26076(10-10-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 26076  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 193  

          Bogotá, D. C., diez de octubre de dos mil siete.   

VISTOS  

          Mediante  resolución  del 28  de  marzo de  2006,  el  Fiscal  General de la Nación acusó  al  ex  gobernador  de  Córdoba,  NORMAN GUILLERMO ESPINOSA  NIETO,  como  presunto  autor  de  los  delitos  de contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales  y  peculado por apropiación, según hechos acaecidos en el  ejercicio de sus funciones.   

          De  acuerdo con el acta de indagatoria, ESPINOSA NIETO se identifica  con  la  cédula  de  ciudadanía  número  3.181.102 de Suba, es hijo de Norman  Antonio  y  Nohora,  natural  de  Montería, Córdoba, casado con Yaneth Benitez  López e ingeniero civil de profesión.   

          Realizada  la  audiencia  pública, la Corte entra a dictar el fallo  de  única  instancia  que en derecho corresponda, de acuerdo con las facultades  previstas  en  los  artículos  235, numeral 4° de la Constitución Política y  75,   numeral   6°   del   Código   de   Procedimiento   Penal   (Ley  600  de  2000).   

HECHOS  

          De   acuerdo   con  la  resolución  de  acusación,  el  13  de  diciembre  de  2001, el para  entonces  Gobernador (e) de Córdoba, Ingeniero NORMAN GUILLERMO ESPINOSA NIETO,  suscribió  dos  órdenes  contractuales  supuestamente  con  Dayana  del Carmen  Buitrago  Padilla,  la  primera  de  las cuales tuvo por objeto el suministro de  material  de  relleno en las calles del barrio Alberto Saibis en el municipio de  Cereté,  por  valor  de  $14.000.000,  y, la segunda, la ejecución de obras de  pintura  y  arreglos  varios  en la escuela Santa María del mismo municipio, en  cuantía de $12.000.000.    

          Posteriormente,  la supuesta adjudicataria de las órdenes denunció  la  conducta  del  mencionado gobernador (e), del concejal Heber Pico Jiménez y  del  interventor  Edgar  Martínez,  aduciendo  que  su  nombre y cédula fueron  utilizados  fraudulentamente  porque  nunca  se  presentó  a la administración  departamental  en procura de dichos contratos ni los suscribió, ni los ejecutó  o  firmó  las  actas  de  recibo  final  de las obras, y menos aún recibió el  precio en ellos acordado.   

          La  Fiscalía  14  Seccional  de  la  Unidad  de  Delitos  contra la  Administración  Pública  y  de  Justicia,  que  por  reparto conoció de dicha  denuncia,   abrió  la  respectiva  investigación  contra  los  denunciados  no  aforados  y  en resolución del 19 de marzo de 2004, dispuso compulsar copias de  la  actuación  con  destino  a  la  Unidad de Fiscalias Delegadas ante la Corte  Suprema  de  Justicia  para  que  se  investigara la conducta del gobernador (e)  NORMAN ESPINOSA NIETO.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

          1.  Con fundamento en las copias allegadas por la referida Fiscalía  Seccional,  el  7  de  julio  de  2004, el entonces Fiscal General de la Nación  decretó  la  apertura  de una indagación preliminar, en el curso de la cual se  escuchó  en  versión  libre  al  ingeniero  NORMAN  GUILLERMO  ESPINOSA NIETO.   

          2.  Mediante  resolución  del  12  de  octubre  de  2004, el Fiscal  General  abrió  investigación  penal contra el imputado ESPINOSA NIETO por los  delitos   de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  y  peculado,  investigación  en  el  curso  de  la  cual  se incorporaron varios elementos de  juicio  y  se escuchó en indagatoria al procesado, quien manifestó que para la  época  de  los  hechos fungía como titular de la Secretaria de Infraestructura  del  municipio de Cereté, Córdoba, y que en varias oportunidades fue encargado  como  Gobernador del departamento, motivo por el cual desempeñó los dos cargos  en un mismo tiempo.   

          Aduce  que en una oportunidad lo visitó en su despacho –titular-  el  entonces  concejal  del  municipio  Heber  Pico,  quien  le  solicitó gestionar la autorización de unas  obras  que  beneficiarían   a  la  comunidad  del barrio Alberto Saibis de  Cereté,  para  cuyo  trámite  delegó  al  ingeniero Edgar Martínez Vásquez,  subalterno    de    la    Secretaria    de    Infraestructura,   “para  que  procediera  a  la  organización del presupuesto para la  orden de trabajo”.   

                 Agrega   que   el  mencionado  profesional  hizo  la  inspección  ocular  en  el sitio donde se requerían las  obras,   gestionó  lo  del  presupuesto  y  elaboró  las  ordenes  de  trabajo  “a  nombre  de  la  persona  suministrada  por  el  Concejal   EVER  PICO”,  las  que  luego  le  fueron  presentadas  para  su  firma porque para ese momento se encontraba encargado del  despacho  del  gobernador,  sin  que tuviera conocimiento alguno de la persona a  quien  se le asignaron los contratos, en este caso, una señora de nombre DAYANA  BUITRAGO, a quien asegura no conocer.   

          También  como  gobernador (e) autorizó la orden de pago, porque la  misma   venía  respaldada  por  el  informe  del  interventor  Edgar  Martínez  Vásquez,  quien certificó que la obra fue ejecutada y recibida a satisfacción  por él y la comunidad beneficiada.   

             Sostuvo  que  para la fecha de los hechos los requisitos que  requería  la administración para asignar una orden contractual, se limitaban a  la  existencia  de  una solicitud, escrita o verbal, de la comunidad o de alguno  de  los concejales; inmediatamente se disponía la realización de una visita al  lugar  donde  se  requería  la  obra,  la  cual era realizada por alguno de los  profesionales  de la Sección de Infraestructura, quienes también se encargaban  de  tramitar  la disponibilidad presupuestal y la orden de trabajo, la que luego  se  pasaba  para la firma del gobernador. Una vez firmada por éste funcionario,  volvía  a  la  Secretaria  a  su  cargo  “para ser  entregada  a  la persona interesada para su respectiva legalización”.  De  ahí  seguía  el  recorrido  de  una  cuenta normal en la  Secretaría  de  Hacienda, nuevamente al despacho del gobernador y de éste a la  Tesorería.   

          Dice  que  en  ese  momento no se encontraba vigente el decreto 2170  que    exige    el    estudio    previo    de    conveniencia   de   las   obras  solicitadas.   

          Aceptó  haber  firmado  las  dos  órdenes contractuales objeto del  proceso  cuando  asumió  como Gobernador (e), pero negó ser responsable de los  delitos  que  se  le  imputaron, pues la firma de las órdenes se hizo porque le  fueron  presentadas  por  el  profesional  asignado para su trámite con toda la  documentación  que  respaldaba  su  legalidad,  y en relación con el peculado,  considera que este no se dio porque las obras fueron ejecutadas.   

             3.  Mediante  resolución  del  13 de septiembre de 2005, el  Fiscal  General  se pronunció sobre la situación jurídica del indagado NORMAN  GUILLERMO  ESPINOSA  NIETO,  declarando  que  a  pesar  de que se reunían en su  contra  los  requisitos  sustanciales  para  imponer  medida de aseguramiento de  detención   preventiva   por  los  delitos  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  y  peculado  por apropiación, no concurrían en contra del  procesado  alguno  de  los  fines  que justificaran la medida, de acuerdo con el  artículo 355 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000).   

          4.  Cerrada  la  investigación,  el 11 de enero de 2006 presentaron  alegatos  precalificatorios  la  defensora  y  el  Procurador  Delegado  para la  Investigación (C. 2 Fiscalía, fs. 264, 277 a 297).   

          5.   Por  medio  de resolución fechada el 28 de marzo de 2006,  el  Fiscal  General  de la Nación acusó al ingeniero NORMAN GUILLERMO ESPINOSA  NIETO,  exgobernador (e) del departamento de Córdoba, como posible autor de los  delitos  de  contrato  sin cumplimiento de requisitos  legales  y  peculado  por  apropiación,  en concurso homogéneo y heterogéneo,  determinación  contra  la cual la defensora interpuso  recurso  de  reposición que resuelto adversamente en resolución del 6 de julio  del  mismo  año (C. 3, fs. 1  ss y 79 ss).   

          Los  argumentos  centrales  de  la  acusación  se  contraen  a  los  siguientes aspectos:   

         Se   encuentra   probado   que  la  suscripción  de  las  órdenes  contractuales  adjudicadas  el  13  de  diciembre  de  2001  a Dayana del Carmen  Buitrago  Padilla,  cuyos  objetos  se  contrajeron al  suministro  de material de  relleno  en las calles del barrio Alberto Saibis de Cereté y a la ejecución de  obras  de  pintura  y  arreglos  varios  en  la  escuela  Santa María del mismo  municipio,  el  primero  por  $14.000.000  y  el  segundo  por  $12.000.000, fue  artificiosa  en  la  medida en que la presunta contratista beneficiaria nunca se  presentó  ante la entidad territorial, y menos aún suscribió los documentos o  ejecutó las órdenes o recibió el precio acordado en ellas.   

         Partiendo  de  ese  presupuesto  fáctico,  se  encontró que en la  celebración   de   tales   negocios   jurídicos  se  desconocieron  los  principios  de  selección  objetiva,  de  planeación  y de  responsabilidad.   

         De  otro  lado,  frente  al  componente  subjetivo  de la conducta,  se  esgrimió que  la  intención  manifiesta del ex gobernador ESPINOSA NIETO en  suscribir  lo contratos sin cumplimiento de los requisitos legales, la revela el  hecho  de  que  fue él quien personalmente se entrevistó con el concejal Heber  Javier  Pico  Jiménez, quien solicitó la ejecución de las obras y utilizó el  nombre  de  Dayana  Buitrago  Padilla  para  que  se le expidieran las órdenes,  recibiendo  los  dineros  pactados  por  la ejecución de las obras. Además, el  mismo  ex  gobernador dispuso el trámite para que los contratos se expidieran a  nombre  de  la persona indicada por el funcionario local, sin ninguna formula de  juicio y con una clara voluntad dirigida a favorecerlo.   

         Destacó  también que el procesado es un  ingeniero  civil,  cuyo  cargo  habitual  era  el  de  Secretario  de  Infraestructura  Departamental,  situaciones  que  le  daban  un  conocimiento  agregado en el encargo desempeñado, pues conocía la mecánica de  la  oficina  de  obras  públicas, la naturaleza de los trabajos que se irían a  contratar   y   el   procedimiento  que  debía  agotarse  para  garantizar  una  contratación  objetiva, e intervino directamente en la labor contractual en los  casos investigados.   

         Además,  como  gobernador encargado asumió la administración del  riesgo  y por lo tanto se hacía responsable de realizar una conducta prohibida,  porque   de   él   se   exigía   la  mayor  diligencia  y  cuidado,  esencialmente  porque era de su resorte exclusivo la función de  celebrar  contratos  con  apego  a  los  principios  de  igualdad,  moralidad  e  imparcialidad.   

         Frente  al  peculado  por  apropiación,  reseñó  la  Fiscalía  que la conducta del ex gobernador ESPINOSA NIETO estuvo  orientaba  a la indebida apropiación de recursos del  Estado  en  provecho  de  un  tercero,  en  este  caso,  del concejal Heber Pico  Jiménez,  y  que  por  lo  tanto  su  comportamiento  también  se  adecuaba  al  tipo  penal descrito en el artículo 397 del Código  Penal.   

         En    este   punto,   se   destaca  el informe 259752 de noviembre 8 de 2005, en el cual se da  cuenta  del  destino  de los títulos valores mediante  los  cuales  se  materializaron  los pagos pactados en  los  contratos,  los que en  su mayoría fueron a parar a manos del concejal Pico Jiménez.   

               

         También    se   afirma   que  obra  prueba  demostrativa  de  los  “precarios  trabajos”  realizados  en el barrio Alberto Saibis y en la escuela Santa María de Cereté,  los   cuales   no   se   corresponden   con  los  valores  cancelados  por  esos  conceptos.   

         Se   trae  colación  el  testimonio  de  Teobaldo  Guerra  Torreglosa,  quien  admitió  que  en  últimas había sido el  ejecutor  directo  de  la  obra  en  el  barrio  Alberto  Saibis,  para  lo cual  subcontrató  con cuatro conductores para que cargaran  y  echaran el balastro en el sector que previamente le  indicó Rafael Oquendo, posteriormente fallecido.   

         Se  sostiene en la acusación que de acuerdo con los testimonios de  algunos  de los habitantes del sector, la obra en cuestión no se ejecutó en su  totalidad,  pues algunos de  los  testigos negaron haber  firmado  el documento que da fe de la entrega a satisfacción y otros declararon  no  haber  visto  más  de  35 volcos descargando, los  cuales  tenían un valor aproximado de $1.759.000, por  lo  que  el  peculado  por este concepto asciende  a  $12.250.000, que resultan de  restar  al  precio del contrato, $14.000.000, el valor  realmente invertido.   

        En  lo  que  hace  con  las  obras  ejecutadas en la escuela Santa  María   del   mismo   municipio,   se  destaca    que    en    el    proceso   se   encuentran             acreditados  dos  extremos: el primero, que el concejal Heber Pico  recibió  el  importe  de  los cheques entregados por  concepto  de  anticipo  y  saldo  del  contrato, y, el segundo, la existencia de  “menores    cantidades    de    obra”  que  inciden en el precio que la administración pagó por el  referido negocio jurídico.   

        En  este  aspecto, un investigador del C.T.I. efectuó inspección  física  a la escuela para identificar las cantidades reales de los trabajos     realizados    por    el  contratista,  destacando  que  la  superficie  de  los  muros  pintados alcanzó  1.511.34  mts2,  cuando la orden contractual habla de  1.700  mts2.  También  se  constató  la  inexistencia  de  los “muros   de   cerramiento”   y   una  diferencia  en  la medición de los trabajos relacionados con la “pintura  para  puertas  en  aceite”,  todo lo cual arrojó un mayor valor pagado de $1.689.416.   

        Se señala,  finalmente,  que  aunque  el procesado NORMAN GUILLERMO ESPINOSA NIETO no firmó  las   órdenes   de   pago  correspondientes  a  los  anticipos  y  al  saldo  del  precio  de  los contratos, lo cierto es que cuando  comprometió   a  la  administración  con  ocasión  de  los  mismos,  teniendo  disponibilidad  jurídica de los recursos públicos, obró a sabiendas de que su  destino  no  era  el  de  satisfacer  el precio acordado por el suministro y las  obras   contratadas,   sino   el   ingreso   al  patrimonio  del  concejal  Pico  Jiménez.   

        Las  conductas  imputadas fueron encajadas en los artículos 410 y  397  del  Código Penal, haciéndose claridad de que el peculado no superaba los  50  salarios  mínimos  mensuales.  No  se imputaron circunstancias genéricas o  específicas de mayor punibilidad.   

        6.   Arribado   el   proceso  a  esta  Corporación,     se     corrió     el  traslado  previsto  en el artículo  400    del    Código    de    Procedimiento    Penal,   término   dentro  del  cual  el representante del  Ministerio  Público  solicitó  el  allegamiento de algunas pruebas, que fueron  decretadas   en  la  audiencia  preparatoria  realizada  el  30  de  octubre  de  2006.    

        7. Superado  el  trámite  procesal  pertinente, el 30 de julio de  2007   se   evacuó   la   audiencia  pública   de  juzgamiento,  en el curso de la cual intervinieron  así los sujetos procesales:   

     

a. Fiscal Delegado     

        El  Fiscal Delegado ante la Corte Suprema de Justicia destaca  que  el procesado ESPINOSA NIETO  es  un  ingeniero  civil  con  mucha trayectoria en la administración pública,  como  lo  manifestó  en el interrogatorio que se le hizo en la misma audiencia.  Después  de relatar los hechos ya conocidos, refiere que la suscripción de las  dos  órdenes  contractuales  a  nombre de la señora Dayana del Carmen Buitrago  Padilla  fue  artificiosa,  porque se acreditó que esa persona jamás intervino  ni tuvo relación con la administración pública.   

          Sostiene  que  se  encuentra  probado que el concejal Heber Pico sí  conocía  a  la  señora  Dayana,  y  fue  quien determinó que los contratos se  hicieran   a   su   nombre,   recibiendo   los   cheques  que  se  pagaron  como  contraprestación,  de  los  cuales  canjeó  dos en la estación de gasolina de  Félix  Paternita;  mientras  que  otro  lo recibió el médico Agustín Matoral  como  contraprestación  a un negocio que hizo con el odontólogo Claret Ignacio  Rangel,  quien  a  su  vez  negocio con la suegra de Pico, circunstancias que en  criterio  del  Fiscal  Delegado  llevan  a  un  grado  total de certeza sobre la  ocurrencia de los delitos que se juzgan.   

