18007(21-04-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  18007   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  ponente   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS   Aprobado    acta  No.034   

Bogotá D.C., veintiuno (21) de abril de dos  mil cuatro (2004).   

Resuelve  la Corte el recurso extraordinario  de   casación   interpuesto   por   el   defensor  del  procesado  MAURICIO  SANTANA  GALLEGO  contra la  sentencia  proferida  el 15 de septiembre de 2000 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  que  confirmó  la  sentencia  proferida  el  7  de julio anterior por el Juzgado 9° Penal del Circuito de esa  ciudad,  mediante  la cual lo condenó a la pena principal de 42 años y 6 meses  de  prisión,  como  autor  responsable  del  concurso  de  delitos de homicidio  agravado,  hurto  calificado  y  agravado y porte ilegal de armas de fuego, a la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por un período de  10   años,   así   como   al   pago   de   los   perjuicios  causados  con  la  infracción.   

HECHOS   

El Tribunal de Medellín  resumió   los   hechos   que   dieron   origen   a   este   proceso,   en  los  siguientes  términos:   

“Los presupuestos fácticos que motivaron  la   presente   actuación,  ocurrieron  el  doce  (12)  de  septiembre  de  mil  novecientos  noventa  y  nueve  (1999),  a  las  5:30  de  la tarde, en la finca  denominada  “la  Montaña”  de  esta  ciudad,  cuando varios sujetos armados  ingresaron  a  la  casa  que  ocupaba  el mayordomo amenazaron a sus inquilinos,  pretendiendo  llevarse consigo los enseres de la casa; debido a la reacción del  mayordomo  quien  poseía  una  escopeta, se produjo un intercambio de disparos,  hechos  en  los cuales resultó muerto uno de los autores del ilícito de nombre  CARLOS  AUGUSTO  ROBLEDO  GALLEGO y gravemente herido el responsable de la finca  señor  MANUEL  ANTONIO  OROZCO LOAIZA quien fue trasladado a la clínica “Las  Américas”  y  de  allí  remitido  a la clínica León XIII del Seguro Social  donde  finalmente  falleció  la  noche del martes catorce (14) de septiembre de  mil novecientos noventa y nueve (1999).   

“Como   consecuencia   de   los  hechos  anteriormente  descritos,  fue  retenido MAURICIO SANTANA GALLEGO en el hospital  del  municipio de Itagüi donde estaba siendo atendido por una herida en su mano  derecha producida por arma de fuego”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Iniciada  la  investigación  penal  por los  hechos    referidos,    se    vinculó    con    indagatoria    a   MAURICIO  SANTANA  GALLEGO, quien negó su  participación  en  los  hechos, arguyendo, en términos generales, que decidió  salir  a  una  caminata  en compañía de unos amigos y al llegar al lugar donde  ocurrieron  los  hechos,  finca la “Montaña”, entraron a pedir agua, siendo  atacados  con disparos de arma de fuego, resultando herido en la mano izquierda,  por  lo  que  emprendió  la huida hacía un centro asistencial. Advierte que no  sabía  que  sus  compañeros  llevaran armas ni estaba enterado de lo que iba a  suceder.  El  17  de  septiembre  de  1999, se resolvió la situación jurídica  imponiéndole  detención  preventiva  por  el concurso de delitos de homicidio,  hurto  calificado  y  agravado y  porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal.   

MARÍA LUCÍA GALLEGO, esposa de la víctima,  comentó  que,  uno de los que integraban el grupo de asaltantes la amenazó con  un  revolver  que  le  puso  en  la  cabeza,  señalándole que se trataba de un  atraco,  todos procedieron a entrar a la vivienda, momento en el que llamó a su  esposo,   quien   disparó   una  escopeta,  reaccionando  de  igual  forma  los  delincuentes.  Este  enfrentamiento  dejó  como  resultado  las  muertes  y los  heridos  a  que  se  hizo  referencia  en  el  capítulo  de  los hechos de esta  providencia.  Los  autores  del  hecho luego de apoderarse del arma de propiedad  del  mayordomo  de  la  finca y de un televisor de 14”, emprendieron la huida.  Esta  versión  es  ratificada  en  similares términos por la menor YURI MILENA  OROZCO GALLEGO, nieta de MANUEL ANTONIO OROZCO LOAIZA.   

MANUEL  AUGUSTO  ROBLEDO  RAMÍREZ, padre de  CARLOS  AUGUSTO  ROBLEDO  GALLEGO,  uno de los asaltantes que resultó muerto en  los  hechos,  sostiene que el 12 de septiembre de 1999 su hijo salió de la casa  por  invitación  a  una  “fritanga”  que  le  hicieron  sus  amigos GIOVANI  CAICEDO,  RENSO  FLOREZ  FLOREZ,  CARLOS  AUGUSTO  ROBLEDO GALLEGO, EDGAR OSORIO  PÉREZ   y   MAURICIO   SANTANA  GALLEGO.   Afirma  que  los  dos  primeros  tienen  armas,  conocidas  como  “changón”.   

Según el protocolo de necropsia la muerte de  MANUEL   ANTONIO  OROZCO  LOAIZA  se  produjo  a  consecuencia  de  las  heridas  ocasionadas  con  cuatro  proyectiles  que  lesionaron  la  vesícula biliar, el  colón  ascendente,  el intestino delgado, las cuales produjeron el deceso de la  víctima.  De  otra  parte,  la  autopsia  practicada  a  CARLOS AUGUSTO ROBLEDO  GALLEGO,  señala  que  su  muerte  se  produjo  por  disparo  de  arma de carga  múltiple   que   impacto   el   tórax,   generando  shok  hipovolémico.    

En  la  diligencia  de  levantamiento  del  cadáver  de CARLOS AUGUSTO ROBLEDO GALLEGO fueron hallados en el interior de la  vivienda  de  la  finca  la  “Montaña”  un  fragmento de plomo desnudo, dos  proyectiles  de  plomo  deformado,  dos  vainillas  calibre  32, un fragmento de  proyectil  de  plomo,  una chapuza, un pistón de potencia de material plástico  de  carga  múltiple,  un cuchillo metálico afilado por ambas caras, arma ésta  que    según    María    Lucía    Gallego    era    de   propiedad   de   los  atracadores.   

