20529(23-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20529  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  106  

         

Bogotá,   D.  C.,  veintitrés  (23)  de  septiembre de dos mil tres (2003)   

V   I   S   T   O  S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de revisión presentada por el apoderado de HENRY  SILVA JIMÉNEZ contra la sentencia  proferida,   el   15   de  diciembre  de  1999,  por  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  en  la  que al confirmar la del Juzgado Octavo Penal del Circuito  de  la  misma ciudad, fechada el 10 de septiembre de dicho año, lo condenó por  el delito de homicidio.   

  H   E   C   H   O  S   

El juzgador de segunda instancia los narró  de la siguiente manera:   

“El 4 de abril  de  1998,  aproximadamente  a  las  10:30  de  la  mañana,  el  señor  ÁLVARO  CASTAÑEDA  FLÓREZ se encontraba en el parqueadero situado en la carrera 46 con  calle  90  de  esta  ciudad,  cuando los señores ALBERTO VALLEJO ONOFRE y HENRY  SILVA  JIMÉNEZ,  ingresaron  al  lugar y sin mediar palabra alguna comenzaron a  dispararle  en  repetidas  ocasiones,  produciéndole  heridas que llevaron a su  deceso.   

“Después  de  dispararle   a   CASTAÑEDA   FLÓREZ,   los   agresores   salieron   caminando,  tropezándose  con  varias  personas,  y haciendo disparos al aire; seguidamente  tomaron  un  vehículo  de  servicio público y fueron reportados por uno de los  testigos  del  hecho al CAI del parque ‘Venezuela’,   quien   alcanzó  a   describir   sus   rasgos    morfológicos,    lo   que   permitió   que   más   tarde  se  produjera  la  captura  de   las  personas  mencionadas  a  raíz  del operativo que diseñó de inmediato la  policía”.   

L  A      D  E  M A N D  A   

Luego de sintetizar la actuación procesal,  de  identificar  los  despachos  que  profirieron  las  decisiones  de primera y  segunda  instancia y de precisar la conducta punible por la que fue condenado el  procesado,  en el título que denominó “FUNDAMENTOS  DE   HECHO”,  sostiene  que  el  fallo  de  primera  instancia          “fue         determinado  fundamentalmente”  por  varios testimonios, como el  de  Jesús  Llamas  de la Hoz, “lavador de carros en  los      alrededores      de      la      Universidad      Autónoma”,  quien en  la  declaración  no presentó la cédula de ciudadanía, lo que transgredió el  artículo  276  del  Código de Procedimiento Penal, dado que no fue debidamente  identificado.   

Asevera que dicho declarante manifestó que  los  hechos  sucedieron  aproximadamente  a las diez de la mañana, que escuchó  seis  disparos y que un sujeto que venía saliendo del parqueadero universitario  le  apuntó con un revólver, “persona ésta bajita,  jeans  azul, zapatos tenis, color trigueño claro, nariz fileña, boca pequeña,  gorra  azul”. Igualmente dijo que pasado un rato, un  agente  de la policía lo llamó para que reconociera a las personas que habían  capturado,  y  “él  desde  una ventanita los vio y  reconoció  al  que  momentos  antes  le  apuntó  con  un revólver, quien dijo  llamarse  ALBERTO  VALLEJO ONOFRE, persona ésta de quien dijo que había salido  corriendo   del   parqueadero   donde   habían   matado  al  dueño”.   

Acota    que    el    “reconocimiento   en  fila  de  personas  que  se  practicó  en  la  Estación  de  Policía” se realizó con violación  del  artículo  303 del Código de Procedimiento Penal, además de que el citado  testigo se retractó.   

Aduce que la sentencia condenatoria también  se  basó  en  la  declaración de Luis Gabriel Dede Cantillo, quien indicó que  acababa  de  salir  de  clases  y  cuando  atravesó  la  calle  “dos  tipos  vienen caminando rápido y se lo llevan por delante, en  el  momento  no les vio armas, sin embargo” escuchó  decir  en  la  tienda  que  estaban  armados.  Que posteriormente la policía lo  llamó  para un reconocimiento y, por una ventanilla, reconoció “a  uno  de  ellos  como  la  persona  que  momentos antes lo había  atropellado  o  llevado  por  delante,  a  quien  describió como una persona de  estatura  media,  color morenito, cabellos oscuros, jeans normal, zapatos tenis,  persona   que  corresponde  al  nombre  de  Alberto  Vallejo  Onofre”.  Agrega  el  libelista  que dicho reconocimiento es violatorio  del artículo 303 del Código de Procedimiento Penal.   

