23959(31-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23959  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado acta número 064  

Bogotá. D.C., treinta y uno de agosto de dos  mil cinco.   

          Decide  la  Corte lo pertinente con relación a la admisibilidad de  la   demanda   de   casación  interpuesta  por  la  defensora  de  Bruno  Sánchez  López  en  contra de la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de Santa Marta el 15 de diciembre  de  2004,  mediante  la  cual  confirmó la del Juzgado penal del circuito de El  Banco  (Magdalena),  que lo  condenó  a  la  pena principal de 25 años de prisión como autor del delito de  homicidio agravado.   

HECHOS  

          Aproximadamente  a  las  10  u  11 de la noche del 13 de febrero de  1994,  Francisco  Cáceres  Guillén  fue ultimado de cuatro disparos de arma de  fuego  en  la  caseta  de  la Sabana de Tasajera, ubicada en el Corregimiento de  Villanueva del Municipio de Guamal, Magdalena.   

          Luego  de  escuchar las detonaciones, Carlos Antonio Flórez, quien  se    encontraba    afuera    del    establecimiento,   miró   a   Bruno  Sánchez  López  salir  corriendo  portando aún  el arma de fuego.   

         

ACTUACION PROCESAL  

          1.   Con   base   en  la  diligencia  de  levantamiento  del cadáver de Francisco Cáceres Guillen, la Fiscalía 24 de la  Unidad  de  Fiscalías de El Banco, Magdalena, abrió investigación previa el 7  de    mayo    de    1994    (fs.,    14).   

          2.   Con  base  en  la  declaración  de  Francisco   Cáceres   Reyes   (fs.,  29),  padre de la víctima y quien directamente le imputó la autoría  del  homicidio  a  Bruno Sánchez López, la fiscalía, el 16 de agosto de 1994,  la  misma  fiscalía  abrió  investigación  penal, ordenó la vinculación del  imputado    y   libró   orden   de   captura   (fs.,  37).   

          3.  El  13 de enero de 1995, la fiscalía  emplazó  al  imputado  y  el  día  24 del mismo mes y año lo declaró persona  ausente    (fs.,    68),  designándole  al defensor de oficio que se posesionó el 3 de febrero del mismo  año   (fs.,   81),  para  después,  el  8  de febrero, resolverle la situación jurídica, absteniéndose  de    imponerle   medida   de   aseguramiento   (fs.,  84).   

          4.  El  2  de enero de 1996, la fiscalía  cerró   la   investigación   (fs.,  164),  que  calificó  el  31  de  enero  del  mismo  año, acusando al  sindicado  por  la comisión del delito de homicidio en concurso con el de porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de defensa personal (fs.,  174).   

          5.  El  27 de octubre de 1997, el Juzgado  penal  del  circuito de El Banco, declaró la nulidad de lo actuado a partir del  auto  mediante  el  cual  se  clausuró  la  investigación  penal  (fs., 193).   

          6.  La Fiscalía, nuevamente, procedió a  definirle   la  situación  jurídica  al  sindicado,  imponiéndole  medida  de  aseguramiento  por  el  concurso de delitos de homicidio y porte ilegal de armas  (fs.,   206),   y  luego,  después  de  cerrar  la investigación, la calificó, acusando al sindicado por  los  mismos  comportamientos,  mediante  providencia  del  14  de  enero de 1999  (fs.,   212).   

          4.  El 27 de noviembre de 2001, el Juzgado  penal  del  circuito  de  El Banco, volvió a decretar la nulidad de lo actuado,  esta  vez porque el instructor al resolver la situación jurídica del sindicado  no   dijo  que  lo  acusaba  de  ser  el  “presunto  responsable”,  sino  el  “responsable”   de   los   hechos   que  le  fueron  imputados  (fs., 236).   

          5.    El    14   de   enero   de   2004,  la  fiscalía  se  ocupó  nuevamente  de  definir  la  situación    jurídica    del    procesado    (fs.,  241),  para  el  30  de  enero  del mismo año cerrar  nuevamente  la  investigación  que calificó el 9 de marzo de 2004, acusando al  procesado  de  la  comisión  del  delito  de  homicidio  agravado  (fs., 270).   

