21058(19-05-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  21058   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 043.  

         

Bogotá D.C., mayo diecinueve (19) de dos mil  cuatro (2004)   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JORGE     ENRIQUE    HUERTAS    BARRERO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cali  (Valle) el 20 de febrero de 2003, mediante la cual  confirmó  el  fallo  dictado  por  el  Juzgado Décimo Penal del Circuito de la  misma  ciudad  el  5  de  marzo  de  2001, por cuyo medio lo condenó como autor  penalmente  responsable del delito de homicidio culposo agravado en Luz Mary Trochez Soto.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los   hechos   motivo   de   esta  actuación  fueron  adecuadamente  sintetizados en el fallo de primer grado, así:   

“A eso de las 8:30  p.m.  del  día 20 de septiembre de 1996 cuando la señora LUZ MARY TROCHEZ SOTO  se  disponía a atravesar la calzada de la autopista sur-oriental de esta ciudad  (Cali,  se  aclara),  a  la  altura  de  la calle 19 A, fue atropellada por el automóvil Chevrolet Swift, de  placas  CBX  269,  conducido  por el señor JORGE ENRIQUE HUERTAS BARRERO, quien  luego  del  accidente emprendió la huida. A raíz del mismo la mencionada mujer  sufrió  politraumatismo,  que  tres días después desencadenó su muerte en la  clínica  del  Instituto  de  los  Seguros  Sociales  de esta ciudad”.   

          La  Fiscalía  Seccional de Cali declaró abierta la instrucción el  16  de  octubre  de  1996,  en  cuyo  desarrollo vinculó mediante indagatoria a  JORGE     ENRIQUE    HUERTAS    BARRERO,  resolviendo  su  situación  jurídica  el 3 de enero de 1997 con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  con  derecho  a libertad  provisional,    como   posible   autor   del   delito   de   homicidio   culposo  agravado.   

          En  la  misma  oportunidad  fue  admitida  la demanda de parte civil  presentada  a  través  de  apoderado  por  los  familiares  de la víctima y se  dispuso    tener    a    GLORIA    CECILIA   HUERTAS  BARRERO       como       tercero       civilmente  responsable.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el  29  de abril de 1999 con resolución de acusación en contra del  procesado,  como  presunto  autor  del delito que motivó la medida asegurativa.  Contra   la   providencia   calificatoria   el  defensor  interpuso  recurso  de  reposición  y  subsidiario de apelación, los cuales fueron resueltos de manera  adversa  a  sus  pretensiones  el  19  de  mayo  y  el  13  de  julio  de  1999,  respectivamente.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Décimo Penal del Circuito de Cali, despacho que una vez surtido el  rito  pertinente  profirió fallo el 5 de marzo de 2001, por cuyo medio condenó  a    JORGE   ENRIQUE   HUERTAS   BARRERO  a  la pena principal de cuarenta (40) meses de prisión, multa por  $2.800.oo  y  suspensión  en  el  ejercicio de la conducción de vehículos por  veinte  (20)  meses,  y  a la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad, como autor  penalmente  responsable  del  delito  por  el  cual  fue  acusado.  En  la misma  decisión   se  le  condenó  a  pagar  de  manera  solidaria  con  Gloria  Cecilia  Huertas  Barrero, tercero  civilmente responsable, la correspondiente indemnización.   

La  decisión  anterior fue impugnada por el  defensor  del  sindicado,  y  el Tribunal Superior de Cali la confirmó mediante  fallo  del  20  de  febrero  de  2003,  el  cual es ahora objeto de impugnación  extraordinaria  por  parte del asesor técnico de JORGE  ENRIQUE HUERTAS BARRERO.   

LA DEMANDA  

El  defensor  formula  dos  cargos contra el  fallo de segunda instancia , los cuales postula y desarrolla así:   

Primer cargo: Violación indirecta de la ley  sustancial por error de hecho.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  el  actor  considera  que  el  Tribunal ignoró un  testimonio,  “pues en su argumentación no dispensó  la  más  mínima  referencia  al  dicho  del  deponente LIZARDO MEDINA, testigo  presencial  de  los  luctuosos acontecimientos, y por el contrario, se limitó a  rendir  tributo  a  la  declaración  jurada  del  señor JESUS HUMBERTO JIMENEZ  ZAMORANO,  que  privilegia  como único medio de convicción pasando por alto el  testimonio    cuya    valoración   echa   de   menos   la   defensa”.   

          Considera  que  con  la referida omisión se violaron los artículos  232,  234  y  238  del  estatuto  procesal, que se refieren a la necesidad de la  prueba,  la imparcialidad del funcionario judicial, y la valoración conjunta de  los medios probatorios.   

Destaca   que   el   testimonio   omitido  “describe  con  lujo  de  detalles  la forma como la  víctima  fue  atropellada  por el automotor”, pese a  lo  cual  los  falladores sólo tuvieron en cuenta el testimonio de Jiménez  Zamorano  que relata la forma en  que  el  sindicado  maniobró  el  vehículo,  pero  no  verificaron la conducta  imprudente y temeraria de la víctima.   

          También  agrega  el  defensor  que  el  Tribunal no apreció que el  testimonio  omitido indica que “la víctima avanzó y  luego  se  devolvió  de  manera repentina”, y no que  permaneció  estática en la calzada como se afirma en el fallo, “situación  que  mina  las  bases  del  discurso  argumentativo  del  Tribunal  Superior  y  que  lleva  inexorablemente  a  determinar  que  la causa  eficiente,  es decir, el aporte determinante para que se produjera el siniestro,  fue  suministrado  única  y  exclusivamente  por  la  extinta  señora LUZ MARY  TROCHEZ SOTO”.   

          Con  base  en  lo  anotado,  el  censor solicita a la Corte casar el  fallo  atacado, para en su lugar absolver a su representado, por “encontrarse  frente a una situación de caso fortuito que escapaba a  su    voluntad    y    por    ende    le    resultaba   imprevisible”.   

Segundo  cargo: Nulidad de la actuación por  indebida vinculación del tercero civilmente responsable.   

          Manifiesta  el  defensor  que en el curso de la actuación de violó  el  derecho  de  defensa  de  Gloria  Cecilia  Huertas  Barrero,    reconocida   como   tercero   civilmente  responsable,  en  cuanto  no  le  fue  notificada la demanda de constitución de  parte  civil instaurada por los perjudicados con el delito de homicidio culposo,  omisión que le impidió el cabal ejercicio de sus facultades.   

          Puntualiza  que  si  a  la  postre en el fallo fue condenada a pagar  solidariamente  con  el  sindicado  la indemnización de perjuicios, es evidente  que  debe “nulitarse la actuación hasta el proveído  interlocutorio  que  admite  la demanda de constitución de parte civil, pues de  tal   acto   se   origina   la   lesión   a   los   derechos   de  este  sujeto  procesal”.   

          De  conformidad  con  lo  anotado,  el  defensor solicita a la Corte  “verificar  las  razones  plasmadas  en la demanda y  proceder a nulitar la actuación”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Primer cargo: Violación indirecta de la ley  sustancial por error de hecho.   

Como el censor señala que los falladores no  valoraron  de  manera  alguna  el  testimonio  de José  Lizardo  Medina,  su discurrir corresponde al error de  hecho  por  falso  juicio  de existencia por omisión, sobre el cual ha dicho la  Sala  que  tiene  lugar  cuando  se estructura la providencia judicial con total  marginación  de  un  medio  probatorio  válidamente  practicado  o  aducido al  proceso,  que  resulta  trascendente  en  el sentido de la decisión, caso en el  cual  corresponde  al  demandante  indicar  el  medio  no  valorado, cuál es la  información  que  objetivamente  brinda,  qué  mérito demostrativo debe serle  asignado,  y  cómo  su  estimación  conjunta  con  el  resto  de elementos que  integran  el  acervo  probatorio conduce a trastrocar las conclusiones del fallo  censurado.   

          En  el  asunto  objeto  de  estudio  se  advierte  que  si  bien  el  impugnante   identifica  el  medio  de  prueba  supuestamente  omitido  por  los  falladores  y  destaca  los apartes que favorecen los intereses de su defendido,  no  atina  a  demostrar que al ser valorado en conjunto con los demás medios de  prueba  el fallo atacado sería diverso, pues simplemente, como si se tratara de  un  alegato  de  instancia,  propone  otorgar credibilidad a la declaración que  estima  omitida,  sin  detenerse  a señalar por qué el mérito demostrativo de  las  demás  pruebas,  con  base  en  las cuales los funcionarios profirieron la  sentencia de condena, debe ser descartado.   

Sin  duda,  propender  porque  se  otorgue  credibilidad  a  un testigo y se le niegue a otro sin demostrar que hubo errores  de  los  falladores en su apreciación, no es cosa diversa a intentar sobreponer  el  criterio  personal  sobre  el  de  aquellos,  con desconocimiento de la dual  presunción  de  legalidad  y  acierto  que  ampara el fallo censurado, proceder  inadmisible en sede de casación.   

Ahora,  si  lo  pretendido  era demostrar la  inverosimilitud  de  la declaración de Jesús Humberto  Jiménez  Zamorano, correspondía al demandante acudir  a  la  violación  indirecta de la ley sustancial por error de hecho determinado  por  falso  raciocinio,  esto  es,  demostrar  que  en  la  valoración de aquel  testimonio   se  quebrantaron  las  reglas  de  la  ciencia,  la  lógica  y  la  experiencia,  o  bien, la presencia de un falso juicio de identidad, constituido  por  la  tergiversación  de  lo  afirmado por el testigo, asumiendo la técnica  propia de tales reproches.   

Pero si el propósito del defensor era alegar  la  duda  razonable,  le correspondía señalar la vía de su impugnación, esto  es,  por  violación  directa  o indirecta. Si postulaba la primera era su deber  demostrar  que  el  fallador reconoció en las consideraciones de la providencia  atacada  la existencia de dudas trascendentes de imposible eliminación sobre la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado, y pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición  normativa  que contiene el principio, cuando le correspondía en consonancia con  su exposición absolver.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso   juicio   de   legalidad,   acreditar  su  trascendencia  y  señalar  su  corrección,  labores  que  no  adelantó  el  defensor  y  que  conducen  a  la  inadmisión del cargo.   

          Adicional  a  lo  anterior  se  tiene  que  el  casacionista  estima  vulnerado  el  artículo  238  del  estatuto  procesal,  en  atención a que las  pruebas  no fueron valoradas de manera conjunta, argumento inherente al error de  hecho  por  falso  raciocinio,  que  como  ya  se  dijo, no invoca y tanto menos  desarrolla.   

Igualmente  es  necesario expresar que si de  conformidad  con el principio de claridad y precisión que rige la presentación  y  fundamentación del cargo en este trámite, corresponde al actor dentro de la  violación  indirecta  de la ley sustancial por errores de hecho, identificar la  especie  de  yerro  que reprocha y conforme a ello desarrollar la censura, no se  aviene  al  referido  principio  que  respecto  de la misma prueba y en el mismo  reproche,  o  en  otro  postulado  sin  señalar  su  prioridad,  se confunda la  argumentación  y  acreditación propias de errores de distinta especie, como ha  ocurrido en este asunto.   

          Finalmente  es necesario señalar que el actor no explica a la Corte  por  qué  su asistido actuó en una situación de caso fortuito, razón de más  para  evidenciar que su reproche es meramente enunciativo, y que no se sujeta al  rigor exigido por el legislador para su admisión.   

En  consecuencia,  la  confusión  del actor  impide  a  la  Sala  saber  con certeza cuál es puntualmente el cargo, y en tal  medida no queda camino diverso a seguir que inadmitirlo.   

Segundo  cargo: Nulidad de la actuación por  indebida vinculación del tercero civilmente responsable.   

          Inicialmente  se  advierte  que el demandante quebranta el principio  de  prioridad que rige la técnica casacional, en virtud del cual, primero deben  ser  formulados los cargos que en caso de prosperar conduzcan a la invalidación  del  trámite,  y  luego sí, los demás, pues como con facilidad se observa, la  censura  orientada  a  conseguir  la  declaratoria  de  nulidad es propuesta con  posterioridad   al   primer   cargo   por   violación   indirecta   de  la  ley  sustancial.   

Adicional  a  lo  anterior  se  tiene  que  reiteradamente  la  Sala  ha  puntualizado  que  para recurrir ordinariamente en  casación  se  deben  observar,  entre otros presupuestos de procedencia, que el  recurrente  sea  sujeto  procesal  legitimado  para  actuar (legitimación en el  proceso),  y que le asista interés jurídico para impugnar (legitimación en la  causa),    esto    es,    que    la   decisión   reprochada   le   reporte   un  perjuicio.   

Esta  última  exigencia  resulta  obvia, en  tanto  que  la impugnación extraordinaria constituye un enjuiciamiento técnico  jurídico  a  la  legalidad  de  la  actuación y la sentencia, de manera que el  recurrente  debe proponer y demostrar errores trascendentes en la aplicación de  la  ley  sustancial o que conculquen garantías fundamentales que por ello hagan  necesaria   la  intervención  de  la  Corte  en  orden  a  reparar  el  agravio  causado1.   

          En  el  reproche  objeto  de  estudio  advierte  la Sala que, de una  parte,  el  defensor  no  se  encuentra  legitimado en el proceso para actuar en  nombre  de  Gloria Cecilia Huertas Barrero,  reconocida  como  tercero  civilmente responsable, dado que no la  representa  por  disposición  legal  o  mandato  conferido por ella, y de otra,  carece  de  legitimación en la causa, en cuanto no se evidencia que su asistido  sufra  perjuicio alguno al ser aquella condenada a pagar de manera solidaria con  el  sentenciado  la  correspondiente indemnización por los perjuicios derivados  del delito.   

          Basten las razones invocadas para inadmitir la censura.   

De acuerdo con lo anterior, evidente resulta  que  la  demanda  acusa las graves falencias técnicas destacadas, las cuales no  pueden  en  modo  alguno  ser  subsanadas  por  la Corte, pues ello lo impide el  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite casacional, y además, no se  sujeta  a los presupuestos de procedencia para acceder a este medio impugnaticio  extraordinario,  imponiéndose  de  plano  su  inadmisión de conformidad con lo  dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   JORGE  ENRIQUE  HUERTAS  BARRERO,  por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Comisión de servicio  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Cfr.  Sentencia  del  4 de septiembre de 2003. M.P. Dra Marina Pulido de Barón, entre  otras.     

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