          Respecto  al  delito  de  contrato  sin  requisitos legales, destaca  algunos  antecedentes  jurisprudenciales  del  Consejo  de  Estado y de la Corte  Suprema   de  Justicia,  para  reseñar  que  los  principios  de  la  actividad  contractual  se  encuentran insertos en la Constitución Política, entre otros,  en  el preámbulo y en los artículos 1, 2  6, 209 y siguientes, añadiendo  que  en  el  artículo  305  de  la  misma,  se  asigna  a  los  gobernadores la  atribución  de  representar  la  entidad  territorial  del  departamento,  y el  numeral  1º  los  compele a  cumplir y hacer cumplir la constitución, las  leyes y los decretos.   

          Señala  que  el  principio  de  la  selección objetiva comporta la  escogencia  al  contratista  más  favorable  a la entidad, conforme al interés  general;  a  su  vez,  el  principio  de  planeación  apunta a que la actividad  contractual  no puede ser objeto de la improvisación, sino de unos pasos serios  que  permitan  arribar  a esos fines; y el principio de responsabilidad apunta a  que  los servidores públicos deben dirigir su actividad para el cumplimiento de  los cometidos estatales.   

          Considera  que  en ese caso se violentó el principio de planeación  porque  en el contrato para el relleno del barrio Alberto Saibis Sáquer no hubo  precisión  del  número  de volquetas, de la cantidad de material, del precio y  ni  siquiera  de las calles que serían destinatarias de esas obras. Destaca que  el  informe  3314  del 9 de diciembre de 2003 del CTI fue claro en demostrar esa  realidad,  y  que  de  acuerdo  con las investigaciones efectuadas, sólo fueron  distribuidos  entre  35 a 40 viajes de material de relleno, según lo declararon  algunos  habitantes  del sector, algunos de los cuales, aunque identificaron las  firmas  como  suyas  en  el  acta  de  entrega,  advirtieron  que  lo único que  recuerdan  es  que  habían firmado en blanco unos documentos para el suministro  de  gas  domiciliario, mientras que otros negaron la autenticidad de sus firmas.  Entonces  si  el  costo  de  cada  volco ascendía a la suma de $5.000, el valor  total  del  trabajo  desarrollado  alcanzó un valor de $1.750.000, cifra que no  supera  el  12%  del  total de la orden contractual que se pagó en su totalidad  -$14.000.0000-   

          También   encuentra   que   se   transgredió   el   principio   de  responsabilidad,   porque   el   aforado   no  dirigió  su  responsabilidad  al  cumplimiento  de los fines estatales sino al servicio de intereses particulares,  destacando  que  el  procesado NORMAN GUILLERMO como representante de la entidad  territorial  era  el  ordenador  del  gasto  y  por  lo tanto le era exigible la  obligación   y   manejo   del   proceso   de  selección  del  contratista,  la  contratación  y la ejecución, máxime cuando se trataba de un ingeniero civil,  cuyo  cargo  habitual  era  el  de Secretario de Infraestructura Departamental o  Secretario de Obras Públicas.   

          Reseña  que aunque en el curso del proceso la defensa ha hablado de  la  ausencia  de  responsabilidad  del  procesado por efectos de la delegación,  destaca   que   en  la  sentencia  C-372  del  15  de  mayo  de  2002  la  Corte  Constitucional  se  pronunció  sobre  la demanda presentada contra el artículo  2º  parágrafo  4º  de  la Ley 378 del 3 de agosto del 2001, que establece que  “en  materia  contractual el acto de la delegación  no  exime  de  responsabilidad  legal  en  materia  de  acción de repetición o  llamamiento  en  garantía  al delegante, el cual podrá ser llamado a responder  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  esta  ley,  solidariamente junto con el  delegatario”,    declarándola   exequible,   pero  condicionada  al  entendido  de sólo puede ser llamado el delegante cuando haya  incurrido en dolo o culpa grave en ejercicio de sus funciones.   

          Recuerda  que  la  Corte Constitucional también se pronunció sobre  el   artículo  12  de  la  Ley  489  de  1998,  cuyo  parágrafo  señala  que:  “en   todo   caso   en   lo   relacionado  con  la  contratación   el   acto   de  la  firma  expresamente  delegada  no  exime  de  responsabilidad,   penal,   civil   y   legal  al  agente  principal”,  norma  que  fue  declarada  exequible en la sentencia C-727 de  2000,  dentro de cuyos argumentos se señaló que cuando había prueba de que el  delegante  había  incurrido en culpa grave o en dolo tenía una responsabilidad  y   que   además   se   predicaba   responsabilidad  solidaria  cuando  en  ese  comportamiento también había incurrido el delegatario.   

          Concluye  que existe certeza de la comisión del delito del contrato  sin  el  cumplimiento de los requisitos legales con relación a las dos órdenes  contractuales  de  que  trata  el proceso, y de la responsabilidad del procesado  NORMAN  GUILLERMO,  razón  por  la  cual  solicita a la Sala que profiera en su  contra sentencia condenatoria por ese delito.   

          En  lo  que respecta al delito de peculado por apropiación, señala  que  el  doctor  NORMAN  dirigió  su  conducta a favorecer al señor Heber Pico  Jiménez,  pues  los cheques girados por la gobernación por razón del contrato  de   obra   fueron   a   parar   a   manos   del   mismo,   como   se  encuentra  acreditado.   

            Dice  que  con  relación al suministro de material de relleno, el  peculado  ascendió  a  la  suma  de $12.250.000 porque solamente se ejecutó un  valor de $1.750.000 como antes lo refirió.   

           Refiere  cómo  el  interventor  Edgar  Martínez  afirmó  que  quien  desempeñó  el  rol  de contratista fue Carmelo  Laureano  Cano  Pérez,  vendedor de revistas, persona que negó en declaración  esa  afirmación;  luego  dijo  Martínez  que el contratista había sido Rafael  Oquendo,  alias  “Chiquito  Malo”,  portero del CAMI del Prado, y al proceso  apareció   Teobaldo  Guerra  Torresglosa,  declarando  que  interviniendo  como  comisionista  fue  la  persona  que  echó  el  balasto  y puso los “volcos”  –cuatro-  por  encargo de  Oquendo.   

          Y  en  relación  con  las obras de la escuela Santa María sostiene  que  se  demostró  la existencia de menores cantidades de obras reales, pues el  investigador  detectó  diferencias  en  la pintura de vinilo tipo Viniltex para  muros  interiores  y exteriores, porque llevada a cabo la medición de los muros  arrojó  1.511.034  metros  cuadrados,  que  contrastan  con  los  1.700  metros  cuadrados  que  figuran  en  la  orden  contractual.  Además  se  constató  la  inexistencia  de  los  denominados  muros  de cerramiento y una diferencia en la  medición  de  los  trabajos relacionados con la pintura para puertas en aceite,  para un mayor valor pagado de $1.689.416.   

          Según  el  Fiscal  se demostró que hubo apropiación, aunque no se  acreditó  su  monto,  pero  para  resolver  el  problema,  basta  imputarle  al  procesado  la  pena señalada para el peculado de menor cuantía, por razones de  favorabilidad, pero no admitir que el delito no existió.   

          De  esa  manera, culmina su intervención solicitando a la Corte que  dicte   sentencia   condenatoria   en   contra   de  NORMAN  GUILLERMO  ESPINOSA  NIETO.   

            

a. Procurador Delegado     

        El  Procurador Segundo Delegado para la Investigación y Juzgamiento  Penal  no encuentra sometido a discusión la competencia de la Corte para juzgar  este  caso,  conforme  al artículo 235, numeral cuarto, parágrafo, de la Carta  Política.   

          Tampoco  encuentra  discusión  en  la autoría de la suscripción y  liquidación  de  los  contratos objeto del proceso, porque así se ha aceptado;  ni  que  estos  requerían  la formalidad de la licitación pública, por ser de  menor cuantía.     

          De  lo  que  se trata, dice el Delegado, es de verificar si esos dos  contratos  comportan  la  ilicitud de celebración de contratos sin cumplimiento  de  requisitos  legales  y  además  si  ellos  permitieron  la  apropiación de  recursos  públicos  en  forma  indebida  bien  por  parte  del  procesado  o de  terceros.   

          A  continuación  se  refiere  al  marco  normativo  del  delito  de  contrato   sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  y   menciona   algunos   aspectos  de  su  tipicidad,  destacando  que en lo que tiene que ver con la tramitación de los contratos, en  aquellos  donde participa el Estado es necesario que exista una planeación para  que no se incurra en la arbitrariedad o el capricho.   

          Destaca  que  en  el  presente asunto, la investigación informa que  cuando  el  procesado  NORMAN  GUILLERMO  ESPINOSA  NIETO estuvo encargado de la  gobernación  de  Córdoba  en  el  mes  de  diciembre,  suscribió  un  número  importante  de  contratos,  por más de $700.000.000, cuando estaba ad   portas  el  cierre  de  la  vigencia  fiscal,  con  una  improvisación total, sin planeación, lo cual dista mucho de  las  finalidades de la administración pública conforme lo pregona el artículo  25 numeral 12 de la Ley 80 de 1993.   

          Los  contratos  objeto  del  proceso,  aunque son de menor cuantía,  requerían,   por  lo  menos,  del  estudio  previo  de  su  conveniencia  o  la  favorabilidad  para  contratar y para ello debió establecerse, previamente, los  precios del mercado que hubieran permito ponderar su conveniencia.   

          Tampoco  observa  que  en  tales  contratos  se  haya  respetado  el  principio  de  selección  objetiva  y  de  transparencia  en  los  trámites de  escogencia,  suscripción y liquidación. Se escogió a Dayana formalmente, pero  no  realmente,  todo  por  obedecer  las  indicaciones  del  concejal Heber Pico  Jiménez.   

          Para  el  Ministerio Público, el Gobernador, por ser la persona que  celebró  los  contratos  como representante legal de la entidad, es quien tiene  que  responder  por  esos  actos,  pues  además  cuando  fue  encargado  de  la  Gobernación    siguió   desempeñando   sus   funciones   de   Secretario   de  Infraestructura  del  Departamento,  y  se  trata de un ingeniero civil con  amplia experiencia.   

          Precisamente,  agrega,  el  interventor  Edgar  Martínez  Vásquez,  señaló  que  la  responsabilidad  era  del  ordenador  del gasto, es decir del  Gobernador,  pues él solamente cumplía órdenes, por lo tanto, respecto de él  no  existió  delegación,  sino  que  fue  encargado  por el procesado para que  conceptuara   sobre   “la  conveniencia”  de  esos  contratos  y  después  lo designó como interventor,  cumpliendo   órdenes.   De  allí  que  el  procesado  conocía  cuál  era  la  situación,  estaba  al  tanto  de  la  mecánica  de  la  contratación,  de la  naturaleza  de  las  obras, pues es ingeniero civil, de los procedimientos de la  contratación,  y,  sin embargo, quiso adecuar su conducta a los comportamientos  que se le endilgan.   

          El  Procurador encuentra que hubo acuerdo de voluntades, producto de  una   componenda,  resultando  gravemente  afectado  el  bien  jurídico  de  la  administración    pública,    y    de    ahí    la   antijuricidad   de   las  conductas.   

          En  su  criterio  las alegaciones del procesado en el sentido de que  no  podía  estar  al tanto de los detalles no tiene eco alguno, pues de acuerdo  con   el  artículo  26  numeral  5  de  la  Ley  80  de  1993,  “la  responsabilidad  de  la  dirección y manejo de las actividades  contractuales  y la de los procesos de selección será del jefe o representante  de  la  entidad  estatal,  quien  no  podrá  trasladarla  a juntas, concejos de  administración..”, y en este caso el Gobernador fue  el  contratante  y  como  tal  no  se  puede  eximir  de responsabilidad, según  jurisprudencia de esta Corte.   

          Destaca  que el principio de confianza no es absoluto, pues la misma  Sala  ha dicho que quien dirige, coordina y decide, como en el caso de autos, es  el responsable de la contratación.   

          En  relación  con la pretendida delegación de la que se ha hablado  en   el   proceso,   tampoco   se   consolida,  pues  aquella  implica  un  acto  administrativo  que  debe  especificar  claramente  a  quién  se delega, quién  delega,  en  qué  condiciones,  para  qué,  cuál  es el objeto y durante qué  tiempo,  condiciones  que  no existen en este caso, y lo único que se vislumbra  es  que  hubo desconcentración y por tanto el Gobernador debe responder por los  actos que ejecutó.   

          Así  las  cosas,  el  Ministerio  Público  pide  a la Corte que se  condene  al  procesado  por  los  delitos  de  celebración  de contratos sin el  cumplimiento de requisitos legales en concurso homogéneo.   

          En  lo  que  hace  relación  con  el  peculado por apropiación, el  Procurador  Delegado discrepa parcialmente de la posición de la Fiscalía, pues  no  encuentra probado el peculado en relación con el suministro de relleno para  la calle del barrio Alberto Saibis del municipio de Cereté.   

          Destaca  que  la  investigación  revela  que el concejal Heber Pico  Jiménez  tenía  intereses políticos, pues estaba ad  portas  de  una  contienda electoral, luego pretendía  aparecer  ante  los  potenciales  electores  como la persona que hacía obras en  beneficio  de la comunidad, y eso fue lo que quiso conseguir con los rellenos en  las calles del barrio Alberto Saibis.   

          Señala  que  en  el  lugar  de  la  obra  se  hicieron inspecciones  judiciales  con  la  intervención  de  expertos ingenieros para que trataran de  establecer  si  realmente  se  cumplió  con el contrato, lo cual no fue posible  dilucidar  porque en el mismo no se especificaron las condiciones de la obra, ya  que  nada dice sobre la cantidad de volcos que debían llevarse, ni cómo debía  hacerse  y  ni  siquiera  se  mencionan  las calles objeto del arreglo, de donde  surge  una  dificultad  para  establecer  si  realmente  se cumplió o no con el  contrato.   

          Además,  de  acuerdo  con la opinión de los peritos, era imposible  establecer  el número de “volcos” llevados, debido al transcurso del tiempo  y a la explanación que se hizo del material.   

          En  esas  circunstancias,  considera  que  existe una duda frente al  hecho  central, es decir si se cumplió o no el contrato, porque el punto no fue  establecido,  duda  frente  a  la  cual  el  Ministerio Público solicita que se  absuelva  al  procesado del delito de peculado por apropiación en relación con  ese específico comportamiento.   

          Cosa  distinta  sucede  con el contrato adelantado con motivo de los  arreglos  y  pintura de la escuela Santa María en el municipio de Cereté, pues  en  la  inspección  judicial  que  practicó el ente investigador se llega a la  conclusión  de que lo ejecutado fue menor a lo contratado, que las pinturas son  de  otra  calidad,  de  inferior  calidad,  como aparece en el informe 264162 de  diciembre  26  de  2005,  luego encuentra que aquí sí hubo una apropiación de  recursos  del  Estado  por  parte  de  terceros,  donde participó claramente el  procesado,  pues fue quien en virtud de la desconcentración tramitó y celebró  el  contrato  respectivo,  motivo  por  el  cual  pide  que  en relación con el  contrato  de  las  obras adelantadas en la escuela Santa María del municipio de  Cereté, se condene al procesado.   

          Por  último, como advierte que Dayana Buitrago dijo “que  ha recibido en múltiples oportunidades ofrecimiento de dinero  por  parte  de  NORMAN  ESPINOSA  a través de un abogado de Bogotá”,  solicita que se compulsen copias para que se investiguen estos  hechos.   

     

a. Defensor     

         

        Respecto  del  delito  de  contrato sin cumplimiento de requisitos  legales,    dice    el    defensor    que   por   tratarse  de  un  tipo  penal  en blanco, como lo señaló la Corte Constitucional  en  la  sentencia  C-917 del 29 de agosto de 2001, no solamente se debe tener en  cuenta  la  descripción  del  artículo  410,  sino  que  además  es necesario  remitirse  a  la  normatividad  legal y aplicable para ese tipo de contratos, en  este  caso,  la Ley 80 de 1993 y también el decreto 855 de 1994 vigente para la  época  de  los  hechos,  en  cuanto reglamenta los requisitos que se requerían  para estos contratos.   

            De  acuerdo  con esa normatividad, agrega, los contratos objeto de  proceso  son  de aquellos que no requieren formalidades plenas. Y si bien la Ley  80   trae  unos  requisitos  para  la  contratación  directa,  señalados  como  inobservados  por  la  Fiscalía  y la Procuraduría, ello no es predicable para  los de mínima cuantía.   