Asevera  que  igualmente  se  contó con la  declaración  de  Emilia  Esther  Acendra  Castellón,  quien manifestó que ese  día,  a  las once menos cinco de la mañana, se hallaba en el parqueadero de la  universidad,  cuando  escuchó  ocho  disparos  y  observó  que “veían  dos  muchachos  con  pistolas  en las manos quienes pasaron  delante   del   carro”   donde  estaba  escondida,  “ellos pasaron corriendo por la mitad de la calle y  a   medida   que   ellos  iban  corriendo  ella  los  iba  viendo  de  arriba  a  abajo”,  por  lo  que  llamó a la policía y en la  Estación  rindió  su  declaración y “reconoció a  los  dos,  Alberto  Vallejo Onofre Y Henry Silva Jiménez, como las dos personas  que  venían  corriendo  con  pistolas  en  la  mano  el  día  que  ocurrió la  muerte”,   reconocimiento  que,  en  su  criterio,  también  es  ilegal.  Añade  que en la ampliación de la declaración afirmó,  “en  forma indubitable e incontrovertible, que ella  no     los     acusaba     a     ellos     de    matar    a    nadie”.   

En síntesis, reitera que los falladores de  primera  y  segunda  instancia  fundaron  la  condena  de su representado en los  citados   testigos.   No   obstante,   respecto  de  la  decisión  de  Tribunal  señala:   

“Sin embargo es  diciente    que    acepte    que    ‘es  cierto  que la prueba no goza de entidad para derivar la fuerza  de    la    incriminación    del    (sic)    y    haberse    mostrado   a   los  sospechosos…’.  Y  es  importante,  puesto  que  precisamente  la  razón  de  ser  de ésta acción de  revisión  es la certeza que se alberga en el proceso, y en varias personas, que  no  declararon  en  el  proceso,  de  que aquél es absolutamente inocente de la  acusación   que   se   la   he   formulado   y  por  la  cual  se  le  condenó  injustamente.   

“Obsérvese que  el  Honorable  Tribunal  se apoyó, al igual que el a-quo, en la declaración de  EMILIA    ESTHER   ACENDRA   CASTELLÓN,   en   cuya   apreciación   se   remitió   básicamente  en  el  pronunciamiento  que  se hizo en la sentencia condenatoria de primera instancia,  en   la   de  JESÚS  LLAMAS  DE  LA  HOZ,  persona  ésta que ante un Notario declaró bajo la gravedad del  juramento,  que  la declaración que rindió ante funcionario judicial por estos  hechos  no  fue libre y espontánea, sino que fue coaccionado para que declarara  en  la  forma  que  lo  hizo  ante el funcionario judicial, lo cual consta en el  folio  N°  231 C. O., la falladora de 1ª instancia manifiesta que se retractó  el  declarante  JESÚS  LLAMAS  DE LA HOZ,  pero  no  le confiere importancia alguna a esa circunstancia, en  la  de  LUIS DEDE CANTILLO,  de  cuyo  dice  que  como  declaró conocer a uno de los encartados ALBERTO   VALLEJO  ONOFRE,  con  eso  le  basta”.   

Refiere  que los familiares de su procurado  no  ha  dejado  de  creer en la inocencia de Henry Silva Jiménez, razón por la  cual  han  realizado  varios esfuerzo por averiguar, en el sitio de los hechos y  en  otros  lugares,  cómo  sucedió la muerte de Álvaro Castañeda Flórez, lo  que   aunado  a  la  publicación  de  su  foto  en  todos  los  periódicos  de  “crónica   roja”  de  Barranquilla,  “contaron con la suerte de encontrar  información  acerca  de  algunas  personas que, a pesar de que no declararon en  ese  tiempo  dentro del tramite del proceso, por razones que expondrán ellos en  el  momento  oportuno  ante  los  estrados  judiciales y bajo juramento legal de  rigor,     lo     hicieron     ante    un    Notario    contando    ‘la  verdadera verdad real’  de  lo  acontecido,  puesto  que su  querer  siempre  ha  sido,  precisamente  evitar que se siga cometiendo una gran  injusticia,  que  es lo que se quiere combatir con el instituto de la acción de  revisión”.   

En esas condiciones, con el fin de corregir  la   injusticia  cometida  con  su  poderdante,  incorporó  a  la  demanda  las  siguientes declaraciones extra juicio rendidas ante notario:   

1.    Declaración     del   ciudadano   Alexis   Erik  Jiménez  de  la  Rosa,  Supervisor  de  la  empresa  que  presta  seguridad  en  las instalaciones de la  Universidad   Autónoma,  quien  relata  que  del   parqueadero      llamado    El     Universitario     salió   “un     tipo    moreno    de   mediana     estatura    con   una    cachucha    azul,   portando    un    arma,    corriendo   hacia   la   carrera   49C   donde   lo   esperaba   otro   en   una   moto  color  azul,  dirigiéndose hacia  el   norte    de    la    ciudad”.   Precisa   que   lo   más   importante   de  este   testigo    es   que   le   comentó   a   la   familia     de     Henry     Silva     que   “’el      día     6   lunes   vio   la   prensa   y  se  encontró   con    la    sorpresa   que  los   dos   jóvenes   que     detuvieron     por     el     caso    del   homicidio     del     Sr.    ALVARO   CASTAÑEDA   FLÓREZ,   no   son   los    mismos    que    él   vio   ese  día…’”.   

2.  En  el  mismo  sentido  declaró Elenio  Federmán  Berti  Brito,  escolta de la propietaria de la Universidad Autónoma,  ya  que  indicó  que  “escuchó  unos disparos que  provenían  del  parqueadero  universitario,  vio cuando salía un tipo de color  moreno,  de  estatura  mediana, pelo achinado, pantalón y camisa azul, portando  una  pistola  en  su mano derecha y caminando rápido hacia la carrera 49C donde  lo  esperaba  otro  tipo en una moto de color azul”.  Dice  que  también  afirmó que los dos muchachos que salieron fotografiados en  el   periódico   La   Libertad,   “’no    fueron    los    tipos    que    vi    ese   día’”.   

3.  Declaración  de  Jairo Grau González,  empleado  del  hoy  occiso, quien afirmó que cuando se dirigían con su patrón  al  parqueadero  “de repente ingresó un muchacho de  color  moreno  que  en  principio  no  logró  ver  bien  y  le  disparó por la  espalda         varias        veces        al        Sr.       CASTAÑEDA,   dice   él  se  escondió  detrás  de  un  carro  desde  donde se asomó y de allí pudo ver claramente al  muchacho  cuando  iba saliendo y llevaba el arma de fuego en su mano con la cual  había  disparado  a  su  patrón;  afirma  el declarante que el homicida entró  sólo    y   salió   sólo   del   parqueadero   El   Universitario”.  También indicó que ninguno de los jóvenes fotografiados en  el  periódico  La  Libertad  y los que le mostraron en la Estación de Policía  dio muerte al señor Castañeda Flórez.   

4.  Declaración  de  Jairo  Enrique Araujo  Ruiz,  trabajador de la emisora Uniatónoma Stereo 94.1. Dijo haber escuchado un  disparo  y ver a un sujeto que disparó como en cinco ocasiones, “pude  ver cuando un muchacho como de 1.65 mts. de estatura, vestido  de  jeans,  chaqueta y gorra azul, salió corriendo, lo vi perfectamente y puedo  reconocerlo  si  lo  vuelvo  a  ver;  con  relación  a  los  dos  muchachos que  aparecieron  como  sindicados de la muerte del Sr. Álvaro Castañeda Flórez en  el  periódico  del lunes siguiente, nunca los llegué a ver por los alrededores  ni en la escena del crimen”.   

