20766(05-06-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20766   

        CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

      SALA    DE    CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO PONENTE:  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

APROBADO ACTA No.063  

Bogotá, D.C., cinco (5) de junio de dos mil  tres (2003).   

                Resuelve  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado de  MANUEL    IGNACIO    MUÑOZ   GONZÁLEZ,  contra  la sentencia proferida el 26 de septiembre de 2002 por el  Tribunal Superior de Bogotá.   

               El  Juzgado Veintidós Penal del  Circuito  con  sede  en  esta  capital,  en  las causas acumuladas y adelantadas  contra  MANUEL  IGNACIO  MUÑOZ GONZÁLEZ,  LUIS  FERNANDO  CASALLAS  GUZMÁN,  MARCEL  MANUEL GALINDO MAZA o  MAZALA  y  HÉCTOR  MESÍAS  RABA  AVILA,  los  condenó  a  cada  uno a la pena  principal  de  cinco  años  de  prisión,  como  coautores  de  los  delitos de  concierto  para delinquir y hurto agravado y calificado, en concurso. Sentenció  a  DONIS  MARCHENA  BARCELÓ  a  seis  años  de  prisión,  por  los delitos de  concierto  para  delinquir,  hurto  calificado  y  agravado y estafa agravada, a  RAFAEL  LEONARDO  OLAYA  JIMÉNEZ y PEDRO JULIO CASTILLO SIERRA, a cinco años y  seis  meses  de  prisión,  por  los  delitos de concierto para delinquir, hurto  calificado   y   agravado  y  falsedad  de  particular  en  documento  público.  Igualmente  declaró  responsable  a  SENÉN DARÍO PEÑA FERRO por el delito de  hurto  calificado,  imponiéndole una pena de 36 meses de prisión. Además, les  impuso  la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por  el  mismo  tiempo  de  la  pena  principal, ordenando en concreto el pago de los  perjuicios.   

          Absolvió, el a  quo,  a  JOSÉ  ALEJANDRO  GALLEGO  GRIMALDOS  por los  delitos  de  concierto  para delinquir, falsedad en documento privado, tentativa  de  falsedad  en  documento  privado  y  hurto  calificado  y  agravado, a DONIS  MARCHENA  BARCELÓ,  LUIS  FERNANDO  CASALLAS  GUZMÁN (también absuelto por el  delito  de  falsedad  de particular en documento público), HÉCTOR MASÍAS RABA  AVILA,  MANUEL  IGNACIO  MUÑOZ GONZÁLEZ  y MARCEL MANUEL GALINDO MAZA o MAZALA, por los delitos de falsedad  en  documento  privado  y  tentativa  de falsedad en documento privado, a SENÉN  DARÍO  PEÑA  FERRO  por  los  delitos de concierto para delinquir, falsedad en  documento  privado  y  tentativa  de  falsedad  en  documento  privado, a RAFAEL  LEONARDO  OLAYA JIMÉNEZ y PEDRO JULIO CASTILLO SIERRA del delito de falsedad en  documento privado.   

            El  Tribunal  Superior de Bogotá con providencia  del  26  de  septiembre  del  año 2002 sustentó la responsabilidad en cuanto a  MANUEL   IGNACIO   MUÑOZ  GONZÁLEZ, con los siguientes  argumentos:   

“De   otro  lado,  el  procesado  Muñoz  González  ha  significado  que  para  los días 23 y 24 de diciembre de 1996 se  encontraba  en la ciudad de Santa Marta. Por lo mismo, se declara inocente. Pero  como   se   explicó  anteriormente,  ello  no  desvirtúa  su  coparticipación  criminal,  como  se  desprende  de los testimonios de Rodrigo Díaz Aguirre y el  Teniente  Castro  Guerrero,  versiones  estas respaldadas por las fotografías a  través  de  las  cuales aparece haciendo transacciones en cajeros electrónicos  de  CONAVI,  en fecha anterior al 21 de diciembre del mismo año, época para la  cual ya se habían detectado las operaciones fraudulentas   