          Señala  que  para  el  año  2001,  atendiendo el presupuesto de la  gobernación  de  Córdoba y el valor del salario mínimo, los contratos por los  que  se  juzga  hoy  a  su prohijado cumplían una doble condición: primero que  eran  contratos  sin formalidades plenas y además que eran contratos de mínima  cuantía.   

          Sostiene  que  el  inciso  final  del artículo 3 del Decreto 855 de  1994  preceptúa que cuando se trate de contratos cuya cuantía no supere el 10%  de  los  montos  señalados en el literal a) del numeral 1º del artículo 24 de  la  Ley  80  de 1993, los mismos se celebraran tomando en cuenta los precios del  mercado,  sin que se requiera absolver previamente varias ofertas, es decir, que  no  se  requería  trámite adicional distinto a la verificación de los precios  del  mercado,  requisito  que  dice  se  cumplió  a  cabalidad  en este evento,  circunstancia  que  se  encuentra ampliamente demostrada en el legajo procesal y  que  no  admite duda por cuanto mediante informe del C.T.I. No. 204582 del 30 de  noviembre  de  2004,  se  determinó  que  el contrato para esparcir el material  seleccionado  de  las  calles  del barrio Alberto Saibis no tenía ningún sobre  costo y que su valor era de $14.000.000.   

          Agrega  que  lo  mismo  ocurre  con  el contrato de la pintura de la  escuela  Santa  María, pues en el informe del CTI No. 264262 del 6 de diciembre  de  2005  se  concluyó  que  el  valor  de  los trabajos ejecutados ascendía a  $10.310.584,  cifra que al ser cotejada con el valor de la orden contractual por  $12.000.000,  determina que la misma se encontraba dentro de los parámetros del  mercado   y   que   este   es   un   margen   de   utilidad  utilizado  por  los  contratistas.   

          Según  el  defensor,  no  se puede aducir la violación al deber de  selección  objetiva  que  endilga la Fiscalía, por cuanto dicho principio hace  alusión  a  la  escogencia  de la oferta más favorable, pero ello no aplica al  presente  caso, por cuanto el decreto 855 de 1994 preceptúa que no se requería  la  obtención  de  varias  ofertas, pues de acuerdo con esa reglamentación esa  obligación  quedó  cumplida  con  la verificación de los precios del mercado,  los  cuales, insiste, se encontraban dentro de los parámetros comerciales de la  época,  tal  como  lo  determinó  el Cuerpo Técnico de Investigaciones.    

          En   orden   a  sustentar  su  tesis  cita  el  concepto  de  varios  doctrinantes,  de  los  cuales  concluye  que  lo  único  que se requería para  cumplir  con  el  deber de selección objetiva, que se afirma no cumplido por su  defendido,  era  verificar  los  precios  del  mercado,  y en el proceso hay dos  dictámenes  periciales del Cuerpo Técnico de Investigación que determinan que  no  existieron  sobrecostos  y  en consecuencia los precios estaban de acuerdo a  los  parámetros  del mercado, cumpliéndose así con el principio de selección  objetiva.   

          Dice  que  si  bien es cierto que no se encuentra sometido a duda la  falsedad  en  la  firma  de  la  señora  Dayana  Buitrago en los contratos, esa  conducta  no  puede  endilgarse a su defendido porque no era él el encargado de  recoger  las  firmas de los contratistas, ya que cuando los contratos pasan a la  firma  del  representante  legal  de  la  entidad,  estos ya van firmados por la  contratista,  máxime en este evento en que ni siquiera se requería la firma de  la contratista.   

         

          En  cuanto  al  deber  de planeación a que alude la Fiscalía en la  acusación,  no se puede predicar que en la orden contractual para el suministro  de  material  de  relleno  para  las  calles  del  barrio  Alberto Saibis existe  indefinición  del  objeto  contractual,  o  que  no haya precisión en torno al  número  de viajes de material seleccionado, o el precio de cada uno, por cuanto  el  objeto  es  precisamente  el  suministro  de  material seleccionado para las  calles  del  barrio  Alberto  Saibis, y en cuanto al número de viajes, la orden  expresa  claramente  que  se  requerían  420  metros  cúbicos  del material de  afirmado,  sin  que  se  requiriera saber cuántos viajes colmaban esa cantidad,  sino el costo del metro cúbico.   

          A  criterio  del defensor, tampoco resulta acertado el planteamiento  del  calificador  cuando refiere que a NORMAN ESPINOSA NIETO, como representante  y  ordenador del gasto, le era exigible la dirección y manejo tanto del proceso  de  elección  del  contratista  como de la contratación misma y su ejecución,  pues  aquí se olvida que un Gobernador en razón de sus múltiples funciones no  puede  atender  directamente  todas  las gestiones que lleven a cumplir la buena  marcha del departamento.   

          Los  contratos  estatales se rigen por el principio de articulación  conforme  al  cual las distintas etapas y fases correspondientes a la formación  de  la  voluntad, la celebración, la ejecución y la liquidación se confían a  diversas  órdenes  con  atribuciones  separadas  que  persiguen  una  finalidad  común.  Las  normas  jurídicas que regulan la estructura orgánica y el manual  de  funciones  de  las  entidades  públicas  establecen las atribuciones que le  incumben  a cada orden o funcionario público en el proceso contractual. De esta  manera,  agrega,  el  principio  de  articulación permite no solo determinar la  validez  de  distintos  actos  y fases que se cumplen en la gestión contractual  sino  también  delimitar  la  responsabilidad  de  los servidores estatales que  intervienen en el procedimiento.   

          Por  ello,  no  es  posible  dar  cabida a la afirmación del señor  Edgar  Martínez,  en  el  sentido  de  que  la  responsabilidad  recae sobre el  Gobernador,  aduciendo  que  solo cumplía órdenes. Pide que se tenga en cuenta  que  él,  Martínez,  está siendo juzgado por los mismos hechos y es obvio que  pretenda   desvirtuar   su  responsabilidad  trasladándola  a  otras  personas.   

          Hace  énfasis  en  que  no  existe  prueba  indicativa  de que hubo  detrimento  patrimonial,  por lo que tampoco puede hablarse de peculado. Los dos  dictámenes  técnicos  determinan  que  los  costos de las obras fueron los que  realmente  se  contrataron  y que las obras se ejecutaron. Además, de ellas dan  razón  las  fotográficas  recaudadas por los investigadores, y el mismo Fiscal  Delegado  trae  citas  de personas que colaboraron en su ejecución, como el hoy  fallecido  señor  Oquendo  y  de  quienes se ocuparon de llevar el recebo a las  calles,  todo  lo  cual  ofrece  la  certeza  de  que  el  contrato se ejecutó.   

          Sostiene  que  si  Heber Pico, con propósitos desconocidos, cambió  los  cheques,  es  un  acto que no puede atribuirse a su defendido por cuanto el  mismo  cumplió  con  verificar  que en el informe del interventor del contrato,  Edgar  Martínez, estuviera el acta de recibido a satisfacción de las obras. La  cadena  de  endosos  que  haya  sufrido  el  cheque  y  el destino final de esos  recursos  escapa  al  control del Gobernador, pues no se puede saber qué pasó.  Lo  que  importa  es 

que tuvo el cuidado de que los  contratos fueran ejecutados.   

          Insiste  en  que  la falsificación de la firma de la señora Dayana  no  puede  atribuirse  a  su  representado,  y  ese  hecho  constituye un delito  completamente distinto al que hoy se juzga en este proceso.   

          Destaca  que  el informe No. 3314 de diciembre 9 de 2003 fue rendido  por  un  investigador  del  C.T.I.  que  no  contaba  con la formación técnica  necesaria,  lo  cual  se  evidencia en la ligereza de su análisis y la falta de  soporte  en  las  conclusiones.  En  cambio,  el  informe  No  204582  del 30 de  noviembre  es  rendido  por  un  investigador  que  además  de  contar  con  la  instrucción  en  materia  de  investigación,  es  un profesional en las áreas  relacionadas  con  el  ramo  de  ingeniería y arquitectura y por tanto con más  conocimientos en los aspectos objeto del dictamen.   

          La  falta  de  conocimiento  técnico  del  primer  investigador  se  prueba,  según  el  defensor, con la afirmación según la cual la orden no fue  especifica  en cuanto al material contratado y el valor unitario de cada vuelco,  pues  como  ya  lo advirtió la unidad de medida es el metro cúbico, el cual se  encuentra  debidamente  discriminado  y  especificado  en  el  presupuesto  y la  inversión,  por  tanto  el no haber determinado cuántos vuelcos se requerían,  en  nada  influye  para  la  ejecución de la orden y en cambio sí demuestra la  falta de nivel del investigador.   

          Además,  el  investigador  en el informe 3314 del 9 de diciembre de  2003  refiere  que  el  material seleccionado esparcido en las calles del barrio  Alberto  Saibis  no  superó  la  cantidad  de  35 viajes, sin embargo no aporta  parámetros  técnicos  de la forma como llegó a esta conclusión, ni la fuente  donde  obtuvo  el  valor  de  cada  uno de los mismos, limitándose a referir el  testimonio  de  una persona que entrevistó dos años después de ejecutadas las  obras,  versión  que  carece  de fuerza probatoria, pues ofrece serias dudas el  hecho  de  que  haya  tenido  el cuidado y el tiempo necesario para contabilizar  cada  uno de los viajes, máxime cuando los mismos fueron suministrados en días  diferentes,  situación  que  plantea  serias  dudas  sobre  su  dicho. Sobre el  particular  se  pregunta  la  defensa,  cuál  es  la  actividad laboral de este  personaje?  Si  contaba  con el tiempo necesario para permanecer durante todo el  día,  todos los días que se suministraron los viajes para de esta manera poder  contabilizarlos,  además de recordar el número de viajes después de dos años  de ocurrido?   

          Por  lo  tanto,  dice,  no se puede calificar como vago el análisis  204582  del  30  de noviembre de 2004, que, reitera, es enfático al afirmar que  no  hay  sobre  costos  en el contrato y a la vez enfatiza en que el contrato se  ejecutó  a  cabalidad,  pues  el mismo conlleva una metodología apta para este  tipo  de  pericias,  porque  allí  se  advierte  el  objeto  de la misión, las  diligencias   realizadas,   los   elementos  de  estudio,  la  obra  contratada,  discriminando  cada  uno  de  los  ítems  de  las  unidades de medidas indicadas, la cantidad de cada una de  ellas,  el  valor  unitario  de las mismas, el valor total, es decir, que reúne  las  condiciones  de  un  verdadero  dictamen  pericial,  que  además encuentra  soporte  en un registro fotográfico con tomas realizadas antes de la ejecución  de  las obras, suministradas por la Secretaría de Infraestructura Departamental  y  las tomadas el día de la visita, las que al ser cotejadas demuestran que las  obras  sí  se  ejecutaron, y respaldado con las entrevistas de varias personas,  entre  ellos  Rosalía Correa, Alejandro José Pacheco Narváez y Remberto Tapia  Herrera.   

          Sobre  esa base, cuestiona que la Fiscalía y la Procuraduría hayan  desconocido   este  informe,  pues  en   sus  decisiones  nunca  han  hecho  referencia  a  él  a  pesar  de  las solicitudes de la defensa, sin que existan  razones  para  dudar  del  mismo.  Además,  ante  la existencia de dos informes  contradictorios  obtenidos  por  un mismo organismo judicial, se debe aplicar el  principio  de  favorabilidad  y  el  debido  pro  reo,  a favor de su defendido.   

          Concluye   su   intervención  solicitando  a  la  Corte  que  dicte  sentencia absolutoria a favor de NORMAN GUILLERMO ESPINOSA NIETO.   

CONSIDERACIONES  DE LA  CORTE   

        De  conformidad  con  el artículo 75-6 del Código de Procedimiento  Penal  que  rige el caso (Ley 600 de 2000), la Sala es competente para dictar el  fallo  que  en  derecho  corresponda  en  este  proceso,  pues  se  parte  de la  hipótesis,  no  cuestionada,  de que los delitos atribuidos al procesado NORMAN  GUILLERMO  ESPINOSA  NIETO  fueron  ejecutados en desarrollo de las funciones de  Gobernador (e) del departamento de Córdoba.   

         

        A  su  vez, de acuerdo con el   artículo   232   del  Código  de  Procedimiento  Penal, el fallo condenatorio debe apoyarse en prueba que conduzca  a  la  certeza  sobre  la  existencia del hecho punible y la responsabilidad del  acusado.   

El  Fiscal  General  de la Nación acusó al  ingeniero  NORMAN  GUILLERMO  ESPINOSA  NIETO como presunto autor responsable de  los  delitos  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos legales, según la  tipificación  que  trae  el  artículo  410  del  Código  Penal  (Ley  599  de  2000),   el  cual  fija pena de prisión de 4 a 12 años, multa de 50 a 200  salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas de 5 a 12 años; y peculado por  apropiación,  de  acuerdo  con  la  tipología  del  artículo  397 de la misma  codificación,  que  prevé  una  sanción  de  6  a 15 años de prisión, multa  equivalente  al  valor  de  lo  apropiado  sin  que  supere  los 50.000 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e  inhabilitación para el ejercicio de  derechos y funciones públicas por el mismo término.   

El  estudio  de  la  estructuración  de las  conductas  punibles  imputadas al procesado NORMAN GUILLERMO ESPINOSA NIETO y su  eventual  responsabilidad  penal,  se  hará  en  el  mismo  orden  fijado en la  resolución de acusación.   

1.  Contrato sin cumplimiento de requisitos legales.   

Este delito le fue imputado a ESPINOSA NIETO  en  concurso  homogéneo,  por  dos  órdenes  contractuales distintas que en su  calidad  de Gobernador (e) suscribió el 13 de diciembre de 2001 con la supuesta  contratista  Dayana  del  Carmen  Buitrago  Padilla,  la primera, por la suma de  $14.000.000,  cuyo objeto era el suministro de material de relleno en las calles  del   barrio  Alberto  Saibis  de  Cereté,  y,  la  segunda,  por  la  suma  de  $12.000.000,  para  la  ejecución  de  obras de pintura y arreglos varios en la  escuela Santa María del mismo municipio.   

Al proceso se incorporaron copias autenticas  de  las  órdenes  contractuales  en cuestión, la primera a folios 74 y ss. del  cuaderno  No.  1,  de  la  cual  se  extracta que la misma aparece dirigida a la  señora  Dayana  del  Carmen  Buitrago  Padilla,  identificada  con  la C.C. No.  50.967.767    de   Cereté,   autorizándole   “el  suministro  de  material  seleccionado para las calles del barrio Alberto Saibis  en  el  municipio  de  Cereté”,  por  el  valor  de  $14.000.000,  que  serán  cancelados  en  dos  contados,  el  primero  una  vez  legalizada  la orden, y el segundo una vez el departamento reciba los trabajos a  entera  satisfacción.  Se  especifica la imputación presupuestal, la cláusula  de   terminación  unilateral  en  caso  de  incumpliendo  del  contratista,  la  cláusula  penal  y  las obligaciones del contratista. En señal de aceptación,  aparece la supuesta firma de Dayana Buitrago.   

A  folio  87  y  ss.  del mismo cuaderno, se  incorporó  copia  autenticada  de  la  segunda  orden contractual dirigida a la  misma  Dayana  del  Carmen  Buitrago  Padilla,  autorizándola  para suministrar  “la  pintura y arreglo (sic) varios para la escuela  de  Santa  María  en  el  municipio  de Cereté” por  valor  de  $12.000.000 pagaderos en las mismas condiciones que la anterior, y en  la  cual se especifican idénticos ítems. También aparece la supuesta firma de  Dayana Buitrago en señal de aceptación.   

          Anexo  a  cada documento obra el presupuesto de inversión requerido  para  cada  contrato,  suscrito por el profesional universitario Edgar Martínez  Vásquez,  en  los que se especifican las obras a ejecutar; los correspondientes  certificados  de  disponibilidad  presupuestal  para  cada uno de los contratos,  presupuestos  que  fueron  solicitados por el procesado NORMAN ESPINOSA NIETO en  su  condición  de Gobernador (e). También se adjuntaron las actas de entrega y  recibo final de cada una de las obras.     

          Para  la  configuración  del delito de contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales se requiere la presencia de un sujeto activo cualificado, un  servidor  público  que  por  mandato  constitucional  o legal tenga deferida la  atribución  de intervenir en el proceso de contratación, y haya incumplido los  presupuestos  sustanciales  exigidos  para  su  trámite, u omitido verificar su  concurrencia   en   las   etapas  de  celebración  y  liquidación,  excluyendo  expresamente  la  tutela  de la etapa de ejecución, como lo viene reiterando la  Sala.   

