22135(17-02-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22135   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 009.  

         

Bogotá D.C., febrero diecisiete (17) de dos  mil cinco (2005).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  la  petición  de  nulidad  parcial  del  auto proferido el 19 de enero del año en curso, presentada por el  Procurador Tercero Delegado para la Casación Penal.   

ANTECEDENTES RELEVANTES  

Mediante  el auto referido, la Sala decidió  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado  GUILLERMO  LEYVA RAMÍREZ, al  encontrar  que el único cargo propuesto no cumplía con los requisitos formales  previstos  en  el  artículo  212 de la Ley 600 de 2000.            

No  obstante  lo  anterior, también se pudo  establecer    que   el   procesado   LEYVA   RAMÍREZ  fue  condenado  por  una  conducta  diferente a la que  aceptó  en  la  diligencia de formulación de cargos que se llevó a cabo el 25  de  junio  de  2003,  con  ocasión  de  la  solicitud que elevó de acogerse al  trámite de sentencia anticipada.     

En  vista  de esta situación, al advertirse  una  eventual  vulneración  de  los  derechos fundamentales al debido proceso y  defensa  del  procesado,  en  el  mismo  auto  se  ordenó  correr  traslado  al  Ministerio  Público  para  que  rindiera  concepto  en relación con la posible  afectación  de  garantías  puesta  de  manifiesto (numeral segundo de la parte  resolutiva).      

LA SOLICITUD DE NULIDAD  

              El  señor  Procurador  Tercero  Delegado  para  la  Casación Penal depreca la nulidad parcial del auto  del  pasado  enero  19,  en  relación  con  el  numeral  segundo  de  la  parte  resolutiva,  por medio del cual se ordenó correr traslado a esa Representación  con  el  objeto de que se pronunciara al respecto de la eventual vulneración de  garantías  fundamentales  del  procesado  GUILLERMO    LEYVA   RAMÍREZ, con sustento en los siguientes argumentos:   

              1.  Indica  que  los  conceptos  de  casación  oficiosa  y  oficiosa  asunción  de  la casación son  diversos,  confusión  en  la  que  incurre  esta  Sala debido a la intelección  incorrecta  de  la  facultad  contenida  en  el  artículo  216 de la Ley 600 de  2000.              

              En  el  primer  caso  –precisa-   una   vez   la   Corte  ha  adquirido  competencia  para tramitar y decidir un recurso de casación, la ley la autoriza  para    que    declare    las    nulidades   que   observe   “aun   sin  la  necesidad  de  que  la  causal  correspondiente   haya  sido  alegada  por  el  demandante”,  lo cual constituye una excepción al principio  de  limitación  que  rige  al  recurso  de  casación  contenido en el precepto  citado.    

              Pero  ninguna  norma  -agrega-  autoriza  a esta Sala para asumir la competencia de revisión oficiosa  frente  a  cualquier caso en que se haya enterado de una posible vulneración de  garantías  fundamentales pues, como órgano de la jurisdicción, tiene regladas  sus  competencias  en  el  marco  del  Estado  de Derecho, de conformidad con lo  normado  en  el  artículo 235 de la Carta Política y de acuerdo con las reglas  legales  que  desarrollan  este mandato constitucional, tal como lo establece el  artículo 121 también de la Carta Fundamental.   

              En  ese orden de ideas  el  estatuto  procesal  penal dispone que el recurso extraordinario de casación  está   supeditado   a  unos  requisitos  y  trámites  claramente  determinados  “uno de los cuales implica  la    admisión    de    una   demanda”,  dado el carácter rogado del medio extraordinario de impugnación  por   lo   que   no   puede   ser  asumido  oficiosamente  por  el  Tribunal  de  Casación.   

De  allí  que  los principios del Estado de  derecho  no  pueden  ignorarse  bajo la excusa de la aplicación de uno de ellos  por  encima  de  las  normas jurídicas que regulan la actividad de los órganos  del  Estado, toda vez que en lugar de asegurarse la vigencia de los derechos que  amparan    las    instituciones    jurídicas    y   el   Estado,   “se  cae en la tiranía de actuar sin sujeción a los principios y  normas  que  garantizan  la  seguridad jurídica y permiten la vigencia de todos  los coasociados”.   

Así  las  cosas,  reitera  que la casación  oficiosa  comporta  la  existencia  de  una  demanda  en  forma  y presupone, en  consecuencia,  su admisión por parte de la Corte “no  el  simple  acceso del expediente a la secretaría de la corporación judicial o  al despacho del magistrado ponente”.   

