21600(16-08-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21600  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado acta número 87  

Bogotá. D.C., diecisiete de agosto de dos mil  seis.    

          Decide  la  Corte  lo  pertinente con relación a la admisión de la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   Wilder  Arley  Sarmiento  Hernández contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Bogotá el 7 de abril de  2003,  mediante la cual confirmó la del Juzgado cincuenta penal del circuito de  la  misma  sede,  que  lo  condenó  anticipadamente  como  autor  del delito de  homicidio simple.   

HECHOS  

          Los   hechos   juzgados   en   las   instancias   pueden   resumirse  así:   

          Al  negocio  situado  en la calle 72 5 A 33 de la ciudad de Bogotá,  llegó  el  16  de noviembre de 2002 Alcibíades Castañeda Prada, como también  lo    hizo   mas   tarde   Wilder   Arley   Sarmiento  Hernández  (alias  “El Calvo”). Allí, cada quien  con  sus  amigos  y  después todos juntos, consumieron algunos tragos de licor,  hasta  las  horas  de la madrugada, cuando todo terminó luego de una discusión  que   Sarmiento  Hernández  zanjó  causándole  la  muerte a Castañeda Prada, mediante heridas en cuello y  tórax que le propinó con arma cortopunzante.   

ACTUACION PROCESAL  

          Con   base  en  la  diligencia  de  levantamiento  del  cadáver  de  Alcibíades  Castañeda  Prada  y  el  informe  de  policía  relacionado con la  captura  de  Carlos  Acosta  Rodríguez  y Wilder Arley  Sarmiento  Hernández,  la  Fiscalía 278 de Reacción  Inmediata  de Ciudad Bolívar, abrió investigación penal el 16 de noviembre de  2002 (fs., 22).   

          Luego  de  escucharlos  en  diligencia  de  indagatoria,  el  21  de  noviembre  siguiente,  la  fiscalía  32  seccional  le  impuso  a  Sarmiento     Hernández    medida    de  aseguramiento  de  detención  preventiva  como  autor  del  delito de homicidio  simple    y    ordenó   la   libertad   de   Acosta   Rodríguez   (fs., 49).   

          A  petición  del  procesado, la fiscalía realizó la diligencia de  audiencia  para la formulación de cargos, actuación que se llevó a cabo el 19  de  diciembre de 2002. El sindicado aceptó libre y voluntariamente la comisión  del  delito  de  homicidio  simple  que  la  fiscalía  le  imputó (fs., 97).   

          Mediante  sentencia  del 11 de febrero de 2003, el Juzgado cincuenta  penal    del    circuito    condenó    a   Sarmiento  Hernández  a  la  pena  principal  de  104  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  (fs., 40  cuaderno juzgado).   

          El   defensor  apeló  la  sentencia  y  el  tribunal  la  confirmó  integralmente,   mediante   la   suya  del  7  de  abril  de  2003  (fs., 3 cuaderno tribunal).   

          No   conforme  con  la  decisión,  el  defensor  del  procesado  la  recurrió en casación.   

DEMANDA DE CASACION  

          Causal Primera.   

El    demandante   postula   seis  cargos  con  fundamento en el cuerpo  primero de la causal primera.   

En        el        primero,   demanda   la   interpretación  errónea del artículo 283 del código de procedimiento penal.   

El  artículo  283  de  la  ley  600  de 2000  dispone:   

“a  quien,  fuera  de  los  casos  de  flagrancia,  durante su primera versión ante el funcionario judicial que conoce  de  la actuación procesal confesare su autoría o participación en la conducta  punible  que  se  investiga,  en caso de condena, se le reducirá la pena en una  sexta    parte,    si    dicha    confesión   fuere   el   fundamento   de   la  sentencia.”   

No  obstante,  el  tribunal  le  negó  al  procesado  la rebaja de pena con el argumento de que fue capturado en flagrancia  y  su  confesión  no  es  fundamento  de  la sentencia. De esa manera, dice, el  tribunal  interpretó  erróneamente  la  ley,  pues  la norma no condiciona ese  beneficio  a  que la confesión sea el único sustento de la decisión, debido a  que  otras  pruebas  pueden confirmar la aceptación de los hechos por parte del  sindicado.    