En relación con la primera condición, basta  recordar  que de acuerdo con el artículo 11, numeral 3, literal b) de la ley 80  de  1993,  la  competencia para dirigir licitaciones o concursos y para celebrar  contratos  estatales  a nivel departamental recae en cabeza de los Gobernadores,  quienes  al  tenor  de lo dispuesto por el artículo 12 de la misma regulación,  pueden  delegarla  total  o parcialmente en servidores públicos que desempeñen  cargos  de nivel directivo o ejecutivo o en sus equivalentes, evento último que  no  aconteció  en  el  presente  caso,  como  quiera  que  el  ingeniero NORMAN  GUILLERMO  ESPINOSA  NIETO  en  su  condición de gobernador (e) nunca profirió  acto  administrativo  de  delegación,  y,  en  cambio, aparece que directamente  avaló  con  su  firma  las  órdenes  contractuales  objeto  del proceso.    

Para  establecer la concurrencia del segundo  elemento,  vale  recordar  que frente al contenido y alcance de los ingredientes  del  tipo  penal  de  que  se  trata,  la  jurisprudencia de esta Corte ha   decantado              una              interpretación             sistemática  con  los  valores  y  fines  superiores  contemplados  en  el  preámbulo  y  el  artículo  2º  de la Carta  Política,  en armonía con los principios que regulan la función pública y la  contratación   estatal   previstos   en   los   artículos   209   ibídem  y 23 de la Ley 80 de 1993, que no  son  otros  que  los  de  economía,  transparencia,  responsabilidad, igualdad,  moralidad,   eficacia,   celeridad,   imparcialidad,   publicidad  y  selección  objetiva;  dirigidos  a  obtener  los  fines del Estado de prosperidad general y  garantizar  la  efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en  el Estatuto superior.   

          En   ese   contexto   interpretativo,   se  ha  considerado  que  la  contratación  estatal  se  identifica como una actividad pública estrictamente  reglada  a partir de los principios y valores constitucionales que cobijan todas  las  etapas  del  proceso contractual, cuya trasgresión no solamente compromete  la  existencia  o validez de los actos contractuales, sino que puede dar lugar a  configurar  responsabilidad  penal,  disciplinaria  o  fiscal  por  parte de los  servidores  públicos  y los particulares que en ella intervienen (artículos 50  y ss. de la Ley 80 de 1993).   

          Para  lo  que  interesa  al  caso  que se debate, resulta pertinente  destacar  que  en virtud del principio de transparencia previsto en el artículo  24  de  la  Ley  80 de 1.993, la escogencia del contratista debe efectuarse, por  regla  general, a través de licitación o concurso públicos, salvo en aquellos  casos  en  que  la  misma  ley autoriza la contratación directa, eventos en los  cuales,  como  lo  advirtió  el  Fiscal  en  la  audiencia pública, no deja de  persistir  el  principio,  porque  de  acuerdo  con  el  Decreto  855  de 1.994,  artículo  2º, “en la contratación directa el jefe o  representante  de  la entidad estatal, o el funcionario en que hubiere delegado,  deberá  tener en cuenta que la selección del contratista deberá garantizar el  cumplimiento  de  los  principios  de economía, transparencia y en especial del  deber  de  selección  objetiva,  establecidos en la Ley 80 de 1.993”,  condiciones  a  las  cuales se encuentran sometidos los  contratos  de  menor  y  mínima  cuantía, que la propia ley  determina   en  salarios  mínimos  legales  mensuales  y  en  función  de  los  presupuestos anuales de las entidades públicas.   

La  fijación  de  cuándo  es  factible  contratar  de  manera  directa  por el aspecto de la cuantía, está determinada  por   el   monto  del  presupuesto  anual  de  la  respectiva  entidad  pública  –artículo 24  de  la  Ley  80  de 1993-. En  aquellas  con  uno  igual  o  superior  a  1.000.000  salarios  mínimos  legales  mensuales  e inferior a 1.200.000, la menor cuantía va hasta  800  salarios  mínimos  legales mensuales, según el literal a), numeral 1, del  citado artículo 24.   

A  su  vez,  el  artículo  39  del  mismo  Estatuto,  establece  que  no habrá lugar a la celebración de contrato con las  formalidades  plenas,  cuando,  entre  otros, el presupuesto anual de la entidad  sea  igual  o  superior  a  1.000.000  salarios  mínimos mensuales e inferior a  2.000.000  y  “el  valor  del contrato sea igual o  inferior    a    50    salarios    mínimos   legales   mensuales”.      

Para  el  caso  de  Córdoba,  obra  en el  proceso  certificación  de la Secretaría de Hacienda de ese departamento en el  sentido  de  que  el  presupuesto  oficial del ente territorial para la vigencia  fiscal  2001,  época de expedición de las órdenes contractuales objeto de las  irregularidades  que  se  juzgan en el proceso, fue de $304.147.463.936 y que el  salario  mínimo  legal  mensual  para  ese  año fue de $286.000, por lo que el  presupuesto  anual  del  departamento  era  de  1.063.453  s.m.l.m., de donde la  contratación  directa  para  2001  estaba permitida para contratos hasta de 800  s.m.l.m.1   

Ahora bien, el decreto reglamentario 855 de  19942,  que como se dijo en lo pertinente reiteraba en su artículo 2º  la  vigencia en materia de contratación directa de los postulados de economía,  transparencia  y  selección objetiva, establecía en el artículo 3º como  exigencia  para  la  celebración de contratos directos, la obtención previa de  por  lo  menos  dos  ofertas  a  efectos  de  cumplir con el deber de selección  objetiva.   

Sin  embargo, el citado precepto señalaba  que  no  se  requería  de  esas  ofertas  cuando el valor del contrato no fuese  superior  al  10%  del  límite  de  la  menor  cuantía  fijada  en  la  ley de  contratación  estatal  (80  salarios  mínimos  legales mensuales en el caso de  Córdoba  para  el año 2001), sino que en esos casos el contrato se celebraría  tomando  en  cuenta  los  precios  del mercado. La norma es del siguiente tenor:   

“ART.  3º—Para     la  celebración  de  los  contratos  a  que  se  refieren los literales a) y d) del  numeral  1º  del  artículo  24  de  la  Ley  80  de  1993  y  para efectos del  cumplimiento  del  deber  de selección objetiva, se requerirá de la obtención  previa de por lo menos dos (2) ofertas.   

La solicitud de oferta podrá ser verbal o  escrita  y  deberá  contener la información básica sobre las características  generales   y   particulares  de  los  bienes,  obras  o  servicios  requeridos,  condiciones  de  pago,  término  para su presentación y demás aspectos que se  estime    den    claridad    al    proponente   sobre   el   contrato   que   se  pretende.   

No  obstante  lo anterior, la solicitud de  oferta  deberá ser escrita cuando la complejidad del objeto a contratar así lo  amerite. En todo caso, la oferta deberá ser escrita.   

Cuando se trate de contratos cuya cuantía  no  supere  el  diez  por ciento (10%) de los montos señalados en el literal a)  del  numeral  1º  del  artículo  24  de  la  Ley  80  de  1993,  los mismos se  celebrarán  tomando  en  cuenta  los  precios  del mercado, sin que se requiera  obtener previamente varias ofertas.   

Para  la  celebración de los contratos de  menor  cuantía cuyo valor sea igual o superior a cien salarios mínimos legales  mensuales  y  al  mismo tiempo superen el cincuenta por ciento (50%) de la menor  cuantía  de  la  respectiva  entidad  estatal, además de dar cumplimiento a lo  establecido  en  este  artículo  deberá  invitarse  públicamente  a presentar  propuestas  a  través  de  un  aviso  colocado  en un lugar visible de la misma  entidad  por  un  término  no menor de dos días. No obstante la entidad podrá  prescindir  de  la publicación de dicho aviso cuando la necesidad inminente del  bien  o  servicio  objeto  del  contrato  no  lo  permita,  de  lo  cual dejará  constancia escrita.   

PAR.—La entidad estatal podrá contratar  directamente  con  la  persona  natural  o  jurídica  que esté en capacidad de  ejecutar  el  objeto  del  contrato,  sin  que  sea  necesario que haya obtenido  previamente   varias  ofertas,  en  los  siguientes  eventos:  cuando  las  haya  solicitado  y  sólo  haya  recibido  una  de  ellas;  cuando  de acuerdo con la  información  que  pueda  obtener  no  existan  en  el lugar varias personas que  puedan   proveer   los   bienes  o  servicios;  cuando  se  trate  de  contratos  intuito  persona, esto es  que  se celebran en consideración a las calidades personales del contratista, y  cuando  la  necesidad  inminente del bien o servicio no permita solicitar varias  ofertas. De todo lo anterior se dejará constancia escrita.   

En todo caso, la entidad tendrá en cuenta  para  efectos de la contratación los precios del mercado, y si es del caso, los  estudios  y  evaluaciones  que  para  el  efecto se hayan realizado.”   

De  acuerdo  con  la  parte  destacada  del  precepto,  vigente  para  la  fecha  de  ocurrencia  de  los hechos juzgados, el  legislador,   atendiendo   la  baja  cuantía  del  contrato,  autorizaba  a  la  administración  para  que la selección objetiva del contratista se hiciera con  sujeción  a  los  precios del mercado. En tales eventos, como lo reza la norma,  no  se  requería acudir a la obtención previa de otras ofertas de proponentes,  pues  lo  fundamental  era  indagar  sobre los precios del mercado y los bienes,  servicios  u  objetos  requeridos,  a fin de que se contratara por el precio que  realmente tenía el servicio en el tráfico jurídico ordinario.   

Pero ello no significa de manera alguna, que  el  legislador  permitiera  que en tales hipótesis la administración escogiera  arbitrariamente  al  contratista,  por  ejemplo,  a  personas  sin experiencia o  bienes  y  servicios  de  calidades  deficientes,  pues, en tales casos también  deben  salvaguardarse los intereses de la administración, y por tratarse de una  contratación  directa,  como  ya  dijo,  rigen  los  postulados  de  selección  objetiva,  cuya  definición  está  contenida en el  artículo 29 de la Ley 80 de 1993, en los siguientes términos:   

“Es objetiva la selección en la cual la  escogencia  se  hace  al  ofrecimiento más favorable a la entidad y a los fines  que  ella busca, sin tener en consideración factores de afecto o de interés y,  en general, cualquier clase de motivación subjetiva.   

“Ofrecimiento  más  favorable  es aquel  que,  teniendo  en  cuenta  los factores de escogencia, tales como cumplimiento,  experiencia,  organización,  equipos,  plazo, precio y la ponderación precisa,  detallada  y  concreta  de los mismos, contenida en los pliegos de condiciones o  términos  de  referencia  o  en  el  análisis  previo  a  la  suscripción del  contrato,  si  se  trata de contratación directa, resulta ser el más ventajoso  para  la  entidad, sin que la favorabilidad la constituyan factores diferentes a  los  contenidos  en  dichos  documentos,  sólo  algunos  de ellos, el más bajo  precio  o  el  plazo  ofrecido.  El  menor  plazo  que  se  ofrezca  inferior al  solicitado   en   los   pliegos,    no   será  objeto  de  evaluación”.   

De acuerdo con el mandato legal, el principio  de  selección  objetiva  alude a la escogencia del contratista más favorable a  la  entidad  y  a  los  fines  que  ella  busca, despojada de cualquier clase de  motivación  subjetiva o diferente a la satisfacción del interés general. Ello  exige,  como  se  destacó en la resolución de acusación, no sólo una actitud  de  absoluta  imparcialidad  y  pulcritud en la elección, sino que se permita a  todos  los  sujetos del mercado en posibilidad de ofrecerle a la administración  pública   bienes   y  servicios,  competir  en  igualdad  de  condiciones,  sin  privilegios  ni  subrepticios  de ninguna naturaleza, lo cual exige que se pueda  identificar  sin  dificultades  al  oferente  que  más  favorece  los fines que  persigue determinada contratación.    

En  el  presente  caso,  como  lo  alegó la  defensa  en  la  audiencia pública, no está sometido a duda que la cuantía de  los   dos   contratos   cuestionados  –por  $14.000.000 y $12.000.000, respectivamente-, permitía acudir a  esa  modalidad  de  contratación. Igualmente, debe aceptarse que desde el punto  de  vista formal la Fiscalía no probó que los precios de las obras contratadas  no  se correspondieran con los establecidos en el mercado, pues como también lo  destacó  la  defensa  en el debate público, se cuenta con un dictamen técnico  que  concluyó  que  “los  precios  (de  las obras)  están  acordes  con  la  región” (fls. 132 cuaderno  original No. 1).   

No  obstante,  no  puede  obviarse  el hecho  igualmente  irrefutable  de que los contratos fueron adjudicados en apariencia a  una  persona  que realmente no participó en el proceso de contratación, con el  fin  de  ocultar  la  identidad  de  aquella a quien realmente se le encargó la  ejecución  de  las  obras requeridas, y es justo a partir de esta circunstancia  que  la  Sala  concluye  que  la  adjudicación de las órdenes contractuales en  cuestión   fue  abiertamente  contraria  a  los  principios  que  gobiernan  la  actividad  estatal  en  materia  de contratación, pues antes que una selección  transparente   y  objetiva,  la  escogencia  del  contratista  fue  subrepticia,  subjetiva,  engañosa,  y  por supuesto ausente de cualquier ponderación previa  de  factores  tales  como  experiencia,  cumplimiento, idoneidad, organización,  equipos,  plazos,  etc.,  elementos  que  debían sopesarse según lo dispone el  deber  de  selección objetiva que, se reitera, también rige para los contratos  directos  de  mínima  cuantía  y sin exigencia de formalidades plenas, como lo  prevé  el  artículo  29, inciso 3º de la Ley 80, máxime cuando se trataba de  la  realización  de  obras  públicas  y no sólo del suministro de materiales,  pues  de  acuerdo  con los documentos anexos a las órdenes contractuales, en el  primer  caso,  el  material  de  relleno  debía ser esparcido en algunas de las  calles  del barrio Alberto Saibis, y, en el segundo, debían realizarse trabajos  de  pintura  y otros arreglos en las instalaciones de la escuela de Santa María  del  mismo  municipio,  obras  que  requerían  de equipo técnico y un adecuado  conocimiento  en  esas tareas, constatación que resultaba necesaria para que la  administración        tuviese        certeza        de        una        debida  ejecución.          

Sobre el principio de transparencia, ha dicho  la Sala que:   

“Transparencia  quiere  decir  claridad,  diafanidad,  nitidez,  pureza  y  translucidez.  Significa  que  algo  debe  ser  visible,  que puede verse, para evitar la oscuridad, la opacidad, lo turbio y lo  nebuloso.  Así,  la  actuación  administrativa,  específicamente la relación  contractual, debe ser perspicua, tersa y cristalina.   

“(…)  

“Se trata, sin duda, de un postulado que  pretende  combatir  la  corrupción  en  la  contratación  estatal,  que en sus  grandes   líneas   desarrolla   también  los  principios  constitucionales  de  igualdad,  moralidad,  eficiencia,  imparcialidad  y  publicidad  aplicados a la  función     administrativa     (artículo     209     de    la    Constitución  Política)”3.   

El  principio  de transparencia adquiere una  connotación  fundamental en el Estado social y democrático de derecho, pues si  sus  fines  están  encaminados a lograr una convivencia pacífica y la vigencia  de  un  orden  justo  con  respeto  de la igualdad de los asociados, los actos a  través  de  los  cuales  se  procura  su  materialización  deben garantizar el  ejercicio  del  poder  sobre  bases  de  publicidad  e imparcialidad, repeliendo  actuaciones  oscuras, turbias y por ende arbitrarias de los servidores públicos  en desarrollo de sus competencias funcionales.     

Bien  se  dice  que  el sistema democrático  “…  se  presupone, por definición, transparente:  el  poder  y  sus  órganos, se piensa, no deben tener a penas secretos para los  ciudadanos,   por   lo   mismo  que  éstos  son  los  auténticos  titulares  y  propietarios   de   aquel.   Es  notorio,  por  otra  parte,  que  los  sistemas  autoritarios   o   totalitarios   tienden   naturalmente   a  levantar  un  velo  impenetrable  de  misterio  sobre  la  actuación  de  sus  poderes: el secreto,  ciertamente,  incrementa  la eficacia de las técnicas de dominación y control.  ”4   

Por  ello,  el  principio  de  transparencia  impone  como  mínima exigencia que los contratos que celebre la administración  se  suscriban  con  personas  reales,  identificables, que puedan ser escrutadas  públicamente,   pues  sólo  de  esa  manera  es  posible  que  el  erario  sea  comprometido  en  un  juego  de  oportunidades  igualitarias y transparentes que  garantice  ante  los  administrados,  que no se va a arriesgar por el capricho o  arbitrio   del   mandatario   de  turno,  de  donde  no  pueden  ser  admisibles  comportamientos  dolosos  de  distorsión  encaminados a ocultar la identidad de  quienes son finalmente beneficiados con ellos.   

