20944(13-10-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20944  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

APROBADO ACTA No. 88  

Bogotá, D. C., trece (13) de octubre del dos  mil cuatro (2004)   

ASUNTO  

         Se  decide  el recurso de casación interpuesto por el defensor del  señor   ORLANDO   TRUJILLO   SCARPETTA  contra  el  fallo dictado por el Tribunal Superior de Bogotá el 20  de  agosto  del 2002, mediante el cual revocó la sentencia absolutoria expedida  el  5  de  abril por el Juzgado Primero Penal del Circuito de la misma ciudad y,  en  su lugar, lo condenó a la pena de 16 años de prisión y multa por el valor  de  lo  apropiado  e  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el  término  de  10  años, como autor de los delitos de peculado por apropiación,  prevaricato    por    acción    y    falsedad    ideológica    en    documento  público.   

         En  el  mismo  fallo  condenó  a WILSON MANUEL FUENTES PEREIRA a 7  años  de  prisión,  multa  por  el  valor  de  lo apropiado e interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por el término de 4 años, como cómplice de  peculado  por  apropiación  y  autor  de  falsedad  personal; y a JOSÉ ANTONIO  PACHÓN  PALACIOS,  a 6 meses de arresto, multa por el equivalente a 10 salarios  mínimos  legales  mensuales  e  interdicción de derechos y funciones públicas  por 6 meses, como autor del delito de peculado culposo.   

HECHOS  

         El  29  de  diciembre  de  1997,  ORLANDO  TRUJILLO  SCARPETTA, jefe del grupo de cobro coactivo  de  la  Superintendencia  Bancaria,  y  JOSÉ ANTONIO PACHÓN PALACIOS, director  jurídico  de  la  entidad,  ordenaron  fraccionar el título judicial que por $  164.000.000  había  depositado  el  Banco de la República en el Banco Popular,  dentro  del proceso de jurisdicción coactiva adelantado por la superintendencia  contra la Corporación de Ahorro y Vivienda Corpavi.   

         Repartido  ese  valor  en  dos  títulos  por  $  140.000.000  y  $  24.000.000,   el  mismo  día  los  doctores  TRUJILLO  y PACHÓN ordenaron pagar el segundo al señor WILSON  MANUEL  FUENTES  PEREIRA.  También el 7 de enero de 1998 otro título por valor  de  $  3.500.000  fue  cancelado  al  señor  FUENTES, por orden de los doctores  TRUJILLO       y  PACHÓN.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

El 13 de marzo del 2000, un fiscal seccional  de    Bogotá    formuló    resolución    acusatoria    contra    TRUJILLO  SCARPETTA  como  autor  de  los  delitos  de  peculado  por  apropiación,  prevaricato  por  acción  y falsedad  ideológica  en  documento  público;  contra  PACHÓN  PALACIOS  como  autor de  peculado  culposo,  y  contra  FUENTES PEREIRA como autor de falsedad personal y  cómplice  de  peculado  por  apropiación.  La  resolución,  impugnada  por el  defensor  del  señor  TRUJILLO  SCARPETTA,  fue  confirmada  el  18 de mayo siguiente por un fiscal delegado  ante el Tribunal Superior de Bogotá.   

         Mediante  providencia  del  5 de abril del 2002, el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  absolvió  de todos los cargos a los señores  TRUJILLO   y   PACHÓN  y  declaró  la  nulidad  de  lo  actuado  a  partir  de la resolución acusatoria,  respecto  del  señor  FUENTES.  El  fallo, apelado  por la apoderada de la  parte  civil  y  por  el  fiscal,  fue revocado el 20 de agosto siguiente por el  Tribunal    Superior    de   Bogotá   en   el   sentido   que   ya   se   dejó  indicado.   

LA  DEMANDA   

         El  defensor  del  doctor ORLANDO TRUJILLO  SCARPETTA  formuló tres cargos contra la sentencia de  segunda instancia:   

         El  primero,  con  apoyo  en  la  causal  tercera  de  casación, por violación del debido proceso porque el Ad  quem no motivó debidamente el fallo.   

El  censor,  para destacar la incoherencia,  contradicción   y   ambigüedad  que  le  reprocha  a  la  sentencia,  examinó  separadamente  cada  uno  de  los  argumentos,  advirtiendo  que  no  pretendía  controvertirlos    sino    mostrar    los    yerros    en   que   incurrió   el  Tribunal:   

1.  Al  fundamento  del  fallo  absolutorio  relacionado  con  la  ausencia de prueba que acreditara la amistad y connivencia  entre  TRUJILLO y FUENTES, el  Ad quem adujo que no podía  existir  libertad  en  el  ejercicio  de la función pública sin los necesarios  controles,  diligencia  y  cuidado,  lo que se traduce en el cumplimiento de los  deberes  del  cargo.  Afirmó que ello se relaciona con los artículos 122 y 209  de  la Carta para estructurar tanto la culpabilidad como la responsabilidad, que  se  nutre  –la primera- de  los  postulados  de  la  buena  fe  y  la  confianza,  concretados  en fuente de  principios  o  deberes  generales  de  conducta  “que  imponen comportamientos  negativos   deshonestos   o   dolosos  o,  ya,  excluyentes,  genéricamente  de  culpa,  en  orden a evitar  resultados       lesivos       de       bienes      jurídicos      evitables”.   

         Si   se  pretendía  desvirtuar  la  conclusión  del  A  quo, el Tribunal debió demostrar que  en  el  proceso  sí obraba prueba de la relación existente entre los acusados.  Si  el  propósito era sostener que para la determinación de la responsabilidad  de  éstos  no  era  necesario  acreditar  esa  relación,  así  debió decirlo  expresamente  en  lugar  de  hacer  una  exposición que no se refiere al asunto  tratado.   

         2.   A   un   segundo   argumento,   relacionado  con  el  desorden  administrativo  de  la dependencia y la ausencia de manual de funciones para los  asuntos    que    atendía    el    doctor   TRUJILLO  SCARPETTA,  el  Tribunal  respondió que precisamente  por  esa  razón los procesados debían extremar el deber de cuidado que estaban  obligados  a observar en cada uno de sus actos, más todavía teniendo en cuenta  el  caos  existente  en  la  entidad,  porque  ese es el sentido y alcance de la  función  pública  orientada  por  los  principios  de  eficiencia, moralidad y  celeridad que la caracterizan.   

         Si  el  A  quo  adujo  que  por  no existir manual de funciones cada cual hacía lo que mejor le  parecía  acorde  con los postulados de la buena fe, de manera que los yerros en  que  se  incurriera  o la diversidad de criterios no permitían predicar por sí  mismos  el  delito  de  peculado  por  apropiación,  por  lo que la duda debía  resolverse    a   favor   del   procesado,   el   Ad  quem  no podía argumentar que el señor TRUJILLO  debió  incrementar el deber de  cuidado,  porque  como  éste  es  un  instituto  en  el  que se funda el delito  imprudente,   resulta   contradictorio   que   por  no  extremarlo  –lo   que   implica  reprocharle  una  omisión- se le impute un delito doloso.   