2.   Destaca,  igualmente, que la Corte  carece  de  competencia  para  asumir  un  trámite  posterior a la decisión de  inadmitir  una  demanda,  en  tanto ésta se establece legalmente y restringe la  capacidad  del  funcionario a los aspectos específicamente regulados en ella de  acuerdo  con los distintos  factores que la determinan, por lo que se trata  de  normas  de orden público, esto es, indisponibles tanto para las partes como  para el juez.   

  La competencia en materia  de  casación  penal,  enfatiza el Procurador Delegado, está regulada en razón  de  la  materia, respecto de las sentencias por los delitos que tengan señalada  una  pena  privativa de la libertad que exceda de ochos años, y en razón de la  función,  en  tanto el único órgano que tiene competencia para asumirla es el  Tribunal   de  Casación.           

En  esas  condiciones, la simple asignación  legal  de  los  asuntos aunque satisface uno de los aspectos indispensables para  establecer  la  competencia  del  funcionario,  no  es  suficiente  para  que el  funcionario  adquiera  capacidad  de juzgamiento, pues la ley procesal exige que  para  su  ejercicio  es  preciso  agotar  unos  pasos o requisitos determinados,  previstos  en  el  artículo  213  de la Ley 600, según el cual, tanto para los  asuntos  de  que  conoce  por  la vía ordinaria de impugnación extraordinaria,  como  por  la  discrecional,  se  supeditan,  además de la legitimación que le  asista    al    recurrente,    a    la    existencia    de    una   demanda   en  forma.                

         

          De  modo  que,  si  la  Corte  estima que la demanda de casación no  cumple  con  los  requisitos formales debe inadmitirla e, inmediatamente, pierde  competencia     para     hacer     cualquier    pronunciamiento,    “pues  la inadmisión implica el rechazo de la competencia para el  recurso   extraordinario”;   en   esa  condiciones,  prosigue,  lo  procedente  es  devolver  el proceso al despacho de origen.   Como  en  el caso sometido a estudio en el primer numeral de la parte resolutiva  del  auto  se declaró que la demanda presentada por el defensor de LEYVA  RAMÍREZ   no  satisfacía los  requisitos  formales,  la  Corte declaró su incompetencia funcional para seguir  conociendo  del recurso extraordinario y, en esa medida, no podía continuar con  el     trámite    propio    del    recurso.          

          3.  Con  respecto a los supuestos constitucionales en que se basa la  decisión  cuya  nulidad  pretende,  aduce  que  esta Sala en decisión el 19 de  agosto  del  año  anterior  con  ponencia  del H. Magistrado Dr. Yesid Ramírez  Bastidas,  “invocó  algunos  fundamentos de índole  constitucional  con  el fin de transgredir las reglas legales del juzgamiento”  y  adujo  al  contenido  garantista  que  modernamente  orienta  la interpretación de las normas jurídicas con el objeto de superar el  excesivo  “procedimentalismo”,  pero  con  la  tesis  expuesta  “paradójicamente   la   Corte  logra  vulnerar  lo  que  pretende  defender:  las  garantías  judiciales”, al poner en  riesgo  la  seguridad  jurídica de los asociados, permitiendo que las reglas de  procedimiento  sean  aplicadas  “al  acomodo  de una  situación concreta”.   

               

Lo  anterior,  porque al admitirse una tesis  como  la  que  pregona  la  Sala,  podría asumirse el conocimiento de cualquier  proceso  penal  con  la  excusa  de  examinar  posibles violaciones de preceptos  constitucionales  “aún  sin  que el sujeto procesal  presentara  una demanda que lo permitiera”, bajo esas  condiciones,  bastaría  la  voluntad  del  Tribunal  de Casación para entrar a  revisar  la  sentencia incluso en los casos en que ella favoreciera al implicado  pero   afectando,   por   ejemplo,   el   interés   patrimonial   de  la  parte  civil.   

Disiente  también  de la aseveración de la  Corte  en el sentido de que los modernos desarrollos de la casación le permiten  efectuar  un “control constitucional” que le era extraño hasta ahora porque  este  control  es  obligatorio  para  todas las actuaciones judiciales, hasta el  punto de que es presupuesto de la validez de sus decisiones.   

Así,  la  decisión  oficiosa  sobre  las  nulidades,   aun   en   la  casación,   es  consecuencia  de  la  función  jurisdiccional  y  no  de  las  innovaciones frente a este recurso, pero ello no  avala  la  tesis que cuestiona para que se tramite el recurso extraordinario por  fuera  de  los presupuestos necesarios para su resolución, como lo son interés  para impugnar y demanda en forma.   