Esas pruebas no pueden privar a la confesión  de  su valor y efectos benéficos, pues el Estado está en el deber de practicar  las  diligencias  pertinentes  para determinar su veracidad y las circunstancias  de  comisión  de  la  conducta punible (artículo 281  ley 600 de 2000). Por tal razón,   

“es  claro  deducir  que  la existencia de  otras  pruebas  incriminatorias no pueden quitarle el valor a la confesión para  conceder  la  rebaja  de  la  pena  en caso de condena como quiera que las otras  pruebas  son  una  carga  obligatoria del Estado, impuesta por la ley, en cabeza  del  funcionario  competente  y siendo así que estas otras pruebas son a la vez  necesarias  para  la  validez  de  la  confesión  no puede interpretarse que su  práctica  y  existencia  es  para  restarle mérito a la confesión para que no  amerite la rebaja de la pena.”   

De  otra parte, se interpretó erróneamente  el  requisito de la flagrancia para negarle al procesado la rebaja de pena, dado  que  según  el  tribunal  el  arma  se  encontró  en  un sitio cercano a donde  ocurrieron  los  hechos,  pasando  por  alto  que la captura se produjo momentos  después  y  que  esos  elementos  por  sí  solos  no  pueden “descomponer la  situación     de    captura    irregular    del    procesado    en    una    de  flagrancia.”   

En consecuencia, la aprehensión material se  produjo  sin la necesaria relación de inmediatez, que es un elemento sustancial  que  permite  la  captura  en  esas condiciones, como la Corte lo ha esclarecido  puntualmente en las jurisprudencias que cita.   

Así  mismo, se interpretó erróneamente la  disposición   al   negarle  al  procesado  la  reducción  de  pena  por  haber  justificado  su  comportamiento. Pero esa posibilidad no la restringe la norma y  menos  si  el  sindicado  alegó  atenuantes de la pena y no justificantes de su  comportamiento.   

En   el  segundo  cargo,  que  armoniza  con  el anterior, el demandante  aduce  que  el  tribunal  interpretó  erróneamente  el  estado  de  flagrancia  delictual, y a lo dicho se remite.   

En        el        tercero, asume que el sindicado reconoció  haber  actuado  en  estado  de ira e intenso dolor, de manera que a su juicio el  tribunal  se  equivocó al decir que al haber aceptado el procesado que obró en  esas  especiales  condiciones,  justificó  su comportamiento, pues ésta es una  noción  dogmática distinta. En ese sentido, es errónea la interpretación que  el tribunal hizo del artículo 32 del código penal.   

En        el        cuarto             cargo  demanda  la  sentencia por errónea  interpretación  del artículo 57 del código penal, al no haberle reconocido el  tribunal  al  procesado  la diminuente de la pena por haber obrado movido por la  circunstancia definida en esa norma.   

Manifiesta  el  recurrente  que  el tribunal  sentenció  que  el  sindicado fue intolerante e impulsivo en su obrar y por esa  razón  le  negó  al  sindicado  la rebaja de pena por una suposición, sin que  exista  prueba  que demuestre o convalide ese aserto. A su juicio, el expediente  indica  lo  contrario,  que  el  procesado  es  una  persona respetuosa, como lo  confirma, por ejemplo, entre otros, Carlos Buitrago Gamboa.   

         

Además,  el  tribunal confunde la legítima  defensa  del  honor  y  el  estado  de  ira, siendo que aquella es una causal de  exclusión de la responsabilidad y ésta una diminuente de la pena.   

          En   el   quinto  cargo el demandante acusa al  tribunal  de  haber  infringido  de  manera  directa el artículo 33 del código  penal,  al señalar que la pena no puede degradarse porque el sindicado conocía  los  hechos  y  actuó  de  acuerdo  con  ese  conocimiento. Pero una cosa es la  inimputabilidad  y  otra  la  diminuente de la pena de que trata el artículo 57  del código penal.   

