20873(29-03-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20873  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado acta No. 26   

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá D. C., veintinueve de marzo de dos mil  cuatro.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Juan Piña Pico.   

Antecedentes.   

Mediante  sentencia de 8 de junio de 2001, el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito Especializado de Bucaramanga condenó a los  procesados  Luis  Eduardo Vergara Castilla, Alexánder  Vergara  Quintero,  y  Juan  Piña  Pico,  a  la  pena  principal  privativa  de  la  libertad  de  43 años de prisión, como coautores  responsables  de  los  delitos de homicidio agravado, y porte ilegal de armas de  fuego   de   defensa  personal  y  de  uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas  (fls.171-223).  Apelado  este  fallo  por  los  defensores de los procesados, el  Tribunal  Superior de Bucaramanga, mediante el suyo de 23 de septiembre de 2002,  que  ahora  recurre  en  casación  el defensor de Juan  Piña  Pico,  lo  confirmó  con  modificaciones en el  quantum  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  la que fijó en 33 años de  prisión (fls.5-38 del cuaderno del Tribunal).   

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  el  impugnante  plantea violación de las normas de la Constitución  Nacional,  y  del  estatuto  procesal  penal,  que  establecen los principios de  presunción  de inocencia, in dubio pro reo, imparcialidad del funcionario en la  búsqueda  de  la  prueba, y de valoración de su mérito frente a las reglas de  la sana crítica.   

Argumenta   que  los  juzgadores  omitieron  analizar  las  siguientes  pruebas,  en aspectos que demuestran la existencia de  “duda  racional y la inocencia” del acusado: (a) La declaración del testigo  excepcional  de  los  hechos,  que  reconoce  a  los  otros procesados, mas no a  Piña   Pico.   (b)   Este  testimonio  es  corroborado  por  los  policiales  del CAI, quienes declaran que  vieron  dos  sujetos  corriendo,  pero  nunca  identificaron a su defendido. (c)  Dichos  policiales  vieron  cuando los citados individuos abordaron un vehículo  particular.  Esto  concuerda  con  el  dicho  en  las indagatorias por los otros  procesados,  quienes  dicen que  hicieron señas para parar un vehículo, y  quien   se   detuvo   fue   Piña  Pico.  (d)  Cuando  lo hizo, le propinaron un disparo en una de las llantas  delanteras,  razón  por  la  cual  debió cambiarla para poder llegar hasta las  instalaciones  de  la  policía,  donde  le  tomaron  la  prueba  de  absorción  atómica.  El  resultado  obtenido  fue positivo, pero el técnico advirtió que  podía  obedecer  al cambio de la llanta, y que dicho análisis no puede tomarse  como  prueba  única.  (e)  El  cambio  de  la  llanta  se   registra en la  indagatoria  que  rindió  el  acusado  una  vez fue puesto a disposición de la  autoridad competente.   

Las  sentencias  de  instancia están además  basadas  “en  meros  supuestos  que  a  manera  de  indicios  graves no están  probados,  pero  que  se  adoptaron para el acontecer fáctico”. No hay prueba  directa  y  objetiva  que  pueda dar certeza de la participación del acusado en  los  hechos.  Solo las hay circunstanciales, que no lo vinculan en forma directa  y  determinante,  pues  el  principal testigo de cargo en ningún momento afirma  haber  viso a Piña Pico en el  lugar  de  los  acontecimientos,  ni  disparando  al  indigente,  ni lanzando la  granada   de   fragmentación.   Solo   dijo   haber  visto  dos  personas,  que  posteriormente  identificó  y  reconoció.  Por  tanto,  hay ausencia de prueba  directa en contra del acusado.   

Es  más.  La  Procuraduría  lo  advierte al  manifestar   que   la  participación  de  Piña  Pico  fue  accesoria,  no necesaria, puesto que de él no se  podía  predicar  dominio  del  hecho,  requisito  que  exigen  la doctrina y la  jurisprudencia   para  la  estructuración  de  la  coautoría.  Esta  posición  coincide  con la expuesta por él en el juicio, donde planteó “duda racional.  Es  decir,  NO  existe prueba de cargo directa que incrimine a mi patrocinado, y  en  caso  de que las pruebas arrimadas al proceso lo incriminen tan solo pudiera  estar  muy  difícilmente  en  el plano de la COMPLICIDAD pero que tampoco está  probada en el proceso”.   

