21619(25-02-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21619  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

APROBADO ACTA No. 13  

Bogotá,  D. C., veinticinco (25) de febrero  del dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda de  casación    excepcional  presentada  por  la  defensora  de  NIDIA OFELIA DÍAZ  PEÑA  y  WILLIAM ALEXÁNDER  RUIZ  MADERO,  contra  la  sentencia dictada el 21 de mayo del 2003 por el Tribunal  Superior  de  Santa  Rosa de Viterbo, que los condenó por el delito de falsedad  documental.   

ANTECEDENTES   

          El  9  de  agosto de 1996, Hildebrando Herrera Zorro le presentó al  administrador  de la empresa de transporte Jesmotor S. A. una planilla única de  viaje,  que  le  permitiría  usar  un  microbús  de  su  propiedad  fuera  del  perímetro  urbano de Sogamoso. Como el administrador reputó falso el documento  lo  retuvo  y,  confirmada  su  apreciación  por  el  Ministerio de Transporte,  formuló la denuncia correspondiente.   

          A  la  investigación  que  entonces se inició fueron vinculados el  señor      Herrera      Zorro     –quien  se acogió a sentencia anticipada- y los esposos WILLIAM    ALEXANDER   RUIZ   MADERO   y  NIDIA  OFELIA DÍAZ PEÑA, a  quienes  el  27  de abril de 1999 una fiscalía seccional de Sogamoso convocó a  juicio   por   el  delito  de  falsedad  material  de  particular  en  documento público, providencia que fue  confirmada  el 8 de junio del mismo año por un fiscal delegado ante el Tribunal  Superior  de  Santa Rosa de Viterbo, quien varió la denominación jurídica por  la de falsedad en documentos.   

          Celebrada  la audiencia pública, el Juzgado 1º. Penal del Circuito  de     Sogamoso    condenó    al    señor    RUIZ  MADERO  a  la  pena de 30 meses de prisión como autor  del  delito  de  falsedad  en  documento  público  y  a la señora DÍAZ  PEÑA  a  12  meses  en calidad de  cómplice,  además  de inhabilitarlos para el ejercicio de derechos y funciones  públicas por tiempo igual al de la privación de libertad.   

La sentencia, apelada por los procesados, fue  confirmada  en  su integridad por el Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo.   

          Recurrido   el   fallo   de   segunda   instancia   en  casación   excepcional,   la  defensora  presentó oportunamente las demandas correspondientes.   

LAS DEMANDAS Y SUS CONSIDERACIONES  

          Sin  realizar exposición alguna sobre las razones por las cuales la  Corte  debía  admitir excepcionalmente las demandas que de manera independiente  pero   con   idéntica   argumentación   formuló  en  representación  de  los  procesados,  la defensora postula un cargo único contra la sentencia de segunda  instancia: haber sido dictada en un juicio viciado de nulidad.   

          Si  bien  este  defecto  inicial no incide en el cumplimiento de los  requisitos  exigidos  para  declararlas  ajustadas  por  cuanto,  como  lo tiene  definido  la  Sala, la coincidencia que se advierte entre la causal de casación  a  cuyo amparo se pretende formular el cargo y el motivo que podría dar lugar a  la     casación    discrecional    –nulidad  del  proceso  y garantía de los derechos fundamentales, en  su  orden-  permite que el desarrollo del reproche sirva a la vez para sustentar  la    procedencia    excepcional    del    recurso1,   la  inobservancia  de  las  exigencias  contenidas  en  el  numeral  3º.  del  artículo 212 del Código de  Procedimiento Penal sí será razón suficiente para inadmitirlas.   

          En  efecto.  De  acuerdo  con  la citada disposición, la demanda de  casación deberá contener, entre otros temas,   

          “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación del cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas”.   

