19448(11-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  19448   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 32  

Bogotá,  D.C,  once  de  marzo  de  dos mil  tres.   

V   I   S   T   O   S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  las  demandas  de  casación  presentadas  por los defensores de los  procesados  DIOMEDES  SALAMANCA  VELASCO  y LUZ MIRYAM  ANDRADE  LOZANO  contra  el  fallo de segundo grado de  fecha  octubre  16  de  2001,  por  cuyo  medio  el  Tribunal  Superior de Neiva  confirmó  la  sentencia proferida por el Juzgado Tercero Promiscuo del Circuito  de  la  misma  ciudad,  el  30 de julio de 2001, mediante la cual se condenó al  primero  de los citados a la pena principal de un (1) año de arresto, multa por  el  equivalente  a  doce  (12)  salarios  mínimos  mensuales  y  un (1) año de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas,  como  coautor de peculado  culposo,   mientras que a la segunda se le condenó a una pena principal de  dos  (2)  años  y  seis (6) meses de prisión, multa por el equivalente a trece  punto  siete (13.7) salarios mínimos mensuales, un (1) año de interdicción de  derechos  y  funciones públicas, y la prohibición de celebrar contratos con la  administración  pública  por  el  término  de  un  (1) año, como coautora de  falsedad  en  documento  privado y cómplice de cohecho por dar u ofrecer.    

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Entre  los  años de 1995 y 1996 los señores Bensair Silva Bernal y  Néstor  Hernández  Arteaga,  en  su  condición  de gerentes de la Cooperativa  Multiactiva  Sur Andina Huila Ltda, “Surcoandina Huila Ltda”, con sede en la  ciudad  de  Neiva,  Huila,  de  común  acuerdo  con  el entonces presidente del  Consejo  de  Administración,  señor  Alinson Orozco Zambrano, y sin contar con  autorización   del   Departamento   Administrativo  Nacional  de  Cooperativas,  DANCOOP,  captaron  ahorros  a  través  de depósitos a la vista de más de dos  centenares   de  personas  naturales  y  expidieron  numerosos  certificados  de  depósito  de  ahorro  a  término  a  varios entes estatales, entre otros, a la  Empresa  de  Lotería  y  Juegos  de  Apuestas  Permanentes del Departamento del  Huila,  así  como  al  INDER,  a  las Tesorerías Municipales de Rivera, Aipe y  Neiva,  a  la  alcaldía  de  Palermo, al Hospital Universitario Samaritana y al  municipio de Baraya.   

          En  desarrollo  de  tales  actividades los directivos de Surcoandina  captaron  las  sumas  de $333.608.120.31 en el año de 1995, y $1.654.981.244.98  en 1996.   

          Durante   su  gestión,  además,  se  presentaron  multimillonarias  pérdidas  que  llevaron  a  la  cooperativa  a un estado de total iliquidez, al  extremo  que  Néstor  Hernández  terminó  girando  cheques  sin  fondos a los  beneficiarios     de     los     CDAT’s,  situación  que  condujo  al  descubrimiento  de las operaciones  ilícitas  que  se  estaban  llevando a cabo y que le impidió a la Lotería del  Huila  recuperar el dinero depositado a través de los certificados de depósito  a  término  Nos.  156  y  163  por  las  sumas  de  $64.714.984  y $89.175.053,  respectivamente,  constituidos  bajo la dirección de DIOMEDES SALAMANCA VELASCO  y  Silvano  Guevara Peña, el primero en su calidad de Director Administrativo y  Financiero  de la Lotería del Huila, y el segundo, Jefe del Área de Tesorería  y  Pagaduría  de  la  misma  entidad,  a  quienes  se  les  inculpó  por haber  incumplido   sus  funciones  de  administradores  y  custodios  de  los  dineros  oficiales,  que  terminaron  depositando  en  una cooperativa que no contaba con  autorización legal para captar dineros del público.   