         3.  Después  de  transcribir  apartes  de  la sentencia de segundo  grado  en  los  que el fallador afirma que el estudio de la culpabilidad se debe  abordar  desde  determinada  concepción dogmática del derecho penal, el censor  cuestionó  que  ese  criterio  deba  tenerse  por obligatorio y también que el  análisis  de  unos  hechos  ocurridos  en  vigencia  del anterior Código Penal  debiera  hacerse  bajo  los parámetros del nuevo, en particular de su artículo  9º.,  “que  da  entrada,  justamente,  a  un  nuevo  concepto  de imputación  jurídica,  en  materia penal, concreción del injusto  típico    personal”,   según   dice   el   fallo  recurrido.   

         Ninguno   de   los  tres  argumentos  expuestos  por  el  Tribunal,  concluyó  el  libelista,  logra  demostrar  la  certeza  del  hecho  ni  de  la  responsabilidad  penal,  de  manera  que  se  deben  acoger  sus pretensiones y,  finalmente, confirmar la sentencia de primera instancia.   

El  segundo cargo  lo  formuló  con apoyo en la causal primera, por violación indirecta de la ley  sustancial   al   apreciar  erradamente  el  fallador  las  pruebas  recaudadas,  desconociendo   el   principio   del   in  dubio  pro  reo.   

En  desarrollo  de  la  censura,  luego  de  reproducir   apartes   de  los  fallos  de  primera  instancia  -sobre  la  duda  probatoria-  y  de  segunda  -que  reprocha  esa  conclusión-  y de exponer sus  criterios  sobre  la  necesidad  de  la  prueba que permita arribar a la certeza  sobre   la   responsabilidad,   el  casacionista  afirmó  que  el  Ad  quem tergiversó el contenido de los  medios  de  convicción  para atribuirles un mérito que no tienen, violando los  principios de la sana crítica en la valoración de la prueba.   

En  ese sentido, el Tribunal desconoció el  principio  de  contradicción  pues  a  una sola confesión vertida en un único  proceso  respecto de unos mismos hechos, íntimamente relacionados entre sí por  formar  una  unidad  concursal  delictiva,  indistintamente  le  dio  y le negó  validez.   

Lo  que debió hacer el fallador, dijo, era  examinar  las  hipótesis que descartaban la responsabilidad del procesado, más  aún  si  quien  lo planteaba era el juez de primer grado. No podía el Tribunal  asumir  una  posición  en  abstracto,  sino  precisar si la única tesis que se  derivaba  de  los  hechos investigados era la expuesta en la acusación o podía  ser  otra  distinta,  como  que  TRUJILLO hubiese sido instrumento de un experto estafador.   

Sobre  el  punto, anotó que existen por lo  menos   dos   hipótesis  invalidantes:  que  TRUJILLO  SCARPETTA  haya  sido  engañado por FUENTES PEREIRA,  reconocido  delincuente condenado por falsedad en este proceso, o que del actuar  culposo  de aquél se hubiesen aprovechado otros de los procesados para ejecutar  el  delito.  Luego  de  examinar  ambas  opciones  el  censor  se  refirió a la  trascendencia  del  error,  para concluir que si el Ad  quem  hubiese  valorado  integralmente  las pruebas y  hubiese  reconocido  que  no  existía  mérito  para  condenar,  necesariamente  habría   tenido   que  reconocer  el  in  dubio  pro  reo y, en consecuencia, confirmar el fallo impugnado.  Así,  en  criterio del recurrente, debe proveer la Sala, previa casación de la  sentencia de segunda instancia.   

El   tercer  cargo  lo presentó invocando el cuerpo primero de la  causal  primera  de  casación,  es  decir,  la  violación  directa  de  la ley  sustancial  por aplicación errónea del artículo 133 del Código Penal de 1980  y falta de aplicación adecuada de la misma norma.   

El yerro radica en que, contrariamente a lo  expresado  en el fallo, el inciso 3º. del citado artículo 133 no establece una  pena  mínima  de  12  años,  sino  que  permite  incrementar hasta la mitad la  prevista  en  el  inciso  1º.  Por  lo  tanto,  si la pena mínima para el tipo  básico  es  de 6 años, lo que el último inciso ordena es que se aumente desde  un  día  hasta 3 años, de manera que el límite máximo de la sanción es de 9  años.   

En   consecuencia,   si  el  Ad  quem argumentó que por no concurrir  circunstancias  de  agravación  debía aplicarse el mínimo, la pena no podría  ser superior a 6 años y 1 día para el peculado por apropiación.   

Por  lo  tanto, concluyó el demandante, se  debe  casar  la  sentencia  recurrida  y  en  su  lugar redosificar la sanción,  aplicando  correctamente  lo  previsto en el tercer inciso del artículo 133 del  Decreto 100 de 1980.   

ESTUDIO    DEL   NO  RECURRENTE   

         Dentro   del   término   concedido   a  los  no  recurrentes  para  pronunciarse  sobre  la  demanda  de  casación,  la apoderada de la parte civil  presentó  un  estudio en el que se opone a las pretensiones principal y primera  subsidiaria  del  impugnante,  admitiendo respecto de la segunda subsidiaria que  se  respete  el  principio  de  estricta  legalidad, aunque resaltando que no se  puede  reclamar a un tiempo la falta de aplicación y la aplicación indebida de  un mismo precepto legal.   

         Sobre   el   primer   cargo, expuso:   

         1.  La  sentencia  de  segunda  instancia  sólo puede pronunciarse  sobre los temas materia de impugnación.   

         2.  Las  apelaciones  de la fiscalía y la parte civil se centraron  en   los   tres   temas   principales   que   el   A  quo  invocó  para absolver al procesado, esto es, i)  la  inexistencia  de  vínculo  de  amistad  o  de  conocimiento  personal entre  TRUJILLO SCARPETTA y FUENTES  PEREIRA,  ii)  la  falta  del  manual  de funciones y iii) el presunto desgreño  administrativo en el grupo de cobro coactivo.   

         3.  Sobre el primer aspecto, el fallo de segunda instancia destacó  los  argumentos  expuestos por la parte civil, haciéndolos suyos. Por lo tanto,  no  es  cierto  que  el  razonamiento  del  Tribunal no tuviera relación con el  asunto  controvertido,  porque  los planteamientos que dijo compartir expresaban  que  no  era  necesario demostrar vínculo de amistad entre ambos procesados por  cuanto  el  delito  imputado  puede  ejecutarse  tanto  en provecho del servidor  público  como  de  un  tercero,  de  manera que la ausencia de prueba sobre ese  tópico  no  desvirtuaba  la  comisión del ilícito ni la participación de los  sindicados.   

         4.  Respecto  de  la falta del manual de funciones, el Ad  quem  planteó  que esto hacía más  exigente  el deber de cuidado en cada uno de los actos administrativos expedidos  por   el  doctor  TRUJILLO,  expresión  ésta,  “deber  de cuidado”, que el casacionista reprocha porque  hace  relación  a un instituto en que se funda el delito imprudente, por lo que  la argumentación del Tribunal sería contradictoria.   

         Debe  tenerse en cuenta, sin embargo, que la referencia al deber de  cuidado  surge  de  la  misma  sustentación  ofrecida por la parte civil, en su  propósito  de demostrar la falta de valoración del A  quo de la conducta del procesado, “quien teniendo a  su  cargo  la  custodia  y conservación física de los títulos judiciales y la  disposición  regular  de  los  valores  representados  en los mismos, faltó al  deber  de  cuidado, dada su participación directa y evidente en la utilización  y pago irregular de los títulos”.   