Clausurada la etapa instructiva y surtido el  traslado  de ley, la Fiscalía 188 Seccional con sede en Medellín, calificó su  mérito   mediante  resolución  acusatoria  de  fecha  13  de  enero  de  2000,  imputándole  a  MAURICIO SANTANA GALLEGO coautoría en los delitos de homicidio  agravado  (artículo  30 de la ley 40 de 1993), en concurso con hurto calificado  y agravado y porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

La  causa correspondió al Juzgado 9º Penal  del  Circuito  de  Medellín,  el  que  luego de realizar la audiencia pública,  profirió  sentencia el 7 de julio de 2000, decisión que fue confirmada, en los  términos  ya  referidos, por el Tribunal de Medellín al resolver la apelación  oportunamente interpuesta.   

Recurrida  en  casación por el defensor del  procesado  la  sentencia  de  segundo  grado,  procede  la  Corte  a resolver el  recurso, luego de obtenido el concepto del Procurador Delegado.   

LA  DEMANDA   

Primer    cargo.   

Causal tercera. Violación  al   derecho   de   defensa.   

                             La sentencia proferida por el Tribunal de  Medellín  es  acusada de haberse proferido en un proceso viciado de nulidad por  violación  al  derecho  de  defensa,  cargo  que sustenta el recurrente con los  siguientes argumentos:   

                             El profesional del derecho que asistió a  MAURICIO  SANTANA  GALLEGO  renunció  al  poder  en  la  fecha  en  que  se notificó de la providencia que  resolvió  situación  jurídica.  El  5  de  noviembre de 1999 se le reconoció  personería  al  defensor público quien cuatro días después fue sustituido en  funciones por el apoderado contratado por el procesado.   

                             En  el  trámite de la investigación no  fueron  solicitadas pruebas que favorecieran al procesado, no se verificaron sus  citas,  la resolución que definió situación jurídica no fue impugnada, no se  presentó   alegato   precalificatorio,  en  la  resolución  de  acusación  su  situación  se  hizo  más  gravosa  por  cuanto  que  el delito de homicidio se  imputó  en  la  modalidad  agravada,  decisión  que  no  fue  recurrida.    

                                                 Durante  el  juicio  no  fueron  solicitadas  pruebas  a  nombre del  incriminado,  como  la ampliación de las declaraciones de MARÍA LUCÍA GALLEGO  y  YURI  MILENA  OROZCO GALLEGO, para ejercitar el derecho a contrainterrogarlas  en   cuanto   al   papel   desempeñado  por  SANTANA  GALLEGO  en  los  luctuosos hechos, ni una inspección  judicial  al  lugar de los hechos para conocer las circunstancias modales en las  que  se produjo la muerte del mayordomo OROZCO LOAIZA. En el juicio, no obstante  las  pruebas  que  se  practicaron  a petición de la Procuraduría,  en el  expediente  no  se  pudo  conocer  cuál  fue  la  intervención de SANTANA  GALLEGO  en los hechos por   los  cuales  fue  condenado. En el debate oral la intervención de la defensa se  califica  de  precaria  por haberse expresado en página y media en tanto que la  de la fiscalía lo hizo en algo más de cuatro páginas.   

                             

                             La Fiscalía bien pudo ordenar una prueba  de  absorción  atómica  para  contar  con elementos de juicio respecto a si el  procesado  había  disparado  o  no  armas  de  fuego,  igualmente  debió haber  practicado  desde  el  inicio  el  reconocimiento  en  fila  de  personas con la  intervención  de  las  testigos  MARÍA  LUCÍA  GALLEGO  y  YURI MILENA OROZCO  GALLEGO.   

                             La  defensa  no  solicitó  la sentencia  anticipada  o  la  audiencia especial ni beneficios por colaboración eficaz, lo  que    le    habría    significado    a    SANTANA  GALLEGO  una  importante  rebaja de la sanción penal,  mecanismos  cuyos  soportes legales no le fueron dados a conocer al incriminado.  En  el  traslado de la causa no se propusieron nulidades ni se pidieron pruebas.   

                                  La  no  vinculación   de  los  demás  sujetos  involucrados  en  los  hechos,  con  la  consiguiente  separación  de las investigaciones, tuvo incidencia en contra del  inculpado,  cuando  ellos  podían  haber  arrojado  luces sobre el objeto de la  investigación   

Cargo Segundo (subsidiario)  

Causal  primera.  Violación  directa,  por  aplicación   indebida   del   artículo   23   del  Código  Penal  (coautoría  impropia).   

Los  juzgadores  no  hacen  afirmaciones que  señalen    directamente    a    MAURICIO   SANTANA  GALLEGO  portando  arma de fuego ni que haya disparado  la  arma  que  acabó  con  la vida de MANUEL ANTONIO OROZCO LOAIZA. De ahí que  para  imputarle  responsabilidad por los punibles de homicidio y porte ilegal de  armas  se  aplicó  indebidamente  el  artículo  23 del Código Penal anterior,  acudiendo     a     la     llamada    “coautoría  impropia”,  pues  sancionar  a  una  persona  porque  acompaña    a    otra   que   la   porta   es   incurrir   en   responsabilidad  objetiva.   

Luego de hacer referencia a algunas teorías  y  a  la jurisprudencia sobre la coautoría impropia, concluye que las sanciones  con  base  en  ésta última violan abiertamente el principio de legalidad, pues  la  consecuencia  jurídica  sobreviniente a la transgresión de una norma penal  solo  puede  aplicarse  al autor o al determinador, figuras que no comprenden la  coautoría  impropia,  por  lo que su sanción deviene analógica, la cual está  prohibida por la codificación penal.   

La  empresa  criminal  se  convirtió en una  praxis  judicial,  ahora  basta con que dos o más personas sean sorprendidas en  la  supuesta comisión de un hecho ilícito para que ligeramente se les acuse de  formar  parte de una de las citadas empresas. Resulta además exagerado sostener  que  en  ella  todos tienen la misma responsabilidad. En este caso se acepta por  el  Tribunal  que  algunos de los intervinientes estaban armados y no se asegura  que  SANTANA GALLEGO disparó  contra  el  mayordomo  de  la  finca, sin embargo equívocamente se concluye que  todos   tenían   dominio   del   hecho   y   por  tanto  deben  responder  como  coautores.   