          6.  El  4  de mayo de 2004 se  llevó a cabo la diligencia de audiencia  pública,  y  el  11 de junio del mismo año el Juzgado penal del circuito de El  Banco  dictó  la  sentencia  primera  de instancia, mediante la cual condenó a  Bruno  Sánchez  López a la  pena  principal  de  25 años de prisión como autor del delito de homicidio que  le fuera imputado.   

          7.  Apelada  la  decisión,  el  Tribunal  superior  de  Santa  Marta  la confirmó mediante la suya del 15 de diciembre de  2004.   

          8.  Contra esta decisión el defensor del  sindicado    interpuso    oportunamente    el    recurso    extraordinario    de  casación.   

DEMANDA DE CASACION  

          Tres  cargos  formula  el demandante contra la sentencia de segunda  instancia:  dos con apoyo en la causal tercera de casación y uno con fundamento  en la primera.   

         

Causal tercera.  

          Primer   cargo:  Nulidad  por  irregularidades  sustanciales  que  afectan  el  derecho al debido  proceso.   

          El   debido   proceso   –  aduce  el  demandante  –,  se  construye  sobre  una  serie  de  garantías  sustanciales y  procesales,   diseñadas   para   asegurar   la  legalidad  de  las  actuaciones  judiciales,  las  cuales de no respetarse afectan la validez del proceso penal y  comprometen su núcleo esencial.   

          Precisamente,  por  no acatar esas directrices, se incurrió en una  serie  de  irregularidades  sustanciales,  entre  las  cuales  se  destacan  las  siguientes:   

          Haber  ordenado la vinculación del procesado como persona ausente,  sin  esperar  el  término  de  diez días a que se refiere el artículo 356 del  decreto 2700 de 1991, para que el sindicado comparezca al proceso.   

          No  averiguar  con  que  clase  de  arma  pudo haberse disparado el  proyectil que fue recuperado del cuerpo del occiso.   

            No haber vinculado mediante indagatoria a Carlos Flórez, a quien  los    familiares    del   occiso   inculparon   del   homicidio   de   Cáceres  Guillén.   

          Darle  crédito  a  los  testimonios  de  los  hermanos de Cáceres  Guillén,  siendo  que ellos apenas expresaron lo que oyeron de Armides Mercado,  quien no fue llamado a declarar.   

          Haberle   designado  defensor  de  oficio  al  procesado,  ante  la  renuncia  de su abogado de confianza, olvidando que esta solo se configura cinco  días   después   de   notificarse   el   auto   que   la  admite  (artículo   69  del  código  de  procedimiento  civil).   

          Haber  escuchado en versión al procesado en la audiencia pública,  sin     explicarle     los     beneficios    punitivos    y    sus    garantías  procesales.   

          Haberle  imputado  en  la definición de la situación jurídica la  autoría  del  delito  de  homicidio  simple  y  variarla  en  la acusación por  homicidio agravado.   

          Condenar  al  justiciable  a  pagar  perjuicios  del  orden  de 400  salarios mínimos, sin haberse probado.   

          Segundo    cargo:    Nulidad   por   violación   del   derecho   de  defensa.   

          En   el  proceso  penal  –  se afirma en la demanda –  se  deben  reconocer  y  proteger  derechos  como  el de defensa,  consignados    en    la    Constitución    Política    y   en   los   tratados  internacionales.   

          Ese  propósito  no  se  logra cuando, como ocurrió en el proceso,  los  defensores  no residen en la sede del juicio, ni son diligentes, ni conocen  el  expediente,  ni  interponen pruebas y menos recursos, de manera que dejan el  procesado  no  se  encuentra  materialmente  asistido,  como  se destaca con los  siguientes actos irregulares:   

          Se  le  designó  defensor  de oficio al ser vinculado como persona  ausente, pero el defensor se posesionó 7 días después.   

          El   hermano   de  la  víctima  al  declarar  se  refirió  a  las  características   morfológicas   del  victimario,  mas  en  la  diligencia  de  audiencia  pública,  al  escuchar  la  versión  del  sindicado,  no  se  dejó  constancia de esas notas descriptivas.   

          Además  de ello, el defensor de confianza, quien no desarrollo una  defensa  técnica,  propició  al  renunciar al poder que le fuera otorgado, que  entre  el 22 de marzo de 1995 y el 2 de enero de 1996, el procesado careciera de  asistencia legal.   

