20945(11-02-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20945  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta Nº. 010.  

Bogotá  D.  C., febrero once (11) de dos mil  cuatro (2004).   

VISTOS  

          Resuelve  la  Sala  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  defensora   del   procesado   JOSE   ALBERTO  INFANTE  RODRIGUEZ,  contra  la  sentencia de segunda instancia  proferida  por  el Tribunal Superior de Bogotá el 26 de julio de 2002, mediante  la  cual  fue  condenado  a  la pena principal de cincuenta y tres (53) meses de  prisión  como  coautor  penalmente responsable del delito de hurto calificado y  agravado,  oportunidad  en  la cual le fue revocada la prisión domiciliaria que  como   sustitutiva   de   la   pena   de   prisión  fue  concedida  en  primera  instancia.   

La  anterior  decisión  modificó  el fallo  dictado  el 12 de diciembre de 2001 por el Juzgado Dieciséis Penal del Circuito  de  Bogotá,  el cual lo condenó a la pena principal de cincuenta y cuatro (54)  meses de prisión y le concedió la prisión domiciliaria.   

          El  Procurador Cuarto Delegado para la Casación Penal sugiere en su  concepto  no casar el fallo impugnado por carecer de razón los argumentos de la  defensora.   

HECHOS  

Aproximadamente a la una de la tarde del 2 de  agosto  de  2001,  en la avenida Boyacá con calle 66 de esta ciudad, el camión  de    placas    AHJ    438    conducido    por   su   propietario   Latiniano   Fernández   Forero,  el  cual  transportaba  hornos microondas avaluados en $23.352.700.oo fue interceptado por  cuatro  individuos  armados,  quienes  se  llevaron  el  automotor, obligaron al  conductor  y  a  su  ayudante  a  subir a otro vehículo, y luego de asegurar el  producto del ilícito los dejaron en libertad.   

Más tarde, la policía recuperó el camión  sin  carga,  en  momentos en que era conducido por JOSE  ALBERTO  INFANTE  RODRIGUEZ, quien fue aprehendido, al  igual  que  JOSE  ISALION ORJUELA GORDILLO.   

ACTUACION PROCESAL  

          El  3 de agosto de 2001 la Fiscalía Seccional de Bogotá dispuso la  correspondiente  apertura  de  la  instrucción  en cuyo marco vinculó mediante  indagatoria    a    INFANTE    RODRIGUEZ    y    ORJUELA    GORDILLO.   

La situación jurídica de los indagados fue  definida  el  8  de  agosto  de  2001  con medida de aseguramiento de detención  preventiva,  sin  derecho  a  libertad  provisional,  como  posibles autores del  delito de hurto calificado y agravado.   

Mediante resolución del 14 de agosto de 2001  la  Fiscalía negó a los procesados la detención domiciliaria, por estimar que  la  pena  mínima  imponible  era  superior  a cinco (5) años de prisión. Esta  providencia  fue  confirmada  el  6  de  septiembre siguiente al ser resuelto el  recurso  de  reposición  interpuesto por el defensor del procesado JOSE ISALION ORJUELA.   

          El  16  de  noviembre  del  mismo  año se realizó la diligencia de  formulación   de  cargos  para  sentencia  anticipada  respecto  del  procesado  INFANTE RODRIGUEZ, en la cual  fue   acusado   como   coautor  del  delito  de  hurto  calificado  y  agravado,  concurriendo  la  circunstancia  de  agravación  punitiva  determinada  por  la  cuantía, cuya comisión aceptó.   

El  12  de  diciembre  de  2001,  el Juzgado  Dieciséis  Penal  del  Circuito de Bogotá profirió fallo anticipado, por cuyo  medio   condenó  a  JOSE  ALBERTO  INFANTE  RODRIGUEZ  a  la  pena principal de cincuenta y cuatro (54) meses  de  prisión,  a la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  lapso,  y  al  pago  de  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios   establecida  en  ciento  veinte  (120)  salarios  mínimos  legales  mensuales,  como coautor penalmente responsable del delito por el cual le fueron  formulados  los  cargos  por  parte de la Fiscalía. En la misma oportunidad fue  negada  la  condena  de  ejecución  condicional, pero se le otorgó la prisión  domiciliaria sustitutiva de la pena de prisión.   