        En       la       celebración      de     las     órdenes     contractuales     aquí  cuestionadas  no existió un verdadero desarrollo de  selección     transparente     y    objetiva,     pues     en  cuanto  a  la primera, se desconoce  la   identidad   real   del   contratista  escogido  para  ejecutar  las obras  requeridas  por  la  comunidad,  ya que no  ha  sido  sometido  a  discusión, ni siquiera por la defensa,  que  la  persona  que  en  apariencia     se     hizo    figurar,       nunca       participó  en ese proceso y  que  su  firma  fue  falsificada  en  los documentos suscritos  a   su   nombre,   tal   como   lo   denunció   y  ratificó   Dayana  del  Carmen   Buitrago   Padilla   en   sus   diversas   declaraciones   bajo     juramento     ante  la  Contraloría y la Fiscalía5.   

        Y  en  cuanto  a la segunda, tampoco se  tuvieron  en  cuenta  los  requerimientos mínimos de  una   selección  objetiva,  pues  atendiendo  a  la  naturaleza  de  las  obras  a   ejecutar,  la  gobernación  debía  adelantar  una  mínima  verificación  sobre  la  capacidad del  contratista   para  satisfacer  las  necesidades  de  la  entidad,  lo  cual  no  pudo  ocurrir  porque la  maniobra       amañada      y      torticera   encaminada  a  ocultar  la  identidad de la persona a  quién   realmente   se   le   adjudicaron  los  contratos,  tuvo el claro  propósito de favorecer a un concejal del municipio,  sin       importar       si       la  persona   a   quien   éste  le  iba  a  encomendar  subrepticiamente  la  ejecución  de  los  trabajos requeridos por la comunidad,  estaba  en  posibilidad  de  desarrollar  el  objeto  contractual y si era el más apto para ello.    

        En   efecto,  la  prueba  es            demostrativa     de     que  cuando  el procesado NORMAN GUILLERMO  ESPINOSA    NIETO    suscribió    las   órdenes   contractuales   adjudicadas     en     apariencia     a    Dayana    del    Carmen  Buitrago    Padilla,  además de la ausencia de transparencia en ese acto,  el   mismo   no  estuvo  precedido     por    criterios    de    selección  objetiva,  sino  que, como lo advierte la Fiscalía,  ello  fue  ideado  con  el  exclusivo propósito de beneficiar al concejal Heber  Pico   Jiménez,   como   se   deduce  de   varios   elementos  de  juicios  incorporados  legalmente  al  proceso.   

        En    primer    lugar,    se    cuenta    con    el   testimonio  de  la  misma  Buitrago  Padilla,  quien  además   de  sostener  reiteradamente  que  nada  tuvo  que  ver  con  la  celebración  y  ejecución     de     las     órdenes     contractuales,     señaló   al  edil   Pico   Jiménez  como  la  persona  que mediante ardides utilizó   su   nombre  y  cédula  de  ciudadanía   para   que   se   adelantaran  a  sus  espaldas  los trámites correspondientes. Así lo refirió la testigo:   

“Todo  empieza cuando me enteré de que  el     concejal     EBER     PICO    había  utilizado mi nombre y mi cédula para hacer unos contratos  en  la Gobernación de Córdoba de esto fui informada  por  el  Concejal  DANY ACUÑA y al ir yo donde el doctor EBER PICO a reclamarle  me  salió  mostrando  copia  del  contrato y ofreciéndome dinero, y como yo no  acepté  al final me amenazó diciéndome de que allí no tenía pruebas exactas  contra  él  y  que  ese dinero había sido utilizado para la campaña de JESÚS  MARÍA  LÓPEZ  a  la  Gobernación de Córdoba y que yo no sabía con quién me  estaba   metiendo   que   muchas   cosas   pueden   ocurrir…”   (fl 245 cuaderno No. 1).   

        A  su  vez, este testimonio que merece  todo    el   crédito  de  la  Sala,  no sólo  porque  dejó  traslucir  su  único  intereses  de  colaborar  con  la justicia  desde   que  puso  en  conocimiento  el  hecho  que  calificó      como      “corrupto”,  sino además porque ningún   elemento   de   juicio   ha  cuestionado  su  veracidad,  aparece respaldado   por  el  dicho  de  Edgar  Martínez  Vásquez,  interventor  que  se  ocupó  del trámite de las órdenes  contractuales   por  encargo  directo  de  su  jefe  el    procesado    NORMAN    GUILLERMO    ESPINOSA  NIETO,   quien  en  el  curso  de  la  indagatoria  rendida  ante  un fiscal  seccional,  cuya  copia  se  incorporó  como  prueba trasladada, afirmó que tal trámite,   

“…  se dio por medio concejal  (sic)  EBER  PICO,  que  realizó la visita donde el  secretario   de   infraestructura,  doctor  NORMAN  ESPINOSA,  y  como  concejal  solicitó  la  obra  en mención, después se hace la orden contractual a nombre  de   la   persona   que   EBER  PICO  ordena…”6         

Pero  además,  resulta  importante  en  la  comprobación  de  esta  circunstancia,  el  dicho  del  propio procesado NORMAN  GUILLERMO  ESPINOSA  NIETO, quien en el curso de su indagatoria admitió que las  órdenes  contractuales  fueron  tramitadas  y  adjudicadas  de  acuerdo con las  sugerencias del concejal Heber Pico:   

“Para  ejecutar  esta  obra  se hizo la  solicitud  por  parte  del  concejal  de  Cereté  Heber Pico una vez hecha esta  solicitud  se  encargó  al  ingeniero  Edgar  Martínez  para  que  hiciese  la  revisión  del  sitio a ejecutar la obra y posteriormente procediera a solicitar  la  disponibilidad  presupuestal  y  organizar  la orden de trabajo a  nombre  de  la persona suministrada por el concejal…”                7    (se    destaca).    

Semejante forma de proceder, admitida por el  procesado,  conlleva en sí misma reproche penal, pues evidencia que el entonces  Gobernador  privilegió  el  interés  particular de otro funcionario público a  quien  le  cedió  la  escogencia del contratista sin miramientos distintos a su  propio  capricho,  dejando  de  lado  el  principio de  responsabilidad,  reglado en el artículo 26 de la Ley  80  de  1993,  que  le  imponía  la  responsabilidad  de la dirección y manejo  directo  de  la actividad contractual y la de los procesos de selección, que no  podía  ser  trasladada a otra autoridad, tal como se consagra en el numeral 5º  del    precepto,    del   siguiente   tenor:         

“La  responsabilidad de la dirección y  manejo  de la actividad contractual y la de los procesos de selección será del  jefe  o  representante  de la entidad estatal, quien no podrá trasladarla a las  juntas  o consejos directivos de la entidad, ni a las corporaciones de elección  popular,  a  los  comités asesores, ni a los organismos de control y vigilancia  de la misma”.   

También   encuentra   la   Sala   plena  demostración  de  que en la tramitación de la órdenes contractuales de que se  trata   se   desconoció   el   principio  de  planeación  propio  de  la  fase  precontractual,  pues según se extracta de los documentos que dan cuenta de los  procedimientos   precontractuales   llevados   a   cabo  en  la  Secretaría  de  Infraestructura  del  Departamento,  a cargo del mismo procesado ESPINOSA NIETO,  dicha    dependencia   no   efectuó   estudios   previos   de   “conveniencia    y   oportunidad”   que  permitieran  viabilizar  las obras que se demandaban por el concejal Heber Pico,  pues  aunque  en relación con la requerida para en el barrio Alberto Saibis del  municipio  de  Cereté,  formalmente  se incorporó un documento así denominado  como  parte  del trámite precontractual, su contenido lleva a considerar que el  mismo   fue   elaborado   con  posterioridad  a  la  emisión  de  las  órdenes  contractuales,  toda  vez  que en el mencionado documento obrante a folios 157 y  158  del  cuaderno original No. 1, se hace expresa referencia al Decreto 2170 de  2002,  que  empezó  a  regir  en  el  mes de septiembre de ese año, cuando las  contrataciones  cuestionadas  datan  del  mes  de  diciembre de 2001, por lo que  salta   a   la   vista   su   amañada  elaboración,  con  posterioridad  a  la  adjudicación.   

Y  aunque  como lo alegó el defensor en el  debate   público,  al  proceso  se  incorporó  copia  de  los  “presupuestos  de  inversión” requeridos  para  cada  una  de  las  obras, es lo cierto que ellos hacen relación con otro  parámetro  técnico,  a  saber  la especificación de los gastos que demandaban  los  trabajos a ejecutar, distintos a los de oportunidad y conveniencia que como  se advirtió fueron omitidos.   

El  principio  de  planeación, ha dicho la  Sala8,   resulta  ser  un  requisito  de  la  esencia  de  los  contratos  estatales,  según  dimana  del  artículo  25, numeral 12 de la Ley 80 de 1993,  conforme  al  cual  la  administración  está obligada a realizar los estudios,  diseños  y  proyectos  requeridos  y  elaborar  los  pliegos  de  condiciones o  términos  de  referencia  con  antelación  al  procedimiento de selección del  contratista  o  a  la  firma del contrato, exigencia que se explica en la medida  que  “la  contratación  administrativa  no  es, ni  puede  ser,  una aventura, ni un procedimiento emanado de un poder discrecional,  sino,  por el contrario, es un procedimiento reglado en cuanto a su planeación,  proyección,  ejecución e interventoría, orientado a impedir el despilfarro de  los          dineros          públicos.”9   

Ahora  bien,  el  procesado  ESPINOSA NIETO  sostiene  en  su indagatoria que cuando los documentos pertinentes llegaron a su  despacho  para  la  firma,  los  mismos ya estaban elaborados y aparentemente en  regla,  es  decir,  que  las órdenes contractuales se mostraban viables, motivo  por  el  cual procedió a suscribirlas. No obstante, de sus propias afirmaciones  se  deduce  que  fue  la  persona  que  directamente  recibió  la propuesta del  concejal  Heber  Pico  y ordenó que se admitiera a la persona señalada por él  como  destinataria de las órdenes contractuales, sin siquiera indagar de quién  se  trataba, y menos si estaba en condiciones de cumplirle a la administración,  lo  cual,  en  sana  lógica  descarta  la aplicación de criterios objetivos al  momento de escoger al contratista.   

Tampoco  es  de  recibo  para  la  Sala, la  postura  de  la  defensa  consistente  en  que ESPINOSA NIETO fue asaltado en su  buena  fe  porque  la  responsabilidad  de  tramitar  las órdenes contractuales  estaba  asignada  a  otros funcionarios, pues, en primer lugar, en su condición  de  jefe  titular  de  la  Secretaría de Infraestructura, donde se hicieron los  trámites  preliminares  de  las  órdenes contractuales, conocía de los mismos  con  antelación al encargo de gobernador  y ninguna dificultad tenía para  develar  la  real  existencia del contratista beneficiado, porque de acuerdo con  los  trámites  que  debían  surtirse,  su  presencia  física era necesaria en  algún  momento  del  trámite, por lo menos para la firma de las órdenes, como  tampoco   la   tenía  para  verificar  si  la  persona  señalada  reunía  las  condiciones  mínimas  para  cumplirle a la administración, es decir, si estaba  en  condiciones logísticas de ejecutar las obras a contratar, pues el procesado  es  un  ingeniero civil que por lo tanto conocía el medio donde debía buscarse  el servicio requerido.      

En  este  punto,  destaca  la Sala que el  procesado  explicó  en su indagatoria que en los períodos en que fue encargado  como   Gobernador,   ejecutaba  al  mismo  tiempo  las  funciones  asignadas  al  Secretario  de  Infraestructura, de las cuales nunca se desprendió formalmente,  lo  cual  desvirtúa  su  pretendida  ajenidad  a  los  trámites previos de las  órdenes  contractuales  aquí  investigadas,  pues  estos  se  realizaron en la  oficina a su cargo.   

Además,  como  se  registró en anteriores  párrafos,  se  encuentra  probado  que  el  ingeniero NORMAN GUILLERMO ESPINOSA  NIETO  como gobernador (e) intervino directamente en ese trámite previo cuando,  con  fecha  28  de  noviembre  de  2001, solicitó al Secretario de Hacienda del  Departamento,  certificar  la  disponibilidad  presupuestal  de las obras que se  ejecutarían    en    el    barrio   Alberto   Saibis   de   Cereté10  y  en  la  escuela   Santa  María  de  ese  mismo  municipio11.   

Relacionado con lo anterior, en la audiencia  pública  el  defensor  alegó  que  al  procesado ESPINOSA NIETO no se le puede  imputar  responsabilidad  en  la escogencia del contratista, porque debido a sus  múltiples  ocupaciones  no  podía atender directamente todas las gestiones que  llevaran  a  la  buena  marcha  del  departamento,  y  que debe considerarse que  precisamente  los  contratos  administrativos  se  rigen  por  el  principio  de  articulación  conforme  al  cual  las  distintas  etapas se confían a diversas  órdenes  con  atribuciones  separadas que persiguen una finalidad común.    

Para responder esta alegación, de un lado,  ha  de  recalcarse  que desde el punto de vista jurídico no medió en este caso  acto  de  delegación  alguna, fenómeno que está regulado específicamente por  la  Ley  80  de  1993 y sus decretos reglamentarios12,  así  como  genéricamente  por  lo  dispuesto  en el artículo 211 de la Carta Política, disposiciones que  exigen  como  requisito  inexorable  para que tenga nacimiento legal el encargo,  que  exista  una ley previa que lo autorice y un acto administrativo escrito que  la  conceda,  donde  consten  las  facultades delegadas debidamente precisadas y  reguladas, el período de tiempo de su vigencia, etc.   

En  este  caso,  como  ya  se advirtió, el  procesado,  personalmente,  en  su condición de Gobernador (e) del departamento  de  Córdoba  participó  en las distintas etapas del trámite contractual aquí  cuestionado,  pues  inicialmente  solicitó  la disponibilidad presupuestal para  las  obras  a  ejecutar, y luego  suscribió las órdenes contractuales con  la  supuesta  Dayana del Carmen Buitrago Padilla, actos en los cuales no delegó  a  través  de  acto  administrativo  a  sus  inferiores  y, en consecuencia, la  responsabilidad  por  los  referidos  contratos  sólo  incumbe al ex gobernador  (e)   ESPINOSA  NIETO,  de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  inciso  2°  del  artículo 211 de la  Constitución  Política  y  en los artículos 12 y 25 numeral 10º de la Ley 80  de 1993.   

         Y   en   cuanto  a  la  desconcentración  de  los  actos  y trámites contractuales, a la que de  manera  específica  alude  el defensor, es cierto que ella puede hacerse en los  funcionarios  de los niveles directivo, ejecutivo o sus equivalentes, de acuerdo  con  las  reglas  de  distribución  de  sus  funciones. Así lo prevé por vía  general      (en      ello      se     diferencia     de     la     delegación que exige un acto particular)  el  artículo  12  de  la  Ley 80 de 1993, reglamentado por el artículo 7° del  Decreto 679 de 1994.   

No  obstante,  sobre ese tópico, el inciso  2°     del     último     precepto     señala     que     la     desconcentración  contempla  la facultad  de  expedir  actos  de  trámite  o  impulso  de la licitación o concurso, pero  “no incluye la adjudicación o la celebración del  contrato”,  circunstancia que descarta la pretendida  ajenidad   del   procesado   respecto   de  la  adjudicación  de  las  órdenes  contractuales  con desconocimiento de los principios de trasparencia, selección  objetiva,  responsabilidad  y  planeación, porque la desconcentración opera en  relación  con actos inherentes a la tramitación del contrato, pero no respecto  a  su  adjudicación, ni con  relación     a     la    celebración del mismo.   

Precisamente,  la responsabilidad penal del  titular  de  la  función contractual, que no es otro que el representante legal  de  la  persona jurídica de derecho público con capacidad para comprometerla a  través  de  un  contrato,  se perfila cuando el legislador emplea la alocución  “sin    verificar   su   cumplimiento”,  esto es, el de los requisitos legales esenciales del contrato,  ya   para   su  celebración,  ora  para  su  liquidación,  pues  dichas  fases  contractuales  le  están funcionalmente asignadas a aquél de manera preferente  y privativa.   