          Esta  exigencia,  cuando  la  causal  invocada  sea la tercera, debe  integrarse  con la que se deriva de los principios que  orientan  la  declaratoria  de  las  nulidades  y  su convalidación,  consagrados  en  el  artículo  310 del estatuto procesal. Uno de  tales        principios,        conocido        como       de       trascendencia, enseña que   

          “Quien  alegue  la  nulidad  debe  demostrar que la irregularidad  sustancial  afecta  garantías  de los sujetos procesales, o desconoce las bases  fundamentales de la instrucción y el juzgamiento”.   

          No  es  suficiente,  entonces,  identificar  el vicio y demostrar su  existencia,   sino   que   para   la   adecuada  proposición  del  reproche  es  indispensable  que se acredite de qué manera el defecto denunciado afectó     garantías     de     los  procesados.   

          En  las  demandas  que  se  examinan,  la  censora  cuestiona que la  sentencia   se   hubiera   dictado  en  un  juicio  viciado  de  nulidad  porque   

          “…  el  testimonio  del  señor MARTÍN CRUZ CRUZ, por ser esta  una  prueba  objetivamente  conducente en el Proceso, que se sigue en contra del  peticionario,  al  ser  ella  omitida  constituye  una  violación al Derecho de  Defensa y al Debido Proceso”.   

Y,  después  de  ocuparse  en  detalle  de  aspectos  teóricos del debido proceso probatorio y de exponer los principios de  la  prueba  judicial  y  referirse  a  los derechos de los sujetos procesales en  torno  a  la  producción  de  la  prueba,  retornando  al caso concreto lamenta  –en la demanda presentada  a  favor  de RUIZ MADERO- que  no se hubiesen   

“… realizado las diligencias necesarias  y  prioritarias  en  aras de obtener el testimonio del señor MARTÍN CRUZ CRUZ,  por  lo  que  se  entiende  negada  la  prueba,  sin  que  haya  sido posible el  pronunciamiento  del  sindicado  al  respecto,  pues  pese  a haber expresado su  querer  para  asistir  a  la  Audiencia Pública, por  motivos     ajenos     a     su    voluntad    debidamente    justificados    en  oportunidad  no  pudo asistir en la fecha programada,  habiendo  sido  desconocido  de  manera  flagrante  entonces con tal actitud por  parte   de  quien  dirigía  el  procedimiento  el  derecho  de  defensa,  y  de  contradicción presupuestos básicos del debido proceso…”,   

para   concluir   a   renglón   seguido  que   

          “…el   quebrantamiento  al  derecho  constitucional  fundamental del debido proceso, y por consiguiente el derecho de  defensa  y  de contradicción de WILLIAM ALEXANDER RUIZ MADERO, fue tal, que con  esa  situación se ve sancionado penalmente mi prohijado; su intervención en la  audiencia  pública  hacía  parte  del  derecho fundamental que le asistía, al  igual  que  su  derecho  a  que  la  prueba  por  él  solicitada,  así como la  contradicción  de las que en dicha etapa procesal surgieran, pudieran ser de su  conocimiento  y  contradicción,  así lo expresó y lo solicito, obteniendo una  negativa  en  abierto  desconocimiento,  repito,  de  su derecho fundamental”.   

Y  en  la  demanda presentada a nombre de la  señora  DÍAZ  PEÑA,  que  contiene  el  mismo  estudio  de  derecho  probatorio hecho en la anterior, dice  sobre la prueba no practicada que   

“…  con  ella  seguramente  se  hubiese  obtenido  claridad  sobre  los  hechos  que  se  endilgaron en su momento en las  diferentes  etapas  del proceso a quienes aparecen sindicados, haciéndola desde  todo  punto  de vista conducente, pues se trataba de verificar por su intermedio  aspectos  netamente  fácticos que podían llevar a cambiar la convicción en el  juzgador  de  instancia,  amén de su incidencia favorable a los intereses de mi  prohijada frente a las conclusiones del fallo…”.   