          En  el sexto cargo  señala  que  como  consecuencia  de  no  haber  tenido en cuenta “las pruebas  testimoniales   de   testigos  presenciales  que  fundamentan  la  petición  de  aplicación  de  la degradante de la pena de ira e intenso dolor”, el tribunal  infringió los artículos 232 y 234 de la ley 600 de 2000.   

          En  efecto,  en la primera diligencia de indagatoria, Carlos Eduardo  Acosta  Rodríguez  manifestó que una persona muy ebria, que ni siquiera podía  conservar  el  equilibrio,  se  dedicó a insultarlos porque no le aceptaban una  cerveza  e  incluso  por  eso  intentó  golpear  con  una  botella  a Sarmiento  Hernández,  conocido  como el “Calvo”, quien le pegó con algo en el pecho,  causándole la muerte.   

          Esta  verdad  que  reconocen  varios  testigos, como Carlos Buitrago  Gamboa,  fue ignorada por el fallador “incurriendo en violación directa de la  ley  sustancial  por  falta de aplicación de la norma legal en cita, por lo que  debe casarse el fallo y proferir el que en derecho corresponda.”   

          Causal tercera   

          En  un único cargo, el demandante denuncia la sentencia por haberse  dictado en un juicio viciado de nulidad.   

          Considera  que  el  hecho  de que Sarmiento  Hernández  no  fuera capturado en flagrancia vicia el  procedimiento  y  genera  nulidades absolutas e insubsanables, como efecto de la  captura ilegal y arbitraria del sindicado.   

          Además,  amparados en esa inexistente situación de flagrancia, los  agentes  del  orden  procedieron  a  practicar una serie de pruebas y a recaudar  evidencia  física en el sitio de los hechos, en contra del principio que indica  que  la  policía solo pueden intervenir por su propia iniciativa en situaciones  de  flagrancia,  con  el  fin  de  recoger  datos  que pueden servir de criterio  orientador de la investigación.   

          Con  todo, manifiesta el demandante que si se admite para su cliente  la   rebaja   de   pena  que  solicita,  no  ve  problema  para  convalidar  las  irregularidades  que denuncia (numeral 4 del artículo  310 de la ley 600 de 2000).   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  Corte  inadmitirá  la  demanda,  para lo cual analizará (i) la  procedencia  del  recurso  y  el interés tratándose de sentencias anticipadas,  (ii)  el  principio  de  prioridad de las causales, y (iii)  las causales y  los cargos.   

          Primero.  Los  presupuestos sustanciales y  las  formas  que  delimitan  la  manera  de  impugnar  la  decisión  de segunda  instancia  están  inescindiblemente  vinculadas  con  los  límites y fines del  recurso    extraordinario    (artículos    212   y  213).  En  ese  sentido,  tratándose  de  sentencias  anticipadas,  el  interés  para  recurrir,  además de la defensa de garantías  fundamentales,  se  limita  a  la  dosificación  de  la  pena,  los  mecanismos  sustitutivos  de la pena privativa de la libertad y la extinción del derecho de  dominio  sobre  bienes  (artículo 40 de la ley 599 de  2000).   

          Pese   a  que  a  que  el  recurso  extraordinario,  tratándose  de  sentencias  anticipadas,  está restringido a esas temáticas, el censor pone en  tela  de  juicio  una  responsabilidad  libremente  admitida,  no  con el fin de  defender  garantías  fundamentales  –  aun cuando con  alguna  amplitud así podría entenderse el último cargo postulado con apoyo en  la  causal  tercera -, ni de controvertir la pena, sino  con  el  pretexto  de denunciar la infracción directa e indirecta de la ley por  infracción  de  normas  relacionadas  con  la responsabilidad que aceptó, como  luego se verá.   

