20933(12-08-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20933  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 92   

          Bogotá,   D.   C.,   doce   (12)   de  agosto  del  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia del 31 de enero del  2002,  el  Juzgado  44  Penal  del  Circuito  de Bogotá declaró a los señores  Javier   Yesid   Bernal  González     y    Freddy    Mauricio   Vásquez  Ballesteros  penalmente responsables, como coautores,  del  delito  de  homicidio  preterintencional  agravado.  Les impuso la sanción  principal  de  14 años de prisión; la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por 10; la obligación de indemnizar los perjuicios; y les  negó    la    condena    de    ejecución   condicional   y   -a   Vásquez   Ballesteros-   la   prisión  domiciliaria.   

         El  fallo  fue  apelado y confirmado por el Tribunal Superior de la  misma ciudad, el 20 de septiembre del 2002.   

         El      defensor      de      Bernal  González  acudió  a la casación, que se concedió.  La  Sala  se  pronuncia  sobre  los  presupuestos  formales  de la sustentación  presentada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         Aproximadamente  a las 10 de la noche del 22 de noviembre del 2000,  cuando   varios   estudiantes   de   la   Universidad  Libre  departían  en  un  establecimiento  de  la calle 8ª. con carrera 5ª. de Bogotá, se hizo presente  el  indigente  Abel  Moyano,  reclamando  algunas monedas que, al serle negadas,  generaron  su disgusto e insultos. Algunos de los presentes lo sacaron del local  y,  en  la  vía  pública,  procedieron  a golpearlo, ocasionándole múltiples  traumatismos   en   los   miembros  inferiores,  la  cara  y  el  cráneo.  Como  consecuencia  de  estos, falleció el día 26 en el Hospital de La Samaritana, a  donde  fue  trasladado.  Varios  testigos  del  centro  educativo  señalaron  a  Javier    Yesid    Bernal    González,     William     Alejandro    Romero  Mateus,   Julio   César  Rodríguez     Montero     y     a    Freddy  Mauricio  Vásquez  Ballesteros,  como los causantes de la agresión.   

         Adelantada  la  correspondiente  investigación, el 26 de marzo del  2001   se   favoreció   con  preclusión  a  William  Alejandro  Romero  Mateus  y se acusó a Javier   Yesid   Bernal  González  y  a  Freddy   Mauricio  Vásquez  Ballesteros,   como   coautores  del  delito  de  homicidio  preterintencional  agravado.   

         Proferidas  las  sentencias  de  primera  y  segunda instancias, se  acudió a la casación.   

LA DEMANDA  

         El    apoderado   del   señor   Bernal  González   formuló  dos  cargos.  Los  desarrolló  así:   

         Primero.           Causal  primera,  violación  indirecta,  por falta de aplicación,  del  artículo  7°.  del  Código de Procedimiento Penal, a causa de errores de  derecho,   originados   en  “un  falso  juicio  de  legalidad  que  se  vincula  directamente  con la norma sobre la aducción de la  prueba  allegada  al  proceso,  por  tanto  no  solo  observamos  que  se valora  irregularmente  esta que ha sido validamente allegada sino que se le da un valor  que no corresponde”.   

         El  Tribunal dedujo responsabilidad a partir de varios testimonios,  “no  apreciando  en equidad y en justicia que tenían serios reparos frente al  rigor  de la sana crítica”, por cuanto la atención de los testigos no estaba  puesta  en  el  hecho  y  las  condiciones  de  visibilidad  eran  escasas. Para  corroborarlo,  transcribe  apartes  de  las  declaraciones  y  concluye  que  el  juzgador  les  asignó  un  valor de veracidad del cual carecían, pues de ellas  sólo surgían dudas.   

         También    censura    que    el    Ad  quem  no  “estudió  en  equidad  y justicia” los  documentos  que  se le anexaron para demostrar: a) que el hospital no prestó el  cuidado  debido al entonces lesionado; b) las contradicciones entre la necropsia  y  la  historia  clínica;  y, c) que no se realizaron los estudios que exige el  rigor  científico,  los  que  hubieran  conducido  a  inferir  que la neumonía  certificada  fue  producto  de  la  drogadicción  del señor Moyano y no de los  golpes recibidos.   

         El  Juez colegiado valoró pruebas inexistentes, como un “segundo  TAC  cerebral”,  cuando en realidad sólo se practicó uno de tales exámenes.  Y  no  estimó  los  fundamentados  estudios del defensor que lo antecedió, que  verificaban  que no se probó el nexo causal, porque los golpes no originaron la  muerte.   

         En  el  proceso, en contra de lo afirmado en el fallo, se verificó  coherentemente:   a)   que   quien   golpeó  a  la  víctima  fue  Julio  César  Rodríguez, no su asistido  –quien  sólo  intentó  disuadir  al  agresor-; b) que los testigos de cargo son incoherentes; c) que el  lesionado  se  cayó  del  carro y se golpeó; y, d) que hubo falta de atención  médica.   

         Segundo.           Causal  tercera, nulidad. Desconocimiento  del  principio  de  la investigación integral, violación al debido proceso y a  los derechos a la defensa y a la contradicción.   

         Se debe invalidar lo actuado desde:   

         a)  Las  diligencias  de  reconocimiento fotográfico, porque no se  cumplieron  las  exigencias del artículo 369 del Código de Procedimiento Penal  de  1991,  pues  a  los  testigos  únicamente  les  mostraron retratos de los 3  detenidos,  que  especificaban  sus  nombres,  y  no  comparecieron  el defensor  contractual  y  el Ministerio Público, además de que no fueron ordenadas, pues  sólo se decretaron los testimonios.   

         b)  La  negativa  del  instructor a recaudar unas declaraciones y a  ampliar las de cargo.   

         c)  La decisión de la fiscalía de segunda instancia de no conocer  el  recurso  de  apelación interpuesto contra la resolución de acusación, con  el  argumento  de que fue extemporáneo, cuando lo cierto es que se acataron los  términos    del    Decreto    2700    de    1991,    según    certificó    la  secretaría.   

         Solicita  casar  el fallo del Tribunal y, en su lugar, “dictar la  sentencia  que en derecho corresponda”. Subsidiariamente, “se sirva declarar  la nulidad de la actuación procesal que en derecho corresponda”.   

CONSIDERACIONES  

         El  artículo 213 del Código de Procedimiento Penal dice que “Si  el  demandante  carece  de  interés  o  la  demanda no reúne los requisitos se  inadmitirá y se devolverá el expediente al despacho de origen”.   

         La  Sala  resolverá  en  esos  términos, por cuanto el escrito no  cumplió  con  la  exigencia  técnica  del  artículo  212-3:  presentar  “La  enunciación  de la causal y la formulación del cargo, indicando en forma clara  y  precisa sus fundamentos y las normas que el demandante estime infringidas”.   

         El apoderado cometió las siguientes faltas:   

         1.  Acudió  al  apartado  segundo de la  causal  primera, acusando al Tribunal de infringir, de  manera  indirecta,  la ley  sustancial.   No  obstante,  no  señaló  norma  alguna  sustantiva  objeto  de  vulneración.   

         2.      No      acató     el     principio     de     prioridad,  conforme  con el cual, si se  aspira  a  atacar  el  fallo  por  varias  causales,  se  debe hacer en un orden  lógico, comenzado por aquella de mayor amplitud.   

         En   virtud   de   lo   anterior,   el   motivo   de   nulidad  debió  ser propuesto en primer  lugar,  como  que,  de  prosperar,  el  Tribunal  de  casación retrotraería el  trámite  y  no se tendría que ocupar del cargo relacionado con la violación       de       la       ley       sustantiva.   

         3.  No  aclaró  que  las  dos  censuras  se  presentaban, una como  principal  y  la  otra  como  subsidiaria.  Formuladas  como  lo  hizo, resultan  contradictorias,  con lo cual se infringe el mandato del artículo 212 procesal,  conforme  con  el  cual  “Es  permitido  formular cargos excluyentes de manera  subsidiaria”.   

         Como  no  procedió  en esa forma, incurrió en el contrasentido de  reclamar   simultáneamente  un  fallo  absolutorio  de  reemplazo  –ese  es el alcance de la causal  primera-  y  la  nulidad  de  la  actuación    –causal  tercera-.   

         Una  cosa  no  puede  ser y no ser al mismo tiempo, bajo idénticas  circunstancias.  Así,  o se faltó a las garantías procesales, cuyo remedio es  la  nulidad  para  restablecerlas,  o fueron respetadas en su integridad, lo que  habilita  una sentencia. Pero las dos soluciones no  pueden coincidir en el  mismo contexto.   

         4.    El    primer   cargo  lo enunció como “Violación indirecta del artículo 7° del C.  P.  P.  por  falta  de  aplicación,  a  causa  de  errores  de  derecho”.  El  Ad  quem  incurrió  en un  “falso  juicio  de legalidad que se vincula directamente con la norma sobre la  aducción  de la prueba allegada al proceso, por tanto no solo observamos que se  valora  irregularmente  esta  que ha sido validamente allegada sino que se le da  un valor que no corresponde”.   