“Díaz Aguirre ha individualizado a Muñoz  González  como  uno de los sujetos que lo contactaron (es técnico electrónico  en  el  servicio  de  información  Colmena)  para montar el sistema satélite e  ingresar  a  la  base  de  datos  en  procura  de  efectuar defraudaciones. Esta  afirmación  hay  que  concatenarla  con  lo  señalado  por  el Teniente Castro  Guerrero  en  el sentido de que HECTOR MESIAS RABA AVILA, le informó que Manuel  Ignacio  Muñoz era una de las personas ejecutoras de los delitos, aunque había  viajado  a  Santa Marta. Tiene razón el funcionario de primera instancia cuando  concluye:  “…  se  supo  que  otro  de  los  integrantes de la organización  delictiva  era  el señor RABA, quien a su vez dio a conocer el nombre de MANUEL  IGNACIO,  y  finalmente los dos fueron registrados por cámaras fotográficas en  momentos  en  que  efectuaban  transacciones  en  los  cajeros  electrónicos de  Conavi,  en  los mismos días en que se hicieron varios retiros fraudulentos. Se  reitera  entonces,  que su condición de amigos y conocidos desde la juventud no  es  la  determinante  para deducir su responsabilidad, sino una serie de pruebas  testimoniales   y   documentales   que   dieron   cuenta   de   sus  actividades  delictivas”.   

            La   providencia   del   ad  quem confirmó la sentencia de primera  instancia, con las siguientes modificaciones:   

               Declaró  prescrita  la  acción  penal  por  el delito de concierto para delinquir en relación con LUIS FERNANDO  CASALLAS,  MARCEL  MANUEL  GALINDO,  HÉCTOR  MESÍAS  RABA  AVILA, MANUEL  IGNACIO  MUÑOZ  y DONIS MARCHENA  BARCELÓ,  imputados  con  resolución de acusación proferida el 20 de junio de  1997 por la Fiscalía 78 Seccional.   

              En cuanto a LUIS FERNANDO CASALLAS  GUZMÁN,  MARCEL  MANUEL  GALINDO,  HÉCTOR  MESÍAS  RABA  AVILA y MANUEL   IGNACIO   MUÑOZ,  el  Tribunal  les  impuso una pena principal de 2 años y 8 meses de  prisión,   como  responsables  del  delito  de  hurto  calificado  y  agravado,  modificando  la  de  cinco  años  de  prisión  impuesta  por  el  a quo.   

              Condenó a DONIS MARCHENA BARCELÓ  a  la  pena  principal  de 3 años y 8 meses de prisión, por el delito de hurto  calificado y estafa.   

          Confirmó en todo lo demás la sentencia  proferida por el a quo.   

HECHOS  Y ACTUACIÓN  PROCESAL   

            Los  hechos que dieron lugar a la acumulación de  las     causas    penales    falladas    en    este    proceso,    fueron    los  siguientes:   

               1. El 24  de  diciembre  de  1996,  en  la  calle 122 con carrera 22 de esta ciudad, en un  cajero      automático     de     ‘Servibanca’  fueron  capturados  DONIS  MARCHENA  BARCELÓ,  LUIS FERNANDO CASALLAS GUZMÁN y  MARCEL  MANUEL  GALINDO,  en  el  momento  en  que trataban de retirar dinero de  cuentas  que  no  eran  de su propiedad, utilizando tarjetas falsificadas. A los  retenidos  se  les  incautó  entre  otros  elementos, varias tarjetas débito y  dinero en efectivo ( fl.6 y ss.cd.1).   

               En  diligencia de allanamiento a  varios  inmuebles  ubicados en el perímetro urbano de Bogotá, se dio captura a  HÉCTOR  MESÍAS  RABA  AVILA,  BETTY MARTÍNEZ MEDINA y JOSÉ ALEJANDRO GALLEGO  GRIMALDOS,  hallándose  los  elementos relacionados en las actas visibles a los  folios 11 y siguientes del cuaderno No. 1.   