          Es  mas,  junto  a esas impropiedades, sin mencionar la necesidad de  preservar  garantías  fundamentales,  propone  como  subsidiario, aun cuando ha  debido  hacerlo  como  principal,  un  solo cargo relacionado con la nulidad del  proceso  (causal  tercera). Y  con  notable  impropiedad,  siendo que de prosperar la censura los efectos de la  declaración  dejarían  sin  validez  buena  parte  del proceso y la sentencia,  aduce  que  su  propuesta tiene sentido siempre y cuando no se acepte los cargos  por   infracción   directa   de   la   ley   (causal  primera).   En   otras  palabras,  en  perjuicio  del  principio  de prioridad, el demandante primero acepta que el proceso es válido,  para luego contradictoriamente cuestionar su legitimidad.   

          Esas  razones,  ya  serían  suficientes  para inadmitir la demanda.  Pero hay mas, como en  seguida se indicará.   

          Segundo.  Distanciándose del interés que  le  asiste,  en  el tercer, cuarto, quinto y sexto cargos, que en estricto rigor  corresponden  a  un  solo  enunciado,  el  demandante  dedica  sus  argumentos a  controvertir  la  responsabilidad  y  a postular que el sindicado actuó, pese a  que  la  fiscalía no hizo mención en el pliego de cargos a esas posibilidades,  motivado  por  un  estado  de  ira  e intenso dolor. En éstos eventos, ya lo ha  dicho la Sala,   

         

“Una vez cumplido el referido acto procesal  con  la  participación  libre  y  voluntaria  del procesado, no es admisible la  retractación  de  los  cargos  aceptados, por cuanto la única oportunidad para  ello  se  tiene  antes de la diligencia correspondiente o durante la misma en el  momento  en  que se le interroga para que exprese si voluntariamente acepta o no  la   acusación  que  en  su  contra  formula  la  Fiscalía,  ya  que  una  vez  exteriorizado  el  consentimiento  de  allanarse a su responsabilidad el juez no  tiene  alternativas  distintas a las de dictar fallo de condena si existe prueba  suficiente     para     ello     …”     1   

Lo  anterior,  porque  como  también  se ha  expresado,   

“Una   de  las  consecuencias  de  aquel  sometimiento  premiado  es  la  irretractabilidad.  En  efecto,  la  aceptación  consciente  y voluntaria de la responsabilidad penal se rige por el principio de  irretractabilidad,  en  virtud  del  cual, proferida la sentencia anticipada, el  procesado  y  su  defensora renuncian a controvertir la prueba y el contenido de  la  acusación.  Ello  implica  que,  descartados  los motivos que eventualmente  darían   lugar   a  la  impugnación  (dosificación  de  la  pena,  mecanismos  sustitutivos  de  la pena privativa de la libertad y extinción de dominio sobre  bienes),   dichos   sujetos   procesales  carecen  de  interés  jurídico  para  interponer   los   recursos   de   ley   contra  el  fallo.”  2   

         

De manera que como no se trata en últimas de  discutir  la  pena,  sino  la  responsabilidad,  el  demandante,  como   se  expresó con anterioridad y ahora se reafirma, carece de interés.   

          Tercero.  En  cuanto  a  los  dos primeros  cargos,  dígase  que  en  sede  del  recurso  extraordinario de casación es un  axioma  inherente  al  cuerpo  primero  de  la  causal  primera, que no puede el  censor discutir los hechos ni  la  apreciación  probatoria.  Se aceptan. Por lo tanto, después de indicar los  supuestos  fácticos  y probatorios en los cuales la decisión se apoya, se debe  señalar  cómo  y  por  qué  surge  la  incorrecta adjudicación normativa: si  obedece   a  la  falta  de  aplicación,  a  la  aplicación  indebida  o  a  la  interpretación errónea del precepto llamado a regular el caso.   

En  las  primeras líneas del que denomina  primer  cargo,  el  censor  pareciera  aproximarse  a  la técnica que la causal  impone,  pero  se  aleja  de  ella al controvertir los supuestos fácticos de la  sentencia,  pues  discute  si  hubo  flagrancia  en  la  aprehensión  o  si  la  confesión  fue  el  fundamento  de  la  sentencia  y  desde  ese punto de vista  denuncia  que  la  rebaja de la pena por confesión que se le negó al procesado  es ilegal.   