        Pero  además, no puede obviar la Sala que el testimonio de Dayana  del   Carmen   Buitrago  Padilla,  que  merece   todo   el  crédito  por  las  razones  antes  esbozadas, dejó en evidencia que el  procesado  ESPINOSA  NIETO  siempre tuvo conocimiento y voluntad de la irregular  contratación,  cuando refirió que aunque fue Danny  Acuña  la persona que la alertó sobre la utilización fraudulenta de su nombre  y   cédula   de   ciudadanía   en  las  órdenes  contractuales, días después éste mismo personaje le  aconsejó  que  no  denunciara tales hechos “porque  habían   personas  involucradas  en  el  contrato  que  eran  empleadas  de  la  gobernación,   entre  ellas  me  recalcaba  NORMAN  ESPINOSA  y  tenía  muchas  influencias  y  yo no  podía contar eso…”13        .   

        Igualmente,  ya en declaración rendida  ante  un  fiscal  comisionado dentro de la presente investigación, la testigo dijo que:   

“Yo   pienso   que   aquí  se  está  investigando  al  señor  NORMAN  ESPINOSA  y  pienso  que él está involucrado  directamente  en  estos  contratos y desearía que él pague todo lo que hizo ya  que  fue  uno  de  los que acepta que haya corrupción y tengo entendido que él  todavía  está  en ese roll (sic) en la Gobernación de Córdoba. Espero que la  Sala  Penal  que  lleva  este  caso  llegue  hasta  el  final para que así más  personas  se  animen  a  denunciar. Todo este tiempo he recibido ofrecimiento de  dineros  por  parte  del  señor  NORMAN  ESPINOSA  a  través  de un abogado de  Bogotá…”14   

         

        De    otro   lado,   como   argumento  defensivo,      el  procesado  sostuvo  en  su  indagatoria  que  para  la  época  de  los hechos  juzgados,     para  el   trámite   de   un  contrato  de  los  que  se  trata   “bastaba  una  solicitud,  ya fuese por  escrita  o  verbal de la comunidad o de los  concejales  y se ordenaba hacer la visita a los profesionales  de  la sección de Infraestructura quienes se encargaban de hacer el presupuesto  y  la  orden  de trabajo y posteriormente se pasaba para la firma del Gobernador  habiendo    solicitado    antes   la   disponibilidad   presupuestal”,   pasos   que   dice  se  cumplieron  en  este  evento.    

        No  obstante,  la  ausencia  de  un procedimiento interno riguroso  para      la      escogencia      de      contratistas     en     las    hipótesis    de   contratación  directa, no justifica de  manera   alguna   la   arbitrariedad   observada  en  la  adjudicación  de  las  órdenes  contractuales  de que se trata,  pues  los  principios  que  regulan  la  contratación  estatal  rigen  por encima de los  procedimientos    adoptados    por    la   administración   para   su trámite.   

        El  procedimiento  sólo  constituye  un medio para garantizar los  principios,  pues  si ellos no existen en la ley o los reglamentos que rigen las  entidades   estatales,   la   responsabilidad   se  traslada  con  mayor  énfasis al jefe o representante  legal    del    organismo   respectivo,  quien entonces tiene la obligación de instrumentar un trámite  interno   que   garantice   la  observancia  de  los  principios    que    regulan    la   contratación  administrativa    en    la   escogencia   de   los  contratistas,  como  se  deduce  con  diáfana  claridad del artículo 2º del  Decreto 855 de 1994, del siguiente tenor:   

“En    la    contratación  directa  el  jefe o representante de la entidad estatal, o el  funcionario  en  que hubiere delegado, deberá tener en cuenta que la selección  del  contratista  deberá  garantizar  el  cumplimiento  de  los  principios  de  economía,  transparencia  y  en  especial  del  deber  de  selección  objetiva  establecidos  en  la  Ley  80 de 1993”.     

        Por  lo  tanto,  la precariedad del procedimiento interno adoptado  en  la  gobernación de Córdoba para la adjudicación de órdenes contractuales  directas,    no    excusa   la   conducta   del   procesado   cuando   decidió,  voluntaria     y     conscientemente,     aceptar    la    ilegal  propuesta  del  concejal Heber  Pico,    sin   parar   mientes   en   los         principios         de        transparencia,   selección   objetiva,   responsabilidad   y   planeación  que   como   Gobernador   (e)   del   departamento  debía observar estrictamente en la adjudicación de  las órdenes contractuales sugeridas por aquél.     

Finalmente, frente a la alegación según la  cual  la  administración  no  sufrió  perjuicio  patrimonial alguno porque las  obras  se  ejecutaron,  aunque el punto ha de ser analizado cuando se estudie la  imputación  por  el  delito  de peculado, para lo que interesa al tipo penal de  contrato  sin  requisitos legales, ha de responderse que la jurisprudencia de la  Sala  tiene  decantado  que el propósito de obtener provecho ilícito para sí,  para  el  contratista o para un tercero, que consagraba de manera específica el  artículo  146  del  Código  Penal  de  1980 y que suprimió por innecesario el  artículo  410  de la Ley 599 de 2000, se configura del simple hecho de celebrar  el  contrato  sin  acatar  los principios y normas de carácter constitucional y  legal   que   rigen   la  contratación  administrativa,  porque  el  objeto  de  protección  del  tipo  penal  en  cuestión  es el principio de legalidad en la  contratación  estatal, cuyo quebrantamiento por el servidor público estructura  objetivamente  ese  tipo  penal  aunque  el resultado práctico del convenio sea  beneficioso  para  la  administración  y  el  contratista  no  obtenga provecho  económico                  alguno15.   

          Las  anteriores  reflexiones  llevan  a  la  Sala  a concluir que la  conducta  del  procesado en la adjudicación de las órdenes contractuales a una  persona  que  realmente no participó en el proceso, no sólo fue contraria a la  normativa  constitucional  y  legal que rige la contratación pública, sino que  voluntariamente  se  llevó  a  cabo,  con pleno conocimiento y conciencia de la  ilicitud, según quedó acreditado.   

        Estos   comportamientos  los  ejecutó,  desde   luego,  sin  que  mediara  circunstancia  de  justificación   alguna,   con   evidente      daño      a      la  administración pública.   

        Por  lo  tanto,  la responsabilidad de  ESPINOSA NIETO respecto a  las  dos celebraciones de  contratos  sin  cumplimiento  de  requisitos legales esenciales está acreditada  dentro del proceso en el exigido grado de certeza.   

        2. Peculado por apropiación   

        El  ingeniero  NORMAN  GUILLERMO ESPINOSA NIETO también fue acusado  por  el  delito  de  peculado  por  apropiación en favor de terceros, según la  definición  contenida  en  el artículo 397 de la Ley 599 de 2000, normatividad  vigente   para   cuando   ocurrieron   los   hechos  investigados,  en   la   medida   en   que   la   suscripción  de  las  órdenes  contractuales  en  las  condiciones   sugeridas   por   el   Concejal   Heber   Pico,  generó  a  favor  de éste un beneficio que  no       se      vio      represen­tado en el  departamento,   puesto   que   la   obras   contratadas   apenas  se  ejecutaron  parcial­mente   o  en  condiciones  menos  benéficas  para  la comunidad,    lo    que   constituyó  un   detrimento   para  el  erario  de  la  entidad  territorial.   

        El  delito  de  peculado  se define como aquella conducta propia del  servidor  público que se apropia en provecho suyo o de un tercero de bienes del  Estado  o  de  empresas  o  instituciones  en que este tenga parte o de bienes o  fondos   parafiscales,   o   de   bienes   de   particulares   cuya  tenencia  o  administración  se le hayan confiado por razón de sus funciones (artículo 397  de la ley 599 de 2000).   

        Sobre      este     comportamiento,  se  rememora que  en la  acusación      se     destacó     que    el    informe    técnico  No.  259752 de noviembre 8 de  2005,  dio  razón de que  los   títulos   valores  mediante  los  cuales  se  materializaron    los   pagos   pactados   en   los  contratos     fueron     a     parar,  en  la  mayoría   de   los  casos,  a  manos  del  concejal  Heber      Pico  Jiménez.   

        También    se    reseñó   que   la  obra    de   relleno  en  las calles del barrio  Alberto  Saibis del municipio de Cereté  no  se  ejecutó  en  su  totalidad,  pues    algunos   de  los   testigos  negaron  haber  firmado  el  documento  que  da  fe de la entrega a satisfacción y otros  declararon  no haber visto más de 35 “volcos”  descargando,   los   cuales   tenían  un  valor  aproximado  de  $1.759.000,  por  lo  que  el  peculado  por       este       concepto      asciende    a    $12.250.000,    que  resulta  de  restar  al  precio  del contrato, $14.000.000, el valor realmente  invertido.   

        En  lo  que  hace  con  las  obras  ejecutadas en la escuela Santa  María   del   mismo   municipio,   se  destacó  en la acusación la      labor      desarrollada      por      un      investigador   del   C.T.I.   de   la  Fiscalía,     que  tras   una  inspección física a la escuela para identificar las cantidades  reales   de  los  trabajos  realizados  por    el    contratista,   concluyó  que  la  superficie  de  los muros pintados alcanzó  una       extensión       de      1.511.34  mts2,  cuando  la orden contractual habla de 1.700 mts2.  También  constató  la  inexistencia de los “muros  de  cerramiento”  y una diferencia en la medición  de  los  trabajos relacionados con la “pintura para  puertas  en  aceite”, todo lo cual arrojó un mayor  valor pagado de $1.689.416.   

     

          Frente  a  estas  imputaciones, como quedó consignado en el resumen  del  debate  público,  el  Procurador  Delegado  para  la  Investigación  y el  Juzgamiento  ante  la  Corte, consideró que el ente instructor no logró probar  el  peculado  derivado  del  contrato  para el suministro de material de relleno  para  las  calles  del barrio Alberto Saibis de Cereté, porque las inspecciones  judiciales  realizadas  en el lugar con la intervención de expertos ingenieros,  arrojaron   dudas  alrededor  del  cumplimiento  o  no  del  contrato,  ante  la  imposibilidad  técnica  para  establecer  el número de “volcos” que fueron  descargados,  dado  al  transcurso  del tiempo y la explanación que se hizo del  material,  aunado  a  lo cual estaba la imprecisión del contrato sobre el lugar  exacto  donde  debían ejecutarse las obras y la cantidad de material que debía  utilizarse.   

          Pues  bien,  desde  la  misma  resolución  de  acusación  se dejó  sentada,  con lógica razón, la hipótesis de que las órdenes contractuales se  habían  autorizado  para  satisfacer  intereses  electorales del concejal Heber  Pico  Jiménez,  pues  de  ello dio cuenta a los investigadores del C.T.I. de la  Fiscalía  el  señor  Daniel  Evangelista  Cuitiva, comerciante y residente del  barrio Alberto Saibis de Cereté, quien declaró que:   

“La  verdad  es  que  yo vi unos volcos  echando  balastro y me dijeron que ese material era de parte del señor Dr. PICO  como  en  esos  momentos  estaba la política en su apogeo y yo no estaba en ese  grupo       no       pregunte       mas…”16                              

         

          Por  lo  tanto, se parte de un hecho indicativo de que a pesar de la  ilegalidad  que  envolvió la adjudicación de las obras, el concejal Heber Pico  tenía  un  interés  de que las mismas se ejecutaran, así fuese parcialmente o  en  condiciones  inferiores  a  las  determinadas en los contratos.            

          Y  en  realidad  no  pone la Sala en tela de juicio que las obras se  ejecutaron,  independientemente  de  sus  condiciones,  pues  múltiples pruebas  testimoniales  y  técnicas  dan  razón  de  ello. El meollo gira alrededor del  establecimiento  de  la  calidad  y  cantidad  de  las  obras, esto es, si en su  ejecución   se  respetaron  los  términos  de  referencia  contenidos  en  las  respectivas  órdenes contractuales, y por lo tanto si se hizo la inversión que  pagó  la  administración  para  beneficio  de la comunidad, o si parte de esos  dineros  fueron  desviados  al patrimonio particular del tercero beneficiado con  la    adjudicación    que    ilegal    y   voluntariamente   quiso   hacer   el  procesado.   

          Para  dilucidar el punto, la Sala se atiene a la prueba técnica que  se  incorporó  al  respecto,  porque  es  la  única  que  ofrece  la  seriedad  suficiente  para  un análisis de esa naturaleza, en el entendido de que si bien  algunos  residentes  del  barrio  Alberto  Saibis  de  Cereté, señalaron a los  investigadores  del  C.T.I.  de  la  Fiscalía que el número de “volcos” de  balastro  esparcidos  en  las  calles del lugar no superaron los 35, se trata de  una  apreciación  subjetiva,  ya  que  ninguno  de  ellos dijo haber llevado un  registro  específico  de  ello  y  para  la  fecha en que así lo manifestaron,  había  transcurrido  más  de un (1) año desde la época en que se ejecutó la  obra.     

          Pues  bien,  de  acuerdo  con la documentación anexa a las órdenes  contractuales,   el   “presupuesto  de  inversión  requerido  para  el  suministro  de  material  seleccionado  para las calles del  barrio  Alberto  Saibis  en el municipio de Cereté”,  especificó  que  la  obra  en  cuestión  debía  responder  a  las  siguientes  características,  según  el cuadro que obra al folio 120 del cuaderno original  No. 1:   

“CARACTERÍSTICAS:  

ANCHO         DE         LA  BANCA                        =  5.00 MTS.   

ANCHO         DE         LA  CALZADA                    =  4.00 MTS.   

ITEM             

DESCRIPCION             

UN             

CANTIDAD             

VR. UNIT             

VR.  PARCIAL  

1             

AFIRMADO  

1.1             

Explotación, cargue  derecho a cantera de material de afirmado             

   

M3            

   

420,00            

   

8.000,00            

   

3.360.000,00  

1.2             

Transporte   de  material para afirmado             

M3-KM             

7.577,27             

770,00             

5.834.500,00  

1.3             

Conformación  de  material de afirmado, incluye extendida y riego con motoniveladora             

   

M3            

   

420,00            

   

3.500,00            

   

1.470.000,00  

1.4             

Reconformación de  calles             

KM             

0,63             

850.000,00             

535.500,00  

COSTO  DIRECTO             

             

             

             

11.200.000,0  

A.U.I.   25%             

             

             

             

2.800.000,00  

VALOR  TOTAL             

             

             

             

14.000.000,0  

          Investigadores  del  C.T.I.  de  la  Fiscalía,  en  cumplimiento de  comisión  ordenada  por  el  Fiscal  14  Seccional, dentro de la investigación  cursada  contra  el  concejal  Heber  Pico  y  otros  por  los mismos hechos que  involucran  al aquí juzgado ESPINOSA NIETO, se trasladaron el 2 de diciembre de  2003   al   barrio   Alberto   Saibis   de  Cereté  con  el  fin  de  verificar  “si    se    cumplió    con    el   objeto   del  contrato”  contenido  en  la orden suscrita el 13 de  diciembre  de  2001  a nombre de Dayana Buitrago Padilla, diligencia en el curso  de la cual se hicieron las siguientes constataciones y análisis:   

“ASPECTO TÉCNICO  

Se pudo observar que algunas de las calles  poseen   una   delgada   capa   de   material  de  balasto,  el  cual,  por  sus  características  de  composición  y  adherencia  se  pudo establecer que es de  vieja data.   

ANÁLISIS TÉCNICO  

Analizando   la   celebración   de  la  prestación  de  servicio  la cual posee ACTA DE ENTREGA Y RECIBO FINAL DE OBRAS  fechada  a  los veintinueve (29) días del mes de enero de dos mil dos (2.002) y  teniendo  en cuenta lo solicitado por el despacho comitente, el cual requiere la  verificación   de   lo  suministrado    a    nivel    físico,  este despacho se abstiene en emitir un concepto técnico, donde  se   determine  la  material  y  real  ejecución  del  suministro  de  material  contratado,  ya  que desde la fecha de entrega de las obras hasta este entonces,  ha  transcurrido  un  (1)  año,  aunado  a  las  condiciones  desfavorables  de  invierno…”17   

   

          Igualmente,  señaló el investigador que en la orden contractual no  se    especificó   “la   cantidad   de   material  contratado”  y que de acuerdo con el testimonio  de  las  personas entrevistadas, habitantes del sector, los volcos entregados en  desarrollo  del  contrato no superaron los 35, determinando que el valor de cada  uno  para la fecha en la zona correspondiente ascendía a $50.000, por lo que el  valor  total  de  lo  ejecutado  habría sido apenas de $1.750.000, cifra que no  supera el 12% de la contratación.   

          También  se  da  cuenta  de  que algunos de quienes aparecían como  firmantes  del  documento  de entrega a satisfacción de la obra reconocieron su  firma,  pero  no  con ese propósito, sino para que se adelantaran los trámites  para  la  consecución  e  instalación  de las redes para el gas natural, y por  ello  habían  firmado  un  papel  en  blanco.  Otros  declarantes,  como Miguel  Fernando Doria, no reconocieron su firma.   

