22133(10-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22133  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  061  

Bogotá  D.  C., diez (10) de agosto de dos  mil cinco (2005).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  CARLOS    AUGUSTO    VEGA    ARENIS   y  EDGAR        MAURICIO        OVIEDO.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.      Los   hechos   fueron  sintetizados   por   el   juzgador   de   segunda   instancia  de  la  siguiente  manera:   

“El  25  de  febrero  del  año  en curso, aproximadamente a las nueve de la mañana, se tuvo  conocimiento  por  parte  de  la  Policía  Judicial  de un atraco a mano armada  desplegado   en   la   carrera   27   con   avenida   Quebradaseca  (Bucaramanga),   siendo   a   su   vez  presenciado  por  los  testigos  oculares, quienes observaron la descripción de  los  sujetos  protagonistas  del  hecho  y  la forma en que abandonaron el lugar  luego  de cumplir con su cometido, poniéndose de presente la identificación de  un   taxi  de  placas  XLC,  abordado  por  los  implicados  a  la  hora  de  su  huida.   

“Realizándose  el  operativo  de  rigor  por  parte de las autoridades de Policía Judicial, se  dispuso  el seguimiento del citado automotor, lográndose la interceptación del  mismo  en  la  calle  34  con  avenida  Quebradaseca,  lugar  donde los directos  implicados  del  ilícito  se  bajaron  del  vehículo  buscando su escapatoria,  viendo  la  necesidad  de accionar una de sus armas de fuego contra la autoridad  policial,  para  ingresar  luego  a  la vivienda de la carrera 8ª N° 34-59 del  barrio  La  Joya,  domicilio  en  el  que  finalmente fueron aprehendidos por la  autoridad   los   señores   CARLOS   AUGUSTO   VEGA  ARENIS  y  EDGAR  MAURICIO  OVIEDO,  encontrándoseles  en  su poder las armas de  instrumento  delictual  y  el  dinero  hurtado  objeto  material  del  ilícito,  circunstancias  que dieron lugar al desarrollo de las diligencias por las cuales  hoy se procede”.   

2.   Con  base en la solicitud elevada  por  los  procesados,  el  28  de  mayo  de  2003 se llevó a cabo diligencia de  formulación  de  cargos,  dentro  de  la  cual Carlos  Augusto  Vega Arenis y Edgar  Mauricio   Oviedo   aceptaron,  de  manera  libre  y  voluntaria,  los  cargos  que  por  los delitos de hurto agravado y calificado y  porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal (arts. 239, 240, inciso 2°,  241.10  y 365 del Código Penal) les imputó la Fiscalía Veinticuatro Seccional  de Bucaramanga.   

3.  El Juzgado Quinto Penal del Circuito de  Bucaramanga,  mediante  sentencia  anticipada  fechada  el  18 de junio de 2003,  condenó  a  Carlos  Augusto  Vega Arenis  y  a  Edgar Mauricio Oviedo   a   la   pena   principal  de  16  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria   de   inhabilitación en el ejercicio de  sus derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso  igual  al  de  la  pena privativa de la  libertad,  como  coautores de los delitos de hurto calificado y agravado y porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.  Así  mismo, les negó los  mecanismos  sustitutivos  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena y la prisión domiciliaria.   

3.   Apelado  el fallo por el defensor  del   procesado,  quien  manifestó  su  inconformidad  por  la  no  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  ni  la  concesión de la prisión  domiciliaria,  el Tribunal Superior de Bucaramanga, el 10 de septiembre de 2003,  lo  confirmó  integralmente.  Contra esta determinación, el citado profesional  del derecho interpuso el recurso extraordinario de casación.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El  defensor  de los procesados, en demanda  conjunta  y al amparo de la causal primera de casación, formula un único cargo  contra  la  sentencia del Tribunal, pues considera que se violó el artículo 63  del  Código  Penal  al  concluirse  que  sus  defendidos no eran acreedores del  sustituto penal consagrado en la citada norma.   

Luego  de  hacer  un  comentario  sobre  el  contenido  del mencionado artículo 63 y de afirmar que el requisito objetivo se  cumple  satisfactoriamente,  afirma  que  en  cuanto  a la segunda exigencia, es  decir,  “la  personalidad  de  los  sindicados y la  modalidad  del  hecho,  y  como  está  visto,  sólo se analizó éste último,  dejando  por  fuera  lo  referente a la personalidad, ingrediente necesario para  poder   concluir   si   existe   necesidad   de   ejecutar  la  pena”.   

Agrega  que  la  prueba existente, esto es,  “la   personalidad   de  los  encartados,  deviene  necesariamente  de  la  no existencia de sentencias de condena en su contra, del  hecho  de haber manifestado su arrepentimiento al indemnizar a la parte ofendida  y  de  ser  personas  cuyos  antecedentes  personales, sociales y familiares son  excelentes,  pues  no  existen  pruebas  que  digan lo contrario, y siendo así,  estos se deben suponer”.   

Por   ello,   asevera   que   hubo   un  desconocimiento       de       ese       conjunto       de       “premisas”   que   conllevó   a   la  violación   de   la  norma  citada,  generándose  un  error  de  hecho  en  la  apreciación de las pruebas.   

Considera  que al negarse dicho derecho, se  desconoció  no  solo  el  contenido  del  artículo 4° del Código Penal, sino  también  la “filosofía que inspiró su creación y  se  acepta  exclusivamente  una  concepción  retributiva de la pena”.   

En   consecuencia,   dice  que  hubo  una  violación  “directa” de  la  norma sustancial, pues se presentó un enfrentamiento entre lo probado en el  proceso y la aplicación de la ley.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  el   fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  conceder  la  condena  de  ejecución  condicional.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La demanda de casación conjunta presentada  por  el  defensor  de  los sentenciados Carlos Augusto  Vega   Arenis   y   Edgar  Mauricio  Oviedo no reúne los requisitos de claridad,  precisión  y coherencia que para ser admitida establecen las normas que regulan  la casación.   

En   efecto,  como  lo   ha   reiterado   la  Corte,  la  demanda  de   casación   no  es  de  libre  formulación,  razón  por  la  cual  no  es  procedente  hacer  cualquier  clase  de cuestionamientos a una sentencia que por  ser  la  culminación  de  un proceso está amparada por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,   sino   que  debe  ser  un  escrito  lógico y  sistemático  en el que sólo es permitido  denunciar los errores cometidos  en  el  fallo,  al tenor de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  demostrarlos  dialécticamente y evidenciando su trascendencia en la parte  resolutiva del mismo.   

El   artículo   212   del   Código   de  Procedimiento  Penal contempla que el libelo deberá contener, de manera clara y  precisa,  entre  otras  cosas,  el señalamiento de la causal que se invoca para  soportar  el  yerro  del  juzgador  y  los  fundamentos  de  la misma, así como  también las normas que se estimen quebrantadas.   

En   la   demanda  que   ocupa   la   atención   de   la   Sala,  si   bien    es    cierto   el    actor    fundó   el   ataque     a     la     sentencia     por     los   senderos    de   la  causal  primera   de   casación,   también   lo   es   que   no   señaló  la   vía   de   la transgresión de la ley sustancial, es decir, si fue de  manera directa o indirecta.   

Así  mismo,  no indicó cuáles fueron las  razones  jurídicas  por  las  cuales,  en  su  criterio,  se transgredieron los  artículos  4°  y  63  del  Código  Penal ni precisó cuál fue el sentido del  quebrantamiento,  esto  es,  si fueron vulneradas por falta de aplicación o por  aplicación indebida.   

Si  se  comprendiese  que el reproche está  fundado  en  la violación directa de la ley sustancial, olvidó el actor que la  jurisprudencia  de  la Corte ha señalado insistentemente que cuando se trata de  esta  hipótesis  casacional el libelista no puede discutir la valoración de la  prueba  realizada  por  el  sentenciador  ni  cuestionar  la declaración de los  hechos  consignada  en  el  fallo,  pues  toda  su actividad debe estar dirigida  exclusivamente  a  demostrar  la  equivocación  en que incurrió el Tribunal al  aplicar o al inaplicar la normatividad al caso concreto.   