5.  Alejandro  Manuel  González  Padilla  declara  haber  escuchado  un  disparo y vio “que un  muchacho  que  estaba  disparándole a un señor por la espalda, él cual cae al  suelo  y  el  asesino  lo veo de frente al salir hacia la calle, por donde yo me  encuentro,  plenamente  lo identifiqué así: Un  tipo de pelo indio, color  moreno,  como  de  1.60  mts.  de estatura, estaba vestido de pantalón y camisa  azul,  tenía puesta una gorra azul, el cual viene saliendo con el arma de fuego  en  su  mano  directo  donde me encontraba”. Destaca  que  los jóvenes cuyas fotos salieron publicadas en el periódico no los vio en  el lugar donde ocurrieron los hechos.   

6.  Declaración  de  Jesús  Armando Silva  Serrano,  quien  viajó  a Caracas con el padre de Emilia Esther Acendra, señor  Alberto  Acendra  Celis  y,  por  ello, se reunieron con Emilia, persona que les  relató lo hechos ocurridos el 4 de abril de 1998, así:   

“’Que  ella  se  encontraba  con  una  amiga dentro de la Universidad  Autónoma  del  Caribe  cuando  escucharon  unos  disparos  en la calle, al rato  salió  con  su  amiga  y se encontró con unos policías amigos, y conocidos de  ella  que  había  distinguido  porque  estudiaba  periodismo  y  por su trabajo  conoció  a  éstos  policiales  en  una  emisora  de  la Policía Nacional. Los  policiales  le  comentaron  a  ella que habían matado al dueño del parqueadero  frente  a  la  Universidad  Autónoma del Caribe donde ella se encontraba , y le  comentaron  que  como  ella  era  conocida,  que si les podía colaborar con una  declaración,  por  lo  que  se  dirigieron a una Estación de Policía donde se  encontraban  unos  detenidos,  ella  nos  comentó,  que no había visto a nadie  relacionado  con  esos hechos pero que un oficial o suboficial de la Policía le  comentó:  Mira  Emilia,  fíjate  en  esos  dos  tipos  que  están allí y nos  colaboras  con  eso  diciendo  que  ellos fueron los que dispararon y que se los  habían   mostrado   por   una   ventanita   para   que  los  pudiera  reconocer  bien’,  y  es así, como  ella    declaró    conforme    le    habían    dicho    los   policiales   que  declarara”.   

Estima el libelista que el testimonio extra  proceso  de Jesús Armando Silva Serrano es fundamental, porque demuestra que la  declarante  Emilia  Esther  Acendra  no  estuvo  presente  en  el momento en que  dispararon y mataron a Álvaro Castañeda Flórez.   

7.  Declaración  de Humberto Silva Pérez,  padre  del  condenado, quien afirmó que para justificar la acusación en contra  de  su  hijo,  la  policía utilizó procedimientos ilegales, llevando supuestos  testigos  para  que  lo  reconocieran y, de esa manera, declararan en su contra.  También  agregó  que  Emilia  Esther  Acendra  C. es una persona que padece de  trastornos  mentales  desde  niña  y,  por  ello,  fue internada en el Hospital  Metropolitano  de  Barranquilla entre el 21 de enero y el 20 de febrero de 2002,  aspecto   que   le   resta   credibilidad  a  los  cargos  que  hizo  contra  su  hijo.   

8.  Declaración  del  doctor Uzziel Adolfo  Guillen  de  la  Rosa,  abogado  defensor de Henry Silva Jiménez, quien puso de  presente  las  múltiples irregularidades sucedidas en el curso del proceso y el  deseo  que  tenía  el  fiscal  de  que su procurado fuera condenado, por lo que  presentó queja ante la Procuraduría de Barranquilla.   

9.Declaración  de  Alberto Antonio Acendra  Celis,  padre  de  Emilia  Esther Acendra, quien dijo que su hija, cuando niña,  “era  sumamente  mentirosa e incontrolable, faltaba  al  colegio,  etc…empezó  a  estudiar  Telecomunicaciones  en  la Universidad  Autónoma  del Caribe en Barranquilla y es así, como el 04 de abril del año de  1998  mataron  al Sr. Castañeda y ella fue y declaró una cosa que ella no  había  visto,  eso no lo contó a todos nosotros sus familiares, incluso habló  de  RETRACTARSE.  Como  no  se pudo retractar, se fue para Venezuela”.   También   informó  que  a  Emilia  Esther  “hubo  necesidad  de internarla en el Hospital METROPOLITANO el día  21  de  enero  de  2002  hasta  el  día  20  de  febrero  del  2002”.   