Impugnado  el  fallo  por  el  defensor  del  procesado  y  por  el  Fiscal  131 Seccional, cuestionando el otorgamiento de la  prisión  domiciliaria,  el  Tribunal  Superior  de Bogotá decidió confirmarlo  mediante  sentencia  del 26 de julio de 2002, pero lo modificó en el sentido de  condenar  al  incriminado  a la pena principal de cincuenta y tres (53) meses de  prisión,  lapso en el cual fue también modificada la pena accesoria. A su vez,  estableció   la  indemnización  en  sesenta  (60)  salarios  mínimos  legales  mensuales y revocó la prisión domiciliaria.   

          Contra  la sentencia de segunda instancia la defensora del sindicado  interpuso  en tiempo recurso de casación, presentó la demanda correspondiente,  la  cual  fue  ajustada  y se recibió concepto del Ministerio Público sobre la  misma.   

LA DEMANDA  

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo primero, la  defensora  plantea un solo cargo contra el fallo de segundo grado por violación  directa  de  la ley sustancial por interpretación errónea del artículo 38 del  estatuto penal, que postula y desarrolla de la siguiente manera:   

          Afirma  la  casacionista que la interpretación de la referida norma  debe  adelantarse “bajo un sistema de interpretación  lógico-sistemático,  intentando  determinar cuál fue el espíritu intencional  del   Legislador”   al  señalar  que  la  prisión  domiciliaria   procedía  cuando  “la  sentencia  se  imponga  por  conducta punible cuya pena mínima prevista en la ley sea de cinco  (5) años de prisión o menos”.    

          Aduce  que  para el momento en que se discutió y aprobó la Ley 600  de  2000,  los centros carcelarios del país eran criticados por las condiciones  de  hacinamiento  en  las  cuales  se  encontraban tanto los condenados como los  sindicados,   y   por   ello   se   instituyó  la  prisión  domiciliaria,  que  anteriormente  sólo  operaba  cuando se resolvía la situación jurídica a los  incriminados.   

          Precisa  que  “la expresión ‘conducta      punible’  ha  de  asimilarse  a  ‘delito’,             ‘hecho        punible’,             ‘injusto        penal’,         y        ‘acción      delictiva’,      entre     otras”,  y  que,  “conducta  punible  es la  descripción  que  el  legislador  hace  de un comportamiento humano determinado  cuyos  efectos  ocasionan  daño  o  potencian el mismo a los intereses sociales  particulares o colectivos”.   

Expresa  que en el caso del hurto calificado  “cuando   la   conducta   se  ejecuta  ‘con     violencia     sobre     las  personas’,  los  extremos  sancionatorios  quedan  comprendidos  desde un mínimo de cuatro (4) años hasta  un    máximo    de   diez   (10)   años”,   luego  “la  pena mínima prevista es de tan solo cuatro (4)  años.  No  supera  los  cinco  (5)  años  límite  que  exige  el  art. 38 del  C.P.”.   

          Igualmente  anota  que  si  bien es cierto que las circunstancias de  agravación  punitiva  “hacen  parte  del  Capítulo  Primero,  Título  VII, del Código Penal, son como su nombre lo indica, las que  finalmente  vienen  a  ampliar la cobertura de sanción para el sujeto activo de  la  conducta delictiva o punible, pero son una modalidad de comportamiento total  y  absolutamente  independiente del tipo básico de hurto calificado, y por ende  no  puede  acumularse  ese  concepto punitivo para hacer nugatoria la extensión  aplicable del art. 38 del C.P.”.   

          También  indica  la  censora que si el legislador estableció en el  numeral  1º  del  artículo 38 del estatuto penal un límite de cinco (5) años  para  acceder  a  la  prisión  domiciliaria,  “debe  entenderse  que  allí  se  consagra el monto que fije el sentenciador de manera  definitiva,  de  tal  manera  que si el monto final de la sanción no supera ese  límite  extremo  de  los  cinco  (5)  años  es  viable atender las demandas de  sustitución  de  prisión por prisión domiciliaria, así el tipo penal básico  contenga  un  límite  de  pena  mínima  por  encima  de  los citados cinco (5)  años”.   