Semejante   propuesta   de   invalidar  la  actuación   –que  ha  de  entenderse  constituye la pretensión de las demandas aunque la petición que en  ellas  se  formula  se refiere simplemente a casar la sentencia, sin indicarle a  la  Corte  en  qué  sentido  debe  hacerlo-  desatiende,  como  se ha dicho, el  principio  de trascendencia,  por las siguientes razones:   

1.  No demostró cómo la prueba testimonial  echada  de  menos  hubiera  incidido de manera favorable en la situación de los  procesados,  carga  que  debía  cumplir señalando en  concreto,  no  hipotéticamente,  en  qué  forma  su  recaudo  hubiese mermado o suprimido la responsabilidad de aquéllos, disminuido  la pena o desvirtuado la existencia de la conducta punible.   

En  su  lugar,  la libelista consignó en su  escrito  afirmaciones  vacuas  o  meras  suposiciones, como que el testimonio de  Cruz   Cruz   “seguramente”  habría  arrojado  claridad  sobre  los  hechos  investigados  o  que  hubiese  podido  cambiar  la convicción del juzgador, sin  precisar  siquiera  a  cuáles  aspectos  fácticos  aludía  o  en qué sentido  habría    de   modificarse   el   juicio   del   Ad  quem.   

2.  Si la presencia en la audiencia pública  del  procesado  que  no  se halla privado de libertad no es requisito de validez  del   acto,   como   que   ni   aún  la  de  quien  se  encuentra  detenido  es  obligatoria2,   a   la  impugnante  le  correspondía  demostrar  la  incidencia  favorable   que   para   los   intereses   de   RUIZ  MADERO  hubiera  tenido su asistencia a ese acto, tema  que  por lo demás trató apenas accidentalmente, omitiendo explicar el supuesto  fáctico de su inconformidad.   

Era forzoso, para cumplir con el principio   de   trascendencia,  que  la  demandante  se  hubiera ocupado de demostrar las singulares consecuencias que se  hubieran  derivado de la contradicción de la prueba practicada en la audiencia,  cuáles  fueron  los medios de convicción recogidos en esa oportunidad, en qué  medida  resultaron  perjudiciales  y por qué la intervención del procesado les  hubiera  restado  contundencia,  temas  que  no  merecieron  el  interés  de la  casacionista.   

Que  la  preceptiva  del  numeral  3º.  del  artículo  310  del  estatuto  procesal  sea desatendida, conduce sin duda a que  igualmente  se  incumpla  el mandato del numeral 3º. del artículo 212 ibídem,  pues   mal   podría   admitirse   que   se   han   indicado   en   forma     clara     y     precisa  los  fundamentos de un cargo por  nulidad,  si  no  se  han  tenido  en  cuenta  los  principios  que  orientan su  declaratoria.   

          En  consecuencia,  de  acuerdo  con lo previsto por el artículo 213  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  las  demandas  serán  inadmitidas y se  ordenará devolver el expediente al Tribunal de origen.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          Inadmitir  las demandas de casación presentadas por la defensora de  NIDIA  OFELIA  DÍAZ PEÑA y  WILLIAM ALEXANDER RUIZ MADERO.   

          Contra      esta     decisión     procede     el     recurso     de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS               JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                                             ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN                                             MARINA  PULIDO DE BARÓN   

JORGE   L.  QUINTERO  MILANÉS               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

1 Así  se  sostuvo,  por  ejemplo, en el auto del 27 de mayo del 2003, radicado 20.222,  en  el  que  expresamente se dijo que aquella exigencia “no requiere fórmulas  sacramentales  ni  especiales  secciones  del  escrito  destinadas  a ello, pues  bastará  que del texto aparezcan claras las razones por las que la demanda deba  ser admitida por la Corporación”.   

2 Cfr.  auto  del  8  de mayo del 2003, radicado 20.706, M. P. Fernando Enrique Arboleda  Ripoll.     

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