En  consecuencia,  si  la  Sala  llegare  a  encontrar  al  momento  de  calificar  la  demanda  que  existe  una  causal  de  anulación  de  lo  actuado  lo procedente “siempre y  cuando  no  exista  otro  remedio  procesal  para  la  corrección del vicio, es  admitir  la  demanda  de  casación para adquirir, por esta vía, la competencia  correspondiente  y,  luego de tramitado el recurso, resolver lo pertinente en la  sentencia  de  casación  respectiva”,  en este caso  decretando  la  nulidad  y  remitiendo  al  despacho de origen para que allí se  corrija lo pertinente.   

Con  fundamento  en lo anterior, solicita se  declare la nulidad del numeral segundo del auto referido.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Con  los  mismos  argumentos  expuestos  en  precedencia  el  señor  Procurador  Tercero  Delegado para la Casación Penal, deprecó la nulidad de un  auto  previo  proferido  por  esta  Sala  de  fecha  agosto  19  de la anualidad  anterior,  por medio del cual, en un asunto sustancialmente similar al que ocupa  la  atención,  inadmitió la demanda de casación presentada por el defensor de  Juan     Carlos    Correa    Cristancho,  pero  ordenó  correr  traslado  al  Ministerio Público para que  conceptuara  sobre  la  eventual  vulneración  de  garantías fundamentales del  mencionado.   

          Mediante  auto  del  20  de  octubre siguiente, la Sala en decisión  mayoritaria  no  accedió a la petición de nulidad elevada y dispuso el regreso  del  expediente  al  despacho del Representante de la sociedad para que rindiera  concepto  de  acuerdo con lo indicado en la decisión previa, a cuyos argumentos  se   hace   remisión   en   esta   oportunidad   por   tratarse   de  idéntica  propuesta1.     

          No  obstante lo anterior y con el fin de reiterar la posición de la  Sala  sobre  el  tema  objeto de discusión, se impone recabar que no resulta de  recibo  la interpretación que de las normas que regentan el trámite casacional  efectúa  el señor Agente del Ministerio Público, para de ahí concluir que se  carece  de  competencia para pronunciarse en torno a la eventual vulneración de  garantías   fundamentales   cuando  inadmite  la  demanda  por  no  reunir  los  requisitos de forma.   

El  punto  focal  de  su propuesta parte del  análisis  del  artículo  213  de la Ley 600 de 2000, según el cual en caso de  que  la  Corte  encuentre  que  el  libelo  no  reúne  los  requisitos formales  previstos  en el artículo anterior no tiene opción diversa a la de devolver el  expediente   al   despacho   de   origen,   declinando   con  esa  decisión  su  competencia;   dicho  en otras palabras, la declaratoria de inadmisión del  recurso  constituye  un  acto  expreso  de  renuncia  a continuar conociendo del  asunto.   

Con la interpretación anterior se desconoce  que  el  trámite  del recurso extraordinario de casación cuenta con tres fases  plenamente  diferenciales  entre  sí.   La  primera,  que corresponde a la  etapa  de interposición y concesión del recurso;  la segunda, referente a  su   admisibilidad   y   una   tercera  etapa,  en  donde  se  decide  sobre  su  estimación2.           

Superada la primera fase, esto es, concedido  el  recurso  por  el funcionario que profirió la sentencia de segunda instancia  objeto  de  impugnación, no se puede inferir, como lo hace el señor Procurador  Delegado,  que  se trata de un simple acto de “asignación” del proceso a la  Corte,  pues  de  inmediato,  en  la  llamada etapa de admisibilidad, se pone en  marcha  un doble control que no se limita al estudio sobre la legitimación para  recurrir  del  demandante  y  la  verificación de que el escrito cumple con los  requisitos  de  forma (control formal), sino indiscutiblemente abarca un control  que  va  mucho  más  allá,  en  donde se acomete la revisión de la actuación  procesal  y  de  la  sentencia a efectos de establecer que no se hayan vulnerado  garantías  fundamentales  de  las  partes  intervinientes  en  el proceso penal  (control                               oficioso                               de  garantías).                 

Cada uno de esos actos de control genera una  consecuencia  independiente;   de  esa  forma,  si por virtud del efectuado  sobre  la  legitimación  para  recurrir  y  el  cumplimiento  de los requisitos  formales  de  la  demanda,  se  advierte  que  no se está frente a uno de estos  presupuestos   o   los   dos  -siempre  y  cuando  no  se  vislumbre  ostensible  vulneración  de  garantías  fundamentales-  la decisión que corresponde tomar  conforme  a  derecho es la de inadmitir la demanda y darle aplicación al efecto  dispuesto  en  el  artículo  213  de  la  Ley 600 de 2000, es decir, remitir el  expediente  al  despacho  de origen.  En este caso es claro que el trámite  casacional       no       alcanza      su      última      etapa      o      de  estimación.          