          Argumenta  que  el  numeral  1º  del artículo 38 del Código Penal  debe  ser  analizado  a  la  luz  del  artículo  4º del mismo ordenamiento que  establece  los  fines  de  la  pena,  pues  en  tal precepto no se establece que  “entre   los  fines  o  funciones  de  la  sanción  intramural  sea la de complacer la pasión de la venganza particular o colectiva  de  quien  o  quienes  se  ven afectados por una conducta ilegítima”.   

          Concluye  la  defensora  que “la prisión  domiciliaria  reglada  por  el  art.  38 del C.P., debe evaluarse atendiendo las  circunstancias   y   condiciones  de  Política  Criminal  que  se  impone  como  consecuencia  de  la  inadecuada  regulación que el estado Colombiano a través  del  INPEC  ha  venido  cumpliendo  para las personas que sufren el rigor de una  detención,  máxime  cuando  las  mismas  incurren  en  su  primera oportunidad  delincuencial”.   

          Con  base  en  lo  expuesto, la impugnante solicita a la Corte casar  parcialmente  el  fallo atacado, y en su lugar conceder la prisión domiciliaria  a su asistido.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          El  Procurador  Cuarto Delegado para la Casación Penal sugiere a la  Sala  no  casar  el  fallo  impugnado, por considerar que no asiste razón a los  argumentos     de    la    impugnante,    con    base    en    las    siguientes  consideraciones:   

Comienza por destacar que la censora confunde  los  sentidos  de  violación  directa de la ley sustancial, específicamente la  falta  de  aplicación con la interpretación errónea, pues como lo ha expuesto  la  jurisprudencia  de  esta  Sala,  en  la  primera  el juez yerra acerca de la  existencia  de  la  norma  y  por  eso  no  la aplica al caso específico que la  reclama,  ignora  o  desconoce  la  ley  que  regula la materia y no la tiene en  cuenta  debido a que incurre en error sobre su existencia o validez en el tiempo  o  el  espacio,  en  tanto  que  en  la  segunda,  el  funcionario acierta en la  selección  del  precepto,  pero  le  asigna un sentido jurídico que no tiene o  unas consecuencias que no causa.   

Entonces puntualiza que si en este asunto el  Tribunal  no  concedió  la  prisión  domiciliaria  al  procesado  por no estar  satisfecho  el requisito objetivo del instituto, ello condujo a la inaplicación  del  artículo  38  del  estatuto  penal,  dado  que la demandante considera que  debió   otorgarse   la  referida  sustitución  de  la  pena  de  prisión  por  encontrarse  satisfechas  las exigencias señaladas por el legislador para ello,  y  por  tanto,  le  correspondía  alegar  la  violación  directa  por falta de  aplicación, y no su interpretación errónea.   

También   señala   el  Delegado  que  la  demandante  yerra  sobre  la  compresión que hace del requisito señalado en el  numeral  1º  del  artículo  38  del  Código  Penal,  al  sostener que para la  determinación  del  marco  punitivo  que  corresponde  a  la  conducta  punible  atribuida  al  acusado  sólo  debe  estarse  a lo normado en el tipo básico de  hurto  calificado, sin que para tal efecto entren en juego las circunstancias de  agravación  específicas  deducidas  en  la  formulación  de  cargos,  pues la  calificación  jurídica  del comportamiento penal atribuido a una persona, bien  sea  en la resolución de acusación o en el acta de formulación de cargos para  sentencia  anticipada,  como ocurrió en el presente evento, es un acto complejo  que  cumple  una  misión  de  garantía  en  la medida en que allí deben estar  expresamente  señaladas  no  sólo  la norma que consagra el tipo básico, sino  también  todas aquellas que especifican el obrar reprochado, determinándolo de  manera  inequívoca  con  todas  las  circunstancias de modo, tiempo y lugar que  impliquen   modificación   del   quantum  punitivo,  a  efectos  de  que  quede  inconfundiblemente establecido el tipo objetivo.   

Destaca que la anterior exigencia es impuesta  en  el  artículo  398  de  la Ley 600 de 2000, al exigir que la acusación debe  contener  “La  narración  sucinta  de  la  conducta  investigada,  con  todas  las  circunstancias  de  modo,  tiempo  y lugar que la  especifiquen”,  como  también  lo ha señalado esta  Sala,  razón  por  la  cual  considera que “resultan  intrascendentes,  por  superficiales  y  baladíes,  los  nimios  argumentos que  esgrime  la  demandante  en  procura  de hacer valer su postura, toda vez que al  procesado  se  le  endilgó  un  obrar  consistente en haberse apoderado de cosa  mueble  ajena, concretamente un medio motorizado y la mercancía transportada en  el  mismo, cuyo valor superó el equivalente de cien salarios mínimos mensuales  legales  vigentes  para  la  época  de los hechos, mediante violencia sobre las  personas  y  con  la  participación  plural de personas previamente concertadas  para    la    realización    de    tal    comportamiento,    la    ‘conducta      punible’  ejecutada  por  el acusado es la que  queda  integrada  con  los preceptos señalados en la formulación de cargos que  recogen todas aquellas circunstancias”.   

Y  concluye que el numeral 1º del artículo  38  del  Código  Penal remite “al marco punitivo que  resulte  de  la  conjugación  de  todos  aquellos fundamentos normativos que de  manera   objetiva   y  real  modifiquen  los  límites  de  la  pena”,  y  que en este asunto, la pena mínima legal que corresponde a  la   conducta  punible  realizada  por  el  procesado  es  superior  al  límite  consagrado  en la mencionada norma, razón por la cual fue acertada la decisión  de  segunda  instancia al revocar la prisión domiciliaria concedida en el fallo  de primer grado.   

         

Con fundamento en lo anterior, el Procurador  Delegado sugiere a la Corte no casar el fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Inicialmente   observa   la  Sala  que  la  impugnante  equivoca el sentido de la violación que señala, pues si bien alude  a  la  interpretación  errónea  del  artículo  38  del  estatuto penal, en el  desarrollo  del  cargo  dirige  su  esfuerzo  a acreditar que no fue aplicado el  referido  precepto, circunstancia que pone de manifiesto que no postula un vicio  interpretativo,  sino  un error por falta de aplicación, en cuanto su finalidad  se  orienta  a  reclamar  la  prisión  domiciliaria  para  su  representado; no  obstante,   tal   incorrección  en  la  postulación  del  reproche  carece  de  trascendencia  para  imposibilitar  su  estudio de fondo, pues el desarrollo del  mismo  permite  concretar  lo  pretendido,  habida  cuenta  que,  como  ha  sido  reiterado  por  la  Corporación  “la técnica de la  casación  no  puede  apreciarse como un fin en sí mismo, pues, desprovista del  loable  propósito de realizar el derecho sustancial, a través del examen de la  legalidad  del  fallo  de  segunda  instancia,  sería  un  instrumento ciego al  servicio  de  la  justicia  burocrática  y en perjuicio de los cometidos que la  misma  ley  le señala a la institución”1.   

Pues bien, con el fin de acometer el estudio  de  fondo de la demanda, aconsejable resulta por elementales razones de método,  identificar  cuatro  tópicos,  sobre  los  cuales  edifica  la  casacionista su  censura, y ofrecer la respuesta pertinente, así:   

1)            Estima  la  Sala que no es cierto que en  este  asunto,  por  tratarse  de  un  delito  de hurto calificado y agravado, el  extremo  punitivo para efectos de establecer el factor objetivo dispuesto por el  legislador  para  otorgar  la  prisión  domiciliaria sea de cuatro (4) años de  prisión,  pues  si  el  numeral  1º  del artículo 38 del estatuto penal exige  “que  la  sentencia  se  imponga  por  conducta   punible   cuya  pena  mínima  prevista  en  la  ley  sea  de  cinco  (5) años de prisión o menos”,   no  se  advierte  por  qué  no  habría  de  incluirse  para  establecer  el  referido  quantum  la sanción derivada de las circunstancias de  agravación    punitiva   establecidas   en   el   artículo   241   del   mismo  ordenamiento  (subrayas fuera de texto).   

En  efecto,  en  la  citada  disposición se  establece  que  “la pena imponible de acuerdo con los  artículos   anteriores  se  aumentará  de  una  sexta  parte  a  la  mitad  si  la     conducta    se  cometiere…”.  Por  tanto,  no  hay  duda que tales  circunstancias  agravantes contienen especificaciones circunstanciales y modales  de   la   conducta  punible,  y  en  tal  medida  no  puede  afirmarse  que  son  “una   modalidad   de   comportamiento   total   y  absolutamente  independiente del tipo básico de hurto calificado, y por ende no  puede  acumularse  ese  concepto  punitivo”, como lo  señala  la  casacionista,  pues  lo  cierto  es  que  son  parte  integral  del  comportamiento    susceptible    de    sanción     (subrayas    fuera   de  texto).   

          Además,   tal  como  acertadamente  lo  destaca  el  Delegado,  tan  importantes  son aquellas circunstancias que de acuerdo con lo establecido en el  artículo  398  de  la  normativa  procesal  penal,  su  enunciación constituye  requisito   formal   de   la   acusación,   pues   en  ella  se  debe  efectuar  “la   narración   sucinta   de   la   conducta  investigada,  con  todas   las   circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  que  las  especifiquen” (subrayas fuera de texto).   

          A  su  vez,  la  jurisprudencia  de  esta Sala ha señalado que para  tener  en cuenta las circunstancias de agravación punitiva de la conducta en el  fallo,  tanto  genéricas como específicas, es preciso que hayan sido deducidas  en  la  resolución  acusatoria,  pues  de  lo contrario se quebrantaría, entre  otros,    el    principio    de   congruencia   entre   la   acusación   y   la  sentencia2,  razón adicional para considerar que las referidas circunstancias  de  agravación  hacen  parte integral de la imputación al complementar el tipo  objetivo3,  y  en  esa medida resulta imprescindible valorarlas al momento de  establecer  el  límite punitivo establecido por el legislador para acceder a la  prisión domiciliaria.   

          También  encuentra  la  Sala  que  el  artículo  170  del estatuto  procesal  penal,  establece  que en la redacción de la sentencia debe incluirse  “la     calificación     jurídica     de    los  hechos”,  la  cual, de conformidad con lo anotado en  precedencia,  impone la indicación del correspondiente tipo penal junto con las  circunstancias  que  lo  especifiquen,  razón  adicional para demostrar que las  circunstancias  de agravación punitiva no son ajenas a la imputación o al tipo  básico, como lo pretende la defensora.   

          Con  base  en lo expuesto, considera la Sala que carece de razón el  argumento  planteado  por  la  demandante  para conseguir la casación del fallo  atacado,  dado  que,  en  este asunto la sentencia fue proferida “por   conducta   punible   cuya   pena   mínima   prevista   en  la  ley” es superior a cinco (5) años de prisión, pues  se  trata  de  un  delito de hurto calificado (artículo 240 del estatuto penal)  cuyo  límite  punitivo  menor  (48 meses) debe ser aumentado en una sexta (1/6)  parte  (8  meses)  por  la  concurrencia  de  las  circunstancias de agravación  punitiva  establecidas  en  los numerales 6º y 10º del artículo 241 del mismo  ordenamiento,  y además debe incrementarse en una tercera (1/3) parte (18 meses  y  20  días)  en razón de la cuantía, de conformidad con lo establecido en el  numeral  1º  del  artículo  267  ejusdem,  todo  lo cual implica que la pena mínima para la conducta por la  cual  se procede es de setenta y cuatro (74) meses y veinte (20) días, esto es,  de seis (6) años, dos (2) meses y veinte (20) días de prisión.   

          2)        Estima  la  Sala  que  tampoco acierta la impugnante al señalar que  para  establecer  el requisito objetivo de la prisión domiciliaria debe tenerse  en  cuenta  la  pena  impuesta  en  el  fallo, pues el texto del numeral 1º del  artículo  38  del Código Penal es suficientemente claro al respecto, en cuanto  se   refiere   a   la  “conducta  cuya  pena  mínima prevista en la ley sea de cinco (5) años  de prisión o menos” (subrayas fuera de  texto).   

          Así  las cosas, puede concluirse que si el legislador se refirió a  la  pena  mínima  prevista  en  la  ley,  no tuvo en cuenta de manera alguna el  quantum  de  la  sanción  impuesta, lo cual permite a la Sala vislumbrar que la  demandante  pretende  imponer  una interpretación de la ley ajena a la claridad  de su texto, circunstancia que conduce al fracaso de la censura.   

          3)        En  cuanto  atañe  a  que  dentro  de  los  fines  de la pena no se  establece   que   la  reclusión  intramural  esté  llamada  a  “complacer  la pasión de la venganza particular o colectiva de quien  o   quienes   se   ven   afectados   por   una  conducta  ilegítima”,   suficiente   resulta   manifestar   que   el   argumento   es  inconsistente,  pues en ningún aparte del fallo se afirma que la revocatoria de  la   prisión   domiciliaria   concedida   por   el  a  quo   tenga   como  finalidad  la  señalada  por  la  defensora,  como  que  ni  siquiera  se dice que su propósito esté orientado a  cumplir  la  función  retributiva  de  la pena. Además, debe resaltarse que la  prisión  domiciliaria  fue  negada  por  no  satisfacerse el requisito objetivo  dispuesto  por  el  legislador,  esto  es,  porque  no  se  procedía por delito  sancionado  con pena igual o inferior a cinco (5) años de prisión, como atrás  se advirtió.   

          Por  consiguiente,  es  palmario  que  el reproche no pasa de ser un  comentario  especulativo  de la censora, sin demostración alguna, circunstancia  que conduce a su improsperidad.   

          4)                         Como  la  demandante  aduce  que “la  prisión  domiciliaria  reglada  por  el  art. 38 del C.P., debe  evaluarse  atendiendo las circunstancias y condiciones de Política Criminal que  se  impone  como  consecuencia  de  la  inadecuada  regulación  que  el  estado  Colombiano  a  través  del  INPEC  ha  venido  cumpliendo para las personas que  sufren  el  rigor  de  una  detención, máxime cuando las mismas incurren en su  primera  oportunidad  delincuencial”,  es  necesario  expresar  que  la  política  criminal  se  encuentra integrada por la política  social y la política penal.   

La primera está compuesta por los mecanismos  de  control  social  formal e informal a través de los cuales el Estado procura  prevenir  la  comisión de delitos (empleo, educación, medios de comunicación,  etc).   La  segunda,  corresponde  a  la  facultad  de  definir  comportamientos  delictivos,  asignarles  unas  consecuencias  y  disponer unos procedimientos de  investigación, acusación y ejecución de la sanción.   

Siendo  ello  así,  no  hay  duda que si el  legislador  determinó  que  la  prisión  domiciliaria  debía tener un límite  punitivo,  que  fijó  en cinco (5) años o menos de prisión, corresponde a los  funcionarios  judiciales en virtud del principio de imperio de la ley (artículo  230  de la Constitución) sujetarse a tal quantum sancionatorio, que a la postre  realiza  la política criminal del Estado, sin que entonces resulte posible, con  el   pretexto  de  criticar  entidades  públicas  como  el  Instituto  Nacional  Penitenciario  y  Carcelario  INPEC,  desconocer  la  normatividad,  pues un tal  proceder   es   por   competo   ajeno   al   Estado   de   derecho  y  al  orden  constitucional.   

De  conformidad  con  las  consideraciones  precedentes, el cargo no prospera.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia, en Sala de Casación Penal, administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

NO   CASAR   la  sentencia impugnada.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese, devuélvase al Tribunal de origen y  cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Sentencia  del 28 de julio de 2000. M.P. Dr. Jorge Aníbal Gómez Gallego, entre  otras.   

2  Sentencia  de  única  instancia  del  29  de septiembre de 2003 M.P. Dr. Herman  Galán Castellanos.   

3  Sentencia del 8 de junio de 2000. M.P. Dr. Carlos Gálvez Argote.     

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