         Las     contradicciones     son     patentes.    El    falso   juicio   de   legalidad,   dice  relación  con la infracción a las reglas que la ley procesal establece para la  incorporación  de  los  medios  de  prueba  al proceso. Luego si el elemento de  juicio  fue  “válidamente allegado”, pero “valorado irregularmente”, no  se     cayó     en     ese    error,    sino    en    uno    de    identidad       o      raciocinio.  A  su  vez, si el equívoco  del  funcionario  consistió  en  “darle  un  valor  que no corresponde”, se  imponía  la formulación por la ruta del falso juicio  de convicción.   

         5.  Para  demostrar  el  yerro de derecho  por  falso  juicio de legalidad, no indicó las normas  que  establecían  los  requisitos  para el acopio de las pruebas de cargo, y de  manera  reiterada  expresó  que  éstas  “no  fueron  apreciadas en equidad y  justicia  (pues)  que  tenían  serios  reparos  frente  al  rigor  de  la  sana  crítica”.   

         Esa   hipótesis   estructura  el  falso  raciocinio. Pero no cumplió con el deber de señalar  las  reglas  lógicas, las máximas de la experiencia o los aportes científicos  –componentes  de la sana  crítica-  desconocidos  por la sentencia, como tampoco precisó las reglas, las  máximas    y    los    aportes   que   resultaban   aplicables   en   el   caso  concreto.   

         6.  La  queja  relativa  a  que  la Corporación “valoró pruebas  inexistentes”,  no  estructura  el  error de derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  que  le competía  desarrollar  y  demostrar, sino uno de hecho por falso  juicio    de   existencia,   precisamente   por   la  suposición que de algunas  hizo el fallador.   

         7.  Los  reclamados  hechos  sobre  la  negativa de la judicatura a  practicar  pruebas  solicitadas  en favor del procesado, debieron ser postulados  al  amparo  de  la causal tercera, nulidad,   y   no   de  la  primera,    como   que   constituirían   lesiones   al   derecho   a   la  defensa.   

         8.  No probó ningún error. Cuando supuestamente quiso hacerlo, se  limitó  a sentar su personal inteligencia respecto de los medios de convicción  allegados  a la actuación, pidiendo a la Sala que la privilegie sobre la de los  jueces de instancia.   

         Olvidó  que  ese recurso podría resultar válido en las dos fases  que  conforman  la  esencia  del proceso, mas no en la casación, puesto esta es  una  opción  extraordinaria  y  rogada,  en  la  cual  corresponde demostrar la  ilegalidad  del  fallo  del  Tribunal  a  partir  de  la verificación de yerros  precisos.   

         9.        En        la        propuesta       de       nulidad  hizo  alusiones  genéricas  a  vulneraciones  al  debido  proceso y a los derechos de defensa, contradicción e  investigación  integral. El primero comporta un error  de   estructura   y   los   restantes,  de  garantía,  que,  por constituir dos  diversas   hipótesis   de  nulidad,  ha  debido  ser  esbozados  en  capítulos  separados.   

        10.  Se  redujo  a  indicar  las  irregularidades  cometidas en las  diligencias  de  reconocimiento. Nada dijo sobre su trascendencia. A lo largo de  su  estudio  dejó  en  claro  que  la  decisión  de  condena se fundamentó en  diversos  testimonios.  Pero  no precisó la incidencia de aquellas falencias en  estos.   

        Estas  irregularidades,  además,  apuntarían  a  la  inexistencia de las diligencias, no a la  nulidad  reclamada.   

        11.  Reprochó  que, “por razón que desconocemos no se quisieron  practicar”   algunas   pruebas  que  favorecían  al  acusado.  Pero,  apartes  anteriores,  bajo el título de “Síntesis de los Hechos”, negó la censura,  al  afirmar  que  “el  instructor  se  opuso desatinadamente a la práctica de  sendas  pruebas”,  de donde deriva que el funcionario sí explicó los motivos  de  su  rechazo, que ellos fueron conocidos por la defensa y que pudo interponer  los  medios  de  impugnación  previstos en el ordenamiento. Mejor dicho, de sus  propias palabras surge que la propuesta carece de fundamento.   

        Lo  anterior  es  suficiente  para que, en consecuencia, la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVA  

         

        Inadmitir la demanda de casación presentada.   

        Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

        Notifíquese,    devuélvase    al    Tribunal    de    origen    y  cúmplase.   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                  CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                              

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO               ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                        

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN             MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARÓN                          

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS               MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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