Se   trata,   entonces,   de  un  estudio  estrictamente      jurídico,     toda     vez     que      “cualquiera  que  sea  la modalidad de violación directa de la ley,  el  yerro  de los juzgadores recae indefectiblemente en forma inmediata sobre la  normatividad,  todo  lo  cual implica un cuestionamiento en un punto de derecho,  sea  porque  se  deja  de  lado  el precepto regulador de la situación concreta  demostrada,  porque  el hecho se adecua a un precepto estructurado con supuestos  distintos  a los establecidos, o porque se desborda la intelección propia de la  disposición  aplicable  al caso concreto…”, pasos  que  el  censor  no  cumplió  y,  menos,  respetó.1   

Ahora  bien, en el entendido que la censura  la  postuló  bajo  los  lineamientos  de  la  violación  indirecta  de  la ley  sustancial,  por  cuanto  manifestó  que el juzgador violó el artículo 63 del  Código   Penal  “por  un  error  de  hecho  en  la  apreciación  de  las  pruebas”,  las cuales, en su  opinión,  son  aquellas que demuestran el hecho “de  haber  manifestado su arrepentimiento al indemnizar a la parte ofendida y de ser  personas  cuyos  antecedentes  personales, sociales y familiares son excelentes,  pues  no  existe  prueba  que diga lo contrario”, de  todos  modos  no  señaló la clase de error, esto es, si de hecho o de derecho,  ni  el  falso  juicio que lo determinó, es decir, de existencia, de identidad o  de  raciocinio,  en  cuanto  al  primero, o de legalidad o de convicción, en lo  atinente  al segundo.   

Contrario   sensu,  se  advierte  que  la  inconformidad  del  censor  radica en el grado de estimación que los juzgadores  le  otorgaron  a  los  elementos  de  juicio  y  de  los  cuales  dedujo que los  procesados  Carlos  Augusto  Vega  Arenis  y  Edgar  Mauricio  Oviedo   no   eran  acreedores  al  sustituto  penal  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena.  Y  no  se  puede  llegar  a otra  conclusión  cuando en la demanda el casacionista, afirma que sus defendidos son  “personas cuyos antecedentes personales, sociales y  familiares   son  excelentes”,  procurando  de  esa  manera  imponer  su  personal criterio frente a las deducciones del juzgador sin  acatamiento a los parámetros casacionales dispuestos por la ley.   

En esas condiciones, desconoce el actor que  la   simple   discrepancia  de  criterios  no  constituye  yerro  demandable  en  casación,  puesto  que teniendo en cuenta el sistema de apreciación probatoria  que  nos  rige,  el juzgador goza de libertad para justipreciar los elementos de  juicio,   sólo   limitado   por  los  postulados  de  la  sana  crítica,  cuya  transgresión  se  debe  postular  a  través  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

Aun  cuando  se entendiese que el ataque lo  quiso  orientar  por  la  vía  del   error  de  hecho  por falso juicio de  existencia   por  omisión,  toda  vez  que  cuestionó  el  desconocimiento  de  “este     conjunto    de    premisas”,  es  decir,  las  pruebas  que  conducen  a demostrar la buena  conducta  anterior  de los procesados, de todos modos no lo desarrolló, pues no  precisa  cuáles  son  los medios de convicción que no fueron estimados y cómo  ese  yerro  llevó  a  los  falladores  a declarar una verdad distinta de la que  revela el proceso.   

A    más    de   lo   anterior,   olvidó   igualmente  el  censor  que   el    fallo    llega   a  esta   sede   precedido   de   la   doble  presunción  de  acierto  y   legalidad,    es  decir,   que   los   hechos   y   las   pruebas   fueron   correctamente   apreciadas   y  el     derecho    acertadamente    aplicado,    motivo   por    el   cual   constituye   una  carga   para   el    demandante    entrar    a   evidenciar   el   error    in    iudicando    o    in    procedendo   invocado,    según    el   caso,   y   demostrar   su    trascendencia   frente    a   las   conclusiones   adoptadas  en  la  sentencia.   

Por  consiguiente,  al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda   de  casación  conjunta  presentada  por  el  defensor  de   CARLOS   AUGUSTO   VEGA   ARENIS   y  EDGAR  MAURICIO  OVIEDO. En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                    HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                             EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO                       

Impedido  

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                    JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                             MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

                                 TERESA       RUÍZ  NÚÑEZ   

                             Secretaria     

1 Rad.  14899,  sentencia del 6 de mayo de 2003, M.P. Dra. Marina Pulido de Barón; Rad.  18580,  auto  del  12  de mayo de 2004, M.P. Dr. Álvaro Orlando Pérez Pinzón;  Rad.  21821, sentencia del 2 de marzo de 2005, M.P. DR. Alfredo Gómez Quintero,  entre otros.     

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