          Se  estableció,  además, que Silvano Guevara en confabulación con  el  Gerente  y  el  Presidente  del  Consejo  de Administración de Surcoandina,  Néstor  Hernández  Arteaga  y  Alinson  Orozco  Zambrano,  respectivamente, al  convenir  la  constitución  de  los mencionados certificados en la cooperativa,  recibió  como  retribución  el  pago  clandestino  de  dinero,  actividad  que  desarrollaron  con  la complicidad de la Tesorera LUZ MYRIAM ANDRADE LOZANO, del  Subgerente  Administrativo  Gustavo  Sánchez  Ortiz y de la empleada de Marisol  Ospina  Osso,  respectivamente,  personajes  estos  que para camuflar el pago de  tales  comisiones  elaboraron cuentas de cobro, comprobantes de egreso y recibos  de  caja  a favor de una persona fallecida y de otras con quienes la cooperativa  no  tenía  obligación alguna, procedimiento que les implicó la falsificación  de  numerosos  documentos.  Mediante  este  mecanismo egresó de Surcoandina una  suma que ascendió a $7.224.640.oo.   

          Por  tales  hechos,  la  Fiscalía  Sexta Delegada ante los Juzgados  Penales  del  Circuito  de  Neiva, mediante resolución de diciembre 22 de 1998,  acusó,  entre  otros,  a  DIOMEDES  SALAMANCA  VELASCO como autor del delito de  peculado  culposo,  y  a  LUZ MYRIAM ANDRADE LOZANO como cómplice del delito de  cohecho  y  coautora  de  falsedad  en  documento  privado,  decisión  que  fue  confirmada  por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Neiva en  resolución del 19 de febrero de 1999.   

          El  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de Neiva conoció del juicio  y  mediante  sentencia  del  30  de  julio  de  2001,  finiquitó  la  instancia  condenando  a los procesados DIOMEDES SALAMANCA VELASCO  y  LUZ  MIRYAM  ANDRADE  LOZANO  a  las  penas  arriba  especificadas,  decisión  que  impugnada  por  sus  defensores  fue  objeto  de  confirmación integral.   

          Contra  la  decisión  de  segunda  instancia  los defensores de los  procesados  en cita interpusieron recurso de casación, que el Tribunal Superior  de Neiva concedió en auto del 21 de noviembre de 2001.   

LAS  DEMANDAS   

          Demanda  a  nombre del  procesado DIOMEDES SALAMANCA VELASCO   

          Al  amparo  de  la  causal  primera del artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal,  el  defensor  de  SALAMANCA  VELASCO  acusa  la sentencia  impugnada   de   ser  violatoria  de  normas  sustanciales  por  “errores   de   hecho   y  de  derecho  en  la  apreciación  de  las  pruebas”.   

          En  orden  a la fundamentación del cargo destaca que de los oficios  que  obran a los folios 241, 242, 243 y 253 del cuaderno No. 1, dirigidos por el  procesado  DIOMEDES  SALAMANCA  a  diferentes  funcionarios  de  la Lotería del  Huila,  entre  ellos  al  tesorero,  pagador  y gerente de la empresa, se deduce  claramente  el  recargo  de  funciones que para entonces tenía el procesado; la  falta  de recursos humanos para el buen desempeño de la unidad que dirigía; la  manipulación  de  los  libros  de  control de bancos por distintas personas que  laboraron  en forma transitoria; la improvisación en la escogencia del personal  para  tan delicadas funciones; y la reticencia del jefe de control para corregir  las  irregularidades  sobre  las  que  alertó  el  procesado SALAMANCA, sin que  recibiera respuesta alguna.   

          De  allí  que  el  procesado  no  podía tener el control total del  funcionamiento  de la unidad a su cargo por la falta de personal y de los medios  idóneos  para  ello.  Además,  el  tesorero  de la empresa era quien tenía la  función  de  abrir  y  cancelar  cuentas  bancarias,  de  ahorros,  títulos  y  depósitos  a  término  de  acuerdo  con  las  instrucciones  que  al  respecto  recibiera  del gerente, de donde no hubo de parte de DIOMEDES SALAMANCA omisión  voluntaria  o  deliberada  en el cumplimiento de sus funciones, sino negligencia  total del gerente.   