Nadie discute el papel de  la  jurisprudencia  a  la hora de aplicar la ley, lo que no está bien es que se  le  coloque por encima de las normas. Es hora de hacer un alto en el camino para  corregir  los  yerros  en  los  que  se  incurre  cuando  se administra justicia  acudiendo a la coautoría impropia.   

Solicita   casar  la  sentencia  para  condenar  al  procesado  por  el  delito  de hurto calificado y  agravado.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

Para  el  Ministerio  Público,  Procuradora  Primera  Delegada,  la  sentencia  impugnada  no  debe  casarse,  aduciendo como  razones las siguientes:   

Primer cargo.  

Las  actuaciones  de  los  defensores  que  reprocha  el  cargo  en  casación,  fueron  pocas  pero eficaces, dado que hubo  atención  a  la  actuación  cumplida,  obtuvieron copias del expediente, en la  audiencia  pública  la  defensa interrogó a una testigo y se hizo a nombre del  procesado  una intervención corta pero sustanciosa, además de haber sustentado  oportunamente  el  recurso  de apelación. Y, estando la apoderada convencida de  la  inocencia  de  su  defendido  lo  mejor era encaminar la estrategia hacia la  absolución,   de   ahí   que  no  haya  acudido  a  mecanismos  de  rebaja  de  pena.     

En  relación  con  el  reconocimiento  en fila de personas, la variación de la calificación jurídica  del  hecho  imputado  en  las providencias que definieron situación jurídica y  calificaron  el mérito del sumario y la renuncia del poder del primer defensor,  no  se  observa  ilegalidad  alguna,  como  tampoco  se  advierte  irregularidad  sustancial   en   la   actividad   probatoria   cumplida   por   la   fiscalía.   

Segundo    cargo.   

Tiene   razón   el  casacionista  que  el  vocablo “impropio” no es el más afortunado, pero una  solución  al problema planteado en relación con la coautoría impropia conduce  a   precisar   que   la   interpretación  de  las  figuras  de  la  autoría  y  participación   no  debe  ser  ni  restrictiva,  ni  amplia,  sino  cabal.  Una  hermenéutica  restrictiva  dejaría  varios  autores  por  fuera, y una amplía  incluiría  un  número  de sujetos más allá de lo permitido. Por ello, lo que  cabe  es  observar el cabal significado de la norma sin desbordarse, pues buscar  la  semántica  de  autoría  más  allá  o  más  acá de los propios límites  legales implica una violación del principio de legalidad.   

Para  el  Ministerio  Público  no  es  cierto  que la complicidad secundaria se bata en retirada para  integrar  todas las actividades dimanantes de un mutuo acuerdo o plan criminal a  la  autoría,  por el contrario la distinción se solidificó y se mantuvo en el  Código Penal del 2000.   

Cuando, como en el caso  de  marras,  varias  personas  se  unen  con  el  objeto de apropiarse de bienes  ajenos,  y  para  ese  fin  acuerdan  el  uso  de  armas  de  tal  suerte que su  utilización  es una posibilidad aceptada y/o conocida por todos los integrantes  del  grupo  y a consecuencia de ello una víctima muere, no resulta razonable ni  constitucional  que  sólo  sea responsable del homicidio aquel que percutió el  arma.  En  tales  casos  los miembros del grupo son conscientes y visualizan que  con  las  armas  se  podía  generar  la  opción  de  sacrificar la vida de las  personas   al   cumplir   el   propósito   de   apropiarse   de   sus   bienes.   

Una   posición  tan  individualista  como  la que propone el censor, sería una patente de corso para  que la delincuencia y la impunidad se disparen en el país.   

Aquí MAURICIO   SANTANA   GALLEGO  integró  el  grupo de atacantes, estuvo en el  momento  ejecutivo  del hurto, su aporte incidió en el curso de la acción; que  fueran  o  no  las  balas  percutidas  por  él  o por otro secuaz las que hayan  terminado  con la vida de MANUEL ANTONIO OROZCO LOAIZA, poco o nada importa. Él  formaba  parte del equipo criminal y aceptó consciente y voluntariamente el uso  de     las     armas    en    caso    de    que    las    víctimas    opusieran  resistencia.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Cargo primero.  

1. Causal tercera, nulidad por violación al  derecho de defensa.   

                             Con  base  en la causal tercera, numeral  tercero  del artículo 304 del C.P.P., el demandante sostiene que el Tribunal de  Medellín  profirió  la sentencia de segunda instancia en un proceso viciado de  nulidad,  por  violación al derecho de defensa técnica, pues los profesionales  del  derecho  que  asistieron al procesado en el sumario y la causa incumplieron  sus  deberes,  por  cuanto  que  no  impugnaron las providencias, ni solicitaron  pruebas,  ni  presentaron  alegatos  precalificatorios,  tampoco  reclamaron  el  reconocimiento  de  beneficios  que atenuaran la punibilidad, ni verificaron las  citas  del  procesado,  además  de haber renunciado el apoderado en la fecha en  que  notificaron  la medida de aseguramiento, situaciones a las cuales agrega la  crítica  a  la  intervención  de  la  defensa  en  la  audiencia pública, que  califica  de precaria, fallas defensivas que en conjunto reflejan sus efectos en  la  imputación  más  grave  que  se  hizo al procesado en la calificación del  sumario.            

         

                            2.     Conducta    procesal    de    los  apoderados.   

                              

                                  2.1. El proceso penal,  como  conjunto  de  actos  metódica  y lógicamente dispuestos para realizar el  derecho  sustancial,  corresponden  al  esquema  en  el que han de cumplirse las  garantías  fundamentales,  los  derechos y las obligaciones procesales. De esta  forma,  los vicios de estructura o de garantía que se denuncien al amparo de la  causal  tercera  de  casación,  se deben examinar en relación con la totalidad  del  procedimiento  cumplido,  sin  dejar  de  lado  la  incidencia  del  yerro.   

                  Y  ello es así, porque la valoración de una determinada situación  cumplida  u  omitida  por  el  defensor  en  una  fase  o  etapa  procesal,  con  abstracción  de  lo  acontecido  en  un momento posterior o anterior, conduce a  conclusiones  hipotéticas,  como  en este caso ocurre, pues el censor reduce el  examen  de la defensa a situaciones que de manera interesada aísla del conjunto  de  la  actuación,  haciendo  caso omiso de la labor defensiva que a nombre del  procesado  se  realizó durante todo el trámite procesal, inclusive del recurso  de casación.   

                                                 Por  lo  tanto,  y  siguiendo  irrestrictamente  los  señalamientos  hechos  en  los  párrafos anteriores, el asunto sometido a consideración de la  Sala  en este cargo, será objeto de estudio a través de los actos cumplidos en  el  proceso  por  todos  los apoderados que a nombre del incriminado tuvieron el  deber  de  representación  judicial, para resguardar así la unidad de concepto  con  que  ha  de  examinarse  dicha  garantía  procesal en la actuación penal.   

                  La  pretensión  del  recurrente, nulidad de lo actuado por ausencia  de  defensa  técnica,  fue sustentada en una supuesta inactividad de quienes le  precedieron  al  recurrente  en  la  función  de  apoderado  en  este  proceso,  principalmente  en  la  petición  y  controversia  probatoria,  así como en lo  atinente   a   la   interposición  de  recursos  y  presentación  de  alegatos  precalificatorios.   

                                              2.2.  La  revisión del expediente permite  establecer  que  los profesionales del derecho que asistieron al procesado en el  sumario  y  la causa no ejecutaron algunos de los actos a que hace referencia el  demandante,  como  solicitar  pruebas, intervenir directamente en su práctica e  interponer  recursos, presentar alegatos precalificatorios, lo cual no significa  que  le  asista razón al impugnante en cuanto al yerro atribuido a la sentencia  recurrida,  pues como se hará precisión, la actitud asumida por los defensores  no constituye abandono de la  defensa técnica .   

                                  La  garantía  para  el  inculpado relativa a su  asistencia  por  un  profesional del derecho estuvo amparada en la presente  actuación  por  el  funcionario  instructor,  pues  la  Fiscalía 169 Seccional  dispuso  oír  a MAURICIO SANTANA GALLEGO en  versión  libre,  trasladándose  para  tales  efectos  el 14 de  septiembre  de  1999 al Centro Asistencial donde era atendido, comunicándole la  existencia  de  la  investigación  y  el  derecho  que  tenía  de  designar un  apoderado,  quien  manifestó  su  voluntad  de  contratar  los  servicios de un  profesional  del  derecho,  razón  por  la  cual  se aplazó la práctica de la  diligencia a que se ha hecho referencia.   

                                 Asumida  la  investigación por la Fiscalía 148  Seccional  se  ordenó oírlo en indagatoria, diligencia en la que designó como  apoderado  al  profesional  del derecho con T.P. 96362. El expediente pasó a la  Fiscalía  188  Seccional,  despacho  que  el 17 de septiembre de 1999 resolvió  situación  jurídica  imponiéndole  detención  preventiva  por los delitos de  homicidio,  hurto calificado y agravado y porte ilegal de armas, providencia que  fue   notificada  personalmente  a  los  sujetos  procesales,  entre  ellos,  al  incriminado  y  su  defensor. El mandatario del procesado fue relevado del cargo  por  el  defensor  público  identificado  con  T.P.  34.634, quien a su vez fue  reemplazado  cuatro  días  después  de  su posesión por la apoderada con T.P.  98.014,  sustituciones  en las que hubo continuidad profesional entre uno y otro  apoderado,  por  lo  que  resulta  intrascendente  la recriminación que hace el  impugnante  por  el  hecho  de  haber  renunciado al mandato el abogado con T.P.  96.362   después   de   haberse  notificado  de  la  medida  de  aseguramiento.   

                  La  profesional  del  derecho  con  T.P.  98.014  obtuvo  copia  del  expediente,   se  notificó  personalmente  de  la  resolución  de  acusación,  atendiendo  el mensaje telegráfico enviado para tales efectos, así como el que  se  le  remitiera para comparecer al debate oral, audiencia en la que además de  hacer  un  examen  integral de los hechos, las pruebas y la situación jurídica  del  inculpado,  lo  asistió  en  la versión que rindió de los hechos, en dos  diligencias  de  reconocimiento en fila de personas, participó en la recepción  de  las  declaraciones  de  CARLOS  TULIO  FRANCO  RUIZ,  IVONNE  STELLA  ROMERO  GONZÁLEZ,  DAIRO de J. PÉREZ MESA y CARMEN MARINA VALDEZ PÉREZ, habiéndosele  dado  la  oportunidad  de  interrogar  a  los  testigos,  derecho  que ejercitó  únicamente  en  la  declaración  rendida  por  la  última  de los testigos en  mención.   

                                  En  la  audiencia  pública,  con  base  en  las  explicaciones   suministradas  por  MAURICIO  SANTANA  GALLEGO,  su defensora presentó como tesis el engaño  de  que  fue  víctima  por  parte de quienes se hicieron pasar como sus amigos,  resaltando  que  no  participó en la planeación ni ejecución de los ilícitos  imputados,  premisas  que  sugirió  contaban  con  respaldó  en  la situación  probatoria  revelada  en  el  expediente,  particularizando  el análisis en las  afirmaciones hechas por la declarante YURI MILENA OROZCO   

                 La  sentencia  de  primera  instancia  fue  apelada, recurso que fue  sustentado  oralmente  por el procesado recurrente y su defensora, ésta última  reiteró  los  planteamientos  hechos  en  la  audiencia,  criticó  el  alcance  asignado  por  el  fallador  a  la prueba testimonial, sostuvo además que no se  había  demostrado  el  uso de las armas por parte del inculpado, dado que no se  practicó  prueba  de balística a ese respecto y finalmente cuestionó el grado  de participación atribuido en la sentencia recurrida.     

                    Al procesado  se  le  notificaron  personalmente  todas  las  providencias  y se le expidieron  copias  del  expediente.  El apoderado que designó para el trámite del recurso  de  casación  presentó  la  demanda cuyas pretensiones ahora resuelve la Sala.   

                                  2.3.  Se  deduce de la  actuación  procesal  registrada  que  los abogados tuvieron la oportunidad, sin  obstáculos  ni  limitaciones,  de  ejercer la defensa técnica de la manera que  estimaron  conveniente,  a  través  de  actos  de  conocimiento, intervención,  examen  y  control  de diligencias y providencias, de cuyo desarrollo estuvieron  oportunamente  enterados,  notificándose  por los medios legalmente autorizados  de  todas  las  decisiones, obteniendo, inclusive, copia del expediente. Otra es  la  percepción del impugnante, para quien la materialización de aquél derecho  sólo  la  entiende a través de la interposición de recursos y la petición de  pruebas  y alegatos, aspectos éstos que sólo constituyen alternativas, más no  las  únicas estrategias para agotar eficazmente la defensa de los intereses del  procesado en la etapa del sumario.   