En  el evento de establecerse que la demanda  satisface  los  condicionamientos de legitimación para impugnar y presentada en  debida  forma, simplemente se deberá proceder de acuerdo con lo dispuesto en la  última  parte  de  la  disposición  en cita, en el sentido de que “se  surtirá  traslado  al Procurador delegado en lo penal por un  término    de    veinte    (20)   días   para   que   obligatoriamente   emita  concepto”,  accediendo así el trámite a su última  etapa  referente  a su estimación, en la cual el Representante de la sociedad y  la   Sala   acometen   el   estudio   de   fondo  del  asunto  planteado  en  el  libelo.   

     

Sin embargo, puede suceder que la Corte en el  estudio   concerniente   a  la  admisibilidad  del  libelo,  no  haya  advertido  falta   de  legitimación  para impugnar del recurrente o que el escrito no  cumplía  con  los  requisitos  formales.  Frente a dichas situaciones y bajo la  misma  sistemática expuesta, se ha considerado que la solución viable no es la  de  retornar  el  asunto a una fase agotada mediante el decreto de nulidad de la  actuación  a partir del auto que admitió el libelo, sino desestimarlo en tanto  el  vicio persiste y no pierde fuerza sólo por el hecho de no haberse detectado  en   una   fase   previa  del  trámite  casacional3.            

Pero,  si  en  ejercicio  del  doble control  referido  se  advierte  que  el  escrito  de  sustentación  no  cumple  con los  requisitos  formales  -en  cuyo  caso la solución que corresponde legalmente es  inadmitirlo-  y  se  advierte  a la par una ostensible afrenta de las garantías  fundamentales  -evento  en  el  cual  la  solución pertinente es la de casar el  fallo-,  debe adoptarse una solución consecuente lógica y procesalmente con el  efecto que cada una de estas situaciones comporta.   

Así  las  cosas, lo procedente en relación  con  el  incumplimiento  de  los  requisitos  formales  del libelo o la falta de  legitimación  del  impugnante  es  inadmitir  la  demanda,  de  manera  que  la  impugnación   pretendida  no  supera  la  fase  de  admisibilidad  del  recurso  extraordinario,  e  ilógico  resultaría  que  se  permitiera su arribo a la de  estimación,  porque  tales falencias no pueden dar lugar al estudio del aspecto  de  fondo  planteado.   Situación muy distinta ocurre cuando esos defectos  no  se detectan en el análisis de admisibilidad, pero lo que no se puede avalar  es  que  deliberadamente  se  admita  un  escrito que desde el primer momento se  advierte  no  cumple  con  las  exigencias  formales  y  de  legitimación  para  impugnar.      

Por  su  parte,  el  efecto consecuente a la  constatación  oficiosa  de posibles violaciones a las garantías fundamentales,  cuya  alegación  no está incluida en la demanda o no cumple con los requisitos  formales,  no  está  supeditado al de la decisión que se tome en relación con  el  escrito y, por consiguiente, debe acceder inmediatamente a la siguiente fase  del  trámite  del  medio  extraordinario  de  impugnación,  esto  es, al de la  estimación,  desde  luego que no de la demanda, sino del estudio de fondo sobre  la  posibilidad  de  casar  el  fallo precisamente a consecuencia de la eventual  vulneración  de  garantías que se evidenció en ejercicio del control oficioso  efectuado.   

En  esas  condiciones,  como  respecto de la  posible  violación  de  garantías  se  supera  la  fase  de  admisibilidad del  recurso,  la  cual,  por lo señalado, no se limita al estudio de la demanda, se  abre  paso  a la siguiente etapa, cuyo acto inicial conforme con la sistemática  contenida  en  la  Ley  600  de  2000  es  el  traslado respectivo al Procurador  Delegado  en  lo  Penal  para  que emita concepto en torno del único asunto que  accede   a  dicha  fase;  es  decir,  la  eventual  vulneración  de  garantías  fundamentales.   Luego  de  ello, el asunto regresará a esta Sala para que  se  pronuncie  definitivamente  sobre  la posible nulidad de la actuación y, si  así lo considera pertinente, case el fallo.   