          En  lo  demás, el demandante enumera y reitera las irregularidades  sustanciales que señaló al construir el primer cargo.   

          Causal primera.   

          Cargo  único: Infracción de la ley sustancial por errores de hecho  por falso juicio de identidad en la apreciación de las pruebas.   

          Según  el demandante, a testimonios indirectos, indicios morales y  testigos  contradictorios,  el Tribunal les concedió, como a todas las pruebas,  un alcance que no corresponde a su sentido fáctico.   

          Después  de transcribir el contenido de los artículos relativos a  la  pruebas  testimonial  e  indiciaria, resalta que los hermanos de la víctima  declararon  que fue el procesado el autor de la conducta, junto con Carlos Ramos  Flórez,  a  quien  curiosamente  no se vinculó al proceso como sindicado, pero  quien  como testigo ofreció diferentes versiones, que el juzgado ni el Tribunal  no tuvieron en cuenta a la hora de resolver sus contradicciones.   

          En  efecto,  el  testigo  expuso dos versiones de los hechos: en la  primera  acusó  directamente  al  procesado  de  la  comisión  de  la conducta  investigada,  mientras  que  en la segunda dijo no acordarse; sin embargo, se le  dio  crédito  a  ese  testimonio, que en su criterio seguramente lo recibió el  secretario de la fiscalía y no el fiscal.   

          Además,  el juicio de responsabilidad se construyó con fundamento  en   pruebas   de   referencia   (los  testimonios  de  oídas), que no son pruebas, concediéndoles un valor  que   ellas  en  sí  mismo  no  tienen,  ignorando  el  principio  de  la  sana  crítica.   

          Diserta  luego  sobre  la  validez  de  los  juicios  morales,  tan  criticados   por   nuestra   doctrina,   como   lo  son  los  de  huida  y  mala  justificación,  hoy  en  decadencia  frente al derecho probatorio moderno, para  finalmente  concluir   que  los errores denunciados son trascendentes, pues  de  no  haberse  incurrido  en  ellos,  la conclusión del Tribunal habría sido  distinta a la expresada en la sentencia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  demanda  se inadmitirá. En la formulación de los cargos no es  clara,  sino  confusa  e  imprecisa; y la argumentación no es coherente con los  motivos y las causales aducidas.   

En  efecto,  en la postulación de la causal  tercera  no  basta  con  hacer alusiones generales acerca del concepto de debido  proceso  o  sobre  el  derecho  de defensa, sino que es necesario distinguir los  defectos    procesales    que    constituyen   vicios   de   rito   (que   miran   mas   a   la   estructura   del  proceso)   de   los  vicios  de  garantía  (cuyo  énfasis  se  centra  en el derecho de defensa y en la protección de garantías  fundamentales),   con   el   fin   de  demostrar  su  trascendencia  y  su  capacidad  para  anular  el  juicio,  en  el  marco de los  principios  de  convalidación, trascendencia y protección que rigen en materia  de  nulidades  (numerales  1,  3,  4  y 5 inciso 2 del  artículo 310 de la ley 600 de 2000).   

Pero  si la coherencia que se debe guardar a  la  hora  de distinguir las distintas variables que pueden suscitarse en materia  de  errores  de  procedimiento y de garantía es esencial, no lo es menos la que  se   requiere  para  no  incluir,  dentro  de  la  misma  causal,  aspectos  que  corresponden  a  infracciones  indirectas  de  la ley, en orden a no vulnerar el  principio  de autonomía de las causales (numerales 3 y  4    del    artículo    212    de    la    ley    600    de   2002).   

De  aquellas precisiones carece la demanda.  En  efecto,  pese  a que el censor atacó la sentencia por haberse dictado en un  juicio  viciado  de  nulidad,  fuera de que no distingue la trascendencia de los  vicios,  incluye  en  ellos  aspectos relacionados con posibles errores de hecho  por   apreciación   indebida   de   algunos   medios   de  prueba  (haberle  dado  crédito  a la declaración de los hermanos Cáceres  Guillén, por ejemplo).   

Ese  lenguaje  confuso y difuso es común a  los   dos  cargos  formulados  con  apoyo  en  la  causal  tercera  –  que al fin y al cabo son idénticos  –,   pues   en   ellos  indistintamente  se hace alusión a los mismos vicios, solo que aparentemente en  un  caso bajo la óptica del debido proceso y en otro en el marco del derecho de  defensa.   

Tanto  es  además  que  los  cargos  no se  precisan,  que  para  citar  un  ejemplo, la posible falta de vinculación de un  partícipe  no  la  desarrolla  y  algunas  veces  se  postula  como un vicio de  estructura  y  otras  como  un  error  de garantía, al tiempo que se censura la  condena  en  perjuicios por falta de pruebas, cuando una tal temática ha debido  proponerse por vía de la infracción indirecta de la ley.   

De     otra     parte    –   ya  con  respecto a la causal  primera  –,  dígase que  cuando  se  denuncia la infracción indirecta de la ley, el demandante tiene por  deber  indicar  la  clase  de error y la modalidad del mismo, pues el proceso de  demostración  debe  ser  consecuente  con la perspectiva seleccionada. Así, el  error  de  hecho  por  falso juicio de identidad, al cual se hace alusión en la  demanda,  no  puede  desarrollarse  mediante planteamientos que se utilizan para  denunciar  el  error  de  hecho  por  falso  raciocinio, pues éste último, por  principio,  es  un  problema  de  indebida argumentación, mientras que aquel es  esencialmente objetivo.   

Olvidando  que  ese  punto  de  vista  es  esencial,  el demandante nuevamente, como en los anteriores cargos, en perjuicio  de  la  claridad,  precisión  y coherencia que se requieren, indistintamente se  refiere  a  posibles  errores  en  la  apreciación  de  las  pruebas,  pero sin  percatarse  que  sus  afirmaciones corresponden a veces a modalidades vinculadas  con  errores  de  hecho por falso raciocinio, cuando no en otros casos a errores  de   derecho   por   infracción   al  debido  proceso  probatorio  (apreciar  pruebas  ilegalmente aportadas al expediente).   

En  consecuencia, si la modalidad de ataque  seleccionada   fuese   la   correcta  –     lo     que     ciertamente     no     lo    es    –,  en el hipotético evento del error  de  hecho por falso juicio de identidad, al cual hace alusión el demandante, ha  debido  indicar  lo  que  expresa objetivamente el medio y lo que dijo de él el  juzgador,  y  la  trascendencia de ese error en la construcción de la decisión  final,  mediante  una nueva apreciación de las diversas pruebas superando, para  destacarlos, los errores denunciados.   

Mas  nada  de  eso  se logra cuando solo se  anuncia  la modalidad de error, pero sin desarrollar el concepto. O, cuando bajo  la  nomenclatura  de  un  error  de  hecho por falso juicio de identidad, parece  denunciarse  un  error  por  falso  raciocinio.  En  fin, cuando por la falta de  claridad  y precisión en la postulación del cargo no se sabe cuál de aquellas  modalidades  fue  seleccionada,  pues  al  referirse  a los indicios que habría  tenido  en  cuenta  el  Tribunal,  no  explica  si  el  error  recae en el hecho  indicador   (en  donde  generalmente  se  manifiestan  errores  de hecho por falso juicio de identidad), o en  la  inferencia  (en donde priman los errores por falso  raciocinio), o en la conclusión.   

Menos  explica  por  qué el  juzgador  habría    incurrido    en   error   –y   de   qué   clase   –  al  apreciar  las diferentes versiones del testigo Carlos Flórez  Ramos,  con  lo cual su discrepancia termina siendo una alegación en la cual se  enfrenta  el  criterio  del demandante al del juzgador, como en general ocurre y  se acepta en las instancias.   

En  conclusión,  son  tan  insalvables los  vicios   de   estructura  de  la  demanda,  que  la  misma  no  puede  admitirse  (artículos 212 y 213 del C.P.P.).   

Fuera  de  ello,  la  Corte  no  encuentra  garantías  que  oficiosamente  deba  restaurar  y que le abrirían espacio a la  casación oficiosa.   

Por lo expuesto, La  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda de casación presentada  a   nombre   de   Bruno  Sánchez  López.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

MARINA   PULIDO   DE  BARON           SIGIFREDO       ESPINOSA       PÉREZ     

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO         O.        PÉREZ  PINZON                       JORGE   L.  QUINTERO  MILANÉS   

YESID            RAMÍREZ  BASTIDAS                MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA     RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

           

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