20789(13-11-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 20789  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado acta No.122   

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá, D. C., trece de noviembre de dos mil  tres.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  la  procesada  CARMEN EUGENIA CUARTAS URIBE.   

Antecedentes.   

Mediante  sentencia de 8 de julio de 2002, el  Juzgado   Quinto   Penal  del  Circuito  de  Popayán  condenó  a  Carmen  Eugenia  Cuartas  Uribe  a la pena  principal  de  13  años  de  prisión,  como  autora  responsable del delito de  homicidio  (fls.153-210/1). Apelado este fallo por el defensor de la acusada, el  Tribunal  Superior  del lugar, mediante el suyo de 3 de diciembre siguiente, que  ahora  el  mismo sujeto procesal impugna en casación, lo confirmó en todas sus  partes (fls.2-29 del cuaderno del Tribunal).   

La         demanda.   

Cinco cargos, dos por violación indirecta de  la  ley  sustancial,  o tres por violación directa, presenta el actor contra la  sentencia impugnada.   

1. Violación indirecta de los artículos 287  y  356  del  Código  de  Procedimiento  Penal  actual,  por  errores  de hecho,  derivados  del desconocimiento de los principios de la lógica, la experiencia y  la    ciencia    (sana    crítica),   en   la   apreciación   de   la   prueba  indiciaria.   

Sostiene  que  los juzgadores, basados en los  principios  de  la  sana  crítica,  le dieron credibilidad a los testimonios de  DAVID  ALEXANDER  VALENCIA  MUÑOZ, ANA ILDA MUÑOZ y ALCIBEY RIOS PULIDO, y con  base  en  ellos  dictaron  sentencia  condenatoria  contra la procesada. Empero,  aplicados  los  principios  de  la  persuasión  racional,  sus dichos no logran  adquirir  mérito, porque “no es lógico concluir que una persona que entra en  un      cuarto     en     forma     ‘violenta       (sic),      nerviosa      y      asustada’   es   porque  acaba  de  cometer  un  delito”.   

Otro aspecto que atenta contra los principios  de  la  sana  crítica, “es concluir que si alguien tiene una mancha de sangre  en  el  pantalón, es porque mató a una persona. En el caso de mi representada,  tal  mancha  de  sangre  en  una de las botas de su pantalón pudo ser por haber  pasado  por  el  lugar donde instantes antes habían ultimado a su novio, o pudo  ser  sangre  de  un animal, o aún de su propio cuerpo o de pronto una mancha de  plátano  con la apariencia de sangre. Recuérdese que jamás se examinó la tal  mancha  por  las  autoridades  legítimas.  De manera que cualquier conclusión,  tomada  como  determinante del homicidio, desborda sin duda los principios de la  sana crítica”.   

Tampoco es lógico concluir que si una pareja  de  novios,  amantes  o esposos, discute en una fiesta, y uno de los dos aparece  muerto,  el otro es el homicida. Hay que sopesar, necesariamente, la posibilidad  de  que otro sea el asesino. En el caso sub judice, existe la fuerte sospecha de  que  el  verdadero homicida pudo ser MILTON ANDRES RUIZ  HOYOS  (a.  El  Ruso),  de  quien  se  dijo  se había  ausentado  antes  de  los  luctuosos hechos, pero después de que la víctima le  hubiera  pedido  a  su  hermano  y su novia que le guardaran la espalda de dicho  señor, porque existían amenazas.   

La  lógica  y la experiencia “me indican a  mí  que  una persona que amenaza vengarse o hacerle daño a alguien, una vez se  entera  de  que  su  posible  víctima se encuentra inerme en determinado lugar,  estratégicamente  puede  retirarse del lugar por algún rato (con la intención  de  irse  a  armar, por ejemplo), y volver luego con mucho sigilo y precaución,  asestar  el  golpe  y  ausentarse  inmediatamente sin ser notado. Recordemos que  para  la  hora  en  que  se  cometió  el  crimen,  casi todos los asistentes se  encontraban  bajo el efecto del alcohol, estado en que generalmente se pierde en  gran  parte  la  conciencia  del  mundo  real.  Además  el  autor pudo detallar  perfectamente     que    el    lugar    se    encontraba    prácticamente    en  penumbra”.   

Otro yerro que atenta contra los principios de  la  sana  crítica, es no haber considerado que si una persona agrede a alguien,  la  reacción  inmediata  es  la  de escabullirse, no esconderse en un clóset y  taparse  con  un  cuadro, máxime si la agresión provocada reviste gravedad. En  el  caso  de  la  acusada, se tiene que en ningún momento intentó huir. Por el  contrario,  solicitó  dinero  prestado  para  ir  tras  el  herido al hospital.  Después  tampoco  huyó.  Si hubiera sido autora, una vez enterada de la muerte  de   su   novio,   habría   abandonado  la  ciudad  de  Popayán,  pero  no  lo  hizo.   