Reitera  que  los  juzgadores  de  instancia  omitieron  tener  en  cuenta que la DUDA RACIONAL debe ser resuelta en favor del  acusado,  y  que  al  hacerlo, incurrieron “en una VIOLACIÓN INDIRECTA DE UNA  NORMA  DE  DERECHO  SUSTANCIAL  POR  ERROR  DE HECHO, ya que se incurrió en una  valoración  subjetiva  errónea  de  las  pruebas  por parte del juzgador al no  cumplir  los  requisitos  para ser un indicio grave y servir de soporte de plena  prueba para condenar”.   

Sustentado en estas consideraciones solicita a  la  Corte  casar la sentencia impugnada, y en su lugar proferir una de carácter  absolutorio  en  favor de su defendido, o en su defecto, condenarlo a título de  cómplice por los delitos imputados.   

SE        CONSIDERA:   

Cuando  se plantea en casación la existencia  de  un error de hecho en la apreciación de las pruebas, no basta afirmar que el  error  existió.  Es  necesario  identificarlo  con  claridad,  y  demostrar  su  existencia.  También  es carga del actor acreditar su trascendencia, condición  que   impone    una  revaloración  objetiva  de  todas  las  pruebas,  con  prescindencia  del error cometido, con el fin de evidenciar que las conclusiones  probatorias  de  los  fallos,  y  las  consecuencias jurídicas allí aplicadas,  habrían   sido   distintas   de  no  haberse  presentado  el  vicio  planteado.   

En  el presente caso, el planteamiento que el  casacionista  hace  del error denunciado es bastante confuso. Inicialmente habla  de  imparcialidad de los funcionarios en la búsqueda de la prueba, y de errores  en  su  valoración  frente  a  las  reglas  de  la  sana  crítica, y renglones  después,  de  omisión  de  algunas  de  ellas “en aspectos que demuestran la  existencia  de  duda  racional”.  Esta  premisa  argumentativa  contraría las  exigencias   de   claridad  y  precisión  que  exige  una  alegación  en  sede  extraordinaria,  en  cuanto no permite determinar si lo propuesto es un error de  existencia  por  omisión,  uno de identidad, o uno de raciocinio, o simplemente  un   vicio   in  procedendo  por  violación  del  principio  de  investigación  integral.   

Al margen de esta inconsistencia conceptual y  técnica,  el  cargo es intrínsecamente contradictorio, porque el casacionista,  con  fundamento  en  los  mismos  argumentos,  llega  a  conclusiones distintas:  Inicialmente  sostiene  que  el  acusado  no  cometió  el hecho, hipótesis que  presupone  ausencia  absoluta  de  responsabilidad. Después, que es responsable  pero  a  título  de  cómplice.  Y  por  último,  que  existe  duda probatoria  razonable  sobre  su  participación en el crimen. Esta divergencia de posturas,  hace  que el cargo se torne ininteligible, y que la Corte no pueda establecer su  verdadero alcance.   

Tampoco  el  casacionista  se  esfuerza  en  demostrar  la  trascendencia del yerro. Asegura que el testigo excepcional de la  Fiscalía  no  señaló ni reconoció a su defendido como autor del crimen, pero  omite  analizar   la  prueba  que  los  juzgadores  tuvieron en cuenta para  afirmar  su  compromiso  penal  en  los hechos, al igual que confrontarla con el  error  cuya existencia aduce, exigencia imprescindible en estos casos, pues como  ya  se dijo, no solo se trata de demostrar que el error existió, sino de probar  que  de  no  haberse  presentado,  las conclusiones probatorias del fallo, y sus  consecuencias jurídicas, habrían sido distintas.   

En síntesis, la demanda presentada no cumple  las  exigencias  mínimas  requeridas  para declarar en trámite el recurso. Por  tanto,  se  la  inadmitirá,  y  se  declarará  desierta  la  impugnación,  de  conformidad  con  lo dispuesto en los artículos 197 del Decreto 2700 de 1991, y  213  de  la  ley  600  de  2000.  Esta  decisión  surte  efectos a partir de su  notificación, y contra ella no proceden recursos.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

INADMITIR la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   del  procesado  Juan   Piña  Pico.  En  consecuencia,  se  declara desierta la impugnación.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.  Notifíquese y devuélvase al Tribunal de origen. CUMPLASE.   

HERMAN GALAN CASTELLANOS  

JORGE         A.         GOMEZ  GALLEGO                      ALFREDO GOMEZ QUINTERO   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                     ALVARO                                O.                              PEREZ  PINZON                      

MARINA         PULIDO        DE  BARON                     JORGE L. QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                        MAURO SOLARTE PORTILLA   

                                                                               Teresa Ruiz  Núñez   

                                         SECRETARIA   

    

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