               El 19 de enero de 1997, en horas  de  la  madrugada,  fue  capturado  SENÉN  DARÍO  PEÑA  FERRO,  en  el cajero  automático  de  CONAVI  de la calle 53 con carrera 25, cuando retiraba $400.000  con  la  tarjeta  2056-013091140,  a  quién  se le incautó también la tarjeta  2023-000856659.   

                El  subteniente  CÉSAR  OVIDIO  CASTRO  GUERRERO  señaló  en el informe rendido el 24 de enero de 1997, que en  el   operativo   cumplido   el  24  de  diciembre  de  1996,  fueron  capturados  MANUEL    IGNACIO    MUÑOZ   GONZÁLEZ  y  EDWIN  LIZANDRO  PÉREZ  ORJUELA,  quienes  aparecían  en  las  fotografías  tomadas  cuando  estaban  realizando las actividades delictivas en  los cajeros de Conavi.   

               El  20  de  junio  de  1997,  la  Fiscalía   78   Seccional  formuló  resolución  de  acusación  contra  JOSÉ  ALEJANDRO  GALLEGO,  DONIS  MARCHENA  BARCELÓ,  LUIS FERNANDO CASALLAS, HÉCTOR  MESÍAS  RABA,  SÉNEN  DARÍO  PEÑA,  MANUEL IGNACIO  MUÑOZ  GONZÁLEZ  y  MARCEL  MANUEL  GALINDO  MAZA  o  MAZALA,  por  los  delitos  de  concierto  para delinquir, falsedad en documento  privado,  tentativa  de  falsedad en documento privado, en concurso homogéneo y  sucesivo y heterogéneo con hurto calificado y agravado.   

               2. A la  causa  referida en el numeral anterior le fueron acumuladas las que cursaron por  hechos  que  comprometieron  a  procesados  distintos  al recurrente y sobre los  cuales  se  pronunció el Juzgado 22 Penal del Circuito con sede en esta ciudad,  decisión  que  fue  confirmada  con las modificaciones antes mencionadas por el  Tribunal Superior de Bogotá.   

              3. Contra  la  sentencia  de  segunda instancia solamente interpuso recurso de casación el  apoderado    de     MANUEL    IGNACIO   MUÑOZ  GONZÁLEZ,   demanda   que   por  haberse  presentado  oportunamente procede la Sala a calificar en su aspecto formal.   

                     

LA   DEMANDA   

           Con  base  en  la  causal  primera  de  casación,  la sentencia del Tribunal es acusada de violar indirectamente la ley  sustancial,  por  haber  incurrido  en  error  de  hecho,  por  falso  juicio de  existencia,  al no apreciar algunas pruebas, yerro que hizo incurrir al juzgador  en  “violación  directa  de  la ley sustancial por aplicación indebida” de  los  artículos 29 de la Carta Política, 247 y 254 del C.P.P. y 349 del C.P. de  la legislación vigente para la época de los hechos.   

                    El  censor  sostiene  que el fallo de segunda instancia no criticó, no analizó y no le dio  el  verdadero  significado  que  tenían  a  los  testimonios de INÉS MORENO de  RUBIANAO,  ANA  ESTHER  BEDOYA  LOSADA,  NORMA  MALDONADO CAMARGO y JORGE SIERRA  TEJADA.   

               El  ad  quem   no   valoró   la   indagatoria   rendida  por  MANUEL    IGNACIO    MUÑOZ   GONZÁLEZ,  prueba  que  dejó  de  relacionar con el informe del Subteniente  CÉSAR  OVIDIO  CASTRO GUERRERO, en el que se hacen afirmaciones contradictorias  y  que  carecen  de  respaldo  probatorio,  no  obstante  lo  cual se le asignó  credibilidad.   

              El procesado afirmó con franqueza  su  inocencia  y demostró con las declaraciones de INÉS MORENO de RUBIANO, ANA  ESTHER  BEDOYA LOSADA, NORMA MALDONADO CAMARGO y JORGE SIERRA TEJADA, que estuvo  en  Santa Marta desde el 21 hasta el 30 de diciembre de 1996, testimonios que no  fueron considerados por los juzgadores.   

               No tuvo en cuenta el ad  quem el recibo del teléfono celular a  nombre  del sindicado expedido por “Celcaribe”, las facturas provenientes de  “Casa  Color”,  documentos  con  los  cuales  se  corrobora  la estadía del  inculpado en Santa Marta para la época de los hechos.   

               El  fallador  no  hizo una   verdadera  “conjunción”  de  las  fotografías  en  las que aparece HÉCTOR  MESÍAS  RADA  en  compañía de MANUEL IGNACIO MUÑOZ  GONZÁLEZ,  quien  explicó en la indagatoria cómo lo  conoció  y  la  ayuda  que le prestaba a una empresa de artes gráficas en esta  ciudad,  razón  ésta  por  la  que  el día 12 de junio de 1996 el señor RADA  acompañó  a  MUÑOZ  GONZÁLEZ  al  cajero  de  CONAVI  para consultar algunos  saldos,  momento  en  que se hizo el registro fotográfico. Y, la fotografía en  la  que  aparece  MANUEL  IGNACIO  MUÑOZ,  sólo  ese  día,  pero  un  tiempo  antes a las 22.36.57, estaba  retirando  $30.000  con su tarjeta CONAVI, movimiento que aparece en el extracto  2022010885244.  En  la fotografía del 12 de septiembre de 1996, debe tenerse en  cuenta  que  el  procesado  realizó  cuatro  retiros de la cuenta de Ganadiario  número   06010114  –  4.   

               No entiende el censor por qué a  las  fotografías  se  les  da  “un matiz que no corresponde a la realidad”,  para   deducir   que  el  procesado  estaba  sacando  dinero  de  cuenta  ajena,  conclusión  que  a  juicio del demandante se obtuvo por no haberse sometido las  pruebas a un examen crítico.   

          El  análisis en toda decisión judicial  debe  ser  minucioso,  alejado  de  las  generalidades  y las discriminaciones o  sentimientos.   En el caso que nos ocupa, sostiene el actor, el “inocente  es   condenado   con   expresiones   aparentemente   válidas   pero  legalmente  inválidas”.   

          El Tribunal no se percató que el proceso  que  cursó en la Fiscalía 79 Seccional en el que fue denunciante RODRIGO DÍAZ  AGUIRRE,    quien    acusó    a    MANUEL   IGNACIO  MUÑOZ  de  ser  uno  de  los sujetos contactados para  montar  un sistema satélite e ingresar a la base de datos, fueron cargos que no  prosperaron,  como consta en la resolución proferida el 16 de junio de 1999, en  la que se precluyó la investigación.   

               De  haberse valorado las pruebas  echadas  de  menos  no  se  hubiese condenado a MUÑOZ  GONZÁLEZ  por un delito que  no  cometió, por lo que la sentencia impugnada se debe casar y absolvérsele de  los cargos imputados.   

        CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE           

              1.  La  casación  es  por  naturaleza  un juicio de legalidad para corregir errores  cometidos  en  la  sentencia  de segunda instancia en la aplicación del derecho  objetivo,  preservar  las  garantías debidas a los sujetos procesales, unificar  la  jurisprudencia  y  reparar  los  agravios inferidos. Los cuestionamientos se  hacen  a  través  de  un  escrito  formal  contra la sentencia del ad  quem, sin que implique un reexamen de  los  asuntos debatidos en las instancias del proceso, así el ataque corresponda  a errores consumados en la apreciación de las pruebas.   

                   Hechas las  anteriores  precisiones  y  examinada  la demanda presentada por el defensor del  procesado,      se      encuentran      en      ella      tales     inconsistencias  y  defectos  en  el  campo de la técnica y de las  reglas  que  gobiernan  la  casación, que obligan a la  Corte a su inadmisión.    

                                                                                            

               2.  La  violación  indirecta  de  la  ley sustancial se vincula con el hecho de haberse  dejado   de   apreciar   el   recibo   telefónico   expedido  por  ‘Celcaribe’,   las   facturas   expedidas   por  ‘Casa  Color’,  la  indagatoria del procesado y las  declaraciones  de  INÉS  MORENO  de  RUBIANO,  ANA  ESTHER BEDOYA LOSADA, NORMA  MALDONADO  CAMARGO  y  JORGE SIERRA TEJADA, pruebas con las cuales se demostraba  que  para  la  época  de  los  hechos  MANUEL IGNACIO  MUÑOZ  se  encontraba  en  Santa Marta. Igualmente se  cuestiona  en  el  cargo el alcance asignado por el juzgador a las fotografías.   

              3.  El  primero  de  los  planteamientos  del  censor  corresponde  a un falso juicio de  existencia  por  omisión,  reproche  que  no  cumple  los  requisitos legales y  técnicos del recurso, por las razones que seguidamente se exponen:   

          3.1. Se formuló  la  afirmación,  según la cual el procesado se encontraba en Santa Marta entre  el  21  y  el  30 de diciembre de 1996, aseverándose que  los elementos de  juicio  no  apreciados  por  el juzgador, daban cuenta de esa coartada, pero sin  enfrentar  el  contenido,  el análisis y el fundamento fáctico y probatorio de  la  providencia  recurrida, para identificar el error y establecer su incidencia  en la decisión adoptada.   

          Un cargo estructurado en las condiciones  expuestas,  ignorando  el contenido de la sentencia impugnada y sus fundamentos,  contraviene  el  objeto del ataque en el recurso extraordinario, en el cual, las  demostraciones  del  censor  nunca pueden estar al margen del fallo del Tribunal  y,  en su caso, de la decisión de primer grado, si opera el principio de unidad  jurídica,  como  en este caso ocurre, ya que son precisamente sus términos los  que se deben atacar en casación.   

               3.2. La  falta  de apreciación probatoria recriminada a la sentencia recurrida, la apoya  el  impugnante  en  conclusiones  particulares  que  se distancian del contenido  objetivo  de  la  sentencia. Por ejemplo, habiéndose partido del supuesto de la  no  apreciación  de  la  prueba  se llega a admitir que la fuente del error del  juzgador,  en relación con el viaje de MANUEL IGNACIO  MUÑOZ  a  Santa  Marta, lo constituyó el hecho de no  haberles  asignado a los testimonios el verdadero significado que tenían. Estas  opiniones  no son más que una discrepancia en la valoración de las pruebas con  el  criterio del juzgador y un abandono, sin razón atendible jurídicamente, de  su propuesta inicial.   

              3.3.  El  disentimiento del demandante no puede apoyarse en  apreciaciones   subjetivas,  de  plena  convicción  personal,  sino  en  vicios  objetivos  de  la  prueba como tal. La propuesta del censor, no apunta a ninguno  de  ellos,  ni a su trascendencia, pues las referencias  de  las  que  se  valió  para  sustentar  el yerro atribuido a la decisión del  ad  quem,  como     señalar,    que    el  “inocente  es  condenado con expresiones aparentemente válidas  pero  legalmente  inválidas”,  constituyen  simples  formas  de  estilo  libre que no consultan los fines del recurso extraordinario,  en  el  cual  la  sentencia  impugnada goza de la doble presunción de acierto y  legalidad.   

               3.4. La  falta  de  claridad  conceptual del recurrente en cuanto a la causal primera, lo  llevó  a  aducir  al  amparo de la violación indirecta de la ley sustancial la  violación  directa  de  los artículos 247, 254 del C.P.P, 349 del C.P. y 29 de  la  C.P.,  sustentación  incoherente, puesto que el error en la apreciación de  las  pruebas  excluye la falta de aplicación aducida en los términos en que se  hizo la proposición jurídica del cargo.   

         4.  La inconformidad expuesta en relación  con  la  apreciación  hecha  en  los fallos de instancia, respecto de la prueba  documental  fotográfica,  se  apoya  en  discrepancias  que  por  sí  solas no  contienen  argumentos  que  conduzcan a demostrar el error de hecho que alega en  la demanda.   

                       4.1.  El  demandante  sugiere  como  alcance  probatorio  de  una de las  secuencias  fotográficas la explicación que dio el procesado, en el sentido de  que  el  señor  RADA  acompañó  a  MANUEL  IGNACIO  GONZÁLEZ  al  cajero  a  consultar  el  saldo, porque  fueron  compañeros  de  estudios  y  se  encontraba  trabajando para su empresa  litográfica.  En  cuanto  a  las  demás fotografías aduce que las deducciones  hechas  no  corresponden  a  la  realidad, pues se estaba retirando dinero no de  cuentas ajenas sino de propiedad del inculpado.   

           4.2.   Las  propuestas   acerca  del  alcance  que  el  censor  le  asigna  a  las  pruebas,  discrepando   del   criterio  del  juzgador,  es  inatendible  técnicamente  en  casación,  porque  con  ello  el demandante pone de presente que su objetivo es  acreditar  la  lógica  de  sus  apreciaciones  sobre  la  prueba recaudada, sin  evidenciar  el  error  en la sentencia de segunda instancia sobre su existencia,  identidad o raciocinio.    

               4.3. Se  duele  el  recurrente  de no encontrar en la decisión del Tribunal un análisis  crítico  de  las fotografías, afirmación que dada su falta de desarrollo y su  carácter  genérico,  le  impiden  a  la  Sala  conocer  realmente  cuál es la  inconformidad  del  recurrente  o  el  yerro  imputado  al fallador, ambigüedad  insuperable  en esta parte del trámite del recurso extraordinario de casación,  dada  su  naturaleza  rogada  y  las  limitaciones  de  la  Corte  frente  a  la  demanda.   

         5. Finalmente,  se  advierte  que  el recurrente incurre en una mezcla indebida de la violación  directa  e  indirecta  de  la  ley  sustancial y de los motivos de casación por  error  por  falso  juicio  de  existencia  y  falso  raciocinio,  los que por su  naturaleza  y  alcance  han  debido  presentarse  en  cargos  separados, pues su  formulación   simultánea   tornan   confuso   el   reproche   propuesto.  Esta  argumentación  atenta contra la claridad y precisión requeridas por el numeral  tercero del artículo 212 del C.P.P.   

              6. Por el  desconocimiento  que  atañe  al  debido  proceso,  en  cuanto  a los requisitos  formales  y  sustanciales  de  la  demanda  de  casación,  la  Sala  procede  a  inadmitirla.   

                                                         

         Ejecutoria,  recursos y dosificación de  pena.   

                    

                       La      decisión  que  inadmite  la demanda de casación queda en firme en  la fecha de su firma y contra ella no procede recurso.   

         Corresponde  al  juez  de  ejecución de  penas  la  aplicabilidad  del principio de favorabilidad, si a él hubiere lugar  por la vigencia de la ley 599 de 2000.   

                                             

                    En   mérito  de  lo  expuesto la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

                  RESUELVE   

               1.  Inadmitir  la  demanda de casación presentada a nombre de MANUEL IGNACIO MUÑOZ  GONZÁLEZ,  en  las presentes diligencias, por las razones expuestas en la parte  motiva  de  esta  providencia.  Se  declara  desierto  el recurso, dado que esta  providencia no es impugnable.   

2. Devuélvase lo  actuado al lugar de origen.   

             Cópiese,     notifíquese     y  cúmplase.   

             YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

  HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS                                 CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE                                 

  JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                  EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                                   

  ALVARO O. PÉREZ PINZÓN                                                         MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                              

  JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS                                 MAURO SOLARTE  PORTILLA   

                                               TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                    Secretaria   

    

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