En  tal  empeño  ha  debido  discutir  los  supuestos  fácticos del fallo, las pruebas en que se funda la decisión y   dirigir  el  ataque por la vía de la infracción indirecta de la ley, indicando  la  modalidad  de error, su trascendencia e incidencia en la decisión final. Si  no  era  ese  su  propósito,  para  cumplir  las  exigencias  de  precisión  y  coherencia  en  la  postulación  del  cargo  y  para  realizar  el principio de  autosuficiencia,  la  censura  tenía que ceñirse a controvertir la aplicación  de  la  ley,  sin  alusiones  innecesarias,  que  no  sólo le restan claridad y  precisión  al  cargo, sino que atentan contra el principio de autonomía de las  causales.   

Esa   equivocada   formulación   es   tan  manifiesta,  que  como  la  Corte  tuvo  ocasión  de  resaltarlo  al resumir la  demanda, el recurrente señaló que,   

“es  claro  deducir  que  la existencia de  otras  pruebas  incriminatorias  no  pueden  quitarle valor a la confesión para  conceder la rebaja de la pena en caso de condena…”   

Es  decir que, el censor termina denunciando  no  la  infracción  directa de la ley, sino el valor suasorio de la confesión,  tema  que  como se ha visto, corresponde a la línea de la infracción indirecta  de la misma.   

En  lo  que denomina segundo cargo ocurre lo  mismo,  pues  en  él  reitera  que el tribunal interpretó erróneamente “las  circunstancias  en  que  surge  el  estado  de  flagrancia delictual”, lo cual  confirma  la  equivocada selección de la causal, pues los supuestos fácticos y  las  pruebas  que  soportan  el  fallo, cuando son erradamente interpretadas, se  reitera,  deben  denunciarse con apoyo en el cuerpo segundo de la causal primera   

Cuarto. En el único  cargo  propuesto  con  fundamento  en  la  causal  tercera  y  que,  como  ya se  advirtió,  ha debido formularse como principal, la temática que allí se trata  no  se  vincula a los principios de trascendencia, protección y convalidación,  que  son  indispensables  para demostrar la influencia de las irregularidades en  la  construcción  de  la estructura básica del proceso. Simplemente se reitera  el  planteamiento  de que la captura del procesado fue ilegal, pero no se indica  por  qué  ese acto se constituye en una condición necesaria e indispensable de  validez   de   los  actos  subsiguientes  del  trámite  procesal.  3   

Quinto.   En  conclusión,  al  no  satisfacer la demanda los requisitos de forma (artículo  212  del C.P.P.) y por carecer  de  interés  (artículo  213 del C.P.P.),  la demanda se  inadmitirá.  Pero  también  porque  no  observa  la  Sala  que deba intervenir  oficiosamente    en    defensa    de    garantías    fundamentales.     

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  tribunal de origen.   

MAURO  SOLARTE            PORTILLA   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO                    

Permiso  

ALVARO         O         PEREZ  PINZON                 MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARON                   

JORGE           QUINTERO  MILANES            YESID  RAMIREZ  BASTIDAS                

Comisión de servicio  

JULIO             SOCHA  SALAMANCA                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Impedido  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  sala  de Casación Penal, providencia del 30 de marzo de  2006, radicado 23313.   

2 Corte  Suprema   de   Justicia,  providencia  del  20  de  febrero  de  2006,  radicado  20901   

3 Cfr.,  en  este  sentido,  sentencias  del  6 de abril de 2005, radicado 22830, y 13 de  octubre  de 2004, radicado 21108, en las cuales se expresó, que “Asumiendo en  gracia  de  discusión la captura ilegal del procesado, no se ve cuál pueda ser  la  incidencia  medular  que esa situación tenga frente a la estructura básica  del  proceso, cuya indemnidad no suele depender de las actividades encaminadas a  obtener  la  aprehensión del sindicado, independientemente de las consecuencias  adversas  que  el  apresamiento  ilegal comporte para quien lo ejecuta.”      

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