          De  las fallas institucionales se responsabilizó al subalterno y se  exoneró  al  gerente  de  la  empresa, de donde no hubo justicia en el proceso.   

         

          Si   DIOMEDES  SALAMANCA  sugirió  la  colocación  de  dineros  en  depósitos  a  términos,  sólo  lo  hizo  con  la  finalidad  de  buscar mayor  rentabilidad,  pero  la  persona  que  ejecutó el depósito fue el tesorero con  autorización  del  gerente, como dice demostrarlo con el manual de funciones de  la  entidad,  de  donde no puede endilgársele responsabilidad a su defendido en  la  colocación  de  los  dineros  en  la  cooperativa  Sur Andina, así hubiese  sugerido su nombre.   

          Concluye  señalando  que los medios de prueba que dan razón de los  anteriores  hechos  no  fueron apreciados debidamente, lo que dio lugar a que se  condenara  a su defendido por el simple hecho de haber insinuado el nombre de la  cooperativa    Sur   Andina   para   el   depósito   de   los   dineros   luego  extraviados.   

          Solicita  que  se  case la sentencia y en su lugar se profiera fallo  absolutorio a favor de DIOMEDES SALAMANCA VELASCO.   

          Demanda    a   nombre   de   la   procesada   LUZ   MIRYAM   ANDRADE  LOZANO           

          Advirtiendo  que se acude a la vía de la casación discrecional, el  defensor  de  la  procesada  LUZ  MIRYAM ANDRADE LOZANO formula un solo cargo al  amparo  de  la  causal  tercera por violación al debido proceso y al derecho de  defensa,    al    haberse    omitido    la    debida   fundamentación   en   la  sentencia.   

          En  orden  a la fundamentación del cargo destaca que al calificarse  el  mérito  del sumario en la parte resolutiva de la resolución se acusó a su  defendida  como cómplice de cohecho, pero en la parte motiva se precisó que la  complicidad  se  refiere  al  cohecho  cometido  en concurso por Silvano Guevara  Peña,  que  lo  fue  a título de impropio, Nestor Hérnandez Arteaga y Alinson  Orozco,  que lo fue por dar u ofrecer. En la sentencia se precisa que la condena  lo  es  por  su  complicidad  en el cohecho por dar u ofrecer, precisándose que  ello  ocurre porque el mecanismo para pagar a Silvano Guevara la intermediación  financiera  fue  ideado  por  Nestor  Hernández  y  Alinson Orozco, y que de su  ejecución  material  se  encargaron los empleados subalternos Gustavo Sánchez,  LUZ MIRYAM ANDRADE y Marisol Ospina.   

          Agrega  que  si  el delito de cohecho es formal o de aquellos que se  consuman  con la mera conducta, lo primero que tenía que establecer el juzgador  era  a  cuál de los verbos rectores tipificados en el artículo 143 del Código  Penal  correspondía  la  conducta  de  los  procesados,  pues  el  “dar”  y  “ofrecer”   tienen  un  significado  completamente  distinto,  omisión  que  dificultó la defensa ante la incertidumbre del cargo.   

          De  otro  lado,  si  los  dineros  se entregaban o pagaban a Silvano  Guevara  cuando ya el Tesorero oficial había depositado los respectivos valores  en  la  cooperativa  o había renovado los títulos de depósito, se infiere que  el  tipo  realizado  por Nestor Hernández y Alinson Orozco sería el de cohecho  por  “ofrecer”  que  se  perfecciona  con  la  sola  oferta  por  parte  del  particular  y  la  aceptación  de  la misma por parte del servidor público, de  donde   “la  conducta  del  procedimiento  para  el  cumplimiento   de   la   promesa   aceptada  queda  fuera  del  tipo”,  razón  por la cual no es posible la complicidad que se imputa  a  la  procesada  LUZ MIRYAM ANDRADE, pues tal ayuda no puede ser posterior a la  consumación  a  menos  que  se  trate  de  una  complicidad “psicológica”,  claridad  jurídica  a la que habrían podido llegar los juzgadores de instancia  de haber fundamentado debidamente sus providencias.   

          Corolario  de  la inactividad sustentatoria es que se condenó a LUZ  MIRYAM  como  cómplice  en  el delito de cohecho por “ofrecer”, cuando a lo  sumo pudo configurarse el tipo penal del encubrimiento.   

          Tampoco   se   encuentra   en   las   sentencias   una   motivación  lógico-jurídica  sobre  el elemento subjetivo del delito imputado que sólo se  configura  a  título  de  dolo,  pues  nunca  se precisó si LUZ MIRYAM ANDRADE  entendió  esas  conductas de ofrecer, aceptar, dar y recibir dineros, como algo  distinto    al   pago   de   una   “intermediación  financiera”,   que  en  el  roll  de  la  actividad  comercial     se     asimila     al     pacto     de     una     “comisión”  que generalmente es lícita.  La  omisión  de  este  aspecto  llevó  a  que  se condenara a la procesada con  violación  del  principio  según  el  cual  está proscrita la responsabilidad  objetiva.   

El anterior error trajo como consecuencia que  no  se  hubiera  identificado  la  tipicidad que correspondía a “una  conducta de cumplir con una oferta de remuneración pactada por  la  intermediación  financiera”,  así  como  a  la  indefinición  del  elemento  subjetivo. Tampoco se determinó si se trataba del  cohecho  por  dar  o del cohecho por ofrecer dentro del tipo penal del artículo  143  del  Código Penal. Y aún cuando en la sentencia del Tribunal se concluyó  que  se  trataba  de  un “cohecho por dar”,  en  el  cual  cabía  la  complicidad  de  otras  personas que  participaron  en  la entrega, no se formuló ninguna fundamentación para llegar  a  dicha  conclusión  y  no  de  la que se preveía en la prueba según la cual  primero  se  ofreció  la  dádiva  para  captar los dineros y posteriormente se  produjo el pago de lo ofrecido y la respectiva recepción.   

Concluye  entonces  que  con  respecto  a la  complicidad  en  el cohecho ella podría ser únicamente referida al cohecho por  ofrecer,  “caso en el cual el pago y la recepción no  son   tipificantes”,   por  lo  cual  la  sentencia  condenatoria  contra  LUZ  MIRYAM ANDRADE se dictó con violación del principio  de legalidad.   

En  relación  con  la falsedad en documento  privado  que  también  se  imputa  a  la  procesada  ANDRADE,  tampoco  aparece  motivación  sobre el elemento subjetivo, razón por la cual la condena responde  a una responsabilidad objetiva.   

De  haberse  procurado  dicha  motivación,  agrega,  los  falladores  habrían  encontrado  que  en la mente de la procesada  nunca    estuvo    la    voluntad   de   crear   documentos   para   un   objeto  ilícito.   

La   ausencia   de   motivación  ha  sido  considerada  por  doctrina  y  jurisprudencia  como  una  causa de nulidad de la  sentencia, ante la imposibilidad de controversia.   

Igualmente,   agrega,   dicha   falta   de  motivación  lesionó gravemente el derecho de defensa y el debido proceso de su  representada,  tipificándose  así las causales de nulidad de los numerales 2º  y 3º del artículo 306 del Código de Procedimiento Penal.   

Concluye solicitando que se case la sentencia  y  se  declare  la  nulidad de la actuación a partir de la sentencia de primera  instancia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Sea  lo  primero advertir que los delitos por los cuales se acusó y  condenó  a  los  ahora  recurrentes  DIOMEDES  SALAMANCA  VELASCO  y LUZ MIRYAM  ANDRADE  LOZANO,  no  superan  en ninguno de los eventos la pena máxima de seis  (6) años de prisión.   