         Por  lo  tanto,  cuando  el  Tribunal aludió a ese concepto, no lo  hizo  para  restarle  el  carácter doloso al peculado sino para resaltar que la  inexistencia  del  manual  de  funciones  no  podía  impedir la declaratoria de  responsabilidad.   

         5.  Con  relación  al  segundo  cargo,  afirmó que de acuerdo con  alguna  decisión  de  la Sala de Casación Penal, cuando el demandante reprocha  el  tratamiento  impartido  por el juzgador al principio de duda, debe demostrar  que  en  la  sentencia  se  reconoce  formalmente  su presencia pero sin embargo  condena.  En  este  caso, agregó, el Tribunal nunca reconoció la existencia de  incertidumbre  sino  que, por el contrario, valoró la totalidad de las pruebas,  las   apreció   en  conjunto  y  destacó  los  testimonios  que  citó  en  la  providencia,  al  igual  que  los  indicios  derivados  del  comportamiento  del  procesado  frente  a  los  trámites  relacionados  con  el fraccionamiento y la  entrega de los títulos.   

EL    MINISTERIO  PÚBLICO   

         Respecto  del  primer  cargo,  el  señor  Procurador  Primero Delegado para la Casación Penal  opina  que  debe  prosperar  porque  la  motivación  confusa,  incoherente y de  difícil  comprensión  del  fallo  de  segunda  instancia,  impiden  hallar las  razones  en  que  se  apoyó  el  Tribunal  para declarar la responsabilidad del  doctor   TRUJILLO  por  los  delitos   de  peculado  por  apropiación,  falsedad  ideológica  en  documento  público y prevaricato por acción.   

         Sobre  los  tres  temas  debatidos  por el demandante en esta sede,  dijo:   

         1.  Con  relación  a la ausencia de prueba que acredite la amistad  entre  TRUJILLO y FUENTES, la  acusación  es  parcialmente cierta porque la respuesta del Tribunal fue clara y  coherente,  pues  aunque  en  principio  no  desarrolló  el  punto  sino que se  refirió  a  la inexistencia del manual de funciones, más adelante, al examinar  los argumentos de la parte civil, lo trató de manera adecuada.   

         2.  Resulta  contradictorio  que  el  Ad  quem afirme que el procesado debió extremar el deber  de  cuidado  en  el  cumplimiento  de  sus  funciones porque de haberlo hecho se  habría     evitado     el     comportamiento     antijurídico     –lo    que    implicaría    hacerlo  responsable  de  una  conducta  por  omisión  al infringir el deber objetivo de  cuidado-  y  al  mismo  tiempo  acoja  la  adecuación  típica  de  los delitos  dolosos.   

         Ese   desacierto,  añade,  se  evidencia  cuando  al  examinar  la  conducta  de PACHÓN PALACIOS, acusado por peculado culposo, expone de nuevo los  planteamientos  sobre  el  deber  de  cuidado,  ahora  sí aplicables al punible  imputado.   

         Para  el  Delegado, el recurrente tiene razón en la crítica sobre  la  falta de claridad del fallo, su insuficiente motivación en algunos puntos y  las    contradicciones   en   que   incurre.   A   los   señores   TRUJILLO     y     PACHÓN  se  les  hubiese  podido  reprochar  la  infracción  al  deber  objetivo de cuidado o el incumplimiento de sus funciones  siempre  que  se les hubiese acusado por peculado culposo, lo que sólo ocurrió  respecto  del  segundo.  Por  lo  tanto,  es  desacertado  y  ambivalente dar un  tratamiento  similar a las dos formas de culpabilidad, como lo hizo el Tribunal,  en  una  inaceptable  motivación conjunta que no podía hacer, porque los temas  individuales  no  se  asimilaban. Si estimaba que la conducta imputada al señor  TRUJILLO  se  adecuaba  al  peculado  culposo,  así  debió  declararlo expresamente y proferir condena por  ese  delito  como  lo  ha aceptado la Corte, dada la degradación de los cargos,  sin    que    resulte   comprometida   la   consonancia   entre   acusación   y  sentencia.   

         Concluye  el representante del ministerio público que respecto del  peculado  por apropiación la motivación fue contradictoria y, en consecuencia,  solicita  se  declare  la nulidad por violación del debido proceso como lo pide  el demandante.   

El   segundo  reproche  carece  de fundamento y no puede prosperar,  porque  la  sentencia no alude a ninguna situación que generara duda. El censor  no  señaló  en  qué consistió la tergiversación de las pruebas ni demostró  la  violación  de  las reglas de la sana crítica, equivocando también la vía  del  cargo,  que debió presentarlo entonces como error por falso raciocinio con  indicación  de  los  principios  de la lógica, la ciencia o la experiencia que  fueron  transgredidos. A cambio de ello, se limitó a resaltar contradicciones e  incongruencias    aun   respecto   del   tema   de   indicios,   inadecuadamente  tratado.   

         La     tercera    censura  debe  acogerse  a  pesar  de  la  formulación contradictoria que  implica  reprochar  al tiempo aplicación errónea y falta de aplicación de una  misma  norma, pues logra entenderse que se refiere a la primera modalidad porque  se  seleccionó  correctamente  la  disposición,  pero  se le asignaron efectos  contrarios a los que ella prevé.   

         “La   interpretación   adecuada   de   la   norma,  dice  el  Delegado  refiriéndose  al  artículo  133  del anterior  Código  Penal,  es  la  de sumar el término de tres  años  como mitad del mínimo establecido, para identificar un término de nueve  años,  a  partir del cual se contabilizaría la pena mínima en este caso, y no  los 12 años señalados”.   

         Por esta razón, concluye, la demanda debe prosperar.   

         Adicionalmente,   el  ministerio  público  solicita  la  casación  oficiosa  a  favor  del  procesado  PACHÓN  PALACIOS, condenado a seis meses de  arresto,  porque  el  nuevo  Código  Penal  abolió esa especie de sanción. En  consecuencia,  por  favorabilidad,  “se  le  debe  imponer únicamente la pena  principal  de  multa  y  la  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas  señalada  en  el  original artículo 137 del Código Penal de 1.980, que era el  que  se  encontraba  vigente  cuando  se cometió la conducta punible juzgada en  este proceso”.   

         También  se  debe adicionar a la pena accesoria que se le impuso a  todos  los  procesados  la inhabilidad para el desempeño de funciones públicas  en  los  términos  previstos en el artículo 122 de la Constitución Política,  pues  aunque  el  peculado está incluido en el título de los delitos contra la  administración  pública,  no  hay duda que afecta el patrimonio público, como  lo ha reconocido la Corte.   

CONSIDERACIONES   

         El  primer cargo  no  está  llamado  a  prosperar,  por las siguientes  razones:   

De  manera  reiterada, ha dicho la Sala que  los     defectos     de    motivación    de    la  sentencia,  con  efectos  invalidantes,   pueden  consistir en:   

i)   Ausencia  absoluta  de motivación, que se presenta cuando no se  precisan    los   fundamentos   fácticos   y   jurídicos   que   soportan   el  fallo.   

ii)  Motivación  incompleta   o   deficiente,  que  ocurre  cuando  la  precaria  sustentación  impide  saber cuál es el sustento de la decisión o no  analiza sus fundamentos fácticos o jurídicos.   

iii)  Motivación  equívoca,  ambigua,  dilógica  o ambivalente, cuando  la  providencia  contiene  conceptos  o argumentos que se excluyen entre sí, de  manera  que  finalmente  se  ignora  el  sentido de la motivación, o cuando las  razones  expuestas  en  la parte motiva no explican la decisión contenida en la  resolutiva.   

iv)  Motivación  sofística,   aparente   o  falsa,  cuando  no  está  respaldada en la verdad probada en el proceso.   

         En     este     caso     el     censor     reprocha    –y   la  crítica  halla  eco  en  el  Procurador  Delegado-  que  la motivación ambigua, incoherente, contradictoria,  confusa  del  fallo de segunda instancia, no permite conocer las razones por las  cuales  el  Ad quem revocó  la   sentencia  de  primer  grado  y  declaró  la  responsabilidad  del  señor  TRUJILLO  SCARPETTA,  pues  repetidamente  alude  a  conceptos  propios  de  la  culpabilidad por culpa para  terminar condenándolo por peculado doloso.   

         Con  el  propósito  de verificar la procedencia del cargo, dígase  inicialmente  que, examinada la estructura de la sentencia, se aprecia que en su  parte  considerativa  el fallador se ocupó esencialmente de cuatro temas: i) el  resumen  de  los  cargos que fueron imputados a los procesados en la resolución  acusatoria;  ii)  el  “análisis  y  confrontación”  de “los núcleos del  razonamiento  expuesto  por el Juzgado para fundamentar la decisión apelada”;  iii)  la  respuesta a “las consideraciones formuladas por la defensa” y, iv)  la dosificación punitiva.   

         De  ellos,  sólo el segundo trata de la responsabilidad del doctor  TRUJILLO  SCARPETTA, pues el  primero  es  de  mera  reseña, el tercero se refiere únicamente al coprocesado  PACHÓN   PALACIOS   y   el   último   es   corolario   de   la   decisión  de  condenar.   

Para  determinar  si  en realidad el fallo,  escrito  en  efecto en un lenguaje a veces confuso y cargado de conceptos que en  aras  de  la  claridad  no  era  necesario  expresar, es incomprensible, resulta  conveniente   realizar   un   ejercicio   inicial   de   reconstrucción  de  la  argumentación,  que  permita  destacar  los  diversos  temas  a  que aludió el  Tribunal en los doce numerales del ordinal segundo.   

Así,  después  de resumir las razones que  tuvo   el   juzgado  para  absolver  al doctor TRUJILLO,  que  en  síntesis  consisten  en  no  haber encontrado prueba que demostrara la  amistad  y connivencia de éste con FUENTES PEREIRA, la inexistencia en el Grupo  de  Cobro  Coactivo  de  un manual específico de funciones y el hecho de que no  sólo  era  admisible el fraccionamiento de títulos judiciales sino también el  cruce  de cuentas entre diversos procesos a cargo de un mismo ejecutado, dijo el  Ad quem:   

         1.   Los  servidores  públicos  responden  por  violación  de  la  Constitución  y la Ley y por omisión y extralimitación en el ejercicio de sus  funciones.  Por  eso  se  deben  tener  en  cuenta  los  artículos  122  y  209  constitucionales   para  estructurar  la  culpabilidad,  que  se  nutre  de  los  postulados  de  la  buena  fe  y  de  la  confianza,  generadores  de deberes de  conducta.   

         2.  A  la luz de esos principios y de las previsiones del artículo  2º.  de  la  Carta,  los  jueces  deben  interpretar  los artículos 9 a 12 del  Código Penal.   

         3.     Sobre    la    culpabilidad    del    doctor    TRUJILLO, se observa:   

         a)  No  existía manual de funciones, por lo que debía extremar el  deber de cuidado en los actos administrativos.   

         b)  Se  debe  tener  en  cuenta  el riesgo creado en la dependencia  oficial   ante  la  anarquía  funcional,  “el  cual  se  incrementó  con  la  tramitación  administrativa cumplida por Trujillo y Pachón Palacios”, que no  estaba     ajustada     a     “los     parámetros     de     normalidad     y  regularidad”.   

         4.   Si  bien  a  lo  imposible  nadie  está  obligado,  si  estos  implicados  hubieran  actuado  ceñidos  a  la  buena fe, a los postulados de la  confianza     y    del    deber    objetivo    de    cuidado,    “necesariamente el hecho antijurídico de  base   (peculado)   se   hubiese  evitado”;  pero  los  testimonios  e  indicios  muestran que el desorden  estaba  dirigido  “a  crear  las  condiciones propias para la realización del  hecho y de su impunidad”.   

         5.  La  valoración  debe  hacerse  a la luz del artículo 9º. del  Código   Penal,  que  consagra  la  postura  actual  de  la  disciplina  penal,  “centrada   en   la   concepción  normativa,  anticausalista,  propia  de  la  imputación  al  tipo  objetivo”, no desde un derecho penal abstracto-formal y  lineal   que  permite  justificar  cualquier  adefesio  o  irracionalidad,  como  ocurrió en este caso.   

         6.  Dos  datos,  relacionados  con  el  comportamiento  del  doctor  TRUJILLO,  permiten  darle  más solidez a lo dicho:   

         a)  “…  su  desempeño  frente  a  los  trámites  y resultados  obtenidos  en  los  procesos  examinados  en  la  Resolución Acusatoria, atrás  referenciados  y  explicitados  a  folios  47  ss  de dicha Resolución, de suyo  elocuente  a  nivel  indiciario  y  no contradichos o desvirtuados en el decurso  posterior del proceso”.   

         b)  La  sombra  que sobre la transparencia de su actuación tienden  los   testigos   Chiquinquirá   Corredor,  Rincón  Rodríguez  y  Daza  Brocca  -reexaminados  por  la  fiscalía  en  segunda  instancia  (fl.  16 del cuaderno  original  No.  3) y no desvirtuados- máxime que el procesado debía conocer las  normas  a  las  que tenía que ajustarse en el cumplimiento de sus funciones, lo  cual  se  agrava si se advierte que las providencias en las que se sustentaba la  disponibilidad  de  los  títulos  fueron  dictadas  a  posteriori.   

         Esto  refuerza  la  conclusión  que  la  fiscalía  expuso  en  la  resolución  acusatoria  sobre  la  empresa  criminal  formada para el caso, que  pretendía  escudarse  en  el  caos  funcional,  situación  que el A   quo  aprovechó  para  sustentar  su  reprochable  fallo,  desconociendo  la  experiencia  criminológica –a  la que debía acudir por remisión  del  artículo  23  del  estatuto  procesal-  según la cual esas “situaciones  funcionales      irregulares      son,      precisamente,     o     preordenadas   o   aprovechadas,   como  factores  predisponentes y  desencadenantes    de  ilícitos, como el perpetrado”.   

         7.  El  Tribunal  comparte  “las  atinadas,  puntuales y lógicas  deducciones  expuestas por la parte civil en su analítico y ponderado análisis  del  hecho  investigado;  de  sus  antecedentes  y circunstancias concomitantes,  tendientes  a demostrar, con sindéresis procesal-probatoria y apoyada, al mismo  tiempo,  en la naturaleza de  los  hechos,  el  dolo  que  animó,  repítese,  el  comportamiento de Trujillo  Scarpetta   y   su  convergencia  psicológica  con  Fuentes  Pereira,  ducho  y  experimentado  en esta clase y modalidades de ilícitos; de ahí la oportunidad  claramente  constituida  y  aprovechada  por  aquél,  pues esta clase de delitos no se da al azar, tal como  lo  evidencian los citados estudios empíricos de la criminología, lo que viene  a  explicar la “participación directa y evidente en  la    utilización   y   el   pago   irregular   de   los   títulos”,  en  los términos concretos que dicha parte recurrente expone  irrefutablemente, a folio 28 ib.”.   

         8.  No  existe  prueba  que  neutralice  la  grave serie indiciaria  acumulada   contra   el   doctor  TRUJILLO en el curso del proceso.   

         9.  Recapitulando,  las  deducciones, inferencias y consideraciones  expuestas  en  el  fallo de primer grado a partir del folio 312, son subjetivas,  arbitrarias  y  parcializadas,  ajenas  al  plexo axiológico-político-cultural  recogido   en  la  Constitución  y  a  la  lógica  material  contenida  en  el  proceso.   

         10.  Como  respaldo  de  lo anterior, basta examinar lo relativo al  fraccionamiento  de  títulos a la luz de lo afirmado por la parte civil ante la  carencia  de  “antecedentes  o  soportes  que justificaran dichos pagos…”,  pues  no  puede invocarse libertad funcional de determinación del procesado sin  que al tiempo se le exija responsabilidad en la toma de decisiones.   

         “Es          aquí          donde         el         principio      de      confianza,  atrás  aludido,  cobra, hoy  más  que  nunca,  plena  virtualidad  y  sentido  y el concepto de imputación  objetiva, regido de la mano  del  incremento  del riesgo (máxime cuando se ha aprovechado del mismo, ante el  presunto  caos  planteado  irreflexiva  y  gratuitamente  por  el Juzgado), como  elemento  nuclear  de  dicho  concepto,  de  la  mano de la aludida vigencia  de la norma. Y, repítese, del  concepto  de evitabilidad en  que, en última instancia, se centra la naturaleza del delito”.   

         11.  Aun  admitiendo  la anarquía administrativa, ella no exime de  responsabilidad  al procesado, quien con mayor razón estaba obligado a corregir  y  controlar ese estado de cosas y a extremar su previsión, cautela y prudencia  “con    las    medidas    de   control      pertinentes      (…)     encaminadas     a     evitar  hechos  irregulares  o  dolosos,  como los efectivamente causados”.   

         12.   En   resumen,   el   motivo   de   la   acusación  permanece  incólume.   

         Qué  es,  entonces,  finalmente,  lo  que  ha  dicho  el  Tribunal  respecto  de  la  responsabilidad  del  doctor TRUJILLO  SCARPETTA?   

         1.  Que si no existe manual de funciones y hay caos administrativo,  se   debe   ser   más   cuidadoso   para   evitar   que   se  produzcan  hechos  ilícitos.   

         2.  Que  los testimonios e indicios muestran que el desorden estaba  dirigido  a  crear  las  condiciones  propicias para la realización del hecho y  asegurar su impunidad.   

         3.  Que  a  la  demostración  de  la  responsabilidad  del  doctor  TRUJILLO   confluyen  los  indicios  que  se  derivan  de  su  desempeño  frente  a  los trámites y a los  resultados  de  los  procesos  que  se  revisaron  en la resolución acusatoria,  específicamente  a  partir  del  folio  47,  y los testimonios de Chiquinquirá  Corredor,  Rincón  Rodríguez  y  Daza  Brocca,  examinados  por  la  fiscalía  delegada  ante el Tribunal a folios 16 del cuaderno No. 3, destacándose que los  actos  que  ordenaban  el pago de los títulos fueron dictados con posterioridad  al  cobro, lo que refuerza lo consignado en el pliego de cargos sobre la empresa  criminal  conformada  para  cometer  los  delitos, escudada en un caos funcional  preordenado o aprovechado para perpetrarlo.   

         4.  Que comparte en su integridad el análisis que en la apelación  hizo  la  parte  civil  sobre los antecedentes y circunstancias concomitantes de  los  hechos  investigados para demostrar el dolo que animó el comportamiento de  TRUJILLO  y su convergencia  con  FUENTES,  persona  experimentada  en  esta  clase  de ilícitos. Al efecto,  remite a los argumentos consignados por el recurrente a folios 28.   

         

         5.  Que  para  concluir  que el fallo de primer grado es subjetivo,  arbitrario  y  parcializado,  basta  examinar  lo  dicho  por la parte civil con  relación  al  fraccionamiento  de  títulos  y  la  carencia  de  soportes  que  justificaran el pago.   

         6. Que el motivo de la acusación permanece incólume.   

         

         Estas  conclusiones,  así  dichas, podrían carecer de significado  para  alguien  ajeno  al proceso, que desconozca el contenido de la acusación y  los  temas  que  se discutieron en el juicio, pero no para quien precisamente ha  estado  involucrado  en  el  debate  y sabe con exactitud a que se refiere o que  implicaciones  tiene  aludir  a  los  medios  de  convicción  valorados  por la  fiscalía o a los argumentos expuestos por la parte civil.   

             Así,   cuando   el  Tribunal  sostiene  que  la prueba indiciaria y testimonial permite concluir que  el  desorden  administrativo  fue  generado  o aprovechado por el procesado para  cometer  el  delito  y  asegurar  su  impunidad  y  remite a la valoración y al  análisis  consignados en los cargos, cuyos fundamentos estima “incólumes”,  o  cuando alude al estudio del recurrente sobre las circunstancias que acreditan  el      actuar      doloso      de     TRUJILLO  y  su  confabulación  con  FUENTES,  calificando  sus  deducciones  como  “atinadas,  puntuales  y  lógicas”, los sujetos procesales conocen con exactitud a que se  está   refiriendo   el  Ad  quem,  y,  en  esa  medida,  igualmente  entienden  que  comentarios marginales sobre el deber de cuidado, el  incremento  del  riesgo o la evitabilidad del resultado no son de la esencia del  razonamiento  ni  intentan  sustentar  una  responsabilidad  por culpa, sino que  pretenden   enfrentar   la   excusa,   admitida   por   el   A   quo,  de  que  los  hechos  se produjeron por la desorganización y la  ausencia de manual de funciones.    

  Dicho en otros términos,  la  explicación  del  juez de primera instancia que atribuyó la ocurrencia del  hecho  al  caos administrativo que se presentaba, es rechazada por el de segundo  grado   que  afirma  la  exigencia  de  mayor  responsabilidad  al  jefe  de  la  dependencia,  no  para  decir  que  su actuar fue culposo, sino para señalar lo  inadmisible  de  la  justificación.  Así,  un argumento complejo que tiene por  inaceptable  la  excusa  del  desorden esgrimida por quien tenía la obligación  funcional  de  imponerlo  para  evitar resultados lesivos a la entidad, y que al  mismo   tiempo   le   imputa  la  generación  de  ese  estado  de  cosas  o  su  aprovechamiento  para  apropiarse de recursos en beneficio propio o de terceros,  no puede ser rechazado por contradictorio.   

         Apreciadas  en  conjunto  las  razones  del  Tribunal  y  las  que,  ofrecidas  por  la fiscalía en la acusación y por la parte civil en su estudio  impugnatorio,   señaló   el  fallador  de  manera  expresa,  prohijándolas  e  incorporándolas  a  su propio razonamiento, el cargo se desvanece para tornarse  impróspero.   

             En   este  sentido,  aunque  para  mayor  claridad  hubiera  sido  deseable  que  el Tribunal hubiese  asumido  por  inclusión y no por remisión los análisis a los que alude, basta  hacer  un  simple  ejercicio  integrador  de  los  tres  textos,  guiado por las  referencias    del    Ad  quem,  para  entender  el  fundamento  del  fallo  condenatorio  a partir de la reseña que en el pliego de  cargos  se  hace de i) los procesos de jurisdicción coactiva adelantados por el  correspondiente  grupo  de  la  Superintendencia  Bancaria,  estudio que pone en  evidencia  el  indebido fraccionamiento de un título por valor de $ 164.000.000  y  las  ilegales  órdenes  de  pago  que se emitieron a favor del señor WILSON  FUENTES  PEREIRA,  así  como  de  ii)  los testimonios de Gloria Chiquinquirá,  quien  encontró  las irregularidades y destacó que no existía resolución que  ordenara  el  fraccionamiento  ni  copia  del poder supuestamente presentado por  FUENTES,      documentos      que      TRUJILLO  prometió   entregar;   y  de  Enrique  Daza  Brocca  y  Julio  Alberto  Rincón  Rodríguez,  quienes  informaron que el procesado les manifestó que tenía esos  soportes  en  su residencia. La valoración que de estos testimonios, que fueron  cuestionados  por  la defensa en la impugnación del vocatorio a juicio, hizo la  fiscalía       Ad  quem  para  confirmar  la  resolución,   fue   igualmente   incorporada   por  el  Tribunal  en  el  fallo  recurrido.   

             Por  último,  si  el  Tribunal  asumió  como  propio  el  estudio  que  hizo la parte civil sobre las  circunstancias  antecedentes  y concomitantes que acreditaban la conducta dolosa  del    doctor    TRUJILLO  SCARPETTA,  para  la  cabal  comprensión  de la providencia impugnada bastaría integrarlo en la lectura del  fallo,  y  tener  como  parte  esencial del análisis probatorio efectuado en la  sentencia    las    valoraciones    a   las   que   expresamente   remitió   el  Ad  quem, como esta:   

         “En  efecto,  las pruebas que seguidamente se analizan demuestran  que  Trujillo  Scarpetta,  al  momento  de suscribir las órdenes de pago de los  títulos  judiciales  objeto de enjuiciamiento, actuó de manera voluntaria y su  proceder  inequívocamente  estaba  encaminado  a que ese tercero Wilson Fuentes  obtuviera un incremento patrimonial no justificado. Veamos:   

         “En    relación    con    los   actos  previos  para que se hicieran efectivos dichos pagos,  las  pruebas  son  coincidentes  en demostrar que a pesar de existir al interior  del  Grupo  de Cobro Coactivo de la Superintendencia Bancaria un funcionario con  funciones  secretariales, que en principio debió ser la persona que atendiera a  Fuentes   Pereira  en  las  tres  oportunidades  y  en  representación  de  tres entidades diferentes para la  entrega  de  los  títulos,  éste  fue atendido en las  tres  oportunidades  de  manera  exclusiva  por  Trujillo  Scarpetta,  quien  además  de encargarse de la verificación de los poderes  presentados  para  el efecto, personalmente  se encargó de elaborar las órdenes de pago, de obtener la firma  del  Director  Jurídico  que  avalara  los  endosos  de  dichos  títulos y las  respectivas  órdenes  de  pago, de radicar los mencionados oficios y retirarlos  del  Grupo  de  Correspondencia,  tal  y  como  se  advierte de las planillas de  entrega   de   los   días   29   de   diciembre   de  1997  y  7  de  enero  de  1998.”   

         “En  relación  con  la  confirmación de las órdenes de pago de  los  referidos  títulos, destaco lo expuesto por Aurelio Pinilla Reyes, Jefe de  Operaciones  del  Banco Popular, quien en diligencia realizada el 17 de marzo de  1999, al ser indagado en ese sentido manifestó:   

         ““(…)  ese  día  estuvo  en  la  oficina del Banco el doctor  ORLANDO  TRUJILLO  quien de manera personal  confirma el pago del título judicial de  24  millones de pesos estampando al respaldo del mismo  título  su  firma y sello registrado con la expresión confirmado” (negrillas  mías)”.   

         “En  cuanto  a la regularidad de la confirmación personal de las  órdenes   de   pago   por  parte  del  Orlando  Trujillo,  a  renglón  seguido  manifestó:   

         “”Que  me acuerde no era costumbre, (…) Supongo que él fue a  mi  oficina  con  el  propósito de confirmar el pago del título judicial de 24  millones  pero  revisando  los  folios  6  y  7  se  establece  que él  solicita  la  conversión  según el folio 6 del título de 164  millones  en  dos,  uno por 140 millones y otro por 24 millones, títulos que le  son   entregados   al   doctor   Orlando  Trujillo”  (negrillas nuestras”.   

         (…)   

         “Se  precisa, además, que 21 días después de haberse efectuado  el  pago,  se profirió por parte de Trujillo Scarpetta decisión definitiva, en  la  que no se hizo alusión al título por valor de $ 24.000.000.oo, sino que el  fallo  sólo  se  refería  al  título por valor de $ 164.000.000.oo, es decir,  como si no se hubiera ordenado su fraccionamiento.”   

         “Las  anteriores  circunstancias,  contrario a lo afirmado por el  juez  en  el  fallo  que  se  recurre,  no  pueden ser consideradas como simples  “errores”,  pues no son  más  que la expresión o manifestación de la voluntad de obtener efectivamente  a  favor  de  ese  tercero el pago, además de la demostración de su propósito  posterior  de  ocultar  el  pago con un auto que no consultaba la realidad de lo  ordenado.”   

         Reflexiones  semejantes hizo el mismo sujeto procesal con relación  a  la  ilegalidad  de  los  demás  pagos,  anotando  a  modo  de  introducción  que   

         “…  se  aprecia  en  el  fallo  que  éstos no fueron objeto de  análisis,  no  obstante existir dentro del expediente suficientes elementos que  de  manera contundente demostraban el propósito de Trujillo Scarpetta de que se  hicieran  efectivos  dichos  pagos  a  favor del tercero Fuentes Pereira y de no  dejar  la  menor  evidencia  de  la  ocurrencia de los mismos en los expedientes  respectivos”,   

         estudio  al  que  luego  se  aplica y que, para los efectos de esta  providencia,   resulta  innecesario  reproducir  pues,  con  lo  dicho,  aparece  evidente que el cargo se debe desestimar.   