   

          La  anterior  evidencia  sirvió de base a la Fiscalía para imputar  al  ingeniero  ESPINOSA  NIETO  el  delito  de peculado derivado de esta primera  contratación,  pues  con  fundamento  en  ella concluyó que los trabajos no se  cumplieron   en   el   marco   de  la  orden  suscrita  por  la  administración  departamental,  porque  sólo  se  había  ejecutado en un porcentaje mínimo el  valor contratado (en $1.750.000 de los $14.000.000 contratados).   

          No  obstante,  asiste  razón  al Procurador Delegado cuando señala  que  la  prueba  no es contundente en la acreditación de ese aspecto, y que, en  cambio,     surgen     dudas     razonables     que     hoy     favorecen     al  procesado.         

          En  efecto,  como ya se advirtió, la prueba testimonial recogida en  el  curso  de  esa  inspección judicial por los investigadores del C.T.I. de la  Fiscalía,  no  puede  ser  definitiva  para  el  establecimiento  de  lo que se  pretende probar, por las razones antes anotadas.     

          Por  otra  parte, obra en la actuación un segundo concepto técnico  del  C.T.I.  de  la  Fiscalía, en el cual, después de una inspección judicial  realizada  en  el  lugar  el  24  de  noviembre  de 2004, también se llega a la  conclusión  de  que las obras de relleno en las calles del barrio Alberto   Saibis   de   Cereté  sí  fueron  ejecutadas,  pero  que  resultaba  imposible  “cuantificar  y  cualificar exactamente el material  de  obra,  debido  a  que  desde  el  Acta  de recibo final hasta la fecha de la  visita,  24  de noviembre de 2004, han pasado 34 meses, además se debe tener en  cuenta  el  invierno  que  ha azotado la Región”18.   

          Por  lo  tanto,  ningún  elemento  de  juicio  serio  cuantifica el  material  de  relleno  que  se  esparció  en las calles del mencionado lugar en  ejecución  de  los  trabajos contratados por la administración, lo cual impide  arribar  a la conclusión cierta de que la obra encomendada no se ejecutó en su  totalidad   o  que  dejaron  de  realizarse  algunos  de  los  aspectos  que  la  comprendían,  por  lo que resulta imposible afirmar la existencia del delito de  peculado   en   relación  con  el  contrato  para  el  suministro  de  material  seleccionado para las calles del barrio Alberto Saibis de Cereté.   

Esta  labor  demostrativa,  tampoco  puede  deducirse  del  supuesto  de que se siempre se procuró ocultar la identidad del  ejecutor  de  las  obras, pues independientemente de ello, finalmente concurrió  al  proceso Teobaldo Guerra Torreglosa, quien aceptó haber sido el encargado de  ejecutar  los  trabajos  en  cuestión  por  encargo  de Rafael Oquendo. Así lo  relató:   

“…considero  que  todo se ha hecho un  escándalo  porque lo que se dice en el medio de comunicación para mi no tienen  ningún  asidero ya que quien echó el balastro en ese sector fue mi persona, yo  puse  los  volcos, yo soy comisionista y me buscaron y contraté cuatro volcos y  con  eso  se  echó  el  material…yo le pagaba un precio a los de los volcos y  ellos  me  reconocían  un  porcentaje  en cada viaje, a mi me buscó el difunto  Rafael  Oquendo…yo  estaba unos días echando unos viajes en Cereté y me dice  que  necesita  unos  viajes  para  el sector de él y como ese es modo vivendi y  busqué  dos señores de garzones (sic) Israel y Renso Guerra, Santos Espitia de  San  Pelayo  y  Julio Rivero del barrio Venus…”19   

Entonces,  como  no  fue  posible obtener  certidumbre  al  respecto  se  impone la aplicación en este punto del artículo  7º  del  Código  de  Procedimiento  Penal  el cual establece los principios de  presunción    de   inocencia   e   in   dubio   pro  reo. En consecuencia, se absolverá al  ingeniero  NORMAN   GUILLERMO   ESPINOSA   NIETO  respecto  del  punible  de  peculado  por  apropiación  derivado  del contrato para el suministro de material seleccionado  para las calles del barrio Alberto Saibis en Cereté.   

          Cosa  distinta  sucede  con el contrato adelantado con motivo de los  arreglos  y  pintura de la escuela Santa María en el municipio de Cereté, pues  como  lo  advierte  el  Procurador  Delegado  en  la  audiencia  pública, en la  inspección  judicial que practicó el ente investigador al lugar, se llega a la  conclusión  de  que lo ejecutado fue menor a lo contratado, y que la calidad de  algunos    de    los    materiales    no    se   correspondía    con   los  especificados.      

          En    efecto,   el   “presupuesto   de  inversión  requerido para la pintura general y arreglos varios de la Escuela de  Santa   María   en   el  municipio  de  Cereté  ”,  especificó  que  la  obra  en  cuestión  debía  responder  a  las  siguientes  características20:   

ITEM             

DESCRIPCION             

UN             

CANTIDAD             

VR. UNIT             

VR.  PARCIAL  

1.0             

OBRAS  PRELIMINARES  

1.1             

Pintura  en vinilo  tipo  viniltex  para  muros  interiores  y exteriores 2 manos ambs caras incluye  resane             

   

M2            

   

1.700            

   

4.100            

   

6.970.000  

1.2             

Pintura en promical  para muro de cerramientos dos manos ambas caras             

   

M2            

   

180            

   

2.800            

   

504.000  

1.3             

Pintura para puertas  en aceite incluye raspada y pintura 2 manos             

   

UN            

   

7            

   

35.000            

   

245.000  

1.4             

Pintura  en aceite  para correas y cerchas metálicas             

   

ML            

   

320            

   

6.260            

   

2.003.200  

1.5             

Pintura  en  verde  mate para tableros             

M2             

12             

6.483             

77.800  

1.6             

Limpieza  general             

GL             

1             

200.000             

200.000  

COSTO  DIRECTO             

             

             

             

10.000.000  

A.U.I.   20%             

             

             

             

2.000.000  

VALOR  TOTAL             

             

             

             

12.000.000  

          En  el  informe  técnico  No.  264162  rendido  por  un experto del  C.T.I.,  se  concluyó  que  la  medición  de las obras ejecutadas en la planta  física  de  la  escuela  arrojó  un  resultado  inferior al especificado en el  presupuesto  de  inversión,  según  se  evidencia  en  el siguiente cuadro que  resume       la       medición      efectuada21:   

ITEM             

DESCRIPCION             

UN             

CANTIDAD   

MEDIDA            

VR.    UNITARIO  PRESUPUESTO   

OTROS  

CONTRATOS PARA LA EPOCA            

VR.  PARCIAL  

1.0             

OBRAS   

PRELIMINARES  

1.1             

Pintura  en vinilo  tipo  viniltex  para  muros  interiores y exteriores 2 manos ambas caras incluye  resanes             

   

M2            

   

1.511.34            

   

4.100            

   

6’196.494  

1.2             

Pintura en Promical  para muro de cerramiento  2 manos ambas caras.             

M2             

0             

0             

0  

1.3             

Pintura para puertas  en aceita incluye raspada y pintura 2 manos             

   

M2            

   

17.64 M2            

   

6.500            

   

114.660  

1.4             

Pintura  en aceite  para correas y cerchas metálicas             

ML             

320             

6.200             

2’003.200  

1.5             

Pintura  en  verde  mate para tableros             

M2             

12             

6.483             

77.800  

1.6             

Limpieza  general             

GL             

1             

200.000             

200.000  

COSTO DIRECTO             

             

             

             

8’592.154.00  

A.I.U. 20%             

             

             

             

1.718.430.80  

VALOR TOTAL             

             

             

             

10’310.584.00  

         

          Se  deduce  de  los  resúmenes  anteriores que en el presupuesto de  inversión  para  los  trabajos  de  pintura  y arreglos varios en la escuela de  Santa  María,  se  estableció  que  la  extensión  de  los muros interiores y  exteriores  a  pintar correspondía a 1.700 M2,  cuando los muros realmente  pintados  arrojaron  una  extensión  de 1.511.34 M2; tampoco se encontraron los  muros  especificados  en  el  ítem  1.2.,  esto  es, “de cerramiento”; y en  cuanto  al  ítem  1.3.,  “pintura  para  puertas en aceite”, el valor de la  pintura  señalada  en  el  presupuesto  es  mayor  al  precio verificado por el  experto.   

          Además, en el informe técnico se concluyó que:   

“El estado actual de la Escuela referido  a  la  planta  física de instalaciones y conservación de las mismas es pésima  tanto  en  la  calidad de los materiales que aplicaron tanto en muros, puertas y  carpintería  metálica,  anotando  además  que  no  se  noto  ningún  tipo de  mantenimiento  de  las  mismas,  concluyendo  que el  material  de  pintura  que  se  aplico en su momento para la mampostería fue de  pésima  calidad  sin  dar  el cumplimiento a las normas ICONTEC de calidad, que  viendo  que  si  era  un  vinilo  Tipo  VINILTEX,  la  vejez de este material es  excelente  si  es  bien  aplicado  y  no un material Tipo VINILTEX ECONOMICO que  existe  en el mercado como al parecer se pudo haber aplicado, por los resultados  ya   enunciados   en   forma   continua   en   el  presente  informe”22.   

          Todas   las  anteriores  inconsistencias  arrojaron  en  el  informe  técnico  una  diferencia  entre lo contratado y lo ejecutado de $1.689.416, que  corresponde  al  valor  de lo que se apropió el contratista beneficiado con las  órdenes contractuales.   

          El  propósito  que  desde  un  comienzo  guió  al  gobernador  (e)  ESPINOSA   NIETO   de   favorecer   al  concejal  Heber  Pico  Jiménez  con  la  adjudicación  de  los  contratos,  como  se analizó ampliamente al estudiar su  responsabilidad  en  el  delito  de  contrato sin requisitos esenciales, pone de  manifiesto   al   mismo   tiempo  que  desde  la  expedición  de  las  órdenes  contractuales,  el  aforado  fue  dueño  del  proceso  causal que aparejó como  consecuencia  la  afectación  al  patrimonio  de la entidad pública, según se  advirtió con acierto desde la resolución de acusación.   

          El  procesado fue conciente de todas las irregularidades verificadas  en  la  celebración  de  los  contratos,  y  especialmente  de  que  la persona  señalada  por el concejal Pico Jiménez como destinataria de la orden no estaba  participando  realmente  en  el  proceso,  y a pesar de ello permitió que se le  hiciera  figurar  como  tal,  facilitando de esa manera que un tercero obtuviera  provecho ilícito en perjuicio de la comunidad que representaba.   

                   

       En  ese contexto, el resultado finalmente  producido  no  es consecuencia de un actuar negligente del acusado, sino doloso,  en  cuanto  voluntariamente  suscribió una orden contractual a sabiendas de que  la  persona  a  quien se hizo figurar como destinataria no podía responder ante  la  administración  porque  no  estaba  contratando  con  la  misma,  todo  por  favorecer  los  oscuros  intereses  de  un  concejal  que  así  se  lo  pidió.   

Con  el señalado comportamiento irregular,  el  procesado  generó  una  mengua en el patrimonio departamental, toda vez que  las  obras  realmente  ejecutadas  en  la  escuela Santa María de Cereré no se  corresponden con el valor pagado por ellas.   

       Por  lo  tanto,  estima la Sala que se ha  acreditado  suficientemente,  en  grado  de  certeza,  tanto la materialidad del  delito  de  peculado  en  cuantía  de  $1.689.416,  como la responsabilidad del  procesado  NORMAN  GUILLERMO  ESPINOSA  NIETO  en  calidad de autor material del  referido  comportamiento,  lo  cual  impone  proferir  en  su  contra  sentencia  condenatoria.   

PUNIBILIDAD  

Como se trata de un concurso de delitos por  los   que   se  ha  de  condenar  al  procesado,  se  hace  necesario,  para  la  dosificación  de  la  pena,  acudir  a lo preceptuado sobre el particular en el  artículo  31  del   Código  Penal,  para  lo cual, previamente, habrá de  dosificarse  individualmente  cada una de las sanciones, a efectos de determinar  cuál  de  los  delitos comporta la pena más grave y que por tanto ha de servir  de base de determinación punitiva.   

         Respecto  al  delito  de  contrato sin el  cumplimiento  de  requisitos  legales,  el  artículo 410 de la Ley 599 de 2000,  vigente  para  la  fecha  de  los  hechos,  contempla  pena  de  4 a 12 años de  prisión,  multa  de  cincuenta a doscientos salarios mínimos legales mensuales  vigentes   e   inhabilitación   pare  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  de cinco a doce años.   

La  pena  de  prisión  implica  generar un  ámbito  de movilidad punitiva de 8 años, que dividido en cuatro cuartos genera  para cada uno 2 años.   

La  sanción  se  circunscribe  al  cuarto  inferior,  esto  es,  entre  4  y  6  años  de  prisión,  toda  vez  que en la  resolución  de acusación no se imputaron circunstancias de mayor punibilidad y  a  favor  del  procesado  opera  la  causal de menor punibilidad señalada en el  numeral  1º  del  artículo  55  del  Código  Penal,  a  saber, la carencia de  antecedentes penales.   

Para atender los criterios que se regulan en  el  inciso  tercero  del  artículo  61  del  C.P.,  se  impone  considerar  que  con  la  conducta  objeto  de reproche, el procesado  NORMAN  GUILLERMO  ESPINOSA  NIETO  traicionó  por  completo  los  fines que la  administración  debe  asegurar  en  la adjudicación    de   los   contratos  estatales,  con  evidente  abuso  del  poder  de las  funciones   que   le   asistían   como  gobernador  (e),  razón por la cual  atendiendo   la   gravedad   que   ello   implica,  la  pena de prisión que  se  impondrá dentro del marco de movilidad indicado,  será    de     4   años   y   6 meses.   

         En  lo  que toca con la multa, esta oscila, como se anotó, entre 50  y  200  salarios mínimos legales mensuales, o lo que es mejor, valiéndonos del  salario  mínimo  vigente para el año 2001 -$286.000-, desde $14.300.000, hasta  $57.200.000.  Allí  se  genera un ámbito de movilidad punitiva de $49.900.000,  que    al    dividirse    en    cuatro    cuartos   totaliza   para   cada   uno  $10.725.000.   

Ubicados en el cuarto inferior, vale decir,  entre  $14.300.000  y  $25.025.000,  se  impondrá pena de multa de $16.981.250,   por   las  mismas  razones  esbozadas respecto de la sanción aflictiva de la libertad.   

El  delito  de  peculado  por  apropiación  comporta,  conforme lo dispuesto por el artículo 397, inciso tercero, del C.P.,  una  pena  de  4  a  10  años de prisión, inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por el mismo término y multa por el equivalente  al  valor  de  lo  apropiado, toda vez que la cuantía del peculado no supera el  monto de 50 salarios mínimos mensuales.   

La  pena  de  prisión  implica  generar un  ámbito  de movilidad punitiva de 6 años, que dividido en cuatro cuartos genera  para cada uno 18 meses.   

La  sanción  se  circunscribe  al  cuarto  inferior,  esto  es, entre 4 y 5 años y 6 meses de prisión, toda vez que en la  resolución  de acusación no se imputaron circunstancias de mayor punibilidad y  a  favor  del  procesado  opera  la  causal de menor punibilidad señalada en el  numeral  1º  del  artículo  55  del  Código  Penal,  a  saber, la carencia de  antecedentes penales.   

Para atender los criterios que se regulan en  el  inciso  tercero  del  artículo  61  del  C.P.,  se  impone  considerar  que  con  la  conducta  objeto  de reproche, el procesado  NORMAN  GUILLERMO ESPINOSA NIETO generó una pérdida  para  la  comunidad  menos  favorecida  del  municipio  de Cereté, que  vio  parcialmente  frustrados  los  beneficios  que  le  habrían  generado  la correcta  inversión  de  los  dineros  públicos  destinados  al  arreglo  de  una de sus  escuelas,  circunstancia  que  se  califica  como grave, razón por la cual, por  esta   conducta   se   impondría   una   pena   de   4   años  y  2  meses  de  prisión.   

Auscultadas   cada   una   de  las  penas  debidamente  dosificadas,  inconcuso  surge  que  la más grave corresponde a la  tasada  para  el delito de contrato sin cumplimiento de requisitos legales, esto  es,  4  años  y  6  meses,  pena  que  por razón de los delitos concursados se  aumentará  hasta  cinco  (5)  años,  que resultan de sumar 3 meses más por el  otro  contrato sin cumplimiento de requisitos legales y 3 más por el punible de  peculado por apropiación.   