Así,  para  el  caso  del  primero  de  los  citados,  el  delito  de  peculado culposo estaba sancionado en el artículo 137  del  Código  Penal de 1980 con arresto de 6 meses a 2 años, mientras que en el  Código  Penal  vigente  la pena oscila entre 1 a 3 años de prisión (artículo  400  de  la  Ley 599 de 2000). Y para el caso de la procesada ANDRADE LOZANO, el  delito  de  cohecho  por dar u ofrecer tiene una sanción que oscila entre 3 a 6  años  de prisión tanto en el anterior Código Penal (artículo 143) como en el  actual  (artículo  407),  mientras  que  para  la falsedad en documento privado  ambas  normatividades contemplan una pena de prisión de 1 a 6 años (artículos  289 y 221, respectivamente).   

         Así  las  cosas,  como  la  casación  ordinaria  procede por regla  general  contra  las  sentencias  de segundo grado que hayan sido proferidas por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito Judicial y Penal Militar, “en  los  procesos  que se hubieren adelantado por los delitos que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo exceda de ocho  años,  aún  cuando  la sanción impuesta haya sido una medida de seguridad”,  tope que no alcanza ninguno de los delitos por los que  aquí  se  procede,  obligatoria  deviene  la conclusión de que las demandas de  casación  presentadas por los defensores de SALAMANCA VELASCO y ANDRADE LOZANO,  deben  referirse  a  las  razones de procedibilidad excepcional señaladas en el  inciso  3º  del  artículo  205 del nuevo estatuto procedimental penal, esto es  porque  se  considere  necesario  para  el  desarrollo de la jurisprudencia o la  garantía de los derechos fundamentales.   

            En  tal  caso,  ha  insistido  la  Sala, compete al actor hacer la  correspondiente  fundamentación,  en  el  sentido  de  señalar  con claridad y  nitidez  las  razones  por  las  cuales la Corte debe intervenir con relación a  alguna  de estas dos alternativas, o por ambas, lo cual, de una vez se advierte,  fue  omitido totalmente por el defensor del procesado DIOMEDES SALAMANCA VELASCO  en  su  demanda, pues ni siquiera atinó a solicitar formalmente la admisión de  la  casación  excepcional,  lo  cual  impide a esta corporación ocuparse de su  demanda, que en consecuencia, no será admitida.   

          Cosa  distinta  sucede  con la demanda presentada por el defensor de  la  procesada  LUZ  MIRYAM ANDRADE LOZANO, en la cual se hace alusión expresa a  la  violación  de  las garantías fundamentales como sustento de la pretensión  casacional  por  la  vía excepcional, no obstante lo cual la demanda adolece de  protuberantes  deficiencias  técnicas  que  llevan igualmente a su inadmisión,  como se verá a continuación.    

El   actor   ha  planteado  una  supuesta  irregularidad   porque   los   juzgadores   omitieron  fundamentar   la  conclusión  sobre  los  elementos  configurativos  de  los tipos penales atribuidos a la procesada, pero no ilustra  lealmente  a  la  Corte  sobre  la  integridad  del  contenido  de los fallos de  instancia,   que   conforman   una   unidad  jurídica  inescindible,  la  cual  apunta  a considerarlos como uno solo en todo lo que no  sea contrario.   

Cuando se plantea  la  violación  del  debido proceso por defectos de motivación de la sentencia,  ha  dicho la Corte, se impone para el demandante la obligación de demostrar una  cualquiera  de  las  siguientes  hipótesis:  Que  el fallo carece totalmente de  motivación;  que  siendo  motivado,  es  dilógico  o  ambivalente;  o,  que su  motivación  es  incompleta, cometido que sólo se cumple después de contrastar  el   contenido   integral   de  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia.   

Pero  además, no  es  lo  mismo  que una decisión judicial adolezca de defectos de motivación, a  que  la misma no cumpla con las expectativas del sujeto  procesal,  que  la  tilda  de  inadecuada  o  desacertada  en su fundamentación  fáctica,  jurídica  o probatoria, hipótesis que se refleja precisamente en el  ataque    elevado    por    el    demandante    en    este   asunto.    

         En  el primer caso, el error será de actividad, susceptible de ser  atacado  dentro del marco de la causal tercera, mientras que en el segundo será  de  juicio,  tema  a  ser  planteado dentro del ámbito de la primera. Por ende,  atenta  contra  el  principio  de  no  contradicción  y  la  autonomía  de las  causales,  mezclar,  dentro  de un mismo reproche, argumentaciones de una y otra  índole.   

         En  esta  inconsistencia  técnica  incurre el censor, quien, en un  mismo  contexto  argumentativo, propone indiscriminadamente ambas hipótesis, al  sostener,  de  una  parte,  que  las  sentencias  de primera y segunda instancia  omitieron  especificar  el verbo rector dentro del tipo de cohecho del artículo  143  del  anterior  Código  penal,  esto  es “si se  trababa   del   cohecho   por  dar  o  del  cohecho  por  ofrecer”,  y  de  otra,  que  “aun cuando en la  sentencia  del  Tribunal  no se acogió la tesis de la defensa de que el pago de  los  dineros  a  Silvano  Guevara  fue  producto de una oferta anterior y por lo  tanto   ese   pago   no   es   tipificante   de   complicidad   y   concluyó   que   se   trataba   de  un  ‘cohecho     por  dar’  (p.  29  último  párrafo)  en  el cual cabía la complicidad de las personas que participaron en  la entrega”,   

         Tal   argumentación   deja   en   evidencia   que   el  reproche, antes de estar referido a defectos de motivación de la  sentencia,  contiene más bien un ataque a la valoración probatoria, lo cual se  destaca  aún más cuando el censor concluye que la motivación no corresponde a  “la  que  se  preveía  en la prueba”,  que  según  su  particular punto de vista llevaba a deducir que  “primero  se  ofreció  la  dádiva para captar los  dineros  y  posteriormente  se  produjo  el  pago de lo ofrecido y la respectiva  recepción”.   

         Igual  acontece  con  la  aducida  falta de motivación del elemento  subjetivo  del  delito de falsedad documental, pues ninguna referencia se hace a  los  planteamientos del fallo, y en cambio, valiéndose de una aparente falta de  motivación,  el  censor  hace  su  propio  alegato  en  el que expone una mejor  apreciación  de  las  pruebas  valoradas  por  el  sentenciador,  que según su  criterio  debieron  llevar  a  concluir  que  nunca  estuvo en la voluntad de la  procesada crear documentos para algún objeto ilícito.   

         Pero  además, el desarrollo del cargo es incompleto, puesto que la  afirmación  de  que  las citadas sentencias carecen de motivación en relación  con  la  naturaleza  del cohecho, no se acompaña de la real demostración de la  posible  incidencia  de  esta  supuesta  omisión en el ejercicio del derecho de  defensa  de  la  procesada, y por el contrario, la argumentación esgrimida pone  de  presente  una  real  comprensión  de  la  imputación fáctico –  jurídica, al punto que es el mismo  demandante  quien  da  cuenta de que en el fallo del Tribunal se “concluyó     que     se     trataba     de     un     ‘cohecho     por    dar’   (…)   en   el  cual  cabía  la  complicidad de personas que participan en la entrega”   

             

          La  casación  discrecional  sólo  se  justifica por la urgencia de  proteger  los  derechos  fundamentales  conculcados,  si  el  daño  se  pone en  evidencia  con  la  sola  indicación  descriptiva  de  las  razones  en  que se  sustenta.   Pero   los   giros   de   fundamentación  por  meras  discrepancias  valorativas,  no  pueden  ser  argumento  suficiente para reclamar una casación  sujeta a tan singulares necesidades.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   las   demandas   de  casación  discrecional    presentadas    a   nombre   de   los   procesados   DIOMEDES  SALAMANCA  VELASCO y LUZ MIRYAM ANDRADE LOZANO     por     las     razones     consignadas    en    la    anterior  motivación.   

Contra  la  presente  decisión  procede  el  recurso de reposición.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Juzgado de origen.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            HERMAN  GÁLAN CASTELLANOS             

CARLOS        A.        GÁLVEZ  ARGOTE               JORGE                               ANÍBAL                               GÓMEZ  GALLEGO              

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

              

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Teresa Ruiz Nuñez  

Secretaria  

    

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