En el caso que concita la atención se tiene  que   en   desarrollo  del  doble  control  que  se  acometió  en  la  fase  de  admisibilidad  del  recurso,  se  pudo  establecer  que  la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de GUILLERMO LEYVA   RAMÍREZ  no  cumplía  con los requisitos formales y,  por  esa  razón,  la  solución  adecuada  frente  a  tal  situación fue la de  inadmitirla;   sin  embargo,  se  evidenció  una  posible  afrenta  a  las  garantías  del  procesado en tanto no fue condenado por la conducta que aceptó  en  diligencia de formulación de cargos que se llevó a cabo con ocasión de su  acogimiento  al  trámite  de  sentencia  anticipada,  lo  que determinó correr  traslado  al  Ministerio  Público  para  que  conceptuara  al  respecto  de esa  situación específica y concreta.       

De lo anterior se colige que, contrario a lo  que  sostiene  el  señor  Procurador  Delegado  en  el  escrito que presenta en  sustento  de  su petición de nulidad parcial del auto proferido el pasado 19 de  enero,  la  Corte no ha deslindado los parámetros que determinan su competencia  legal  para  conocer  del  recurso  extraordinario  de  casación;   por el  contrario,  actuó  en  forma  coherente  con  sus  funciones  y  los  preceptos  normativos  que  le  fijan  su  competencia,  en especial cuando se advierte una  posible   vulneración   de   las   garantías   fundamentales  de  los  sujetos  intervinientes  en el proceso penal, de conformidad con los artículos 206 y 216  ibídem.       

Lo expuesto constituye razón suficiente para  que  la  Corte  no  acceda a la solicitud de nulidad propuesta por el Procurador  Tercero  Delegado  para  la Casación Penal y se ordene que el proceso regrese a  su  despacho  para  que emita concepto a tenor de lo dispuesto en el numeral 7°  del  artículo  277  de  la Constitución Política y 124 de la Ley 600 de 2000,  tal como se le solicitó en el auto del pasado 19 de enero.   

          En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.-                     NO   DECRETAR   la  nulidad  parcial  del  auto de fecha enero 19 del año en curso, por las razones  consignadas en la anterior motivación.   

          2.-            REGRESAR,  en  consecuencia, el expediente  al  Ministerio  Público,  para  el  efecto  señalado  en  auto  de enero 19 de  2004.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

Salvamento de voto  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                     ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN           JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Salvamento parcial de voto  

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

(Casación No. 22. 135)  

He  salvado el voto respecto del punto 2º  de  la  parte resolutiva del auto dictado por la Corte, pues no estoy de acuerdo  con  que,  inadmitida  una  demanda  de  casación,  se disponga el traslado del  expediente  a  la  Procuraduría  para  que conceptúe sobre la violación de un  derecho fundamental. Y no comparto la idea, porque:   

1.  Establecida  la  vulneración  de  un  derecho  o  de una garantía, de inmediato  el  funcionario  judicial  tiene el deber de declararlo, salvo en  aquellos  eventos en los cuales se admite la demanda de casación y se remite al  Ministerio  Público.  Si la ruptura de los derechos es algo grave, y a plenitud  la  detecta  el  juez  de  casación, lo que debe hacer es decretar la lesión a  ellos tan pronto recibe el proceso y se percata de ello.   

2.  No  veo  cómo  pueda  el  Ministerio  Público   opinar   frente   a   una   demanda  que  no  reúne  los  requisitos  técnico-formales  mínimos.  No sé cómo podría hacerlo pues es la propia ley  la  que  determina  como  requisito de procedibilidad  para  esa entidad la declaración de “admitida” o  “ajustada”      la      demanda.      Basta     leer     la     disposición  correspondiente.   

3.  Oía  en  Sala  que  se hacía “para  mayores  garantías”.  No  veo por qué se hace con esa finalidad, si se tiene  claro  que  ha  existido  desconocimiento de derechos. Con el traslado lo que se  hace  es  lo  contrario:  prolongar  aún  más,  sin razón, la ruptura de esos  derechos.   

4. ¿Qué mayor garantía ciudadana que un  pronunciamiento  directo  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, Organismo que, se  afirma, es el máximo de la jurisdicción ordinaria?   

La  Corte, entonces, en vez de aumentar el  tiempo   de  lesión  de  derechos  fundamentales,  y  de  hacer  giros  que  la  Constitución  y la ley prohíben, tenía que ocuparse directamente, de una vez,  del tema.   

Álvaro Orlando Pérez Pinzón  

13.4.2005.  

    

1  Radicación  21302,  auto  de  fecha octubre 20 de 2004, M.P. Dr. Yesid Ramírez  Bastidas.   

2  Radicación  16957,  auto  de  fecha primeo de diciembre de 2004;  M.P. Dr.  Yesid Ramírez Bastidas.    

3  Casación   de  fecha  abril  20  de  1999;  M.P.  Dr.  Carlos  Augusto  Gálvez  Argote.     

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