Considera   el   demandante  que  a  esta  declaración  se  le  debe  dar  plena  credibilidad,  toda vez que proviene del  progenitor  de  Emilia Esther Acendra, demostrándose así que todo lo declarado  por   ella   no   corresponde   a   la   verdad,  dado  que  no  presenció  los  hechos.   

Le llama la atención que las descripciones  que  los  citados  declarantes  hacen  de  quien  disparó contra el hoy occiso,  difieren  totalmente  de  quienes  aparecen  fotografiados  en el periódico que  aporta a la demanda.   

Advierte que si la justicia hubiese conocido  los  citados  testigos  de  descargos  en  el  curso normal del proceso, habría  tenido que reconocer a favor de su prohijado la duda razonable.   

Reitera   que   tales  declaraciones  son  creíbles  y,  por  lo mismo, imprimen seguridad, máxime cuando “en  la  misma  sentencia,  en  la página cinco, a final del primer  párrafo  se  dice  por  la  señora  juez  a-quo que según la propia Fiscalía  General  de  la  Nación, la declaración de EMILIA E.  ACENDRA  C.,  es la única que se obtuvo en contra de  mi   asistido   HENRY   SILVA   JIMÉNEZ,  testimonio  de  cargo  éste que es depreciado totalmente con la  declaración  jurada  rendida ante NOTARIA  del padre de la joven EMILIA E. ACENDRA  C.,  Sr.  ALBERTO  ANTONIO  ACENDRA   CELIS,   quien   en  forma  indubitable  e  incontrovertible   declara  bajo  la  gravedad   del   juramento   que    su    hija   EMILIA    desde    niña    era   sumamente   mentirosa  e  incontrolable”,  testificando lo que no vio respecto  de  los  hechos  juzgados,  demostrándose  así  que  lo  dicho  por ella no es  veraz.   

Por consiguiente, dice que si dichos medios  de  prueba ofrecen credibilidad, “es muy posible que  se  haya  incurrido  en  error  por parte de la falladora de 1ª instancia en su  valoración  testimonial,  y por el H. Tribunal que confirmó en su totalidad el  fallo  proferido  en  1ª  instancia”,  lo que hace  procedente la presente acción de revisión.   

En    el    capítulo   que   denominó  “FUNDAMENTOS       DE      DERECHO”,  afirma  que  su  petición  la  apoya en lo preceptuado en el  artículo  220,  numeral  3°,  del  Código  de  Procedimiento  Penal, pues las  declaraciones  extrajuicio  aportadas  no fueron conocidas durante el desarrollo  normal  del  proceso,  conduciendo  a  establecer  la  inocencia  del condenado.   

Por último, allegó copias de los fallos de  primera  y  segunda  instancia,  certificado  de  su  ejecutoria y el respectivo  poder.   

Por  lo expuesto, reitera que la acción de  revisión impetrada es totalmente procedente.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

Como  lo ha reiterado la Sala en múltiples  ocasiones,  al  ser  probable que la sentencia condenatoria o absolutoria, o las  providencias  de  preclusión  o  cesación  de  procedimiento que se encuentran  ejecutoriadas   no  contengan  la  verdad  histórica,  originándose  así  una  injusticia,  el  legislador  penal  instituyó  la  acción  de  revisión  como  mecanismo  idóneo  para  remover  la cosa juzgada y declarar sin valor el fallo  objeto  de  la  acción,  dictando  la providencia que corresponda o disponiendo  tramitar  nuevamente  el  proceso  desde el momento en que se indique, según la  causal invocada y que la Corte encuentre fundada.   

Por consiguiente, la acción de revisión no  es  un  instrumento  excepcional  tendiente  a  revivir debates superados en las  distintas    etapas     del     proceso,    ni    para   desconocer,    sin    más,    el   carácter  definitivo  e  inmutable  de  la  declaración  de justicia contenida en los fallos judiciales.  Por  el contrario, su ejercicio debe apoyarse en la posibilidad  real   de   remover   los   efectos   de   la  cosa   juzgada,   para lo cual ha de acudirse a la demostración de algunas de las  expresas  causales  establecidas  en  la  ley,  constituyéndose  en presupuesto  ineludible  que  el  libelo cumpla estrictamente las exigencias de admisibilidad  contempladas    en    el    artículo   222   del   Código   de   Procedimiento  Penal.     

En  esas  condiciones, cuando la acción se  funda  en  la  causal  tercera,  es  decir,  la  aparición  de hechos o pruebas  respecto  de  la  cuales el sentenciador no tuvo oportunidad de pronunciarse por  no  haberlas  conocido, y que de haberlo hecho habría llevado definitivamente a  la  absolución  o  a la declaración de inimputabilidad del procesado frente al  acontecer  fáctico  por  el que fue condenado, es deber del demandante no sólo  relacionar  y  allegar  al  libelo  los  medios  de  convicción en que funda su  pretensión,  sino  también demostrar que de haber sido oportunamente conocidas  en  el  curso  de  los  debates  ordinarios del proceso, la solución del asunto  habría   sido   la   absolución  o  la  declaración  de  inimputabilidad  del  sentenciado, dada la contundencia demostrativa de tales pruebas.   

Además,   como   lo   ha   precisado  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  “no  se  aviene a la  naturaleza  y  alcance  de esta causal la pretensión por aducir cualquier clase  de  medio  probatorio,  sino  solamente  aquellos  que  apuntan  a establecer la  inocencia  del  procesado  o  su inimputabilidad, pues la revisión, en cuanto a  esta  causal se refiere, no ha sido instituida para dar lugar a la continuación  del  juicio que culminó con la providencia que hizo tránsito a cosa juzgada, o  revivir  el  debate  jurídico-probatorio  que  se  llevó a cabo en el fenecido  proceso,  sino  para postular, con base en la prueba ex novo, un cuestionamiento  serio  a  la  declaración  de  justicia que puso fin a la controversia procesal  mediante decisión definitiva e inmutable.   

“Por esa razón,  como  presupuesto  de  admisibilidad  del  libelo  demandatorio de la revisión,  cuando  de  la  causal tercera se trata, establece la ley la obligación para el  accionante     de     relacionar    ‘las  pruebas  que  se aportan para demostrar los hechos básicos de  la  petición’, esto es,  allegarlas  con  la  demanda  y acreditar al tiempo que tienen la virtualidad de  modificar  el  sentido  del  fallo,  es  decir,  que  reúnen  los  dos extremos  mencionados  en  precedencia:  novedad  y trascendencia, pues de no cumplir esta  carga,  ha  de  entenderse  que  lo  pretendido  es  prolongar el debate de modo  inútil  e  impertinente como si el juicio no hubiera fenecido con la ejecutoria  de  la  decisión  cuya revisión se demanda, imponiéndose, en consecuencia, la  inadmisión       del      libelo”.1   

En  el presente caso, la lectura del libelo  pone  de  presente  que  el  demandante  desconoce  los  soportes filosóficos y  doctrinales  en  que se ampara este instituto, por cuanto, atacando la legalidad  y  credibilidad de las pruebas allegadas al proceso y sobre las cuales se fundó  el  fallo,  lo  que pretende es rebatir la presencia de su defendido en el lugar  de  los  hechos  y la autoría del delito de homicidio por el que fue condenado,  basándose  en  unos testimonios extraprocesales que carecen de la eficacia o la  trascendencia  necesaria  para  derrumbar  una  sentencia  amparada  por la cosa  juzgada,  ya  que,  como se indicó, la prueba debe ser de tal naturaleza que ab  initio  merezca  la  credibilidad  suficiente para concluir en la posibilidad de  que se cometió una injusticia.   

En  efecto,  en  el  diligenciamiento  se  demostró  que  si  bien el sentenciado Henry Silva Jiménez se declaró ajeno a  los  hechos,  de  todos  modos las construcciones indiciarias sustentadas en las  notorias  contradicciones en que incurrió en su indagatoria, en la presencia en  el  lugar  de  ocurrencia  de  los  hechos,  en  la huida y en las declaraciones  rendidas  por  Jesús  Llamas de la Hoz, Luis Gabriel Dede Castillo, Neiro José  de  la  Cruz Fontalvo, Emilia Esther Acendra Castellón y Antonio Ramos Padilla,  luego  de  su  apreciación  mancomunada,  condujeron  a los sentenciadores a la  certeza  sobre la responsabilidad del sentenciado, declaración de verdad que no  logra ser modificada con los testimonios allegados.   

Es  más,  el  juzgador resaltó la manera  como  se  pretendió que los citados testigos de cargo cambiaran su declaración  por  otra  distinta,  ajena  a  la  verdad,  que  favoreciera  los intereses del  entonces procesado. Sobre este aspecto manifestó:   

“Por  todo lo  expuesto,  existe  certeza  del  hecho  punible y de la responsabilidad de Henry  Silva  como  coautor  del  homicidio  de Álvaro Castañeda Flórez, teniendo en  cuenta  los  testigos  de  cargo  analizados,  especialmente el de Emilia Esther  Acendra  Castellón,  quien  se  mantuvo en lo declarado no obstante encontrarse  amenazada  y  presionada  para  que  modificara  su testimonio como consta en el  expediente,  por  lo  que  se  tuvo  que  acoger  voluntariamente al programa de  protección  al  testigo  que ofrece la Fiscalía General de la Nación, como lo  informó  el  señor  Fiscal  que  actuó  dentro  de  este  proceso”.   

También  resultó extraño que el testigo  Jesús  Llamas  de  la  Hoz  se haya retractado de lo que inicialmente declaró,  retractación  que  hizo  a través de una declaración extrajuicio rendida ante  un notario, situación respeto de la cual el sentenciador dijo:   

“La  retractación  que  hiciera  JESÚS  LLAMAS  DE  LA  HOZ de su declaración ante  Notaría  y  en audiencia pública no resiste la apreciación razonada, esto es,  las  reglas  de  la  lógica,  de  la  experiencia,  de  la  sicología. Resulta  inverosímil  que  el testigo ante el fiscal que rindió su declaración, con la  presencia  del  señor  personero, los agentes de policía de la estación de el  Prado  lo instigaran, lo presionaran pellizcándolo en las partes del cuerpo que  señala  para  que  declarara  en  cierto  sentido y ninguno de los funcionarios  dejara  constancia  de  ello  o  permitieran  tal  comportamiento.  Considera el  despacho  que  sólo  por razón de singular gravedad JESÚS LLAMAS extravió el  camino  de  la  verdad en la Notaría Octava y en la sesión de audiencia en que  intervino,  cabe  recordar  que  en  ésta  el  testigo  declaró bajo un estado  emocional   nervioso   como   consta   en  el  acta  correspondiente”.   

En  esas  condiciones,  para  la  Sala  no  resulta  una mera casualidad que los contenidos de las declaraciones extrajuicio  aportadas   a  la  demanda  de  revisión  posean  ciertas  similitudes  con  la  manifestación  de retractación de Jesús Llamas de la Hoz, pues mientras éste  dijo  que  “en realidad esos muchachos no fueron los  que  vi salir del parqueadero el Universitario…, no son ellos los que salieron  corriendo     del     Parqueadero    Universitario    sino    otros    muchachos  diferentes”,  aquellos hicieron idéntica o similar  afirmación,  aspecto  que  conlleva  a  que  dichas  declaraciones  carezcan de  credibilidad  y,  por ende, de la necesaria trascendencia que la ley impone a la  prueba nueva.   

Finalmente, si las personas que declararon  extrajudicialmente,  traídos como prueba nueva, sabían que el condenado no fue  el  autor de la citada conducta punible, no entiende la Sala por qué la defensa  no  los  allegó  al  interior  del  proceso,  máxime  cuando todos tenían una  vinculación   directa   o   indirecta   con   el   sitio   donde   ocurrió  el  homicidio.   

En  consecuencia,  no  se  admitirá  la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.  Reconocer  al  doctor  Ciro  Alfonso  Pallares  Pérez  como  apoderado  del condenado HENRY  SILVA JIMÉNEZ.   

2.  INADMITIR  la demanda de revisión contra el fallo proferido, el  15  de  diciembre de 1999, por el Tribunal Superior de Barranquilla, mediante el  cual  se  condenó  a HENRY SILVA JIMÉNEZ por el delito de homicidio.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN                  MARINA   PULIDO  DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                 MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Revisión  19252  del  11  de  marzo  de  2003,  M.  P.  Dr.  Fernando  Arboleda  Ripoll.     

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