De  otro  lado,  la  pena  de  multa,  en  seguimiento  de  lo  dispuesto  por  el numeral 4° del artículo 39 del Código  Penal,  ha  de tasarse sumando cada una de las impuestas individualmente, con la  sola  limitante de que no se superen los cincuenta mil salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

          Así,  a  la pena de multa que corresponde al delito de contrato sin  el   cumplimiento  de  requisitos  legales,  esto  es,  $16.981.250  se  sumará  $1.689.416  que  le  corresponde  al peculado por apropiación, para una pena de  multa igual a $18.670.666.    

Por  último,  la  Corte  se  abstendrá de  delimitar  la  sanción  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  funciones  públicas  –que se registra  como   principal  respecto  de  los  delitos  de  peculado  y  contrato  sin  el  cumplimiento  de  requisitos  legales-, dado que uno de los punibles por el cual  se   condena  al  procesado,  precisamente  el  de  peculado  por  apropiación,  representa  detrimento  patrimonial para el Estado y, en consecuencia, se sujeta  a  la  sanción constitucional establecida en el inciso 5° del artículo 122 de  la Constitución Política Colombiana.   

Significa  ello,  como  ya  lo  han  dejado  sentado  la Corte Constitucional y esta Corporación, que la sanción en comento  opera a perpetuidad.   

Empero,  a  la  par  con  esa imposibilidad  perpetua  de  ejercer  funciones  públicas, es necesario que se determine hasta  cuándo  opera  la  inhabilitación para el ejercicio de derechos públicos, que  accede de manera conjunta en el tipo penal.   

Para  el  efecto, se recuerda, el artículo  410,  respecto  del delito de contrato sin el cumplimiento d requisitos legales,  establece  para  la  inhabilitación   de  derechos  un  monto  de  5  a 12  años.   

De  allí  surge  un  ámbito  de movilidad  punitiva   de   7   años,   que   genera   cuatro  cuartos  de  21  meses  cada  uno.   

El primer cuarto, entonces, oscila entre 60  y  81  meses.  Atendidos  los  criterios  antes  expuestos para fijar la pena de  prisión  y  multa,  se  incrementa  en  un 25% el mínimo, dada la gravedad del  delito,    hasta   devenir  en  pena  final  de  65  meses  y  7  días  de  inhabilitación de derechos.   

Correspondiendo  a  dos  las ilicitudes que  refieren  el  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  como  ellas  operaron  en  similares  condiciones fácticas y subjetivas, esta sanción opera  igual para cada una de ellas.   

A  su  turno,  el  artículo  397 del C.P.,  señala  para el delito de peculado, inhabilitación de derechos por un lapso de  4 a 10 años.   

Emerge  de  ello  un  ámbito  de movilidad  punitiva   de  6  años,  que  determina  para  cada  cuarto,  un  total  de  18  meses.   

El cuarto mínimo, en el que se ubicará la  Corte,  por  los  mismos  motivos  reseñados  al  fijar la pena aflictiva de la  libertad,  oscila entre 48 y 66 meses y se impondrá igual sanción, vale decir,  50 meses de inhabilitación.   

En  tratándose de un concurso delictuoso y  siguiendo  los  parámetros  del artículo 31 del C.P., se tiene que la sanción  más  grave  corresponde  a  uno  de los delitos de contrato sin cumplimiento de  requisitos legales, esto es 65 meses y 7 días.   

Como  la  pena  no  puede  superar  la suma  aritmética  de  ambas sanciones individualizadas, la Corte agregará tres meses  más  por cada ilicitud que accede a la determinada como base, con lo cual surge  una  pena  definitiva  de  setenta  y  un  (71)  meses  y  siete  (7)  días  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos públicos.   

     

          De  otra  parte,  como  quiera  que la pena  principal   impuesta   supera  los  tres  años  de  prisión,  no  procede  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena  (art. 63 L. 599/00).   

        Por  lo  tanto procede examinar la procedencia del sustituto de la  prisión  domiciliaria,  que  de  acuerdo  con  el artículo 38 del Código  Penal    vigente,    puede    reconocerse    siempre    que   la   sentencia  se  imponga  por delitos cuya  pena  mínima  prevista  en  el  la  ley sea de cinco años de prisión o menos.  Además,   que   el   desempeño   personal,  laboral,  familiar  o  social  del  sentenciado,  permita  al  juez  deducir  seria, fundada y motivadamente, que no  colocará  en  peligro  a  la  comunidad y que no evadirá el cumplimiento de la  pena.   

         La  Sala  encuentra  que  aunque las penas mínimas previstas para  los  delitos por los cuales se condena al procesado ESPINOSA NIETO no superan en  ningún   evento   los   cinco   años  de  prisión,  lo  que  en  principio     haría    viable  la  sustitución  de  la  privación  de  la  libertad por  domiciliaria,  no  puede  obviarse  que la  jurisprudencia  de  esta  Corte ha  decantado   un  sólido  criterio  para  negar  el  sustituto  en eventos      como      el     aquí  examinado,   por   la  profunda   trascendencia   que  ellos  tienen   en  la  sociedad,      lo     cual     implica,         “en  aras  de  las  funciones  que  de  la  pena  ha establecido el  artículo  4º  ibídem,  esto  es,  prevención  general,  retribución justa y  prevención  especial,  que la prisión carcelaria se  torne  en  un  imperativo  jurídico, pues, si de la  primera  se  trata,  la  comunidad  debe  asumir que ciertos hechos punibles que  lesionan  sus intereses más preciados, como la administración pública y la de  justicia,  merecen  un  tratamiento  severo  que no sólo expíe la conducta del  autor,   en  tanto  retribución  justa,  sino  que  además,  como  prevención  especial,  lo  disuada de la comisión de nuevos hechos punibles, de modo que no  quede  en aquella sensación alguna de impunidad o de un trato desproporcionado,  por  la  gracia  del  beneficio,  frente  a  la  gravedad  del  delito  o  a las  obligaciones     y     especiales    calidades    de    su    autora”23.   

         

        De   acuerdo  con  ese  criterio,  los  parámetros  para  abordar  el  estudio del requisito subjetivo del artículo 38  del  Código  Penal,  en  aras de determinar si el desempeño personal, laboral,  familiar  o  social del condenado permite deducir seria, fundada y motivadamente  que   no   colocará  en  peligro  a  la  comunidad  y  que  no  evadirá  el  cumplimiento  de  la  pena,  ha de tenerse en  cuenta  también  las  funciones de la pena que tienen que ver  con   la   prevención  general  y  la  retribución  justa.    

        En   el  presente  caso,  no  puede  obviarse la gravedad de las conductas juzgadas, pues en  relación  con  el delito de contrato sin cumplimiento de requisitos legales, ha  de   recordarse   que   se   inventó  una  realidad  documental     para     intentar     demostrar    la    correcta    escogencia  del contratista a quien se le confía la ejecución de  obras  necesitadas  por  dos  sectores  pobres  de la comunidad del municipio de  Cereté,  lo cual denota  una   descarada   corrupción  oficial  de  la  que  hizo  parte  sin  rubor  alguno  el  aquí procesado  ESPINOSA   NIETO.  Y  en  relación  con  el  delito  de  peculado,  debe  señalarse  igualmente  que  la  apropiación perjudicó  a  un  sector  pobre de la  comunidad, y ello por sí  mismo merece un fuerte reproche.   

        Y  aunque  es  cierto  que la conducta  fundamenta  la  pena,  la  Sala  ha  considerado que  la  misma revela a la vez  la   personalidad   de   su   autor.  Por  ello  ha  dicho  que  “si   el  comportamiento  que  es  materia  de  reproche  penal  es  objetivable  a  través de sus manifestaciones externas y si éstas reflejan una  actitud  de  su  autor  frente  a  los  valores  instituidos,  es  para la Corte  indiscutible  que la conducta misma, su reiteración, lo que la impulsa, aquello  que  la convierte en habitual, el contexto social en la que se desarrolla, obran  como  signos  inequívocos para la identificación del mundo interno de quien la  realiza,     como     factores     de     los    cuales    es    inferible    la  personalidad”24.   

        En   ese  contexto,  el  juicio  sobre  la     personalidad  del    procesado   ESPINOSA   NIETO   resulta  adverso, ya que las conductas  por   él   ejecutadas   fueron   graves  en  grado sumo. La consideración de  las  mismas,  lo  que  ellas  revelan  de  la  personalidad de su autor, impiden  deducir  seria  y fundadamente que no colocará en peligro a la comunidad.    

        Además,    no   puede   dejar   de   decirse   que   la  hipótesis de permitir que regrese a su domicilio después  de haber cometido las conductas por las que se le juzga,  causaría   desconsuelo  entre  los  asociados,  al  ver  “premiado”  a quien  utilizó   su   alta  investidura  para  burlar  principios básicos sobre  los  que  se  fundamenta  el Estado Social de Derecho que nos rige y permitir al  mismo  tiempo  que  terceros se apoderaran de dineros  públicos  destinados  a  ser  invertidos  en  obras  necesitadas por la comunidad.   

         

        Por  lo tanto, se negará el sustituto de la prisión domiciliaria  y    como   consecuencia   de   ello,   se   dispondrá   la   captura  del  procesado.   

        Frente  a  la  indemnización de perjuicios, como en el expediente  se  encuentra  acreditado  que  

la cuantía de lo  apropiado       ascendió       a       la       suma      de      $1.689.416,  la  misma se fija como daño  emergente.   

        Para  establecer  el  monto  de los perjuicios se debe adicionar a  esa  cifra  el  equivalente al 6% anual, por concepto de intereses legales hasta  la  fecha,  que  conforme  a  la  operación  correspondiente,  arroja  la  suma  de     $506.824.80.   

        Es   decir,   como   reparación   de  perjuicios  materiales,  se  condenará  a  ESPINOSA  NIETO a cancelar a favor del Tesoro Nacional la suma de  $2.196.240.80.   

        No    se    condenará   a   ESPINOSA  NIETO  al  pago  de  perjuicios  morales, puesto que  habiendo  realizado el hecho en detrimento de una persona jurídica, la Nación,  el  “pretium doloris”  no tiene cabida en este caso.   

        Finalmente,   como   la   jurisprudencia   de   la  Sala25   tiene  determinado  que la Ley 906 de 2004 asigna a los jueces de ejecución de penas y  medidas  de  seguridad  la competencia para conocer de la fase de ejecución del  fallo  cuando  se trate de condenados que gozan de fuero constitucional o legal,  asignando   la   segunda  instancia  al  respectivo  juez  de  conocimiento,  se  dispondrá,  pues,  remitir  el proceso al reparto de los Juzgados de Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad correspondiente.   

OTRAS DECISIONES  

          La  Sala encuentra atendible la petición del Ministerio Público en  el  sentido  de que se compulsen copias con destino a la Fiscalía General de la  Nación  para  que  se  investigue la conducta en que pudo incurrir el procesado  NORMAN  GUILLERMO  ESPINOSA  NIETO  con  el  ofrecimiento de dinero a la señora  Dayana   del   Carmen  Buitrago,  para  que  desistiera  de  la  denuncia  aquí  presentada.  También  deberá  indagarse  sobre su posible participación en el  delito  de  falsedad  que  se  vislumbra en los antecedentes del caso, cuando en  documentos  públicos  se  falsificó  la  firma  de  la  supuesta  contratista.   

        En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE  SUPREMA   DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  Autoridad de la  Ley,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

        Primero.      CONDENAR   al  acusado,  ingeniero  NORMAN  GUILLERMO  ESPINOSA NIETO, de  condiciones  personales  indicadas  en la actuación, a las penas principales de  cinco      (5)      años     de     prisión,     multa     de     $18.670.666,  inhabilitación  para  el  desempeño  de  funciones  públicas  en los términos del artículo 122, inciso  5º  de la Carta Política, e inhabilitación para el  ejercicio  de derechos públicos por un lapso de setenta y un (71) meses y siete  (7)  días,  por haber sido hallado responsable  de  dos  (2)  delitos de  contrato  sin cumplimiento de requisitos legales y un  (1)  peculado  por  apropiación,  cometido  en  las  circunstancias      referidas      en      esta  decisión.   

        La  pena de multa la cancelará a órdenes del Consejo Superior de  la  Judicatura,  en  las  oficinas  del  Banco Agrario, dentro de los tres días  siguientes  a  la ejecutoria de esta providencia, para lo cual la Secretaría de  la Sala remitirá copia de esta decisión una vez ejecutoriada.   

         

Segundo.        Absolver al ingeniero NORMAN GUILLERMO  ESPINOSA  NIETO del delito de peculado por apropiación  derivado  del  contrato  para  el  suministro  de material seleccionado para las  calles  del  barrio  Alberto  Saibis en Cereté, por las razones esbozadas en la  parte motiva de esta decisión.   

        Tercero.          Negar    el    subrogado    de    la  suspensión condicional de la pena y el sustituto de  la  prisión domiciliaria, de acuerdo con lo expuesto  en la parte motiva de esta decisión.   

        Cuarto.          Ordenar       la      captura  del  procesado  para que cumpla la pena aquí impuesta en  el lugar de reclusión que determine el Director del INPEC.   

        Quinto.       Condenar  al  ingeniero NORMAN GUILLERMO ESPINOSA NIETO a cancelar la suma  de  $1.689.416  por  concepto  de  daño emergente y, la suma de $506.824,80 por  concepto  de  lucro cesante, para un total de $2.196.240.80, que como perjuicios  materiales  ocasionó  con  el  peculado, en los términos indicados en la parte motiva.   

        Sexto.           Abstenerse  de  condenar  al procesado  NORMAN GUILLERMO ESPINOSA NIETO al pago de perjuicios morales.   

        Séptimo.  Ejecutoriada  la sentencia,  la  Secretaría  de  la Sala enviará las copias que prevé el artículo 472 del  Código de Procedimiento Penal.   

        Octavo.   En   firme   remítase   la  actuación  al  Juzgado  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de Seguridad que  corresponda, para lo de su cargo.   

        Noveno. Por la Secretaría de la Sala,  compúlsense las copias especificadas en la parte motiva.   

           

        Contra esta decisión  no procede recurso alguno.   

        Notifíquese   y  cúmplase.   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

Cita medica  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                JORGE LUIS QUINTERO MILANES   

YESID          RAMÍREZ  BASTIDAS              JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Folio 17, cuaderno anexo 3.   

2  Fue  subrogado  a  través del decreto 2170 de 2002,  vigente  desde  el  1º  de enero de 2003 y por razones obvias inaplicable en el  presente caso.   

3  Sentencia  de  única  instancia  del  19  de  diciembre  de  2000, radicado No.  17.088.   

4  Juan  Alfonso  Santamaría  Pastor.  Fundamentos  de  derecho  administrativo,  I,  Madrid, Centro de Estudios Ramón Areces, 1991, p.  251.   

5  El  texto  de sus declaraciones ante la Contraloría  obran  a  folio 108 del cuaderno No. 1 original y ante la Fiscalía a los folios  244  a  249 ibídem; folios 73 y 126 cuaderno original No. 2 y folio 18 cuaderno  anexo No. 1..   

6  Indagatoria  rendida  el  14 de octubre de 2003, fl.  161 cuaderno anexo No. 1   

7  Fl. 196 cuaderno original No. 1.   

8  Sentencia  del  9  de  febrero de 2005, radicado No.  21.547   

9  Consejo  de  Estado,  Sala  de  lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera,  sentencia    de    junio    1    de    1995,    C.P.    JESUS   MARIA   CARRILLO  BALLESTEROS.   

10  Fol. 77 cuaderno original No. 1   

11  Fol.    90   ibídem.   

12  Véanse  artículos  12  ley  80  de  1993  y 14 del  decreto   679   de   1994,   entre   otros,   que   regulan   el   tema   de  la  delegación.   

13  Folios  74  y   75  cuaderno  original  No.  2,  declaración  rendida  por la testigo ante la Fiscalía 14 Seccional, dentro del  proceso   contra  Heber  Pico  y  otros,  incorporada  como  prueba  trasladada.   

14  fl.   249   cuaderno   original  No.  1    

15  Ver,  entre  otras,  sentencias  de  mayo 5 de 2003,  radicado  No. 18.754; junio 17 de 2004, radicado No. 18.608;  y de marzo 23  de 2006, radicado No. 19.383   

16  Folio 234, anexo No. 1   

17  Folio 244, anexo No. 1   

18  Folio 132 cuaderno original No. 1.   

19  Folio 118, cuaderno original No. 2   

20  Cuadro obrante al folio 93 del cuaderno original No.  1   

21  Fls. 252 y 253 cuaderno original No. 2   

22  Folio 255 ibidem.   

23  Ver,  entre otras, sentencia de única instancia del  30   de   marzo   de   2006,  radicado  No.  23.972.   

24  Ver,  entre  otros,  auto  del  14 de junio de 2002,  radicado No. 7026.   

25  Auto Única instancia 31 de enero de 2006 Rad. 6989.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *