20762(24-07-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20762  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta Nº  084  

          Bogotá  D.  C.,  julio  veinticuatro  (24) del dos mil tres (2003).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la admisibilidad de la demanda de casación  presentada   por   la   defensora  de  NIDIA  GUERRERO  BERNAL contra la sentencia del 4 de marzo de 2002, por  cuyo  medio  el  Tribunal  Superior  de Bogotá confirmó en todas sus partes la  condena  impuesta  por  el  Juzgado 1º Penal del Circuito Especializado de esta  ciudad  a  ella  y a otros procesados como coautores de delitos contra la vida y  la  integridad  personal  y  cómplices  de  delito  contra  la  recta  y eficaz  impartición de justicia.   

          La   sentencia   del   a  quo  proferida  el  10  de  octubre  del  2001,  condena a Alberto    Naranjo   Mojica   y    a  Luis  Eduardo  Cortés  León  como  coautores  de  los  delitos  de homicidio agravado, tentativa de homicidio  agravado  y hurto calificado y como cómplices del delito de fuga de presos a la  pena  principal  de  treinta  y un (31) años y seis (6) meses de prisión. Así  mismo,  condena  a  NIDIA GUERRERO BERNAL como  coautora  de las conductas punibles constitutivas de homicidio  agravado,  tentativa  de  homicidio  agravado   y  como cómplice de la que  estructura  fuga de presos, a la pena principal de treinta (30) años y tres (3)  meses  de  prisión.  A  los  tres  sentenciados les impuso la pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  lapso de diez (10) años.   

HECHOS  

          El  juzgado  1º  Penal  del  Circuito  Especializado de Bogotá dio  cuenta   de   los  sucesos  materia  de  juzgamiento  conforme  a  la  siguiente  síntesis:   

“El  22 de mayo de 1997, previa solicitud  del  Juzgado  84  Penal  Municipal  de esta ciudad, se remitió al interno David  Rojas  Molano,  recluido  en la cárcel nacional Modelo, a las instalaciones del  despacho,     ubicado     en    la    carrera    10    Nº    14    – 33 de Bogotá.   

“Cuando era trasladado, hacia las 9:00 de  la  mañana,  a  la  altura de la calle 15, cerca de la carrera 10, el inculpado  fue  interceptado  por  varios  sujetos  quienes  agredieron a sus custodios con  armas  de  fuego.  Se  produjo  en consecuencia la huida del reo y el deceso del  guardián  Edgar  Orlando  García;  por las mismas causas resultaron gravemente  heridos  dos  de  sus  compañeros,  Luis  Augusto Linares y Homes Lozano, éste  último  despojado  de su arma de dotación. Los atacantes emprendieron la huida  desplazándose en motocicletas”.   

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

          A   la  investigación  fueron  vinculados  mediante  diligencia  de  indagatoria   los  señores  Edgar  Villamizar  Rivera  (fallecido),  Luis  Eduardo  Cortés  León,  Alberto  Naranjo Mojica y NIDIA  GUERRERO BERNAL en contra de quienes  el  investigador, con fecha 19 de agosto de 1997, dictó medida de aseguramiento  de detención preventiva.   

          El  7  de  agosto  de  1999,  la  fiscalía  dictó  resolución  de  acusación   contra los citados procesados, como presuntos coautores de los  delitos  de  homicidio agravado cuya víctima fue Edgar  Orlando  García  Rodríguez,  en  concurso con los de  homicidio  en  modalidad de tentativa en contra de Luis  Augusto   Linares   Rodríguez   y   José   Joaquín  Homes  Lozano,  hurto  de  arma  de  fuego  de  dotación y cómplices de fuga de  presos.   

          Concluida  la  etapa de la causa, el 10 de octubre de 2001 y el 4 de  marzo  de  2002,  se  profirieron las sentencias de primero y segundo grado cuyo  contenido  ya  se anunció al inicio de este proveído, la última de las cuales  es objeto de la demanda que ahora ocupa la atención de la Sala.   

LA  DEMANDA   

          La  defensora  de la señora NIDIA GUERRERO  BERNAL,  denuncia  la  sentencia  de segunda instancia  dictada  en  este proceso por el Tribunal Superior de Bogotá por ser violatoria  de  la  ley  sustancial, de manera directa, a causa de error manifiesto de hecho  en la apreciación y valoración de la prueba.   

          Al  decir  de  la  censora  el  error  de  hecho consiste en dar por  demostrado,   sin   estarlo,   que   NIDIA   GUERRERO  BERNAL  es  coautora  de  los  delitos  de  homicidio  agravado,  tentativa  de  homicidio  agravado  y cómplice del delito de fuga de  presos,  por  haber  analizado exclusivamente el informe de la SIJIN, desechando  el  resto  de  prueba recaudada legalmente tanto en la investigación como en el  juicio.   

          Después  de  disertar sobre el indicio y las normas que lo regulan,  la  libelista  procede  a  exponer  los  indicios  que condujeron a la sentencia  condenatoria.   Entonces   expresa  que  de  manera  irregular   el  agente  investigador  José  Joaquín Arias Ospina,  adscrito  a  la Policía Metropolitana de Bogotá consignó en su  informe que:   

“por labores de inteligencia se ha logrado  establecer  que  en el homicidio participaron cuatro personas, de las cuales dos  se  movilizaban  en  motocicletas,  una Susuki TS-125, color azul y una Tribunal  Superior,  blanca con franjas azules conducidas por Luis Eduardo Cortés y Edgar  Villamizar  Rivera,  uno  se  movilizaba  a  pie  de nombre Alberto y una cuarta  persona  de  nombre  NIDIA,  esperaba  a una distancia prudente del ligar de los  hechos  en un vehículo de color verde marca Renault, en el cual se movilizó el  prófugo”.   

          Luego  acusa al mismo investigador de haber efectuado irregularmente  las  transcripciones  de  las llamadas telefónicas interceptadas y los reportes  de  los  beepers de los implicados, por cuanto acomodó el sentido de ellas a su  parecer  con acotaciones tendientes a ubicar a los sindicados en el sitio de los  acontecimientos.   

          Prosigue  la  recurrente  afirmando  que  de  lo  que  consignó  el  mencionado  agente  en  sus  informes  nada  se  pudo corroborar, pues en lo que  atañe   con   NIDIA   GUERRERO   BERNAL,  se tiene que durante la investigación y por prueba testimonial se  estableció  que  para el 22 de mayo de 1997 la carrera 12 se encontraba cerrada  para  el  tránsito de automotores, sin que se hubiera logrado precisar el lugar  en  donde  estaba  el  vehículo Renault de color verde, supuestamente conducido  por  la sentenciada en el cual se habría movilizado el prófugo; que ninguno de  los  varios testigos que se presentaron al proceso hablaron de la participación  de   una   mujer   en   los   hechos;   sindicación   que  procede  del  agente  investigador.   

          Agrega  que  al  rendir  testimonio  ante  la dirección de policía  judicial  el  14  de  enero  de  1999,  el agente Arias  Ospina  contradijo  sus  informes cuando, para afirmar  que    había    constatado   que   NIDIA conducía el vehículo, manifestó:   

“…porque  por intermedio de las líneas  telefónicas  que  estaban  interceptadas,  ella cumplía citas con el vehículo  Renault  9,  conducido  por ella… y durante la investigación ella permaneció  con  el  vehículo  (…) según la información recibida, el vehículo guardaba  una  distancia  prudente  de  los  hechos  y  era  conducido  por NIDIA … esta  información  fue la suministrada por la joven o señora que llamó a la oficina  (…)   el  sitio  exacto no lo sé, me baso en lo dicho por la persona que  llamó  a  la  oficina y porque a través de la investigación establecí que el  vehículo realmente existía, que existía NIDIA”.   

          Según  la  impugnante,  no hay ninguna otra prueba que corrobore la  afirmación  del  agente investigador y no un testigo; y el hecho de que existan  el   vehículo y NIDIA no  da  certeza  de la participación de ella en los hechos violentos que originaron  la investigación.   

            Comenta  la  defensora  que en el fallo que confirma la condena se  expresa  que  el  proceso  se  inició con el informe de policía rendido por el  agente   José   Joaquín   Arias  Ospina,  fruto  de  una  paciente  y  bien  lograda labor de inteligencia,  ratificada  bajo  la  gravedad del juramento y acompañado del necesario soporte  material  que  acredita y demuestra a través de un cúmulo indiciario grave, la  necesaria  relación  de  causalidad  fáctica  entre las señaladas grabaciones  magnetofónicas  y  el  desarrollo  de  los graves acontecimientos investigados,  pero,  objeta  la  impugnante,  tal  manifestación  es  contraria a la realidad  procesal  por cuanto de la abundante prueba recaudada no se puede tomar siquiera  una  sola  que  sopesada  y  valorada con las grabaciones magnetofónicas den la  certeza   de   la  participación  de  NIDIA  GUERRERO  BERNAL, porque la sindicación que contra ella obra en  el  informe  policial  no  obtuvieron  respaldo  posterior.  De  todo lo cual la  casacionista  concluye  que  “no hubo investigación  integral”.   

          La  defensora  admite  que  con  las  llamadas  telefónicas  y  los  registros  de  beeper  se  estableció que entre los sindicados había amistad y  compañerismo  y  que  no  todos  sus  actos  estaban sometidos a la ley y a las  buenas  costumbres,  pero no que de esas pruebas se desprenda un indicio leve de  que  los  implicados  participaron  en  el  rescate  pues, insiste en que a esas  conversaciones  se  les  dio  un  sentido  acomodado a las circunstancias que se  estaban investigando, diferente al que en realidad contienen.   

          Así  mismo,  la  litigante reconoce que los implicados se dedicaban  conjuntamente   a   actividades   ilícitas,   como  el  hurto  de  motocicletas   y   tenían  como  sitio  de  reunión  uno  cercano  al  lugar  de  los  acontecimientos  en donde vivía y  trabajaba  la  tía  de NIDIA,  motivo   por   el   cual   la   procesada   y   Edgar  Villamizar  eran ampliamente conocidos en el sector, a  pesar  de  lo  cual  ninguno  de  los testigos que comparecieron al proceso hizo  referencia  a  esas  dos  personas,  ni mencionaron la presencia de un vehículo  conducido por una mujer.   

          Igualmente,  la  profesional  observa  que las llamadas telefónicas  dan  la  certeza  de la conducta ilícita en que se desenvolvían los encartados  pero   no   admite  que  con  ellas  se  pueda  establecer  indiciariamente  que  Alberto,      Eduardo,      Edgar     (q.e.p.d.)      y     NIDIA     fueran     los     autores    materiales    de    los    hechos  investigados.   

          Para    la    letrada,    el   informe   del   agente   Arias  Ospina  fue tan amañado que en él  dice    que    el    Dragoneante    Édgar   Orlando  García  cayó  muerto  al  frente del establecimiento  denominado     ‘Bar  Báltico’  ubicado  en la  carrera  10  con calle 14 –  77  y  en  la  diligencia  de inspección judicial se estableció que esto no es  cierto,  que  el  funcionario  público fue asesinado en la calle 15 con carrera  12.  En  igual  forma,  el agente sostiene que el prófugo fue movilizado en una  motocicleta  y  luego  que  en  un  carro  Renault  conducido  por  NIDIA.   Entonces  argumenta  que  si  el  funcionario  investigador  erró  en esa situación que fue tan notoria, no sabe  qué se puede esperar del resto de sus informes.   

          Asegura  que  la  participación  de  NIDIA  GUERRERO  BERNAL,  nunca  se  estableció con certeza,  dado  que  no  se concretó la ubicación del vehículo dentro del teatro de los  acontecimientos,  lo  que en su opinión era imposible, pues no había acceso ni  por  la  carrera 12 ni por la calle 15, lo que solo deja una posibilidad: que el  automóvil  hubiera  estado  sobre la carrera décima, lo que es descabellado en  razón  a que a las nueve y media de la mañana hay un alto volumen de tráfico;  de  manera que tales circunstancias demuestran la mendacidad de los informes que  critica.   

          Con  el propósito de concretar los yerros de la sentencia impugnada  la   recurrente   los   califica   como   errores   de   hecho   “por  las  razones  ya  analizadas,  sin  olvidar que su análisis se  realiza  en  conjunto”. Así, prosigue afirmando que  los  hechos  indicadores  no  responden a lo estipulado por el artículo 284 del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  que aparece evidente el vicio de la prueba  analizada,  por  cuanto  la fuerza de convicción que se le otorga está apoyada  en  consideraciones  subjetivas  y  en  meras  conjeturas,  con  contradicciones  irreconciliables que impiden concluir la responsabilidad.   

          Argumenta   la   inconforme   que,   individualmente,  los  indicios  estudiados  no  conducen a sostener la condena de NIDIA  GUERRERO  BERNAL  y tampoco son convergentes, graves ni  concordantes,  pues  al  examinar cada hecho ”muestra  falta  de  prueba,  error  de  apreciación o carencia de relación con el hecho  averiguado…    no    conduce   a   la   inferencia   de   la   culpa   de   la  procesada…”.   

          Es  criterio  de  la  demandante  que  la  sentencia  acusada  viola  “de  manera  fundamental”  los  artículos  29  de la Constitución Nacional, 6 y 12 del Código Penal y no  observa  el  artículo 232 del Código de Procedimiento Penal  porque en el  caso    de    NIDIA    GUERRERO   BERNAL,  la  prueba  indiciaria  fue  desconocida  en  su  real expresión  fáctico   jurídica  y  el  fallo  le  fue  condenatorio  a  pesar  de  que  su  responsabilidad no está probada.   

          Afirma   que   al   fundar   sus   conclusiones  sobre  NIDIA   GUERRERO   BERNAL   el   fallador  desconoce   el   artículo  233  ibídem  porque  no  acude  a  la  sana  crítica  sino  a  las apreciaciones  subjetivas.   

          Predica  que,  de  los  medios  de  convicción analizados, el fallo  censurado  toma  las  partes  que  perjudican  a la procesada olvidando aquellos  aspectos  que la favorecen y no analiza la prueba de conjunto, con lo cual viola  lo      dispuesto      en      el      artículo      234      ibídem.   

          Continúa   la   impugnante  expresando  que  la  sentencia  acusada  infringe    el    artículo    238   procesal   penal   porque   “desecha   de   plano   la   totalidad   de   la   prueba  legalmente  recaudada”  y  se  limita  a  mencionar  el  informe  inicial    del    agente   Arias   Ospina y el contenido de las llamadas telefónicas.   

          La  defensora de NIDIA GUERRERO  también  acusa  el fallo por vulnerar el precepto que consagra el  principio  in dubio pro reo en  la  medida  en  que  se dedujo responsabilidad contra su patrocinada con la sola  afirmación   del   agente   Arias  Ospina  y  sin  que  mediara  prueba  legal.  A ese respecto aduce que los  indicios  que  sirven  al sentenciador para determinar la responsabilidad no son  fundamentos  válidos para una sentencia condenatoria, porque del texto de ellos  se  pueden  inferir  diversas  conclusiones,  que  entrañan una duda ineludible  favorable    al    reo;    de   manera   que   el   Tribunal   desconoció   ese  mandato.   

          A  manera  de  conclusión  la  demandante  sostiene que en el fallo  recurrido,  las  inferencias  que  involucran  a  NIDIA  GUERRERO  BERNAL,  no  se lograron con sujeción a las  reglas   que  inspiran  la  sana  crítica  porque  la  conclusión  de  condena  desatiende   los  principios  de  la  lógica,  la  ciencia  y  la  experiencia,  “al  penetrar…  en  apreciaciones  que  desbordan  claramente la potestad interpretativa del fallador”   

          De  la  misma forma predica que el desconocimiento del examen de las  pruebas  citadas  en  el  cargo  condujo  al  juzgador  al fallo adverso, cuando  “las     probanzas    desatendidas”  obligaban  a  la  absolución.  Añade  que  las  pruebas  que  el  sentenciador  toma  como  indicadores  no  permiten  inferir  la coautoría o la  complicidad  en el hecho, pero como con ellas el tribunal condenó, incurrió en  un  manifiesto  error  de hecho al tergiversar la prueba indiciaria e inferir la  responsabilidad  de  NIDIA GUERRERO BERNAL.   

          Vuelve  a  atribuir  al sentenciador un error de hecho manifiesto al  no   dar   por   demostrada   la   duda  insalvable  que  revela  la  situación  fáctica.   

          Para  terminar  la  libelista   solicita que en vista de que el  cargo   formulado   con   fundamento   en   la   causal   primera  se  encuentra  suficientemente  probado, porque es ostensible la transgresión indirecta de las  disposiciones  referidas  por  error  de  hecho,  se  case el fallo atacado y se  absuelva     a    la    señora    NIDIA    GUERRERO  BERNAL.   

CONSIDERACIONES  

          El  derecho  a  impugnar por la vía extraordinaria una sentencia de  segunda  instancia  dictada dentro de un proceso penal no es de libre ejercicio,  lo  que  se  desprende de los preceptos que regulan el recurso de casación y de  los   múltiples  pronunciamientos  de  la  Sala  que  como  desarrollo  de  esa  normatividad  indican los aspectos tanto rituales como sustanciales que se deben  cumplir  cuando  se  aspira  a  obtener  un  pronunciamiento  de  fondo  de esta  corporación.   

          No  obstante  que  la denominación que se ha dado a la disposición  del  artículo  212  del Código de Procedimiento Penal es la de “Requisitos  formales  de  la demanda”, su  contenido  relaciona  exigencias tanto rituales como aquellas que son inmanentes  a   la   naturaleza   del   recurso.   Aquellos   hacen  relación  a  la  plena  individualización  del proceso en el cual se ha proferido la providencia objeto  de  impugnación  y  a  la  identificación de los sujetos vinculados a la misma  actuación.  Los  últimos  concretan lo esencial del recurso de casación, esto  es,  la  selección  de  la  causal,  la  presentación del cargo que implica la  exposición   fáctica  y  jurídica  y  la  indicación  de  las  disposiciones  infringidas.   

          Se  debe  recordar  que  la  casación  es, en principio, un recurso  rogado,  lo que significa que los supuestos sobre los cuales prospera, deben ser  suministrados  por  el  demandante  y  que, a la Corte, no le es posible abordar  temas  no  planteados en la demanda. Por ello, la elaboración del libelo es tan  exigente,  pues  al  Tribunal  de  Casación  no  le  es permitido interpretar o  complementar  la  demanda,  como  lo  consagra  el  artículo  216  del estatuto  procesal  penal;  ello se traduce en una carga procesal para el impugnante en la  medida   en   que   para   obtener  éxito  en  su  pretensión,  debe  formular  planteamientos  con  absoluta  precisión  y  claridad;  de lo contrario, no hay  lugar para estudiar de fondo las censuras que postula.   

          En  orden a dar la guía que cumpla con las exigencias de claridad y  precisión  que imponen la demostración de un cargo en casación, la Sala desde  antiguo  ha  trazado  las  pautas  a  través de las cuales se logra el objetivo  indicado,  o  sea, la presentación clara, precisa, jurídica y demostrada de un  cargo,  según  la  causal  invocada, pues cada una de ellas tiene un desarrollo  propio.   

          Al  componer  la  demanda,  el  defensor debe tener en cuenta que el  fallo  que  ataca  está  amparado  por las presunciones de legalidad y acierto,  consecuencia  lógica  de  ser  el  resultado  de  un  proceso  surtido  en  dos  instancias  por  funcionarios  idóneos y competentes al efecto; supuesto que le  impone  la obligación de desvirtuarlas, además, porque el recurso de casación  ha  sido  instaurado  para  garantizar la legalidad del fallo y con ello cumplir  las  finalidades  de efectivizar el derecho material, unificar la jurisprudencia  nacional  y  reparar  los  agravios  que  se  hayan inferido a las partes con la  sentencia demandada.   

          En  lo  atinente  con  la  causal  primera  de casación, consagrada  actualmente  en  el  numeral  1  del  artículo 207 del Código de Procedimiento  Penal  que  es  la  invocada  en  la demanda bajo examen, conviene evocar que se  configura  con  la  violación  de  una  norma  de  derecho sustancial y que esa  infracción  puede  ocurrir  en  forma  directa  si  un  determinado  mandato de  naturaleza  sustancial no es cumplido sea porque se prescinde de su aplicación,  porque  al  aplicarlo  su  contenido  no  coincide  con  la  situación fáctica  establecida,  o porque se le da una interpretación errónea. Pero puede suceder  que  la  disposición  resulte  vulnerada  de  manera  indirecta en razón a que  resulta  indebidamente  aplicada como consecuencia de errores en la apreciación  probatoria.   

          Los  errores que puede cometer un juez al apreciar una prueba son de  dos  clases:  de  hecho  o  de  derecho, según que el desatino recaiga sobre el  aspecto  objetivo  que es capaz de demostrar o sobre el valor que al elemento de  juicio le otorga o le quita la ley.   

          Los  errores  de hecho asumen tres modalidades; la primera tiene que  ver  con  la  presencia  de la prueba en el proceso y se presenta cuando el juez  omite  apreciarla  o  cuando toma como sustento una que no ha sido allegada a la  actuación,  por  ello se denomina falso juicio de existencia por omisión o por  suposición.  La  segunda  esta  referida  a la estimación que el juez le da al  contenido  material  de  una prueba, de manera que la equivocación está en que  de  ella  se  extrae  una  verdad  que  no  tiene  capacidad  de  revelar; es el  denominado  falso  juicio  de  identidad.  La  tercera proviene de los erróneos  efectos  demostrativos  que  se  le hacen producir al hecho probado en contra de  los    postulados    de    la   sana   crítica,   que   estructura   el   falso  raciocinio.   

          Los  errores de derecho son de dos tipos; el primero surge cuando el  juez  aprecia y le otorga capacidad demostrativa a un elemento probatorio que no  cumple  los  requisitos  legales  de  existencia o de validez, o ha sido aducido  irregularmente  al  proceso;  es  el  falso  juicio de legalidad o aducción. El  segundo  se  estructura  cuando  el  juez  le  concede  a  una  prueba  un valor  demostrativo  que contraría lo previsto al respecto en la ley, sea por exceso o  por   defecto;   a   esa   equivocación   se   le   denomina  falso  juicio  de  convicción.   

          Desde  el punto de vista probatorio, el recurrente en casación debe  modificar  el  sistema  que  se  utiliza  en las instancias, por cuanto no basta  expresar   las   opiniones  personales  ni  efectuar  un  análisis  del  acervo  probatorio  a  la  luz  de  las  propias  convicciones,  como tampoco es válido  plantear  hipótesis.  El  objeto  del  trabajo  que se plasma en una demanda de  casación  es  la  sentencia de segunda instancia que se ataca y debe tener como  finalidad  demostrar,  a través de una argumentación lógico jurídica, que en  efecto  el  sentenciador  incurrió  en el error que se postula; y alcanzada esa  primera  meta  es indispensable continuar el proceso de comprobación de que ese  yerro  incidió  esencialmente  en  el  acto  de  jurisdicción  adoptado  en el  fallo.   

          Por  consiguiente,  la  Sala  procede  a corroborar si la demanda de  casación   presentada  en  representación  de  NIDIA  GUERRERO   BERNAL   se   ajusta  a  los  presupuestos  indicados.   

          El  primer desliz técnico que se advierte en el libelo se encuentra  en  el  enunciado  de  la  causal, pues la demandante aduce que la sentencia del  Tribunal   Superior   de   Bogotá   viola  la  ley  sustancial  “de  manera directa” por errores en cuanto  a    “la   apreciación   y   valoración   de   la  prueba”, lo que envuelve un contrasentido, en razón  a  que  la  infracción  directa  de  la  ley no se materializa en el proceso de  apreciación  de  la  prueba, sino que se mantiene en el campo de la aplicación  de  algún  mandato  legal.  Por  lo  que  tal  aserto introduce confusión a lo  pretendido,  en vista de que no se puede especificar si la ilegalidad denunciada  parte  de  una  indebida  aplicación  de  una  norma  o  de  la apreciación de  pruebas.   

          A  continuación la defensora anuncia que el error de hecho consiste  en  “dar  por  demostrado,  sin  estarlo,  que NIDIA  BERNAL  es  coautora” de los delitos investigados. A  ese  respecto  conviene  puntualizar  que  los  errores  de hecho predicables en  casación  están  referidos  al  proceso  de  apreciación  de  una  prueba  en  particular  no  a  la  conclusión  final del fallo sobre la responsabilidad del  implicado.  Por  lo  que,  si  la  inconformidad  radica  en  la  deducción  de  responsabilidad,   es   equivocado,  predicar  respecto  de  ella  un  error  de  hecho.   

          Prosigue  la  recurrente  sustentando el yerro que acusa en que para  confirmar  la  condena  el Tribunal Superior hubiera analizado exclusivamente el  informe  de  la  SIJIN  con  exclusión de las restantes pruebas acopiadas en el  curso  de todo el proceso. En tal supuesto va ínsita la denuncia de un error de  hecho  por  falso  juicio de existencia por omisión, para cuya demostración la  impugnante  debía  individualizar  cada  uno  de  las  pruebas no consideradas,  expresar  el  hecho  que  cada  una  establecía  y  la  forma como ese proceder  incidió  en la decisión condenatoria. Imposición que la titular de la defensa  no cumplió.   

          Entonces  inicia  la  crítica sobre la estimación de los indicios,  pero  en  lugar  de abordar la estimación que de ellos adoptó el sentenciador,  comienza  por  calificar  de  “irregular  “el  informe  que  el  2  de  julio  de  1997  rindió el agente  investigador  José  Joaquín Arias Ospina;  adjetivo  que  envuelve  una  tacha  de  legalidad de la prueba y  supone  la  presentación  de  un cargo por error de derecho por falso juicio de  legalidad;  sin  embargo  la  libelista ni siquiera explicó en qué consiste la  irregularidad   pregonada   ni   qué   nexo   tiene   con   la   decisión  del  fallador.   

          Sigue  la  impugnante  acusando al agente investigador, esta vez por  haber  acomodado a su parecer las transcripciones de las llamadas telefónicas y  los  registros  de  beeper  de  los sindicados; aserto que parecía proclamar un  falso   juicio  de  identidad,  por  haberse  tergiversado  la  verdad  material  contenida  en  esas  pruebas, ya que en opinión de la defensora el contenido de  ellas  fue  acomodado.  No  obstante,  esa  afirmación  tampoco pasa de ser una  postulación  sin  desarrollo, pues para demostrar la distorsión, correspondía  a  la inconforme citar el verdadero contenido de la prueba y confrontarlo con la  verdad  admitida por el sentenciador, además de exponer la trascendencia que la  conclusión judicial produjo en la sentencia de condena.   

          Luego  dedica  varios  párrafos a sostener que en el proceso no fue  corroborada  ninguna  de  las  afirmaciones  contenidas  en el informe policial,  tales  como  la  ubicación  del  vehículo  Renault que supuestamente conducía  NIDIA  GUERRERO BERNAL, ni la  participación  de  una  mujer  en  los  hechos.  Asertos  de esa naturaleza son  impropios  a  esta  sede, en cuanto son la expresión de las conclusiones que el  litigante  elabora  en  su mente, sin que estén vinculados a las que constan en  la sentencia atacada, que es el objeto del recurso.   

          Continuando  con  la  misma  táctica, la casacionista aduce que los  informes  del  agente de policía judicial son contradictorios  y al efecto  transcribe  apartes  de las respuestas suministradas por el funcionario, sin que  la  letrada  en momento alguno explique en dónde está la contradicción, cuál  fue  el tratamiento que a esta le dio el Tribunal y cual es la trascendencia que  tiene  en la decisión sancionatoria. Por tanto, lo que hacía pensar que era el  supuesto  de un error de hecho por falso raciocinio, quedó reducido a la propia  valoración de la titular de la defensa.   

          Así  mismo  predica que durante el debate judicial no hubo una sola  prueba  que  confirmara  la  afirmación  del  agente  y  diera la certeza de la  participación  de  NIDIA  GUERRERO BERNAL  en  los hechos, pues, desde su punto de vista, la existencia de la  procesada  y  del  vehículo no sirven a ese propósito. Con ello, la demandante  simplemente  comunica  sus opiniones, pero no demuestra ningún error atribuible  al juzgador.   

          Más  adelante  asegura  que  el  fallo  confirmatorio contraría la  realidad  procesal cuando dice que el informe rendido por el agente José  Joaquín  Arias  Ospina es fruto de  una  paciente  y  bien  lograda  labor  de  inteligencia, acompañado de soporte  material  que  acredita  a  través de un cúmulo indiciario grave, la necesaria  relación  de  causalidad  fáctica  entre  las grabaciones magnetofónicas y el  desarrollo  de los acontecimientos investigados. Y sustenta su crítica sobre el  supuesto  de  que  no  existe  una  sola  prueba que valorada y sopesada con las  grabaciones  magnetofónicas den la certeza de la participación de NIDIA  GUERRERO BERNAL, porque los informes  policiales  no obtuvieron posteriormente ningún respaldo, hasta el punto que no  se  pudo  establecer  quienes fueron los verdaderos autores y en la sentencia se  dispuso  la  compulsación  de copias para continuar la investigación penal; de  lo anterior deduce que no hubo investigación integral.   

             Frente   a  esos  argumentos,  se  hace  evidente  que  contienen  deducciones  de  cosecha  de  la  recurrente,  quien  plasma lo que opina de las  pruebas  y  de  la  investigación para apartarse de lo decidido por los jueces,  pero  sin  adentrarse  en  la  demostración  de  los  desaciertos  que a éstos  atribuye.  Igualmente  es  manifiesto que de nuevo, publicita pero no desarrolla  un  cargo  que  ameritaba  postulación  por  separado,  dado que corresponde la  causal  tercera  de  casación,  cuya  comprobación le exigía señalar cuáles  fueron  las pruebas no allegadas, qué hechos habrían logrado demostrar y cómo  aquellas  y  éstos habrían modificado las conclusiones condenatorias del fallo  recurrido.   

          Utilizando  la  misma  metodología  de  un alegato de instancia, la  demandante   reitera  sus  conceptos  sobre  los  mismos  puntos  expuestos  con  anterioridad.   Así,   para   descalificar   el  informe  policial  del  agente  Arias  Ospina, destaca que se  equivocó  al relatar el sitio en donde cayó la víctima  y cuando primero  afirmó  que el prófugo había sido transportado en una motocicleta y luego que  en  un  vehículo,  sin  que  en  ningún  caso  tomara  como referente el fallo  impugnado  para  demostrar cuáles fueron los desatinos del sentenciador, no del  funcionario policial.   

          Ulteriormente  la  casacionista  intenta  concretar  los  yerros que  atribuye  a la sentencia de segundo grado simplemente afirmando que incurrió en  errores  de  hecho,  sin  indicar  de  qué tipo, como se ha venido consignando;  además  habla  de  la  prueba recaudada, sin particularizar a cuál se refiere,  para  asegurar  que  está  viciada por la “fuerza de  convicción  que  se  le  otorga  para  condenar” con  apoyo  en  consideraciones  subjetivas  e irreconciliables contradicciones; como  también  asegura  que  los  indicios por ella considerados no son convergentes,  graves   ni  concordantes;  todo  lo  cual  da  entender  que  no  comparte  las  conclusiones  de  los  sentenciadores,  sin embargo, no elabora técnicamente la  demostración     del     presunto     falso    raciocinio    que    veladamente  postula.   

          Luego,  en  la parte final del libelo, la censora manifiesta que las  inferencias  del  fallo que involucran a NIDIA GUERRERO  BERNAL,  no  se  sujetan  a  las  reglas  de  la  sana  crítica,  pues  desatiende  los  principios  de  la  lógica,  la  ciencia y la  experiencia,  sin  indicar  cuáles fueron los principios o normas inobservadas;  entonces  acusa al Tribunal de distorsionar la prueba indiciaria para inferir la  responsabilidad  de  NIDIA GUERRERO BERNAL sin  que  ella  haya  sido demostrada. Así, termina por pregonar la  duda,  como su propia conclusión, y solicitar que se case la sentencia atacada,  para que en su lugar se absuelva a dicha procesada.   

          Estudiado  el  libelo  dirigido  por  la defensora de la sentenciada  NIDIA  GUERRERO BERNAL a esta  Sala  sólo  es posible concluir que no cumple con las exigencias de una demanda  de  casación,  por  cuanto,  como  ya se dejó consignado, no hay un desarrollo  particularizado  de  cargos de acuerdo a su propia naturaleza, ni indicación de  la  índole  los errores que se endilgan al sentenciador. Se trata de un escrito  elaborado  al  estilo  del  que se introduce ante los jueces de instancia, en el  cual  se  exponen  opiniones  personales, que contienen criterios diversos a los  expuestos  por  los  falladores  y que, por ende, carecen del sustento necesario  para que la Corte los estudie de fondo.   

          En  síntesis, la demanda no reúne los presupuestos necesarios para  proseguir  el  trámite  del  recurso extraordinario y por ello será inadmitida  como lo impone el artículo 213 del Código de Procedimiento Penal.   

          En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  de la sentenciada NIDIA GUERRERO  BERNAL   por   los   motivos   consignados   en  este  proveído.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

          Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase el expediente al Tribunal de  origen.   

YESID        RAMÍREZ   BASTIDAS   

Comisión de servicio  

HERMAN        GALÁN   CASTELLANOS                   CARLOS   AUGUSTO  GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ   GALLEGO                                       ÉDGAR    LOMBANA   TRUJILLO   

ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ   PINZÓN                      MARINA   PULIDO  DE  BARÓN   

JORGE    LUIS    QUINTERO   MILANÉS                                       MAURO    SOLARTE   PORTILLA   

TERESA  RUIZ  NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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