                           El demandante,  además,  omitió  comprobar  la  afectación  de  los  intereses  jurídicos de  MAURICIO  SANTANA  GALLEGO  con  la  actuación  cumplida.  Es  deber del defensor  obrar   con   lealtad   y  rectitud,  por  tanto,  resultan  proscritas  por  el  ordenamiento  jurídico  los  planteamientos no pertinentes o inconducentes, que  no  aportan  a  la  actuación  una información sustancial en relación con los  hechos  investigados.  En este caso, la ampliación de los testimonios de cargo,  la  verificación  de  las  citas  hechas  por  el  procesado,  o  la  prueba de  absorción  atómica,  no  eran  conducentes,  como  se  dirá  al  examinar  el  desconocimiento  del  principio  de  investigación  integral. De otra parte, la  inspección  judicial  al  lugar  de  los  hechos  con  el objeto de conocer las  circunstancias  en  que ocurrieron los sucesos delictivos,  no es argumento  válido,  dado que tales aspectos fueron aclarados suficientemente con la prueba  testimonial,  la  indiciaria,  la indagatoria, la inspección practicada durante  el  levantamiento  del  cadáver  de  CARLOS AUGUSTO ROBLEDO GALLEGO, el informe  2959  del  C.T.I.,  el  acta de necropsia, el álbum fotográfico al cadáver de  ROBLEDO   GALLEGO   y   el   plano  del  inmueble  donde  los  ilícitos  fueron  consumados.    

                    El perfil de  la  mejor  defensa  no  implica  el  ejercicio de habilidades bajo las cuales se  pretende  ocultar  la verdad real que logró establecerse en el proceso, de ahí  que  no  puedan  prohijarse  los  argumentos  del censor, como el que compara el  número  de páginas que comprende el resumen de las alegaciones de la defensa y  el  Fiscal  en la audiencia pública, para deducir ausencia de defensa técnica,  el   cual   es   meramente   especulativo   y   carente   de  utilidad  para  el  proceso.   

                                          La  discrepancia  con  la  estrategia defensiva  cumplida,  bien  sea  respecto  de los medios empleados, las tesis expuestas, la  conducta  procesal  asumida o por los resultados obtenidos, no es razón por sí  misma  valedera  y  suficiente  para  fundamentar  la  violación del derecho de  defensa  del  procesado,  como lo pretende en este caso el recurrente, para  lo  cual argumenta en contravía del compromiso penal que evidencia la prueba en  contra      de      SATANA     GALLEGO.   

                                Las  omisiones  del  apoderado  que  dan lugar a  invalidar  un  proceso,  por falta de defensa técnica, lo ha reiterado la Sala,  no  pueden identificarse con la ausencia de algunos actos procesales. La nulidad  sobreviene  como  consecuencia  del incumplimiento irresponsable de sus deberes,  premisa  que  no  es aplicable en este caso, como se deduce  de la gestión  cumplida  por  los  abogados que asistieron a MAURICIO  SANTANA GALLEGO.   

                           3. Investigación integral.   

                                                 No  obstante  el  desacierto  técnico  en el que se incurrió en la  postulación  del  cargo,  dado  que  fueron  mezclados indebidamente argumentos  relacionados  con la defensa técnica y el principio de investigación integral,  cargos  que  han debido plantearse respetando su autonomía, alcances y efectos,  la  Sala considera indispensable hacer algunas precisiones en cuanto al por qué  resulta  infundado  éste  último  reproche,  que  el  censor le atribuye a los  funcionarios que conocieron del proceso.   

                                                 Sostiene  el  recurrente  que  el  instructor no verificó las citas  hechas  por  el  inculpado,  que  ha  debido  la Fiscalía ordenar una prueba de  absorción  atómica  para  contar  con elementos de juicio respecto a si había  disparado  o  no  armas  de  fuego  y  haber  practicado  desde  el inicio de la  investigación  el  reconocimiento  en  fila de personas con la intervención de  las testigos MARÍA LUCÍA GALLEGO y YURI MILENA OROZCO GALLEGO.   

                                                 Los  cuestionamientos  que  se hacen al ad  quem   de   haber   desconocido   el   principio   de  investigación  integral,  implicaban abordar la identificación de las citas no  verificadas,  de  las  pruebas  no  evacuadas,  la conducta de los operadores de  justicia  al  respecto,  señalar  racionalmente  su  contenido  y  pertinencia,  haciendo  la  confrontación con la totalidad de la prueba recaudada, y precisar  la  trascendencia,  en  este  caso,  de  manera  específica determinar si tales  medios  conducían  por  lo menos a una situación jurídica más benévola para  el procesado.   

Cuando  el  ataque  se  enmarca  en  la  violación  al  principio  de  investigación  integral, es indispensable que se  sugiera  en  términos  racionales  el  alcance probatorio de la prueba omitida,  sólo  así  se  puede  hacer la relación de pertinencia de la evidencia con lo  que  se  pretende  demostrar y por ende establecer la incidencia en la decisión  adoptada.  Este  requisito  no  fue  cumplido  por  el  demandante, pues invocó  consideraciones  de tipo subjetivo, sin establecer su injerencia en la decisión  adoptada,  lo  cual  implica  la  no  demostración  del  cargo  en las demandas  examinadas.   

                     

                             La  falta  de verificación de las citas  hechas  por  el procesado fue  simplemente un enunciado en la demanda, pues  no  se  asumió  el  contenido  de  la injurada y, por ende, se omitió precisar  cuáles  fueron  las  referencias  probatorias  que ameritaban verificación por  tener  relación  con  los  hechos  objeto  del  proceso, además de omitirse el  examen  de  su  incidencia  sustancial  en  la orientación del fallo proferido.   

                                                 Ninguna  relevancia  para  la  situación  jurídica de SANTANA   GALLEGO  representa  la  prueba  de absorción atómica, dado  que  la  responsabilidad  penal atribuida en el fallo del Tribunal no se derivó  del  hecho  de  haber  disparado  arma  de  fuego  el día de los hechos sino de  intervenir  voluntaria  y  conscientemente  en el plan criminal que vulneró los  intereses  jurídicos  del  patrimonio  económico, la vida y la seguridad, cuya  titularidad  en  este caso radicaban en cabeza de MANUEL ANTONIO OROZCO LOAIZA y  el Estado.    

                             Los reconocimientos con la intervención  de  los  testigos  MARÍA  LUCÍA  GALLEGO  y  YURI MILENA OROZCO GALLEGO fueron  reprochados  por  haberse  practicado  en  la  audiencia  pública y no desde el  principio  de  la  investigación,  crítica que como regla de deber ser resulta  admisible,  pero  que  en  sí  misma  no evidencia irregularidad sustancial que  afecte  la  ilegalidad  del fallo impugnado. Además, debe tenerse en cuenta que  conforme  a  la  jurisprudencia  de  la Sala, en estos casos, el testimonio y el  reconocimiento  deben   evaluarse  como  una unidad probatoria, alcance que  omitió tener presente en el reproche el recurrente.   

                                           En  cuanto  a  la  ampliación de las declaraciones de MARÍA LUCÍA  GALLEGO  y  YURI MILENA OROZCO GALLEGO debe precisarse que  ellas rindieron  testimonio   y   en   la   audiencia  pública  participaron  en  diligencia  de  reconocimiento   de   fila  de  personas  con  la  intervención  del  procesado  MAURICIO  SANTANA  GALLEGO,  sin  que el censor hubiese evidenciado en su alegación qué aporte, no conocido  en  el  expediente,  pondrían  haber hecho de ampliarse nuevamente sus dichos y  que   incidiera   favorablemente  en  la  situación  jurídica  del  procesado.  Téngase   presente que el propósito del proceso penal no es la abundancia  ni  la  repetición  innecesaria  de  pruebas,  sino la incorporación de medios  necesarios  y útiles para obtener certeza sobre lo ocurrido, finalidades que se  echan de menos con las reclamaciones planteadas en el cargo.   

                                               El  demandante amparado en la tesis de la vulneración del principio  de  investigación integral, pone de presente su propósito de reabrir el debate  propio  de  las  instancias,  tema ajeno al recurso extraordinario de casación.   

                                  4.    No vinculación de todos los intervinientes.   

                                                 Para  el  demandante,  la  no  vinculación  de  los  demás sujetos  involucrados  en  los  hechos,  incidió  negativamente  en  el  resultado de la  investigación   adelantada  en  contra  de  MAURICIO  SANTANA GALLEGO.   

           

                                                 Debido  a  que  la  responsabilidad  penal  es personal, ha dicho la  Corte,  el  sólo  hecho  de  no  vincular a un posible implicado en la etapa de  instrucción  no  constituye causal de nulidad, máxime si no se demuestra, como  en  este  caso  ocurrió, que tal omisión comprometió seriamente la estructura  del    proceso    penal,    ni   socavó   las   garantías   de   los   sujetos  procesales.   

                                                 El  Código de Procedimiento Penal (Decreto 2700 de 1991) al regular  figuras  como  la  conexidad  y  la  unidad procesal, en los artículos 87 y 88,  señalaba  como  norma  general que se adelantará una sola investigación, pero  expresamente   establecía   que  en  cuanto  no  se  afectaran  las  garantías  constitucionales,  su  rompimiento  no  generaba  nulidad.  El mismo régimen de  procedimiento  consagraba  situaciones  en  las cuales podía romperse la unidad  procesal,  sin  incidencia  alguna en la validez de la actuación, y sin atentar  contra  los  derechos  de  los sujetos procesales, por ejemplo en los eventos de  sentencia   anticipada,  audiencia  especial,  colaboración  eficaz  y  cierres  parciales  de  la investigación, que autorizaban válida y legalmente adelantar  proceso  en  contra  de algunos de los implicados, y separadamente continuar con  el trámite que correspondiere respecto de los demás.   

                                               La  situación  anterior no varía en el régimen actual (Ley 600 de  2000),  cuyo  artículo  89,  estipula  que “La ruptura de la unidad procesal no  genera nulidad si no afecta  garantías constitucionales”.   

                                                 Y  ninguna  afectación  se  produjo por la no vinculación de otras  personas  que  en  apariencia son partícipes en el delito, si como en el evento  en  estudio,  existieron todas las oportunidades de controversia. De presentarse  alguna  lesión,  ella sólo puede pregonarse sobre quienes no han sido llamados  de  manera  oportuna  a responder por los cargos en su contra; de tal manera que  quien  no  se  encuentra  en esas condiciones, carece de interés jurídico para  reclamar una solución por una irregularidad que no lo afecta.   

5.  Terminación  anticipada del proceso y  beneficios por colaboración eficaz.   

No  cabe duda que la sentencia anticipada,  la  audiencia  especial  y  la  reducción  de  pena  por  colaboración  eficaz  constituyen   opciones   de   defensa   en  los  procesos  penales,  pero  tales  alternativas,  en  un  caso  dado,  están  determinadas  por  el  criterio y la  estrategia  del  profesional  del  derecho  que  asuma  la defensa. De modo que,  acudir  a  la  nulidad  porque  en  su  momento  el  defensor no acudió a tales  mecanismos,   sin   demostrar   que   dicha  omisión  constituye  una  conducta  arbitraria,  caprichosa,  es  atiborrar  el proceso con pretensiones carentes de  sustento,  máxime  que, como ocurre en este proceso, la postura de los abogados  cuyas  conductas  se  censuran,  resultan coherentes con las tesis esgrimidas en  las  instancias,  en  el  sentido  de que se abogó por la absolución y hubiese  rayado  con  lo  contradictorio haber admitido la viabilidad de mecanismos, como  los   sugeridos   por   el   casacionista,   que   parten  del  supuesto  de  la  responsabilidad penal en los delitos imputados.   

No  siempre la omisión sobre un pedimento  constituye  nulidad  y  será imperativo analizar en cada caso su relevancia, de  la  que  en  este  caso carece del proceder reprochado por el casacionista a sus  colegas que actuaron en las instancias.   

Cargo segundo.  

Causal  primera,  violación directa de la  ley  sustancial  por  indebida aplicación del artículo 23 del Código Penal de  1980.   

                                   El tema de la “coautoría  impropia”  que  el recurrente considera inexistente  en  el  ordenamiento  jurídico  colombiano,  para  proponer  la  absolución de  MAURICIO  SANTANA  GALLEGO  por  los  delitos  de  homicidio  y  porte  ilegal  de  arma de fuego de defensa  personal,   ha   sido   objeto   de   esmerados   estudios  por  parte  de  esta  Corporación1  dentro  de  la  vigencia  del Código Penal de 1980, uno de tales  pronunciamientos,  con  ponencia  de  quien  ahora cumple igual misión en   esta                   providencia2,  resuelve  a  cabalidad  los  cuestionamientos  hechos  a la sentencia proferida por el Tribunal de Medellín,  por lo que en lo pertinente se transcribe seguidamente:   

“En  efecto,  la  Corte  ha  sostenido y  reiterado,   de   antiguo,   que  cuando  varias  personas  conciertan  libre  y  voluntariamente  la  realización  de  un  mismo  hecho  (conducta) punible, con  distribución  de funciones en una idéntica y compleja operación delictiva, de  tal  manera que cada uno de ellos ejecuta una parte diversa de la empresa común  3,   todos  tienen  la  calidad  de  coautores,  por  ello  actúan  con  conocimiento  y  voluntad   para la producción del resultado  comúnmente querido o por lo menos aceptado como probable”.   

“Es   cierto   que  el  concepto  así  expresado,  como  se  dijo  en  algunos  salvamentos de voto, podría conducir a  involucrar  al  cómplice  dentro  de  un  ampliada  comprensión  del  término  “autor”,  dado  que  también interviene en el hecho común, en virtud   de  un  acuerdo  previo, inclusive con “dominio” de su propia intervención,  que forma parte de la empresa total”.   

“Es  en  este  punto en el que el censor  centra  su  argumento,  cuando  afirma  que el sólo concierto previo no permite  configurar  la  coautoría.  Empero,  de  la  posición asumida por la Corte, se  destaca  la afluencia de varios principios para entender el concurso de personas  dentro  de  la  institución  de la coparticipación criminal, a saber, el de la  ejecutividad,  entendida  ésta  como  la  exteriorización  de  la conducta, mínimo hasta el grado de la  tentativa,  de la identidad,  de  manera  que  en  torno  a  una  misma  empresa  delictiva  se  aglutinen los  partícipes,      la     convergencia  dolosa,  el  cual  supone  el  acuerdo  de  voluntades  y  de  la  división  de trabajo como  efecto  de lo concertado y concretado. Si de la intervención así convenida, se  podía   deducir   la   “realización  de  una  misma  y  compleja  operación  delictiva”,  esta  forma  de  participación tenía que ser calificada como de  autor,  dado  que  el artículo 23 de la codificación anterior consideraba como  autor  al que realizara el  hecho   punible,  como  así  también  lo  establece  el  código  actual  (Ley  599/2000)” .   

“Por lo expuesto, no puede afirmarse con  certeza  que  la  Corte  legisló  o,  como  lo  insinúa  el demandante, que se  “inventó”  la  figura de la coautoría impropia, puesto que su comprensión  dependió   de  la  interpretación  en  vía  de  jurisprudencia,   de  la  disposición  legal  a  la  cual  dio  dicho  sentido  y que el censor considera  indebidamente aplicado”.   

“Empero,  es  preciso determinar que de  ese  principio  de convergencia debe distinguirse, primero, si la participación  no  tuvo  la  relievancia  o intensidad indispensable para estimar al partícipe  como  autor,  sino  como cómplice, dificultad que la ley actual supera y aclara  “atendiendo  la importancia del aporte”,  de  tal  manera  que  si el aporte no es importante, se debe  entonces  remitir  a  la  figura  de  la  complicidad  y, segundo, si uno de los  participantes  actuó  por  fuera de lo pactado, lo cual conduce al exceso  y  la prohibición de regreso,  pues    en   tal   evento,   la   responsabilidad   la   asume   el   respectivo  concurrente”.   

“Es  en  este aspecto en el que se debe  reflexionar,  pues  el  recurrente considera indebidamente aplicado el artículo  23,  anterior, por cuanto que, dice, el homicidio cometido no se le debe imputar  a  su  representado  ya  que  en  su realización no tenía dominio ni para ello  medió “su contribución objetiva”.   

“Es   factible   que   la   teoría  objetivo-formal  de la “realización”  del  hecho o de la conducta punible,  resulte adecuada para  resaltar  al  autor  unitario,  no  así  al  plural, puesto que en muchos casos  de   coautoría  el  coautor  no  interviene  en actos de ejecución, en el  sentido  objetivo-formal,  como  sucede,  por  ejemplo, con el organizador de un  plan  delictivo  que  está  presente en la dirección de la ejecución, pero no  materialmente  en  ella.  Su colaboración y aporte es de vital importancia, sin  duda,  pero  no  es  ejecutiva  desde  el  punto  de  vista objetivo-formal. Sin  embargo,   es  un  coautor,  porque  dentro  de  la  división  de  trabajo  que  complementa  el concepto de autor, su participación es importante, porque está  comprendida  dentro  del  plan  de autor,  como así lo admite la doctrina, tanto nacional como comparada.  En  la  vigencia  del  código  anterior,  el  determinador se consideraba   autor,  así,  claro  está,  no  interviniera  en  la  ejecución  material del  reato”.   

“Tratándose    de    un    delito  planificado,   es elocuente que no todos los partícipes realizan todos los  elementos  del  tipo,  mas , el hecho de no haber realizado directamente el tipo  doloso,  no descarta que quien haya tenido el dominio  funcional del hecho o conducta pueda ser considerado  como   coautor  porque  su  aportación  es  esencial,  mediando el acuerdo  previo  y la ejecución común, dada la distribución de funciones o actividades  en el aludido plan”.   

“Quiere  decir  lo  anterior,  que  la  teoría  del dominio del hecho no puede entenderse, como así parece ser el caso  del  recurrente,  dentro  de un estrecho concepto objetivo-formal, puesto que es  evidente  que  la  ejecución  o  realización material, no constituye la única  forma de manifestarse el dominio”.   

En  este  caso  concreto, no hay duda que  MAURICIO  SANTANA GALLEGO  participó  en un hecho en el que intervenían varias personas concertadas en un  plan  criminal,  en  el  que  todos tenían asumidas sus propias actividades con  pleno dominio funcional del proyecto criminal.    

El  reparo  se  refiere al homicidio y el  porte  ilegal  de  armas,  no  concertado y, por consiguiente, no susceptible de  imputación    a    SANTANA    GALLEGO.   

El  Juzgado  Noveno Penal del Circuito de  Medellín sostuvo:   

“Fue clara entonces, la participación  del  implicado  Mauricio  en  los  ilícitos  que  se  investigaron a título de  coautor,  pues  como puede verse su comportamiento delictual, al igual que el de  los  demás,  iba  dirigido a un mismo objetivo, violar el patrimonio económico  del  señor  Manuel  Antonio  Orozco Loaiza (Mayordomo), hecho que se cumplió a  cabalidad  y que le costó la vida, utilizándose para ello, armas de fuego, sin  la debida autorización”.   

El Tribunal de Medellín, en la sentencia  objeto    de   este   recurso,   la   responsabilidad   penal   a   SANTANA  GALLEGO, la atribuyó con los  siguientes argumentos:   

“De  los  testimonios  en  mención  se  extracta  que  todas  las personas que llegaron a la finca “la Montaña”, lo  hicieron  con  el  ánimo  de hurtar, utilizando armas de fuego para intimidar a  los  moradores  de  ese sitio, de manera que hubo acuerdo entre ellos y cada uno  ejecutó  acciones tendientes a lograr su cometido, por lo que debe responder en  este   caso   el   encausado   como   coautor   de   los   punibles  que  se  le  endilgan.   

“Es claro, que la conducta descrita por  las  declarantes en mención, implica un acuerdo de voluntades para realizar los  fines  de  una empresa criminal  ese acuerdo cobijaba el vencer obstáculos  para  lograr  el  fin   propuesto, de manera que estamos en presencia de un  evidente  caso  de  coautoría  en  los  ilícitos  por  parte  de  SANTANA  GALLEGO,  sin que sea posible  aceptar  su  argumento  en el sentido de que no llevaba arma, o no existe prueba  de  balística  que demuestre que disparó un arma de fuego, o incluso, que haya  sido  herido  al  inicio  de  los  hechos,  pues  el ingresar con otras personas  portando  armas  de  fuego para intimidar y hurtar implica que se trataba de una  empresa  en  la que todos responden por el resultado, ya que la muerte de OROZCO  LOAIZA  no fue un hecho excepcional o insospechado, sino aceptado previamente en  la psiquis de los autores”.    

En consecuencia, de un plan se trataba, no  está  en  duda  que  los  participantes  asumieron  actividades  y riesgos. Los  compartieron,  por  eso  iban  armados,  dispuestos  a  los  resultados  que  se  alcanzaran,  ya  el  que  constituía  la  finalidad  última  del plan, ora los  producidos  como  medio,  pues si se asumen los fines, se asumen los medios para  obtenerlo.   

En el lugar de los hechos el C.T.I. halló  proyectiles  y  fragmentos,  un  pistón de potencia, vainillas, una chapuza, un  cuchillo,  además  de que al testigo HERNAN ROBLEDO MARTÍNEZ le consta que dos  de  los  integrantes de la banda (RENSO y GIOVANNY) poseían “changones”, y,  si  a ello agregamos, el hecho de que contra la víctima dispararon en repetidas  ocasiones,  se  arriba  con  certeza  a la conclusión de que el porte ilegal de  armas  y  el  homicidio  fueron eventos implícitos en el plan criminal, por eso  mismo los asaltantes portaban armas de fuego y cortopunzantes.   

Por  las  razones  anotadas,  el Tribunal  encontró  establecida  la  convergencia  subjetiva  y  la  vinculación  de los  resultados  delictivos  a  un  único  plan, en el cual los concurrentes tenían  dominio  funcional  previamente  concertado  y  una  división de trabajo en una  compleja  operación  delictiva,  que permite considerar a todos los partícipes  como  coautores  en  virtud  del  artículo  23,  anterior,  sosteniendo así el  ad quem la jurisprudencia  reiterada         de        esta        Sala4,  conforme a la cual, cuando  en  eventos  como  el  que  ahora se analiza, los miembros de una banda criminal  resuelven  utilizar  armas,  están  admitiendo  la posibilidad de su uso y, por  contera,  responden  por  los delitos contra la vida y la integridad personal en  que puedan incurrir como coautores.   

De este modo, el reproche formulado por el  casacionista, al  carecer de fundamento, no prospera.   

Consideraciones    finales.   

Esta decisión queda en firme en la fecha  de  su  firma  y  contra  ella  no  procede  recurso, correspondiendo al juez de  ejecución  de  penas  y medidas de seguridad, la aplicabilidad del principio de  favorabilidad,  si  a  ello hubiere lugar, conforme lo prevé el artículo 19 de  la ley 553 de 2000, con ocasión a la vigencia Ley 599 de 2000.   

Atendidas las razones expuestas, la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando Justicia en nombre  de la República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE   

NO  CASAR  la  sentencia   impugnada,   de  fecha,  origen  y  contenido  consignados  en  esta  providencia.   

Cópiese, notifíquese y  cúmplase     

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS   

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                       ALFREDO                    GÓMEZ  QUINTERO                                                     

EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                                  ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                             

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                                    JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                       MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA. M.P. Dr. REYES ECHANDÍA, Alfonso. Agosto 11 de 1981. Dr.  MARTÍNEZ  ZÚÑIGA,  Lizandro.  Noviembre 23 de 1988, Dr. TORRES FRESNEDA, Juan  Manuel.  Septiembre 16 de 1992. Dr. ARBOLEDA RIPOLL, Fernando. Marzo 23 de 1999.  Dr.  PÉREZ  PINZÓN,  Álvaro. Abril 24 de 2003. Dra. PULIDO DE BARÓN, Marina.  Junio 8 de 2003, entre otros.    

2   Sala  de Casación Penal C.S. de J., Radicado 17252, 18 de febrero de 2004, M.P.  Herman Galán Castellanos.   

3 Sala  de    Casación    Penal.   C.S.J.   Septiembre   8/80.   M.P.   ALFONSO   REYES  ECHANDÍA   

4 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA.  M.  P.  Dr. ARBOLEDA RIPOLL, Fernando, marzo 23 de 1999.     

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