Tampoco  es  lógico  que  las  personas  que  supuestamente  observaron  la  conducta furtiva y huidiza de la procesada, no la  hubieran  denunciado  cuando  llegaron al lugar de los hechos los investigadores  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación, encontrándose, como supuestamente se  hallaba,  escondida. Lo lógico en estos casos, es que quien ha observado un tal  comportamiento,  proceda  de  inmediato a señalar al que lo hace, como presunto  responsable.   

2. Violación indirecta del artículo 277 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  por  error  de hecho al desconocer de manera  manifiesta   los  principios  de  la  sana  crítica,  en  la  apreciación  del  testimonio   del   señor   OSCAR  MAURICIO  CASTILLO,  único supuesto testigo de los hechos.   

Asegura  que  si  los  juzgadores  hubieran  estudiado  este  testimonio, como él lo hizo, habrían concluido que se trataba  de  un  impostor, por tres razones: (1) De todas las personas que se encontraban  en  la  fiesta  y  fueron  interrogadas,  ninguna  alude a la presencia de dicho  testigo.  La simple experiencia “me demuestra a mí” que este declarante fue  contactado  por  alguien  con  el  fin  de ocultar el verdadero homicida. (2) La  sospechosa  presentación  en  la  Fiscalía  120 días después de haber tenido  lugar  los  hechos.  ¿Porqué  no  lo hizo antes? La experiencia “también me  demuestra”  que  necesitaba  tiempo  para entretejer la coartada. (3) También  “pude  entrar  en  sospecha  cuando  me enteré” que vivía cerca del señor  MILTON  ANDRES  RUIZ  HOYO, y  que  éste  había  decidido tomar “las de Villadiego” cuando se enteró que  el testigo iba a ser contrainterrogado.   

Apoyado  en  estas consideraciones, pide a la  Corte  absolver  de  todo cargo a la acusada, “pues es evidente que existe una  duda mayúscula respecto de su supuesta autoría”.   

3.  Violación  directa del artículo 7º del  Código  de  Procedimiento  Penal,   pues  pese  a existir dudas razonables  respecto  de  la  responsabilidad  de  la  procesada,  el  Juez  de conocimiento  “temerariamente”  se  abstuvo de dictar en favor suyo sentencia absolutoria.  Como  motivo  de  casación afirma invocar “la causal primera, cuerpo primero,  del  artículo  207  del  C. de P. P., como consecuencia de un error de derecho,  traducido en falso juicio de legalidad”.   

4.  Violación  directa  del  inciso  2º del  artículo  232  del  Código  de  Procedimiento Penal, puesto que el juez debió  dictar   sentencia  absolutoria  en  favor  de  la  implicada  en  este  asunto,  “ya    que    no    existe    una    sola   prueba  directa”  que  hubiera  podido  justificar  el fallo  condenatorio  en  su  contra.  Fundamenta  esta  impugnación  en  la  “causal  primera,  cuerpo  primero,  del artículo 207 del C. de P. P., como consecuencia  de    un    error    de    derecho,    traducido   en   un   falso   juicio   de  legalidad”.     

5.  Violación  directa del artículo 235 del  Código  de  Procedimiento  Penal.  Los  juzgadores  tenían  la  obligación de  decretar  la  absolución  de  la  procesada,  pues al no haberse establecido la  verdad  real,  “aparecía  de bulto un vicio de nulidad de todo lo actuado”.  Como  motivo  de  casación,  invoca  “la  causal primera, cuerpo primero, del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal , como consecuencia de un  error de derecho, traducido en un falso juicio de legalidad”.   

SE  CONSIDERA:    

Una  vez  más  debe la Corte reiterar que la  demanda  de casación no es  un escrito de elaboración ni crítica libres,  como  acontece  con  los  alegatos de instancia. Su estructura y contenido deben  sujetarse  a  las  directrices  establecidas  en el artículo 212 del Código de  Procedimiento  Penal,  y  fundarse  en los motivos previstos en el artículo 207  ejusdem,  los cuales corresponde desarrollar de acuerdo con las reglas técnicas  que imponen los postulados y la lógica casacional.   

El  error  de  hecho  por falso raciocinio se  presenta  cuando  el  juzgador,  al  establecer  el  mérito  probatorio  de una  determinada  prueba,  o  en  la  construcción  de  las  inferencias lógicas de  contenido  probatorio,  desconoce  de  manera  manifiesta  los  principios de la  lógica,  las  reglas  de  experiencia,  o  los  postulados  de  la  ciencia. Su  demostración,   por   tanto,  impone  al  actor  tener  que  concretar  cuáles  principios,  reglas  o postulados de la persuasión racional fueron desconocidos  por   los  juzgadores  de  instancia,  y  acreditar,  complementariamente,  qué  incidencia tuvo el error en las conclusiones probatorias del fallo.   

