce  que  entre  los fiscales y sus empleados  existía  una atmósfera negativa, donde se imponía la inquina, la mezquindad y  la  animadversión,  de  todos  modos  pasó  por  alto la estrecha relación de  causalidad   entre   la  supuesta  conducta  corrupta  de  su  poderdante  y  la  declaración  de  Claudia  Lucía  Valencia Vásquez, testimonio que no obstante  caracterizarse  por  inconsistente  y nacer de aquél extraño clima, el ad quem  lo  consideró  como  un  medio  de prueba privilegiado, cristalizando de él la  certeza.   

Estima  que  la  valoración  de  dicha  declaración   acusa   dos  yerros:  “la  primera,  consiste  en  la  ilegalidad  de  la  misma,  dado  que ni en la instrucción ni  durante  la  fase  de juzgamiento se le permitió ni a la defensa técnica ni la  material  el  permitir  someter a contrainterrogatorio a la mencionada mujer, en  claro  ejercicio  del  derecho de contradicción de la prueba, y la segunda, que  preciada  la  misma  en  su esencia, permite vislumbrar aspectos que impiden sin  duda  entronizarlo  como  medio  de convicción del cual destilar la certeza que  lleve   a   proferir   condena   sobre  el  doctor  PINILLA  PATIÑO”.   

Le  parece  extraño  que  habiendo  sido  difícil  la localización de Claudia Lucía Valencia Vásquez para que rindiera  declaración,  se  hubiese enterado de la captura de la persona que dio muerte a  su  hijo  y  del  despacho  judicial  de  Yumbo donde fue puesto a disposición,  cuando  es  claro  que tiene su domicilio en Cali y su trabajo como vendedora de  chance la ubica permanentemente en esta ciudad.   

Igualmente,  considera que ese testimonio  no  ofrece  la  sinceridad  y  la veracidad que el Tribunal le adjudica, pues la  declarante,   respecto  del  homicida  de  su  hijo,  refiere  inicialmente  que  “‘yo   lo   hice  coger’”     y  posteriormente   señaló   que   “‘a   mi   me  dijeron  que  a  él  lo  cogieron  preso’”,  para  luego  decir  que al estar buscando el expediente fue sometida a un eterno  peregrinar,  señalando  que  halló  la  colaboración tanto del personal de la  Sijin  como  de la doctora Piedad, haciendo alusión a la otra fiscal, es decir,  Piedad  Escobar  de  Vergara,  cuya  condición  de  funcionaria  era  prenda de  garantía  para  asegurar  el éxito de su gestión y, así, evitar la impunidad  por  la  muerte  de  su  hijo.  Seguidamente  afirmó que ante la inminente  liberación  de  Jesús  Belisario  Espinosa,  sindicado  de  la  muerte  de  su  descendiente,  logró que se librara la orden de encarcelamiento por parte de la  fiscalía,  para después indicar que el doctor Leonel la invitó a conversar en  una  tienda  cercana  a  la  fiscalía,  donde le solicitó los tres millones de  pesos    con    el    fin   de   “‘hundir’”   o   encerrar   al   sujeto,   a   lo   cual   manifestó  su  rechazo.   

Arguye la impugnante que las conclusiones  que  obtuvo  el  Tribunal  de  dicho testimonio “no  pueden  de  manera  alguna  ser acogidas por la defensa, pues no se trata de una  declarante  espontánea,  sino  de  alguien  quien  con  suma antelación a este  supuesto  episodio  había  conversado  tanto con la doctora PIEDAD, como con su  amiga     –abogada  penalista–,  de suerte  que   las   pésimas   relaciones   entre  aquella  y  mi  defendido”   dejan   entrever   que   “esta  declarante   bien   pudo  ser  objeto  de  manipulación  para  perseguir  fines  mezquinos”.   

Por lo tanto, reitera que, contrario a lo  predicado  por  el  juzgador,  la  multicitada declaración tiene su génesis en  dicho  ambiente  hostil  y, por ello, “son terceras  personas   quienes  sin  freno  moral  alguno  declaran  sobre  estas  supuestas  manifestaciones,  no  siendo  de  extrañar  que  con antelación CLAUDIA LUCÍA  contara     con     la     asesoría     de     estas    personas…”.   

Otro  aspecto que estima importante es lo  relacionado  con  la  indignación  que  a  Claudia Lucía Valencia le causó la  supuesta  exigencia  de  dinero  que  el acusado le hizo con el fin de evitar la  liberación  del  homicida de su hijo, para lo cual le daba facilidades de pago,  situación  que  le  parece absurda, ya que en las condiciones jurídicas en que  se  encontraba  el  proceso  era  imposible  la  liberación del sindicado, pues  “las  pésimas  o inexistentes relaciones entre la  doctora   Piedad   Escobar   y   el  doctor  PINILLA,  éste  no  cometería  la  indiscreción  de  exigir  dinero,  máxime cuando tenía conocimiento que entre  Claudia  Lucía y la doctora ESCOBAR DE VERGARA existía una amistad”.   

No  considera  lógico  que un fiscal con  amplia  trayectoria  fuese a solicitar dinero a una persona de escasos recursos,  arriesgando  de  esa  manera  su  carrera,  su  proyecto  de vida y su libertad,  máxime  cuando  la  supuesta  víctima  conocía a la doctora Piedad Escobar de  Vergara.  Por lo mismo, estima que todo es producto de un ardid edificado con el  propósito de perjudicar a un hombre honesto.   

“Pero  hay  más.  Qué  funcionario  en pleno uso de sus facultades mentales percibiendo lo  ofendida     e     indignada     que     se     encontraba    la    ‘constreñida’   CLAUDIA  LUCIA,  cometería  la  torpeza  de  darle  el  número  de  celular  para dialogar sobre la entrega del  dinero?.  Tales  interrogantes llevan a la defensa a discrepar profundamente del  análisis  epidérmico  de  la  Honorable  Sala  Penal  y  desnudar las notables  falencias   que   acusan  las  conclusiones  fruto  de  una  errada  valoración  probatoria,  pues  ignora  o  pasa  por  alto el contexto dentro del cual se han  presentado   los   acontecimientos   y   la   actuación   adelantada   por   la  Fiscalía”.   

De  otra  parte,  respecto  del delito de  prevaricato  por omisión  (cuarto  caso),  afirma  que es desconcertante que se condene a su defendido por  dicha  conducta  punible  con  base en suspicacias y sólo por el hecho de haber  liberado  a los capturados, a quienes se les imputó el ilícito de porte ilegal  de    armas,   cuando   ese   evidente   que   tal   proceder   era   totalmente  legal.   

No comparte el planteamiento del Tribunal,  según  el  cual  su defendido tenía conocimiento de la denuncia presentada por  el  supuesto  afectado,  pues  tal argumento no corresponde a la primacía de lo  sustancial,  ya  que  sería  tanto como acusar de prevaricato por omisión a un  funcionario  por  vencimiento de términos  o  endilgar  el   mismo   delito   por  acción  frente  a  la   postura   del  Tribunal  por  ordenar  la captura de su procurado sin estar  ejecutoriada la sentencia.   

Por  ello,  concluye  que  la  conducta  imputada a su defendido es atípica.   

En esas condiciones, solicita a la Sala la  revocatoria  de  la sentencia impugnada y, en su lugar, la absolución de Leonel  Gerardo Pinilla Patiño.   

b)  En  un  segundo  memorial,  también  presentado  dentro  del  término  legal,  la  defensora del ex Fiscal procesado  agrega  los  siguientes  argumentos  sustentatorios del recurso interpuesto, los  que  hacen  referencia  al  delito de prevaricato por  omisión:   

Sostiene    que    es   claro    que   a   su   defendido,   en   su   condición   de  Fiscal Seccional  de  Yumbo,  le   fueron    dejados   a   disposición   a   Darwin   Ospina  Hernández  y  a  Diego  García  Barón,   quienes    fueron    aprehendidos    por   portar   un   arma    de   fuego   sin   autorización   legal,   personas    a    las    que   les  resolvió   la   situación   jurídica   y   les   concedió   la   libertad       provisional,     actuación      que      es   cuestionada    por    cuanto    no   se   allegó   una       denuncia     presentada      contra      aquellos   sindicados   por   un  supuesto  delito  de  hurto  tentado.   

No  discute si su defendido conoció o no  de  tal  situación, pero, a su juicio, no es dable predicar la materialidad del  delito  contra la administración pública, ya que aquél proceso se inició por  razón  del  artefacto  bélico que fue encontrado en poder de los imputados, lo  que  implica  que  el fiscal acusado debía pronunciarse única y exclusivamente  sobre  los  medios  probatorios  que  en ese momento rodeaban el porte ilegal de  armas   de   fuego,   máxime   cuando  se  trataba  de  un  delito  de  impulso  oficioso.   

Discrepa  del  reproche  hecho  por  el  Tribunal,  “dado  que  el  conocimiento  íntimo o  privado  del  funcionario judicial no le permite adoptar decisiones dentro de la  esfera  de sus funciones”, pues debe recordarse que  un  ciudadano  le indicó sobre la denuncia que presentó por un hurto, pero que  la  misma  carencia  de fundamento y la retractación, evitando así incurrir en  una  falsa  denuncia,  lo llevó a que resolviera la situación jurídica de los  sindicados  con  las  pruebas  que hasta ese momento contaba, sin que ello pueda  generar   la   imputación   por   la   que   ha   sido   condenado  en  primera  instancia.   

Dice  que  pretender  una condena por una  conducta  inocua  y  atípica  ofende  los  más  caros  valores que inspiran el  derecho   penal,   máxime   cuando   se   pretende  reforzar  el  reproche  con  especulaciones  sobre  la  celeridad con que resolvió la situación jurídica y  la   supuesta  improcedencia  de  la  libertad  provisional  de  los  indagados.   

“La omisión  dolosa  que  se  le  predica  a  mi  defendido  resulta  entonces  a todas luces  inexistente,  pues  si  nos  adentramos  a  los  profundos mares del proceso, es  evidente  que  el funcionario debe resolver con aquello que obre en el plenario,  indistintamente  que  en  el trasegar de la actuación se recauden probanzas que  cambien  de  rumbo  las  decisiones  adoptadas  en  un  comienzo, resultando por  ende   inexistente   el   delito  de  prevaricato   por    omisión.    Debe   la   defensa  añadir  como   cuestionamiento   supremo  a  la  tesis  plasmada   en   la   sentencia  por   el Honorable Tribunal Superior, que en  ningún  momento  el señor FERNANDO BRAVO ARAYA se encontraba desistiendo de la  denuncia  elevada  contra  aquellas  personas capturadas, sino que verbalmente y  ante  un  funcionario  que  hasta  ese  momento  no  contaba con medio de prueba  distinto  al  de  los relacionados con el porte ilegal de armas, esta persona se  RETRACTABA de la sindicación…”.   

Por  consiguiente,  estima que el ad quem  incurrió  en  falso  juicio de identidad al valorar la prueba, error que, en su  criterio,    permite   edificar   un   cargo   en   casación.   “En  conclusión, el conocimiento íntimo o privado de mi defendido  como  Fiscal  Seccional de Yumbo no fue por un delito de hurto relacionado o con  estrecha  conexidad al porte ilícito de armas de fuego, y por ende no tenía el  deber  legal de glosar la denuncia al expediente, sino la comisión de un delito  de  Falsa  denuncia  contra  persona  determinada  cometido  por el señor BRAVO  ARAYA,  en cuya mente el acoso de la conciencia lo llevó a confesar su proceder  irregular   al   imputar   a   personas   inocentes   hechos   gestados   en  su  imaginación…”.   

Por   último,   pide  adicionar  estos  argumentos al escrito de sustentación que inicialmente presentó.   

2.  El  Tribunal  Superior  de  Cali hizo  llegar   a  esta  Corporación  el  escrito  presentado  por  la  defensora  del  procesado,       en      el      cual      solicita      la      “reforma”  de la sentencia de primera  instancia,  toda  vez que no obstante que en la parte considerativa se concluyó  en  la  absolución de su defendido por tres delitos imputados en la resolución  de   acusación,  inexplicablemente  nada  se  dijo  al  respecto  en  la  parte  resolutiva,    omisión   que,   al   considerarla   ilegal,   justifica   dicha  reforma.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Teniendo  en  cuenta  que la impugnación  interpuesta  por la defensa contra el fallo de primera instancia sólo cuestiona  la  condena  que  por los delitos de concusión (caso tercero) y prevaricato por  omisión  (caso  cuarto)  se impuso al acusado, doctor Leonel Gerardo del Carmen  Pinilla  Patiño,  de  acuerdo con el artículo 204 del Código de Procedimiento  Penal,  la  Sala limitará su estudio a estos aspectos, toda vez que se trata de  apelante  único,  para lo cual se seguirá el orden propuesto por la recurrente  y la metodología plasmada en la sentencia:   

De   delito   de   concusión   (tercer  caso).   

    

1. La   defensora  del  acusado  plantea  dos  argumentos,  a  saber:     

a)  Que  la  declaración  de  la señora  Claudia  Lucía  Valencia  Vásquez, víctima de la supuesta exigencia dineraria  por  parte  del  procesado,  es  ilegal,  dado  que no se permitió a la defensa  contrainterrogarla,   aspecto  que,  a  su  juicio,  lesionó  el  principio  de  contradicción.   

b)  Que dicho testimonio no ofrece serios  motivos  de  credibilidad  y,  por  lo  mismo, en manera alguna puede generar la  certeza  que  equivocadamente  dedujo  el ad quem para soportar la condena de su  procurado,  pues,  en  su  criterio,  la  declarante  no  es  sincera ni dice la  verdad.   

2.  Así  las  cosas, en cuanto al primer  aspecto  y  según las constancias procesales, conviene recordar que en el curso  de  la  investigación  Claudia  Lucía  Valencia  Vásquez, en su condición de  víctima  de la indebida exigencia dineraria, fue renuente a comparecer a rendir  testimonio  no  obstante  los  múltiples requerimientos para tal efecto, motivo  por  el  cual  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Cali, mediante  resolución  del  14  de abril de 1999, ordenó la conducción de dicha señora,  labor   que  fue  encomendada  a  miembros  del  C.T.I.,  quienes  luego  de  la  correspondiente  búsqueda,  el  6  de  mayo siguiente, la ubicaron y pusieron a  disposición  del  fiscal,  funcionario  judicial que, dadas las circunstancias,  inmediatamente     procedió     a     escucharla     en    declaración    bajo  juramento.   

En esas condiciones y ante la urgencia de  oír el testimonio de Claudia Lucía   

Valencia  Vásquez,  era imposible que se  fijara  fecha  posterior con el fin de enterar a los sujetos procesales sobre la  realización   de   la   prueba.   Además,  éstos  debían  conocer  de  dicha  circunstancia,  en la medida en que la resolución que ordenó la conducción de  la  testigo  había  sido proferida con suficiente antelación, lo que implicaba  que  no  era una situación desconocida para las partes, quienes de acuerdo a la  ley  y  al  mandato  conferido  tienen  el deber de estar atentos al desarrollo,  evolución y contingencias de la actuación.   

Por  consiguiente, no observa la Sala que  aquél  particular  aspectos  ponga en tela de juicio la legalidad de la prueba,  medio  de  convicción  que,  por  lo  demás, se realizó con acatamiento a las  normas procesales que condicionan su validez.   

Sin  embargo,  como  la  defensa  no pudo  contrainterrogar  a la multicitada testigo y teniendo en cuenta la petición que  el  entonces defensor del procesado elevó en la etapa probatoria del juicio, el  Tribunal,  el 27 de septiembre de 2000, decretó, entre otras, la ampliación de  dicha  declaración,  la  que  finalmente  no se llevó a cabo por cuanto que la  señora  Valencia  Vásquez  no compareció a la audiencia pública, no obstante  que  se  le  citó  oportunamente y hasta se ordenó su conducción, sin que las  autoridades  de  policía  judicial  pudieran  ubicarla, circunstancias que, sin  duda, son ajenas a la administración de justicia.   

Ahora     bien,    en   manera    alguna    se   vulnera   el   principio   de   contradicción  por   el   sólo   hecho  de   que   la   defensa   no  pudo  interrogar  a   la    declarante,    pues    debe    recordarse    que   este   derecho   no   es   reductivo,   es decir, no es  contrainterrogando  al  testigo  la  única  manera  de  efectivizarlo, sino que  existen  otras  alternativas  que permiten materializarlo, como es, entre otras,  la  de  criticar la declaración frente a su alcance y mérito probatorio,   no   sólo   aisladamente  considerada  sino  con   relación   al  resto del material probatorio, alternativa que en este  asunto  se  consolidó en los alegatos de conclusión previos a la calificación  del  mérito  del  sumario,  en  la audiencia pública y en la sustentación del  recurso que ahora ocupa la atención de la Corte.   

Al  respecto la Sala, de manera reiterada  ha dicho:   

“El   principio   de   contradicción   no   se   agota   con    el    interrogatorio    del    testigo   o   con   esa   posibilidad,  sino  que  de  él   hace   parte   la  controversia  que  al interior   del    proceso    permite   la   discusión   del   mérito    probatorio    de    los    medios   de   convicción,    hacer    sus   propias   apreciaciones   respecto   de   él   para  que   sean   acogidas   o    anteponerlas    a    las    del    juzgador,   formular    sus   objeciones    al    valor   otorgado   por     éste     a    determinada    prueba    o   pruebas   e  insistir   en   ellas  haciendo  uso   de           los           recursos           legales”.1   

En consecuencia, no le asiste  razón  a   la  recurrente,  en  la  medida  que,  como  quedó  visto,  el  derecho  de  contradicción  no ha sido violado y el citado medio de convicción se ajustó a  la legalidad.   

En  cuanto a la crítica que la defensora  del  procesado  hace  a  la  declaración  de  Claudia Lucía Valencia Vásquez,  según  la  cual,  “no  ofrece  la sinceridad y la  veracidad  que el Tribunal le adjudica”, tampoco es  de  recibo,  pues  el  diligenciamiento ofrece serios y suficientes elementos de  juicio  que  permiten  concluir  lo  contrario,  esto  es,  que  se  trata de un  testimonio  directo,  firme,  explícito  e  invariable,  descartando  cualquier  posibilidad  tendenciosa  con  el ánimo de dirigir una acusación inexistente o  ajena a la verdad acontecida.   

Es conveniente recordar que en horas de la  tarde  del  26  de  junio de 1994, en el barrio Bolívar del municipio de Yumbo,  Jesús  Belisario  Espinosa  López  dio muerte a Luis Alfonso Latorre Valencia,  hijo  de  Claudia  Lucía  Valencia  Vásquez,  hechos  que  dieron  origen a la  respectiva  investigación  penal  a  cargo del entonces Fiscal 157 Seccional de  dicha  localidad,  doctor Leonel Gerardo Pinilla Patiño, quien el 12 de mayo de  1998   profirió   resolución   de  apertura  de  instrucción  y  escuchó  en  indagatoria  al  imputado,  es  decir,  poco  menos  de cuatro años después de  ocurrido  el  acontecer fáctico, tiempo en que el autor de la conducta punible,  en  palabras  de  la  madre de la víctima, “estuvo  volado”.   

Casi    cuatro    años   después      de      sucedió      el      mencionado   homicidio   y  a  raíz  de  haber  cometido   una   contravención   especial,   en  el  mes  de  mayo  de  1998  Jesús  Belisario  Espinosa  López  fue  capturado  y  puesto a  disposición  del  Juzgado  Penal  Municipal  de  Yumbo, situación de la que se  enteró  Claudia Lucía Valencia, quien sabiendo que dicha persona era la autora  de  la  muerte  de su hijo, procedió a realizar las diligencias necesarias ante  las  respectivas  autoridades  con  el  fin de ubicar el expediente y evitar que  fuera puesto en libertad.   

Sobre  estos  iniciales  aspectos,  en la  única  declaración  que  rindió el 6 de mayo de 1999, Claudia Lucía informó  lo siguiente:   

“…a mi hijo  lo  mataron  va  a  ser  cinco años, el tipo que lo mató se voló y según eso  estuvo  volado  hace  esos  años  hasta en mayo del año pasado, que yo lo hice  coger,  porque  a mi me dijeron que a él lo cogieron preso porque el día de la  madre  hirió  a  un  muchacho en la galería de Yumbo, entonces a mi me dijeron  que  me  fuera  para allá que al muchacho lo tenían en la cárcel, el muchacho  se  llama  JESÚS  BELISARIO ESPINOSA LÓPEZ. Yo fui a preguntar y el expediente  no  aparecía en la Fiscalía, eso fue por la tarde, nosotros llegamos tipo tres  de  la  tarde,  nosotros  llegamos  y  no  lo  encontraron, yo hablé con el Dr.  PINILLA,  no  mostró  interés ni nada eso, yo le dije a la Dra. PIEDAD que sí  mostró   interés,   que  me  ayudara,  allá  en  la  Fiscalía  se  trabajaba  irregularmente,  porque  no  buscaban,  nos  pusieron  a mi, a mi hermano y a la  mujer  de  él  a  buscar  el proceso, porque ellos no podían; entonces la Dra.  PIEDAD  me  dijo, vea, vaya al DAS y a la SIJIN a buscarlo en el archivo y yo me  fui  a  la  SIJIN,  casi  por  la  noche, no pude buscar nada y una doctora hizo  buscar  por  el  radio  pero no aparecía en ninguna parte, al día siguiente me  dio  dos  muchachos de la SIJIN para que se fueran conmigo a Yumbo, y antes unas  muchachas  que  habían allá se pusieron a pelear con los dos de la SIJIN y nos  tocó  ir  a la personería a que nos dieran un papel que los obligaran a buscar  y ahí sí apareció el proceso”.   

Nada  extraño  a lo que las reglas de la  experiencia   enseñan   encuentra  la  Sala  en  esa  inicial  versión  de  la  declarante,   pues  surge  evidente  que  ante  el  transcurso  del  tiempo  las  diligencias  atinentes  al  mencionado  homicidio  habían quedado en el olvido,  tanto  es  así  que  costó  esfuerzo  su  ubicación,  máxime cuando no es un  secreto  para  nadie que muchas oficinas públicas no se distinguen precisamente  por  su  diligencia,  prontitud, colaboración y adecuada atención al ciudadano  usuario  del servicio público, al punto que, como en este caso, si no fuera por  la  intervención  de  la  Personaría el hallazgo del expediente hubiese durado  más tiempo.   

Así   mismo,   no   observa  la  Corte  contradicción  alguna en la explicación que suministró la declarante respecto  de  la  manera  como  fue  capturado Jesús Belisario Espinosa, como lo pretende  hacer   ver  la  defensora  del  procesado,  pues  el  contexto  lógico  de  su  afirmación,   según   la   cual,   “yo  lo  hice  coger”,  significa  que  gracias a las diligencias  que  adelantó,  relacionadas  con  la  búsqueda  del expediente, se logró que  permaneciera  privado  de la libertad por razón del proceso de homicidio que se  le  adelantaba,  aseveración  que  no  puede  confundirse  cuando  indicó  que  “me  dijeron que a él lo cogieron preso porque el  día   de   la   madre   hirió  a  un  muchacho”,  significando  que fue a partir de ese instante que se enteró de la reaparición  de  quien  mató a su hijo, siendo claro, entonces, que se trata de dos momentos  y  aspectos  distintos  y no de la supuesta contradicción que la defensa quiere  obtener contrariando el contenido del testimonio.   

Ahora bien, qué sucedió una vez hallado  el expediente?; Claudia Lucía Valencia Vásquez lo relató así:   

“Encontraron  el  proceso,  entonces  me tocó volver otra vez a reabrir el caso, presentar la  demanda  para  que  reabrieran  el proceso, entonces ahí si dijo el Dr. PINILLA  que  él  se  hacía cargo de eso. Ahí empezó el dilema, el juez (entiéndase  el Fiscal) le iba a dar la  boleta  de  libertad,  yo  le  dije,  por  favor  no  lo  vaya a soltar, me dijo  tráigame  la  cosa  del  expediente,  pero  ya  la  boleta  de  libertad estaba  expedida,  pero  no aparecía el  papel  para que no saliera, entonces  yo  dije  que no me venía para acá para Cali, porque alguien me dijo que si la  boleta  de  libertad  llegaba  primero  salía  de la cárcel. Me quedé allá y  apareció  la boleta para que no saliera, ello la tenían que expedir, el fiscal  era  el  que  tenía  que  expedirla, pero se demoró cien años, pero al fin la  expidió”.   

Como  puede  observarse,  este  fragmento  contiene  las  explicaciones  relativas  a  lo  acontecido instantes después de  ubicado  el  expediente,  plasmándose  en  él  la  angustia que Claudia Lucía  sintió  al  ver que quien dio muerte a su hijo estaba al borde de ser liberado,  para  lo  cual  agotó  las  diligencias  que  estaban a su alcance tendientes a  evitar  dicho  resultado. En otros términos, se refleja la preocupación de una  madre  al  observar que era posible que el homicidio de su hijo quedará impune,  lo  que  evitó  gracias  a su insistencia y dentro de sus escasos, por no decir  nulos,  conocimientos  respecto  de  la  tramitación  propia  de una situación  judicial como esa.   

Tampoco   observa   la   Sala  que  las  explicaciones  hasta ese momento dadas por la testigo sean ajenas a la verdad, o  inverosímiles   o   contrarias   a   las  circunstancias  propias  de  una  situación  como  la que vivió, además que las mismas, son respaldadas por las  declaraciones  rendidas por Julieta Vélez de Vergara y Piedad Escobar Triviño,  sus amigas de años atrás.   

Más  adelante,  sobre  el  reprochable  comportamiento del ex Fiscal procesado, Claudia Lucía explicó:   

“Yo me vine  con  mi  hermano,  estuve  yendo para averiguar cómo iba el caso, le preguntaba  como  iba  el  caso, hubo ocasiones en que el fiscal no estaba, una de las veces  que  yo  fui allá, recién que pasó eso, él me dijo que fuéramos a tomar una  gaseosa  para  que  conversáramos,  entonces  yo  le  dijo  sí, que era bueno,  entonces  fue  cuando  él  disimuladamente  me  dijo,  usted  quiere  que a ese  muchacho  lo  encerremos, usted quiere hundirlo?, entonces le dije que sí, pero  entonces  él  me  dijo que yo le tenía que dar plata, me dijo usted cuánto me  puede  dar,  entonces él me dijo que me pedía tres millones de pesos, entonces  yo  le  dije que nunca había visto esa plata junta, entonces me dijo cuánto me  puede  dar,  un  millón?, entonces yo le dije que vendía chance, que no tenía  plata,  ni  nada,  entonces  me  dijo  que  lo  pensara,  que yo podía darle de  trescientos,  doscientos, de lo que yo pudiera, como dos cuotas de trescientos y  una  de cuatrocientos, entonces me dijo que lo pensara, me dijo me llama, me dio  el  teléfono  del  celular  y de allá de donde lo pasaban para que lo llamara,  nosotros  nunca  le  dimos  la  plata.  Yo  en ese momento le dije al Dr. que no  había  estudiado  carrera ni nada de eso, pero que no era bruta, yo le dije que  sabía  los  derechos que tenía, él me insinuó que sino lo tenía que soltar,  entonces  yo  le dije, si usted cree que lo puede soltar suéltelo, usted verá,  y   yo   le  dije  si  usted  cree  que  eso  es  así,  suéltelo  que  no  hay  problema”.   

Analizado   de   manera   individual   el   relato   transcrito,  tampoco  exhibe  indicios  de  ser  mentiroso.  Por  el  contrario,  el mismo se muestra natural,  verosímil,  racional  y  consistente,  sin  que  se exteriorice de su contenido  rastros  de  manipulación,  inquina  o  ánimo  vengativo,  como  lo  afirma la  memorialista.   

Continuó      la      declarante  diciendo:   

“Yo   después     estaba    toda    preocupada,    entonces   fue   cuando   llamé   a  mi amiga  que  es   abogada   penalista,   desde  hace  mucho  tiempo   la   conozco,   la  llamé  y  le  dije  que   me    pasaba    eso    y    que    si    era   verdad   que   él   me   podía pedir plata o que si debía  dársela,  entonces  ella  me  dijo  que  eso no se podía hacer, que qué iba a  hacer  yo entonces, yo le dije a ella, tendrá que hacer lo que quiera porque yo  de  donde plata, sino que de todas maneras yo me asesoré de ella y le pregunté  que   qué   podía   hacer   y   ya.   Esa  llamada  fue  que  me  costó  esta  venida”.   

Renglones adelante agregó:  

“Después de  eso  yo  no  volví,  porque  yo  no quería hablar con él, estaba ofendida, yo  decía  que  era  el  colmo  que tuviera que rogar y pagar para que lo tuvieran,  dije  no  vuelvo  por  allá,  que  hagan  lo  que  les  de  la gana”.   

Finalmente, al preguntársele qué tenía  que  decir  respecto  de  la  afirmación  hecha  por el Fiscal procesado, quien  indicó que era objeto de una calumnia, contestó:   

“Pues cómo  va  a ser calumnia, antes yo no quería ni declarar, yo no voy a calumniar a una  persona  sin ser verdad eso, yo nunca pensé demandarlo ni poner en conocimiento  de  nadie  eso,  yo simplemente llamé a JULIETA para que me aconsejara, pero la  verdad  es  que  declaro  lo  que  es  la  verdad….   Yo  le  acepté  la  invitación  a  él porque a mi me interesaba saber qué iba a pasar con el caso  y  porque la verdad, yo le dije, doctor, yo le pido el favor, si tiene hijos, me  dijo  que  sí,  que  tenía dos hijos, yo le dije, hálago por ellos, ayúdeme,  vea  lo  que  es el dolor de una madre, le dije ayúdeme para que pague por eso,  eso  fue antes de que él me pidiera la plata, yo lo que quería era que hiciera  las cosas como debía… ”.   

Así  las  cosas,  de   la     lectura    detenida    y    completa    de   esta     declaración,     la     que     sirvió   de   fundamento   para   la   condena   proferida   en   primera   instancia,   razón  por   la  cual  la   Sala   consideró   indispensable  su  transcripción,   no   se  observa  que  surjan  contradicciones  o   evidencia  alguna  de  manipulación,  como  así  lo  refiere  la defensora del  acusado.  Se  trata de un testimonio fluido que encierra una narración natural,  seria  y  sincera,  reflejándose en ella las penurias que pasó no sólo por la  muerte  de  su  hijo  sino  también  por los problemas que tuvo que afrontar al  procurar  que  se  hiciera  justicia,  encontrando en el camino a un funcionario  corrupto  que,  aprovechando  la  situación y sin escrúpulo alguno, pretendió  sacar un ilícito provecho económico.     

La argumentación de la recurrente, según  la  cual, es absurda la indignación que la declarante mostró cuando fue objeto  de   la  exigencia  de  dinero,  “ya  que  en  las  condiciones  jurídicas  en  que  se  encontraba  el  proceso  era  imposible la  liberación  del  sindicado”, no es admisible, pues  olvida  que Claudia Lucía Valencia no es abogada y, por lo mismo, no tenía por  qué  saber de las reglas que al respecto señalaba la ley, situación de la que  precisamente  se quiso valer el acusado para obtener el citado provecho, además  que  éste  sabía perfectamente que no era procedente la libertad del sindicado  Jesús  Belisario  Espinosa, sin dejar pasar por alto que en una situación como  por la que pasó dicha señora cualquier persona se indignaría.   

En consecuencia, conforme a lo hasta ahora  expuesto,   surge  claro  que  Claudia  Lucía  Valencia  ha  dicho  la  verdad,  conclusión  a  la  que  llega  la  Corte como producto del ponderado escrutinio  individual  y detallado de su testimonio, medio de convicción que ofrece serios  motivos  de  credibilidad  y, por lo mismo, fuente indiscutible de la certeza de  la   conducta   punible   y   de  la  responsabilidad   del   ex   Fiscal    157    Seccional   de   Yumbo,   doctor   Pinilla Patiño.   

Sobre   el   testimonio   único   la  jurisprudencia de la Sala, en reiteradas oportunidades, ha dicho:   

“El  testimonio  único  purgado  de  sus  posibles  vicios, defectos o deficiencias,  puede  y debe ser mejor que varios ajenos a esta purificación, El legislador, y  también  la  doctrina,  ha  abandonado  aquello de tesis unus, tesis nullus. La  declaración   del   ofendido   tampoco  tiene  un  definitivo  y  apriorístico  demérito.  Si  así  fuera, la sana crítica del testimonio, que por la variada  ciencia  que incorpora a la misma y mediante la cual es dable deducir cuándo se  miente  y  cuándo  se dice la verdad, tendría validez pero siempre y cuando no  se  tratase  de  persona  interesada  o en solitario. Estos son circunstanciales  obstáculos,  pero  superables;  son motivos de recelo que obligan a profundizar  más  en  la  investigación  o en el estudio de declaraciones tales, pero nunca  pueden  llevar  al  principio  de  tenerse  en  menor estima y de no alcanzar el  beneficio    de    ser    apoyo    de    un    fallo    de   condena”.2   

Ahora  bien,  que Claudia Lucía Valencia  habló  con  la  verdad  no  solo  es  una  conclusión  que emana del análisis  individual  de  su  versión,  sino  que  también  se  solidifica  luego  de la  confrontación  con  las  declaraciones rendidas por Julieta Vélez de Vergara y  Piedad  Escobar  Triviño,  personas que si bien no conocieron de manera directa  de  los  hechos, de todos modos se enteraron de lo acontecido por la amistad que  las  unía  con  aquella, quienes de manera coherente y concordante ratifican lo  vivido y expresado por la señora Valencia Vásquez.   

En  efecto,  Julieta  Vélez  de  Vergara  afirmó   que   recibió   una   llamada   de  Claudia  Lucía,  quien  llorando  “me  comentó  que habían cogido al señor que le  había   matado   al   hijo   y   que   estaba  emproblemada  porque  le  estaba  exigiendo     el     juez    una    plata    para   poder   procesar   al   que   le   había  matado   al     hijo,     que     como     le    podíamos   colaborar….    La   única   alternativa  de   ayuda   que    yo    le   ofrecí,   le   dije   que   iba    a    averiguar    con    la   Dra.  PIEDAD   ESCOBAR,   que   no  le  daba  el  teléfono   porque   no   estaba  autorizada,  porque  PIEDAD  también conocía a  CLAUDIA  cuando  era vecina de mi mamá, que yo iba a comentarle a ella sobre lo  que  me  estaba  comentando  para  que la orientara…. Yo le comenté a PIEDAD,  ella  me  dijo que era fiscal en Yumbo también y que le dijera a Claudia que la  ubicara en Yumbo…”.   

A  su  vez  la  doctora  Piedad  Escobar  Triviño,  quien  se  desempeña como Fiscal 156 Seccional de Yumbo, sostuvo que  “es  vox  populi  que  en  la Fiscalía 157 había  corrupción,  es  lo que siempre se escuchó, porque yo no he oído de las otras  fiscalías  ni  de  las  locales  en  general  ni  de la 156 cuando yo llegué a  trabajar  allí hace un año ni de la 155 que hoy se llama 114, siempre escuché  de  la  157.  Los  funcionarios  cuando yo llegué a Yumbo siempre fueron el Dr.  LEONEL  GERARDO  PINILLA,  FERNANDO PLAZAS VICTORIA y SABULÓN LIBREROS. Pues el  comentario  general  de  que  allí  cobraban por entregar vehículos, por tomar  declaraciones  y yo recibí concretamente una información que no es comentario,  podríamos  llamarlo  así, de la señora JULIETA VELEZ, que un día me llamó a  mi  casa  y  me  dijo que a la señora GLORIA VALENCIA le estaban solicitando un  millón  de  pesos  o  tres,  no  recuerdo, o que había pedido un millón y que  habían  rebajado  de  uno  a  tres,  el  caso  es  que  yo  mi información fue  informarle  al  coordinador que por favor tomara cartas en el asunto, esa fue la  información  que  yo le pasé a él ”. Agregó que  a Claudia Lucía la conoce hace 20 años, desde pequeña.   

Como  puede observarse, tales testimonios  no  hacen  más que corroborar  lo  dicho por Claudia Lucía Valencia,  reforzándose  de esa manera su credibilidad y consolidando, al mismo tiempo, la  certeza    en    cuanto    a   la   autoría   y   responsabilidad   penal   del  procesado.   

Finalmente,  debe la Sala añadir que del  análisis  de  dichos  medios  de  prueba  no  aparece  siquiera sugerido que la  ofendida  y sus amigas se hayan puesto de acuerdo o que aquella haya sido objeto  de  manipulación,  con  el  fin  mezquino  de  perjudicar impunemente al doctor  Pinilla  Patiño  como  producto  de  lo que la defensa denomina “pésimas   relaciones”   entre   la  doctora Piedad Escobar Triviño y el procesado.   

Al respecto, la memorialista se limitó a  hacer  aseveraciones  especulativas,  tales  como  que  dado  el “el  pésimo  ambiente  de  trabajo  que  imperaba  en la Unidad de  Fiscalías  de  Yumbo” la señora Valencia Vásquez  “bien pudo ser objeto de manipulación”,  o  que  por  dicho  ambiente  hostil  no  es “de  extrañar  que  con  antelación CLAUDIA LUCÍA contara con la  asesoría  de  estas  personas”, afirmaciones que,  como  bien  puede  verse, son cosecha de su personal punto de vista, carentes de  la  debida  comprobación  que conlleve a demostrar la relación causal entre el  citado ambiente de trabajo y la mentirosa imputación.   

Como  lo  indicó  el   Tribunal,    es   verdad   que   las   relaciones   entre   el  acusado  y sus compañeros de trabajo e, incluso, sus empleados  no  eran  las  mejores, lo que generó un ambiente pesado y hostil. Sin embargo,  como  se  dijo,  no  existe ningún elemento de juicio serio que indique que por  dicha  causa  se  originó un falso señalamiento con el ánimo de perjudicar al  doctor  Pinilla  Patiño  y, de esa manera, desprestigiarlo con un supuesto acto  de corrupción.   

Por      lo      tanto,  compartiendo   el análisis  probatorio  contenido  en   la   sentencia   condenatoria  proferida  por  la   Sala   de   Decisión   Penal  Tribunal  Superior   de   Cali,   y  en  lo  atinente  al  delito   de  concusión,  la  Corte  la confirmará.   

Del  delito  de  prevaricato por omisión  (cuarto caso).   

1.  Afirma la defensora del procesado que  es  desconcertante  que  se condene a su defendido por el citado delito con base  en  “suspicacias”  y  sólo  por haber liberado a las personas que fueron dejadas a su disposición, a  quienes  se  les  imputó  el  ilícito  de porte ilegal de armas de fuego. Así  mismo,  dice  que  si a Darwin Ospina Hernández y a Diego García Varón se les  capturó  por  el porte ilegal de un artefacto bélico, necesariamente el fiscal  acusado  debía resolverles la situación jurídica por dicha conducta punible y  con  base  en  las pruebas con las que hasta ese momento contaba, no pudiéndose  incluir un hurto del que no tenía conocimiento oficial.   

2. Dígase desde ya que los argumentos de  la  recurrente no encuentran respaldo probatorio, pues los medios de convicción  obrantes  en  el diligenciamiento, los que fueron adecuadamente valorados por el  ad  quem,  son  contestes  en  señalar  la  responsabilidad  del doctor Pinilla  Patiño   respecto   del   citado   delito   imputado   en   la  resolución  de  acusación.   

En esas condiciones y con el fin de tener  un  entendimiento claro sobre el comportamiento del ex Fiscal procesado, procede  la  Sala  a  repasar  brevemente  la  actuación  procesal  objeto  del reproche  penal:   

El  7  de  agosto  de 1998, el Comandante  Tercero  de  la  Vigésima  Tercera  Estación de Policía de Yumbo, Sección de  Vigilancia,  puso  a  disposición del entonces Fiscal 157 Seccional de la misma  localidad  a  los  capturados  Darwin  Ospina Hernández y Diego García Varón,  quienes   se   transportaban  en  una  moto  y  portaban  sin  autorización  el  “revólver   marca  Cadix  694,  38  especial,…  y    cinco   (5)   cartuchos   calibre  38  largo  blindados…”. Así mismo informó que:   

“Los  antes  mencionados  fueron  retenidos  el  día  de hoy a eso de las 18:40 horas, en la  calle  16  con  carrera  2 (vía Panorama), momentos en que se movilizaban en la  moto  mencionada,  ya  que momentos antes en esa vía, a la altura de la empresa  BORDEN     trataron     de    hurtarle  la  moto  Suzuki  125,…    al    señor    FERNANDO   BRAVO  GARCÍA…”  (subraya  fuera del texto).   

El doctor Leonel Gerardo Pinilla Patiño,  en  su condición de Fiscal 157 Seccional de Yumbo, con fundamento en el informe  policial  y  luego  de  verificar  la  legalidad  de  la  captura de los citados  ciudadanos,  el  8  de  agosto  de  1998  profirió  resolución  de apertura de  instrucción  y,  ese  mismo  día,  a  las  cinco  de  la  tarde,  escuchó  en  indagatoria  a  los  imputados, a quienes les resolvió la situación jurídica,  el   10   de  agosto  siguiente,  profiriéndoles  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  por  el  delito  de  porte  ilegal  de armas de fuego de  defensa   personal.   Así   mismo,   les   concedió  la  libertad  provisional  “mediante     caución    juratoria”.   

En  cuanto  al  delito  de  hurto que fue  informado  por  la  policía, en dicha providencia el fiscal procesado concluyó  lo siguiente:   

“… pero lo  que  si  no resulta claro, es que OSPINA HERNANDEZ y GARCÍA BARON, pretendieran  hurtarse  un  vehículo  automotor  en  este  caso una motocicleta, si  hasta  el momento no se ha allegado denuncia penal,  ni  se ha hecho presente la persona  ofendida, para determinar tal circunstancia, además  como  podemos  observar  en  las  manifestaciones  hechas  por los Agentes de la  Policía  puede que DIEGO GARCÍA BARON, haya mandado su mano para sacar el arma  de  fuego  pero  por  circunstancias de pronto ajenos a esto (sic) no lo hizo ya  que  atrás  del  ofendido  venía  un  familiar  como  acompañante y esto pudo  alertar   a   los  sindicados  para  no  cometer  el  hecho  punible…” (subrayas ajenas al texto).   

Cabe  agregar  que dos días después, es  decir,  el 12 de agosto, las diligencias fueron remitidas, por asignación, a la  Fiscalía  156  Seccional,  a  cargo  de la doctora Piedad Escobar de Vergara e,  igualmente,  en  esa misma fecha, se allegó al expediente la denuncia penal que  el  señor  Fernando  Bravo Araya había presentado el 7 de agosto anterior ante  la   Comisaría   Primera   Municipal   de   Yumbo  por  el  posible  delito  de  “hurto    calificado    y   agravado”,  así  como  el  memorial  que el citado ciudadano suscribió  ante   la   misma   Comisaría,   por   medio   del  cual   manifestó  que  “desisto de toda acción civil y penal”,       toda       vez       que       fue      “indemnizado”.   

Por  último, mediante resolución del 13  de  agosto,  la citada Fiscal 156, adicionó la providencia por medio de la cual  se  resolvió  la  situación  jurídica  de  los  procesados,  en el sentido de  imputar  el  delito  de  hurto calificado y agravado en grado de tentativa y, en  consecuencia, revocó la libertad provisional concedida.   

Así  las  cosas,  el  asunto  objeto  de  reproche  se  centran  en  que  el  entonces  Fiscal  157 Seccional de Yumbo, al  resolver  la  situación  jurídica de los procesados Darwin Ospina Hernández y  Diego  García  Varón,  no  contempló y, por lo mismo, no imputó el delito de  hurto  que  fue  informado  por  los  miembros  de la Policía Nacional, quienes  capturaron  a dichos ciudadanos no sólo por portar ilegalmente un arma de fuego  sino  también por haber intentado hurtar la motocicleta en la que se movilizaba  Fernando   Bravo   Araya,   argumentando  el  citado  funcionario  judicial  que  “hasta  el  momento  no  se  ha  allegado denuncia  penal,    ni    se   ha   hecho   presente   la   persona   ofendida”,  además  que,  faltando  a  su  deber,  no adelantó ninguna  diligencia con el objeto de allegar la denuncia al expediente.   

Sin  embargo,  demostrado  está  que con  anterioridad  al  proferimiento  de  dicha  providencia el doctor Leonel Gerardo  Pinilla  Patiño  se enteró que Fernando Bravo Araya había presentado denuncia  por  razón  de  los  hechos que motivaron el inicio del proceso que adelantaba,  documento  que se hallaba en la Comisaría Primera de Policía de Yumbo, oficina  que  se  ubicaba  a  cuadra  y  media  de  su despacho, sin que nada hiciera por  allegarla al diligenciamiento.   

También está demostrado que los días 8  y  10  de  agosto  de  1998, antes de que se resolviera la mencionada situación  jurídica,  el denunciante Fernando Bravo Araya se entrevistó personalmente con  el  doctor  Pinilla  Patiño,  con  el fin de manifestarle que después de haber  leído  en  su  casa  la  denuncia,  concluyó  que  había expresado cuestiones  exageradas,  por  lo  que  en  su  conciencia  no  había  existido  hurto.   

Al respecto, Fernando Bravo Araya sostuvo  que  después de presentada la denuncia penal quedó preocupado, pues consideró  que  había  consignado  en  ella  hechos  que no eran absolutamente verídicos,  razón  por  la cual buscó la manera de retractarse o de desistir de la acción  penal,  por  lo  que  se  dirigió a la oficina de la señora Comisaria para tal  fin.   

“La comisaria  me  dijo  que  eso  no  estaba  en  manos  de ella, que viniera a la fiscalía a  presentar  esa inquietud, era un sábado 8 de agosto, eran más o menos las 4:00  p.m.  y me entrevisté con el Doctor LEONEL PINILLA, le comenté los hechos y mi  deseo  de  retirar  esa  demanda  porque  no era cierto que me hubieran robado o  amenazado  o  que  me hubieren lastimado, él volvió y me preguntó como fueron  los  hechos  y  yo  verbalmente  le  manifesté como fueron, de todas maneras me  citaron  nuevamente  para el día lunes 10 de agosto en la comisaría, y hablara  con  la  persona  que  me  recibió la denuncia, por el día lunes que regresé,  acudí  a  la  persona que me había recibido la denuncia, es una señora ZEYDA,  acudimos  nuevamente  por el día lunes a donde el fiscal PINILLA el lunes 10 de  agosto  siendo las 8:30 a.m., entonces el doctor PINILLA solicita que se me haga  un  desistimiento  porque lo que contaba en esa denuncia no era cierto y se hizo  en  la  comisaría  en forma inmediata… ”.   

Lo informado por el señor Bravo Araya es  corroborado  por  la  Comisaria Zeyda Lastenia Garzón Larrahondo, quien indicó  que  efectivamente  el  lunes  10  de  agosto  se  dirigió  hasta la fiscalía,  distante  una  cuadra  y  media de su oficina, y conversó con el doctor Pinilla  Patiño,   comentándole   que   tenía   un  caso  en  el  que  “un     señor    presentó    un    denuncio    de    ‘hurto  que no fue hurto’, no le robaron nada y ahora quiere  presentar  desistimiento;  sin el doctor preguntarme nada respecto al nombre del  denunciante  ni de qué se trataba, me dijo recíbale el desistimiento, insisto,  el  doctor no me preguntó de quién se trataba, yo regresé a la oficina, hable  con  el  señor  FERNANDO  BRAVO  y  le  dije  que  se  le  iba a recepcionar el  desistimiento”.   

Por  consiguiente, al ser evidente que el  doctor  Leonel  Gerardo Pinilla conocía de la existencia de la denuncia que por  el  delito  de  hurto  en  grado  de  tentativa había presentado Fernando Bravo  Araya,  además  que  éste se entrevistó en dos ocasiones con él, surge claro  entonces  que  en  la  providencia  por medio de la cual resolvió la situación  jurídica  de  los  procesado  Ospina  Hernández  y García Varón consignó un  hecho  ajeno  a  la  verdad,  como fue el de descartar el delito de hurto porque  “hasta  el  momento  no  se  ha  allegado denuncia  penal,    ni    se   ha   hecho   presente   la   persona   ofendida”.   

El artículo 334 del Decreto 2700 de 1991,  vigente  para la época de los hechos, establecía que al funcionario instructor  le  correspondía ordenar y practicar las pruebas conducentes al esclarecimiento  de   la  verdad  sobre  los  hechos  materia  de  investigación,  precepto  que  desatendió  el  entonces  Fiscal  157  Seccional  de  Yumbo,  pues, como quedó  demostrado,  sabiendo  de  la existencia de la denuncia, no hizo esfuerzo alguno  por  incorporarla  al  expediente  con  el  fin de que le sirviera como medio de  convicción  para  adoptar  la  decisión que en derecho correspondía y, por el  contrario,  procuró que el denunciante desistiera de la misma ante la Comisaria  de  Policía,  quien,  de  manera  curiosa,  simplemente  adujo  que había sido  “indemnizado”.   

Es  más,  el  funcionario  acusado  ni  siquiera  recibió  la  declaración del ofendido,  no  obstante   haberse    entrevistado    con    él    en   dos   ocasiones  antes  de resolver la situación jurídica de los procesados, máxime  cuando  sabía  que  dicha persona era el denunciante del hurto informado por la  Policía.   

Por lo tanto, como queda visto, el juicio  de  reproche  recaído  sobre  el  procesado  no  se  funda  en  “suspicacias”, como lo pretende hacer  ver  su  defensora. Por el contrario, los medios de convicción, de manera clara  y   contundente,  muestran  tanto  la  materialización  del  delito  contra  la  administración  pública  que  le  fue imputado en el pliego acusatorio como su  responsabilidad.   

Así     mismo,    la   afirmación   de   la   recurrente,   según   la   cual,    aquél    proceso    se    inició   por   el   artefacto   bélico   que   fue   encontrado   en    poder   de    los    imputados,    lo   que   implicaba    que   el   fiscal   acusado   debía   resolver  única  y  exclusivamente  sobre  dicho  aspecto,  no  se  ajusta a la  realidad  procesal, pues si bien es cierto que en el informe de la policía, por  medio  del  cual  se  pusieron  a  disposición  del  funcionario  judicial  los  capturados,  se  hizo  mención  sobre  dicha arma, también lo es que, en forma  clara,  se  indicó  lo relativo al posible hurto de la motocicleta de propiedad  de   Frenando    Bravo    Araya,    conducta   punible   que    el    doctor    Pinilla   no   podía  dejar  de  considerar,  menos  con  afirmaciones  ajenas a la verdad, independientemente de  cual   pudiera   ser   la   decisión  que  al  respecto  y  en  derecho  debía  tomarse.   

Igualmente,  estima  la  defensora  que  “el  conocimiento privado del funcionario judicial  no    le   permite   adoptar   decisiones   dentro   de   la   esfera   de   sus  funciones”,    refiriéndose   al   conocimiento  extraprocesal  que  el  doctor Pinilla tuvo de la existencia de la denuncia y de  las   entrevistas   que  llevó  a  cabo  con  el  denunciante.   Sin   embargo,    debe    la   Sala   precisarle   que,   en   este  caso,  tales aspectos no hicieron parte del conocimiento privado  del  procesado,  toda  vez tenían directa relación con el diligenciamiento que  cursaba  en  su despacho, es decir, se trataba de asuntos propios de su función  y,  por  lo  mismo,  íntimamente  ligados con los acontecimientos fácticos que  eran  objeto  de  investigación,  resultando, por lo demás, extraño que nunca  hubiese  dejando  las  respectivas  constancias  en  el  expediente, como era su  deber.   

Así  mismo,  compartiendo   las   conclusiones   del   fallo  que  se  revisa,  resulta    curioso    la    prontitud   con   que   se    resolvió   la   situación   jurídica   de  los  procesados,  máxime  cuando sabiendo el acusado que existía una denuncia   y   que   se   había  entrevistado  con  el   denunciante,    contando   aún    con    tiempo,   no   esperó   que   el   documento   se   allegara  al  diligenciamiento    ni    escuchó   en   declaración   al  señor  Bravo  Araya.   

En fin, a la Corte sólo le resta concluir  que  comparte  el  análisis probatorio y jurídico contenido en la sentencia de  la  Sala  de Decisión Penal del Tribunal Superior de Cali, por medio de la cual  condenó  al  doctor  Leonel Gerardo del Carmen Pinilla Patiño como responsable  de  los  delitos  de concusión (tercer caso) y prevaricato por omisión (cuarto  caso), motivo por el cual la confirmará.   

Por    último,    como   quedó    consignado    al    inicio    de   esta   decisión   y   de  acuerdo  con  lo  manifestado   por   la  defensora  del  procesado,  es evidente   que   en   la   parte   resolutiva   de   la   sentencia    impugnada    se   omitió   declarar   la   absolución   del   acusado   por   los   delitos   de   prevaricato  por acción  (primer caso)  y  doble   cohecho   propio   (casos  segundo  y  cuarto),  no obstante que en el  cuerpo  considerativo  de la providencia se concluyó en ello. Por consiguiente,  la Sala adicionará el fallo examinado en dicho sentido.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA    DE     CASACION    PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

CONFIRMAR  integralmente  la  sentencia  impugnada  que  por  los  delitos  de concusión y  prevaricato  por  omisión,  profirió  la  Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Cali en contra de  LEONEL  GERARDO  DEL  CARMEN  PINILLA PATIÑO, adicionando la  parte   resolutiva   del  fallo  en  el  sentido  de  ABSOLVER  al mismo de los delitos de prevaricato por  acción  (caso primero) y doble cohecho propio (casos segundo y cuarto), por las  razones expuestas en la parte motiva del presente proveído.   

Contra esta decisión  no procede recurso alguno.   

Notifíquese, cúmplase  y devuélvase al Tribunal de origen.   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS             

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                  ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO                        ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

                                                              Comisión    de  servicio   

MARINA  PULIDO  DE  BARÓN                  JORGE  LUIS QUINTERO  MILANÉS   

YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

                                                                           Secretaria     

1  Casación,  16170,  25  de febrero de 2004, M.P. Dr.  Alfredo  Gómez  Quintero;  Casación  20644,  19  de  mayo de 2004, M.P. Marina  Pulido  de  Barón;  casación 19644, 19 de mayo de 2004, M.P. Dr. Mauro Solarte  Portilla, entre otras decisiones.   

2  Casación  del 12 de julio de 1989, M.P. Dr. Gustavo  Gómez  Velásquez. En el mismo sentido, sentencias del 15 de diciembre de 2000,  Rad,  13119,  M.P.  Dr.  Jorge  Aníbal  Gómez Gallego, del 17 de septiembre de  2003,  Rad.  14905,  M.P. Dr. Mauro Solarte Portilla, y del 28 de abril de 2004,  Rad.22122, Dr. Álvaro Orlando Pérez Pinzón.     

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