         Tampoco    está    llamada    a    prosperar    la    segunda  censura,  porque el demandante,  en  lugar  de  señalar los errores de hecho que dijo cometió el Tribunal en la  valoración  de  la  prueba,  simplemente  se  dedicó a confrontar la sentencia  impugnada  con  la de primera instancia, para reivindicar como más sólidos los  argumentos   contenidos   en   ésta   y  reprocharle  a  aquélla  no  haberlos  desvirtuado.    

         Por  eso,  después de transcribir y respaldar las conclusiones del  fallo  absolutorio  que  “en  forma  por  demás  acertada decide reconocer la  existencia     de     duda    razonable”,  sostuvo  el  libelista  que  el  error  se concretó “en la  contrapuesta  posición  del  ad-quem  a  este respecto”, lamentando que no se  hubiera  ocupado  de  “examinar  las  posibles  hipótesis invalidantes” que  permitirían  tener  al  doctor  TRUJILLO como  instrumento  o  víctima  de  un  hábil estafador, tarea que  entonces  emprendió el demandante con total desapego de la técnica que orienta  el  recurso,  que  le  imponía  demostrar los errores trascendentes que hubiere  cometido el Tribunal en la apreciación probatoria.   

         El      tercer     cargo,  en cambio, pese a la inadecuada enunciación que revela el hecho  de  plantear  al tiempo  falta de aplicación y aplicación errónea de una  misma  norma,  pues  se  trata  de conceptos que se excluyen, merece ser acogido  porque  en realidad el Tribunal se equivocó en la interpretación del artículo  133  del  Código  Penal  que regía para la fecha de comisión de las conductas  punibles.   

         Así   razonó  el  Ad  quem  para  determinar  la  pena  que  debía  imponérsele  al  doctor  TRUJILLO             SCARPETTA:   

         “Que  al  imputado Trujillo Scarpetta se le atribuyen los delitos  de  Peculado  por  apropiación en concurso homogéneo y sucesivo, y en concurso  heterogéneo  con los punibles de Prevaricato por acción y falsedad ideológica  en  documento  público, previstos en los Arts. 133, 149 y 219, respectivamente,  del  anterior  C.  Penal  y,  atendiendo, además, los parámetros para fijar la  pena  y  la  aplicación de los mínimos y máximos de que tratan los artículos  61   y   67   del  extinto  estatuto  punitivo,  aplicable  en  este  caso,  por  favorabilidad,  ha de afirmarse, que como quiera que no concurren circunstancias  modificadoras,  debe  partirse  de  la pena mínima establecida en el inciso 3º  del  Art.  133  citado,  es decir, de doce (12) años de prisión, por cuanto el  valor   de   lo   apropiado   ($   60’133.259.oo)   supera   los  doscientos  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  para  la  época  de los hechos, guarismo que, a su vez, se  incrementa  en  cuatro  (4) años, habida cuenta del concurso de hechos punibles  (Art.  26  C.P.),  para un total final de pena a imponer al aludido procesado de  dieciséis   (16)   años   de   prisión,  multa  equivalente  al  valor de lo apropiado e interdicción de  derechos y funciones públicas por diez años”.   

         Sin  embargo,  el artículo 133 del Decreto 100 de 1980, modificado  por los artículos 18 y 19 de la Ley 190 de 1995, disponía:   

         “El  servidor  público  que  se apropie en provecho suyo o de un  tercero  de  bienes  del Estado o de empresas o instituciones en que éste tenga  parte  o  de  bienes  o  fondos  parafiscales,  o de bienes de particulares cuya  administración,  tenencia  o  custodia  se  le  haya  confiado por razón o con  ocasión  de  sus  funciones,  incurrirá  en prisión de seis (6) a quince (15)  años,  multa equivalente al valor de lo apropiado e interdicción de derechos y  funciones públicas de seis (6) a quince (15) años.   

         “Si  lo  apropiado  no  supera un valor de (50) salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,  dicha pena se disminuirá de la mitad (1/2) a las  tres cuartas (3/4) partes.   

         “Si  lo  apropiado  supera  un valor de doscientos (200) salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, dicha pena se aumentará hasta en la mitad  (1/2)”.    

         Esto  significa  que  cuando  el  valor  de  lo apropiado supera el  equivalente  a  200  salarios  mínimos  mensuales,  como  la  pena  se  aumenta  hasta  en  una proporción,  que  “se  aplicará al máximo de la infracción básica” (artículo 60-2 de  la     Ley     599     del    2000)    aquélla  oscilará  entre  6  y  22.5 años. Por lo tanto, la pena  mínima   que   para   el   peculado   por  apropiación  dijo  el  Ad   quem   debía   imponerse  por  no  concurrir  circunstancias  modificadoras,  es de 6 años, no de 12 años como lo  dispuso  equivocadamente  el  Tribunal,  ni  de  9  como lo afirmó el Delegado.   

         Para  respetar  los  parámetros fijados en el fallo impugnado, por  el  concurso de hechos punibles se debe adicionar la pena en el mismo porcentaje  que   tuvo   en   cuenta   el   Ad  quem,  equivalente  a  la  tercera parte de la señalada para el delito  base.  Así,  a  los  6  años se deben sumar 2 años por este concepto, para un  total  de  8  años  de  prisión;  término  idéntico  al de la suspensión de  derechos  ciudadanos, porque respecto de la interdicción de funciones públicas  deberá  estarse,  como  lo  sugiere el Delegado y enseguida se dispondrá, a lo  que ordena el artículo 122 de la Constitución Política.   

         Casación oficiosa.   

         Acertados  los  reparos del Ministerio Público en cuanto a la pena  de  arresto  impuesta  al  coprocesado  JOSÉ  ANTONIO  PACHÓN  PALACIOS y a la  aplicación  de  la  inhabilidad  intemporal  prevista en el artículo 122 de la  Carta  que  el  Tribunal  omitió deducir, la Sala casará de oficio en esos dos  aspectos   la   sentencia   de  segunda  instancia.  También  en  cuanto  a  la  dosificación  punitiva relacionada con el señor WILSON MANUEL FUENTES PEREIRA,  tarea  en  la que el Tribunal incurrió en el mismo yerro de interpretación del  artículo 133 del anterior Código Penal.   

         

         En consecuencia:   

         1.  Siguiendo  las  directrices  trazadas en el fallo, la mitad del  mínimo  a  que  se  hizo  acreedor el señor FUENTES PEREIRA como cómplice del  delito  de  peculado  por  apropiación  asciende  a 3 años de prisión. Por el  concurso  con  la  falsedad  personal,  que le significó el aumento de un año,  mínimo  previsto  para  esa  ilicitud en el anterior estatuto, se aplicará por  favorabilidad  el  nuevo  código,  que  consagró  únicamente  pena  de multa.   

Por  lo  tanto,  concurrente  la  sanción  pecuniaria  con  la  deducida en el fallo como acompañante de la pena privativa  de  libertad  (artículo  39-4  del  Código  Penal),  al  señor  FUENTES se le  impondrán  3  años  de  prisión, multas por valor de un salario mínimo legal  mensual  y por el equivalente a la mitad de la suma apropiada e interdicción de  derechos    y    funciones    públicas    por   el   mismo   término   de   la  prisión.   

         2.  El  Código  Penal  anterior sancionaba el peculado culposo con  pena  de  arresto,  modalidad de privación de libertad que fue suprimida por la  Ley  599  del  2000  que,  sin  embargo, fijó para ese delito pena de prisión.   

         Al  examinar  la  variación legislativa desde la perspectiva de la  favorabilidad,  la  Corte  ha  sostenido  que en estos casos, de acuerdo con una  interpretación sistemática,   

         “…  tanto  la  pena  de  arresto  como  la de prisión resultan  inaplicables,  la  primera, porque desapareció como tal del listado punitivo, y  en  este  sentido,  es  favorable  su retroactividad para todos aquellos delitos  sancionados  con  arresto  y,  la segunda, porque, por desfavorable, sólo tiene  aplicación  para  hechos  cometidos  a partir de su vigencia que, por tanto, no  cobija  la  conducta  aquí juzgada”. (Sentencia del  13    de   agosto   del   2003,   radicado   20.946,   M.   P.   Herman   Galán  Castellanos).   

         En  consecuencia,  como  por  lo  dicho no hay lugar a imponer pena  privativa  de  la  libertad  al  señor  JOSÉ ANTONIO PACHÓN PALACIOS, la Sala  casará  de  oficio el fallo de segunda instancia para retirar ese extremo de la  sanción,  que  quedará reducida entonces, según se dedujo en la sentencia que  se  revisa,  a  multa  por  valor  equivalente  a  10  salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  para  la  fecha de los hechos e interdicción de derechos y  funciones públicas por el término de 6 meses.   

         3.  El inciso 5º. del artículo 122 de la Constitución Política,  antes    de   ser   subrogado   por   el   Acto   Legislativo   01   del   2004,  disponía:   

         “Sin  perjuicio de las demás sanciones que establezca la ley, el  servidor  público  que  sea  condenado  por  delitos  contra  el patrimonio del  Estado,    quedará    inhabilitado    para    el    desempeño   de   funciones  públicas”.    

         Precisando  el  alcance  de  la  norma,  el  parágrafo segundo del  artículo 38 de la Ley 734 del 2002 señaló:   

         “Para  los  fines  previstos en el inciso final del artículo 122  de  la  Constitución Política a que se refiere el numeral 1 de este artículo,  se  entenderá  por  delitos  que  afecten el patrimonio del Estado aquellos que  produzcan  de manera directa lesión del patrimonio público, representada en el  menoscabo,   disminución,  perjuicio,  detrimento,  pérdida,  uso  indebido  o  deterioro  de  los  bienes  o  recursos  públicos,  producida  por una conducta  dolosa, cometida por un servidor público.   

         “Para   estos   efectos   la   sentencia   condenatoria   deberá  especificar  si  la  conducta objeto de la misma constituye un delito que afecte  el patrimonio del Estado”.   

Reivindicando  la  facultad  del legislador  para   desarrollar   y   concretar   los   textos   constitucionales,  la  Corte  Constitucional,  en  la  sentencia C-064 del 4 de febrero del 2003, con ponencia  del  magistrado  Jaime  Araujo Rentería, declaró la exequibilidad condicionada  del  precepto  “en  el  entendido  de que respecto a las conductas culposas se  aplicarán las inhabilidades previstas en la ley”.   

         Tratándose  de una inhabilidad, es decir, de una situación que le  impide  a  una  persona  ejercer, obtener o conservar un empleo, oficio, cargo o  ventaja,  bien  podría  sostenerse  que  opera  de  pleno  derecho, con la sola  condición  de  que,  como  lo precisa la Ley 734 del 2002, el supuesto fáctico  –que  la conducta objeto  de  sentencia  condenatoria constituya un delito doloso contra el patrimonio del  Estado-   se  haga  explícito  en  el  fallo  que  declara  la  responsabilidad  penal.   

         En  este  sentido,  para  la aplicación de esa restricción sería  irrelevante   que  la  consecuencia  del  comportamiento  ilícito  –la   inhabilidad   intemporal-   se  expresara  o  no  en  la  correspondiente  sentencia,  pues  en  todo caso “el  servidor  público  que  sea  condenado  por  delitos  contra  el patrimonio del  Estado,  quedará inhabilitado para el desempeño de funciones públicas” como  reza, se repite, la norma que se comenta.   

         Que  la  circunstancia  impediente  opere de pleno derecho, implica  que  rige  aunque  no  se  declare.  Hacerla  expresa en este caso, en el que el  señor  TRUJILLO SCARPETTA ha  sido  condenado  por  delitos  dolosos  contra  el  patrimonio  del  Estado,  no  significa  entonces  agravar su situación sino ponerla de manifiesto, de manera  que  no podrá afirmarse que respecto del recurrente único se ha desconocido la  prohibición de reforma peyorativa.   

         Y  como  obviamente  sería  absurdo  que  concurriera  la  pena de  interdicción  de  funciones  públicas  con  la inhabilidad intemporal a que se  viene  haciendo  referencia,  la  Corte retirará del fallo de segunda instancia  ese  extremo  de  la  sanción  y, en su lugar, declarará que rige respecto del  señor    TRUJILLO   la  circunstancia  impediente  del  inciso  final  del  artículo  122  de  la Carta  Política.   

         Que    la    prohibición   se   aplique   sólo   a   servidores    públicos   que   cometan  delitos  dolosos contra el  patrimonio  del  Estado,  explica  por  qué  la  Corte no la hará extensiva al  señor  PACHÓN,  condenado por peculado culposo, ni al señor FUENTES, quien no  ostentaba   aquella   calidad,  como  equivocadamente  lo  solicitó  el  señor  Procurador Delegado.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          1.   Casar parcialmente la sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Bogotá el 20 de agosto del 2002 y, en su  lugar,    condenar   al   doctor   ORLANDO   TRUJILLO  SCARPETTA  a  la  pena de ocho (8) años de prisión,  multa  por  el  valor  de  lo  apropiado, interdicción de derechos por el mismo  término  de  la  pena  privativa  de  libertad e inhabilidad permanente para el  ejercicio  de  funciones  públicas,  como  autor de los delitos de peculado por  apropiación,     prevaricato    y    falsedad    ideológica    en    documento  público.   

2.           Casar  parcial y oficiosamente la aludida  sentencia  con  relación  a  los  coprocesados  WILSON MANUEL FUENTES PEREIRA y  JOSÉ  ANTONIO  PACHÓN  PALACIOS.  Como  consecuencia  de  esta  decisión,  se  dispone:   

a.  Condenar al señor FUENTES PEREIRA a la  pena  de  tres  (3)  años  de  prisión, multas por valor de un salario mínimo  legal  mensual  y  por  el  equivalente  a  la  mitad  de  la  suma  apropiada e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término de la  pena   privativa  de  libertad,  como  cómplice  del  delito  de  peculado  por  apropiación y autor del delito de falsedad personal.   

b. Condenar al señor PACHÓN PALACIOS a la  pena  de  multa  por  valor  equivalente a diez (10) salarios mínimos mensuales  legales  vigentes  para  la  época  de los hechos e interdicción de derechos y  funciones  públicas por el término de seis (6) meses, como autor del delito de  peculado culposo.   

En  lo  demás,  rige  el  fallo de segunda  instancia.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                 ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

Comisión  de  servicio   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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