En  el presente caso, el casacionista, en los  dos  primeros  reparos,  plantea  un  error  de esta naturaleza (de raciocinio),  dentro  de marco de un enunciado correcto (causal primera, cuerpo segundo), pero  en  su  desarrollo  incurre  en  falencias  insalvables,  que tornan formalmente  inidóneo  el  ataque  para  concitar  la  apertura  del trámite casacional. El  primer  error  que  comete  radica  en  construir  el  cargo,  no a partir de un  análisis  puntual, serio y objetivo de los principios de la lógica, las reglas  de  la experiencia, o los postulados de la ciencia que afirma inobservados, como  correspondía   hacerlo,  sino  de  especulaciones,  conjeturas,  vaguedades,  y  afirmaciones indemostradas.   

La   síntesis  que  se  hizo  del  escrito  sustentatorio  muestra  cómo  todo el desarrollo argumentativo gira en torno de  apreciaciones  de  carácter  puramente personal sobre lo que considera que es o  no  lógico, o que constituye una máxima de experiencia, sin aludir, para nada,  a  los  principios,  reglas  o  postulados que afirma violados. Basta repasar la  fundamentación  que  el  libelo  contiene  para  advertir que todo el engranaje  argumentativo   se   sustenta  en  afirmaciones  tales  como  “no  es  lógico  concluir”,  “tampoco  es  lógico”, “lo lógico es”, “la experiencia  me  indica  a mí”, “la experiencia me demuestra a mí”, “la experiencia  también  me demuestra”, sin decir en concreto qué principio de la lógica, o  cuál máxima de experiencia, fueron desconocidos.    

          

Al  margen  de  lo que viene de ser dicho, se  tiene  que  algunos  de  los  reparos  que  el  actor  hace  a  las conclusiones  probatorias  de  la  sentencia, no guardan relación con el error denunciado. Es  lo  que  ocurre,  por ejemplo, con los planteamientos que se hacen en torno a la  mancha  de sangre hallada en el pantalón de la implicada. Si dicha evidencia no  fue  sometida  a  análisis científico, y no existían elementos de juicio para  concluir  que  se  trataba de sangre humana, o que pertenecía a la víctima, el  ataque  debió  encausarse  como  error de hecho por falso juicio de existencia,  por   suposición   de   la   prueba  demostrativa  del  hecho  indicador.    

Una  falencia adicional en la fundamentación  de  los  dos  primeros  ataques,  la  constituye la falta de demostración de la  trascendencia  del  vicio. La técnica casacional enseña que cuando se plantean  errores  de  apreciación  probatoria,  es necesario acreditar que el desacierto  incidió  en  la  decisión  impugnada,  exigencia  cuyo  cumplimiento  imponía  realizar  un  análisis de toda la prueba incriminatoria, para acreditar, que de  no  haberse  presentado  el  error,  el sentido del fallo habría sido distinto,  labor que el casacionista no se esfuerza en llevar a cabo.   

Los  tres  últimos  cargos no toleran examen  técnico.  En  todos  se  incurre  en una cadena de desaciertos, que hacen de la  censura  un  embrollo  argumental indescifrable. Se inicia planteando violación  directa  de  la  ley  sustancial  (reparo  que  repele cualquier cuestionamiento  de   carácter  probatorio).  Luego  se  plantea error de derecho por falso  juicio  de  legalidad  (ataque  que  supone  cuestionamiento de la validez de la  prueba),  y  termina  pidiéndose  la  nulidad  de  la  actuación procesal, sin  explicar  por  qué  es ineficaz, y sin indicar en qué consistieron los errores  cometidos.   

Visto,  entonces, que la demanda de casación  no  cumple  los  requisitos  mínimos  requeridos  para  declarar en trámite el  recurso,  y que la Corte, en virtud del principio de limitación que lo rige, no  puede  entrar a suplir sus vacíos ni corregir sus deficiencias, la inadmitirá,  y   declarará  desierta  la  impugnación,  acorde  con  lo  dispuesto  en  los  artículos  197  del  Decreto  2700  de  1991, y 213 de la ley 600 de 2000. Esta  decisión  surte efectos a partir de su notificación, y contra ella no proceden  recursos.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de Carmen  Eugenia  Cuartas  Uribe.  En  consecuencia, se declara  desierta  la  impugnación.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.  Notifíquese y devuélvase al Tribunal de origen. CUMPLASE.   

YESID RAMIREZ BASTIDAS  

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS                 ALFRDO GOMEZ QUINTERO   

JORGE         A.         GOMEZ  GALLEGO                        EDGAR LOMBANA  TRUJILLO                         

ALVARO         O.        PEREZ  PINZON                          MARINA PULIDO DE BARON   

JORGE        L.        QUINTERO  MILANES                    MAURO SOLARTE PORTILLA   

                                                    Teresa Ruiz  Núñez   

                                                        SECRETARIA   

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *